Arturo Manrique Guzmán - La sociología en el Siglo XXI

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El presente ensayo tiene por objeto dar cuenta de los principales desplazamientos teóricos que han tenido lugar en la sociología contemporánea, que tienen como referencia al Sistema – Mundo actual, lo que trasciende las fronteras del Estado – Nación, en base al cual se estructuró el bagaje teórico de la sociología clásica. En este contexto, lo problemas se han hecho “globales” y recurrentes, teniendo su correlato “nacional” en cada uno de nuestros países, lo que no excluye las especificidades que presentan en cada lugar o espacio nacional o subnacional. Con este propósito, se realiza una revisión crítica de los principales aportes teóricos de Immanuel Wallerstein, Aníbal Quijano, Paul Mason, Thomas Piketty, Jorge Basadre. Mario Bunge y Boaventura De Sousa Santos, de cara al siglo XXI. Estos aportes, con diversos matices, permiten reivindicar el proyecto ilustrado, incluso cuando se cuestiona la visión eurocéntrica hegemónica, que es el caso de Aníbal Quijano y Boaventura De Sousa Santos, frente al “populismo teórico” de la postmodernidad y la tesis neoconservadora del “fin de la historia”, recientemente matizada por Francis Fukuyama, discursos que son funcionales y sirven para enmascarar el hipercapitalismo reinante. La sociología peruana, hasta el momento, ha sido esquiva a estos planteamientos teóricos y, en el mejor de los casos, se ha refugiado en “teorías de alcance medio” o en enfoques especializados, cuando no se ha hecho eco del postmodernismo o ha caído en el empirismo abstracto. Las transformaciones en el Sistema – Mundo, sin embargo, se siguen dando y prueba de ello son los “problemas globales”, con los que ya Ediciones Socialidad. Libro virtual. Lima – Perú, 2019.

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lidiamos en la actualidad y tendremos que hacer frente en los años venideros, si queremos mantenernos vigentes como disciplina científica.

El Sistema – Mundo como contendor de la sociedad La sociedad, en el mundo actual, trasciende el Estado – Nación como entidad política, económica, social y cultural, en base a la cual se estructura la sociedad. Ulrich Beck es el que con mayor claridad ha formulado esta idea en el ámbito de la sociología. Para este autor, la sociología es la ciencia “moderna” de la sociedad “moderna”, esto es, un “esquema de clasificación del espacio social” –planteado así, en términos abstractos– que se expresa en una “teoría del contenedor de la sociedad”1. En la primera modernidad –que Beck identifica con la sociedad industrial (de clases)–, la reflexión sociológica estaba centrada en el Estado - Nación y en lo que acontecía al interior de éste. Todo el aparato conceptual de la sociología, incluso sus conceptos más generales, estaba marcado por el “dominio estatal del espacio”. Esta situación cambia en la segunda modernidad o “sociedad del riesgo” o, más precisamente, “sociedad del riesgo global”. En este contexto, se cuestiona no sólo el Estado - Nación, sino también el aparato conceptual de la sociología. “El debate acerca de la globalización en las ciencias sociales –nos dice Beck- se entiende y desarrolla como una discusión fructífera sobre qué supuestos fundamentales, qué imágenes de lo social y qué unidades de análisis pueden sustituir a la axiomática nacional - estatal”2. La “sociología de la globalización” viene a ser, en ese sentido, “un conjunto aparte y contradictorio de disidentes de la sociología del orden nacional estatal”3. Los límites del lenguaje sociológico, hasta hace poco, eran 1Ulrich

Beck. ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Edit. Paidós. Buenos Aires – Argentina, 2008, p. 46 y ss. 2Ibid.,

p. 49.

3Ibid.,

p. 48.

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los del Estado – Nación, que coincidían con el de la sociedad, en términos geográficos y poblacionales. Los límites de la sociedad actual, en cambio, son los límites del mundo. Hay dos ideas que, de acuerdo con los enfoques teóricos de la sociología actual, están quedando en desuso: 1) La idea de que las sociedades -así, en plural- tienen una delimitación geográfica y/o territorial; y, 2) La idea de que las sociedades se pueden observar desde el exterior, como agrupamientos de seres humanos o como territorios. El concepto de mundo no solo se ha hecho “global”, sino que nos ofrece una nueva mirada de la sociedad y de los problemas sociales que tienen, además, repercusiones epistemológicas. La mirada del observador en el sistema – mundo actual no puede ser “externa”, “objetiva”, ajena al mundo en que vivimos. Siempre estamos implicados en el mundo y, por tanto, en lo que observamos en él. La “objetividad” no existe. Lo que hay y define nuestro trabajo científico es la “actitud objetivadora”, en la que el observador siempre está implicado en el objeto que observa. Sujeto y objeto se modifican mutuamente.

Sobre la objetividad y la actitud objetivadora en la ciencia actual La objetividad es un uróboros, una serpiente que se come su cola, lo que simboliza un esfuerzo constante -y en ocasiones inútil- por independizarse del objeto, lo que conduce siempre a un “volver a empezar”. “El universo debe expandirse para escapar de los telescopios a través de los cuales nosotros, que somos él, estamos tratando de capturarlo a él, que es nosotros. La serpiente se come a sí

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misma, el perro persigue su cola”4. De este modo, lo que se revela será ocultado y lo que se oculta será de nuevo revelado. Y así sucesivamente. Esto es lo que se conoce como “actitud objetivadora”, que opera bajo el presupuesto de reflexividad5. La ciencia clásica –que en la sociología tiene como principales exponentes a Marx, Weber y Durkheim– no ponía en cuestión el trabajo del “observador”. La ciencia contemporánea, en cambio, supone una “observación de segundo orden”, que apunta a detectar el 4George

Spencer - Brown. Laws of Form. The Julian Press, INC Press. Nueva York – EE. UU., 1972, p. 106. 5Jesús

Ibañez distingue el “presupuesto de reflexividad” del “presupuesto de objetividad” y del “presupuesto de relatividad” como supuestos epistemológicos de la ciencia. En el “presupuesto de objetividad”, que es propio de la ciencia clásica, sujeto y objeto son mutuamente independientes. En el “presupuesto de relatividad”, el sujeto es deformado por el objeto cuando lo observa: sus parámetros básicos (espacio, tiempo, velocidad, etc.) son alterados al observar/manipular el objeto. Bajo el “presupuesto de reflexividad”, en cambio, el objeto es producto de la actividad objetivadora del sujeto que, al construirlo, lo deforma (al observarlo/manipularlo, lo transforma). El sujeto no ocupa una posición exterior -ni absoluta ni relativa- al objeto. Sujeto y objeto se constituyen mutuamente en la relación/operación de observación/manipulación. El sujeto es un dispositivo de reflexividad del objeto: a través de él, el objeto se observa/manipula y se hace diferente a sí mismo. La verdad es perseguible, pero no alcanzable: el objeto, al observarse a sí mismo, se altera y se hace distinto. Las “propiedades” y los “atributos” del objeto no constituyen sino momentos de un campo de relaciones: el objeto es constituido en -y por- esas relaciones y no antes (“en sí” o “por sí” o “para sí”) ni después. El conocimiento es producto de un consenso intersubjetivo que tiene lugar en la sociedad, a partir del entrecruzamiento de los diversos "dominios experienciales" del ser humano (Maturana); pero este consenso no es independiente del objeto que es construido en y por la experiencia humana. El pensamiento exige pensarse a sí mismo en relación a su objeto (Observación de segundo orden: la propia actividad descriptiva del observador es parte constitutiva de lo observado). El pensamiento científico se construye sobre la base de conceptos relacionales y autorreferenciales. Jesús Ibañez. "Las posiciones del sujeto". En: Jesús Ibañez (comp.) Nuevos avances en la investigación social. La investigación social de segundo orden. Suplemento ANTHROPOS, No. 22, 1990.

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“punto ciego” que interfiere en nuestra labor científica. La distinción –esto es, trazar una forma, una frontera, y establecer una preferencia, una indicación, por uno de los lados– es, en opinión de Luhmann, el “punto ciego” que se presupone en cada observación como su condición de posibilidad y que no puede ser observada hasta que se observa a sí misma, es decir, se hace autorreferente6. La “observación de segundo orden” u “observación de la observación” tiene por objeto comprender la distinción que se hace en el nivel de la “observación de primer orden”. Su objeto no son los sistemas observados sino los sistemas observadores, que incorporan la observación como parte de su adaptación al entorno. La “observación de segundo orden”, en lenguaje de Bachelard, es un ejercicio de “vigilancia epistemológica”7, mediante el cual sometemos a examen nuestras “observaciones de primer orden” (ciencia clásica). Max Weber, como se sabe, distinguía entre el “político” y el “científico”, no para hablar de personas diferentes que realizan funciones distintas en la sociedad, sino para dar cuenta de la actitud que debemos observar cuando nos desempeñemos en uno u otro rol8. En esta óptica, el político es el “hombre acción”, que interviene en la sociedad. El científico, en cambio, es un observador que no necesariamente interviene o está implicado en el objeto que observa; lo que, en el marco de la ciencia clásica, era más fácil de establecer en las ciencias naturales que en las ciencias sociales. Cabe precisar, sin embargo, que Weber no veía factible desempeñar ambos roles y,

6Niklas

Luhmann. "Cómo se puede observar estructuras latentes". En Paul Watzlawick y Peter Krieg (comps.). El ojo del observador. Contribuciones al constructivismo. Homenaje a Heinz von Foerster. Edit. Gedisa. Barcelona – España, 1995. 7Gastón

Bachelard. La formación del espíritu científico. Siglo XXI Editores S.A. Buenos Aires – Argentina, 1987. 8Max

Weber. El político y el científico. El Libro de Bolsillo. Alianza Editorial. Madrid – España, 1979.

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menos aún, de manera simultánea. Es esta idea de observación científica, propia de la ciencia clásica, la que ha sido cuestionada.

Desplazamientos teóricos y epistemológicos Siempre estamos implicados en el mundo en el que vivimos y, por tanto, nada que ocurra en él nos es ajeno. Del mismo modo en que no podemos lograr la plena “objetividad” científica, más allá de nuestra nacionalidad, no somos “extranjeros” o “extraños” al mundo en el que vivimos. Y no lo somos, entre otras cosas, porque los problemas que nos afectan a nosotros también afectan a las personas que viven en otros países. Los problemas sociales (pobreza, destrucción del medio ambiente, cambio climático, criminalidad organizada, la violencia de género, las drogas, el sida, los conflictos étnicos, las crisis monetarias, entre otros), como lo ha señalado Ulrich Beck, son “problemas globales” o “transnacionales” y requieren de soluciones a ese nivel9. Beck hace suya la máxima de Timothy Wirth, ex secretario de exteriores norteamericano, de “pensar globalmente y actuar localmente”, como criterio de acción en el mundo actual, y que Roland Robertson resume en el neologismo de glocalización, que expresa esta nueva realidad en la que globalización y localización confluyen en un mundo cambiante. Los cambios que se experimentan en la sociedad actual, que, como ya ha sido señalado, incluyen un cambio o “giro epistemológico” en el paradigma científico, se expresa en distintos desplazamientos o transiciones teóricas desde el paradigma de la simplicidad hacia el paradigma de la complejidad, entre los que cabe mencionar los siguientes:

9Ulrich

Beck. ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Ob. Cit.

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Paradigma de la simplicidad

Paradigma de la complejidad

Principio de disyunción, especialización y reducción de los objetos de estudio.

Principio de distinción, conjunción e implicación de sistemas de distinta índole en un universo complejo.

Estado – Nación

Sistema – Mundo

Teoría Sociológica

Teoría Social

Sociedad / Socialización

Socialidad

Política / Politización

Individuación / Autonomía / Emancipación

Politicidad Sociedad de individuos (Individuo = autonomía dependiente) Individualización compulsiva / Libertad coactiva

Individuo (Función)

Persona (Rol)

La naturaleza es un fenómeno dado, externo a la sociedad.

Naturaleza socializada, integrada a la sociedad.

Modernización sencilla (Modernización de la tradición)

Modernización reflexiva (Modernización de las premisas de la sociedad industrial)

Lógica de producción social de riqueza

Lógica de producción social de riesgos

Identidad nacional

Identidad terrenal

Utopía de la igualdad

Utopía de la seguridad

Investigación social de primer orden

Investigación social de segundo orden

Sociedad de clases

No corresponde en esta oportunidad desarrollar de manera detallada cada uno de estos conceptos que, además, han sido tomados de manera general de distintas propuestas teóricas, que no necesariamente son homogéneas y tampoco excluyen la posibilidad de incorporar otros conceptos dentro de esta matriz de transición teórica. Cabe precisar que, al igual que lo que ocurre entre la física newtoniana y la teoría de la relatividad de Einstein, los conceptos que se enmarcan dentro del “paradigma de la complejidad” no Ediciones Socialidad. Libro virtual. Lima – Perú, 2019.

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necesariamente excluyen o dejan fuera de uso a los conceptos agrupados dentro del “paradigma de la simplicidad”, sino que los enmarcan dentro de un horizonte más amplio, que se corresponde con la sociedad actual, y dejan que la historia se ocupe de la vigencia o resignificación de los conceptos que provienen del paradigma anterior.

Wallerstein y Quijano: dos casos de desplazamiento teórico Un buen ejemplo de esta transición teórica se da en el terreno de la caracterización que hacemos de nuestros países. Antes se hablaba de desarrollo / subdesarrollo, en el que los países del denominado “primer mundo” eran los modelos a seguir. La “teoría de la dependencia”, en sus distintas vertientes, cuestionaba esta idea porque seguíamos siendo económicamente “dependientes” de los países centrales y lo que había que lograr era una plena independencia política y económica. Los países del norte, sin embargo, seguían siendo el “modelo de desarrollo” a seguir. La visión que se tenía era la del Estado – Nación, que tenía que alcanzar el desarrollo. Una lectura distinta es la que ofrece Immanuel Wallerstein dentro de su concepción del “sistema – mundo moderno”, en la que retoma la distinción entre “centro” / “periferia”, planteada por Raúl Prebisch en los años sesenta10, complejizándola en “centro” / “periferia” / “semi – periferia”, para dar cuenta de la “mundialidad” del capitalismo actual11. Para Wallerstein, el moderno sistema mundial, que tomó la

10Raúl

Prebisch. Hacia una dinámica del desarrollo latinoamericano. Fondo de Cultura Económica. México, 1963. Véase también, del mismo autor: 1) “Critica al capitalismo periférico”. En: Revista de la CEPAL. Primer semestre de 1976. 2) Capitalismo periférico. Crisis y transformación. Fondo de Cultura Económica. México, D. F., 1981. 11Immanuel

Wallerstein. El moderno sistema mundial. Siglo XXI Editores. Madrid – España. Tomo I: 1979 (e. o., en inglés: 1974). Tomo II: 1984 (e. o., en Ediciones Socialidad. Libro virtual. Lima – Perú, 2019.

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forma de una economía – mundo capitalista, tuvo su origen en la Europa del siglo XVI, cuando se dio inicio a la transformación de lo que Braudel denominó como el “antiguo régimen económico”, proceso que se caracteriza: 1) por su expansión geográfica en todo el globo terráqueo; 2) que sigue un modelo cíclico de expansión y contracción, con una localización geográfica variable de los papeles económicos en las distintas regiones; y 3) que ha sufrido un proceso de transformación secular, que incluye el avance tecnológico, la industrialización, la proletarización y el surgimiento de una resistencia política estructurada al propio sistema12. En sus origenes, el centro europeo utilizaba mano de obra libre; mientras que la periferia, en Europa oriental y la América española, hacía uso de la esclavitud y del trabajo forzado en plantaciones y minas, destinadas al mercado13. Esta situación se mantuvo así hasta el “triunfo del liberalismo centrista”, en el siglo XIX, que sentó las bases de la economía – mundo actual14, sin modificar en lo sustancial la diferencia entre países centrales y países periféricos. Aníbal Quijano, en la misma línea de Wallerstein, utiliza la matriz “modernidad / colonialidad”, desde una perspectiva histórica estructural, que opera dentro del “patrón eurocéntrico de poder”. Para este autor, “la colonialidad …. es aún el modo más general de dominación en el mundo actual, una vez que el colonialismo como inglés: 1980). Tomo III: 1998 (e. o., en inglés: 1989). Tomo IV: 2014 (e. o., en inglés: 2011). 12Immanuel

Wallerstein. El moderno sistema mundial II. El mercantilismo y la consolidación de la economía-mundo europea, 1600-1750. Siglo XXI Editores. Madrid - España, 1984. 13Immanuel

Wallerstein. El moderno sistema mundial I. La agricultura capitalista y los origenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Siglo XXI Editores. Madrid - España, 1979. 14Immanuel

Wallerstein. El moderno sistema mundial IV. El triunfo del liberalismo centrista, 1789 - 1914. Siglo XXI Editores. Madrid - España, 2014.

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orden político explícito fue destruido”15. La colonialidad, de acuerdo con Quijano, “consiste, en lo fundamental, en la clasificación de la población del mundo según la idea de ‘raza’ emergida junto con América, en ‘europeos’ o ‘blancos’ y ‘no-europeos’ (‘indios’, ‘negros’, etc.) y ‘mestizos’, como el marco y el piso de la distribución de las gentes en torno de las relaciones de poder, combinándola con las relaciones en torno del trabajo, según las cambiantes necesidades del capital, en cada contexto (momento y lugar) histórico”16. Esta clasificación se ha mantenido invariante, en lo sustancial, en los países de América Latina y viene a ser la principal fuente de asignación de poder dentro de la matriz “modernidad / colonialidad” que rige el sistema - mundo actual. Ambos formulaciones teóricas -en la perspectiva de Wallerstein y de Quijano- sirven para describir una sociedad que opera dentro de un sistema – mundo, que trasciende las fronteras del Estado – Nación. Subyace además a estos planteamientos teóricos un concepto de poder que engloba diversos tipos de relaciones y que Aníbal Quijano define en los siguientes términos: “…tal como lo conocemos históricamente, el poder es un espacio y una malla de relaciones sociales de explotación / dominación / conflicto articuladas, básicamente, en función y en torno de la disputa por el control de los siguientes ámbitos de existencia social: 1) el trabajo y sus productos; 2) en dependencia del anterior, la “naturaleza” y sus recursos de producción; 3) el sexo, sus productos y la reproducción de la especie; 4) la subjetividad y sus productos materiales e intersubjetivos, incluido el conocimiento; 5) la autoridad y sus instrumentos, de coerción en particular, para 15Aníbal

Quijano. “Colonialidad y modernidad / racionalidad”. En: Perú Indígena, No. 29. Lima – Perú, 1992, p. 14. 16Aníbal

Quijano. “Estado – Nación, ciudadanía y democracias. Cuestiones abiertas”. En: Cuestiones y Horizontes, Antología esencial. De la dependencia histórico – estructural a la colonialidad / descolonialidad del poder. CLACSO. Buenos Aires- Argentina, 2014, p 611.

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asegurar la reproducción de ese patrón de relaciones sociales y regular sus cambios”17.

El poder, entonces, se ejerce no sólo en el ámbito político y económico, sino que alcanza al control de las personas y de la naturaleza, incluyendo las relaciones de intimidad y, de manera particular, el control sobre el cuerpo de las mujeres y de la subjetividad e intersubjetividad, a través de la dominación. Rita Segato se vale de este concepto de poder de Quijano, que opera dentro de la matriz “modernidad / colonialidad”, para explicar las “nuevas formas de guerra” que tienen lugar en el marco del capitalismo exacerbado y que tienen al cuerpo de las mujeres como un objetivo central, al que hay que disciplinar mediante la violencia y el “femigenocidio”18. El patriarcado, que antes operaba en los bordes, se ha desplazado al centro, desarrollando una “guerra contra las mujeres” que afecta al conjunto de la sociedad, al tiempo que destruye sus cuerpos. Nunca antes ha habido tantas leyes de protección de las mujeres, nunca antes tanta capacidad de denuncia. Sin embargo, la violencia letal contras las mujeres, en lugar de disminuir, aumenta y no tiene cuando detenerse. En este contexto, prevalece una “pedagogía de la crueldad” que promueve la violencia en todas sus formas y nos acostumbra al espectáculo de rapiña de la vida, hasta dejar solo restos, lo que va no solo en contra de las mujeres, sino de todas las niñas y los niños y, en general, amenaza al futuro de la humanidad. La violencia en nuestros países, en opinión de Segato, tiene su raíz en el “mandato de violación”, que se encuentra muy arraigado en nuestra 17Aníbal

Quijano. “Colonialidad del poder y clasificación social”. En: Cuestiones y Horizontes, Antología esencial. De la dependencia histórico – estructural a la colonialidad / descolonialidad del poder. CLACSO. Buenos Aires- Argentina, 2014, p. 289. 18Rita

Segato. La guerra contra las mujeres. Edición Traficantes de Sueños. Madrid – España, 2016.

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“larga historia patriarcal”, que se remonta a la conquista. La violación no es consecuencia de patologías individuales y tampoco un resultado automático de la dominación masculina, sino que se trata de un mandato, que emana del orden patriarcal vigente. “Esto quiere decir que la violación, como exacción forzada y naturalizada de un tributo sexual, juega un papel necesario en la reproducción de la economía simbólica del poder cuya marca es el género -o la edad u otros sustitutos del género en condiciones que así lo inducen, como, por ejemplo, en instituciones totales-. Se trata de un acto necesario en los ciclos regulares de restauración de ese poder”19. La Sagato se introduce de esta manera en la esfera de la intimidad, con el apoyo de la antropología y del psicoanálisis, para desmontar las estructuras patriarcales subyacentes, que no son otra cosa que las “estructuras elementales de la violencia”. Solo una reforma de la sociedad, que empiece por la transformación de la intimidad, puede desmontar la violencia societaria que se expresa en las agresiones domésticas, a nivel microscópico, y por medio de la guerra y las agresiones bélicas, a nivel macroscópico. La etiología de la violencia, de acuerdo con esta autora, tiene que ser investigada teniendo en cuenta la tensión existente entre el eje horizontal o eje de los iguales, aliados pero competidores, y el eje vertical o eje de los desiguales, dominadores y dominados, que es en el que se reproduce la violencia patriarcal que se ejerce contra las mujeres, las niñas y los niños. Demás está señalar que este es un problema global, que trasciende las fronteras del Estado – Nación.

Utopía y utopística en Wallerstein Volviendo a Wallerstein, este autor, que fue un sociólogo de filiación marxista, se desmarcó de la idea de utopía que, en su opinión, proyecta una visión ideal, “ilusa”, que él considera fuera de la realidad 19Rita

Segato. Las estructuras elementales de la violencia, Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Editorial Bernal – Universidad Nacional de Quilmes. Buenos Aires – Argentina, 2003, p. 13.

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y carente de utilidad política. La utopía, como se sabe, es el no lugar, es decir, aquello que opera en el imaginario de las personas, cuando es una aspiración colectiva, pero que no necesariamente se sostiene en la realidad presente y futura. Wallerstein, en cambio, propone el concepto de utopística, que es un ejercicio de proyección en el tiempo, en base a un análisis realista de los sistemas sociales, teniendo en cuenta los procesos en curso y las tendencias y alternativas históricas que emergen de estos procesos. “No es el rostro de un futuro perfecto (e inevitable), sino el de un futuro alternativo, realmente mejor y plausible (pero incierto) desde el punto de vista histórico. Es, por lo tanto, un ejercicio simultáneo en los ámbitos de la ciencia, la política y la moralidad”20. La utopística trata de reconciliar la ciencia con la política y la moralidad, al señalarnos cuales son las metas que debemos perseguir como sociedad, sin que por ello tengamos un futuro garantizado en ese sentido. Es precisamente en base a este tipo de análisis que Wallerstein vaticina el agotamiento histórico del capitalismo, dada las limitaciones estructurales del proceso de acumulación de capital que se registra en el mundo actual. Estas limitaciones estructurales producen una situación caótica en todo el mundo, expresado en las diversas formas de violencia, que incluyen la violencia de género, además de la crisis ambiental, la corrupción, etc. De este caos, una vez cumplido el proceso de transición, saldrá un nuevo sistema - mundo que, de ser el caso, podría ser el socialismo, que Wallerstein concibe como un sistema económico y político en el que las decisiones se toman en base a un criterio de utilidad social y no de beneficio individual o de grupo, orientado a reducir los diversos tipos de desigualdades humanas que hay en el mundo actual, que no coacta,

20Immanuel

Wallerstein. Utopística o las opciones históricas del siglo XXI, p. 3. Disponible en: https://periferiaactiva.files.wordpress.com/2016/04/wallerstein-eutopstica.pdf (Existe edición impresa publicada por Siglo XXI Editores. Madrid – España, 1998).

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sino que amplía las libertades individuales, teniendo como principal soporte a la sociedad civil y no al estado. Esta prospección, sin embargo, no está de por sí garantizada, no es que se vaya a dar “de todas maneras”. En su último artículo, publicado el 1 de setiembre de 2109, días antes de fallecer, Wallerstein señalaba que “hay una probabilidad de 50 – 50 de que ocurra un cambio transformador; pero sólo 50 - 50”21. Nada está garantizado de por sí y lo que ocurra, en favor o en contra de un “cambio transformador”, finalmente va a depender de la acción humana, de la capacidad que tengan las personas para organizarse y actuar colectivamente. “Opino -nos dice Wallerstein en otra parte- que cuando los sistemas funcionan normalmente el determinismo estructural pesa más que el libre albedrío individual y colectivo. Pero en tiempos de crisis y transición el factor del libre albedrío se vuelve fundamental. El mundo del 2050 será lo que hagamos de él. Esto nos deja carta blanca para que nos comprometamos y ejerzamos nuestro juicio moral. También significa que este periodo será una etapa de terrible lucha política porque hay más en juego que en la llamada etapa normal”22. Vivimos, según este autor, una época de transición, en la que nuestra voluntad y libre albedrío, que ejercemos a nivel individual y en colectivo, pueden configurar un mundo mejor. Nada, sin embargo, es seguro. Lo único seguro es el tránsito hacia otro u otros sistemas mundiales y la posibilidad que tenemos de configurarlos a través de la acción individual y colectiva, “Estamos viviendo el tránsito nuestro sistema mundial vigente, la economía – mundo capitalista, a otro u otros sistemas mundiales. No sabemos si esto será para bien o para mal. No lo sabremos hasta el final de esta 21Immanuel

Wallerstein. Este es el fin, este es el comienzo. Disponible en: https://billieparkernoticias.com/immanuel-wallerstein-este-es-el-fin-este-esel-comienzo-ultima-columna-en-la-jornada/ 22Immanuel

Wallerstein. Utopística o las opciones históricas del siglo XXI. Ob.

Cit., p. 25.

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etapa, que quizás esté a cincuenta años de distancia. Sabemos con certeza que el periodo de transición será muy difícil para todos los que lo vivan. Será difícil para los poderosos y para la gente común. Será una etapa de conflictos y disturbios graves, y para muchos representará el colapso de los sistemas morales. No paradójicamente, también será un periodo en el que el ‘libre albedrío’ alcanzará su punto máximo, lo que significará que la acción individual y colectiva pueden tener un impacto mayor en la estructuración futura del mundo que en tiempos más "normales", es decir, durante la vida cotidiana de un sistema histórico”23. Se abre, en consecuencia, una nueva oportunidad para el progreso humano que tiene a la acción individual y colectiva como sus principales soportes.

El poscapitalismo en el horizonte Cualquiera que sea el curso que tomen los acontecimientos, el futuro -y por futuro nos referimos a los próximos 20 o 30 años- parece anunciar el advenimiento de una sociedad “poscapitalista”, que va más allá del desarrollo del sector servicios, el megaestado, la coexistencia de la economía de mercado con la economía del saber y la ciudadanía social, entre otros aspectos que fueron relevados por Peter Drucker a inicios de los años noventa24. El poscapitalismo, de acuerdo con Paul Mason, implica una ruta diferente, que “va más allá del mercado”, y tiene cinco pilares fundamentales: 1) La caída de las horas de trabajo necesarias para reproducir la vida humana, como consecuencia de la automatización de la actividad productiva, que tenderá a incrementarse en el futuro.

23Ibid.,

p. 15.

24Peter

Drucker. La sociedad poscapitalista. Editorial Sudamericana. Buenos Aires – Argentina, 1999 (e. o., en inglés: 1992).

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2) La emergencia de un “sector no mercantil” en la economía, que tiene en los diversos tipos de cooperativas, la banca sin fines de lucro, el proyecto de software de código abierto, el trabajo de voluntariado, el proyecto cultural subsidiado, entre otras formas de “economía solidaria”, a sus principales baluartes. 3) La desvinculación entre el trabajo y los salarios, que se sustenta en la proporción decreciente entre las horas trabajadas a cambio de un salario y aquellas dedicas a una actividad no remunerada o al ocio. En este contexto, es importante que los salarios no pierdan su capacidad adquisitiva, independientemente de la tendencia a la disminución de las horas de trabajo remuneradas. 4) El potenciamiento del efecto red para generar valor público y utilidad gratuita, que opere fuera de la lógica mercantil. 5) La democratización de la información que, entre otras cosas, implica la emisión de leyes que rompan y desalienten los monopolios tecnológicos en la red25. En esta perspectiva, el neoliberalismo ya no funciona; pero no sólo es el neoliberalismo, como ideología reinante, sino el capitalismo, como sistema complejo y adaptativo, el que ha llegado a sus límites en su capacidad para adaptarse. El factor clave, que ha llevado este proceso a sus límites, es la tecnología de la información, que altera por completo la noción de trabajo y la capacidad que antes tenían los mercados para autorregularse26. Los mercados están basados en la noción de escasez. La “economía de la información”, en cambio, está basada en la abundancia. Bajo estas condiciones, emerge en el 25Paul

Mason. “Es tiempo para el poscapitalismo”. En: Nueva Sociedad. Disponible en: https://nuso.org/articulo/es-tiempo-para-elposcapitalismo/?fbclid=IwAR0CoGd-Z7kma3e-CeksYXww_nokrJjg_sHMwE1K1DjiPgqPcuUUiZ8jjo 26Paul

Mason. Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro. Editorial Paidós. Barcelona – Buenos Aires – México, 2016.

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horizonte una economía colaborativa, que opera con bienes, organizaciones y servicios que no se subordinan a los dictados del mercado, que se irá ampliando en el futuro. Para Mason, el capitalismo actual, una vez más, está enfrentado a su propia contradicción, que esta vez parece haber llegado a sus límites. La automatización no solo demanda menos mano de obra en el proceso de producción, sino que conduce a lo que Jeremy Rifkin denomina como “sociedad de coste marginal cero”, en la que, contra la lógica del mercado, muchos bienes y servicios –como el agua o la electricidad– serán gratuitos o tendrán un bajo costo. Esto es lo que Mason denomina como “proyecto cero”, que incluye el uso de energías renovables, de emisiones cero, y la reducción de las jornadas laborales en un nivel cercano a cero.

La reivindicación de la idea de progreso En el mismo sentido se ha manifestado Thomas Piketty en su último libro “Capital e ideología”27. Para este autor, el gran escándalo de nuestro tiempo es la desigualdad, que se ha incrementado estrepitosamente con la llegada del “hipercapitalismo”, luego de la caída del muro de Berlin, en 1989. La desigualdad, en opinión de Piketti, no es económica ni tecnológica. Tampoco tiene un origen natural. La desigualdad es ideológica y política. Se trata de construcciones sociales e históricas que dependen del sistema legal, fiscal, educativo y político, que la reproducen. El incremento de las desigualdades va en contra de la línea del progreso. Piketti reivindica la idea del progreso para luchar contra las desigualdades. En su opinión, fue la lucha por la igualdad y la educación, y no la sacralización de la propiedad privada, de la estabilidad económica y de la desigualdad, la que permitió el desarrollo económico y el progreso humano. El progreso, en su opinión, es lo opuesto a la desigualdad. Son los procesos revolucionarios y las luchas políticas y sociales de diverso tipo, que se dieron en el siglo XIX y durante el siglo 27Thomas

Piketty. Capital et Idéologie. Editorial Seuil. Paris – Francia, 2019.

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XX, los que han permitido reducir y transformar las desigualdades en el pasado. De la misma manera en que la desigualdad no es económica ni tecnológica, el progreso tampoco lo es. El progreso no se reduce al desarrollo económico y tampoco se trata de crecer por crecer, incrementando las desigualdades económicas y sociales, como ocurre en el “hipercapitalismo” reinante. El progreso implica una apuesta política en favor de una mayor igualdad, que tiene que venir acompañada de una ampliación de las libertades humanas. El progreso humano no es lineal, es frágil y, en el mundo actual, está permanentemente amenazado por las “desviaciones” de las desigualdades y por la “libre competencia”. El progreso, sin embargo, existe y es un “combate” permanente contra las desigualdades, que tienen un origen ideológico y político. Esta lucha tiene que apoyarse en un análisis razonado de las instituciones históricas que reproducen las desigualdades sociales y que interfieren en la línea del progreso, tarea que nos corresponde hacer a los científicos sociales. Es importante llamar la atención sobre esta reivindicación de la idea del progreso, que viene no sólo de Piketty, sino también de Wallerstein, como vimos anteriormente. Es oportuno, en ese sentido, recordar la defensa que nuestro historiador Jorge Basadre tenía de la idea del progreso y de la libertad del individuo, en el marco del proyecto socialista. En uno de sus primeros artículos, publicado en 1929, bajo el título de Marx y Pachacútec, Basadre deslindó con las posturas indigenistas que identificaban el ayllu y el pasado incaico con el socialismo moderno. “El socialismo -en su opinión- postula la libertad del individuo para escoger su trabajo pues su ideal de igualdad se refiere, sobre todo, a la iniciación, al punto de partida; y en el Imperio incaica el individuo tenía su faena prefijada. El socialismo es producto esencialmente técnico y científico; y los Incas ungieron su poderío en base de una mentalidad colectiva…”28. Se trataba, entonces, de dos fenómenos totalmente distintos, que iban en sentido contrario, en la historia y por su orientación política. “El 28Jorge

Basadre. “Marx y Pachacútec”. En: Nueva Revista Peruana. Tomo I. Números 1 a 3. Agosto – Diciembre, 1929, p. 20.

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incario fue una expansión política y militar; el socialismo debe ser conciencia, convicción, idea”29. Nótese que para Basadre el socialismo perseguía la “libertad del individuo”. Es por eso que, en el balance, “muy poco o nada tiene que hacer el socialismo doctrinario de nuestros días -o mejor dicho de los días del futuro- con el socialismo peruano prehispánico”30. Para Basadre, entonces, el socialismo no solo defendía la libertad del individuo, sino que además era tributario de la ilustración y de la idea del progreso. La ilustración, en opinión de Basadre, más que un iluminismo renovado, tenía que ver con un ideal humanista, secular, que apunta a transformar la sociedad y librarla de la miseria y de la superstición. “La palabra ‘Ilustración’ en este caso no quiere decir alumbramiento, iluminación. Alude a un humanismo intelectualista completamente secularizado que pone, al servicio de su afán renovador, un hondo afán pedagógico y político, Estimula la existencia de un clima espiritual con variantes diversas y contradictorias dentro del que se pretendió, por espíritus selectos, llegar a tener una mente clara, libre de prejuicios, por encima de las tinieblas del error. En esta mente coexistían: un optimismo basado en la alta valoración de la naturaleza humana y un individualismo conexo con un universalismo por la creencia de que, cualesquiera que sean sus diferencias externas, hay una unidad profunda entre los individuos, regidos esencialmente por la razón. De este racionalismo provienen el ansia de organizar una sociedad exenta del error, de la miseria y de la superstición mediante un cambio súbito al que tenía que seguir un estado indefinido de bienestar a través de leyes y de reglamentos”31.

29Ibid.,

p. 21.

30Ibid.,

p. 21.

31Jorge

Basadre. El azar en la historia y sus límites. Con un apéndice: la serie de probabilidades dentro de la emancipación peruana. Ediciones P. L. Villanueva. Lima – Perú, 1973, pp. 50 y 51.

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Para Basadre, tanto los liberales como los marxistas eran tributarios de la ilustración y sus legítimos herederos. “El interés histórico implícito en la Ilustración se ha derivado de que tanto los liberales como los marxistas creen ser legatarios de dicha época. Pasada la primera mitad del Siglo XX, éste ha perdido sus paraísos artificiales en las dos grandes guerras, y, más allá de la Europa burguesa de 1914, de la América de la neurosis, las autoflagelaciones y los asesinatos y de la Unión Soviética de Stalin, las sombras del llamado ‘siglo de las luces’ parecen resplandecer”32. El proyecto ilustrado, entonces, pese a las sombras que impuso la guerra, parecía resplandecer de cara al futuro. En la “Reconsideraciones” que hizo a Perú: Problema y Posibilidad, meses antes de morir, Basadre se ratificó en su defensa del socialismo como ideal de libertad y como propuesta de desarrollo, en el marco del proyecto ilustrado, lo que además era compatible con la iniciativa individual. “Entendemos como socialismo, por encima de las rigideces ideológicas, la mezcla de dos ideales. De un lado, el ideal de libertad propio del liberalismo que tiene raíces cristiano-judeo-greco-latinas y se prolonga en el derecho natural y las grandes revoluciones del mundo occidental. Por otra parte, el ideal del desarrollo surgido como consecuencia de las transformaciones que emanan de la tecnología contemporánea y también por el contraste entre los mundos pobres y el mundo rico en los tiempos que corren. El socialismo aparece así como un movimiento que va a la construcción de una sociedad donde los intereses relacionados con la comunidad estén siempre por encima de los intereses particulares sin cortar el estímulo de la libre iniciativa legítima y donde las actividades de todos estén enmarcadas dentro del interés general. Lo que importa esencialmente en el socialismo ‘con rostro humano’ es la función que cumple la administración de los bienes. ¿En beneficio de quién? Es posible una buena gestión de los bienes en manos privadas bajo la vigilancia de un Estado exigente, así como cabe el funcionamiento de 32Ibid.,

p. 51.

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una mala gestión social en organismos estatales trabados por la ineficiencia, la lentitud burocrática o la corrupción” 33.

Para Basadre, lo relevante en el socialismo era la función que cumplía en la gestión de los bienes (¿para quién o en beneficio de quién se gestiona?), que podía incluso recaer en manos privadas, con una adecuada supervisión por parte del Estado y de la sociedad. Lo que definía el socialismo, en su opinión, no era la propiedad de los medios de producción ni la gestión de los bienes por parte del Estado, sino su finalidad pública, que es “irreductible”, no negociable. El socialismo es libertad individual y desarrollo colectivo. No un “régimen de economía planificada” que se ordena desde arriba. Y tampoco se reduce a lo económico. El desarrollo económico es el medio para alcanzar la “dignidad y libertad humanas” y reducir la pobreza, el desempleo y las desigualdades sociales, que es hacia donde apunta el socialismo, en el marco del proyecto ilustrado.

La postmodernidad o el hipercapitalismo reinante Son evidentes las afinidades que hay entre el concepto de socialismo de Basadre y su reivindicación de la idea del progreso con la lectura y la prospección histórica que realizan Wallerstein y Piketty de la sociedad contemporánea. Al finalizar los años ochenta, sin embargo, ganó hegemonía el pensamiento postmodernista (Lyotard, Foucault, Derrida, Vattimo, Lipovestky, Castoriadis, Bauman, entre otros), individualista, nihilista, que, con su crítica a los llamados “metarrelatos” (o macrorrelatos) y en nombre del “pensamiento débil”, proclamó el fin de la modernidad y de la idea de progreso, lo que, junto a la caída del Muro de Berlín y el ocaso del bloque socialista, condicionaron la llegada de lo que Piketty ha denominado como el “hipercapitalismo”, frente al cual el postmodernismo, en sus 33Jorge

Basadre. Perú: Problema y Posibilidad (Ensayo de una síntesis de la evolución histórica del Perú, con algunas reconsideraciones, cuarentisiete años después). Fundación M. J. Bustamante de la Fuente. Lima – Perú, 1994, p. 365.

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distintas variantes, no ofrece ninguna alternativa. El “pensamiento débil” hizo, además, que cada uno de sus representantes construyera su propio “relato” del mundo en el que vivía, que, en la mayoría de los casos, resultó más engorroso y “elitista” que los “metarrelatos” que pretendía destronar. Un buen ejemplo de lo que acabamos de afirmar es el que ofrece José Ángel Bergua, en su libro Postpolítica. Elogio del gentío, en el que hace una apología de lo social frente a la Sociedad y, partiendo de ahí, cuestiona el vínculo aparentemente indisoluble que, según él, hay entre las ideologías y las teorías sociales. “Si lo social es lo que se hace a la vez y al mismo tiempo que lo que se piensa, lo que ha fallado es el modo elitista de hacer y pensar lo social que ha dado lugar a la Sociedad. En ese modo la política hacía o actuaba inspirándose en ideologías y las Ciencias Sociales conocían o investigaban inspirándose en teorías. La coherencia estaba garantizada porque las ideologías y las teorías eran dos caras de una misma moneda, fragmentos culturales de doble uso. Esto valía tanto para las que habían logrado incorporarse al control de la trama institucional como para las que estaban a la espera de poder hacerlo e introducir cambios de distinto alcance. Aunque las primeras fueran conversas y las segundas se vieran obligadas a mostrarse críticas, ambas tenían en común el tener un carácter elitista”34.

Partiendo de este argumento, hay un vínculo aparentemente indisoluble entre el feminismo, como expresión ideológica y política, y la teoría de género, como ciencia social, lo que pone a ambas bajo sospecha. Este autor, sin embargo, va más allá y, al igual que sus colegas postmodernistas, sentencia la obsolescencia de los “metarrelatos” que anunciaban el progreso, el crecimiento y el desarrollo económico.

34José

Ángel Bergua. Postpolítica. Elogio del gentío. Editorial Biblioteca Nueva. Madrid – España, 2015, p. 232.

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“De hecho los términos ‘progreso’, ‘crecimiento’ y ‘desarrollo’, compartidos casi unánimemente por todo el espectro de políticos y científicos institucionales, no tienen ya ningún sentido. Los tuvieron con los viejos metarrelatos, cuando eran creíbles y el deseo de las gentes cargó en ellos insuflándoles vida. Tras la retirada de las gentes y también tras su progresivo aggiornamiento, los metarrelatos ya no significan nada y el discurso político se ha vuelto demagógico” 35.

Todo este desmontaje teórico se hace no desde una posición “metateórica”, sino que, apelando a la coherencia (lo que es una concesión al modernismo), se asume desde una posición “sobrenatural”, “mágica”, que se hace explícita en expresiones delirantes como las siguientes: – “Nosotros, los brujos, vemos lo social en términos que cualquier ciencia calificaría de borrosos”36. – “Nosotros, los brujos, sabemos encabalgarnos a los flujos del devenir y somos capaces de cualquier cosa”37. – “La magia tampoco tiene que ver con el hacer violento de la política, que necesita crear enemigos y que, de ese modo, genera saberes prejuiciados, desconfiados y estigmatizadores que empobrecen al mundo. Al contrario, el saber – hacer de nuestra magia, puesto que parte de la religancia de todo, tiene un carácter erótico y fecundo”38. – “Los magos y brujos sabemos que el mundo es las gentes. Pero no las gentes congregadas en torno al don o principio de reciprocidad, 35Ibid.,

p. 233.

36Ibid.,

p. 234.

37Ibid.,

p. 234.

38Ibid.,

p. 235.

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que para los científicos, clásicos o no, forma la materia prima de lo social, Para nosotros, el mundo pertenece a algo más elemental que hay en el gentío: lo Común, el «con» del ser-uno-con-otro”39. Esta apología del “gentío” que, en el mejor de los casos, es una suerte de populismo teórico, no nos dice nada sobre el acontecer histórico y sobre el curso que sigue la sociedad. La historia “grande”, la que sigue ya no un Estado – Nación, sino el Sistema – Mundo, es un “metarrelato” que “no significa nada”. Lo que cuentan son las historias del “gentío”, así en plural, ese “saber - hacer” ahistórico, atemporal, que se recoge y se procesa individualmente, al margen de cualquier “metarrelato” colectivo.

Fukuyama o la historia que se mueve y no llega a su fin Una vez más, por argucia de “brujo”, estamos ante el “fin de la historia”, tal como Francis Fukuyama, del lado del pensamiento neoconservador, lo anunciara al mundo a finales de los años ochenta, valiéndose de la filosofía de la historia de Hegel40. Para este autor, el liberalismo económico y político y la idea de “Occidente”, como horizonte cultural, finalmente se habían impuesto al concluir la guerra fría. La historia de “Occidente”, de acuerdo con Fukuyama, no avanzaba hacia una meta prefijada de antemano; pero tampoco había vuelta atrás. En este marco, el mundo se dividía en una parte “poshistórica”, cuyo eje principal de interacción es económico, y el mundo “histórico”, atravesado por conflictos religiosos, nacionales e ideológicos, que registran un serio atraso económico y son reacios a “Occidente”. Posteriormente, Fukuyama profundizó en estas ideas, en

39Ibid.,

p. 235.

40Francis

Fukuyama. “The end of History?”. En: The National Interest, N° 16, Summer, 1989, pp. 3 - 18.

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su libro El fin de la historia y el último hombre41, que tuvo una gran acogida en nuestro medio. El punto central de su argumento era que, con el liberalismo económico, habíamos llegado al “punto final de la evolución ideológica de la humanidad”, que tenía como correlato la “universalización de la democracia liberal occidental” como forma de gobierno humano al que deberían dirigirse todos los países. La existencia del mundo “histórico”, sin embargo, evidenciaba que esta universalización no era tal y que, en todo caso, no pasaba de ser una afirmación ideológica inspirada en la dialéctica hegeliana. Lo ocurrido en los años posteriores hizo que Fukuyama, poco a poco, fuera matizando su punto de vista y se desvinculara del pensamiento neoconservador, aun cuando se ratificará en su tesis central. En su último libro, publicado recientemente, Fukuyama se ocupa del tema de la identidad y ofrece una crítica del “orden mundial liberal” que, en su opinión, no beneficio a todos y, además, produjo un incremento significativo de las desigualdades sociales, incluso en las “democracias desarrolladas”, beneficiando a una minoría de la población, principalmente aquella que registra un mayor nivel de educación. Plantea, asimismo, una diferencia significativa entre la política del siglo XX y la del siglo XXI, en base a los temas priorizados por la derecha y la izquierda, que evidencia un desplazamiento desde el tema económico hacia el tema de la identidad. “La política del siglo XX se organizaba a lo largo de un espectro de izquierda a derecha definido por los problemas económicos: la izquierda quería más igualdad y la derecha exigía mayor libertad. La política progresista se centraba en los trabajadores, sus sindicatos y los partidos socialdemócratas que buscaban más protección social y más redistribución económica. En cambio, la derecha estaba sobre todo interesada en reducir el tamaño del gobierno y promover el sector privado. En la segunda década del siglo XXI, ese espectro parece estar cediendo en muchas regiones a una definida por la identidad. La 41Francis

Fukuyama. El fin de la historia y el último hombre. Editorial Planeta De Agostini. Barcelona – España, 1992 (e. o., en inglés: 1992).

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izquierda se ha concentrado menos en una amplia igualdad económica y más en promover los intereses de una amplia variedad de grupos percibidos como marginados: negros, inmigrantes, mujeres, hispanos, la comunidad LGBT, refugiados y otros. Mientras tanto, la derecha se redefine como patriotas que buscan proteger la identidad nacional tradicional, una identidad que a menudo está explícitamente relacionada con la raza, el origen étnico o la religión”42. En este marco, se ha producido también un desplazamiento de un individualismo utilitario, que es el que priorizaba El fin de la historia, hacia un individualismo expresivo, vinculado a los temas de identidad43. Fukuyama se ratifica en su tesis original, pero es claro, a la luz de la información que analiza, que se ha producido un cambio no solo en el mundo “histórico”, sino también en el “poshistórico”, que se ha hecho evidente en los temas de identidad, pero que va más allá, aun cuando tomará tiempo configurar un nuevo orden mundial, que supere el neoliberalismo reinante y deje atrás la visión eurocéntrica, que es aún hegemónica. La historia no se desplaza de oriente hacia occidente, como sostenía Hegel en sus Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, sino que sigue la línea del tiempo, en términos de pasado, presente y futuro 42Francis

Fukuyama. Identidad. La demanda de dignidad y las políticas de resentimiento. Ediciones Deusto. Barcelona – España, 2019, pp. 22 y 23 (e. o., en inglés: 2018). 43El

concepto de individualismo expresivo fue propuesto originalmente por Robert Bellah, a finales de los años ochenta, para diferenciarlo del individualismo utilitarista, que se había hecho predominante en la cultura norteamericana. El individualismo expresivo considera que cada persona tiene un núcleo único de sentimiento e intuición que debe ser desarrollado o expresado para que la individualidad sea alcanzada. El individualismo utilitarista, por el contrario, concibe la existencia como algo que deriva de un contrato en el que los individuos participan con el único fin de alcanzar su propio interés. Véase: Robert Bellah. Hábitos del corazón. Alianza Universidad – Alianza Editorial. Madrid – España, 1989 (e. o., en inglés: 1985).

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y, en este marco, el progreso siempre es posible, aun cuando esté permanentemente en riesgo y sea una lucha constante contra las fuerzas conservadoras que, lejos de reducirlas, buscan ampliar las desigualdades humanas. El socialismo sigue estando en el horizonte, aunque es evidente que el modelo estatista, seguido por la URSS y los países de la órbita soviética, es inviable y ha quedado obsoleto.

Mario Bunge y su defensa de un socialismo ilustrado A este respecto, cabe mencionar la defensa que hace Mario Bunge del socialismo, desde una perspectiva no marxista, que tiene sus raíces en la ilustración. Para este autor, hay dos “socialismos que realmente han existido”: el socialismo reformista o parlamentario de Lassalle y el socialismo autoritario y dictatorial de la ex URSS y sus satélites44. El primero, que no tiene una inspiración marxista, triunfó y sigue estando vigente en los países escandinavos, tales como Suecia, Dinamarca, Noruega y, en menor medida, en Finlandia. El segundo, claramente fracasó en la ex Unión Soviética y, en el caso de China y la Rusia actual, es evidente que hay un vuelco hacia un capitalismo de Estado. Bunge marca distancia del socialismo de Estado, no solo por sus resultados desastrosos, sino también por la experiencia, que él vivió en carne propia, de los populismos latinoamericanos. "El socialismo nos dice- no tiene nada que ver con el populismo, que ofrece dádivas de arriba. Y el socialismo se construye de abajo hacia arriba. Comienza con cooperativas y con organizaciones no gubernamentales; el socialismo auténtico no es estatista. Le deja libertad al individuo"45. El populismo de izquierda, que hoy se vende 44Mario

Bunge. “El socialismo como democracia integral”. En: Anuario Facultad de Derecho - Universidad de Alcalá, No. VII, 2014, pp. 291 – 300. 45Mario

Bunge. “El socialismo no tienen nada que ver con el populismo”. Entrevista disponible en: https://www.lt10.com.ar/noticia/99195--Bunge-Elsocialismo-no-tiene-nada-que-ver-con-el-populismo Ediciones Socialidad. Libro virtual. Lima – Perú, 2019.

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como el “socialismo del siglo XXI” en Venezuela, es una clara muestra de ello. Bunge, por el contrario, apuesta por un “socialismo cooperativista”, que marca distancia con el modelo estatista, y se aproxime al modelo escandinavo. En este marco, propone construir una “sociedad de socios”, que no coacte la libertad individual y suprima toda forma de explotación, con amplia participación de los ciudadanos. “La única forma justa de socialismo es la que se propone construir sociedades de socios, no sociedades compuestas por explotadores y explotados, por ‘mandamases’ y mandados, sino sociedades justas y juntas, sociedades de socios, en las que cada uno de los componentes tenga voz y voto, así como participación activa. Sin participación no hay socialismo”46. Este tipo de socialismo no es incompatible con la construcción de una sociedad democrática y con el desarrollo de las libertades individuales, sino todo lo contrario. Para Bunge, “la construcción del socialismo no requiere la restricción de la democracia, sino, muy por el contrario, su ampliación, del terreno político a todos los demás. Esto es lo que llamo ‘democracia integral’: ambiental, biológica, económica, cultural y política. Semejante sociedad sería inclusiva: no habría excluidos por sexo ni por raza, ni por explotación económica, ni cultura exclusivista, ni opresión política”47. El embrión de este tipo de sociedad, de acuerdo con este autor, ya existe. Nació al finalizar el siglo XIX, cuando se constituyeron las primeras cooperativas de producción y trabajo en Italia, sobre la base de empresas capitalistas fallidas. No se trata, entonces, de una utopía, sino de un proceso en curso, que probablemente tardará algunos años o varios siglos en realizarse, pero que tiene un curso definido. “La cooperativa ofrece a sus miembros ventajas inigualables: seguridad del empleo, satisfacción en el trabajo y orgullo de pertenecer a una empresa común inspirada en ideales nobles: 46Mario

Bunge. “El socialismo como democracia integral”. Ob. Cit., p. 299.

47Mario

Bunge. “¿Existió el socialismo alguna vez, y tiene porvenir?” En: Lecciones y ensayos, No. 88, 2010, p. 38. Ediciones Socialidad. Libro virtual. Lima – Perú, 2019.

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igualdad, democracia participativa, y solidaridad dentro de la empresa y con empresas similares. Es imaginable que una sociedad en que todas las empresas fuesen cooperativas, como lo son de hecho las empresas familiares, sería menos imperfecta que las sociedades actuales, las que no ofrecen seguridad económica ni tampoco, por lo tanto, política”48.

En el Perú contamos con una valiosa experiencia en los diversos tipos de empresas cooperativas que existen, varias de las cuales surgieron sobre la base de antiguos latifundios agrarios, que en algunos casos están actualmente corroídas y amenazadas por la corrupción y otros ilícitos. Bunge enmarca su propuesta dentro del proyecto ilustrado, que él defiende en toda su amplitud, siendo muy crítico además con el postmodernismo. Los postmodernos, en su opinión, ignoran la ciencia e incluso la atacan, pero sin entenderla. “A los pseudoizquierdistas, que son posmodernistas, les dan asco las estadísticas, no las manejan, por eso son totalmente incapaces de tomarle el pulso a la sociedad de su tiempo”49. Bunge, en cambio, defiende el proyecto ilustrado en su integridad. “Yo no creo en la libertad sin igualdad ni fraternidad. La revolución francesa la pegó, los tres van juntos. Si subraya la libertad, lleva al desinterés por el bien social, si subraya la igualdad, disminuye la responsabilidad, la iniciativa y el liderazgo individual, y si subraya la fraternidad, está predicando que los zorros confraternicen con las gallinas, y eso no es posible. Las tres cosas juntas, sí. Lo mismo pasa con la educación, no basta con clamar por mejores escuelas, los chicos tienen que ir sanos e integrar familias en las que por lo menos un miembro trabajes. Trabajo, educación y salud van juntos. Los 48Ibid.,

p. 35.

49Mario

Bunge. “Para mí el socialismo es democracia pura”. Entrevista disponible en: https://redaccion.lamula.pe/2013/11/05/mario-bunge-para-miel-socialismo-es-democracia-pura/paulocp/

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valores siempre se dan en paquetes, no funcionan individualmente. La visión sistémica es el componente esencial de mi filosofía”50.

“Liberté, Egalité, Fraternité” van las tres juntas y no por separado. Bunge es crítico con aquellos “socialistas” que enfatizan el tema de la igualdad. “La igualdad literal nivela por abajo”. Él, en cambio, propone un “socialismo meritocrático”, en base a una “igualdad calificada”, que haga realidad el principio de “proporcionalidad” propuesta por Louis Blanc en 1839: “A cada cual conforme a sus necesidades, y de cada cual según sus capacidades”51. Esta fórmula, en opinión de Bunge, se complementa con la divisa de la Primera Internacional Socialista: “Ni deberes sin derechos, ni derechos sin deberes”52. Esta “igualdad calificada”, obviamente, no anula la diferencia y, menos aún, restringe la libertad ni socava la fraternidad. El tema de la igualdad, sin embargo, sigue siendo central. “No puede haber socialismo auténtico, o sea, igualdad, allí donde el poder económico, político y cultural están concentrados en manos de una pequeña minoría”53. Esta propuesta es coherente con la idea de “ampliar la democracia”, incorporando las esferas ambiental, biológica, económica, cultural y política. “La democracia parcial, aunque posible, no es plena, justa ni sostenible. En particular, la democracia política no puede ser plena mientras haya individuos que puedan comprar votos y puestos públicos; la democracia económica no es plena bajo una dictadura que imponga el gobierno sin consulta popular; la democracia cultural 50Ibid. 51Louis

Blanc. L’organisation du travail, Société de l’Industrie Fraternelle, París,

1839. 52Mario

Bunge. “¿Existió el socialismo alguna vez, y tiene porvenir?”. Ob. Cit., p.

19. 53Ibid.,

p. 30.

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no es plena mientras el acceso a la cultura se limite a los privilegiados económicos o políticos; la democracia biológica no será plena mientras los hombres no compartan las tareas domésticas con sus mujeres; y la democracia ambiental no se cumplirá mientras haya empresas, ya sea privadas, cooperativas o estatales, que extraigan recursos naturales o los contaminen con toda libertad. En síntesis, el ideal sería combinar democracia con socialismo. Esta combinación podría llamarse ‘democracia socialista’, que debe distinguirse de la socialdemocracia o socialismo débil, que, de hecho, no es sino capitalismo con red de seguridad, también llamado socialismo estatal o de arriba”54.

Bajo estas condiciones, el socialismo tiene porvenir dentro del proyecto ilustrado, en la medida en que vaya “socializando gradualmente” a todos los sectores de la sociedad. Bunge, que es reacio a vaticinar el futuro. amplía la consigna de la Ilustración en el marco del socialismo que él propone: Libertad, igualdad, fraternidad, participación e idoneidad.

La sociología de las emergencias o el futuro que viene La propuesta de Bunge, que merecía ser descrita con detalle, es compatible con lo antes señalado por Wallerstein, Quijano, Mason, Piketty y Basadre. Todas estas propuestas tienen como norte, además, la sociedad del siglo XXI. Se trata de prospecciones bien fundadas del futuro que se nos viene en el sistema – mundo en el que vivimos. Este ejercicio, sin embargo, debe ser complementado con un análisis empírico de los procesos que se encuentran en curso. La prospección va de la mano del análisis de los procesos. En este marco, cobra relevancia la “sociología de las ausencias” y la “sociología de las

54Ibid.,

p. 20.

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emergencias” que propone Boaventura de Sousa Santos en el marco de su proyecto de “descolonización del sur”55. La sociología de las ausencias, en opinión de este autor, tiene por objeto mostrar que lo que no existe es, de hecho, activamente producido como no existente, es decir, como una alternativa no creíble -ni viable- de lo existente. Su objeto empírico, de acuerdo con esta formulación, es un imposible desde el punto de vista de las ciencias sociales convencionales. La sociología de las emergencias, por el contrario, explora las posibilidades existentes que se van construyendo desde el presente. Se ocupa del “todavía no”, término propuesto por Ernst Bloch para dar cuenta de la latencia de los procesos sociales que existen como posibilidad y que, debido a su opacidad, requieren de ser anticipados y visibilizados como alternativas de cambio que operan en el horizonte de las posibilidades concretas. Las “epistemologías del sur”, precisamente, tienen por objeto desarrollar esas posibilidades latentes, que apunten a una descolonización efectiva del saber dominante. Existe un vínculo claro entre la utopística de Wallerstein y la sociología de las ausencias y la sociología de las emergencias de Boaventura de Sousa Santos. En ambos casos, de lo que se trata finalmente es de explorar la sociedad que se nos viene y que la nueva generación de sociólogos, que actualmente se está formando, tendrá que enfrentar como parte de su ejercicio profesional, pero también como ciudadanos del siglo XXI. Ya hemos mencionado la prospección que hace Bunge sobre las cooperativas y, en general, de todo lo que actualmente se denomina como el “sector de economía solidaria”, que sigue creciendo en todo el mundo. Como este tema, hay muchos otros que pueden ser mencionados, cuya relevancia va ir creciendo en los siguientes años, por lo que deberían merecer nuestra atención.

55Boaventura

de Sousa Santos. Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social (encuentros en Buenos Aires). Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales – CLACSO. Buenos Aires – Argentina, 2006.

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Hacia una agenda de investigación para el siglo XXI Hay muchos problemas que están latentes, además otros que ya tenemos en curso, que debemos estudiar como sociólogos y proponer soluciones a nivel nacional e internacional. Entre estos problemas, sin pretender agotar la agenda, cabe mencionar los siguientes: 1)

La pobreza global, que sigue siendo un problema multidimensional, pese a la reducción de la pobreza monetaria que se ha experimentado en los últimos años en nuestra región. Las fronteras entre los “ricos que se globalizan” y los “pobres que se localizan”, igualmente, tiende a diluirse, lo que constituye un problema tanto en los países del norte como en los países del sur.

2)

El problema de la desigualdad social, económica, educativa, de género, étnica, religiosa, geográfica, entre otros, que se ha incrementado en los países del Norte y del Sur y entre países y mantiene una tendencia creciente, lo que se ve reflejado en el desplazamiento y exclusión social de amplios sectores de la población en todo el mundo.

3)

El problema del desempleo, que tenderá a incrementarse con el cambio tecnológico y el desplazamiento de amplios sectores de la población del mercado de trabajo.

4)

La migración internacional, que antes operaba en el eje Norte – Sur y que ahora incluye el eje Sur – Sur, teniendo como ejemplo a la migración venezolana, en nuestro caso.

5)

El cambio climático, que es un problema global, cuyos efectos cada vez causan mayores estragos en la población, sin que haya visos de solución en el mediano y largo plazo.

6)

El deterioro del medioambiente (contaminación, deforestación, degradación del suelo, pérdida de biodiversidad, entre otros),

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como consecuencia de la proliferación de las industrias extractivas y de actividades delictivas, como la tala ilegal, la minería ilegal, el narcotráfico, entre otros problemas. 7)

El incremento de los desastres provocados por la actividad humana en la naturaleza, vinculado al cambio climático, al deterioro del medioambiente y a la falta de previsión, que no sólo destruye hogares y vidas, sino que afecta principalmente a las poblaciones más pobres y a los más vulnerables (mujeres, niñas y niños, población indígena, etc.), que sufren desplazamiento y recaen en la pobreza, cuando logran salir de ella.

8)

La crisis de los alimentos y los problemas de inseguridad alimentaria, que afecta de manera cíclica o en forma permanente a amplios sectores de la población, sobre todo en las zonas rurales y las más alejadas de los centros urbanos, afectando principalmente a las niñas y niños, mujeres rurales y poblaciones indígenas.

9)

La “triple informalidad”, en sus distintos componentes, que incluye la informalidad habitacional o de la vivienda, la informalidad de los medios de transporte y la informalidad laboral (que incluye al comercio informal, al por mayor y al por menor), problema que afecta por lo menos a dos tercios de la población y que, entre otras cosas, sirve para camuflar la economía ilegal, delictiva, que tiende a crecer en el ámbito nacional e internacional.

10) Los problemas de urbanización y metropolización, que alcanzan a Lima Metropolitana y a otras ciudades del interior del país, que incluye el problema de la vivienda, el acceso a la vivienda social, el crecimiento vertical de las ciudades, el transporte urbano, la inseguridad ciudadana, entre otros problemas, que requieren de soluciones imaginativas y tenderán a agudizarse en el futuro.

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11) El crimen organizado transnacional, que incluye al narcotráfico, la minería ilegal, la tala ilegal, la prostitución, el lavado de activos, entre otros ilícitos, que corroe los Estados y controla a importantes sectores de la población, sobre todo, en los países del Sur. 12) La corrupción, que se ha hecho sistémica, ya sea porque es recurrente o porque controla amplios sectores del Estado, habiendo dejado de ser un problema de “funcionarios públicos” para involucrar a un número creciente de actores privados, lo que incluye a los más importantes gremios empresariales, que son los que más lucran con el problema. 13) La violencia social, en todas sus formas, que incluye a la delincuencia común, la criminalidad organizada y la corrupción policial y judicial, que ha incrementado los niveles de inseguridad en la población, problema que es común a la mayoría de los países latinoamericanos. Este problema está vinculado, además, al incremento de la industria de la seguridad que, lejos de reducir su incidencia, tiende a incrementar el problema, sobre todo, cuando son los poderes mafiosos los que lucran con ella, 14) La violencia de género, que afecta a un número creciente de mujeres, niñas y niños, que son sus principales víctimas. Este problema ha crecido en los últimos años, en la mayoría de los países del mundo, pese a los avances que se han registrado en las legislaciones y sistemas de protección, lo que se hace evidente en el incremento de los feminicidios. La existencia de iniciativas transnacionales, del tipo “Con mis hijos no te metas”, que pretenden deslegitimar la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres, evidencia que este problema tenderá a incrementarse en el futuro, tanto en los países del Norte como en los países del Sur. 15) Los vínculos que hay entre la corrupción, la violencia social y la violencia de género, que tienden a retroalimentarse y que, sin Ediciones Socialidad. Libro virtual. Lima – Perú, 2019.

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embargo, son problemas que se abordan de manera aislada, independiente, sin establecer los vínculos que tienen entre sí, lo que tiende a incrementar su incidencia en la sociedad y pone en riesgo a las nuevas generaciones, entre cuyos integrantes se encuentran los principales perpetradores y también el mayor número de víctimas. 16) La creciente transnacionalización de la economía, que sigue en aumento, desborda a los estados nacionales, debilita su capacidad de control y desencadena una creciente desintegración social en distintos países y regiones del mundo. 17) El creciente poder que tienen los organismos internacionales, caso Banco Mundial, FMI, Unión Europea, entre otros, que no sólo condicionan a los Estados – Nación, sino que, en muchos casos, tienen un control efectivo de los Ministerios de Economía y Bancos Centrales, como ocurre en varios países de nuestra región, incluyendo el Perú. 18) La nueva política mundial, posinternacional y policéntrica, en la que convergen distintos actores, no sólo Estados, sino también organismos multinacionales, bloques económicos, ONG, etc. Un ejemplo claro de esto son la Cumbre del Clima o la Cumbre del Milenio, en las que participan actores de diverso tipo, además de los Estados del todo el mundo, 19) La exigencia y aceptación universal del respeto a los derechos humanos, como base de toda convivencia democrática, que resta soberanía y capacidad de control de los Estados sobre los ciudadanos. 20) El alargamiento de la esperanza de vida de las generaciones que actualmente ya han nacido y el envejecimiento demográfico, problema que ya afecta a nuestra todavía minoritaria población de adultos mayores, pero que será masivo en las siguientes

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décadas, no sólo para el caso de la población peruana, sino en todos los países de occidente. Podemos seguir alargando la lista de problemas, poniendo, por ejemplo, la crisis hídrica, la crisis energética, que incrementan los problemas de inseguridad humana, los problemas vinculados al acceso a los servicios de educación y salud, la “nueva ruralidad”, el extractivismo, entre otros problemas “globales”. Lo señalado, sin embargo, es suficiente para mostrar los grandes retos que tiene la sociología por delante, de cara al siglo XXI. La sociología, es bueno recordarlo, nació de la mano de la política social. Esa fue una de las principales lecciones que nos dejó Max Weber en sus diversos escritos. No hay que olvidar eso. “El conocimiento –nos dice Edgard Morin– es navegar en un océano de incertidumbres a través de un archipiélago de certezas”56. Se trata, en palabras del mismo autor, de “una aventura incierta que conlleva en sí misma y permanentemente el riesgo de ilusión y de error”57. Eso es lo que hace apasionante la sociología, lo que nos coloca siempre en el punto de partida, como el uróboros, que incansablemente reinicia el viaje de la aventura del conocimiento. 10 / 10 / 2019

56Edgard

Morin. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO, 1999, p. 47. 57Ibid.,

p. 47.

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