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T r e s ^Íen UNO

EL LIBRO

deApocalipsis

o en la República Mexicana DO M. N.

Revelación para los últimos días

A Ranko Stefanovic

1 El evangelio de Patmos

El tema central de Apocalipsis (1:1a). l librQ comienza con la afirmación inicial: "la revelación de Je­ sucristo". Esta declaración genera el título del libro. La palabra griega apokálupsis (apocalipsis) significa "revelar", "destapar/ descubrir", o "quitar el velo". Así, Apocalipsis es develar a Jesu­ cristo. En el lenguaje original, la frase "una revelación de Jesucristo" puede significar que la revelación proviene de Jesús o que es acerca de Jesús como el que se revela. En un sentido, ambos significados están implíci­ tos aquí. Mientras la revelación vino de Dios por medio de Jesucristo, que lo comunicó a Juan por medio de un ángel (Apoc. 1:1; cf. Apoc. 22:16), el resto del libro testifica de que Jesús es el tema principal de su contenido. Él es "el Alfa y la Omega" (es decir, de la A hasta la Z) del con­ tenido del libro, "el principio y el fin" (Apoc. 21:6; 22:13), y "el primero y el último" (Apoc. 1:17; 22:13). El libro comienza y termina con Jesús. El libro de Apocalipsis es un evangelio tanto como lo son los cuatro Evangelios. Como los Evangelios, Apocalipsis habla acerca del mismo Jesús; pero se concentra en aspectos diferentes de sus roles y existencia. Los Evangelios describen a Jesús como el Hijo de Dios preexistente que entró en la experiencia humana para salvar a los seres humanos y quien, después de su muerte en la Cruz y posterior resurrección, ascendió al cie­ lo. ¿Qué está haciendo ahora en el cielo? Apocalipsis revela la respuesta a

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esta pregunta. El libro revela que, después de su ascensión al cielo, Jesús se sentó en el Trono celestial, y gobierna el universo entero. Los Evangelios también nos cuentan que, antes de su ascensión, Je­ sús hizo dos promesas acerca de su interacción futura con su pueblo: primero, él siempre estará con él, hasta el tiempo del fin (Mat. 28:20); y segundo, él volverá para llevarlo consigo (Juan 14:1-3). Apocalipsis toma estas dos promesas y describe, primero, cómo cumplió Jesús la promesa de estar con su pueblo a lo largo de la historia, hasta el fin (Apoc. 1-18); y segundo, cómo volverá a la terminación de la historia de este m undo y se unirá con él (Apoc. 19-22). Sin Apocalipsis, nuestro conocimiento del ministerio de Cristo en el cielo en favor de su pueblo sería vago. Apocalipsis trasmite la sustancia del evangelio como "las buenas nuevas" y señala enfáticamente al Cris­ to glorificado como aquel que, por virtud de su propia muerte, conquis­ tó la muerte y la tum ba (Apoc. 1:17, 18). Él nunca abandonará a su pueblo y estará siempre con él hasta que venga por segunda vez para llevarlo a casa.

El propósito del libro (1:1 b) El prólogo afirma además que el propósito de la revelación (el Apo­ calipsis) es mostrar al pueblo de Dios "las cosas que deben suceder pronto" (Apoc. 1:1). Es obvio que la descripción de eventos futuros ocupa gran parte del libro. Mientras que la primera parte del Apocalip­ sis (caps. 1-11) esboza los eventos mundiales qúe suceden entre el siglo primero y el tiempo del fin, su segunda mitad (caps. 12-22) trata prin­ cipalmente sobre el tiempo del fin y los eventos que conducen a la Se­ gunda Venida. Esta división sugiere una pregunta: ¿Cómo puede el libro ser tanto una revelación de Jesucristo como la revelación de eventos que ocurrirán? Pof una parte, las profecías de Apocalipsis explican, desde la perspec­ tiva de Dios, por qué ocurrirán los eventos predichos. Proveen la segu­ ridad de que, no importa lo que traiga el futuro, Dios está en el control. Pero los eventos futuros predichos en Apocalipsis no son, evidentemen­ te, el tema principal. Ellos no están registrados para hacer de Apocalip-

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sis un libro divino de agoreros ni las profecías fueron dadas para satis­ facer nuestra curiosidad obsesiva acerca del futuro. Su propósito princi­ pal es aseguramos la presencia de Jesús con su pueblo a lo largo de la historia y sus eventos finales. Sin embargo. Cristo sabía que el impacto total de su promesa de es­ tar con su pueblo no sería efectivo sin presentar los eventos futuros por medio de su palabra profética. La gráfica descripción de estos eventos en su mensaje tiene la intención de impresionarnos con la gravedad de la crisis final y de nuestra necesidad de depender de Dios durante este tiempo. Este tiempo de crisis recordará al pueblo de Dios la promesa de estar con él a fin de sostenerlo durante tiempos difíciles. "Pero os he dicho estas cosas", dijo Jesús, "para que, cuando llegue la hora, os acor­ déis de que ya os lo había dicho" (Juan 16:4). Debemos recordar que el cumplimiento de las profecías del tiempo del fin no debe ser tema de especulación y sensacionalismo. Apocalipsis nos informa acerca de eventos en el tiempo del fin, pero no revela exac­ tamente cuándo y cómo ocurrirán. Numerosos libros y sitios Web han pretendido predecir exactamente cómo se cumplirán estas profecías, pero la mayoría de las ideas expresadas son engañosas. Son tomadas, no de la Biblia, sino más bien de la imaginación basada en interpretaciones alegóricas o en titulares de los noticiosos. El tiempo y la manera en que se desenvolverán los eventos finales son secretos de Dios y están reser­ vados solo para sí mismo (Mat. 24:36; Hech. 1:7). Serán claras para nosotros solo cuando se cumplan, no antes (Juan 14:29; 16:4). Cuando se las comprende adecuadamente, las profecías de Apocalip­ sis sirven a propósitos prácticos: enseñamos cómo vivir hoy y preparar­ nos para el futuro. Estudiarlas debería hacemos mejores personas, m o­ tivamos para tom ar nuestro destino con seriedad e inspirarnos para tratar de alcanzar a otros con el mensaje del evangelio.

El lenguaje simbólico del libro (1:1c) El prólogo explica además que el contenido de Apocalipsis fue "de­ clarado" a Juan en una visión. La palabra griega semaíno (declarar) lleva como significado principal "mostrar por señales y símbolos". Esta palabra

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se usa en la traducción griega del Antiguo Testamento (la Septuaginta) donde Daniel le explicó al rey Nabucodonosor que por medio de un símbolo Dios había mostrado al rey "lo que ha de acontecer en lo por venir" (Dan. 2:45). En forma similar, al emplear esta palabra en el pró­ logo de Apocalipsis, Juan informa al lector que las cosas registradas en el libro son visiones y símbolos que le fueron mostrados en Patmos. El libro de Apocalipsis no proporciona descripciones fotográficas de las realidades celestiales o de los eventos futuros que deben ser interpre­ tados literalmente. Aunque las escenas y los eventos predichos son rea­ les, se le muestran a Juan en presentaciones simbólicas. Bajo la inspira­ ción del Espíritu Santo, Juan registra fielmente estas presentaciones sim­ bólicas exactamente como se le mostraron a él (Apoc. 1:2). Pero, a causa de la insuficiencia del lenguaje humano, Juan añadió símbolos por su cuenta. Sus intentos de poner las realidades celestiales en pala­ bras humanas se identifican por palabras marcadoras tales como "seme­ jante", o "como". Recordar el carácter simbólico de Apocalipsis será una salvaguardia contra la aplicación literal de los símbolos, lo que distorsionaría el mensaje profético. Aunque la lectura de la Biblia en general presupone una comprensión literal del texto (a menos que este indique claramente puntos de simbolismo intencional), estudiar Apocalipsis requiere una comprensión simbólica de las escenas y los eventos registrados, a me­ nos que el texto indique claramente que tiene la intención de un signi­ ficado literal. El lenguaje simbólico de Apocalipsis no nació en un vacío, sino que fue extraído de la realidad histórica. La mayor parte del simbolismo del libro fue tom ado del Antiguo Testamento: más o menos las tres cuartas partes del texto del libro tiene alusiones directas o indirectas al Antiguo Testamento. Al describir eventos futuros, la Inspiración a menudo usa el lenguaje del pasado. Dios quiere impresionar nuestra mente con el hecho de que sus actos de salvación en el futuro serán muy semejantes a sus actos de salvación en el pasado. Lo que hizo por su pueblo en el pasado lo hará por él en el futuro. No hay duda de que los lectores de Apocalipsis del siglo primero debieron haber comprendido la mayoría

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de los símbolos de Apocalipsis a la luz de su trasfondo del Antiguo Tes­ tamento. De este modo, al desentrañar el significado de los símbolos y las imágenes de Apocalipsis, primero debemos prestar atención al Antiguo Testamento. Muchos símbolos del libro fueron ampliamente usados en los escritos apocalípticos judíos de la época. Como tales, eran parte del vocabulario de la gente del primer siglo. Además, las imágenes de Apo­ calipsis tam bién debieron haber evocado escenas contemporáneas gre­ corromanas en la mente de los cristianos del primer siglo.

El saludo trin ita rio (1:4-6) Apocalipsis fue escrito originalmente con el formato de una epístola. Como tal, comienza con la triple apertura que se acostumbraba en aquel tiempo. Primero, presenta al remitente y a los receptores de la carta: "Juan, a las siete iglesias que están en Asia" (Apoc. 1:4). Juan fue uno de los docé discípulos y el autor del Evangelio que lleva su nombre. Estaba escribiendo a siete congregaciones cristianas eñ la provincia ro­ mana de Asia (actualmente la parte sudoeste de Turquía), que estaban enredadas en abrumadoras circunstancias espirituales. En Apocalipsis, esas siete iglesias representan a la iglesia a lo largo de la Era Cristiana. Siete es el número de la plenitud y la integridad; y aun­ que fue originalmente escrita para esas siete iglesias, Apocalipsis tam ­ bién fue escrito para todo el pueblo de Dios a través de la Era Cristiana. La segunda parte del inicio de la carta da el saludo epistolar común entre los primeros cristianos: "Gracia y paz a vosotros" (vers. 4; cf. Rom. 1:7; 1 Ped. 1:2). La frase consiste en la palabra acostumbrada de saludo en griego, járis (gracia), y la palabra hebrea de saludo, shalom (paz). En el Nuevo Testamento, "gracia y paz" es más que un saludo informal. El orden de estas dos palabras es siempre "gracia y paz", nunca "paz y gra­ cia".1Robert H. Mounce señala que esto se debe a que "la gracia es el favor divino" otorgado a los seres humanos, y "paz es ese estado de bienestar espiritual que sigue como resultado".2 Los dadores de la gracia y la paz son las tres Personas de la Deidad. La primera que se menciona es Dios el Padre, referido como "el que es

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y qüeera y que ha de venir" (Apoc. 1:4; cf. Apoc. 4:8). Este título triple es un eco del nombre divino "Yo soy el que soy", que interpretaba el nombre pactual de Dios en el Antiguo Testamento, Yahvé, y señalaba la existencia eterna (Éxo. 3:14). La segunda Persona de la Trinidad a la que se alude es llamada "los siete espíritus" (Apoc. 1:4; cf. Apoc. 4:5; 5:6). Este nombre se refiere al Espíritu Santo, donde siete es un número de totalidad. El trasfondo de esta identificación en el Antiguo Testamento es la séptuple designación del Espíritu, que se encuentra en la versión de la Septuaginta de Isaías 11:2 y 3.3 En Zacarías 4, las siete lámparas simbolizan la actividad uni­ versal del Espíritu Santo en el m undo (vers. 2). En Apocalipsis, "los siete espíritus" son un paralelo de las siete iglesias en las que actúa el Espíritu. La frase representa la plenitud y la universalidad de la obra del Espíritu Santo en la iglesia, que la capacita para cumplir con su llamado. La lista concluye con Jesucristo, que es identificado con un título tri­ ple: "El testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra"-(Apoc. 1:5a). Este título triple es un eco del Salmo 89, en el que el rey davídico es el primogénito de Jehová, el excelso rey de la Tierra y el testigo fiel de Jehová. (Sal. 89:27, 37). Estos tres títulos de Je­ sús en Apocalipsis 1:5a corresponden a sus títulos de Profeta, Sacerdote y Rey. Por virtud de su fiel testimonio durante su jomada terrenal, Jesús ha recibido el honor de los primogénitos y ha sido exaltado al rango más elevado, por encima de todos los poderes y las autoridades en el cielo y en la Tierra (Efe. 1:20-22; 1 Ped. 3:22). Habiendo afirmado la verdadera identidad de Jesús, Juan entonces describe lo que Jesús hace (Apoc. 1:5b, 6). Esta triple actividad corres­ ponde a sus tres títulos. En el texto original, "al que nos ama" es una actividad en curso: él nos ama continuamente. Este amor, abarca igual­ mente el pasado, el presente y el futuro. Aquel que nos ama nos ha la­ vado de nuestros pecados con su sangre. En el texto original, "lavado" se refiere a una acción completada en el pasado. En la Cruz, Jesús murió y nos liberó de nuestros pecados para siempre. El Apocalipsis nos dice no solo lo que Cristo ha hecho por nosotros sino también lo que podemos llegar a ser en él. Él nos hizo "un reino, sacerdotes para su Dios y Padre" (vers. 6; cf. Apoc. 5:9, 10). Los redimi-

1. El evangelio de Patmos * 1 3 dos gozan de esa condición por causa de lo que Cristo hizo en la cruz del Calvario. Esta condición, originalmente prometida al antiguo Israel, fue lograda en su redención de la esclavitud de Egipto y la promesa de que ellos serían su reino de sacerdotes (Éxo. 19:5, 6). Este título de pri­ vilegio es ahora ofrecido a la iglesia cristiana como el verdadero Israel de Dios (1 Ped. 2:9, 10). Lo que fue ofrecido a Israel como una promesa futura es ahora ofrecido a los cristianos sobre la base de lo que Cristo hizo en el pasado.

El rasgo característico del libro (1:7f 8) En la conclusión del prólogo, Juan dirige la atención al rasgo carac­ terístico de la carta: el retomo de Jesús en majestad y gloria. Emplea las palabras de Daniel 7:13 ("con las nubes del cielo venía") y de Zacarías 12:10 ("a quien traspasaron" y "se afligirán por él") así como las pala­ bras de Mateo 24:30 del discurso de Jesús en el Monte de los Olivos ("venir en las nubes del cielo" y "todas las tribus de la tierra harán la­ mentación"). Juan quiere que comprendamos que la venida de Cristo está arraigada en la profecía bíblica y en la promesa de Cristo de volver otra vez. En el Nuevo Testamento, Cristo siempre se refiere a su venida con las palabras "vengo" más bien que "vendré". El tiempo presente futurístico se refiere al evento futuro como si ya estuviera ocurriendo, lo que de­ muestra la certeza de la promesa de Cristo de volver. Esta certeza está afirmada con la declaración "Sí, amén" (Apoc. 1:7). En el griego dice "Nai, amén". Nai es una palabra griega que significa "amén", que es un afirmativo hebreo. Cuando están combinadas, las dos palabras expre­ san una afirmación enfática. Esta afirmación también concluye el libro: "Ciertamente vengo en breve. Amén. Ven, Señor Jesús" (Apoc. 22:20). Este texto se refiere a la venida literal y personal de Cristo en majes­ tad y gloria. De este modo. Apocalipsis está en armonía con la enseñan­ za del resto de la Biblia. En ninguna parte de la Biblia se enseña una venida invisible y secreta de Cristo. Por el contrario, cada ser hum ano presenciará su venida, y esto incluye a "los que lo traspasaron" (Apoc. 1:7). Ninguno está exento. Mientras que su venida traerá liberación a

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los que lo esperan, traerá juicio a quienes han desdeñado su miserico: dia y su amor. v La certeza de la Segunda Venida está arraigada en el hecho de que ha sido prometida por Dios mismo, el gran "YO SOY", quien es "el Alfa y la Omega [...] el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso" (Apoc. 1:8). Una promesa es tan sólida como la persona que la da. Es tan segura como la integridad y la capacidad de la persona de hacer lo que dice. En la Biblia, la promesa de volver la da el Dios del universo, un Dios que siempre ha cumplido sus promesas. Referencias: 1. Bruce M. Metzger, Breaking the Code: Understanding the Book of Revelation (Nashville, Tennessee: Abingdon Press, 1993), p. 23. 2. Robert H. Mounce, The Book of Revelation, New International Commentary on the New Testa­ ment (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1977), p. 68. 3. Lancelot C. L. Brenton, trad., The Septuagint With Apocrypha: Greek and English (Peabody, Massa­ chusetts: Hendrickson, 1986).

2 Entre los candelabros

Juan en Patmos (1:9) uan comienza su historia diciendo que estaba en Patmos por cau­ sa de su testimonio fiel del evangelio (Apoc. 1:9). Los autores cris­ tianos tempranos son unánimes en decir que Juan fue exiliado a esta isla rocosa y árida por las autoridades romanas para impedirparcir el evangelio. Como prisionero, el anciano apóstol soportó muchas penurias en su exilio en Patmos.1 La tradición cristiana primiti­ va testifica que fue forzado a realizar labores pesadas en las canteras.2 La experiencia de Juan en Patmos dio forma al lenguaje y las imáge­ nes de Apocalipsis. Por ejemplo, la tribulación que él soportó allí por causa de su testimonio fiel del evangelio llegó a ser un precursor de la experiencia del pueblo fiel en un m undo hostil, pero especialmente de la gran tribulación que el pueblo de Dios debe pasar en el tiempo del fin (c/. Apoc. 7:14). También, Juan probablemente tenía en mente la isla m ontañosa de Patmos cuando mencionó que las islas y los montes des­ aparecerían al final del tiempo (Apoc. 6:14; 16:20). Especialmente notable es la prominencia del mar y las imágenes re­ lacionadas con el agua en el libro (aparecen 26 veces). Siendo que Juan estaba confinado en Patmos, el mar también llegó a significar la separa­ ción y el sufrimiento para él. Las aguas tormentosas alrededor de la isla vinieron a simbolizar las condiciones perturbadoras sociales y políticas en el mundo. El mar está obviamente relacionado con el ábussos (abis-

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mo), que es la morada de Satanás y sus demonios (cf. Apoc. 13:1 con 17:8). Es de ese mar metafórico que el apóstol ve que sale la bestia que viene a oprimir al pueblo de Dios (Apoc. 13:1). A la Babilonia prostitu­ ta se la ve sentada "sobre muchas aguas" (Apoc. 17:1; cf. vers. 15). Tam­ bién es de ese mar simbólico que los mercaderes figurados de Babilonia, que venden sus doctrinas y sus costumbres corruptas, obtienen toda su riqueza y lujos (Apoc. 18:17-24). Recordando esto, no es sorprendente que en la última visión de Juan de los cielos nuevos y la Tierra Nueva lo primero que observó fue que "el mar ya no existía más" (Apoc. 21:1). El texto no se refiere simple­ mente a cualquier mar sino al mar que rodea a Patmos, y eso llena al anciano apóstol con un profundo anhelo del tiempo cuando el mar ya no existirá más. La ausencia del "mar" sobre la Tierra Nueva significa la ausencia de todo mal y del "Patmos" del sufrimiento y el dolor en la vida diaria. Sin embargo, el verdadero dolor que sintió el revelador en Patmos fue mayor que su sufrimiento físico. Estaba abrumadoramente preocu­ pado por la situación de las iglesias, ubicadas en siete ciudades en la provincia de Asia (cf. Apoc. 1:11), que habían sido privadas de su lide­ razgo. La situación en las iglesias se había desestabilizado gradualmente por causa de la hostilidad creciente de las autoridades romanas hacia los cristianos en Asia. También había informes perturbadores de que estas iglesias estaban en crisis. La mayoría de ellas, divididas; en algu­ nas, la mayoría de los creyentes estaban involucrados en difundir la apostasía. Muchos cristianos en Asia estaban luchando con su identidad. Las terribles circunstancias y la angustia pudieron haber conducido a m u­ chos de ellos a cuestionar si Dios estaba todavía en el control y qué traería el futuro a la iglesia. Estaban con la necesidad urgente de con­ ducción y ánimo. Pero el anciano apóstol no podía estar con ellos. Su preocupación por su bienestar espiritual era, a veces, abmmadora. Juan estaba grandemente angustiado y necesitaba una expresión de seguri­ dad y ánimo. Los cristianos nunca deben olvidar que siempre que se encuentren en un "Patmos" rodeado por un interminable "mar" embravecido, cual-

2. Entre los candelabros t t quiera que sea para ellos el significado del mar, no están solos. La expe­ riencia de Patmos siempre resulta en una revelación de Jesucristo. Es porque Daniel experimentó la cautividad babilónica que hay un libro de Daniel en la Biblia. Del mismo modo, el exilio de Juan en Patmos produjo el libro de Apocalipsis. Jesús, quien visitó a Juan en una visión en esa isla desértica, es el mismo Jesús que está presente con su pueblo para sostenerlo y apoyarlo hoy. Él siempre estará con su pueblo, hasta el mismo fin del tiempo (ver Mat. 28:20).

En el día del Señor (1:10a) No sabemos cuánto tiempo estuvo Juan en Patmos antes de que Cristo se le apareciera en la visión. Juan afirma brevemente que, m ien­ tras estaba en medio de su aflicción, fue tom ado en visión "en el día del Señor" (Apoc. 1:10). Es evidente que, para él, el "día del Señor" era un día especial. En la Biblia, hay dos días especificados como del Señor. El primero es el sábado del séptimo día. Dios llama a estos días sábados "mis sába­ dos" (Éxo. 31:13; Eze. 20:12, 20) y "mi día santo" (Isa. 58:13). Jesús se llamó a sí mismo "Señor del sábado" (Mat. 12:8; Mar. 2:28). Esto mues­ tra claramente que Juan pudo haber recibido la visión en sábado, el séptimo día, como el día del Señor. Otro día que en la Biblia se menciona como del Señor es el "día del Señor" escatológico, que aparece a menudo tanto en el Antiguo Testa­ mento (Isa. 13:6-13; Joel 2:11, 31; Amos 5:18-20; Sof. 1:14; Mal. 4:5) como en el Nuevo Testamento (1 Tes. 5:2; 2 Ped. 3:10). Se refiere al tiempo cuando Dios dará fin a la historia de este mundo y establecerá un nuevo orden. En el Nuevo Testamento, el "día del Señor" se refiere exclusivamente a la Segunda Venida. Es particularmente significativo que el sábado en la Biblia tiene un significado escatológico (Isa. 58:13, 14; 66:23) y es una señal de libera­ ción (Deut. 5:15; Eze. 20:10-12). Estas realidades hacen que sea razona­ ble pensar que Juan acuñó la frase "el día del Señor" para combinar los dos conceptos bíblicos en uno solo: decirles a sus lectores que fue tom a­ do en visión en el escatológico día del Señor para presenciar los eventos

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durante la conclusión de la historia de esta Tierra (cf. Apoc. 1:7) y decir­ les que esta visión realmente ocurrió en el sábado, un séptimo día. Esto se adecuaría a la descripción de los eventos finales en Apocalipsis y su­ brayaría el rol central del sábado en el drama del tiempo del fin.

Descripción de Cristo (1:13-16) Jesús viene a Juan como el Señor exaltado; no obstante, aparece como "uno semejante al Hijo del hombre" (Apoc. 1:13), que es una designación favorita de Jesús (Mat. 26:45; Mar. 1:26; Luc. 19:10). El Cristo exaltado que Juan ve en visión tiene una apariencia completa­ mente diferente de la del Jesús que él conoció cuando estaba en la car­ ne. El apóstol encuentra que el lenguaje hum ano es inadecuado para describir la apariencia de Jesús, y recurre a imágenes antiguas y descrip­ ciones de Dios del Antiguo Testamento. El retrato que Juan hace de Jesús es similar a la figura divina de un ser semejante a un hom bre en Daniel 10:5 al 12. Pero Jesús es mucho más que eso. También tiene características de Dios en el Antiguo Testamen­ to. La frase "uno semejante al Hijo del hombre" es un eco de Daniel 7:13 y 14. Jesús tiene el cabello blanco del "Anciano de días" en Daniel 7:9. Sus ojos son como llamas de fuego; sus pies son como bronce bru­ ñido; y su rostro brilla como la figura divina de la visión de Daniel (Dan. 10:6; cf. Mat. 17:2). Su voz, "como el estruendo de muchas aguas", era la voz de Dios en Ezequiel 43:2 (cf. Dan. 10:6). En las imá­ genes de esta figura semejante a un hombre, Juan reconoce rápidamente al Señor glorificado con todas sus características y prerrogativas divinas. Al aplicar estas imágenes del Antiguo Testamento a Cristo, Juan usa las palabras como o semejante a, que sugieren un significado metafórico más bien que literal. En el m undo antiguo, el cabello blanco o gris sig­ nificaban sabiduría y experiencia (Job 15:10; Prov. 20:29). Los ojos de Cristo, como llamas de fuego, indican su capacidad de penetrar en los secretos más íntimos del corazón hum ano (Apoc. 2:18, 23); sus pies, como bronce bruñido, simbolizaban estabilidad y fortaleza (Eze. 1:7); su voz como de trompeta y "el estruendo de muchas aguas" era la voz de Dios que habla (Eze. 43:2); y su rostro resplandeciente se menciona

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cantidad de ciudades establecían la adoración al emperador en sus tem ­ plos. La adoración al emperador era obligatoria, y el deber de todos los ciudadanos. También se esperaba que los ciudadanos se involucraran en los eventos públicos de la ciudad, y participaran en las ceremonias religiosas paganas. A los que no participaban les esperaban consecuen­ cias serias, tales como les ocurrieron a los cristianos a quienes escribió Juan. Aplicación universal. Aunque fueron enviadas originalmente a las igle­ sias en Asia Menor, estos mensajes no fueron escritos solo para ellas. Aunque Pablo escribió sus epístolas a las iglesias de sus días, ellas toda­ vía contienen mensajes oportunos para las generaciones siguientes de cristianos. En forma similar, los mensajes a las siete iglesias contienen valiosas lecciones que se aplican a los cristianos de todas las épocas. Estos mensajes no fueron enviados separadamente, sino juntos en una carta (Apoc. 1:11). La carta entera debía ser leída por todas las igle­ sias. Siendo que cada mensaje termina con una exhortación a observar lo que el Espíritu dice a las iglesias, cada mensaje se aplica a todas las iglesias, aunque cada uno fue escrito a una iglesia individual. Estos mensajes, de esta manera, hablan a todos los cristianos y pueden, en general, representar diferentes tipos de cristianos en ciertos períodos de la historia o en diferentes lugares. Aplicación profética. El Apocalipsis afirma ser un libro de profecía y refuerza el significadp profético de los siete mensajes (vers. 1-3). Ade­ más, las condiciones espirituales de las siete iglesias corresponden nota­ blemente a las condiciones espirituales del cristianismo en diferentes períodos de la historia.4 Todo esto muestra que los siete mensajes te­ nían la intención de proveer, desde la perspectiva celestial, un repaso panorámico del cristianismo desde el siglo primero hasta el tiempo del fin. Examinaremos las luchas de cada iglesia, cómo se aplicaba el mensa­ je a esa iglesia entonces y ahora, y a qué período histórico corresponde la iglesia. Cada mensaje sigue el mismo formato, que consiste en 1) un saludo, 2) una presentación de Jesús, 3) la evaluación de Jesús de esa iglesia, 4) el consejo y la advertencia de Jesús a la iglesia, 5) una apela-

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ción para escuchar al Espíritu, y 6) promesas a los vencedores. Al com­ parar las partes paralelas de los mensajes, podemos obtener una vislum­ bre más profunda del significado de ellos.

Éfeso En el cruce de dos de las principales rutas comerciales, Éfeso era un famoso centro político, comercial y religioso. Con una población de cerca de un cuarto de millón de habitantes, era una de las ciudades más grandes del Imperio Romano. En la ciudad había dos templos dedica­ dos a la adoración al emperador, así como quince templos a otras divi­ nidades. El mayor era el templo de Artemisa (o Diana, para los roma­ nos), una de las siete maravillas del m undo antiguo. Sin embargo, la ciudad era notoria por el crimen, la inmoralidad y la superstición. Jesús se presenta a la iglesia de Éfeso como "el que tiene las siete es­ trellas en su diestra, el que camina en medio de los siete candelabros de oro" (Apoc. 2:1); así representa su presencia en la iglesia, y el conoci­ miento de su situación difícil. Jesús felicita a la iglesia por varias grandes cualidades. A pesar de vi­ vir en un ambiente pagano, rodeados por estilos de vida paganos y prác­ ticas inmorales, los miembros trabajaban mucho y demostraban pa­ ciente perseverancia por causa del evangelio, y se mantenían firmes frente a la persecución. La iglesia también era doctrinalmente íntegra, y ejercitaba discernimiento al probar a los falsos apóstoles, y no tolerar enseñanzas falsas (vers. 2, 3). Específicamente, resistían las prácticas de los nicolaítas (vers. 6). Aunque la identidad exacta de los nicolaítas no es clara, algunos autores cristianos de los primeros tiempos los describían como seguidores heré­ ticos de Nicolás de Antioquía, uno de los siete diáconos de la iglesia de Jerusalén, quien finalmente cayó en herejía (Hech. 6:5).5 Los nicolaítas defendían componendas y conformidad con prácticas paganas para evi­ tar la incomodidad y las dificultades del aislamiento social y la inmi­ nente persecución. También se los menciona en el mensaje a la iglesia de Pérgamo, donde se los vincula con otro grupo herético: los seguido­ res de las enseñanzas de Balaam (Apoc. 2:14, 15).

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Pero la iglesia en Éfeso no fue seducida por las doctrinas perversas de los falsos maestros. Hizo todo esfuerzo posible para conservar la pureza del evangelio y evitar que la falsedad corrompiera a los miembros, algo que Ignacio, obispo de Antioquía, alabaría de los efesios no mucho más tarde. A pesar de estas grandes cualidades, esta iglesia tenía fallas serias: estaba fallando en el amor. En los primeros tiempos, los cristianos de Éfeso eran conocidos por su "fe en el Señor Jesús" y su "amor por con todos los santos" (Efe. 1:15). Ahora ese am or se estaba desvaneciendo. El poner todo su énfasis en las acciones correctas y la sana doctrina, los miembros estaban disminuyendo en su amor por Cristo y, como resul­ tado, su amor m utuo se había desvanecido. Su religión había llegado a ser legalista y sin amor. Estaban haciendo lo que era correcto, pero sus obras eran frías y sin amor. La situación de la iglesia de Éfeso refleja la situación de Israel antes del exilio, cuando habían perdido el amor y la devoción ardiente que habían tenido por Dios durante su historia temprana (Jer. 2:2). Más tarde, Israel renunció a su amor a Dios y se abusaron de sus conciuda­ danos. Como resultado, Dios les quitó el privilegio de ser su pueblo portador de luz. Un castigo similar podría caer sobre la iglesia de Éfeso. Si no refleja el amor de Dios, pierde la razón misma de su existencia, y está en peligro de que su candelabro sea quitado de su lugar (Apoc. 2:5), lo que es similar a la pérdida de este privilegio del antiguo Israel. Jesús apela a la iglesia con tres imperativos (vers. 5). Primero, los efesios deben seguir recordando. Como indica el texto griego, ellos no habían olvidado la relación que una vez habían tenido con Cristo, pero dejaban de seguir en ella. Al recordar el amor ardiente por Cristo y entre sí, los miembros se darían cuenta de su condición espiritual actual. Luego, los efesios debían arrepentirse. El arrepentimiento, en la Bi­ blia, está estrechamente vinculado con un cambio completo en la vida de la persona. La revitalization de su primer amor, que es hacia Cristo, resultará en el bien hacer. Si los cristianos en Éfeso volvieran a su prime­ ra devoción a Cristo, el am or por sus compañeros humanos rebosaría en medio de ellos.

2. Entre los candelabros

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A lo largo de toda la historia, los cristianos siempre se han encontra­ do tensionados entre prácticas religiosas estrictas y la expresión del amor de Cristo. El mensaje a la iglesia en Éfeso es una advertencia per­ petua a todos los cristianos cuya primera preocupación es hacer lo co­ rrecto. Deben recordar siempre el tema central del evangelio: el amor de Dios. Los vencedores de Éfeso -los que atiendan el consejo de Cristo- re­ ciben la promesa de "comer del árbol de la vida, que está en medio del paraíso de Dios" (vers. 7). Después de que Adán y Eva pecaron, se les prohibió comer del árbol de la vida, pero la buena nueva es qüe aque­ llos efesios que se mantuvieran fieles y no participaran de las prácticas paganas tendrían permiso para comer del árbol en el Edén restaurado (Apoc. 22:2). La situación de la iglesia de Éfeso corresponde a la situación y la con­ dición espiritual de la iglesia en conjunto en el siglo primero. Este pe­ ríodo se caracterizó por el amor y la fidelidad al evangelio; pero, para cuando Juan escribió el Apocalipsis, la iglesia había comenzado a per­ der el primer amor y a apartarse así de la sencillez y la pureza del evan­ gelio. Referencias: 1. Plinio menciona Patmos como un lugar de exilio (Historia natural 4.23.11). 2. Ver Ireneo, Contra las herejías 5.30.3; Eusebio, Historia eclesiástica 3.18-20. 3. Ver David E. Auné, "Revelation 1-5", Word Biblical Commentary 52a (Dallas, Texas: Word Books, 1997), pp. 104-115. 4. Ver Philip Schaff, History of the Christian Church, 3a ed. (Nueva York: Charles Scribners Sons, 1910), t. 1, pp. 13-20. 5. Ireneo, Contra las herejías 1.26.3; 3:11, en The Ante-Nicene Fathers, ed. A. Roberts y j. Donaldson (Nueva York: Charles Scribners Sons, 1913), t. 1, pp. 352, 426-429; Hipólito de Roma, The Re­ futation of All Heresies 7.24, en The Ante-Nicene Fathers, ed. A. Roberts y J. Donaldson (Nueva York: Charles Scribner's Sons, 1919), t. 5, p. 115.

El pueblo de Dios en las ciudades

Esmirna

smima estaba ubicada en una importante encrucijada de rutas comerciales, y tenía el puerto más cómodo y seguro de Asia. Naturalmente, esto hacía que Esmima fuera un centro políti­ co, religioso y cultural. Ostentando un estadio y una biblioteca famosos, y el teatro público más grande de la provincia, se ganó el tít lo de "la gloria de Asia". La ciudad también era un centro de adoración al emperador. Como un acto de lealtad, se requería que todos los ciudadanos fueran al tem ­ plo una vez al año para quemar incienso ante la estatua del emperador y proclamar: "¡César es Señor!" Los que lo hacían recibían un certifica­ do que les permitía conseguir un trabajo o comerciar; lo que no lo ha­ cían enfrentaban la persecución o la muerte.1 Jesús se presenta a la iglesia de Esmirna como "el primero y el postre­ ro, el que estuvo muerto y vivió" (Apoc. 2:8). Estas características de Jesús corresponden adecuadamente a su situación. Él comprende su po­ sición porque él tam bién fue perseguido hasta el punto de la muerte. Ellos están en pobreza extrema; tal vez muchos no tienen trabajo o son desterrados; algunos sufrieron prisión o aun la muerte: todo por Cristo.

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Los judíos que se estaban distanciando de losjristianos y los ridicup ban son llamados por Jesús como la "sinagoga de Satanás" (vers. 9). Los cristianos de Esmima comprensiblemente vivían en constan temor; lamentablemente, como Jesús lo advirtió, diez días de persec ción estaban por delante. Pero Jesús los instó a permanecer fieles, has la muerte, y ellos recibirían la "corona de la vida" (vers. 10). La guimal da que daban a los ganadores en los antiguos Juegos Olímpicos difícil mente duraría para siempre, pero la corona de Jesús promete a los fieles de Esmima es la vida eterna, que será dada en la Segunda Venida de Cristo (2 Tim. 4:8). Los vencedores de Esmima reciben la promesa de que no serán daña­ dos por la muerte segunda (ver Apoc. 2:11). La muerte física es un sue­ ño temporario y no es una tragedia, por causa de la esperanza de la re­ surrección. Hay que temer la segunda muerte, la muerte eterna, de la cual no hay resurrección. La experiencia de la iglesia de Esmima coincide con la persecución severa de los cristianos en todo el Imperio Romano durante los siglos segundo y tercero. Los "diez días" (vers. 10) mencionados en el mensa­ je pueden aplicarse proféticamente a la notoria persecución imperial iniciada por el emperador Diocleciano y continuada por su sucesor Galerio (303-313 d.C.). De este modo, la iglesia de Esmima podía repre­ sentar el período de la historia eclesiástica desde el comienzo del siglo segundo hasta aproximadamente el año 313 d.C., cuando Constantino el Grande proclamó el famoso edicto de Milán que otorgó libertad reli­ giosa a los cristianos.

Pérgamo Durante más de dos siglos y medio, Pérgamo sirvió como la capital política, intelectual y religiosa de Asia, y fue una de las ciudades élite del m undo helenístico. Ostentaba una biblioteca que rivalizaba con la de Alejandría, con cerca de doscientos mil tomos. De todos los templos magníficos a Atenea, Dionisio y Esculapio, el enorme altar de Zeus, del cual se elevaba hum o continuamente, era el más importante. Del in­ menso asclepeion, justo fuera de la ciudad, salían historias de curaciones

3. El pueblo de Dios en las ciudades milagrosas por "el Salvador" Esculapio, el dios griego de la curación; Esta saturación de paganismo hacía realmente que Pérgamo fuera el lugar donde "habita Satanás" (vers. 13). Jesús viene como "el que tiene la espada aguda de dos filos" (vers. 12). El gobernador romano tenía ius gladii (el derecho de la espada), el poder de la ejecución,2un poder que se usó con frecuencia contra los cristianos. Pero el poder sobre la vida y la muerte pertenecen solo a Je­ sús [cf. Apoc. 1:17, 18). Jesús sabía que los cristianos de Pérgamo vivían en el mismo cora­ zón de las actividades de Satanás. Ellos habían sido excluidos por rehu­ sarse a aceptar la adoración al emperador y a honrar a los dioses paga­ nos. Algunos, como Antipas, habían pagado con su vida. No obstante, la mayoría se había mantenido sin vacilar, fiel, frente a esta persecución. Jesús sigue separando a los que estaban comprometiendo su cristia­ nismo: los nicolaítas y los que "retienen la doctrina de Balaam" (Apoc. 2:14, 15). Como Balaam, que sedujo a los israelitas para que cedieran en mantener relaciones ilícitas con mujeres moabitas y para que practi­ caran la idolatría (Núm. 31:16), estas personas estimulaban a sus com­ pañeros cristianos a ceder en la adoración al emperador y otras activida­ des sociorreligiosas paganas (Apoc. 2:14), a diferencia de la iglesia de Éfeso, que resistió firmemente a los nicolaítas. Jesús los anima a negarse a hacer concesiones con el paganismo, y advierte que, si no se arrepienten, él vendrá contra ellos con la espada de dos filos del juicio que tiene en su boca (vers. 12, 16). Así como Ba­ laam fue muerto con la espada (Jos. 13:22), así serán juzgados los nico­ laítas. La única manera de evitar este destino es arrepentirse y hacer un cambio completo en su relación con Cristo. Además del maná escondido, que es "el pan de ángeles" (Sal. 78:25), Cristo promete a los vencedores que él reemplazará los certificados de trabajo emitido por los romanos, que les fueran negados por su rechazo a participar en la adoración al emperador, con piedras blancas grabadas con nombres nuevos. Estas piedras les otorgarán privilegios mucho más allá de cualquier placer pagano. Después de que la iglesia finalmente ganó su lucha con el paganismo en el año 313 d.C., lo que siguió a la conversión de Constantino el

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notoria reina, esposa de Acab, que condujo a Israel a la apostasía (1 Rey. 16:31-33). En forma similar a los nicolaítas, esta "Jezabel" pretendía ser una profetisa de Dios y afirmaba que estaba bien que los cristianos aceptaran los requerimientos de los gremios (Apoc. 2:20), y "cosas sa­ crificadas a los ídolos y a cometer fornicación" (vers. 14, 15). Su in­ fluencia condujo a muchos a hacer concesiones con el paganismo. La prostitución espiritual de Jezabel presagia la ramera de la gran Babilonia, la que en el tiempo del fin seducirá a los líderes del m undo para que sirvan a Satanás (Apoc. 17:1-7). Siendo que las actividades de una prostituta ocurren en una cama, la cama es donde Jezabel y sus consortes -aquellos que toleran sus enseñanzas- serán juzgados. Si no se arrepienten, Jesús los arrojará junto con sus descendientes a afliccio­ nes; así se enfatiza la seriedad de sus acciones. Al remanente que no experimentó con el arcano conocimiento de Jezabel, Jesús promete no añadirles a sus cargas, y sencillamente los ex­ horta a mantener firme lo que tienen. Además, promete a los fieles una parte en su victoria y autoridad sobre las naciones (Apoc. 2:26, 27). También les da la estrella de la mañana, que es un símbolo de Jesús (Apoc. 22:16). Todo esto significa que, en última instancia, Jesús se dará a sí mismo a ellos, el mayor don de todos. Durante la Edad Media, la iglesia afrontó peligros no de afuera sino de adentro. Los que pretendían autoridad divina pusieron las tradicio­ nes por encima de la Biblia. Un sacerdocio hum ano y reliquias sagradas reemplazaron el sacerdocio de Cristo, y las obras llegaron a ser el medio de salvación. Aquellos que defendían una fe bíblica enfrentaron perse­ cuciones severas y la muerte.

Sardis Sardis tuvo una historia espléndida. Seis siglos antes, había sido unas de las ciudades más grandes del mundo, como capital del opulento rei­ no de Lidia. Era conocida como un centro del comercio de lana, indus­ trias del teñido y confección de vestimentas, lo que proveía a sus ciuda­ danos un estilo de vida lujoso. Ubicada en un m onte especialmente empinado, con una sola m ta de acceso, la ciudad era una fortaleza na-

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Grande, los cristianos ya tio temieron más persecuciones o presión extemas. No obstante, las concesiones todavía infestaron a la igles' cuando filosofías y costumbres paganas penetraron en ella, y reempla! zaron gradualmente la Biblia como la fuente de enseñanzas y creencias. Aunque muchos permanecieron firmemente fieles, los siglos cuarto y quinto presenciaron la declinación espiritual y la apostasía mientras la iglesia luchaba con la tentación de las concesiones.

Tiatira Tiatira, el hogar de asociaciones locales de profesiones u oficios en lugar de templos regionales o centros administrativos, era la menos im­ portante de las siete ciudades a las que se dirige Apocalipsis. Estas aso­ ciaciones o gremios controlaban los numerosos oficios en la ciudad, y una persona no podía realizar transacciones sin ser miembro de ellas. Cada gremio, sin embargo, tenía un patrono, un dios acompañado de festivales, a menudo con actividades inmorales tales como el uso de prostitutas sagradas. Rehusar la participación resultaba en consecuen­ cias terribles, sanciones severas, o expulsión del gremio. Estas penalida­ des eran un desafío significativo para los cristianos que vivían en el si­ glo primero. Jesús viene a Tiatira como el Hijo de Dios. Sus ojos llameantes signi­ fican su capacidad de ver lo que está en las partes más íntimas de los humanos (Apoc. 2:23), escudriñar la mente y el corazón (el asiento de la inteligencia), una capacidad que solo pertenece a Dios (Jer. 17:10). Los pies de bronce bruñido de Jesús enfatizan su actitud inflexible con­ tra las influencias seductoras en la iglesia. Jesús describe a la iglesia de Tiatira como amante, fiel, orientada ha­ cia el servicio y perseverante. En contraste con Éfeso, sus obras posterio­ res de amor son mayores que las primeras. En el Nuevo Testamento, el amor y la fe van juntos (Gál. 5:6; Efe. 1:15; 1 Tes. 3:6); además, el servi­ cio es un resultado del amor y la perseverancia es un producto de la fe (Col. 1:23; 2 Tes. 1:3, 4). No obstante, Tiatira ha tolerado a una mujer influyente, a quien Je­ sús le da el apodo de Jezabel. En el Antiguo Testamento, Jezabel fue la

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notoria reina, esposa de Acab, que condujo a Israel a la apostasía (1 Rey. 16:31-33). En forma similar a los nicolaítas, esta "Jezabel" pretendía ser una profetisa de Dios y afirmaba que estaba bien que los cristianos aceptaran los requerimientos de los gremios (Apoc. 2:20), y "cosas sa­ crificadas a los ídolos y a cometer fornicación" (vers. 14, 15). Su in­ fluencia condujo a muchos a hacer concesiones con el paganismo. La prostitución espiritual de Jezabel presagia la ramera de la gran Babilonia, la que en el tiempo del fin seducirá a los líderes del m undo para que sirvan a Satanás (Apoc. 17:1-7). Siendo que las actividades de una prostituta ocurren en una cama, la cama es donde Jezabel y sus consortes -aquellos que toleran sus enseñanzas- serán juzgados. Si no se arrepienten, Jesús los arrojará junto con sus descendientes a afliccio­ nes; así se enfatiza la seriedad de sus acciones. Al remanente que no experimentó con el arcano conocimiento de Jezabel, Jesús promete no añadirles a sus cargas, y sencillamente los ex­ horta a m antener firme lo que tienen. Además, promete a los fieles una parte en su victoria y autoridad sobre las naciones (Apoc. 2:26, 27). También les da la estrella de la mañana, que es un símbolo de Jesús (Apoc. 22:16). Todo esto significa que, en última instancia, Jesús se dará a sí mismo a ellos, el mayor don de todos. Durante la Edad Media, la iglesia afrontó peligros no de afuera sino de adentro. Los que pretendían autoridad divina pusieron las tradicio­ nes por encima de la Biblia. Un sacerdocio hum ano y reliquias sagradas reemplazaron el sacerdocio de Cristo, y las obras llegaron a ser el medio de salvación. Aquellos que defendían una fe bíblica enfrentaron perse­ cuciones severas y la muerte.

Sardis Sardis tuvo una historia espléndida. Seis siglos antes, había sido unas de las ciudades más grandes del mundo, como capital del opulento rei­ no de Lidia. Era conocida como un centro del comercio de lana, indus­ trias del teñido y confección de véstimentas, lo que proveía a sus ciuda­ danos un estilo de vida lujoso. Ubicada en un m onte especialmente empinado, con una sola ruta de acceso, la ciudad era una fortaleza na-

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tural. Comprensiblemente, los ciudadanos se sentían muy confiados, demasiado, y descuidaban negligentemente la vigilancia de las murallas de la ciudad, si es que lo hacían. No obstante, la ciudad fue capturada por sorpresa en dos ocasiones: primero, por Ciro el Grande, de Persia (547 a.C.); y más tarde, por Antíoco III (214/213 a.C.). En ambas oca­ siones, los soldados enemigos treparon el acantilado de noche y encon­ traron los muros sin guardias, por lo que tom aron rápidamente la ciu­ dad arrogante y sin defensas. El tono de Jesús es alarmante y agudo desde el principio, y solo da reprensiones. No es por ningún pecado específico sino por la compla­ cencia y el letargo espirituales. A pesar de la reputación de la iglesia de estar viva, él la encuentra muerta espiritualmente, lo que refleja una ciudad que existe sobre la base de su reputación pasada. Las obras de Sardis no alcanzan el nivel esperado; les falta el poder transformador del evangelio (Apoc. 3:2). Sus concesiones con el ambiente pagano ha­ bían sido eficaces en matar su espiritualidad y su testimonio. Jesús anima a la iglesia a ser vigilante y recordar cómo había oído y recibido el evangelio al principio (vers. 2, 3). La única manera de volver a encender su devoción a Dios era mantener frescas en su mente sus experiencias pasadas y aplicarlas al presente. El arrepentimiento resul­ tante los arrancaría de su letargo y, por el Espíritu de Dios, daría energía de nuevo a su amor y devoción. Pero, si no se arrepentían, Jesús vendría inesperadamente contra ellos con juicios, como un ladrón en la noche. Si la iglesia no vigilaba, su destino sería un espejo de la historia de la ciudad; dos veces inespe­ radamente conquistada por falta de vigilancia. En forma similar. Cristo los visitaría con juicios si dejaban de vigilar; sería demasiado tarde para arrepentirse (vers. 3b). ‘ No obstante, no todos habían muerto espiritualmente. Algunos mantuvieron sus ropas limpias de paganismo (vers. 2, 4). Jesús promete que son dignos de caminar con él en ropas blancas, que simbolizan su fidelidad a él; el cumplimiento de la promesa se describe en Apocalipsis 7:9 al 17. A los vencedores, Jesús les dará ropas blancas y una promesa: no borrar sus nombres del libro de la vida, y así confesar sus nombres ante el Padre y sus ángeles.

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Este período de la historia tiene que ver con el escolasticismo protes­ tante, que siguió al remozamiento producido por la Reforma, y que arrojó a la iglesia a un formalismo sin vida. Progresivamente, la gente se enfocó en polémicas y controversias doctrinales hasta llegar a un estado de letargo espiritual. Hacia el final, la creciente marea del racionalismo filosófico y del secularismo sobrepasó la gracia salvadora del evangelio, y dio lugar al racionalismo y la argumentación teológica. A pesar de la apariencia de vitalidad, la iglesia estaba realmente muerta.

Filadelfia Filadelfia era una ciudad próspera que estaba sobre la ruta comercial imperial, que conectaba todos los lugares del este con todos los lugares del oeste. Desde su origen, Filadelfia tenía el propósito de servir como una ciudad misionera para promover la lengua y la cultura griegas en las regiones de Lidia y Frigia. Su ubicación geográfica, sin embargo, la so­ metió a terremotos ocasionales. El más severo ocurrió en el año 17 d.C., que devastó Filadelfia, Sardis, y otras ciudades de los alrededores. La presentación de Jesús a Filadelfia es rica en álusiones al Antiguo Testamento. "El Santo" es una descripción de Dios (Apoc. 3:7; cf. Isa. 43:15; 54:5; Hab. 3:3), así como una designación de Jesús en el Nuevo Testamento (Mar. 1:24; Juan 6:69). Su posesión de la llave de David es una alusión a Isaías 22:22. Jesús es el que tiene plena autoridad y acceso a los almacenes del cielo, lo que explica por qué puede hacer grandes promesas a su iglesia. En contraste con Sardis, Filadelfia no recibió ninguna reprensión. Guardaron la palabra de Jesús y no lo negaron (Apoc. 3:8b). Como los de Esmima, también sufrieron la oposición de los judíos, pero Jesús le asegura a esta iglesia que ya se está ocupando de sus adversarios. Viene el día cuando aquellos que los perjudican serán forzados a admitir que Dios está con ellos. Pero esta iglesia no está espiritualmente fuerte. Como Sardis, sufre la influencia de su ambiente pagano, lo que impacta significativamente en su vida espiritual y su testimonio. A pesar de su debilidad, Cristo pro­ mete poner delante de ellos una puerta abierta de oportunidades. Cuan-

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do él abre esa puerta, ni siquiera todo el poder del enemigo es capaz d cerrarla. Jesús también promete preservar a los feligreses de Filadelfia durante el tiempo de severas pruebas que ha de caer sobre los impíos, que viene sobre "los que habitan la tierra" (Apoc. 3:10). A pesar de que se acercan tiempos difíciles, Jesús promete proteger a su pueblo fiel durante este tiempo de pruebas. Todo lo que él pide es que perseveren con esa pe­ queña chispa de fidelidad que tienen. Si lo hacen, ni Satanás ni los hu­ manos podrán tom ar la corona de victoria reservada para ellos. A los vencedores se les promete ser columnas permanentes -sím bo­ los de la iglesia del Nuevo Testamento (1 Tim. 3:15)- en el templo en la Nueva Jerusalén, con los nombres de Dios, de la Nueva Jerusalén y de Cristo escritos sobre ellos. A los fieles se les promete que siempre esta­ rán en la presencia de Dios y lo servirán en su Templo (Apoc. 7:15). La situación de la iglesia de Filadelfia se compara con la situación del cristianismo durante los siglos XVIII y XIX, que es un período caracteri­ zado por un gran reavivamiento en el protestantismo. Diversos movi­ mientos revitalizaron la fe genuina en la gracia salvífica de Cristo, lo que resultó en una restauración del espíritu del compañerismo cristiano y del sacrificio propio. La iglesia, durante este período, fue impulsada por un deseo genuino de llevar el evangelio a todo el mundo. Durante este tiempo, hubo una proclamación más amplia del evangelio que nunca.

Laodicea Debido a su ubicación favorable sobre la ruta comercial principal entre Éfeso y Siria, Laodicea era uno de los grandes centros comerciales del m undo antiguo. Su riqueza provenía mayormente de la lujosa lana negra que se usaba para la fabricación de vestimentas y su posición como un gran centro bancario, que almacenaba grandes cantidades de oro. Laodicea también ostentaba una escuela de medicina que producía un ungüento para los ojos hecho con un polvo de Frigia mezclado con aceite. La ciudad era tan rica que rechazó la ayuda imperial después de un terremoto devastador en el año 60 d.C., comentando que no era

necesaria. De hecho, lo único negativo era la falta de agua, que debía ser traída a la ciudad por medio de un acueducto de casi diez kilómetros (seis millas). Alimentada tanto por un manantial termal como por fres­ ca agua de las montañas, la ciudad ganó la reputación de tener agua ti­ bia. Laodicea estaba en tan malas condiciones que Jesús no tuvo nada positivo que decir de ella. A pesar de la ausencia de acusaciones especí­ ficas de pecados, apostasía o herejías, ninguna otra iglesia recibió una reprensión tan severa de Jesús. Compara el suministro de agua con los feligreses, ni refrescantes ni calientes, sino tibios, y como tales él está a punto de vomitarlos de su boca (Apoc. 3:16). La iglesia refleja la complacencia de una ciudad segura de sí misma. Al creer que su riqueza era una señal del favor divino, no siente necesi­ dad. Tristemente, su riqueza material no se traslada a la riqueza espiri­ tual. En realidad, experimenta el efecto exactamente opuesto. En este caso, la palabra griega para "pobre" (ptójos) significa pobreza extrema. Además, su falta de percepción espiritual propia los ha dejado espiri­ tualmente ciegos. ¡Qué irónico para una ciudad conocida por su trata­ miento ocular! Jesús aconseja a la iglesia que compre de él tres cosas. La primera es oro refinado en fuego, que haría que los laodicenses fueran verdadera­ mente ricos, un símbolo de una fe probada (1 Ped. 1:7). Segundo, Jesús ofrece vestiduras blancas para cubrir su desnudez, un símbolo de la sal­ vación (Apoc. 3:4-6; 7:9,13, 14; Isa. 61:10), y una relación correcta con Dios (Apoc. 3:4). Finalmente, él ofrece colirio para sanar sus ojos, a fin de que puedan ver con exactitud su condición y el valor de la herencia que Cristo pone a su disposición (c/. Efe. 1:17, 18). Que estos elemen­ tos no están disponibles gratuitamente indica que los laodicenses de­ ben dar algo a cambio de lo que necesitan. Lo que deben entregar es su orgullo, su complacencia y su autosuficiencia a fin de recibir las rique­ zas de Cristo. Jesús no los ha abandonado, y está haciendo todo lo posible para que se den cuenta de su situación y rom pan las cadenas de la autosufi­ ciencia. El único remedio es el arrepentimiento verdadero y un nuevo comienzo con Cristo. Jesús concluye su apelación con una notable ima-

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gen de él parado a la puerta, y llamando (Apoc. 3:20; cf. Cantares 5:26). De repente, Jesús se está dirigiendo a los individuos dentro de la iglesia. Aquellos que le abren la puerta gozarán de una cena íntima y amante con Cristo, lo que indica una relación profunda y personal. Típicamente, el número de las promesas está en proporción a la de­ clinación de la condición espiritual de la iglesia. Pero Laodicea recibe solo una promesa: compartir el Trono de Jesús. Pero esta promesa, cum­ plida cuando Cristo regrese a la Tierra (Apoc. 20:4-6), incluye a todas las demás promesas dadas. Sentarse con Jesús en su Trono es tener todas las cosas. Nuestra propia condición es u n eco de la autosuficiencia y la actitud tibia de Laodicea. Luchamos con la autenticidad y hacer más que senci­ llamente los movimientos exteriores. Los tiempos nos urgen, y enfren­ tamos levantamientos políticos, religiosos y seculares no experimenta­ dos por las generaciones previas. La advertencia de Cristo a Laodicea es un mensaje directo para nosotros y tiene implicaciones de largo alcance para todos los que viven al final de la historia de la Tierra. Referencias: 1. Ver William Barclay, The Revelation of John, The Daily Study Bible, 2a ed. (Filadelfia, Pensilvania: Westminster John Knox Press, 1976), t. 1, pp. 76-78. 2. William Ramsay, The Letters to the Seven Churches, 2a ed. (Peabody, Massachusetts: Hendrickson, 1994), p. 214.

La entronización del Cordero

a escena de Apocalipsis 4 y 5 es introductoria y no se adecúa a la secuencia cronológica de la visión. Antes de que el futuro se revele a Juan, es llevado a la sala del Trono celestial y se le da una vislumbre de la exaltación de Cristo al Trono, a la diestra del Padre, dando la perspectiva celestial de lo que significan los even futuros. Al desarrollarse la historia, Jesucristo, el Gobernante soberano del Universo, llevará a su conclusión los eventos de este mundo, y trata­ rá definitivamente con el problema del pecado.

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La sala del Trono (4 :2,3f 5,6) Cuando se ocupa de Dios, Juan no intenta describirlo usando el len­ guaje antropomórfico que usan los profetas del Antiguo Testamento. En cambio, se concentra en la radiante gloria de Dios. El Antiguo Testa­ mento a menudo habla de la gloria espléndida que rodea a Dios (Sal. 104:1, 2; Eze. 1:26-28), que difícilmente puede expresarse en lenguaje humano, * Juan lo describe en términos de relucientes piedras preciosas: jaspe, cornalina y esmeralda (Apoc. 4:3). Añadiendo al esplendor de la escena está el relampagueante brillo de un arcoíris alrededor del Trono de Dios (vers. 3b). Siglos antes, Ezequiel presenció en visión un arcoíris alrede­ dor del Trono de Dios, que significa "la semejanza de la gloria de Jehová" (Eze. 1:28). Y mucho antes de Ezequiel, Dios dio el arcoíris a Noé como una señal de su pacto con la humanidad. El arcoíris que ve Juan,

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irradiado de piedras preciosas, tiene la intención de proveer confianza en la promesa del pacto de Dios a su pueblo, y de su fidelidad a esa promesa (Gen. 9:12-17). Delante del Trono, hay una expansión plana que le pareció a Juan "como un mar de vidrio semejante al cristal" (Apoc. 4:6), como un eco de la visión de Ezequiel (Eze. 1:22). Siglos antes, Moisés y los ancianos vieron a Dios como parado sobre algo "como un embaldosado de zafi­ ro, semejante al cielo cuando está sereno" (Éxo. 24:10). Finalmente, Juan observa destellos de relámpagos, sonidos y el re­ tum bar de truenos que salían del Trono (Apoc. 4:5). Estos acentuaban el esplendor y recordaban la entrega de la Ley a Moisés en el Monte Si­ nai (Éxo. 19:16; 20:18), cuando Israel, habiendo sido redimido de Egip­ to, era inaugurado como el pueblo de Dios y "un reino de sacerdotes" (Éxo. 19:6). En forma similar, Juan ahora observa cuando Cristo, ha­ biendo redimido a la hum anidad con su sangre, recibe el rollo sellado de Dios e inaugura a los redimidos como "un reino de sacerdotes" para Dios (Apoc. 5:1o).1

La asamblea en la sala del Trono (4:4-11) La sala del Trono en el Templo celestial es un lugar grandioso y ma­ jestuoso, que permite acomodar a incontables seres celestiales. Juan es­ pecifica cuatro grupos separados de participantes en la escena. Los miembros de la Deidad. La primera persona que Juan observa en la sala del Trono es Dios el Padre sentado en el Trono (Apoc. 4:2). Él es objeto de adoración de la asamblea celestial entera. Luego está el Espí­ ritu Santo, el segundo Miembro de la Deidad (cf. Apoc. 1:4). Se refiere a él como "los siete Espíritus de Dios" y está simbolizado porgas siete lámparas de fuego delante del Trono (Apoc. 4:5). La frase "los siete es­ píritus de Dios" denota la plenitud y la universalidad de la obra del Es­ píritu Santo en la iglesia. Aparentemente ausente está el tercer Miembro de la Deidad. Jesús no aparece en la escena hasta el capítulo 5, cuando es saludado y adorado por toda la asamblea celestial. Los 24 ancianos (4:4). En círculo alrededor del Trono hay 24 otros tronos, con 24 ancianos sentados sobre ellos. Están vestidos de blanco

4. La entronización cM y portan coronas de oro. ¿Quiénes son estos 24 ancianos? Alg consideran como un grupo de ángeles. Pero en ninguna parte de la blia o de la tradición judía se llama ancianos a los ángeles, y los anda* nos y los ángeles están daram ente distinguidos en Apocalipsis 7:11; Además, los ancianos comparten el Trono de Dios, mientras que los ángeles siempre están de pie en la presenda de Dios. Los andanos re­ presentan a los vencedores, que redben la promesa de sentarse con Je­ sucristo en su Trono (Apoc. 3:21). También visten mantos blancos, que es la vestimenta del pueblo fiel de Dios (Apoc. 3:4, 5, 18; 6:11; 7:9, 13, 14). Finalmente, ellos tienen coronas de oro de victoria sobre sus cabe­ zas, reservadas exdusivamente para los santos triunfadores (Apoc. 2:10; 3:11; cf. 2Tim. 4:8; Sant. 1:12). Estas coronas de victoria no son coronas regias. Más bien, muestran que los 24 andanos son seres hum anos vic­ toriosos, no gobernantes de otros mundos. Todos estos detalles señalan a los 24 ancianos como u n grupo sim­ bólico, que representa a la hum anidad redimida. Los dos conjuntos de doce se refieren a las doce tribus de Israel como el símbolo del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento y a los doce apóstoles como el sím­ bolo del pueblo de Dios en el Nuevo Testamento. En la Nueva Jerusalén, las doce puertas reciben el nom bre de las doce tribus de Israel, y los doce fundamentos redben el nombre de los doce apóstoles (Apoc. 21:12-14). Los 24 ancianos, entonces, representan el cuerpo entero del pueblo de Dios tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testa­ mento: la iglesia en su totalidad. En el Antiguo Testamento había 24 divisiones de sacerdotes que to ­ maban sus tum os en los servidos del Templo (1 Crón. 24:4-19). Cada división era dirigida por un sacerdote jefe, lo que h ad a un total de 24 sacerdotes jefes (vers. 5). En la tradición judía, estos sacerdotes jefes eran llamados "ancianos". En forma similar, los cantores del Templo estaban organizados en 24 grupos (1 Crón. 25:8-31). Note que las acti­ vidades de los 24 andanos en Apocalipsis consistían en la adoradón y el culto continuos a Dios (Apoc. 5:9, 10; 19:4), y la presentación de las oraciones de los santos a Dios reflejaban la obra de los sacerdotes y los cantores en el Templo antiguo. Por lo tanto, sentados en tronos, los 24 andanos adúan en su doble rol de sacerdotes y reyes [cf. Apoc. 5:8-10).

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Los cuatro seres vivientes (4:6b-8). A ambos lados del Trono hay cuatro seres celestiales que miran hacia los cuatro puntos cardinales. Son dife­ rentes de cualquier ser celestial que Juan hubiera visto antes, y son bas­ tante similares a los querubines de la visión que tuvo Ezequiel del Tro­ no de Dios (Eze. 1:5-14; 10:12-15). Tanto Ezequiel como Juan vieron el mismo número de seres, y ambos se refieren a ellos como "cuatro seres vivientes". Ambos se asemejan a un león, un ternero o buey, un hombre y un águila en vuelo; y en ambos casos están cubiertos de ojos. Final­ mente, ambas visiones los asocian estrechamente con el Trono. Mientras los seres vivientes de la visión de Ezequiel tienen cuatro caras y cuatro alas (Eze. 1:6), los cuatro seres vivientes de Apocalipsis tienen seis alas como las de los serafines de la visión de Isaías (Isa. 6:2). Al igual que los serafines de la visión de Isaías, los cuatro seres vivientes de Apocalipsis 4 incesantemente alaban a Dios con estas palabras de aclamación: "Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso" (Apoc. 4:8; cf. Isa. 6:3). Todo esto indica que los cuatro seres vivientes son ángeles exaltados cercanos a Dios, que lo sirven como agentes y guardianes de su Trono. Siempre se los ve en la proximidad del Trono (Apoc. 4:6; 5:6; 14:3), y su asociación con el Trono recuerda a los querubines sobre el Arca del Pac­ to. Estos querubines estaban frente a frente con sus alas extendidas so­ bre el Propiciatorio (Éxo. 25:18-21; 1 Rey. 6:23-28), donde se describe que Dios está sentado (2 Rey. 19:15; Sal. 80:1; 99:1; Isa. 37:16). La descripción de los seres vivientes es simbólica. Sus alas señalan su celeridad en cumplir las órdenes de Dios, y los ojos representan su inte­ ligencia y discernimiento. Su apariencia en términos de un león, un ternero o buey, un hom bre y un águila en vuelo representa el orden entero de la Creación. Como representantes de toda la Creación, están constantemente ocupados en dirigir a las huestes celestiales en la adora­ ción y la alabanza a Dios (Apoc. 4:8, 9; 5:8, 8, 14; 7:11, 12; 19:4), y son los agentes divinos involucrados en la ejecución de la ira de Dios sobre la Tierra (Apoc. 6:1, 3, 5, 7; 15:7). Las huestes celestiales. El grupo mayoritario en la asamblea de la sala del Trono consiste en la m ultitud de las huestes angélicas, cuyo número es "miríadas de miríadas y miles de miles" (Apoc. 5:11). Elena de White

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sugiere que, siendo que a este grupo se le une "toda criatura" (vers. 13), ellos son los enviados del resto del Universo, que representan los m un­ dos no caídos.2 Estos enviados, junto con los 24 ancianos y los 4 seres vivientes, están reunidos en la sala del Trono celestial para celebrar el triunfo de Cristo sobre Satanás, y para expresar su aprobación y endoso de esta entronización.

El rollo con siete sellos (5:1) La magnífica liturgia en la sala del Trono se interrumpe p o r un m o­ mento, mientras todos los ojos enfocan el Trono. El texto griego mues­ tra claramente que el rollo que Juan vio estaba sobre el Trono, a la dies­ tra de Dios. Estar sentado a la mano derecha del rey era el lugar del honor más alto (cf. 1 Rey. 2:19), y los israelitas comprendían que el rey en Israel se sentaba a la derecha de Dios como corregente con él (Sal. 80:17; 110:1). TI rollo que yacía sobre el Trono implica que la persona que toma el rollo ha de ocupar su lugar en el Trono. De este modo, cuando Jesús, unos momentos más tarde, tom a el rollo (Apoc. 5:8), tom a su asiento en el Trono a la mano derecha del Padre, con lo que asume su rol como el nuevo gobernante de la línea real davídica (vers. 5). El rollo está "sellado con siete sellos" (vers. 1). En los tiempos anti­ guos, se realizaba la ratificación de un documento legal mediante una impresión hecha por un anillo al final del contenido. Para evitar altera­ ciones, se enrollaba y se ataba con hilos. El sello se imprimía en porcio­ nes de arcilla o de cera donde estaban anudados los hilos. El documen­ to no se podía abrir ni difundir su contenido sin quebjar el sello. Solo una persona autorizada podía romper los sellos y abrir el documento, sin sufrir consecuencias. En los días de Juan, la práctica de sellar documentos con más de un sello era común. La ley romana exigía que algunos documentos debían ser sellados con un mínimo de siete sellos. El rollo simbólico que Juan vio en la visión era como un documento legal enrollado, atado con una cuerda y sellado a lo largo del borde exterior con sellos de cera fijados a

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los nudos. Como tal, no podía ser abierto ni su contenido revelado has­ ta que los siete sellos fueran rotos.3 Daniel y Apocalipsis muestran que, si un mensaje debía ser com­ prendido en un tiempo posterior, el sellado era la manera de Dios de esconder la revelación hasta el tiempo señalado (Dan. 12:4, 9; Apoc. 10:4). El rollo de Apocalipsis 5 está sellado con el propósito obvio de ocultar su contenido y mantenerlo escondido. Por cuanto estaba sella­ do, no se encontraba a "nadie que fuera digno de abrir el rollo, ni m i­ rarlo" (Apoc. 5:3). No era posible abrirlo a menos que una persona autorizada rompiera todos los sellos. Apocalipsis 10:7 muestra que su contenido está relacionado con "el misterio de Dios" y su propósito de resolver el pecado, salvar a la hum a­ nidad caída y establecer su Reino eterno. Este misterio ha estado escon­ dido por edades, pero ha sido parcialmente revelado con la venida de Cristo y la predicación del evangelio (Rom. 16:25, 26; Efe. 3:1-12). Ele­ na de White comenta que el rollo sellado contiene el registro del Gran Conficto, que incluye "el rollo de la historia de las providencias de Dios, la historia profética de las naciones y de la iglesia. En él estaban conte­ nidas las declaraciones divinas, su autoridad, sus mandamientos, sus leyes, todo el consejo simbólico del Eterno, y la historia de todos los poderes gobernantes en las naciones. En ese rollo, en lenguaje simbóli­ co, estaba contenida la influencia de cada nación, lengua y pueblo des­ de el comienzo de la historia hasta el final".4 El rollo sellado, entonces, actúa como una referencia simbólica al plan divino de salvación. Si el rollo está sellado, el plan de salvación queda sin cumplirse. Cuando se rompe el sello final al sonar el séptimo sello -la Segunda Venida-, entonces el plan de salvación será finalmen­ te cumplido (Apoc. 10:7). 4

La entronización de Cristo (5:7-14) Apocalipsis 5 describe la entronización de Jesús en el Templo celes­ tial después de su ascensión al cielo. El lenguaje usado para describirlo está conectado con los reyes israelitas del Antiguo Testamento. El rollo de siete sellos que Juan vio que tomó Jesús del Trono a la derecha del

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Padre es comparable con el rollo del pacto de la Ley que era entregado a los reyes de Israel en su entronización. Tomar el rollo simbolizaba el derecho de sentarse en el trono y reinar. Desenrollar el libro significaba revelar el plan de salvación para la hum anidad caída. La victoria de Cristo en la Cruz lo hizo digno de tom ar el rollo del Pacto y quebrar sus sellos, el que, por causa de la desobediencia hum a­ na, fue sellado. En la seda del Trono celestial, cuando Cristo el Cordero se acercaba al Trono para tom ar el rollo, un him no de alabanza y ado­ ración surgió de la asamblea celestial, que reconocía ese acto (Apoc. 5:7-14). Este es el m om ento culminante de la escena. El libro del Pacto, que había sido sellado y guardado por mucho tiempo, fue entregado al Cristo triunfante, el por largo tiempo esperado Rey del linaje de David y el León de la tribu de Judá. Siendo que el rollo significaba el derecho a reinar, el acto simbólico de tom ar el rollo hace de Cristo el rey legítimo sobre el Universo. Él tom a asiento en el Trono y comparte las prerrogativas gobernantes de su Padre (Apoc. 3:21). El Padre ahora gobierna el Universo por medio del Hijo. Toda la autoridad y la soberanía son entregadas a él (Mat. 28:18). Cristo está ahora "sobre todo principado y autoridad, poder y señorío, y sobre todo nom bre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero" (Efe. 1:21). El acto simbólico en que Cristo el Cordero tom a el rollo significa la transferencia de la autoridad de Satanás a Cristo. Como nota la erudita Adela Yarbro Collins: "El problema que afronta el concilio celestial es la rebelión de Satanás, que tiene su paralelo en la rebelión en la Tierra".5 Desanimado por estas circunstancias, las lágrimas de Juan "expresan el deseo de los fieles de que esta situación sea rectificada".6 Con la caída de la raza hum ana en la esclavitud del pecado, la hum anidad llegó a estar perdida y sin esperanza. Al usurpar el señorío y el dominio de la Tierra (c/. Luc. 4:6), Satanás llegó a ser "el príncipe de este mundo" (Juan 12:31; cf. Juan 14:30; 16:11). Pero, lo que se perdió con Adán ha sido ahora recuperado por Cristo. Su instalación sobre el Trono celestial demuestra que su sacrificio en favor de la hum anidad ha sido aceptado. La muerte de Jesús compró al pueblo de Dios de toda tribu, lengua, pueblo y nación (Apoc. 5:9).

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En Apocalipsis 5, Cristo ha sido instalado en su ministerio real y sa­ cerdotal en el Santuario celestial. Al recibir el rollo, él tom a el destino de toda la hum anidad en sus manos. Su capacidad de romper los sellos y abrir el rollo lo autoriza a conducir el plan de salvación a su finaliza­ ción última. El rollo contiene los términos y las condiciones de la pro­ mesa de Dios a su pueblo. Señala a su única esperanza, que su Señor reine sobre el Trono del universo. Él estará para siempre con ellos, para sostenerlos y protegerlos hasta que regrese para llevarlos a casa.

La escena pentecostal La inauguración de Cristo en el Trono celestial ocurrió en el tiempo de Pentecostés (Hech. 2:32-36).7 Durante su inauguración a la diestra del Padre, Jesús llegó a ser el gobernante legítimo de la Tierra. El Espíri­ tu Santo descendió sobre los discípulos para cumplir la promesa que les hizo Jesús (Juan 14:16-18). Apocalipsis 5:6 menciona los siete Espíritus "enviados por toda la tierra". Los siete Espíritus denotan la plenitud de la actividad del Espíritu Santo en el mundo (siete es un número de ple­ nitud). Aunque antes en el libro, el Espíritu Santo está regularmente delante del Trono (cf. Apoc. 1:4; 4:5), en el capítulo 5 él es enviado a toda la Tierra. El envío del Espíritu Santo está directamente relacionado con la inauguración del ministerio de Cristo posterior al Calvario. La obra del Espíritu Santo sobre la Tierra en conexión con la exalta­ ción de Cristo al Trono celestial es significativa. De acuerdo con Juan 7:39, el Espíritu Santo "aún no había venido [...] porque Jesús no había sido aún glorificado". Pero, en su sermón de Pentecostés, Pedro explicó que la venida del Espíritu Santo a la Tierra era el resultado de la exalta­ ción de Cristo al Trono celestial a la derecha de Dios (Hech. 2:32-36). La venida del Espíritu Santo en Pentecostés era la seguridad de que Jesús había aparecido ante el Padre y que su sacrificio había sido aceptado en favor de la humanidad. Después de esto, Jesús fue instalado en su m i­ nisterio posterior al Calvario como nuestro Rey y Sacerdote. Él es ahora nuestro Mediador en el Santuario celestial, y por medio de él los hum a­ nos caídos tienen acceso a Dios.

4. La entronización del Cordero • 4 3 Cristo está ahora exaltado sobre el Trono del Universo e instalado en su ministerio pos-Calvario, y la obra del Espíritu Santo continúa apli­ cando su muerte victoriosa a la vida de los hum anos y anuncia el Reino de Dios por toda la Tierra. Pentecostés señala el comienzo de la difusión del evangelio por todo el mundo, y su proclamación continuada es la expansión del reino al ganar los corazones humanos. Para quienes res­ ponden al evangelio, la gracia divina está disponible. Para los que re­ chazan el evangelio, las consecuencias son inevitables. Esto prepara el escenario para la escena de Apocalipsis 6: la apertura de los siete sellos. Referencias: 1. Richard M. Davidson, "Sanctuary Typology", en Symposium on Revelation-Book 1, ed. Frank B. Holbrook, Daniel and Revelation Committee Series (Silver Spring, Maryland: Biblical Research Institute, 1992), t. 6, p. 123. 2. Elena de White, El Deseado de todas las gentes (Florida, Bs. As.: ACES, 1976), p. 773. 3. George Eldon Ladd, A Commentary on the Revelation of John (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1972), p. 81. 4. Elena de White, "MR N° 667 -Prophetic Interpretation", en Manuscript Releases (Silver Spring, Maryland: Ellen G. White Estate, 1990), t. 6, p. 7. 5. Adela Yarbro Collins, The Apocalypse, New Testament Message 22 (Collegeville, Minnesota: Litur­ gical Press, 1979), p. 39. 6. Yarbro Collins, ibid., p. 39. 7. El Nuevo Testamento está repleto de textos que afirman que, en su ascensión. Cristo se sentó a la derecha de Dios, y se le dio autoridad, poder y dominio universal (Rom. 8:34; Efe. 1:20-22; Col. 3:1; Heb. 10:12; 12:2; 1 Ped. 3:21, 22).

5 Los siete sellos

os siete sellos de Apocalipsis repasan la misma historia que las siete iglesias. Comenzando con los famosos cuatro jinetes de Apocalipsis, los sellos describen la experiencia de la iglesia a lo largo de los siglos. La clave para destrabar el significado teoló­ gico de los cuatro jinetes y del resto de los sellos reside en la relación pacto del Antiguo Testamento entre Dios e Israel. En el Nuevo Testa­ mento, la clave que ayuda a explicar los sellos es una correcta compren­ sión del sermón apocalíptico de Jesús sobre el m onte de los Olivos. En el Sinaí, Dios hizo un pacto con Israel: le prometió que, si le era obediente, él lo reconocería como su pueblo elegido (Éxo. 19:5, 6). Mientras los israelitas se mantuvieran dentro de la relación del Pacto, Dios prometía bendecirlos. Los libros de Levítico y Deuteronomio (es­ pecialmente Lev. 26:3-9; Deut. 28) contienen una larga lista de bendi­ ciones para los israelitas si ellos vivían de acuerdo con las instrucciones de Dios. Inversamente, si los israelitas quebrantaban el Pacto, seguiría una serie de maldiciones (Lev. 26:21-36; Deut. 32:23-25). Estas adver­ tencias incluían cuatro plagas -anim ales salvajes, espada, pestilencia y ham bre- que vendrían sobre Israel por quebrantar el Pacto. A fin de ganar de vuelta a la gente, las maldiciones actuaban como medidas dis­ ciplinarias por las cuales Dios castigaba a su pueblo cuando se alejaban de él. Él prometió perdonar a su pueblo si se arrepentía y volvía a él.

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Apocalipsis describe gráficamente la experiencia de la iglesia desde Pentecostés hasta la Segunda Venida por medio de las imágenes de las maldiciones del Pacto. Los cuatro jinetes simbolizan la victoriosa expe­ riencia del pueblo de Dios, que le da el derecho de compartir el Trono de Jesús (cf. Apoc. 3:21). El jinete del caballo blanco simboliza la victoriosa difusión del evangelio. Pero, al ser predicado, los cristianos caen en la infidelidad y la desobediencia. Por lo tanto, Dios permite que el mundo los castigue como al Israel antiguo. El jinete del caballo rojizo trae perse­ cución; el jinete del caballo negro trae hambre espiritual; y el jinete del caballo amarillo [gris ceniciento] trae plaga y muerte espiritual. El cuadro gráfico de los cuatro jinetes entrega una advertencia solemne a los cristia­ nos a lo largo de la historia: no tomen el evangelio en forma liviana. Hay también una estrecha correlación entre los siete sellos y el Apo­ calipsis Sinóptico (es decir, Mat. 24; Mar. 13; Luc. 21), que es un discur­ so que presentó Jesús poco antes de su crucifixión. En esta presentación, Jesús explicó lo que ocurriría hasta el tiempo del fin. Primero, Jesús describió las realidades generales de la Era Cristiana en términos de guerras y rumores de guerras, hambres, pestilencias, per­ secución, terremotos, engaños y señales en los cielos (Mat. 24:4-14); estos eventos también ocurren en Apocalipsis 6. Segundo, Jesús habló acerca de un largo intervalo en la historia desde la destrucción de Jerusalén hasta la gran tribulación, durante el cual el pueblo de Dios expe­ rimentaría persecuciones intensificadas (vers. 15-28). Tercero, Jesús in­ dicó las señales celestiales que muestran la proximidad de la Segunda Venida, seguida por señales específicas que anuncian la venida de Cristo con poder y gloria (vers. 29-31). Estas comparaciones muestran que tanto Mateo 24:4«d 14 como el primero de los cuatro sellos (Apoc. 6:1-8) se refieren a las realidades generales de la Era Cristiana. Los jinetes y las maldiciones del Pacto en Levítíco 26 tienen la misma función que las señales generales que pre­ dijo Jesús (Mat. 24:4-14). Estas señales mantienen despierto al pueblo de Dios y le recuerdan la realidad del retomo de Cristo.

5. Los siete sellos •

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El primer sello (6:1, 2) Mientras Cristo el Cordero abre el primer sello, un caballo blanco entra en la escena. El jinete tiene un arco y se le da una corona. La pala­ bra griega para corona es stéfanos, "la corona de victoria" (cf. 2 Tim. 4:8), que era una guirnalda que se les daba a los vencedores en los antiguos Juegos Olímpicos. Este jinete es un conquistador, que sale para con­ quistar totalmente. En los días de Juan, los generales romanos cabalga­ ban caballos blancos para celebrar una gran victoria. Esta escena es simbólica. En el Antiguo Testamento, Dios es represen­ tado a veces como a caballo con un arco en su mano, conquistando a los enemigos de su pueblo (Sal. 45:4, 5; Hab. 3:8-13). Apocalipsis 19:11 al 16 presenta a Cristo como sobre un caballo blanco, conduciendo los ejércitos celestiales en la batalla final de la historia de esta Tierra. Ade­ más, en Apocalipsis, el blanco es un símbolo de pureza, y regularmente está asociado con Cristo y sus seguidores. También, la corona stéfanos que lleva el jinete a menudo está asociada con Cristo y su pueblo victo­ rioso. Finalmente, el concepto de conquistar es un eco claro de las refe­ rencias de Apocalipsis 3:21 y 5:5 a Cristo, que vence en el Calvario. El jinete del caballo blanco significa la difusión del evangelio de Je­ sucristo, comenzando desde Pentecostés. Justo antes de este evento. Cristo fue exaltado a la diestra del Padre en el Trono celestial, y comen­ zó la expansión de su reino haciendo guerra contra las fuerzas del mal. Había muchos territorios para conquistar y muchas personas para ganar para el Reino. En su etapa inicial, la proclamación del evangelio tuvo un comienzo poderoso como resultado de la manifestación cfel poder del Espíritu Santo. Miles se convirtieron en un día (Hech. 2:41, 47; 4:4). Esta "conquista del evangelio" continuará a lo largo de toda la historia hasta el triunfo final que ocurrirá en el tiempo del fin (cf. Mat. 24:14).

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El segundo sello (6:3,4) Al abrir Cristo el segundo sello, se presenta un caballo rojo-fuego en la escena. Rojo es el color de la sangre, y se corresponde con la misión de este caballo. El jinete, que tiene una gran espada, no mata él mismo. En cambio, quita la paz de la Tierra, y la gente comienza a matarse entre sí. El primer jinete muestra que, por medio de la predicación del evan­ gelio, Cristo está librando una guerra espiritual contra las fuerzas del mal. Pero las fuerzas del mal ofrecen fuerte resistencia al evangelio, y reúnen a los que lo rechazan contra los que lo aceptan. Inevitablemen­ te, sigue una persecución. Por supuesto, el registro muestra que el evangelio siempre divide a la gente. Mientras que su aceptación trae paz, su rechazo resulta en una pérdida de ella. "No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada, porque he venido a poner en enemistad al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra. Así que los enemigos del hom bre serán los de su casa" (Mat. 10:34-36). Como en el Antiguo Testamento, los enemigos del pueblo de Dios a menudo se volvían los unos contra los otros, así que en la escena del segundo sello los que resisten y rechazan el evangelio se vuel­ ven y se persiguen entre sí.

El tercer sello (6:5,6) El tercer sello revela un caballo negro. Su jinete se ve trayendo una balanza para pesar alimentos. Juan oye también un anuncio de uno de los cuatro seres vivientes: "Dos libras de trigo por un denario y seis libras de cebada por un denario, pero no dañes el aceite ni el vino" (Apoc. 6:6). En Palestina, los granos, el aceite y el vino eran las cosechas principa­ les. Se los menciona en el Antiguo Testamento como los elementos bá­ sicos para la vida. Como parte de las bendiciones del Pacto, Dios pro­ metió a Israel que tendría alimentos en abundancia; pero la medida cuidadosa indica una gran escasez o hambre, que es parte de las maldi­ ciones del Pacto (c/. Lev. 26:26; Eze. 4:16). En los días de Juan, un de­ nario era el salario de un día de trabajo (c/. Mat. 20:2); y en circunstan­ cias normales, era suficiente para la necesidad de una familia. Pero, en

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condiciones de hambre, el precio sería grandemente inflado. En la esce­ na del tercer sello, sería necesario el jornal de un día para comprar ali­ mentos para una sola persona, ya que una libra de trigo era la ración diaria para una persona. Para alimentar una familia pequeña, el jornal de un día de trabajo permitiría comprar tres libras de cebada, un ali­ mento más barato y áspero, que usaban los pobres. Las imágenes del caballo negro y su jinete apuntan a lo que ocurriría a quienes rechazaran el evangelio. Correspondiendo a la misión del ca­ ballo y su jinete, el negro es lo opuesto al blanco y denota la ausencia del evangelio. En las Escrituras, el grano simboliza la Palabra de Dios (Luc. 8:11), y el pan también representa las palabras de Jesús (Juan 6:35-38). El rechazo del evangelio resulta en un hambre de la Palabra de Dios que es similar al hambre espiritual profetizado por Amos con respecto a los israelitas (Amos 8:11-13). Pero el hambre del tercer sello no es fatal. La misma voz que comi­ sionó al jinete también anuncia que el aceite y el vino no serán afecta­ dos por el hambre; sino que seguirán estando disponibles. Espiritual­ mente, el aceite simboliza al Espíritu Santo, y el vino simboliza la salva­ ción en Jesucristo. Aun cuando la Palabra de Dios sea escasa, el Espíritu Santo todavía está trabajando entre la gente, y la salvación todavía está disponible para todos los que la deseen.

El cuarto sello (6:7,8) Se abre el cuarto sello, y aparece un caballo pálido. La palabra griega para el color del caballo es jlorós (de la cual deriva nuestra palabra "clo­ ro", para el compuesto químico), y denota el color amarillo-verdoso de un cadáver en descomposición. El nom bre del jinete es Muerte, y está acompañado por el Hades, el lugar de los muertos. Se les permite des­ truir a la gente con la espada, el hambre, la plaga y los animales salvajes, sobre una cuarta parte de la Tierra. Es de notar que las acciones del cuar­ to jinete incluyen las acciones de los tres jinetes anteriores. El cuarto sello llama a la pestilencia y la muerte. El gráfico retrato de este jinete provee una advertencia adicional a quienes rechazan el evan­ gelio. El caballo pálido que sigue al caballo negro transmite la verdad

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del hambre espiritual de la Palabra de Dios que típicamente resulta en la muerte espiritual. Sin embargo, la buena noticia es que el poder de la Muerte y del Ha­ des es limitado; se les da autoridad solo sobre la cuarta parte de la Tie­ rra. El comienzo del Apocalipsis provee la seguridad de que, por su pro­ pia muerte y resurrección, Jesús ha ganado la victoria sobre la Muerte y el Hades, los dos enemigos de la raza humana. Cuando se acepta el evangelio, se recibe la vida como un regalo. La muerte ya no tiene poder o autoridad sobre los que aceptan el evangelio porque Cristo tiene las llaves de la Muerte y del Hades (ver Apoc. 1:18).

El quinto sello (6:9-11) El quinto sello describe a las almas de los que murieron como mártires por causa del evangelio como estando debajo del altar. Alma, en la Biblia, denota a la persona completa (Gén. 2:7; Hech. 2:41; 27:37). En esta esce­ na, los mártires debajo del altar aluden a la sangre de los sacrificios que era derramada en la base del altar de los sacrificios en el Santuario terrenal (Éxo. 29:12; Lev. 4:7; 8:15). La muerte de los mártires se describe aquí como derramando su sangre en sacrificio ante Dios (2 Tim. 4:6). Juan oye a los mártires clamando a Dios por vindicación contra quie­ nes los persiguieron: "¿Hasta cuándo. Señor?" (Apoc. 6:10) fue el cla­ mor de los oprimidos y perseguidos del pueblo de Dios a lo largó de la historia {cf. Sal. 79:5; Dan. 12:6, 7; Hab. 1:2). De ese modo, el clamor de los mártires en la escena del quinto sello representa el clamor del sufriente pueblo de Dios a lo largo de la historia, desde el tiempo de Abel hasta el tiempo en que Dios juzgue y vengue "la sangre de sus sier­ vos" de sus enemigos (Apoc. 19:2). « Dios responde al ruego de los santos martirizados de dos maneras. Primero, se les dan mantos blancos, que significan la justicia de Cristo, con la que Dios cubre a los que son aceptados por Cristo (Apoc. 3:18). También representa la recompensa futura de los vencedores (vers. 5). Los santos martirizados han recibido la seguridad de la salvación y la vida eterna, no por causa de su martirio, sino por causa de lo que Dios ha hecho por ellos.

5. Los siete sellos • .

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Segundo, se les dice a los mártires que tendrán que esperar todavía un poco mientras el número de sus hermanos de experiencia -los que de­ ben pasar por un martirio similar- se haya completado. Dios promete que él "vengará la sangre de sus siervos" (Deut. 32:43; cf. Sal. 79:10). En Apocalipsis 8, los juicios de Dios ya han sido derramados sobre "los que habitan en la tierra" (vers. 13). Sin embargo, viene el día cuando Cristo vendrá con juicios "a los que no [...] obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Estos sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creye­ ron; y vosotros habéis creído en nuestro testimonio" (2 Tes. 1:8-10). El cumplimiento de esta profecía es el tema de la escena del sexto sello. Mientras la escena del quinto sello representa la experiencia del pue­ blo de Dios oprimido a lo largo de la Era Cristiana, también puede aplicarse al período específico de la historia que siguió a la Edad Media. Durante este período, millones de cristianos fueron martirizados por causa de su fidelidad a la Biblia. Las profecías de Daniel hablan del po­ der del enemigo, descrito como un cuerno pequeño que "hacía guerra contra los santos y los vencía" (Dan. 7:21; cf. vers. 25). Surge la pregun­ ta: ¿Cuánto tiempo durará esta situación? La respuesta es que duraría el período profético de 1.260 días, que significan 1.260 años (Apoc. 12:6, 7). La apertura del sexto sello nos lleva a ese punto en el tiempo.

El sexto sello (6:12-17) La apertura del sexto sello por Cristo el Cordero resulta en señales cósmicas y catastróficos, tales como un oscurecimiento del Sol y la Luna, una caída de meteoros, un terremoto desastroso y una convulsión en el cielo. Estas señales cósmicas son recordativos que traen a la mente los eventos predichos por Jesús en Mateo 24:29 y 30, que ocurrirían al final de la tribulación de la Edad Media. En el Antiguo Testamento, estos eventos regularmente acompañan una manifestación de juicio. Estos eventos sobrenaturales serán presenciados en ocasión del re­ tom o de Cristo a la Tierra. Isaías profetizó que el día del Señor vendría como "devastación del Todopoderoso" (Isa. 13:6). Aquí Juan observa a

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personas de todos los ámbitos de la vida, llenos de temor, tratando de esconderse del aterrador cataclismo en ocasión de la venida de Cristo. Ellos piden a las rocas y a las montañas que los protejan de la ira de Dios y del Cordero. El día de la ira divina finalmente ha llegado. Con la venida de Cristo en poder y gloria, las oraciones de los santos martirizados que están debajo del altar en la escena del quinto sello serán finalmente respondi­ das (Apoc. 6:9-11). Ha llegado el tiempo para administrar justicia, cuando Cristo venga "para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron" (2 Tes. 1:10). La escena concluye con la pregunta retórica de los impíos aterrados: "El gran día de su ira ha llegado y ¿quién podrá sostenerse en pie?" (Apoc. 6:17). Su pregunta es como un eco de la gente en Nahum: "¿Quién puede resistir su ira? ¿Quién quedará en pie ante el ardor de su enojo" (Nah. 1:6), y de Malaquías: "Pero ¿quién podrá soportar el tiem­ po de su venida? O ¿quién podrá estar en pie cuando él se manifieste?" (Mal. 3:2). Apocalipsis 7 responde claramente esta pregunta: los que podrán mantenerse en pie en ese día son el pueblo sellado de Dios; los que se han lavado en la sangre del Cordero (vers. 14).

«

El pueblo de Dios es sellado

pocalipsis 7 está insertado como un paréntesis entre el sex­ to y el séptimo sellos; no obstante, está bien ubicado en la secuencia de los sellos. La apertura del sexto sello nos lleva a la Segunda Venida de Cristo, y Apocalipsis 7 responde la pregunta llena de pánico de los impíos: "¿Quién podrá sostene pie?" (Apoc. 6:17), con una respuesta clara. Los que pueden sostenerse en pie es el pueblo de Dios que ha sido sellado.

A

Los vientos Apocalipsis 7 comienza con cuatro ángeles en "los cuatro ángulos de la tierra", deteniendo "los cuatro vientos" para que no destruyan la tie­ rra, el mar y los árboles (vers. 1). La expresión "los cuatro ángulos de la tierra" es una manera antigua de referirse a los cuatro puntos cardinales. Esto denota la importancia global de la escena. En el Antiguo Testamento, los vientos simbolizan las fuerzas destruc­ tivas que Dios usa para ejecutar juicios sobre los impíos (Jer. 23:19, 20; Ose. 13:15). Jeremías se refirió al juicio venidero contra Jerusalén como un viento fuerte y ardiente que viene del desierto (Jer. 4:11-13). Tam­ bién imaginaba "un viento destructor" que devastaba a Babilonia (Jer. 51:1, 2). "Los cuatro vientos" es un concepto bien conocido en el Anti­ guo Testamento (Jer. 49:36). En visión, Daniel vio "que los cuatro vien­ tos del cielo combatían en el gran mar" del cual emergieron las cuatro bestias (Dan. 7:2, 3). El siguiente pasaje del libro de Sirac, o Eclesiástico,

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muestra cómo entendían los judíos del tiempo de Juan los vientos como un símbolo del juicio divino: Hay vientos creados para el castigo, en su furor ha endurecido él sus látigos; al tiempo de la consumación su fuerza expanden, y desahoga el furor del que los hizo.1 Los vientos fuertes están asociados con la ira de Dios en Apocalipsis 6:17, y ocurren durante el tiempo de "la gran tribulación", mencionada más tarde en la escena (Apoc. 7:14) Los vientos fuertes son otra manera de describir las siete últimas plagas, que son la totalidad de la ira de Dios (Apoc. 15:1). De este modo, los vientos que soplan representan las siete últimas plagas que serán derramadas sobre los impíos justo antes de la Segunda Venida. Pero, durante cierto tiempo, la intervención divi­ na limitará estas fuerzas destructivas de dañar la Tierra. Son retenidas mientras el sellamiento del pueblo de Dios continúa.

El sellamiento del pueblo de Dios Juan ve todavía otro ángel que viene "desde donde sale el sol" (Apoc. 7:2), que es una antigua designación del este. Este ángel ordena a los cuatro ángeles no soltar los vientos hasta que se haya completado el sellamiento del pueblo de Dios. En tiempos antiguos, el sellamiento tenía diversos significados. Los documentos eran sellados para validar su contenido o para protegerlos de alteraciones. Pero el significado fun­ damental del sellamiento es el de propiedad. Una impresión de un sello sobre un objeto designaba su propiedad. Este es el significado simbóli­ co del sellamiento en el Nuevo Testamento. De acuerdo con Pablo, el significado del sello es que "conoce el Señor a los que son suyos" (2 Tim. 2:19). Tener el sello con el nombre de Dios en sus frentes significa que los salvados son su propiedad (Apoc. 14:1). El sellamiento en el Nuevo Testamento denota la identificación de quienes son el pueblo fiel de Dios. Dios reconoce a los que le pertene­ cen y los sella con el Espíritu Santo (2 Cor. 1:21, 22; Efe. 1:13, 14). La presencia del Espíritu Santo es una señal de un cristiano genuino, que

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ha lavado sus ropas y las ha blanqueado en la sangre del Cordero (ver Apoc. 7:14). Perder al Espíritu Santo es perder el sellamiento: "Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención" (Efe. 4:30). Estos pasajes muestran que el sellamiento del pueblo de Dios en el Nuevo Testamento no está limitado al tiempo del fin. El sellamiento de los fieles ha estado ocurriendo a lo largo de la historia. Pero el sella­ miento del pueblo de Dios alcanza su culminación en el tiempo del fin. Este será un período de prueba para distinguir entre los que están del lado de Dios y los que están del lado de Satanás. Los que están del lado de la bestia reciben la marca de la bestia en sus frentes o en sus manos derechas (Apoc. 13:16, 17). Pero los que adoran a Dios son sellados en sus frentes (Apoc. 14:1). El sellamiento descrito en Apocalipsis 7 es la ratificación final de quienes pertenecen a Dios. Como tal, el sello en el tiempo del fin actúa como una señal de protección. Los que tienen el sello de Dios en sus frentes serán protegidos de las fuerzas destructoras de las siete últimas plagas. Estos son los que podrán estar en pie en el gran día de la ira (Apoc. 7:3). Este concepto retrocede a Ezequiel 9:1 al 11, que es un pasaje acerca de la destrucción de Jerusalén antes del Exilio. En visión, el profeta vio a un mensajero celestial que tenía a su lado un tintero de escribano. Dios ordenó al mensajero que fuera por la ciudad y marcara en sus fren­ tes a los fieles. Entonces, el Señor les dijo a los verdugos que mataran a todos los que no tuvieran la marca en sus frentes. Se les ordenó explíci­ tamente que no tocaran a los que estaban marcados. La señal en sus frentes distinguía a los que estaban del lado de Dios de los que eran infieles e idólatras. La señal les proveía protección dehjuicio inminente. Así como los israelitas marcados fueron protegidos en la visión de Eze­ quiel, el pueblo sellado de Dios es protegido del soplar simbólico de los vientos escatológicos. El sellamiento los identifica como el pueblo de Dios y los protege de los efectos dañinos de las siete últimas plagas. De esta ma­ nera, la pregunta suscitada en Apocalipsis 6:17 recibe la respuesta final: los que podrán estar protegidos el día de la ira divina son el pueblo sellado de Dios.

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Los 144.000 sellados (7:4) Al continuar la visión, Juan oye el número de los que han sido sella­ dos: como "ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel" (Apoc. 7:4). Esto muestra que el sellamiento ha sido com­ pletado y las fuerzas destructoras de las siete últimas plagas han de ser desatadas. Los 144.000 están a punto de pasar por la gran tribulación. ¿Quiénes son los 144.000? El contexto muestra que son el pueblo de Dios que vive justo antes del fin. Siendo que el Apocalipsis es un libro simbólico, 144.000 no debe ser tomado como un número literal (cf'. Apoc. 1:1). En la literatura apocalíptica, los números regularmente tie­ nen un significado simbólico. El número 144.000 está formado por 12 multiplicado por 12, que da 144, y luego es multiplicado por 1.000. En la Biblia, el número 12 actúa como un símbolo de la iglesia. En el Anti­ guo Testamento, 12 es el número de las tribus de Israel. En el Nuevo Testamento, también es el número de la iglesia edificada sobre el funda­ mento de los 12 apóstoles (Efe. 2:20). De este modo, 144 (12 tribus por 12 apóstoles) representa la totalidad del pueblo de Dios del tiempo del fin, no un grupo selecto que está separado del cuerpo de Cristo. Como el número 144.000, las doce tribus de Israel no son literales, por al menos dos razones. Primero, las doce tribus de Israel no existen hoy. Durante la conquista asiria del Reino del Norte, de Israel, las diez tribus fueron llevadas en cautividad (2 Rey. 17:6-23). Pronto se integra­ ron con las otras naciones y desaparecieron. Las dos tribus restantes, Judá y Benjamín, fueron más tarde llevadas en cautividad a Babilonia. Posteriormente volvieron a Palestina y se los conoce como los judíos en la era del Nuevo Testamento. Con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C., los judíos fueron esparcidos por todo el Imperio Romano, y aun estas dos tribus restantes perdieron su existencia fiacional. El ju­ daismo hoy no representa todas las doce tribus. Segundo, la lista de las doce tribus en Apocalipsis 7 no es la lista re­ gular de las tribus de Israel. Faltan las tribus de Dan y Efraín, reempla­ zadas por José y Leví. Esto muestra que Apocalipsis 7 no se refiere a las históricas tribus de Israel. Es una lista teológica más que histórica. La razón de la exclusión de Dan es porque esta tribu fue la primera en volverse idólatra (Juec. 18:27-32). Más tarde en la historia de Israel,

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la tribu de Dan llega a ser un centro de adoración idólatra, y compite con la adoración en el Templo de Jerusalén (1 Rey. 12:28-31). Esta es también la razón para la exclusión de Efraín. Esta tribu del Antiguo Tes­ tamento simbolizó la apostasía y la idolatría (2 Crón. 30:1, 10; Ose. 4:17; 8:11). Estas son las razones más probables por las que Dan y Efraín fueron excluidas de la lista escatológica de las tribus de Israel en Apocalipsis 7. Los 144.000 son el verdadero Israel, que permanece leal a Dios. Estos miembros han lavado sus ropas en la sangre del Cordero (Apoc. 7:14). Están sellados y pertenecen a Dios; no se han "contaminado con muje­ res" (Apoc. 14:4); siendo las mujeres un símbolo de las iglesias apósta­ tas. La infidelidad que caracterizó a las tribus de Dan y Efraín no tiene lugar entre el pueblo de Dios que ha recibido su sello. Solo los que son fieles a Dios serán capaces de mantenerse firmes ante el Trono de Dios y recibir su herencia eterna (Apoc. 7:14-17). Las doce tribus en Apocalipsis 7 representan a todo el pueblo de Dios. La iglesia en el Nuevo Testamento se indica en términos de las doce tribus de Israel (Sant. 1:1). Pablo llama a la iglesia el "Israel de Dios" (Gál. 6:16); los cristianos son la simiente de Abraham y los here­ deros de las promesas del Pacto (Gál. 3:29). Los 144.000, que consisten en 12.000 de cada una de las 12 tribus, simbolizan al pueblo de Dios justo antes del fin. Este es el grupo que está sellado y listo para entrar en la gran tribulación de las siete últimas plagas, totalmente protegido por el sello de Dios en la frente de cada uno. Al describir al pueblo de Dios del tiempo del fin, parado en el um ­ bral de la gran tribulación, el Apocalipsis usa el lenguaje de la guerra. Se describe a los 144.000 como un ejército, siguiendo el modelo del anti­ guo Israel yendo a la guerra. Su número está formado por 12 multipli­ cado por 12 multiplicado por 1.000. En las escenas bélicas del Antiguo Testamento, 1.000 (hebreo, élef) es una unidad militar básica (Núm. 31:3-6; 1 Sam. 8:12; 22:7). Los 144.000 constan de 12 tribus; cada una tiene 12 unidades militares de 1.000 para dar un total de 12.000 solda­ dos. Las 12 tribus, entonces, dan un total de 144.000 soldados. Así, el número simbólico 144.000 simboliza un ejército de 144 unidades mi­ litares listas para ir a la batalla contra Satanás y su ejército de 200 millo-

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nes (Apoc. 9:16). Apocalipsis 19:18 muestra que el ejército de Satanás también está organizado en unidades militares de 1.000 (la palabra griega jiliárjos denota un comandante de 1.000 soldados; también en Apocalipsis 6:15). De esta manera, 144.000 es una referencia simbólica a la iglesia m i­ litante, organizada como el antiguo Israel en unidades militares a punto de entrar en la batalla final y más grande de la historia del mundo: la batalla de Armagedón (c/. Apoc. 16:16). Mientras el sello simbólico identifica a los 144.000 como los que están del lado de Dios en el con­ flicto final, también los protege de los justos juicios de Dios que están por caer sobre los impíos.

La gran m ultitud (7:9-17) Habiendo escuchado el número del pueblo de Dios que ha sido se­ llado, Juan entonces ve una gran multitud que nadie puede contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua. Todos están vestidos de blanco, de pie ante el Cordero y el Trono, alabando a Dios y al Cordero por su salvación. Muchos cristianos suponen que, en contraste con los 144.000, la gran multitud es el pueblo de Dios de todas las épocas. Pero Apocalipsis 7 no apoya tal afirmación. Juan deja en claro que la gran multitud es tam bién la últim a generación del pueblo de Dios. Note que, en Apocalipsis 7:9, Juan ve la gran multitud con ropas blancas de­ lante del trono de Dios. Más tarde, uno de los ancianos le explica que los que están con ropa blanca son los que han salido de la gran tribula­ ción (vers. 14). Ellos han lavado su ropa en la sangre del Cordero y ahora están de pie ante el trono de Dios, sirviéndole día y noche en su Templo (vers. 15). Esto muestra que la gran multitud e*la última gene­ ración del pueblo de Dios: los que pasarán por la gran tribulación de las siete últimas plagas. Al interpretar a este grupo, debemos recordar un rasgo literario de Apocalipsis. Este rasgo se caracteriza por un esquema de "Oí" y "Vi". A menudo Juan oye acerca de algo en la visión. Más tarde ve acerca de lo que había oído, por medio de un Símbolo diferente y desde una pers­ pectiva diferente. Por ejemplo, en Apocalipsis 5:5 Juan oye que el León

6.

TIMOS DIAS

ra que el ejército de Satanás itares de 1.000 (la palabra .000 soldados; también en :ia simbólica a la iglesia mií unidades militares a punto le la historia del mundo: la Mientras el sello simbólico i del lado de Dios en el conds juicios de Dios que están

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de la tribu de Judá ha vencido. Pero lo que más tarde es al Cordero inmolado (vers. ( ambos símbolos de Cristo; el León muestre dero muestra cómo lo hizo. Esta es la situación que encontramos en el número del sellado pueblo de Dios es como una multitud grande, incalculable. E y la gran m ultitud son uno y el mismo gruí tiempo del fin en diferentes momentos y c Parece claro que los 144.000 están descr organizada en 144 divisiones militares, ent historia de este mundo. La gran multitud, p da como la iglesia triunfante, saliendo de e toria. La guerra ha terminado, y ya no estí militares. Le parecen a Juan como una muí razón de que no se los puede contar no es ] sino porque le parecen a él una muchedui contraste con los 144.000, que fácilmente! En ninguna parte de la Biblia se dice q tendrá una generación final de santos que ¿ inalcanzable para los que vivieron antes de grupo selecto, separado del resto del puebk gan privilegios no disponibles para el resto < no son los únicos que fueron perseguidos ron sellados. Además, ellos no son los únic encontrados sin mancha delante del trono En el Reino de Dios, a todo su pueblo, ¡ metido ropas blancas (Apoc. 3:4, 5; 6:11; sean iguales ante Dios, sin clanes, rangos c unos y no para otros. Referencias: 1. E c le s iá s tic o 3 9 : 2 8 .

7 Las siete trompetas

pocalipsis 8:2 comienza una nueva visión, con siete ángeles que tocan siete trompetas. Al sonar las trompetas, una cade­ na de eventos se desata sobre la Tierra. Al tratar con esta sección, es importante recordar un rasgo literario especial que se repite varias veces en el libro: el interludio. Cundo Juan el R lador comienza una nueva descripción de la visión, de repente inte­ rrumpe su comentario e inserta otra escena con un contenido diferente.

A

Las oraciones de los santos y las siete trompetas El primer interludio de Apocalipsis 8 está situado en los versículos 3 al 5. El versículo 2 describe siete ángeles con trompetas que están delan­ te de Dios, y no es hasta el versículo 6 que se los comisiona a hacer so­ nar sus trompetas. Entremedio están los versículos 3 al 5, que describen una escena que ocurre en el marco del Santuario. En Apocalipsis 8:2, Juan observa siete ángeles con trompetas, listos para publicar los juicios que caerán sobre los habitantes de la Tierra. Antes de que los ángeles soplen sus trompetas, otro ángel no especifica­ do aparece sosteniendo un incensario de oro. Se pone sobre el altar,1 que evidentemente es el altar de los sacrificios. El altar de los sacrificios estaba ubicado en el atrio exterior del Templo, y en la tipología bíblica el atrio exterior representa la Tierra [cf. Apoc. 11:2). Esto muestra que la escena de Apocalipsis 8:3 al 5 comienza sobre la Tierra.

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Al ángel, junto id altar, se le da "mucho incienso" (Apoc. 8:3). Lleva el incienso al Lugar Santo y lo ofrece con las oraciones de los santos sobre el altar de oro delante del Trono de Dios. "El hum o del incienso con las oraciones de los santos subió delante de Dios de la mano del ángel" (vers. 4). Después, el ángel llena el incensario con fuego del altar de oro y lo arroja a la Tierra. Arrojar el incensario lleno de fuego produ­ ce "truenos, voces, relámpagos y un terremoto" (vers. 5). Esta es la señal para que los siete ángeles soplen sus trompetas. Esta escena refleja los servicios diarios en el Templo terrenal.2 Des­ pués de que se hubo colocado el cordero del sacrificio sobre el altar del sacrificio, la sangre se derramaba en la base del altar. Entonces, el sacer­ dote designado tom aba un incensario de oro y lo llenaba con brasas del altar. Luego llevaba el incensario dentro del Templo y lo ofrecía en el altar de oro, en el Lugar Santo. Habiendo ofrecido el incienso, el sacer­ dote salía del Templo y arrojaba el incensario sobre el pavimento, entre el altar del sacrificio y la entrada al Templo, lo que producía un ruido muy fuerte. En ése momento, siete sacerdotes hacían sonar sus trom pe­ tas, marcando el fin de los servicios diarios. El acto simbólico en Apocalipsis 8:3 al 5 -replicando los servicios diarios en el Templo terrenal- da una vislumbre del significado de las siete trompetas. El incienso que el ángel quema sobre el altar de oro representa las oraciones del pueblo de Dios (Apoc. 5:8; cf. Sal. 141:2). Este incienso es originado en el altar de los sacrificios, debajo del cual, en el quinto sello, la sangre de los santos martirizados mega a Dios por juicios "sobre los que habitan sobre la tierra" (Apoc. 6:10). Esto mues­ tra que el incienso que el ángel ministra delante de Dios representa las oraciones del pueblo sufriente de Dios. Ahora, los juicios caerán sobre "los que habitan en la tierra" en respuesta a las oraciones de los santos asesinados, que se encontraban en la escena del quinto sello (Apoc. 8:13). Las siete trompetas se refieren a la intervención de Dios en la historia en respuesta a las oraciones de su pueblo oprimido. Ellas expresan los juicios de Dios contra los que han dañado a su pueblo. No obstante, no son todavía la palabra final a los malvados. Aunque tienen la intención de ser punitivos, estos juicios están mezclados con misericordia. Su pro-

7. Las siete trompetas *

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pósito es advertir a los habitantes de la Tierra antes del Día del Juicio, y ofrecerles salvación antes de que sea demasiado tarde. ¿A qué tiempo de la historia se refieren las siete trompetas? Los servi­ d o s diarios del Templo terrenal proveen una pista en cuanto al comien­ zo del sonar de las siete trompetas. En el Templo terrenal, las trompetas sonaban después de que el sacrificio había sido ofrecido sobre el altar. Siguiendo este modelo, el sonar de las siete trompetas debe comenzar después de la muerte de Jesús en la Cruz. Ocurre mientras Jesús interce­ de en el cielo (vers. 3-5) y se predica el evangelio (Apoc. 10:8-11:14). Esto significa que las trompetas conciernen a la Era Cristiana -d e la Cruz a la Segunda Venida- hasta que la séptima trompeta suena y Dios establece su Reino (Apoc. 11:15-18). Las trompetas cubren el mismo período que los siete sellos. Las dos series se corresponden tanto estructural como secuendalmente. Secuendalmente, los sellos y las trompetas comienzan en el primer siglo, luego de la muerte de Jesús en la Cruz y su ascensión al délo. La condusión de ambas series nos lleva hasta el tiempo del fin. Estructuralmente, las dos series se subdividen en grupos de cuatro y tres, con interludios entre los segmentos sexto y séptimo. Mientras el interludio entre el sexto y el séptimo sellos describe al pueblo de Dios del tiempo del fin, el interlu­ dio entre la sexta y la séptima trompetas describe su experienda y su rol durante el tiempo del fin. La diferencia entre las dos series se encuentra en el foco. Mientras que los sellos principalmente conciernen a los que profesan ser el pue­ blo de Dios, por infieles que sean al evangelio, las trompetas conciernen exdusivamente a los que no profesan pertenecer a Dios. No obstante. Dios quiere que ambos grupos se salven. Él quiere ganarlos antes de que se cierre la puerta de la salvadón. t ■

El ángel con el rollo (10:1-7) En este punto, Juan ve un ángel de apariencia magnífica que descien­ de del délo. Se habla de él como "otro ángel fuerte", para distinguirlo de los siete ángeles que tocaron las trompetas (Apoc. 10:1). La descripd ó n del ángel se parece a la descripción de Cristo que aparece en Apo-

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• El l i b r o de A p o c a l i p s i s . R e v e l a c i ó n p a r a l o s ú l t i m o s d ía s

calipsis 1 (cf. vers. 12-16). Estas descripciones son imágenes simbólicas que la Biblia usa al referirse a Dios. En su mano, el ángel tiene un pequeño rollo abierto, que contiene la descripción dél tiempo del fin y la experiencia del pueblo de Dios en el mundo durante los últimos días (Apoc. 12-22). Cristo ha revelado estas cosas al pueblo de Dios por medio del ángel que los prepara para la crisis final de la historia del m undo (c/. Apoc. 1:1).

Ya no hay más tiempo (10:5-7) Con voz solemne, el ángel jura por el Eterno, que creó el cielo, la Tierra y todo lo que hay en ellos, y declara que "ya no habrá más tiem­ po" (Apoc. 10:6). Además, durante el sonar del séptimo ángel, el miste­ rio de Dios será concluido, como lo reveló a sus siervos los profetas (vers. 7). Esta escena apunta a Daniel 12:4 al 10. Daniel recibe la orden de sellar las palabras del rollo hasta el tiempo del fin. Después, hay una pregunta con respecto a cuánto tiempo pasará hasta que termine la per­ secución de los santos y se cumplan los eventos predichos. En respues­ ta, el mensajero celestial levanta sus manos hacia el cielo y jura con un juramento por el Eterno, que vive para siempre, que la persecución del pueblo de Dios durará "un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo" (Dan. 12:7); entonces vendrá el fin. Hasta entonces, el pueblo de Dios debe esperar pacientemente (vers. 10). Apocalipsis 10 es claramente un eco de Daniel 12, con la excepción de la frase "ya no habrá más tiempo", que reemplaza la frase "un tiem­ po, tiempos y la mitad de un tiempo" de Daniel. "Un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo" es una designación del período^rofético de 1.260 años, que hace referencia a la Edad Media, cuando el pueblo de Dios sería perseguido por el poder del Anticristo. El fin vendría después de este período profético. En Apocalipsis 6:10 hay un mego perpetuo del oprimido pueblo de Dios: "¿Hasta cuándo. Señor, santo y verdadero, vas a tardar en juzgar y vengar nuestra sangre de los que habitan sobre la tierra?" Se les dice que deben esperar un poco de tiempo (vers. 11). Ahora, en Apocalipsis 10:6,

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el pueblo de Dios recibe la seguridad, por medio de un juramento divi­ no, de que "ya no habrá más tiempo". Dios ha escuchado el clamor de su pueblo que se encuentra en el quinto sello. Los eventos del tiempo de fin se desarrollarán pronto. Aunque el tiempo del fin profetizado por Daniel es puesto en movi­ miento, el ángel le advierte a luán que todavía no es el fin. El fin vendrá cuando suene la séptima trompeta y se complete el misterio de Dios, que está todo de acuerdo con las proclamaciones de los profetas (vers. 7) y de Daniel, en particular. El misterio al que se refiere el ángel abarca todo el propósito de Dios: establecer su Reino eterno, simbolizado por el rollo sellado de Apoca­ lipsis 5, al que se le quitarán los sellos con la venida de Cristo. En ese tiempo, como afirmó Pablo, Dios "aclarará también lo oculto de las ti­ nieblas y manifestará las intenciones de los corazones" (1 Cor. 4:5). Pero, en ocasión de la Segunda Venida, la totalidad de este misterio será revelada al Universo entero (Apoc. 20:11-15).

Los dos testigos (11:3-6) Ahora la escena se traslada del ángel a los dos testigos que resumen la amarga experiencia de los cristianos durante los 1.260 días proféticos. Juan los describe en términos de varias personalidades del Antiguo Tes­ tamento. Primero, se caracterizan como "los dos olivos y los dos cande­ labros que están de pie delante del Dios" (Apoc. 11:4). Aquí, Juan apunta a la visión de Zacarías del candelabro entre los dos olivos (Zac. 4:2, 3). A Zacarías se le dijo que los dos olivos representan a "los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra" (vers. 14), especí­ ficamente, Josué, el sumo sacerdote, y Zorobabel, el gobernador de Ju­ dea. Semejando los roles de Josué y de Zorobabel, los dos testigos se describen en términos sacerdotales y de realeza. Luego, Juan los describe como Elias y Moisés (Apoc. 11:5, 6). Elias cerró los cielos de m odo que no hubiera lluvia por tres años y medio (equivalentes a 1.260 días; 1 Rey. 17; cf. Luc. 4:25) e hizo descender fuego del cielo sobre los soldados que vinieron para arrestarlo (2 Rey. 1:9-14). Del mismo modo, los dos testigos envían fuego de sus bocas

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contra sus enemigos, y cierran los cielos de m odo que no llueva durante los 1.260 días (o tres años y medio). Así como Moisés convirtió el agua en sangre y golpeó la tierra de Egipto con toda clase de plagas (Éxo. 7-11), los dos testigos también tienen autoridad de convertir el agua en sangre y golpear la tierra con plagas. ¿Quiénes son estos dos testigos? Su descripción señala al pueblo de Dios cuando da testimonio de la Biblia y del evangelio en el mundo. Apocalipsis 11:8 muestra que los dos testigos son una entidad en vez de dos (el texto griego dice: "el cuerpo muerto de ellos"). Es apropiado ver los dos testigos como el pueblo de Dios en sus roles sacerdotal y de realeza, predicando la Biblia como la Palabra de Dios (c f Apoc. 1:6; 5:10).3 Es por causa de su fidelidad a la Biblia que el pueblo de Dios sufrió a lo largo de la Edad Media durante el período profético de los 1.260 días, o 42 meses (Apoc. 6:9; 12:6, 13, 14).

El asesinato de los dos testigos (11:7-10) Después de que los dos testigos completaron su obra durante los 1.260 días, "la bestia [simbolizando el poder político (Apoc. 13; 17:38)] que sube del abismo hará guerra contra ellos, los vencerá y los m a­ tará" (Apoc. 11:7). Siendo que el abismo es la morada de Satanás (Luc. 8:31; 2 Ped. 2:4), esta bestia es controlada y respaldada por Satanás, específicamente, el poder político dominante al final de los 1.260 días. Los adventistas del séptimo día han identificado correctamente la muer­ te de los dos testigos con el asalto ateo a la Biblia y la abolición de la religión durante la Revolución Francesa. Ambos eventos ocurrieron a la conclusión del período profético de los 1.260 días. 4 Los dos testigos yacen muertos y son expuestos públicamente "en la plaza de la gran ciudad" (Apoc. 11:8). En Apocalipsis, "la gran ciudad" a menudo se refiere a la Babilonia del tiempo del fin, un poder opuesto al pueblo de Dios en el conflicto final. En Apocalipsis 11, la gran ciudad es el territorio gobernado por la bestia que surge del abismo al final de los 1.260 días proféticos. Este territorio tiene las características de las grandes ciudades bíblicas que se

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opusieron a Dios. Posee la maldad y la degradación moral de Sodoma (Gén. 19:4-11), la arrogancia atea de Egipto (Éxo. 5:2) y la rebeldía de Jerusalén, "donde tam bién su Señor fue crucificado" (Apoc. 11:8). De la misma manera, esta gran ciudad simbólica mata a la iglesia cristiana y a la Biblia. El cuerpo de los testigos yace expuesto y sin sepultar por tres días y medio, como un reflejo del tiempo que pasó Jesús en la tumba. Su muerte causa gran gozo entre "los habitantes de la tierra" (Apoc. 11:10), que es una clara referencia a los impíos (Apoc. 6:10; 8:13; 13:8, 14; 17:2). Ellos celebran porque "estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra" (Apoc. 11:10). La Palabra de Dios siempre atormenta la conciencia de aquellos que la oyen pero que no están dis­ puestos a entregarse.

La resurrección de los dos testigos (11:11-14) Tres días y medio más tarde, Dios envía la vida a estos dos testigos y los resucita. También los hace poner sobre sus pies. Sin embargo, toda la escena recuerda la visión de Ezequiel acerca del valle de los huesos secos (Eze. 37:1-10), que fue la profecía de la restauración de Israel des­ pués del exilio babilónico. Sus enemigos percibían a Israel como derro­ tados y muertos. Pero, en su visión, Dios ordenó a Ezequiel que profe­ tizara de modo que el aliento entrara ,en los huesos secos. El aliento entró en los cuerpos muertos, y ellos vinieron a la vida y se pusieron sobre sus pies. Históricamente, uno de los resultádos de la Revolución Francesa fue un gran reavivamiento del interés en la Biblia, manifestado, en particu­ lar, por el establecimiento de las grandes sociedades bíblicas y de num e­ rosas sociedades misioneras. Estas fueron fundadas para esparcir el evangelio y cumplir la profecía de los dos testigos vueltos a la vida. Como nunca, el escenario estaba preparado para la extendida predica­ ción del evangelio. La ascensión de los testigos resucitados está acompañada por un gran terremoto que golpea la décima parte de la gran ciudad y mata a siete mil personas. Un décimo, en la Biblia, simboliza la más pequeña

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parte de un todo;4y las siete mil personas muertas representan la totali­ dad de los incrédulos endurecidos.5 El resto de la gente se llena de tem or y da gloria a Dios. Esto recuerda la conversión del rey Nabucodonosor, quien dio gloria a Dios después de experimentar el juicio divino (Dan. 4:34-37). La palabra temor y la frase dar gloria a Dios suenan como una respuesta a la apelación del pri­ mer ángel en Apocalipsis 14:7: "Temed a Dios y dadle gloria". Esto su­ giere, como resultado de la vindicación y la exaltación de los dos testi­ gos y del terremoto que sacudió la gran ciudad, que hay algunos que aceptarán el evangelio y encontrarán fe en Cristo. Mientras el testimonio de los dos testigos se aplica históricamente a la Edad Media, tam bién se aplica al contexto de la Revolución Francesa. Pero su importancia para el pueblo de Dios del tiempo del fin va más allá de esta ubicación temporal y geográfica. Muestra que, como en el pasado, Dios tiene un pueblo que es fiel y da testimonio del evangelio en el mundo de hoy. Él los usa como usó a Moisés durante el Éxodo, a Elias durante la apostasía de Israel, y a Josué y a Zorobabel durante el período posexílico. Referencias: 1. El texto griego muestra que el ángel estuvo parado sobre el altar más que junto al altar, como lo rinden otras traducciones. Ver Ranko Stefanovic, "The Angel at the Altar (Revelation 8:3-5): A Case Study on Intercalations in Revelation", Andrews University Seminary Studies 44, N° 1 (pri­ mavera de 2006), pp. 79-94. 2. Ver Mishnah Tamid, 4:1-5:6. Ver Emil Schiirer, The History of the Jewish People in the Age of Jesus Christ, 2a ed. (Londres: TOT Clark, 1979), t. 2, pp. 299-308. 3. Esta doble interpretación también está en los escritos de Elena de White. Mientras interpretaba a los dos testigos como que representaban las escrituras del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento (El conflicto de los siglos [Buenos Aires: ACES, 2008], cap. 16, p. 310), ella también habla acerca de que la iglesia profetiza vestida de cilicio durante tiempos angustiosos (Testimo­ nios para la iglesia, t. 4, p. 588). 4. Jacques B. Doukhan, Secretos de Daniel (Buenos Aires: ACES, 2007), p. 237. 5. G. K. Bele, "The Book of Revelation", New International Greek New Testament Commentary (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1999), p. 603.

8 Satanás, un enemigo derrotado

pocalipsis 12 describe una nueva visión que inicia la por­ ción escatológica de Apocalipsis. Mientras que la primera mitad de Apocalipsis describe las luchas históricas de la iglesia en un m undo hostil, el foco primario de la segunda parte del libro está en el tiempo del fin y los eventos finales que co cen al regreso de Cristo. De ahora en adelante. Apocalipsis se concentra en el contenido del rollo abierto (Apoc. 10).

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La mujer (12:1,2) En visión, Juan ve una gran señal en el cielo. Algo especial y notable aparece aquí (cf. Apoc. 12:3; 15:1). La palabra griega sémeion (señal) denota una presentación simbólica de un objeto real. Esta señal es una mujer vestida con el Sol, parada sobre la Luna, y que tiene una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Ella está en trabaje de parto, y está a punto de dar a luz a un niño. Una mujer, en la Biblia, es un símbolo del pueblo de Dios, sea fiel a Dios o apóstata. En el Antiguo Testamento, Israel, como el pueblo del Pacto de Dios, a menudo se menciona como la esposa de Dios (Isa. 54:5; Jer. 3:20). Cuando Israel fue fiel a su pacto con Dios, fue llamado una mujer pura y fiel. Por otro lado, el Israel apóstata e idólatra fue des­ crito como una prostituta. Este concepto también es llevado al Nuevo

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Testamento y aplicado a la iglesia (c f 2 Cor. 11:2; Efe. 5:25-32). En Apocalipsis, el pueblo fiel de Dios está representado como una mujer fiel (Apoc. 19:7, 8; 22:17), mientras que una prostituta simboliza a los apóstatas e infieles (caps. 17, 18). El cuadro de una mujer hermosa, adornada, que está en trabajo de parto, trae a la mente varios pasajes del Antiguo Testamento. Uno es un eco del retrato de la novia de Salomón, que es "hermosa como la luna, radiante como el sol" (Cant. 6:10). También refleja los pasajes que muestran a Israel como una mujer parturienta (Isa. 26:17, 18; 66:7-9; Jer. 4:31; Miq. 4:10). Pero, por sobre todo, la descripción de una mujer que sufre los dolores de dar a luz al Mesías es una alusión a Génesis 3:15. Apocalipsis 12 muestra el cumplimiento de la promesa de Dios de redimir a la hum anidad caída mediante la descendencia de la mujer. La mujer notable de Apocalipsis 12 aparece como un símbolo de la iglesia a lo largo de la Biblia. Esta realidad se expresa por medio de su descripción: vestida con el Sol, y parada sobre la Luna. El Sol, como la fuente de luz, representa el evangelio (2 Cor. 4:6; c f Juan 8:12; 12:46), y la Luna refleja la luz del Sol. La mujer está parada sobre la revelación del Antiguo Testamento que refleja la luz del evangelio.1 Las doce estre­ llas sobre su cabeza representan a las doce tribus de Israel, como tam ­ bién a los doce apóstoles. En esta parte de la visión (Apoc. 12:1-5), la mujer representa al Israel del Antiguo Testamento que trae al Mesías al mundo. Pero, en los versículos 6, y 13 al 17, ella representa a la iglesia cristiana.

El dragón (12:3-6) En oposición a la mujer está el dragón, o Satanás, quien es»la serpien­ te de Génesis 3. Sus siete cabezas representan los reinos de la historia por medio de los cuales trabajó para oponerse a los planes y los propó­ sitos de' Dios en el mundo, y para oprimir al pueblo de Dios (Apoc. 17:9-11). Los diez cuernos que están sobre su cabeza simbolizan auto­ ridades políticas (vers. 12). Las siete coronas que están sobre las cabezas del dragón se refieren a las falsas pretensiones de señorío sobre este

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m undo (cf. Luc. 4:6). Estas imágenes revelan a Satanás detrás del Impe­ rio Romano, como tratando de destruir al por largo tiempo esperado Mesías, Jesucristo. Satanás es un enemigo real, no un personaje imaginario. Siendo que Dios anunció que vendría Uno nacido de "la mujer" que aplastaría la cabeza de la serpiente (Gén. 3:15), Satanás ha esperado que naciera el Niño Prometido para destruirlo. Aunque Satanás desea matar a este Niño, no puede, porque el Niño es llevado al cielo (Apoc. 12:5), lo cual se refiere a la exaltación de Cristo al Trono celestial (Efe. 1:20-22; 1 Ped. 3:21, 22). La exaltación de Cristo sirve como introducción a la escena subsiguiente (Apoc. 12:7-12), un evento que en última instancia resultó en la expulsión permanente de Satanás del cielo (vers. 10). Cuando Cristo es llevado al cielo, al Trono de Dios, la mujer, que representa a la iglesia, encuentra protección divina en el desierto duran­ te el tiempo profético de 1.260 días. Durante este tiempo, ella espera el retomo de Cristo y el establecimiento de su Reino eterno.

Guerra en el cielo (12:7-12) Apocalipsis 12:7 al 12 es una transición a una escena nueva en la historia. La descripción revela que, en ocasión de la ascensión de Cristo y su exaltación al Trono celestial, estalló una guerra en el cielo. Miguel y sus ángeles pelearon contra Satanás y sus ángeles. Miguel (nombre que significa "¿Quién es semejante a Dios?") es el comandante de la hueste celestial. En otras partes de la Biblia se lo identifica como el prin­ cipal príncipe (Dan. 10:13, 21; 12:1) y el arcángel (Jud. 9). De este modo, la información bíblica lleva a la conclusión de cfue Miguel es el nombre escatológico de Cristo. Aquí, en Apocalipsis 12, Cristo conduce al ejército celestial en la lu­ cha contra Satanás. Satanás con sus ángeles pelean, pero pierden. Como resultado, Satanás y sus fuerzas son expulsados del cielo y enviados a la Tierra (vers. 9). ¿Cuándo ocurrió esta guerra en el cielo y la expulsión de Satanás y sus ángeles? Se dan pistas en el him no que se escucha en el cielo después de la destitución de Satanás (vers. 10-12):

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• "Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo" (vers. 10). El Reino de Dios y la autori­ dad de Cristo fueron establecidos después de la muerte de Jesús en la Cruz. • "Ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche" (vers. 10). La acusa­ ción de Satanás no podría haber ocurrido al comienzo del Gran Conflicto porque los humanos no habían sido creados todavía. El Antiguo Testamento a m enudo pinta a Satanás acusando al pueblo de Dios ante Dios (Job 1; 2; Zac. 3). • Habiendo sido expulsado del cielo, Satanás se da cuenta de que le queda poco tiempo (Apoc. 12:12). Reconoce esto después de la muerte de Jesús en la Cruz. • Después de su expulsión del cielo, Satanás comienza a perseguir a la iglesia durante el período profético de 1.260 días (vers. 13). Este período sé conoce como la Edad Media, que comienza en 538 d.C. y concluye con la Revolución Francesa y la captura del papa Pío VI por el general Berthier, del ejército de Napoleón, en el año 1798 d.C. Todo esto muestra que la guerra y la expulsión de Satanás del cielo descritas en Apocalipsis 12:7 al 9 ocurrieron después de la muerte de Jesús en la Cruz y su subsiguiente ascensión al cielo. Satanás fue expulsado del cielo al comienzo de su rebelión contra el gobierno de Dios. Quería tom ar el Trono del cielo a fin de ser "semejan­ te al Altísimo" (Isa. 14:14). Se mantuvo en abierta rebelión contra Dios, pero fue derrotado y arrojado a la Tierra. Al engañar Adán, Satanás usurpó el gobierno y el dominio de esta Tierra (Luc. 4:6). Jesús se refirió a él como el "príncipe de este m undo (Juan 12:31; 14:30; 16:11). Pero después de la expulsión de Satanás, él todavía tenía acceso al cielo. El libro de Job lo muestra asistiendo a la asamblea celestial delan­ te de Dios y haciendo acusaciones contra Job (Job 1:6-12; 2:1-7). En forma similar, Zacarías lo vio en una visión acusando a Josué, el sumo sacerdote, ante la corte celestial (Zac. 3:1, 2).

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La situación cambió con la muerte de Jesús en la Cruz. El dominio sobre la Tierra fue transferido de Satanás a Jesús. Esta transferencia de autoridad obviamente no ocurrió sin resistencia por parte de Satanás, quien una vez estuvo en abierta rebelión contra Dios. En este punto, Satanás y sus asociados fueron expulsados definitivamente del cielo. Con la expulsión de Satanás, "ha venido [...] el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo" (Apoc. 12:10). Desde ese tiempo. Sa­ tanás y los ángeles caídos han estado confinados a la Tierra como una prisión, hasta que reciban su castigo (2 Ped. 2:4; Jud. 6). Satanás ya no tiene acceso a los atrios celestiales y ya no puede acusar al pueblo de Dios en el cielo. Aunque la suerte de Satanás fue decidida con su expulsión del cielo, su derrota no es completa todavía. Todavía pretende el señorío sobre la Tierra, que es la razón por la que el cielo da esta advertencia: "¡Ay de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo" (Apoc. 12:12). La referencia a la tierra y el mar apunta a la dimensión global de esta advertencia. Parti­ cularmente significativo en este respecto es Apocalipsis 13, donde los dos asociados de Satanás surgen de la tierra y del mar para hacer que los habitantes de la Tierra se pongan del lado de Satanás en la crisis final.

Guerra en la Tierra (12:13-16) Satanás no podía dañar a Cristo, pero él sabe cuánto ama él la iglesia. Así que, ahora se vuelve contra la iglesia que representa a Cristo sobre la Tierra. Pero la mujer (la iglesia) recibe "dos alas de la gran águila" para que vuele al desierto, donde Dios la cuida durante un período de "un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo" (Apoc. 12:Í4), o 1.260 días (vers. 6). Este lenguaje es un eco del Éxodo de Israel de Egipto (Éxo. 19:4). Cómo Dios cuidó de Israel durante sus años en el desierto (Deut. 8:1518), él ahora cuida a la iglesia en el desierto durante el período profético de 1.260 días (538 a 1798 d.C.). Durante este lapso, el pueblo de Dios sufrió persecución por el poder del anticristo (Apoc. 13:5). La igle­ sia establecida en Europa occidental persiguió a los que eligieron seguir

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las enseñanzas de la Biblia en vez de la tradición. Millones de cristianos fueron martirizados por su fidelidad al evangelio. Durante ese tiempo, el fiel pueblo de Dios encontró un refugio en lugares aislados para esca­ par de la persecución y las influencias corruptas de la iglesia institucio­ nal. En un esfuerzo por destmir a la mujer, "la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuera inundada por el agua" (Apoc. 12:15). Este torrente de agua de la boca de la serpiente recuerda las palabras engañosas de la serpiente en el Jardín del Edén (Gén. 3:1-5). De la misma manera. Satanás está tratando de destmir al pueblo de Dios con una inundación de enseñanzas falsas. En el Antiguo Testamento, una inundación de agua se usa a menudo como un símbo­ lo de los enemigos del pueblo de Dios que lo atacan y destruyen (Sal. 69:1, 2; 124:2-5; Isa. 8:7, 8; Jer. 47:2). Así, la inundación de agua arrojada de la boca del dragón tiene dos significados: persecución y enseñanzas falsas. Estas son las armas que Satanás usó contra el pueblo de Dios durante el período profético de 1.260 días en la era medieval. Sin embargo, providencialmente, la tierra rescata a la mujer tragando el agua enviada por el dragón (Apoc. 12:16). Una vez más, Juan usa el lenguaje del Éxodo. Así como la tierra tragó a los egipcios que estaban persiguiendo a los israelitas (Éxo. 15:12), así la amigable tierra traga el torrente de persecución y enseñanzas falsas que el dragón usó para destmir a la mujer.

El ataque de Satanás contra el Remanente (12:17) Hasta ahora, el dragón no fue capaz de destmir a la mujer, pero él no renuncia. Se reagmpa para "hacer la guerra contra el resto de la descen­ dencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús" (Apoc. 12:17). Este pasaje sirve como una intro­ ducción a Apocalipsis 13, donde Satanás se prepara para la batalla final contra el pueblo de Dios del tiempo del fin. Él se repliega con el fin de prepararse para su último ataque contra el pueblo de Dios del tiempo del fin y elige la ayuda de dos aliados: la bestia del mar (Apoc. 13:1-10)

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y la bestia de la tierra (vers. 11-18). Juntos, estos tres forman un triunvi­ rato impío para pelear la batalla final contra Cristo y su remanente fiel. El término remanente, en el Antiguo Testamento, describe a quienes han sobrevivido a la destrucción para continuar como el pueblo fiel de Dios (Isa. 10:20-22; 11:11, 12; Jer. 23:3; Sof. 3:13). A lo largo de los tiempos del Antiguo Testamento, mientras que la mayor parte de la na­ ción de Israel apostató, hubo un pueblo que permaneció fiel a Dios (cf. 1 Rey. 19:18). Juan emplea la palabra remanente con referencia a los cristianos que permanecen fieles en las iglesias de Tiatira y Sardis (Apoc. 2:24; 3:4). Y ahora Juan usa la misma palabra para decir que al fin del tiempo, mientras que la mayoría de la gente en el m undo se pone del lado de Satanás y sus aliados, habrá un pueblo que permanece fiel a Cristo. Este remanente del tiempo del fin tendrá dos características. La pri­ mera es su obediencia a los mandamientos de Dios. Apocalipsis 13 muestra que al fin del tiempo los primeros cuatro mandamientos del Decálogo serán centrales en el conflicto del tiempo del fin. Ya que el problema en la crisis final será con respecto a la adoración -con respec­ to a quién y cuándo hemos de adorar-, el cuarto Mandamiento llegará a ser la prueba de lealtad y obediencia a Dios [cf. Apoc. 14:7). La segunda característica del remanente del tiempo del fin es que tiene el testimonio de Jesús. Esta característica está vinculada con "el espíritu de la profecía" (Apoc. 19:10; cf. Apoc. 22:9). Se usaba la expre­ sión "el espíritu de la profecía", en los días de Juan, para designar al Espíritu Santo, que habla por medio de sus profetas (Apoc. 19:10). Sa­ tanás hará todo esfuerzo posible para engañar y destruir al Remanente, pero Apocalipsis muestra que el pueblo fiel de Dios tendrá el don profético para guiarlo a través de estos tiempos difíciles.

La estrategia de Satanás en el tiempo del fin En este punto, hay un cambio en la estrategia de Satanás con el fin de tratar de ganar a la gente para su lado. Entender sus planes nos ayudará a evitar sus trampas engañosas. A lo largo de toda la historia, Satanás ha estado atacando a la iglesia por medio de persecución y coacción. Al

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comenzar su ataque final contra el remanente del tiempo del fin, su es­ trategia cambia de la coerción al engaño. Este cambio en la estrategia corresponde a la transición del foco histórico al escatológico del Apoca­ lipsis. Se puede observar que la palabra engañar no aparece nunca en la sección histórica de Apocalipsis (caps. 4-11), pero se usa regularmente en la sección escatológica (caps. 12-20) para describir las actividades de Satanás en el tiempo del fin, en preparación para la crisis final. Satanás, en procura de ganar la lealtad del mundo, lanzará una gran falsificación del verdadero Dios y sus esfuerzos para salvar a la hum ani­ dad. Apocalipsis 13 describe este asalto como la obra del dragón, la bestia del mar y la bestia de la tierra; un trío cuya misión es la destruc­ ción de la Trinidad (Apoc. 1:4-6). De aquí en adelante, los miembros de esta tríada satánica están inseparablemente asociados en su búsqueda de engañar al mundo y llevar a la gente lejos de Dios (Apoc. 16:13, 14; 19:20; 20:10). Referencias: 1. León Moms, Revelation, Tyndale New Testament Commentaries, ed. rev. (Grand Rapids, Michi­ gan: Eermans, 1987), p. 152.

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E

n Apocalipsis 13, la visión de Juan se desplaza a una bestia monstruosa que sale del mar. En la Biblia, la bestia es un sím­ bolo de un poder político, y el mar simboliza condiciones so­ ciales y políticas tormentosas, de las cuales emergen poderes malvados para atacar al pueblo de Dios (cf. Dan. 7:2, 3).

Descripción de la bestia (13:1-4) Juan describe a la bestia mientras la ve subir del agua. Asoman pri­ mero diez cuernos y sobre ellos hay coronas de autoridad política. Estos diez cuernos encuentran su contraparte en los diez cuernos de Daniel 7, que simbolizan la división del Imperio Romano y las naciones que sur­ gieron después de su desaparición (Dan. 7:24).1 Aparecen luego siete cabezas con nombres blasfemos en ellas. Las cabezas de la bestia son poderes notables usados por Satanás para perseguir al pueblo de Dios a lo largo de la historia (Apoc. 17:9-11). Los nombres blasfémos señalan los títulos divinos que la bestia pretende tener. Aunque las coronas se han desplazado de las cabezas a los cuernos, esta descripción de la bes­ tia es úna imagen de la descripción del dragón en Apocalipsis 12:3, que muestra que este poder es un representante verdadero del dragón. Cuando la bestia finalmente sale del agua, Juan ve que sus partes se parecen a un leopardo, a un oso y a un león. De este modo, la bestia combina las características de las cuatro bestias que salen del mar en

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Daniel 7:2 al 8, que representan cuatro reinos mundiales: Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma (vers. 17). Pero Juan las enumera en orden inverso, y muestra que la bestia del mar es la misma que la cuarta bestia aterradora de Daniel 7, que apareció como sucesora de los tres reinos que vinieron antes de ella (Dan. 7:7). El hecho de que los diez cuernos de la bestia del mar tienen coronas reales muestra que el poder repre­ sentado por la bestia del mar aparece en la historia después de la desa­ parición del Imperio Romano, que fue un tiempo cuando las naciones resultantes surgieron y ejercieron autoridad política. Satanás delega a la bestia poder y autoridad: "El dragón le dio su poder, su trono y gran autoridad" (Apoc. 13:2). Aquí hay una escena de entronización que copia la entronización de Cristo en Apocalipsis 5. Así como el Padre dio su Trono y su autoridad a Cristo (c/. Apoc. 2:27; 3:21), así el dragón le da su trono y su autoridad a la bestia, y la inviste como su corregente y representante sobre la Tierra. Esto afirma lo que se declaró antes: esta bestia simbólica es el segundo miembro de la falsa trinidad. Este aliado de Satanás quiere tom ar el lugar de Jesucristo en la mente y el corazón de la gente. Juan sigue diciendo que, en algún punto de la historia, una de las cabezas de la bestia recibe una herida mortal, que provoca la muerte de la bestia. Pero la herida de muerte finalmente se sana, y la bestia vuelve a la vida (Apoc. 13:3). Esto refleja la muerte y la resurrección de Jesucris­ to; en griego, se usa la misma pálabra para asesinar a la bestia que la que se usa para la muerte de Cristo el Cordero (Apoc. 5:6). Estas tres fases de la existencia de la bestia del mar se definen en Apocalipsis 17:8 en tér­ minos de la bestia "que era y no es, y será". Esta descripción es la antíte­ sis del título divino: "que es y que era y que ha de venir" (Apoc. 1:4; cf. Apoc. 4:8). La resurrección de la bestia produce asombro entre los habitantes de la Tierra. Admirados, adoran tanto a la bestia como al dragón que está detrás dé la bestia, diciendo: "¿Quién como la bestia y quién podrá lu­ char contra ella?" (Apoc. 13:4). Esto implica que ninguno es como él o capaz de hacer estas cosas. "¿Quién es como la bestia?" está en contraste con "¿Quién es como Dios?" (Éxo. 15:11; Sal. 35:10; Miq. 7:18). La frase "¿Quién es como Dios?" es el significado hebreo de Miguel, que es

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el mismo Miguel que derrota al dragón en el cielo (Apoc. 12:7). Con esta comprensión, parece claro que la bestia es un aliado del tiempo del fin de Satanás, que realiza su misión engañosa haciéndose pasar por la contraparte de Jesucristo y su ministerio salvífico.

Actividades de la bestia (13:5-10) Las actividades de la bestia se describen como la boca que habla grandezas y blasfemias durante el período profético de 42 meses. Estas actividades de la bestia son un eco de las actividades del poder opuesto a Dios presentado como un cuerno pequeño que sale de la cuarta bestia en Daniel 7. Los paralelos entre las dos visiones muestran que Daniel 7 y Apocalipsis 13 tratan del mismo poder terrenal. Primero, las blasfemias de la bestia del mar involucran el nombre de Dios (Apoc. 13:5, 6). En el Nuevo Testamento, la blasfemia denota una pretensión de igualdad con Dios (Juan 10:33; Mat. 26:63-65) o las pre­ rrogativas divinas (Mar. 2:7). La bestia del mar de Apqcalipsis 13 preten­ de los títulos de Dios y las prerrogativas que corresponden solo a Dios. Segundo, las blasfemias de la bestia del mar se dirigen contra el Ta­ bernáculo de Dios y aquellos que moran en él. l a morada de Dios es el Santuario en el cielo, donde ministra Cristo en favor de su pueblo. La bestia del mar niega la obra mediadora de Cristo en el Santuario celes­ tial al sustituirla por un sistema hum ano de salvación y perdón de los pecados. ¿Qué poder terrenal representa la bestia del mar? El texto muestra que este poder es el sucesor del Imperio Romano, que ejerce su autoridad y su poder durante los 42 meses proféticos, o 1.260 días: el mismo perío­ do que las actividades del cuerno pequeño de Daniel 7. El único período que adecuadamente cabe a este marco de tiempo es la Edad Media, du­ rante la cual la iglesia establecida de Europa Occidental ejerció el poder político y desató una ola de opresión religiosa. De este modo. Apocalip­ sis 13 es una profecía de la mayor apostasía en la historia de la iglesia cristiana. El ascenso de la iglesia medieval al poder y el dominio fue gradual. Por el año 538 d.C., la iglesia cristiana se había establecido como un poder

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rada" (vers. 12); así falsifica el rol del Espíritu Santo de dirigir la adora­ ción a Cristo. ¿Cómo logrará esto la bestia de la tierra? Como muestra el texto, la fase inicial involucra señales milagrosas para persuadir a la gente (vers. 13, 14; cf. 2 Tes. 2:8-10), mientras que en la etapa final recurrirá a la coerción (Apoc. 13:15-17). Así como el Espíritu Santo usó señales mila­ grosas para convencer a las personas de aceptar a Jesucristo y adorarlo, esta falsificación procura engañar a las personas por medio de señales y milagros engañosos, para persuadirlos a adorar a la bestia del mar. La mayor de las señales que realizará es hacer descender fuego del cielo (vers. 13). Esto recuerda el fuego que Elias hizo caer del cielo, para demostrar que Jehová era el verdadero Dios de Israel (1 Rey. 18:38). La bestia semejante a un cordero imita el rol profético de Elias y en todo el Apocalipsis se le da la etiqueta de falso profeta. La bestia que hace descender fuego del cielo también falsifica el Día de Pentecostés, cuando lenguas de fuego descendieron del cielo sobre los discípulos (Hech. 2:3). Se sigue que hacer descender fuego del cielo tiene la intención de falsificar el poder de Dios y engañar a la gente, convenciéndola de que estas señales milagrosas son las manifestaciones del poder divino. El único poder mundial que aparece en el período posterior a la Edad Media y que se adecúa a la descripción de la bestia semejante al cordero de Apocalipsis 13 son los Estados Unidos, caracterizados por el protes­ tantismo. Apocalipsis 13 muestra que los Estados Unidos de Norteamé­ rica, un puerto seguro para la iglesia, desempeñará un rol clave en los eventos de los últimos días.

La imagen de la bestia (13:14,15) La bestia de la tierra persuadirá a la gente de todo el mundo para que haga una imagen de la bestia del mar que recibió la herida mortal. Una imagen es una copia de alguna realidad. Esta profecía muestra que los poderes del m undo serán seducidos para crear un sistema de religión del Estado, parecido al de la Edad Media. Cuando los poderes civiles y

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políticos se unan a las principales organizaciones religiosas para im po­ ner una religión sobre la gente, formarán la imagen de la bestia. Toda esta escena refleja a Daniel 3, en la que el rey Nabucodonosor ordena que la gente de su reino, bajo pena de muerte, adore la imagen de oro que había erigido. Así como la adoración de la imagen de oro fue impuesta por un decreto legislativo en los días de Daniel, así en el tiem­ po del fin la demanda de una adoración popular será apoyada por el poder civil y forzará a toda la Tierra a adorar a la bestia del mar. Apocalipsis 13 indica que los Estados Unidos protestantes asumirán un rol de liderazgo en la curación de la herida mortal de la bestia. Nos dice que el sistema religioso-político que Satanás usó durante la Edad Media surgirá de nuevo en los días finales de la historia de esta Tierra, ganando y controlando la conciencia y la adoración de los habitantes del mundo. Esta profecía apunta al reavivamiento de la intolerancia me­ dieval en el tiempo del fin (Apoc. 13:15). La bestia semejante a un cor­ dero se pondrá del lado de la bestia del mar para establecer una unión religiosa e imponer una institución que caracterizó al cristianismo me­ dieval tanto en Europa Occidental como en el hemisferio Oriental.

La marca de la bestia (13:16,17) Los que sucumban a la presión aplicada por esta institución recibi­ rán una marca con el nombre de la bestia en su mano derecha o en su frente (Apoc. 13:16). Todas las clases de la sociedad hum ana tienen la orden de recibir la marca de la bestia. Recibir esta marca significa perte­ necer a la bestia y adorarla. Esta marca es la antítesis del sello de Dios (Apoc. 14:1). Mientras que el sellamiento significa la presencia operativa del Espíritu Santo en el corazón de los seres humanos (Efe. 1:13, 14; 4:30), la marca de la bestia falsifica la obra del Espíritu Santo. Las personas que tienen la marca de la bestia han sido introducidas en este sistema y lo sirven con mente y corazón; algunos, voluntariamente; otros, de mala gana. Poner la marca en la mano derecha o en la frente evoca Deuteronomio 6:8, donde Moisés instruyó a los israelitas para que ataran la Ley de Dios como una señal sobre sus manos o su frente. Esta es una orden que

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los judíos han tomado literalmente poniéndose filacterias para mostrar que pertenecen y obedecen a Dios.3 Esto sugiere que la marca en la fren­ te tiene que ver con grabar la Ley de Dios en la mente y la conducta de su pueblo. En contraste, recibir la marca de la bestia en la mano derecha o en la frente representa la negativa a obedecer los mandamientos de Dios: el cambio de la obediencia a Dios por la obediencia a la bestia. Apocalipsis muestra que los primeros cuatro mandamientos del Decá­ logo -los que conciernen a la relación de la persona con Dios y la adora­ ción- llegarán a ser la norma de lealtad a Dios en la crisis final. Las acti­ vidades de Satanás en el tiempo del fin están presentadas en Apocalipsis como un ataque bien planificado contra estos cuatro mandamientos. La exigencia de adoración de la bestia del mar (Apoc. 13:15) es un ataque directo al primer Mandamiento: "No tendrás dioses ajenos de­ lante de mí" (Éxo. 20:3). La bestia de la tierra levanta una imagen de la bestia del mar para ser adorada (Apoc. 13:14, 15), que es un ataque di­ recto al segundo Mandamiento: "No te harás imagen [...]. No te incli­ narás a ellas ni las honrarás" (Éxo. 20:4, 5). La blasfemia de la bestia hacia Dios (Apoc. 13:5, 6) es un ataque directo al tercer Mandamiento: "No tomarás el nom bre de Jehová, tu Dios, en vano" (Éxo. 20:7). Como se explica más abajo, la marca de la bestia (Apoc. 13:16, 17) es un ata­ que directo al cuarto Mandamiento: "Acuérdate del sábado para santifi­ carlo" (Éxo. 20:8). Apocalipsis 14:6 al 12 claramente indica que el mandamiento del sá­ bado, específicamente, será la pmeba de la fidelidad y la obediencia de las personas a Dios.4La apelación de los mensajes de los tres ángeles de ado­ rar y obedecer al verdadero Dios antes que adorar a la bestia y recibir la marca de la bestia claramente aparece en el contexto del mandamiento del sábado (Apoc. 14:7, 9). El sábado, en la Biblia, concierne a la adora­ ción apropiada a Dios y a una relación con él. Como el sábado es la señal distintiva de la obediencia del pueblo fiel de Dios (c f Éxo. 31:12-17; Eze. 20:12, 20), así la marca de la bestia es la señal de la obediencia a la bestia. La característica distintiva de la marca de la bestia es la sustitución de mandamientos humanos en lugar de los mandamientos de Dios. La evi­ dencia obvia de esta trama es el establecimiento humano de un sábado

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falso -el domingo, el primer día de la semana- en lugar del sábado como día de reposo. No obstante, la observancia del domingo no significa en sí misma el tener la marca de la bestia. La observancia del domingo solo llegará a ser "la marca de la bestia" cuando la gente tenga una clara comprensión de los asuntos involucrados en elegir un día de adoración.5 Ese tiempo está todavía en el futuro; por ello, en el presente, los seguidores de Cris­ to no deben rotular a ninguna persona o grupo como que tienen la marca de la bestia. La observancia del domingo hoy no hace que una persona esté perdida, así como la observancia del sábado no hace que una persona sea un cristiano genuino. Pero pronto llegará el tiempo cuando la marca de la bestia será el problema. Será un tiempo cuando cada persona en el m undo tendrá que decidir si se colocará a favor de Dios o en contra de él. Referencias: 1. Ángel Manuel Rodríguez, Future Glory: The 8 Greatest End-Time Prophecies in the Bible (Hagers­ town, Maryland: Review and Herald®, 2002), p. 104. 2. Papa León XIII, Praeclara Gratulationis Publicae [La reunion de la cristiandad], 20 de junio de 1894, citado en Don F. Neufeld y Julia Neuffer, eds., Seventh-day Adventist Bible Students' Source Book, Commentary Reference Series (Washington, D. C.: Review and Herald®, 1962), t. 9, p. 684. 3. Beatrice S. Neall, "Sealed Saints and the Tribulation", en Symposium on Revelation-Book 1, ed. Frank B. Holbrook, Daniel and Revelation Committee Series 6 (Silver Spring, Maryland: Biblical Research Institute, 1992), p. 257. 4. William G. Johnsson, "The Saints' End-Time Victory Over the Forces of Evil", en Symposium on Revelation-Book 2, ed. Frank B. Holbrook, Daniel and Revelation Committee Series 7 (Silver Spring, Maryland: Biblical Research Institute, 1992), p. 30. 5. Richard Rice, Reign of God, 2a ed. (Berrien Springs, Michigan: Andrews University Press, 1997), p. 403.

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a sección previa. Apocalipsis 12 y 13, proveyó al pueblo de Dios del tiempo del fin con la firme seguridad de la promesa de Cristo de estar siempre con él durante la confrontación escatológica. Durante estos tiempos difíciles, el pueblo de Dios está comisionado para entregar un mensaje especial: presentado en t minos de tres ángeles que vuelan en medio del cielo con mensajes espe­ ciales para los habitantes de la Tierra. El griego ággelos (ángel) significa "mensajero". En la Biblia, los ánge­ les a menudo representan personas al servicio de Dios (Mal. 2:7; Luc. 1:13). Apocalipsis 14:12 claramente vincula los tres ángeles con el pue­ blo de Dios del tiempo del fin, que llevan el mensaje de advertencia de Dios al mundo.

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El mensaje del primer ángel (14:6,7) El primer ángel trae el evangelio eterno para proclamarlo a cada per­ sona sobre la Tierra. Este evangelio es la buena noticia, y su naturaleza eterna muestra que es el evangelio de la Biblia. Declara el mensaje divi­ no de salvación y juicio. Es una buena noticia para quienes lo aceptan porque son salvados, pero significa juicio para quienes lo rechazan. La proclamación del evangelio del tiempo del fin es mundial, para ser pro­ clamado a "toda nación, tribu, lengua y pueblo" (Apoc. 14:6). Esto re­ cuerda la comisión dada a Juan de profetizar "sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes" (Apoc. 10:11), y afirma la idea de que los tres

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ángeles representan al pueblo de Dios del tiempo del fin, a quienes se les confía la predicación del evangelio. Esta predicación es significativa porque la bestia, en el tiempo del fin, ejercerá su autoridad delegada por Satanás sobre "toda tribu, pueblo, lengua y nación" (Apoc. 13:7). Así como las actividades engañosas del diablo son mundiales, también lo es la proclamación del evangelio del tiempo del fin. Esta predicación del evangelio es mencionada por Jesús en su sermón del monte de los Oli­ vos (Mat. 24:14). El ángel proclama el mensaje "a gran voz" (Apoc. 14:7; griego, foné megálé, de donde viene nuestra palabra megáfono). Este mensaje es ur­ gente: concierne al destino eterno de cada persona sobre la Tierra. Es el llamado de Dios al arrepentimiento. Este llamado se expresa con un tri­ ple imperativo: temer a Dios, darle gloria y adorarlo a él como Creador. “Temed a Dios y dadle gloria” (Apoc. 14:7). En Apocalipsis, el pueblo de Dios del tiempo del fin son los que temen a Dios (Apoc. 11:18; 19:5). Temer a Dios, en la Biblia, significa tomarlo en serio, y reconocer­ lo por lo que él es. Implica respeto y reverencia a Dios. Temer a Dios denota una correcta relación con él y una entrega total a su voluntad (Gén. 22:12; Job 1:8, 9). Resulta en hacer lo correcto, y los que temen a Dios guardan sus mandamientos (Deut. 5:29; 13:4; Ed. 12:13). Temer a Dios y darle gloria van juntos (Apoc. 11:13; 15:4). Aunque lo primero designa una correcta relación con Dios, lo último denota obedienda a él. La persona que teme a Dios responde a su gracia guar­ dando sus mandamientos. Jesús afirma: "En esto es glorificado mi Pa­ dre: en que llevéis mucho fruto" (Juan 15:8). El pueblo de Dios del tiempo del fin se caracteriza por su estrecha relación con Jesucristo y por guardar sus mandamientos (Apoc. 12:17; 14:12). La razón para temer a Dios y darle gloria es porque "la hora de su juido ha llegado" (Apoc. 14:7). Este juido es el juido previo al Adveni­ miento, que ocurre antes de la Segunda Venida; este está en contraste con el juicio final que ocurrirá después del milenio (Apoc. 20:11-15). Su propósito es decidir quién está en la relación correcta con Dios y quién no lo está. Estas dedsiones se hacen antes de que Jesús venga. Este juido previo al Advenimiento ocurre al mismo tiempo que se predica el evangelio en el tiempo del fin. Cuando se haya completado la predica-

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ción del evangelio y se haya conduido el juido previo al Advenimiento, habrá una separadón final entre los que son para el Reino y los que se pierden (Apoc. 14:14-20). Entonces Jesús vendrá para traer su recom­ pensa a cada persona, de acuerdo con sus hechos. El Juicio es parte del evangelio. Es una buena noticia para los fieles y obedientes, pero una mala noticia para los infieles. Cuando se termine el Juicio, el destino de cada persona estará decidido (Apoc. 22:11). No habrá segunda oportunidad. La oferta de la salvación ya no estará dis­ ponible. Para el pueblo de Dios, el Juicio significa vindicación y salva­ ción; pero, para los otros, trae condenación. Para estos últimos se diri­ gen los mensajes de los tres ángeles, que los llaman a adorar al Dios vivo. Los pecadores todavía tienen una oportunidad de arrepentirse y volverse a Dios, porque él no quiere que nadie perezca. Más bien, quie­ re que "todos procedan al arrepentimiento" (2 Ped. 3:9). "Adorad a aquel que hizo él cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas" (Apoc. 14:7). La adoración es central en el conflicto final entre Cristo y Satanás. En el tiempo del fin, la gente en el m undo se dividirá en dos grupos: los que temen y adoran a Dios, y los que temen y adoran a la bestia. Se traza una clara línea entre ambos grupos. Es importante recordar que la prueba, en el tiempo del fin, no es negarse o no a adorar, sino a quién se adora. Mientras que la mayoría de la gente rechaza la verdad y elige seguir y adorar a la bestia, el pueblo de Dios escoge ado­ rar y servir a Dios. La verdadera adoración, en la Biblia, está asociada con un día correc­ to de adoración. El llamado a adorar a Dios, quien hizo el cielo y la Tierra, y el mar y las fuentes de las aguas, refleja el cuarto de los Diez Mandamientos. Los editores del Nuevo Testamento Griego notan en el margen que esta declaración de Apocalipsis 14:7 es una cita directa de Éxodo 20:11.1Esto indica que el llamado a adorar a Dios el Creador que hace el primer ángel se da en el contexto de la observancia del sábado. Este es un llamado a adorar a Dios, quien creó esta Tierra en seis días y proclamó el séptimo como santo (Gén. 2:1-3). El sábado del séptimo día es una señal especial de nuestra relación con Dios (Éxo. 31:13; Eze. 20:12, 20). Es un m onum ento tanto de la Creación (Éxo. 20:11) como de la Redención (Deut. 5:15).

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El mensaje del primer ángel muestra que la verdad acerca de Dios el Creador será proclamada una vez más al mundo. La gente será llamada a volver a Dios, contrariando las actividades engañosas de Satanás, que tienen la intención de embarcar al m undo en una religión falsa y en el servicio a un dios falsificado (2 Tes. 2:4).

El mensaje del segundo ángel (14:8) El mensaje del segundo ángel está estrechamente vinculado con el primer mensaje. Mientras el primero llama a la gente a temer y adorar a Dios el Creador, el segundo mensaje anuncia la caída de Babilonia la Grande -el dios falso-, quien "ha hecho beber a todas las naciones del vino de la pasión de su inmoralidad" (Apoc. 14:8). El símbolo de Babilonia en el Apocalipsis está arraigado en la Babi­ lonia histórica como el poder que se opuso a Dios y oprimió a su pue­ blo. Desde su inicio en la Torre de Babel, Babilonia se ha caracterizado por la arrogancia y la rebelión contra Dios (Gén. 11:1-9). Isaías 14:4 y 12 al 15 iguala a Babilonia con Satanás y su intento de hacerse igual a Dios. En Apocalipsis 14:8, la expresión "Babilonia la Grande" es un eco de la jactancia del rey Nabucodonosor (Dan. 4:30). Esta jactancia fue respondida con el anuncio de un juicio divino contra él, y Babilonia no sería el reino eterno que Nabucodonosor preveía. La Babilonia del tiempo del fin, en Apocalipsis, es un símbolo de la trinidad satánica: Satanás, la bestia del mar y la bestia de la tierra. Esta coalición satánica unirá los poderes religiosos apóstatas bajo sus auspi­ cios; a ellos se los señala como las hijas de Babilonia (Apoc. 17:5). Ellos se pondrán al servicio de Satanás en oposición a Dios y a su pueblo (Apoc. 13:11-18). Esta confederación religiosa apóstata se caracteriza por el orgullo y la arrogancia de la Babilonia histórica. Como la Babilo­ nia antigua, se exalta por sobre Dios y procura tom ar el lugar de Dios. Apocalipsis 17 pinta la Babilonia del tiempo del fin como una prostitu­ ta que hace beber a todas las naciones de su vino y las seduce a entrar en una relación ilícita con ella (Apoc. 17:1-5; 18:3). Jeremías habla de Ba­ bilonia, que "embriagó a toda la tierra [...] de su vino bebieron los pueblos; se aturdieron las naciones" (Jer. 51:7). En Apocalipsis 13:11 al

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18, la trinidad satánica engaña y seduce a la gente del m undo para que adore a la bestia y a su imagen. Las naciones seducidas se asociarán con la Babilonia del tiempo del fin para tener seguridad económica (Apoc. 18:3, 9-19). El sistema medieval de la religión del Estado se restaurará, y la herida mortal de la bestia será sanada. La recién establecida unión religioso-política im pondrá una religión falsa, que controla la concien­ cia y la conducta de la gente. La gente del m undo será forzada a adorar a la bestia y a aceptar su marca. El mensaje del segundo ángel provee la seguridad, al pueblo de Dios, de que su impío sistema no durará mucho tiempo. Ya ha caído y pronto llegará a su fin, así como cayó la Babilonia antigua (c/. Isa. 21:9; Jer. 51:8). En Apocalipsis 14:8, la repetición de la palabra caída señala que Babilonia ciertamente terminará. Este colapso se describe en Apocalipsis 18.

El mensaje del tercer ángel (14:9-11) Sigue el tercer ángel, y su mensaje se construye sobre los dos previos. Mientras los otros dos mensajes llaman a la gente a la verdadera adora­ ción y anuncian el destino de Babilonia, el mensaje del tercer ángel pronuncia una seria advertencia a quienes escogen adorar a la bestia y a su imagen y reciben la marca en su frente o en su mano derecha. Este ángel usa un lenguaje drástico. Todos los que eligen beber del vino de Babilonia tendrán que beber "del vino de la ira de Dios, que ha sido mezclado puro en el cáliz de su ira" (Apoc. 14:10). En el Antiguo Testamento, beber vino de la copa de Dios es un símbolo frecuente de la ira de Dios (Job 21:20; Sal. 75:8; Isa. 51:17-23). En tiempos antiguos, el vino a menudo se diluía con agua para reducir su fuerza. El vino sin diluir se mezclaba con diversas hierbas y especias para aumentar su fuerza embriagadora. El vino mezclado, sin diluir, representa la ira de Dios que se ejecuta plenamente, sin misericordia. El salmista aplica esta metáfora al juicio divino: "La copa está en la mano de Jehová; el vino está fermentado, lleno de mixtura, y él lo derrama" (Sal. 75:8). Beber de ésta copa del vino de la ira de Dios sin diluir se describe en Apocalipsis 15 y 16 como las siete últimas plagas. Estas se mencionan como la copa del vino del ardor de la ira de Dios, echado sobre los que

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adoran a la bestia y reciben la marca de la bestia (Apoc. 16:1, 19). Al derramar las siete últimas plagas, "se consumaba la ira de Dios" (Apoc. 15:1). Todos los que adoran la imagen de la bestia y reciben la marca de la bestia serán atormentados con fuego eterno delante de los ángeles y del Cordero. El hum o del fuego se describe como que asciende por siem­ pre, lo que no da descanso a la gente ni de día ni de noche. Esta es una imagen bien conocida en la Biblia. En el Antiguo Testamento, el fuego y el azufre son símbolos de juicio (Gén. 19:24; Isa. 34:8-10). El concep­ to de fuego eterno y hum o que asciende para siempre también viene del Antiguo Testamento. Isaías profetizó que Edom sería destruido con fue­ go y azufre, y llegaría a ser un pozo ardiente: "No se apagará de noche ni de día, sino que por siempre subirá su hum o" y nunca más se levan­ tará de sus ruinas (Isa. 34:10). Judas describe la suerte de Sodoma y Gomorra como "sufriendo el castigo del fuego eterno" (Jud. 7). Parece claro que estos textos no hablan de un fuego sin fin. Ni Sodoma y Go­ morra ni Edom están ardiendo en la moderna Jordania. Pero los efectos del fuego que las destruyó duran para siempre. Lo mismo es cierto con respecto al fuego eterno en Apocalipsis; no denota que queme sin fin sino lo suficiente para que la destrucción sea completa, hasta que no quede nada para quemar. Los profetas del Antiguo Testamento usaron la destrucción de Sodo­ ma y Gomorra como el modelo de la destrucción de la antigua Babilo­ nia (Isa. 13:19; Jer. 50:40). El mismo lenguaje se emplea en Apocalipsis 14 para describir la suerte de la Babilonia del tiempo del fin. El lengua­ je grotesco y temible señala la total aniquilación, y no un sufrimiento y un arder eterno. Los que eligen adorar a la bestia y a su imagen y recibir la marca de la bestia tendrán un castigo eterno, y compartirán así el destino de Babilonia la Grande (Apoc. 19:3; 20:10). El lenguaje vivido usado en el mensaje del tercer ángel tiene la inten­ ción de sacudir los sentidos de la gente y moverla a mantenerse firme frente a los engaños de Satanás del tiempo del fin. El temor es expulsa­ do por un temor mayor. Así como la bestia de Apocalipsis 13 usa el te­ mor para forzar a los habitantes del m undo a elegir una religión falsa y recibir la marca de la bestia. Apocalipsis usa un lenguaje aún más fúerte

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para disipar ese temor, reflejando como un eco las palabras de Jesús: "No temáis a los que matan el cuerpo pero el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infiemo" (Mat. 10:28). Los que responden al llamado y eligen a Dios pueden escapar del destino de la trinidad satánica y sus seguidores (Apoc. 20:11-15).

Los santos del tiempo del fin (14:12,13) Los mensajes de los tres ángeles concluyen con una declaración po­ sitiva. Señalan a la paciencia de los santos. A estos santos se les confió la predicación del mensaje del evangelio del tiempo del fin (Apoc. 14:12) y son las mismas personas de quienes se habla en Apocalipsis 12:17, quienes son objeto de la ira y el ataque furioso de Satanás. Ellos se ca­ racterizan por su fidelidad invariable a Cristo y su obediencia a los m an­ damientos de Dios. En Apocalipsis 14:12, la palabra aquí, en la frase "aquí está la perseverancia de los santos", muestra que su perseverancia es principalmente por causa de su fiel predicación del evangelio del tiempo del fin. Estos santos reciben la promesa de descanso si sufrieron penurias físicas y persecución, aun al punto de la muerte (cf. Apoc. 12:11). El descanso de sus labores, junto con sus buenas obras, los seguirán. Esta promesa contrasta con la amenaza a quienes adoran a la bestia y reci­ ben su marca; ellos nunca tendrán descanso (Apoc. 14:11). El destino eterno del pueblo de Dios está asegurado por Cristo, quien prometió estar siempre con él, hasta el mismo fin del tiempo (ver Mat. 28:20). Apocalipsis usa un lenguaje vivido para advertir a quienes leen el li­ bro acerca de la naturaleza seria de sus elecciones. Prestar atención al llamado a "temer a Dios y darle gloria" (Apoc. 14:7) es la única vía de escape del destino de la trinidad satánica. Referencias: 1. Ver Kurt Aland et al., eds.. The Greek New Testament, 4a ed. (Nueva York: United Bible Societies, 1993), p. 863.

11 Las siete últimas plagas pocalipsis 15 y 16 se construyen sobre la visión de las dos cosechas en Apocalipsis 14:14 al 20. Esta visión describe a los santos como trigo para ser cosechado y ser guardado en la bodega de Cristo (Apoc. 14:14-16; cf. Mat. 13:30, 31); y a los no arrepentidos, como uvas para ser pisadas en el lagar de la Dios (Apoc. 14:17-20).

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El tiempo de las plagas Apocalipsis 16:1 al 11 nos dice que las siete últimas plagas están re­ servadas exclusivamente para quienes rechazan a Dios y reciben la mar­ ca de la bestia. Se especifica que son "las postreras" (Apoc. 15:1) porque siguen a las plagas de las siete trompetas (Apoc. 8; 9; 11:15-19). Las trompetas fueron juicios preliminares, como anticipo de juicios más severos todavía por venir. Aunque hay similitudes en el lenguaje entre las plagas de las trompetas y las últimas plagas, las dos series no son lo mismo. Primero, durante las trompetas, el evangelio es predicado por todo el mundo (Apoc. 10:8; 11-14) y el ministerio mediador de Cristo se reali­ za en el cielo (Apoc. 8:3-5). Pero las últimas plagas se derraman clara­ mente después de que se terminó la predicación del evangelio y conclu­ yó la intercesión en el Santuario celestial (Apoc. 14:6-13). Segundo, Apocalipsis 15:8 ilustra que el Templo en el cielo se "llenó de hum o de la gloria de Dios y de su poder; y ninguno podía entrar en

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el templo". Este lenguaje se deriva tanto de la dedicación del Taberná­ culo en el desierto durante el éxodo de Israel (Éxo. 40:34, 35) como del Templo de Salomón (1 Rey. 8:10, 11). En ambas ocasiones, la nube de la gloria de Dios llenó el edificio, de modo que los sacerdotes no pudie­ ron entrar a ministrar delante de Dios. Con la ausencia de los sacerdo­ tes, no había intercesión en el Templo. Apocalipsis 15:8 refleja esta idea al contamos que, antes de que las siete plagas sean derramadas sobre la hum anidad rebelde, el ministerio mediador de Cristo en el cielo habrá concluido. La puerta de la oportunidad se cerrará definitivamente, y el destino de cada persona estará decidido (Apoc. 14:14-20). Tercero, las plagas de las trompetas son limitadas en alcance y efecto. Afectan solo a una parte del reino de Satanás: la expresión "un tercio" se repite constantemente en el texto (Apoc. 8:7-12; 9:15, 18). Con las siete plagas, no se vincula ninguna restricción. Evidentemente, son más ex­ tensas. Note la afirmación de que "murió todo ser viviente que había en el mar" (Apoc. 16:3). Finalmente, las siete trompetas cubren un largo período de la histo­ ria, desde el siglo primero hasta la Segunda Venida. Con ellas se vincu­ lan períodos relativamente largos (Apoc. 9:5, 15; 11:2, 11), mientras que no se especifica ningún marco de tiempo profético con las siete úl­ timas plagas. Ellas afectan a la hum anidad al fin de la historia durante un período relativamente corto antes de la Segunda Venida, y ocurren dentro del marco de la séptima trompeta.

El propósito de las plagas Las plagas son de naturaleza redentora. Así como Dios envió las pla­ gas a Egipto para librar a su pueblo y llevarlo a la Tierra Prometida (Éxodo 7-12), aquí Dios envía las siete últimas plagas para derrotar a sus enemigos y liberar a su pueblo de aquellos que quieren destruirlos. Segundo, las últimas plagas son también punitivas (Apoc. 15:1; 16:2). En Apocalipsis 6:9 al 11, los santos martirizados se presentan como clamando a Dios por vindicación. Su clamor es representativo de todo el sufriente pueblo de Dios a lo largo de la historia. Ahora, con el

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derramamiento de las siete últimas plagas, sus oraciones son finalmente respondidas y el pueblo de Dios es vindicado. Tercero, las siete últimas plagas tienen la intención de llevar a la hu­ manidad rebelde a darse cuenta de las consecuencias de sus elecciones y acciones. En Apocalipsis 13, la gente del m undo elige seguir a Babilo­ nia. Cuando Dios retira su protección de sobre el mundo, se derraman las siete últimas plagas sobre la Tierra con efectos devastadores. Ahora la gente es forzada a considerar las consecuencias de sus elecciones. No obstante, la resistencia continua a los misericordiosos llamados de Dios la ha dejado sin arrepentirse. Como las plagas de Egipto, las siete últimas plagas tienen la intención de revelar la dureza del corazón de los que rechazaron el evangelio {cf. Éxo. 7:1-5). Aunque las últimas plagas son severas, ellas no mueven a la gente al arrepentimiento. Así como cada una de las plagas de Egipto au­ mentaba la dureza del corazón de Faraón y sus oficiales, así cada plaga que cae sobre los adoradores de la trinidad satánica endurece sus corazo­ nes hacia un aún mayor odio a Dios y a su pueblo (Apoc. 16:9-11).

¿Literales o simbólicas? lin a pregunta importante y difícil concierne a la naturaleza de las plagas. ¿Son ellas literales o simbólicas? El lenguaje de Apocalipsis a menudo es simbólico, lo que parece obvio cuando interpretamos los sellos y las trompetas. Pero, la situación parece diferente con las siete últimas plagas. El hecho de que las primeras cinco plagas infligen inten­ so dolor y sufrimiento físicos, y provocan que la gente maldiga a Dios, muestra que son literales (vers. 8-11). Esto se afirma en Apocalipsis 7:16; este versículo declara que los 144.000 no tendrán ya más hambre, ni sed, ni calor, ni el sol caerá sobre ellos ni los afectará. Estas parecen ser pruebas literales. Pero la sexta plaga, que conduce a la batalla de Armagedón, contiene un lenguaje simbólico y espiritual. Y la plaga final, que se ocupa de la caída de la Babilonia del tiempo del fin, parece mezclar significados simbólicos y literales.

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En todo esto, es importante recordar que las siete últimas plagas son una profecía que todavía debe cumplirse. La verdadera naturaleza de la profecía será completamente comprendida cuando se cumpla. Si son literales o figuradas, las siete últimas plagas expondrán la impotencia de la trinidad satánica para ayudar a la hum anidad sufriente, y vindicarán a Dios y su gobierno.

Las primeras cinco plagas (16:1-11) lin a voz del Templo celestial -el lugar donde antes ocurría la inter­ cesión- ordena a los siete ángeles derramar las plagas sobre los que se han puesto del lado de la trinidad satánica y recibieron la marca de la bestia (Apoc. 16:1). El tiempo ha llegado para que Dios vindique a su pueblo fiel y traiga sus justos juicios sobre aquellos que le hicieron daño. El primer ángel derrama su copa sobre la tierra, y úlceras malignas aparecieron en aquellos que tienen la marca de la bestia. Esta enferme­ dad se describe como dolorosa e incurable, que cubre el cuerpo entero (icf. Deut. 28:35; Job 2:7). Una plaga de esta clase cayó sobre los egipcios durante el Éxodo (Éxo. 9:10, 11). Las víctimas de esta plaga son aque­ llos que tienen la marca de la bestia y adoran la imagen de la bestia. La primera plaga cumple la amenaza del mensaje del tercer ángel: los que tienen la marca y adoran a la bestia y a su imagen deben ahora beber el vino no diluido de la copa de la ira de Dios (Apoc. 14:9, 10). El segundo ángel derrama su copa en el mar, y este se vuelve como sangre de un hombre muerto. Todo ser viviente que había en el mar muere. El tercer ángel derrama su copa sobre los ríos y los manantiales. In­ mediatamente, el agua se convierte en sangre; y sin agua para beber, la hum anidad rebelde no tiene oportunidad de sobrevivir. El cuarto ángel derrama su copa sobre el Sol, y un intenso calor abra­ sa a la gente, y produce un dolor insoportable. Sin embargo, el dolor no los mueve al arrepentimiento porque han endurecido su corazón a tal extremo que no pueden arrepentirse. En su lugar, maldicen y blasfeman

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el nombre de Dios, insultan a quien han rechazado y siguen las pisadas de la bestia blasfema (Apoc. 13:6). Mientras las primeras cuatro plagas afectan a la población general, la quinta plaga cae sobre el trono de la bestia, y produce oscuridad total sobre la Tierra. Esta escena refleja la novena plaga de Egipto, de oscuridad intensa, que cubrió la tierra entera de la nación rebelde (Éxo. 10:21-23). Es importante recordar que Satanás delega el trono y la autoridad a la bestia del mar de Apocalipsis 13 (Apoc. 13:2). Con el apoyo de la bestia de la tierra, la bestia del mar comienza a ejercer su autoridad so­ bre la Tierra, engañando y luego forzando a la gente del m undo a po­ nerse del lado de la trinidad satánica. No obstante, aun ese poder abru­ mador, el asiento de la autoridad de Satanás, no puede resistir la fuerza de estas plagas. El poder de la bestia del mar queda ahora socavado al sufrir hum illa­ ción delante de la gente. Mientras, los habitantes de la Tierra se muer­ den las lenguas de dolor, se enfurecen, al darse cuenta de la impotencia de la capacidad de la impía trinidad para protegerlos de los efectos de las plagas. Se sienten engañados. No obstante, como fue en el caso del faraón, el terror y el dolor de las plagas endurecen crecientemente su corazón. Su mente está decidida en contra de Dios. Siguen maldiciendo y blasfemando a Dios por su dolor y sus llagas, y rehúsan arrepentirse (Apoc. 16:11). Están siendo preparados para el engaño final; cuando vuelven su ira contra el pueblo de Dios, Satanás los lleva a la gran bata­ lla entre Dios y Satanás. El plan inicuo está en su lugar y se desarrolla en la sexta plaga (vers. 12-16).

El secamiento del Éufrates (16:12a) La imagen del secamiento del Éufrates se origina en la caída de la Babilonia histórica. En el año 539 a.C., Ciro el Grande, de Persia, vino con sus ejércitos y sitió la ciudad. Por causa de las sólidas fortificaciones y el abundante suministro de agua y alimentos, la gente de la ciudad sentía que la ciudad era inexpugnable. Pero, en la noche en que los lí­ deres estaban de fiesta en el palacio del rey Belsasar, la ciudad fue cap­ turada por el ejército persa (Dan. 5). Los historiadores antiguos notan

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que los persas desviaron el río Éufrates y entraron a la ciudad por el cauce seco; así la tom aron por sorpresa.1 Por causa de la caída de Babi­ lonia, el pueblo de Dios recibió permiso para volver a su tierra natal. La captura de la Babilonia antigua por Ciro es el trasfondo de la es­ cena de la sexta plaga. Como en el caso de la antigua Babilonia, aquí el secamiento simbólico del río Éufrates resulta en el colapso de la Babilo­ nia del tiempo del fin. Esta escena debe entenderse simbólicamente, porque como se dijo antes el Éufrates, en Apocalipsis, representa los poderes civiles, seculares y políticos que dan apoyo a Babilonia (Apoc. 17:15). Aquellos poderes, con el tiempo, retirarán su apoyo de Babilo­ nia, se volverán contra ella (vers. 15-17) y secarán el río Éufrates. Hasta la quinta plaga, la gente del mundo había puesto sus esperan­ zas en Babilonia para su protección. Al experimentar las catástrofes na­ turales, esperan que Babilonia la proteja. Pero, cuando la quinta plaga cae sobre el asiento mismo de la autoridad de la bestia, el pueblo desilu­ sionado se da cuenta de la impotencia de Babilonia para protegerlo de los efectos de las plagas (Apoc. 16:10). Sintiéndose engañados y llenos de hostilidad, se unen contra Babilonia y la destruyen (Apoc. 17:16,17).

Los tres demonios como ranas (16:13,14) El secamiento del río Éufrates sacude a la trinidad satánica: el dra­ gón, la bestia del mar y la bestia de la tierra, la que aparece como el falso profeta. En este punto, Satanás y sus dos asociadas reúnen al m un­ do entero para el engaño final. Saliendo de las bocas de la trinidad satá­ nica hay tres espíritus, semejantes a ranas, que van a los líderes del m undo "para reunirlos para la guerra del gran día de Dios Todopodero­ so" (Apoc. 16:14). Estos demonios son el "aliento" mismo de la trini­ dad satánica en el último engaño. Los espíritus similares a demonios recuerdan la plaga de las ranas en Egipto (Éxo. 8:1-15). Fue la última plaga de Moisés que los magos de faraón fueron capaces de duplicar, y usaron su torcida influencia para empujar al faraón a su oposición persistente a Dios; en última instancia, el faraón rechazó el mensaje de Dios a través de Moisés. A la luz de este telón de fondo del Antiguo Testamento, los tres demonios como ranas

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de la sexta plaga son el último intento de Satanás de falsificar la obra de Dios. Se los describe como la contraparte de los tres ángeles de Apoca­ lipsis 14, enviados con un falso evangelio a persuadir a las autoridades seculares y políticas para que se pongan del lado de ellos contra Dios y su pueblo, como preparación para el gran día del Dios todopoderoso. De este modo, estos demonios como ranas son los poderosos agen­ tes de Satanás, que seducirán a la gente de la Tierra para ir a la batalla final. Esta situación recuerda el "espíritu de mentira" (1 Rey. 22:22) que indujo al rey Acab a rehusar el mensaje que Dios le envió y elegir la confrontación (vers. 21-23). Satanás está decidido a ser victorioso en la crisis final y capacita a los espíritus de demonios para realizar señales milagrosas. Su método de persuasión es el engaño, que se adecúa per­ fectamente al plan del tiempo del fin de Satanás de atraer a la gente a su lado y alejarla del lado de Dios (Apoc. 13:13, 14). Las actividades de la trinidad demoníaca resultan en un gran éxito. Las naciones del m undo son engañadas otra vez y entregan sus poderes a Satanás. Están completamente arregladas contra el pueblo de Dios, y la escena está lista para la batalla final.

Reunidos para el Armagedón (16:16) Los poderes del m undo se reunirán en el lugar que en hebreo se co­ noce como Armagedón, que significa "el monte de Meguido". En el An­ tiguo Testamento, Meguido era una ciudad fortificada, ubicada en la llanura de Esdraelón, al pie del cordón m ontañoso de Carmelo. La ciu­ dad estaba ubicada en un punto angosto vital sobre la gran ruta de Egip­ to a Damasco, lo que la hacía una ciudad estratégica clave. No sorpren­ de, entonces, que la región haya sido conocida por varias batallas famo­ sas (cf. Juec. 5:19-21; 6:33; 1 Sam. 31; 2 Rey. 9:27; 23:29, 30). Específicamente, el m onte de Meguido se asocia con el m onte Car­ melo, que es el sitio de la batalla entre Elias y los profetas de Baal sobre quién era el verdadero Dios: el Señor o Baal (1 Rey. 18:21). El fuego que cayó del cielo a la tierra demostró que el Señor era el único Dios verda­ dero (vers. 38, 39). En la batalla final, sin embargo, la bestia de la tierra

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hace caer fuego del cielo para falsificar la obra de Dios, y para engañar al m undo entero (Apoc. 13:13, 14). El Armagedón finalmente resolverá el Gran Conflicto; es decir, quién es el gobernante legítimo del Universo, No es una batalla militar peleada en Medio Oriente. Más bien, es una batalla espiritual entre Cristo y sus seguidores y las fuerzas de las tinieblas. Es una batalla por la mente de la gente (2 Cor. 10:4, 5). Su resultado final será como el del conflicto del Carmelo: Dios finalmente triunfará sobre las fuerzas de las tinieblas. Apocalipsis 16:12 al 16 no describe la batalla misma, sino solo la gran reunión de los poderes religiosos y políticos en Armagedón. La batalla misma sigue a la sexta plaga y se describe en Apocalipsis 16:17 a 19:21. Juan más tarde ve "a la bestia y a los reyes de la tierra y sus ejér­ citos reunidos para hacer guerra" contra Cristo, quien viene del cielo acompañado por su ejército de santos (Apoc. 19:19; cf. Apoc. 17:14). La batalla concluirá con la derrota de la bestia y sus ejércitos (Apoc. 19:20, 21) por el legítimo Rey de reyes y Señor de señores (vers. 16). Referencias: 1. Heródoto, Historias 1.191. La descripción que da Heródoto de la captura de Babilonia por Ciro ha sido confirmada en los tiempos modernos por el Cilindro de Ciro, que describe la captura de Babilonia por los persas sin ninguna batalla. Ver James B. Pritchard, Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament, 3a ed. (Princeton, Nueva Jersey: Princeton University Press, 1969), p. 315.

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Babilonia mora sobre muchas aguas (17:1b, 2)

no de los siete ángeles con las copas de la ira de Dios invita a Juan a presenciar el juicio de Babilonia, "la gran prostitu­ ta" (Apoc. 17:1). El ángel afirma que la Babilonia prostituta "mora sobre muchas aguas" (vers. Ib). Jeremías 51:13 mues­ tra que "muchas aguas" se refiere al río Éufrates. El ángel más ta explica a Juan que estas aguas simbolizan los poderes civiles, seculares, y políticos mundiales (Apoc. 17:15). Esa Babilonia -la unión, en el tiempo del fin, de las autoridades religiosas- que se describe sentada sobre los poderes mundiales ilustra que, en el tiempo del fin, estas dos entidades son diferentes; algo que no fue el caso en lo pasado. A lo largo de la his­ toria, y particularmente en la Edad Media, los poderes políticos y la auto­ ridad religiosa establecida iban de la mano. Las naciones eran goberna­ das por poderes religioso-políticos. Apocalipsis 13:1 al 10 describe la iglesia medieval, dirigida por el Papado como un poder religioso-político que dominó al mundo occidental durante el período profético de 1.260 días. Pero, en el tiempo del fin, estas dos entidades permanecerán dife­ renciadas; no obstante, trabajarán juntas para un propósito común. Así como la Babilonia antigua dependía del río Éufrates para su exis­ tencia, así la Babilonia del tiempo del fin dependerá de los poderes civi­ les, seculares y políticos mundiales para imponer sus planes y sus propó-

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sitos. Esta confederación religiosa del tiempo del fin formará una alianza que gobernará a los poderes del mundo. Estos poderes se pondrán al servicio del sistema religioso apóstata, y trabajarán contra Cristo y su pueblo fiel durante la crisis del tiempo del fin. Se especifican dos grupos como seducidos por Babilonia en la crisis final. El primero comprende a "los reyes de la tierra", descritos como cometiendo adulterio con la Babilonia prostituta (Apoc. 17:2). Estos son los poderes políticos que gobiernan el mundo. En el Antiguo Testa­ mento, se usa con frecuencia el lenguaje de la fornicación para describir a Israel alineándose con las naciones paganas (Isa. 1:21; Jer. 3:1-10; Eze. 16; 23). La relación adúltera entre "los reyes de la tierra" y la Babilonia prostituta simboliza una unión ilícita entre la confederación religiosa del tiempo del fin y los líderes políticos que gobiernan el mundo en la crisis final (Apoc. 17:2). El segundo grupo mencionado son "los que moran en la tierra", que están espiritualmente ebrios con el vino de la inmoralidad de Babilonia (Apoc. 17:2, 8; cf. Apoc. 14:8). Esta es la población en general, no los líderes mundiales. Mientras los líderes mundiales cometen adulterio con la Babilonia prostituta, el resto de los habitantes de la Tierra están ebrios por sus enseñanzas y actividades engañosas, que los incitan a adorar a la bestia (Apoc. 14:8; 18:3). Cuando las personas están ebrias, no piensan sobriamente y se dan cuenta demasiado tarde de la natura­ leza de sus malas decisiones y acciones. Ambos grupos son igualmente engañados y se han puesto bajo el control de Babilonia para beneficio político y económico. Apocalipsis nos dice que el m undo estará otra vez unido en el tiempo del fin y que la religión dominará de la misma forma en que lo hizo durante la Edad Media. El tiempo vendrá cuando los habitantes del m undo se darán cuenta de sus malas elecciones y se volverán contra Babilonia; pero, de igual manera, será demasiado tarde.

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La prostituta que cabalga sobre la bestia (17:3-6) Se le dijo a Juan que la Babilonia prostituta está sentada sobre m u­ chas aguas. Ahora él es llevado en visión al desierto, donde ve a una mujer sentada sobre una bestia escarlata (Apoc. 17:3). Mientras la pros­ tituta representa la unión de religiones en el tiempo del fin, la bestia simboliza la confederación mundial de poderes políticos. La profecía declara que, al final del tiempo, los poderes políticos de la Tierra se uni­ rán en servicio a la Babilonia del tiempo del fin. Babilonia, la mujer sentada sobre la bestia, usará su sistema religioso para dominar los po­ deres políticos durante la crisis del tiempo del fin. Ella es descrita como vestida en forma extravagante en púrpura y es­ carlata, profusamente adornada con ornatos de oro y piedras preciosas. En su cabeza hay una inscripción: "Babilonia la grande, la madre de las rameras" (vers. 5). El color escarlata del vestido de la mujer corresponde al color escarlata de la bestia sobre la que está sentada (vers. 3, 4). El escarlata también es el color de la sangre y la opresión, que está confor­ me al carácter de este sistema religioso que está "[ebrio] con la sangre de los santos y con la sangre de los testigos de Jesús" (vers. 6). El púrpura era usado en las vestimentas reales (Juec. 8:26; Est. 8:15; Dan. 5:7) y se adecúa a la búsqueda de la prostituta del control del mundo. El vestido de la mujer evoca la vestimenta del sumo sacerdote del Antiguo Testamento, que incluía púrpura, escarlata o carmesí y oro (Éxo. 28:5, 6). La inscripción en su frente se parece a la inscripción "Santidad a Jehová" en la mitra del sumo sacerdote (vers. 36). También, la copa en su mano refleja la ofrenda de bebidas en el Santuario (Éxo. 30:9; Lev. 23:13). Su descripción es notablemente similar a la de la Nue­ va Jerusalén (Apoc. 21). Todo esto sugiere que la Babilonia de Apocalip­ sis 17 se refiere a un sistema religioso en el tiempo del fin más bien que a un poder político. Con su apariencia cristiana histórica, este sistema religioso del tiempo del fin llega a ser una herramienta poderosa para engañar y seducir al m undo a la apostasía durante la crisis final. Aunque aparece en atavío religioso, Babilonia es una prostituta y la madre de prostitutas, que seduce al mundo a apartarse de Dios. Ella está ebria con la sangre de los santos que murieron por causa de su testimonio de Jesucristo (c/. Apoc. 6:9). Este sistema religioso, que hace que la gente

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esté ebria con sus falsas enseñanzas, está ella misma ebria con la sangre de los seguidores de Cristo. Esto vincula claramente la Babilonia del tiempo del fin con la bestia de Apocalipsis 13, que representa el cristianis­ mo apóstata en la Europa occidental que fue conducido por el Papado y fue responsable de la muerte de millones de cristianos que fueron perse­ guidos por su fiel testimonio del evangelio. Sin embargo, viene el tiempo cuandp Dios juzgará a esta "gran prostituta" y vengará "la sangre de sus siervos fieles de sus manos" (Apoc. 17:1; 19:2).

La bestia resucitada (17:6-8) Como se estableció anteriormente, la Babilonia prostituta simboliza la unión de autoridades religiosas del tiempo del fin, y la bestia simbo­ liza una unión política mundial. Estas dos son inseparables, porque la prostituta deriva su carácter y su poder de la bestia. Como la iglesia medieval usó el poder político para controlar la mente y las creencias de la gente, así Babilonia usará los poderes políticos que gobiernan al m undo en el tiempo del fin. La bestia escarlata se identifica como la que "era, y no es, y está por venir del abismo" (Apoc. 17:8). La frase "era, y no es, y está por venir" es, primero, una parodia del nombre divino Yahvé -"el que era, y es, y viene"- en Apocalipsis 4:8 (cf. Apoc. 1:4, 8). Segundo, su fórmula tri­ partita muestra, además, que la bestia ha pasado por las tres fases de su existencia: pasado, presente y futuro. Primero, la bestia "era"; existió en el pasado. Hay claros vínculos entre esta bestia escarlata y la bestia del mar de Apocalipsis 13 que se recuperó de su herida mortal. Ambas bestias están llenas de nombres de blasfemia, y tienen siete cabezas y diez cuernos (Apoc. 17:3, 7). Esto muestra que la fase "era" de la bestia se refiere a sus actividades durante el período profético de los 1.260 días (cf. Apoc. 13:5). Entonces, con su herida de muerte, la bestia entró en su fase "no es" (vers. 3). En otras palabras, desapareció por un tiempo; sin embargo, sobrevivió. La bestia vendrá a la vida otra vez con total furia satánica contra el fiel pueblo de Dios durante el tiempo del fin (Apoc. 12:17). La resurrec­ ción de la bestia despertará la admiración de "los que moran en la tie-

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rra, cuyos nombres no han sido escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo" (Apoc. 17:8b). Esta bestia de Apocalipsis 17 es la bestia del mar de Apocalipsis 13, después de la curación de su herida mortal. Sobre esta bestia resucitada es que está sentada la Babilonia prostituta del tiempo del fin. Este siste­ ma religioso del tiempo del fin es una continuación del poder religiosopolítico que oprimió al pueblo de Dios durante el período profético de 1.260 días..Apocalipsis deja claro que la religión una vez más dominará y controlará la política como lo hizo durante la Edad Media. Pero, hay una diferencia notable entre el período medieval y el tiempo del fin. Mientras que la bestia del mar, que representa la Edad Media, era un poder religioso-político, la bestia escarlata es un poder exclusivamente político. Los poderes religiosos y los políticos serán diferentes en el tiempo del fin.

Las siete cabezas de la bestia (17:9-11) En este punto, el ángel hace un llamado a la sabiduría. La sabiduría aquí es la misma de la que se habla en conexión con el 666 como el nú­ mero de la bestia (Apoc. 13:18). Esta sabiduría se refiere al discernimiento espiritual más que a una capacidad mental e intelectual brillantes: tal dis­ cernimiento es solo impartido por el Espíritu (Sant. 1:5). Solo por medio de esta sabiduría divinamente impartida el pueblo de Dios del tiempo del fin podrá reconocer el verdadero carácter de este poder satánico. El ángel explica que la existencia y las actividades de la bestia se iden­ tifican con sus cabezas. A lo largo de la historia, la bestia ha gobernado y ha estado activa por medio de sus cabezas. El ángel explica a Juan que estas siete cabezas son "siete montes" que realmente simbolizan "siete reyes" (Apoc. 17:9, 10). Las aguas, los montes, la bestia y los reyes son símbolos usados para describir los poderes políticos que proporcionan apoyo a la Babilonia del tiempo del fin en su obra de perseguir al pue­ blo de Dios. Los montes representan poderes o imperios mundiales (Jer. 51:25; Dan. 2:35). Así, los siete montes sobre los que Babilonia está sentada representan siete imperios sucesivos que dom inaron el mundo a lo lar-

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go de la historia y por medio de los cuales Satanás ha trabajado para oponerse a Dios.1 Compartiendo los rasgos comunes del gobierno reli­ gioso-político y la coerción, estos imperios persiguieron y destruyeron al pueblo de Dios. El ángel, además, le explica a Juan que cinco de esos imperios m un­ diales cayeron, uno es y el séptimo no estaba activo todavía durante el tiempo de Juan. Recuerden que el ángel le explica a Juan el significado de estos reinos desde su propia perspectiva de tiempo, no desde la nues­ tra. De esta manera, el "uno es" es el Imperio Romano del tiempo de Juan. Los cinco que han caído son, entonces, los imperios que goberna­ ron la Tierra y perjudicaron al pueblo de Dios antes del tiempo de Juan: • Egipto fue el poder mundial que esclavizó y oprimió a Israel, y procuró destruirlo. • Asiria destruyó y esparció las diez tribus de Israel. • Babilonia destruyó Jerusalén y llevó a Judá al exilio. • Persia casi aniquiló a los judíos en el tiempo de Ester. • Grecia oprimió y trató de destruir a los judíos por medio de Antíoco IV Epífanes. El séptimo reino, que "aún no ha venido", era una manifestación todavía futura desde la perspectiva de Juan, que surgiría después de la caída del Imperio Romano. La mejor interpretación es que la séptima cabeza es la bestia del mar de Apocalipsis 13, que representa la iglesia medieval, encabezada por el Papado. Se dice que el séptimo reino debía permanecer poco tiempo (Apoc. 17:10). En este caso, el adjetivo griego para "poco tiempo" es olígon, que significa "corto", o "pequeño". Es diferente de micrón, que se usa en Apocalipsis para indicar "una brevedad de tiempo" (ver Apoc. 6:11; 20:3). En contraste, olígon no indica longitud de tiempo; más bien, se usa en un sentido cualitativo. Por ejemplo, Apocalipsis 12:12 declara que, después de haber sido expulsado del cielo, Satanás se dio cuenta de que tenía "poco tiempo". Este "poco tiempo" no indica una longitud de tiempo, porque han pasado miles de años desde su expulsión del cielo. Más bien, indica que Satanás se dio cuenta de que su tiempo estaba li­ mitado.

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Que el séptimo reino debe permanecer por un tiempo corto no apunta a la longitud de su existencia; más bien, a que el destino de este reino está determinado por Dios ("deberá permanecer"; Apoc. 17:10), y vendrá a su fin. La herida mortal que recibió ocurrió durante la Revolu­ ción Francesa, en 1798. La séptima cabeza reaparecerá como la octava cabeza y ejercerá po­ der político en la forma en que lo hizo durante la Edad Media. Es por medio de esta octava cabeza que actúa la bestia escarlata. Vivimos en la era de la séptima cabeza, y la octava cabeza con sus diez reinos unidos no tienen poder todavía. Aparecerá en el escenario mundial durante el tiempo del fin e im pondrá su sistema religioso apóstata a los habitantes de la Tierra.

Los diez cuernos de la bestia (17:12,13) El ángel explica que los diez cuernos de la bestia escarlata represen­ tan los diez reyes que recibirán dominio con la bestia durante el tiempo de la octava cabeza. El libro no explica exactamente quiénes son estos diez reyes. Como este pasaje tiene que ver con una profecía que todavía no se ha cumplido, solo el futuro revelará plenamente la identidad de estos poderes del tiempo del fin. Todo lo que se puede saber de este texto es quedos diez reyes (que significan reinos) conforman una poderosa confederación de naciones del mundo. Son poderes del tiempo del fin. Su número denota la totali­ dad de las naciones del mundo, que se unen bajo el control de la trini­ dad satánica. Evidentemente, son los poderes políticos gobernantes de los que se habla en Apocalipsis 17:2, que están involucrados en la rela­ ción adúltera con Babilonia. Estos poderes del m undo darán su lealtad a la bestia; algo que durará solo un tiempo corto, una hora en términos proféticos. La bestia los usará para imponer sus planes y sus propósitos.

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La batalla de Armagedón (17:14-18) En este punto, Apocalipsis una vez más describe brevemente la bata­ lla de Armagedón, presentada en Apocalipsis 16:12 al 16, y concluida en Apocalipsis 19:11 al 21. Inducidos por Babilonia, los poderes políti­ cos del m undo entero se empeñarán en guerra contra el Cordero (Apoc. 17:14). Esto muestra que la batalla final no es un conflicto militar en Oriente Medio entre judíos y varias naciones musulmanas. Más bien, es un choque espiritual entre la confederación de Satanás y la de Cristo con su pueblo fiel. La meta de Babilonia es derrotar a Cristo y destruir a su pueblo, pero Cristo triunfará sobre esta confederación religioso-polí­ tica del tiempo del fin. Dramáticamente, los diez cuernos y la bestia (los poderes políticos) de repente se vuelven contra la Babilonia prostituta (el falso sistema religioso). Los poderes políticos y seculares que permitieron que Babi­ lonia dominara el m undo retiran su apoyo y, enfurecidos, se vuelven cqntra ella. Este retiro del apoyo de Babilonia se describe en la sexta plaga como el secamiento del río Éufrates (Apoc. 16:12). Como indica Apocalipsis 16, los poderes políticos engañados llegaron a desilusionar­ se por la impotencia de Babilonia de protegerlos de las plagas (ves. 10, 11). Se sienten engañados y, llenos de antagonismo y hostilidad, la ata­ can y arruinan. Juan emplea otra vez el lenguaje del Antiguo Testamento usado para los juicios que cayeron sobre la adúltera Jerusalén (Jer. 4:30; Eze. 16:3541; 23:22-29). Los poderes políticos furiosos y desilusionados harán que la Babilonia prostituta quede "desolada y desnuda y comerán su carne y la quemarán con fuego" (Apoc. 17:16). Quemar con fuego fue el castigo de la hija del sumo sacerdote que estuvo involucrada en pros­ titución (Lev. 21:9), que es otra indicación de que la Babilonia prostitu­ ta denota un sistema religioso que una vez fue fiel a Dios pero que, en el tiempo del fin, se alejará de él y llegará a ser infiel. La escena concluye con un recordativo de que Dios está en el control, y que los impíos no pueden ir más allá de lo que él les permite ir (Apoc. 17:17). Las acciones de los poderes políticos engañados llevan a cabo los juicios de Dios sobre Babilonia, y en última instancia concluyen los propósitos de Dios en la crisis del tiempo del fin.

12. El juicio sobre Babilonia * 1 1 1 Apocalipsis 18 continúa el tema de la destrucción de Babilonia del capítulo anterior. Este sistema religioso apóstata ha llenado su copa de abominaciones y está por recibir la copa del vino de la ira de Dios (Apoc. 16:19). En el capítulo 17, el juicio sobre este sistema religioso apóstata se describe en términos de la ejecución de la prostituta (de acuerdo con la ley mosaica); y en el capítulo 18, se describe como una rica ciudad comercial que se hunde en el mar. Referencias: 1. William G. Johnsson, "The Saints' End-Time Victory Over the Forces of Evil", en Symposium on Revelation —Book 2, ed. Frank B. Holbrook, Daniel and Revelation Committee Series 7 (Silver Spring, Maryland: Biblical Research Institute, 1992), p. 17.

13 "Yo hago nuevas todas las cosas" inalmente, llegamos a la conclusión, o más bien, al nuevo co­ mienzo del m undo como era el plan que fuera. La conclusión del Apocalipsis es la culminación de la historia del mundo.

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La cena de bodas del Cordero En Apocalipsis 19, la cena de bodas refleja las antiguas prácticas ju­ días en los casamientos. El novio en perspectiva iba a la casa del padre de la novia pretendida para el compromiso matrimonial. Después de que el novio hubo pagado la dote, el novio y la novia se consideraban legalmente casados, aunque todavía no podían vivir juntos. El novio, entonces, retomaba a la casa de su padre para preparar el lugar donde vivirían él y la novia. La novia quedaba en la casa de su padre a fin de prepararse para la boda. Cuando las preparaciones estaban completa­ das, el novio volvía a la casa del padre de la novia, y se realizaba la fiesta de bodas. Después de eso, él llevaba a la novia al lugar que había preparado, y allí vivían juntos. De manera similar, Cristo dejó la casa de su Padre en el cielo con el fin de venir a la Tierra para el compromiso con su novia, la iglesia. Des­ pués de pagar la dote con su vida en el Calvario, regresó a la casa de su Padre con el propósito de preparar el lugar para su novia. Prometió volvery tom ar a la novia para sí (Juan 14:2, 3). Su novia permaneció en

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la Tierra, preparándose. Al final de la historia. Cristo volverá, y la boda por largo tiempo esperada se realizará. Él finalmente se unirá con su novia, la iglesia, y la llevará a la casa de su Padre. Durante este período, su pueblo se prepara para ese evento por tanto tiempo esperado. De acuerdo con Pablo, cuando Cristo venga, él desea ver que su iglesia no tenga "[...] mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que [sea] santa y sin mancha" (Efe. 5:27). Aquí, en Apocalipsis 19:7 y 8, la novia de Cristo está lista para la boda. Ella está vestida "de lino fino, resplandeciente y brillante" (vers. 8). Su vestimenta contrasta agudamente con el vestido lujoso de púrpura y escarlata que adorna a la Babilonia prostituta (Apoc. 17:4). El pueblo de Dios se ha mantenido sin contaminarse con la impureza de Babilonia y es completamente fiel a Cristo. Ahora participa en la cena de bodas del Cordero. La vestimenta de la novia de Cristo representa las "acciones justas de los santos" (Apoc. 19:8). Sin embargo, esto no significa que el pueblo de Dios debe vestirse con sus propias acciones. El texto declara que a la novia "se le dio" lino fino y brillante para vestirse, que representa las acciones justas (vers. 8). En otras partes Apocalipsis, Cristo suministra mantos al pueblo de Dios (Apoc. 3:18; 6:11), que se lavan en la sangre del Cordero (Apoc. 7:14; 22:14). La novia que se prepara ilustra tanto la responsabilidad hum ana como la actividad divina en las vidas humanas. Pablo señala la relación entre ambas: "Ocupaos en vuestra salvación con tem or y temblor, por­ que Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 2:12, 13). Las acciones justas del pueblo de Dios son el resultado de la actividad divina en su vida (Isa. 61:10). En este punto, es importante recordar que Apocalipsis 19 no describe las verdaderas bodas del Cordero; solo anuncia que el tiempo para el evento por largo tiempo esperado finalmente ha llegado. El evento de las bodas ocurrirá cuando el pueblo de Dios esté en la Nueva Jerusalén, mencionada como "la novia, la esposa del Cordero" (Apoc. 21:9). La Nueva Jerusalén y el pueblo de Dios son considerados idénticos porque en esa ciudad el pueblo de Dios finalmente se unirá con su Señor por la eternidad.

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Termina Armagedón De regreso en la Tierra, ha llegado el tiempo para que la confederación satánica reciba su merecido juicio. Juan ve a un ángel que llama a gran voz a las aves del cielo, que se junten para comer la carne de los ejércitos de la tierra, "la gran cena de Dios" (Apoc. 19:17). Esto contrasta aguda­ mente con la invitación anterior a la cena de bodas del Cordero (vers. 9). Los llamados a la cena de bodas del Cordero son bendecidos, mientras que los no arrepentidos son amenazados con llegar a ser la horrible cena de estas aves. A los lectores de Apocalipsis se les ofrece una elección: o aceptan la invitación a la cena de bodas del Cordero o a estar entre los adversarios de Cristo, que serán devorados por las aves de rapiña. El menú de las aves carroñeras incluye a personas de todo nivel sociopolítico: reyes, comandantes de miles, personas fuertes, caballos y sus jinetes, libres y esclavos; los pequeños y los grandes (vers. 18). To­ das estas personas recibieron la marca de la bestia (Apoc. 13:16) y se pusieron del lado de Babilonia en la batalla final. Se los pinta en la es­ cena del sexto sello como "los reyes de la tierra y los magistrados y los comandantes militares y los ricos y los poderosos y todo esclavo y todo libre" que está tratando de esconderse de Dios y del Cordero (Apoc. 6:15-17). El paralelo entre los dos pasajes muestra que la destrucción de los impíos ocurre en el contexto de la Segunda Venida. Juan ve ahora la confederación mundial de poderes políticos pelear contra Cristo y sus santos (Apoc. 19:19). En ese punto, aparece Cristo, y derrota completamente la confederación global. Su venida en gloria y poder destruye la confederación política. Apocalipsis 6:15 al 17 muestra que los reyes y los poderosos corren en pánico y tratan de esconderse de la ira del Cordero. Además, dos miembros del triunvirato satánico -la bestia del mar y la bestia de la tierra- son capturados y echados en el lago de fuego (Apoc. 19:20). El lago de fuego no es un infierno que arde para sieippre, sino una descripción de la Tierra mientras es destruida por fuego. Aquí está la conclusión definitiva de la rebelión contra Dios, la misma que en Apocalipsis 20:14. El resto de la gente muere con la espada que procede de la boca de Cristo. Como afirma Pablo, ellos son destruidos por la gloria del poder de Cristo (2 Tes. 1:8-10). Toda la Tierra parece ahora un campo de ba-

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talla, llena de cuerpos muertos. Esta horrenda escena concluye con la declaración de que "todas las aves se saciaron con la carne de ellos" (Apoc. 19:21). La derrota de la confederación mundial rebelde será final y completa. La descripción de la batalla de Armagedón, comenzada en Apocalip­ sis 16, está ahora completa. Babilonia es vencida cuando los dos aliados de Satanás son arrojados al lago de fuego. Aquellos que apoyaron a Babilonia son muertos y esperan el Juicio Final. El único ser que queda sobre la Tierra es Satanás, quien espera su destino como se describe en Apocalipsis 20.

El milenio (20:1-10) La batalla de Armagedón resulta en la desolación y la despoblación de la Tierra. Los vientos destructores de las siete últimas plagas han cau­ sado mucha destrucción y han convertido la Tierra en un desierto árido (Apoc. 7:1). Según lo describe Elena de White, toda la Tierra parece "un desierto desolado. Las ruinas de las ciudades y las aldeas destruidas por el terremoto, los árboles desarraigados y las filosas rocas despedidas por el mar o arrojadas de la misma Tierra yacen esparcidas por la superficie de esta, al paso que grandes cavernas señalan el sitio donde las m onta­ ñas fueron desgarradas desde sus cimientos".1 La venida de Cristo trae la destmcción de los malvados, y sus cuerpos cubren la Tierra entera. La condición de la Tierra es muy similar a la de la Tierra en su forma caóti­ ca antes de la Creación (c/. Gén. 1:2). En tal estado, este planeta llega a ser el lugar del encarcelamiento de Satanás durante los mil años, hasta que él reciba su castigo final en el lago de fuego (Apoc. 20:10). Entretanto, los santos glorificados se sientan sobre tronos y están autorizados para juzgar. Aunque el texto no afirma explícitamente dón­ de están los redimidos resucitados durante el milenio, Apocalipsis 7:9 al 17 y 19:1 al 10 muestran que están en el cielo. Anteriormente, Juan usó un lenguaje que corresponde a las costumbres hebreas de las bodas para describir el regreso de Jesús a la Tierra (Apoc. 19:7-9). Después del compromiso con su novia, él regresó a la casa de su Padre en el cielo a fin de preparar un lugar para su pueblo. Después de preparar este lugar.

13. "Yo hago nuevas todas las cosas" * 1 1 7 Cristo volverá para llevar a su pueblo a su hogar celestial (Juan 14:3). Pedro también habla acerca de esta herencia imperecedera reservada para el pueblo de Dios en el cielo (ver 1 Ped. 1:4). Todo esto muestra que el pueblo de Dios pasará el milenio en el lugar celestial preparado para él por Cristo. El juicio ejercido por los santos durante el milenio tiene que ver con la pregunta que levantó Satanás al comienzo del Gran Conflicto con respec­ to a la equidad de las acciones de Dios en el Universo. Desde el principio, Satanás ha cultivado dudas con respecto al carácter de Dios y su trato con la humanidad. Durante el proceso, Dios "aclarará también lo oculto de las tinieblas y manifestará las intenciones de los corazones" (1 Cor. 4:5). Los santos redimidos también estarán capacitados para encontrar respuestas a preguntas sobre la conducción de Dios en su vida personal.

La Tierra Nueva (21:1 -8) La descripción del m undo nuevo en Apocalipsis 21 y 22 se da en el lenguaje de Génesis 1 al 3. "En el principio creó Dios los cielos y la tie­ rra" (Gén. 1:1). En la Tierra recién creada, Dios les dio a Adán y a Eva el Jardín del Edén. Sin embargo, con la llegada del pecado, el Edén se per­ dió. La Tierra quedó sujeta a la corrupción y la decadencia (Rom. 8:1922). El dolor, las lágrimas y la muerte ocuparon el lugar del gozo, la felicidad y la vida. Pero Dios prometió: "Yo crearé nuevos cielos y nueva tierra. De lo pasado no habrá memoria, ni vendrá al pensamiento" (Isa. 65:17). En Apocalipsis 21 y 22, esta promesa se cumple cuando Dios restaura el Jardín del Edén. Todo lo que se había perdido por causa del pecado se restaura ahora por medio de Jesucristo. De tal forma, el plan original de Dios para la raza hum ana se cumple finalmente. La presencia de Dios garantiza una vida libre de dolor y muerte para su pueblo en la Tierra restaurada. Con la destrucción del pecado, la pre­ sencia de Dios entre su pueblo sobre la Tierra ha sido restablecida. Esta presencia se cumple cundo la Nueva Jerusalén "desciende del cielo de Dios" (Apoc. 21:2). El descenso de la Santa Ciudad ocurre al final del milenio (Apoc. 20:7-9). El hecho de que viene del cielo muestra que la

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dudad no es una Jerusalén reconstruida en Palestina, sino una ciudad celestial diseñada y construida por Dios (Heb. 11:10). No hay templo en la Nueva Jerusalén porque la presencia de Dios hace de la ciudad el templo de la Tierra Nueva (Apoc. 21:22). El templo simbolizaba la presencia de Dios entre su pueblo (Éxo. 25:8; 29:45; Lev. 26:11, 12); pero por causa de la infidelidad de Israel, Dios quitó su pre­ senda de él (Mat. 23:37, 38). No obstante. Dios prometió que él haría su morada una vez más con su pueblo y sería su Dios, y que ellos serían su pueblo (Eze. 37:27). La Nueva Jerusalén no necesita un símbolo de la presencia de Dios, por cuanto su presencia será real en la dudad. La presencia permanente de Dios define la vida de su pueblo en la Tierra Nueva. Apocalipsis describe la vida sobre la Tierra Nueva en tér­ minos de lo que estará ausente: no más lágrimas, muerte, tristeza, llanto ni dolor (Apoc. 21:4; cf. Apoc. 7:15-17). Todas estas cosas son conse­ cuencias del pecado, que ya no existe más, porque "las primeras cosas han pasado" (Apoc. 21:4). En este punto, hay una prodam a desde el Trono de Dios: "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas" (vers. 5). Esta declaración es reafirmada por la sentenda: "Estas palabras son fieles y verdaderas" (vers. 5). Son tan fieles y verdaderas como Dios es fiel y verdadero. La promesa de una vida libre del pecado y del sufrimiento viene de Dios, quien es "el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último". Esta afirm adón comienza y conduye el libro (Apoc. 1:8; 22:13). Así como Dios en el prindpio creó el m undo de la nada, así, al final de la historia, él lo res­ taura a su estado original.

El exterior de la Nueva Jerusalén (21:10-21 a) La referenda a "un monte grande y alto" (Apoc. 21:10) sugiere, hablan­ do figuradamente, que todo lo que se relaciona con la Nueva Jerusalén trasciende a Babilonia. Reconstruir una dudad sobre el montículo de una ciudad previamente destruida era una práctica bien conocida en los tiem­ pos antiguos (Jos. 11:23; Jer. 30:18).2 Esta escena aparece para afirmar el triunfo definitivo sobre el sistema apóstata del tiempo del fin (ver Isa. 2:2).

13. "Yo hago nuevas todas las cosas" * 1 1 9 La dudad irradia la gloria de Dios y le parece a Juan como una piedra de jaspe resplandeciente como el cristal (Apoc. 21:11). La Nueva Jerusalén está rodeada por un alto muro con tres puertas en cada uno de sus cuatro lados y ángeles junto a ellas (vers. 12, 13; cf. Eze. 40:5; 48:3035). Las puertas en cada costado permiten la entrada desde todas direc­ ciones. Jesús predijo que muchos vendrían del este, del oeste, del norte y del sur para sentarse a la mesa en el Reino de Dios (ver Luc. 13:29). Esta predicción se cumple en la Nueva Jerusalén, donde todos tienen acceso ilimitado a la presencia de Dios. Las puertas de la Nueva Jerusalén están hechas de enormes perlas (Apoc. 21:21). Como en la visión deEzequiel (Eze. 48:30-35), los nom ­ bres de las doce tribus de Israel están inscritos en ellas (Apoc. 21:12). La Nueva Jerusalén tiene doce cimientos decorados con piedras preciosas, similares al pectoral del sumo sacerdote (Éxo. 28:17-20). Pero, estas piedras tienen grabadas en ellas los nombres de los doce apóstoles, en lugar de las doce tribus. Esta combinación simboliza la unión y la soli­ daridad entre pueblo de Dios del Antiguo Testamento y el del Nuevo Testamento en la Nueva Jerusalén. De manera significativa, la forma cúbica de la Nueva Jerusalén es si­ milar a la forma cúbica del Lugar Santísimo del Templo del Antiguo Testamento (1 Rey. 6:20). En el Santuario terrenal, el Lugar Santísimo albergaba el Arca del Pacto, que representaba el Trono de Dios. El Trono de Dios y del Cordero está ubicado en la Nueva Jerusalén (Apoc. 22:3). Jeremías profetizó que, en la era mesiánica, la gente no hablaría acerca del Arca del Pacto porque Jerusalén sería llamada "el Trono de Jehová" (Jer. 3:17). En el Templo terrenal,, solo el sumo sacerdote podía entrar en el Lugar Santísimo para encontrarse con Dios; pero en la Nueva Jeru­ salén, este privilegio se otorga a todos los redimidos (Apoc. 22:3, 4).

El interior de la ciudad (21:21 b-22:5) La visión de la Santa Ciudad concluye con un río de la vida, que flu­ ye del Trono de Dios y del Cordero (Apoc. 22:1). Esto recuerda el río que fluía desde el Edén, que regaba el Jardín y lo hacía fructífero (Gén. 2:10). Los profetas del Antiguo Testamento a menudo hablaron del río

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de aguas vivas que fluía del Templo restaurado en Jerusalén y que daba vida a todo (Eze. 47:1-12; Joel 3:18; Zac. 14:8). Sobre las márgenes del río está el árbol de la vida (Apoc. 22:2). El árbol de la vida simboliza la vida eterna (Gén. 3:22). Por culpa de la maldición causada por el pecado, los hum anos perdieron el acceso al árbol de la vida en el Jardín del Edén y llegaron a estar sujetos a la muer­ te (ves. 22-24). Ahora los redimidos una vez más tienen acceso al árbol de la vida y comparten el don de la vida eterna que Adán gozó antes de la entrada del pecado (Apoc. 22:3). El árbol de la vida produce frutos cada mes, y sus hojas son para "la sanidad de las naciones" (ves. 2). La Nueva Jerusalén está habitada por personas de toda nación, tribu y lenguas (Apoc. 7:9), así como lo profe­ tizó Zacarías: "Muchas naciones se unirán a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo" (Zac. 2:11). Todas las barreras que separaban a las naciones son eliminadas. Las hojas curativas del árbol de la vida sanan las heridas causadas por barreras raciales, lingüísticas y sociales que di­ vidieron a la gente. Ninguna nación alzará la espada contra otra nación ni se preparará más para la guerra. Se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien les infunda temor. (Miq. 4:3, 4.) Sobre las márgenes del río de la vida, cada persona invita "a su veci­ no a sentarse" bajo el árbol de la vida (Zac. 3:10). Los redimidos en la Tierra restaurada son ahora un pueblo, pertenecientes a la gran familia de Dios. En la Nueva Jerusalén ya no habrá más ninguna maldición (ver Apoc. 22:3). Por causa de la maldición que el pecado trajo sobre el mundo, los humanos fueron expulsados del Jardín del Edén. Con la erradica­ ción del pecado, el pueblo de Dios es traído de regreso al Edén restaura­ do. Zacarías profetizó: "Morarán en ella y no habrá nunca más maldi­ ción, sino que morarán confiadamente en Jerusalén" (Zac. 14:11). El mayor de todos los privilegios que los redimidos gozarán en la Nueva Jerusalén es ver a Dios cara a cara (Apoc. 22:4), así como lo hacía Adán antes de pecar. El deseo perenne de los humanos a lo largo de la historia ha sido ver el rostro de Dios, algo que hasta a Moisés le fue ne­ gado (Éxo. 33:18-20). Esto ahora se cumple en la Nueva Jerusalén. Los

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redimidos ven a Dios tal como es (1 Juan 3:2). Lo sirven y lo adoran en su Templo (ver Apoc. 7:15). Su nombre está en sus frentes como recom­ pensa por rehusar la marca de la bestia (Apoc. 14:1; 15:2). La conclu­ sión del Gran Conflicto marca el comienzo de su compañerismo íntimo con Dios. "Y reinará por los siglos de los siglos" (Apoc. 22:5). El libro de Apocalipsis se cierra con una bendición final: "La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros" (vers. 21). Esta frase es más que solo una bendición final acostumbrada. Es la seguridad de Dios de que la única esperanza de las personas está en la gracia de Cris­ to. Cristo es la respuesta a todas las esperanzas y los anhelos humanos en medio de los enigmas y las incertidumbres de la vida. El futuro pue­ de parecer atemorizador y sombrío, pero Dios estará con su pueblo has­ ta el mismo fin (Mat. 28:20). Él tiene el futuro en sus manos. Promete su gracia a todos los que tom en en serio el mensaje de Apocalipsis, y equipará a su pueblo para soportar los tiempos tumultuosos de la crisis final. Es por medio de la gracia de Cristo que las promesas de Apocalip­ sis se hacen realidad. Él pronto regresará, buscará a su pueblo fiel y lo conducirá a su hogar eterno. Referencias: 1. Elena de White, El conflicto de los siglos (Florida, Buenos Aires: ACES, 2008), cap. 42, p. 715. 2. Roberto Badenas, "Nueva Jerusalén - la Santa Ciudad", en Symposium on Revelation-Book 2, ed. Frank B. Holbrook, Daniel and Revelation Committee Series 7 (Silver Spring, Maryland: Biblical Research Institute, 1992), p. 255.