Tema 12 Neurologia Ed 51

TEMA 12 : NEUROLOGÍA Postgrado en Bioneuroemoción ® ÍNDICE 1. OBJETIVOS ESPECÍFICOS DEL TEMA 4 2. INTRODUCCIÓN

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TEMA 12 : NEUROLOGÍA

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ÍNDICE

1.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS DEL TEMA

4

2. INTRODUCCIÓN 5 3.

MENTE Y CEREBRO



9



3.1.

Tres cerebros en uno



10



3.2

Cerebro cognitivo y cerebro emocional

12

3.3 Distancia emocional 16

3.4



Especialización hemisférica 3.4.1 Hemisferio derecho

21

24

3.4.2 Hemisferio izquierdo 27 3.5 Equilibrio hemisférico 29 4.

ADICCIONES







33

4.1.

El patrón cerebral de las adicciones

34

4.2

Ambiente emocional adictivo: factores de recaídas

37

4.3 Inteligencia emocional y adicciones 39 4.4 Estrategias de afrontamiento al estrés 41 5.

MENTALIDAD ABIERTA VS MENTALIDAD CERRADA



43

6.

REFERENCIAS BLIOGRÁFICAS

47

7.

BIBLIOGRAFÍA

50



Antes de empezar debes saber… Este material de estudio de Enric Corbera Institute está diseñado para que se tengan recursos que faciliten el aprendizaje y la adquisición de los conceptos del temario de una forma más amena, visual y atractiva. ¿Qué nos encontramos en el texto?

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Saber más...

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Espacio con información complementaria de las ideas y con - ceptos del tema.

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1. OBJETIVOS ESPECÍFICOS DEL TEMA

1.

Conocer con más profudidad el concepto «mente», así como diferentes perspec-



tivas sobre el mismo.

2.

Conocer las diferencias entre el cerebro cognitivo y el cerebro emocional, así



como los principales centros del sistema límbico que se relacionan con el proce-



samiento de las emociones.

3.

Aprender con mayor profundidad las características del hemisferio cerebral dere-



cho y su relación con la polaridad femenina.

4.

Aprender con mayor profundidad las características del hemisferio cerebral iz -



quierdo y su relación con la polaridad masculina.

5.

Reconocer la relación entre las características de cada uno de los hemisferios



cerebrales con respecto a distintas habilidades del proceso de acompañamiento



en Bioneuroemoción.

6.

Comprender la importancia del ambiente emocional en la aparición y el mante -



nimiento de los comportamientos adictivos.

7.

Conocer las diferencias entre el estado de flujo y el bloqueo neuromuscular des-



de la perspectiva del trance generativo.

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2. INTRODUCCIÓN

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2. INTRODUCCIÓN

Disciplinas científicas como la Neurociencia están más cerca que nunca de explicarnos cómo funciona el cerebro y qué circuitos neuronales operan bajo los sucesos mentales que experimentamos. La Neurociencia ofrece una perspectiva que nos permite comprender cada vez mejor el funcionamiento de nuestro sistema nervioso, algo que nunca hubiéramos podido conseguir basándonos tan solo en nuestra propia experiencia. El determinismo genético ha influido en el campo de la neurología durante décadas. Antes se solía concebir la mente como la experiencia que resultaba de la actividad del cerebro y que, a su vez, esta actividad estaba pautada exclusivamente por nuestros genes. A día de hoy esta visión ya ha quedado obsoleta. Aunque los científicos más conservadores siguen entendiendo la mente como la experiencia subjetiva que resulta de la operatividad del cerebro, el papel que toman los genes ahora es tan solo una parte. El elemento que realmente da lugar a las diferencias entre los circuitos cerebrales de dos personas es el contexto sociocultural en el que viven; es decir, su entorno.

Imagen 1. Ilustración sobre las microconexiones neuronales.

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Pudiera parecer que, anatómicamente, los cerebros humanos son todos iguales, pero en realidad no existen dos cerebros idénticos. Si se observan a nivel de microconexiones neuronales, dos cerebros pueden ser completamente distintos entre sí. Estas diferencias en el «cableado» del cerebro son el resultado de las experiencias que cada persona vive de forma subjetiva. Esto es posible gracias a lo que se conoce como plasticidad cerebral. Los circuitos neuronales no son estáticos; las experiencias que uno va acumulando a lo largo de la vida producen cambios anatómicos en las conexiones de dichos circuitos. Esta dinámica es la explicación del proceso por el cual nuestra percepción del entorno va generando paulatinamente nuestro mapa mental de la realidad. Y, como mapa mental, este se va reafirmando continuamente a sí mismo, estableciendo una tendencia a asociar las nuevas experiencias que van sucediéndose con las ya vividas anteriormente. De este modo, de cada circuito neuronal particular emerge, a su vez, una mente igualmente particular. Lisa Feldman Barrett es catedrática de Psicología por la Northeastern University de Boston (Massachusetts) y es reconocida por sus investigaciones sobre las emociones en el cerebro. En su libro «La vida secreta del cerebro» afirma lo siguiente en relación a nuestro funcionamiento interno:

“El realismo afectivo, el fenómeno de que experimentamos lo que creemos, es inevitable a causa de nuestro cableado. [...] A todos nos gustan las cosas que respaldan nuestras creencias y normalmente nos desagradan las que las violan. El realismo afectivo hace que sigamos creyendo algo, aunque las pruebas lo pongan en tela de juicio. No es por ignorancia o por malevolencia; es simplemente una cuestión del cableado y el funcionamiento del cerebro. Todo lo que creemos y todo lo que vemos está teñido por la acción del cerebro para equilibrar nuestro presupuesto. [...] Podría parecer que nuestras experiencias están provocadas por el mundo exterior al cráneo, pero se forman en una tormenta de predicciones y correcciones. Irónicamente, cada uno de nosotros tiene un cerebro que crea una mente que se comprende mal a sí misma” (Barrett, L. F., 2018, p.473-481).

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Esta es una valiosa explicación científica sobre cómo las personas nos movemos según nuestro «mapa mental», fijándonos principalmente tan solo en aquellos conceptos que concuerdan con nuestras creencias previamente construidas. Así pues, la ciencia establece el cerebro como el soporte físico de la mente y define el término «mente» como el conjunto de funciones superiores que representan nuestra experiencia subjetiva del mundo. La mayoría de estudiantes y profesionales de la Medicina señalarían el cerebro si les preguntáramos dónde se ubica la mente. Sin embargo, existen otras perspectivas en las que este concepto tiene una significación más amplia y no necesariamente se vincula al cerebro. Algunos de los estudios que afirman esta perspectiva están relacionados con experiencias cercanas a la muerte —o experiencias extracorporales— reportadas por pacientes durante operaciones quirúrgicas o en períodos de coma. El doctor Pim Vam Lommel, especialista en Cardiología, publicó un estudio en 2001 en la revista «The Lancet» sobre este tema. En dicho estudio demostró cómo los pacientes, en estadios donde mostraban electroencefalogramas y electrocardiogramas planos, reportaban haber estado permanentemente en un estado de conciencia plena, percibiéndose en una posición externa al cuerpo y pudiendo recordar todo lo ocurrido con detalle (Paolelli, E., 2015, pp.55-57). Estos hechos solamente pueden ser posibles si entendemos que el cerebro es más bien “un mecanismo comunicador en lugar de un mecanismo archivador” (Robertson, R., 2002, pp. 39). Utilizando una analogía nuestro cerebro sería un ordenador mediante el cual realizamos multitud de operaciones y que además, a través de él, podemos conectarnos a una fuente que contiene toda la información (internet). Nuestro ordenador nos permite procesar parte de esta información, pero dicho procesamiento no determina su existencia. Si nuestro ordenador se rompe o se le termina la batería, internet sigue existiendo. De la misma forma que internet no se puede limitar a un ordenador, la mente no se puede limitar a un cerebro. Esta visión de la mente concuerda con los postulados de Jung relativos a la capacidad de cualquier persona de acceder a la información que contiene el inconsciente colectivo.

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3. MENTE Y CEREBRO

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3. MENTE Y CEREBRO 3.1. Tres cerebros en uno Tal y como explica Lisa Feldman, las diferencias en las microconexiones del cerebro son las que determinan las diferencias entre las distintas mentalidades de cada persona. Aún así, hay un pasado evolutivo que todos compartimos y que está representado también en nuestra estructura cerebral. Ernst Haekel, biólogo y filósofo alemán del s. XIX sostenía que «la ontogenia resume la filogenia», es decir, que “el desarrollo de un individuo pasa por los mismos estadios que el desarrollo evolutivo de la especie” (Robertson, R., 2002, p. 24). Así, nuestro cerebro contiene tres subcerebros que corresponden a distintas fases de la evolución. Este es un modelo estructural triuno que propuso Paul MacLean, médico y neurocientífico norteamericano del s. XX, para poder explicar la influencia de la evolución en nuestro comportamiento: • El más antiguo de todos, el cerebro reptiliano, está representado por el tronco del encéfalo, los ganglios basales y el cerebelo. Según este modelo triuno, el cerebro reptiliano está relacionado con las reacciones instintivas, así como con conductas propias de los reptiles tales como la territorialidad, las jerarquías sociales y la agresividad. • El cerebro mamífero, que se encontraría en una posición intermedia, está representado por el sistema límbico y se vincula principalmente con los centros afectivos en los que operan nuestras emociones. Este cerebro estaría relacionado con las conductas que podemos ver en otros mamíferos, como la pertenencia a un grupo y la conciencia social. Las respuestas emocionales que se relacionan con este cerebro pueden producirse sin que los procesos cognitivos superiores estén involucrados. • El cerebro primate, representado por el neocórtex, corresponde a la parte más evolucionada del cerebro y es el que lleva a cabo las funciones superiores tales como el pensamiento, el lenguaje, la abstracción o la memoria. El neocórtex supone aproximadamente el 75% del volumen total del cerebro.

Aunque efectivamente, instintos, emociones y razón se albergan en nuestro sistema nervioso, el modelo de Paul MacLean se ha cuestionado por muchos científicos en tan Tema 12: Neurología | Postgrado en Bioneuroemoción ®

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to que es imposible separar de una forma tan categórica las funcionalidades de cada una de las regiones del cerebro. La realidad es que todas las partes del cerebro trabajan conjuntamente y todas sus funciones se llevan a cabo mediante el entrelazamiento de los tres cerebros. Aun así, podemos considerar que los tres cerebros expuestos anteriormente corresponden a diferentes etapas del desarrollo de nuestra conciencia como especie. Es decir, el crecimiento del tamaño cerebral está intrínsecamente relacionado con el nivel de complejidad emocional y de conducta. Cuanto más nos alejamos de una conducta programada y primitiva y nos acercamos a una mayor complejidad emocional y conductual, más grande resulta el tamaño de nuestro sistema nervioso central. Inicialmente dominados por el cerebro reptiliano, nuestra respuesta a los estímulos del entorno era totalmente instintiva y obedecíamos a nuestra necesidad básica de sobrevivir. Con el paso del tiempo, el instinto de supervivencia empezó a segregarse en distintas reacciones emocionales —el miedo, la tristeza, el asco, la rabia y la alegría— que, combinadas con la acción del neocórtex, dieron lugar a la multitud de sentimientos que todos conocemos (culpabilidad, sacrificio, decepción, arrepentimiento, optimismo, paz, rechazo, irritación, impotencia…). Tanto Freud como Jung, al tratar con sus pacientes, tuvieron que reconocer la influencia del cerebro reptiliano sobre el neocórtex, es decir, la influencia de los deseos más instintivos sobre nuestros valores conscientes. Bajo esta perspectiva, el concepto de «inconsciente colectivo» es un reconocimiento de la influencia que ejerce nuestra historia evolutiva como especie sobre nuestra vida. Si bien la evolución de la conciencia nos ha dotado de capacidades únicas, también resulta ser la causa de la «deshumanización» que nos caracteriza como especie. En estratos de conciencia inferiores, donde el desarrollo de la conciencia es mínimo, las especies no son capaces de concebir una identidad diferenciada del entorno. En dichas condiciones, el mundo es un continuo movimiento ilimitado del que formamos parte. A medida que va apareciendo nuestra capacidad de observarnos a nosotros mismos, de prestar atención a nuestras reacciones y de reflexionar sobre lo que nos ocurre, nuestra conciencia establece múltiples demarcaciones que interrumpen esa fusión con el entorno. Somos capaces entonces de formar un «yo» diferenciado de lo que le rodea. En este momento, la mente queda «atrapada», encerrada en los límites que demarcan sus propios filtros perceptivos.

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“Una montaña es solo una montaña porque hemos decidido separarla de su entorno. Un animal es sólo una entidad separada porque así lo hemos definido. Si nuestra visión fuera mucho más precisa, podríamos asimismo definir cada célula de la piel como una entidad separada. O si «viéramos» la realidad con un sensor de temperatura, podríamos definir las partes de un animal como totalidades, o quizás un rebaño de animales como un todo. La conciencia es un marco móvil, definido en gran parte por nuestra existencia como seres que perciben, con unas limitaciones sensoriales muy particulares.” (Robertson, R., 2002, pp. 34-35).

3.2. Cerebro cognitivo y cerebro emocional El sistema neurológico de las emociones puede dividirse en dos grandes partes: el cerebro cognitivo y el cerebro emocional. La base neurológica del cerebro cognitivo es el neocórtex. Tal y como hemos mencionado anteriormente, este es el cerebro que nos permite razonar, concentrarnos, prestar atención, tomar decisiones y llevar a cabo prácticamente todas las funciones ejecutivas. En él se configuran las emociones que denominamos sociales o secundarias. Recordemos que este tipo de emociones se estructuran también en el sistema límbico igual que las emociones primarias, pero requieren la intervención de las cortezas prefrontales y somatosensoriales. El cerebro cognitivo gestiona la capacidad de atemperar las reacciones emocionales, y esto puede suponernos una ventaja en muchas situaciones de la vida. En este sentido, nos puede evitar problemas de tipo relacional, ya que nos permite regular y controlar las emociones que experimentamos y, por lo tanto, adaptar nuestra conducta al contexto que corresponda. Sin embargo, esta misma cualidad puede resultar contraproducente cuando es llevada al exceso puesto que, al «asfixiar» nuestras emociones, estas pasarán al inconsciente y quedarán reprimidas a la espera de aflorar en una ocasión más Tema 12: Neurología | Postgrado en Bioneuroemoción ®

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conveniente donde el contexto lo permita. Esta condición suele estar presente cuando experimentamos situaciones de estrés. Hay situaciones que suponen un estrés negativo pero tolerable (por ejemplo, una discusión con un compañero de trabajo); estas suelen caracterizarse por ser de carácter puntual. Estas situaciones de estrés «puntual», por definición, no son situaciones a las que estemos habituados, ya que no son algo recurrente en nuestra vida diaria. Por esta misma razón nos resulta mucho más fácil ser asertivos y expresar aquello que sentimos (emoción primaria). En cambio, hay otras situaciones que, por su carácter reiterativo y repetitivo, nos suponen un estrés crónico (por ejemplo discusiones recurrentes con nuestro cónyugue). En estos casos nos cuesta mucho más ser asertivos porque llevamos mucho tiempo tolerando ese nivel de estrés. Sostener durante demasiado tiempo una necesidad emocional conlleva una demanda energética que impide que nuestra biología pueda restablecer el estado de homeostasis. Ante esta situación, nuestra biología se encuentra en un estado propicio para contraer enfermedades, pudiendo dar una salida fisiológica a este estrés en forma de síntoma físico o psíquico. El cerebro cognitivo —y en especial el lóbulo frontal— es el que inhibe nuestros instintos y protagoniza lo que llamamos la mente justificativa frente a la mente reactiva gestionada por el cerebro emocional. El lóbulo frontal es aquella parte de nuestro cerebro que se aferra a nuestras ideas, conceptos y creencias previas. Es un cerebro lento y solamente procesa el 5% de la actividad total de nuestra psique. Las emociones primarias están procesadas por el tronco cerebral, que junto con el sistema límbico (cerebro emocional), son los encargados de procesar la información de los sentidos, siendo muy sensible a las emociones básicas. El cerebro emocional tiene la capacidad de desconectar del córtex, tomar la iniciativa y realizar acciones de una forma instintiva; las emociones nos inundan y nuestros pensamientos se detienen. A continuación, realizaremos una breve explicación de algunas de las estructuras del sistema límbico, así como las funciones que desempeñan: • La amígdala: La principal función de la amígdala es la protección frente a cualquier situación de amenaza. Genera las emociones cuando hay algún tipo de sufrimiento. En Neurobiología es casi imposible asociar una sola emoción o una sola función a cualquier estructura; pero cuando hablamos de la amígdala podemos decir que es

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una de las más importantes asociadas al mundo de las emociones. Ella es la responsable de que podamos escapar de situaciones de riesgo o peligro y, a su vez, la que nos obliga a recordar nuestros traumas y todo aquello que nos ha hecho sufrir en algún momento. Los recuerdos y experiencias con mucha carga emocional hacen que nuestras conexiones sinápticas estén asociadas a esta estructura, provocándonos efectos tales como taquicardias, aumento de la respiración o liberación de hormonas. Las personas que tienen la amígdala dañada son incapaces de detectar situaciones de riesgo o peligro. La amígdala nos ayuda a buscar una estrategia adecuada después de haber identificado un estímulo aversivo. A través del aprendizaje y el condicionamiento somos capaces de identificar un estímulo potencialmente peligroso o dañino.

“Este tipo de explosiones emocionales constituyen una especie de secuestro neuronal. Según sugiere la evidencia, en tales momentos un centro del sistema límbico declara el estado de urgencia y recluta todos los recursos del cerebro para llevar a cabo su impostergable tarea. Este secuestro tiene lugar en un instante y desencadena una reacción decisiva antes incluso de que el neocórtex —el cerebro pensante— tenga siquiera la posibilidad de darse cuenta plenamente de lo que está ocurriendo y mucho menos todavía de decidir si se trata de una respuesta adecuada. El rasgo distintivo de este tipo de secuestros es que, pasado el momento crítico, el sujeto no sabe bien lo que acaba de ocurrir.” (Goleman, D., 1996, p. 50). • El hipocampo: Su función principal es el recuerdo. Es el que almacena en la memoria todos los estados emocionales. Ante un estímulo aversivo, el hipocampo fija la situación en el espacio/tiempo. El recuerdo sigue presente porque la amígdala fija la emoción con la que se vinculó dicha situación. Las investigaciones apuntan que el hipocampo tiene un papel muy importante en el almacenamiento de recuerdos episódicos ligados a acontecimientos vitales. Lo que hace esta estructura cerebral es coger toda la información que proviene de los sentidos y asociarla a una cosa, persona o lugar. De esta forma, la inercia de nuestra mente es usar lo que ya sabemos del pasado para comprender lo que no sabemos del presente.

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• El tálamo: El tálamo tiene un amplio rango de conexiones con la corteza y muchas otras estructuras del cerebro como los ganglios basales, el hipotálamo y el tronco encefálico. Puede percibir el dolor, pero no localizarlo con precisión. Procesa todas las señales procedentes del entorno. • El hipotálamo: El hipotálamo es una glándula endocrina que participa en la liberación de numerosas hormonas reguladoras del Sistema Nervioso Autónomo (SNA) y tiene varias funciones importantes, entre las que se incluye el control del apetito, los patrones de sueño, la regulación de la temperatura corporal, la conducta sexual y la respuesta a la ansiedad. Es la parte más antigua, filogenéticamente hablando, del sistema límbico. • Los ganglios basales: Es otra estructura relacionada con el sistema límbico, aunque no forma parte estrictamente de él. El núcleo caudado, el putamen y el globo pálido forman los ganglios basales y están implicados en el control del movimiento. Asocian los pensamientos y sensaciones con las acciones físicas permitiendo que el aprendizaje se automatice. • El Giro Cingulado: Cumple funciones determinantes del sistema límbico colaborando con la memoria emocional (reminiscencias primitivas con el dolor, el llanto y el olor). Se encuentra involucrado en la formación de emociones y el procesamiento de datos básicos referidos a la conducta, aprendizaje y memoria. Sus funciones principales están centradas en proporcionar una comunicación continua —es zona de paso y proceso continuo— desde el tálamo hasta el hipocampo. Uno de los descubrimientos anatómicos más interesantes relativos al funcionamiento del cerebro está relacionado con un tipo determinado de receptores de serotonina presentes en la corteza prefrontal —concretamente la zona ventromedial— y en la amígdala. Una de las funciones de la serotonina es la inhibición de ciertas conductas, como la agresión o el enfado. Cuando se bloquea la acción de la serotonina, se fomentan las conductas impulsivas y agresivas, mientras que si se potencia su acción dichas características se reducen. Se ha constatado que los primates que contienen un gran número de receptores de serotonina en el lóbulo frontal, en la amígdala y en zonas circundantes de la misma, muestran una conducta social más cooperativa y se ajustan a las necesidades

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del grupo. Este tipo de experimentos nos demuestran el gran nivel de conexión neuronal entre el neocórtex y los centros emocionales (como la amígdala), estableciendo la función de la corteza prefrontal de inhibir ciertos impulsos y regular nuestra conducta según las demandas del contexto y del grupo social al que pertenecemos (Damasio, A. R., 1994, pp. 97-98). La capacidad de equilibrar el cerebro emocional y el cerebro cognitivo se relaciona con el concepto de «inteligencia emocional». En muchas ocasiones, las personas justificamos el aguantar un mal matrimonio, una profesión que nos anula, relaciones sociales adictivas u otras situaciones aversivas. Este tipo de incoherencias son procesadas por el cerebro límbico y pueden relacionarse con alteraciones psicofisiológicas. Dichas alteraciones pueden llegar a manifestarse de una forma u otra en función de cómo perciba el individuo dicha situación. La clave por lo tanto está en encontrar el equilibro que nos permita ser asertivos y respetar nuestros estados emocionales y, a su vez, ser capaz de escuchar, desarrollar la empatía y adaptarnos a las necesidades de los demás.

3.3. Distancia emocional Como hemos visto, la amígdala guarda las experiencias más dolorosas y se activa rápidamente con solo apreciar cualquier similitud que tenga que ver con el trauma vivido en el pasado. Aún cuando la persona haya tomado conciencia de su reacción emocional y perciba dicha situación de otra manera, hay que seguir manteniéndose alerta frente a situaciones similares. La amígdala no olvida jamás; es la reguladora del miedo biológico y visceral, y en ella no es posible el razonamiento. La amígdala puede reactivar el estrés emocional que parecía superado si entra en contacto de nuevo con las situaciones — iguales o parecidas— que activaron la respuesta biológica de estrés. Tomar una distancia emocional con respecto al estímulo aversivo es algo que la persona suele desear cuando está bajo contextos estresantes. Sin embargo, aunque dicha distancia suele dar un margen de espacio-tiempo para gestionar las emociones implicadas de una manera más favorable, es importante tener en cuenta que una conducta evitativa, de por sí, no resuelve el problema. La auténtica finalidad es orientar a las personas para que aprendan a gestionar sus emociones frente a situaciones adversas y recuerdos dolorosos para que así dejen de serlo.

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Un cambio de percepción profundo implica una reestructuración neuronal que la persona tiene que reafirmar con su conducta, de tal modo que debe llevar a cabo acciones y comportamientos que estén en coherencia con esta nueva forma de percibir. Hay personas que, para desarrollar su asertividad y su coherencia, sienten que deben pasar previamente por un proceso de aislamiento. Nuestra experiencia nos sugiere que la necesidad de llevar a cabo este proceso es independiente de la gravedad de la situación conflictiva. Hay personas que pueden superar rápidamente experiencias muy traumáticas y exponerse de nuevo al entorno de estrés sin peligro alguno, mientras que otras personas no llegan a trascender situaciones conflictivas de menor intensidad.

Imagen 3. Representación gráfica del proceso de aislamiento o cuarentena.

Este proceso de aislamiento es conocido también como «cuarentena». Lo relevante de este proceso no es la distancia física, sino la distancia emocional. Sin embargo, en muchas ocasiones las personas son incapaces de mantener su coherencia en un entorno hostil o de estrés. En estos casos —y para facilitar dicha distancia emocional—, generalmente la persona siente que debe tomar una distancia física con respecto a dicho entorno para, finalmente, consolidar un estado de coherencia interior que pueda prolongarse en el tiempo, independientemente del entorno al cual se esté expuesto. La cuarentena

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no es una pauta sistemática aplicable a cualquier persona. En primer lugar, porque el bienestar no depende meramente de realizar un acto conductual y, en segundo lugar, porque cada persona tiene su propio proceso de transformación. La cuarentena es un proceso que la persona decide voluntaria y libremente, y sus características son particulares de cada uno. Este proceso lo podemos ver reflejado en aquellos casos de personas enfermas que deciden hacer un cambio radical y abandonar el ritmo estresante de su vida y, justamente, este cambio es el que permite que su cuerpo se recupere con mayor facilidad. En este sentido, un estudio realizado por Lawrence E. Williams y John A. Bargh de la universidad de Yale demuestra que la distancia física tiene efectos sobre el estado afectivo de las personas y sobre sus juicios y que, a su vez, la distancia emocional —influenciada por la distancia física— tiene efectos positivos sobre la salud de las personas. Williams y Bargh examinaron el poder de las señales de distancia física para moderar las experiencias emocionales de las personas y afirman que “la distancia física y el afecto están inextricablemente relacionados, porque el principio de «distancia es igual a seguridad» está profundamente arraigado dentro la composición biológica de los seres humanos” y que “probablemente, lo más sorprendente es que el condicionamiento de la variable «distancia física» a través de un método tan discreto —haciendo referencia a un sistema plano de coordenadas cartesianas— reduce la fuerza reportada sobre los vínculos emocionales que las personas sienten respecto de su familia y su ciudad natal”. Concluyen el estudio revelando “la importancia fundamental de las señales de distancia en el entorno físico para modelar los juicios de las personas y de sus experiencias afectivas” (Williams y Bargh, 2008, pp. 302-308). Por su parte, Edward B. Blanchard en su artículo «Estudios de la traumatización vicaria de estudiantes universitarios por los ataques del 11 de septiembre: efectos de proximidad, exposición y conexión» afirma que “se demuestran niveles más elevados de Desordenes del Espectro Autista (ASD) y de Desórdenes de Estrés Post-Traumático (PTSD) a mayor proximidad geográfica de la Ciudad de Nueva York” (Blanchard, E.B., Kuhn, E., et al. 2004, pp.191-205). También encontramos otras referencias relacionadas con la cuarentena en el ámbito de la Medicina Tradicional China, como es la técnica Qigong que se practica en el Hospital Huaxia Zhineng Qigong desde 1988. Las estadísticas de esta clínica muestran una tasa de éxito del 95% en un estudio realizado durante 5 años, tal y como se nombra en el artículo de Ernesto Bonilla «Conexión mente-cuerpo, fenómenos parapsicológicos y curación espiritual» de la Facultad de Medicina del Instituto de Investigaciones Clínicas Dr.

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Américo Negrette de la Universidad de Zulia en Venezuela (Bonilla, E. 2010, pp.209-238). Alan Johnson, autor, médico y profesor de la terapia médica del Qigong y considerado la autoridad líder de EEUU tanto en China como en Occidente, explica que cuando los pacientes entran en el hospital, se les asigna un grupo de soporte conformado por pacientes que están en el mismo proceso de enfermedad y prohíben durante 6 semanas los visitantes, las llamadas, las cartas, la televisión y la prensa, con la finalidad de que el entorno emocional anterior no pueda afectar negativamente el proceso de curación del paciente (Johnson, A. J., 2005). Uno de los aspectos más importantes para cumplir con nuestro desarrollo psíquico y espiritual, y que guarda relación con el concepto de cuarentena, es el «proceso de individuación», proceso definido desde la psicología analítica de Carl Gustav Jung. Este proceso se refiere a realizarse como individuo y a llegar a ser uno mismo. En nuestra infancia se nos educa en entornos en los cuales la disciplina y la obediencia son fundamentales para la supervivencia dentro de un sistema familiar. Todo esto debe cambiar al ser adultos y se deja esta dependencia para encontrar la propia madurez y la gestión responsable. No poder avanzar en esta dirección influye en muchos de los conflictos de la edad adulta. Una de las dificultades más importantes se da cuando en nuestro sistema familiar no encontramos la solución a nuestros conflictos. En muchas ocasiones, esto es debido a que muchos de ellos se originan en este mismo sistema. Algunos progenitores educan a sus hijos para que sean libres emocionalmente y sean adultos responsables de sus vidas. Estos padres no piden nada a cambio de todo lo que han decidido ofrecerles en su proceso de acompañarles hacia la madurez y comprenden que la libertad emocional es el mejor regalo que pueden ofrecer. El problema viene cuando, en otros casos, nos vemos sometidos a un sistema de lealtades que nos impide encontrar nuestra propia libertad emocional y hace que nos sintamos unidos a nuestra familia desde la culpabilidad o la dependencia. Es en este punto cuando el individuo no consigue separar su «yo» de su «yo familiar» y, debido a ello, no llega nunca a su edad adulta. Hay personas que pueden proyectar culpabilidad sobre nosotros porque estamos cambiando y eso les hace sentir incómodos. Se produce entonces la paradoja de sentir que nuestra libertad hace daño a los demás.

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Es por eso que, en algunas ocasiones, las personas toman conciencia de ello y sienten que necesitan un proceso, ya sea físico o mental, en el que puedan diferenciarse durante un tiempo de su sistema familiar. La cuarentena, por lo tanto, no consiste en realizar un acto de separación desde el resentimiento; hacerlo sería llevar el problema encima, por muy lejos que nos fuéramos. Consiste en un acto de reemprender el camino hacia la edad adulta y encontrarse con aquellas partes de uno mismo que necesitamos integrar. No se trata de aislarse y estar solo, sino de permanecer un tiempo tomando nuestras propias decisiones sin estar condicionados por nadie. Este proceso, lejos de ser perjudicial para el sistema, es una circunstancia que permite favorecer su desarrollo. La libertad para uno de los miembros del clan es una oportunidad maravillosa para que otros sigan su ejemplo. Las relaciones no deben estar basadas en la necesidad o la culpabilidad, sino en la decisión libre de compartir el tiempo con una persona. La decisión de estar con nuestra familia debe cambiar de ser un deber a ser un decisión voluntaria y personal del individuo. Una vez lo hayamos conseguido, podemos estar en el mismo entorno sin que nos afecte.

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3.4. Especialización hemisférica

“Muchos de nosotros decimos que nuestra cabeza (el hemisferio izquierdo) nos dice que hagamos una cosa mientras el corazón (el hemisferio derecho) nos dice que hagamos exactamente lo contrario. Algunos distinguimos entre lo que pensamos (hemisferio izquierdo) y lo que sentimos (hemisferio derecho). Otros hablan de la mente consciente (hemisferio izquierdo) frente a la consciencia instintiva de nuestro cuerpo (hemisferio derecho). Algunos hablan de la pequeña mente del ego (hemisferio izquierdo) frente a la mente capital del ego (hemisferio derecho), o de nuestro pequeño yo (hemisferio izquierdo) frente nuestro yo interior o auténtico (hemisferio derecho). Algunos distinguen entre nuestra mente de trabajo (hemisferio izquierdo) y nuestra mente de vacaciones (hemisferio derecho), y otros hablan de su mente investigadora (hemisferio izquierdo) y su mente diplomática (hemisferio derecho). Y, por supuesto, está nuestra mente masculina (hemisferio izquierdo) enfrentada a la mente femenina (hemisferio derecho) y nuestra conciencia yang (hemisferio izquierdo) contrarrestada por nuestra conciencia yin (hemisferio derecho). Y si el lector es un fan de Carl Jung, ahí tiene nuestra mente sensata (hemisferio izquierdo) frente a nuestra mente intuitiva (hemisferio derecho).” (Taylor, J.B., 2009, p. 207).

En 1780, Meinard Simon Du Pui fue la primera persona que afirmó que el ser humano era Homo dúplex, término que utilizaba para referirse al hecho de que todos tenemos un cerebro doble con una mente doble, donde cada hemisferio tiene su propia mente. Se han realizado multitud de experimentos donde se lleva a cabo una comisurotomía —un corte del tejido que conforma el cuerpo calloso del cerebro—, condición en la cual los hemisferios quedan completamente desconectados, que demuestran que los hemisferios cerebrales pueden funcionar de forma independiente y desconectados entre ellos. Roger W. Sperry, durante su discurso del Premio Nobel de Medicina en 1981 afirmó lo siguiente:

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“En las condiciones de comisurotomía donde los factores de base estaban igualados y donde fueron posibles las comparaciones en el mismo sujeto trabajando sobre el mismo problema, hasta las pequeñas diferencias laterales adquirían importancia. Se podía observar que el mismo individuo empleaba consistentemente una u otra de las dos formas distintas de enfoque y estrategia mental, como si fuera dos personas diferentes, según usara el hemisferio izquierdo o el derecho.” (Taylor, J.B., 2009, p.48).

Este tipo de experimentos han permitido al ámbito de la Neurología concluir que los hemisferios funcionan de forma diferente cuando están conectados entre ellos a cuando no lo están, pero en cualquiera de las dos situaciones pueden seguir funcionando. La neuróloga Jill Bolte Taylor lo explica de la siguiente manera:

“Si están conectados con normalidad, los dos hemisferios se complementan y realzan mutuamente sus capacidades. Cuando están separados quirúrgicamente, los dos hemisferios funcionan como dos cerebros independientes con personalidades propias, lo que se suele describir como el fenómeno del Dr. Jekyll y Mr. Hide” (Taylor, J. B., 2009, p. 48).

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Imagen 4. Representación gráfica de las diferencias entre hemisferios. Las investigaciones del neurocientífico Roger W. Sperry establecieron la «especialización hemisférica», asignando a cada hemisferio una mayor eficiencia en la ejecución de determinadas funciones. No debemos perder de vista que nuestra conducta se debe al trabajo conjunto de ambos. Sin embargo, cada hemisferio cerebral tiene sus particularidades neuroanatómicas y neurofisiológicas y, en consecuencia, una asimetría que lleva a la especialización (Vázquez, M., & Francica, P., 2018). Debido a que cada hemisferio procesa la información de forma diferente, cada hemisferio también piensa de forma diferente, en cosas diferentes, se preocupa de cosas distintas y representan, finalmente, distintas personalidades. Son muchos los autores que han categorizado los distintos modos de pensamiento. Gregory Bateson, por ejemplo, hablaba del pensamiento analógico (no verbal) y digital (verbal); el neuropsicólogo Kurt Goldstein consideraba uno de los aspectos más importantes de la psicología humana el cambio del pensamiento concreto al pensamiento abstracto; el neuropsicólogo Alexander Luria estipulaba dos categorías de procesamiento cognitivo: el procesamiento sucesivo y el procesamiento simultáneo. Estos autores y muchos otros han asignado diferentes nombres para referirse al mismo fenómeno de la especialización hemisférica. El médico Roberto Kertész hizo en 2010 una recopilación de las particularidades del hemisferio derecho e izquierdo, establecidas por distintos autores que fue publicada en la Revista de Análisis Transaccional y Psicología Humanista. Es la siguiente (extraído de Vázquez, M., & Francica, P., 2018, p. 83): Tema 12: Neurología | Postgrado en Bioneuroemoción ®

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3.4.1. Hemisferio derecho

“Hablamos demasiado, deberíamos hablar menos y dibujar más.” (Adolf Huxley, sobre Goethe, en Las puertas de la percepción).

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El hemisferio derecho procesa la información de forma paralela, es decir gestiona múltiples estímulos simultáneamente. Se preocupa principalmente por el momento actual, por lo que ocurre justo en el aquí y el ahora. Nuestro hemisferio derecho piensa en imágenes y aprende cinestésicamente a través del movimiento de nuestro cuerpo. La información en forma de energía es captada simultáneamente a través de nuestros sentidos y es reunida para representar la experiencia completa del momento presente. Así, con este hemisferio se asocia la percepción de las formas, la visión de conjunto, la orientación espacial, las formas de expresión arcaicas, la música, el olfato, la expresión gráfica, el pensamiento analógico, el simbolismo, la intemporalidad y el holismo. Desde la Medicina tradicional china, el hemisferio derecho se vincula con el «Ying», la polaridad o principio femenino. Desde la psicología analítica de Jung, corresponde al «ánima», es decir, a la representación inconsciente de los rasgos genéricos compartidos sobre el sexo femenino acumulados tras miles de generaciones. Tal y como se ha comentado en temas anteriores, esta polaridad —y por lo tanto también este hemisferio—está relacionada con la receptividad, la entrega, la ternura, la empatía, la intuición, la fecundidad y el establecimiento de vínculos afectivos. La conciencia de unidad está vinculada a la esencia del hemisferio derecho. Su capacidad para concentrarse únicamente en el momento presente —sin tener en cuenta las preocupaciones del pasado o del futuro— nos permite prestar atención a la conexión que hay entre todas las cosas y la forma en que se unen todas ellas para formar la totalidad del universo. Como no dispone del pasado para establecer comparaciones, percibe a todos los seres humanos como iguales, como si de una gran familia se tratara. Al no tener ningún marco de referencia anterior, tampoco puede emitir juicios ni realizar expectativas sobre lo que está ocurriendo; simplemente se dedica a experimentar lo que está ocurriendo. La dificultad del hemisferio derecho de percibir los contornos y los límites de los objetos se relaciona con la capacidad de fijarse en cómo se conectan unas cosas con las otras, es decir, más allá de la realidad limitada percibida, centra su actividad en el aspecto de continuidad de la misma. Habilidades del acompañamiento relacionadas con este hemisferio: • El hemisferio derecho, al no disponer de los centros del lenguaje y basar su pensamiento en imágenes, es el que realmente nos permite ejercitar una de las habilida-

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des más importantes dentro de una sesión de Bioneuroemoción, como es la calibración del lenguaje no verbal. El desarrollo de la personalidad de este hemisferio nos facilitará prestar atención a los cambios en la microconducta para detectar de forma más precisa las variaciones en el estado emocional de la persona con quien nos estemos comunicando. Cualquier elemento relativo al lenguaje no verbal —la postura del cuerpo, el ritmo de la respiración o las expresiones faciales— es identificado por nuestro hemisferio derecho para otorgarle un significado. Tal y como nos lo explica Jill Taylor:

“Nuestro hemisferio derecho mira la imagen total de la comunicación y valora la congruencia de la expresión general. Cualquier inconsistencia entre la postura del cuerpo, la expresión facial, el tono de voz y el mensaje que nos están comunicando puede indicar una anomalía neurológica en la manera de expresarse, o bien puede ser un signo revelador de que la persona no está diciendo la verdad. Con frecuencia, las personas con una lesión en el hemisferio izquierdo son incapaces de crear lenguaje o comprenderlo; sin embargo, muchas veces son verdaderos genios a la hora de determinar si alguien está diciendo la verdad.” (Taylor, J. B., 2009, p. 56).

• Otra de las habilidades importantes durante una sesión de Bioneuroemoción que podemos llevar a cabo gracias a la acción principal del hemisferio derecho es el rapport. El establecimiento del rapport es lo que nos permite que una comunicación interpersonal sea fluida y natural, adecuando nuestro ritmo y tonalidad de voz y escuchando con la máxima atención al discurso de la otra persona. El mensaje implícito que transmite este tipo de sintonía —tú y yo somos iguales— se deriva de la conciencia propia del hemisferio derecho. • La «atención flotante» es otra de las habilidades propias de este hemisferio, ya que este tipo de atención requiere de la supresión momentánea de los prejuicios, inclinaciones personales y supuestos teóricos que normalmente nos acompañan cons

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tantemente. Ejercitar las características de este hemisferio, por lo tanto, también nos permitirá dejar nuestra atención en suspenso para que se produzca el encuentro con la información realmente significativa. 3.4.2. Hemisferio izquierdo

“La incapacidad de la ciencia para el pensamiento analógico la obliga a volver a estudiar todas las leyes en cada uno de los planos. Y la ciencia estudia, por ejemplo, la polaridad en la electricidad, en la investigación atómica, en el estudio de los ácidos y los álcalis, en los hemisferios cerebrales y en mil campos más, cada vez desde el principio y con independencia de los otros campos. La analogía desplaza el punto de vista noventa grados y pone las formas más diversas en una relación analógica al descubrir en todas ellas el mismo principio original. Y por ello, el polo positivo de la electricidad, el lóbulo izquierdo del cerebro, los ácidos, el sol, el fuego, el Yang chino, etc., resultan tener algo en común a pesar de que entre ellos no se ha establecido relación causal alguna. La afinidad analógica se deriva del principio original común a todas las formas especificadas, que en nuestro ejemplo podríamos llamar también el principio masculino o de la actividad.” (Thorwald, D., & Rüdiger, D., 1990, p. 26).

En contraposición al hemisferio derecho, el hemisferio izquierdo procesa la información secuencialmente. El pensamiento que se deriva de su actividad es lineal y metódico. Su preocupación principal se centra en el pasado y el futuro. Está diseñado para sintetizar y organizar toda la información que procede del momento presente, asociarla con la información acumulada en el pasado y proyectar en el futuro todas las posibilidades que estén a nuestro alcance. Así, como el hemisferio derecho piensa en imágenes, el hemisferio izquierdo piensa en palabras y usa el lenguaje. El hemisferio derecho es el responsable de crear nuevas ideas, pero es el hemisferio izquierdo el que las materializa y ejecuta. Con este hemisferio se asocia el lenguaje verbal, la lógica, el razonamiento, las matemáticas, el pensamiento analítico, la abstracción, la iniciativa, la voluntad y la noción de temporalidad secuencial y de precisión.

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Desde la Medicina tradicional china, el hemisferio izquierdo se vincula con el «Yang», la polaridad o principio masculino. Desde la psicología analítica de Jung, corresponde al «ánimus», es decir, a la representación inconsciente de los rasgos genéricos del sexo masculino que se han ido acumulando a lo largo de los años. Recordemos que esta polaridad está relacionada con la acción, el movimiento, la penetración y la exploración del mundo. Este principio también se relaciona con otras características como la autoridad, la firmeza o el establecimiento de límites. La conciencia dual también está asociada a las particularidades del hemisferio izquierdo, ya que la mentalidad que se deriva del mismo está empeñada en diferenciarse como individuo dentro de nuestro entorno social y trabaja para ser diferente a los demás, destacar y estar por encima. El hemisferio izquierdo actúa con frialdad y permite que exterioricemos la fuerza necesaria para superar los obstáculos de la vida. Es una energía muy apropiada para afrontar la competencia del mundo de los negocios o del deporte, por ejemplo. Su capacidad para prestar atención a las demarcaciones y las fronteras que separan los diferentes elementos del mundo es la misma capacidad que nos permite ser conscientes internamente de quiénes somos y de forjar nuestra identidad (nuestro nombre, apellidos, edad, lugar de residencia, gustos y deseos personales, etc.), evitando correr el riesgo de olvidarse de uno mismo y desvanecerse en las necesidades de los demás. Habilidades del acompañamiento relacionadas con este hemisferio: • Tal y como hemos comentado, la capacidad de «abstracción» es una característica esencial del hemisferio izquierdo. Esto implica la capacidad de comparar dos elementos y prestar atención a sus similitudes y sus diferencias, la capacidad de relacionar datos e identificar patrones. Así es como nos lo explica Jill Taylor: “Una de las características más prominentes de nuestro cerebro izquierdo es su capacidad para hilar historias. Esta parte cuentacuentos del centro del lenguaje de nuestra mente izquierda está específicamente diseñada para entender el mundo exterior, basándose en mínimas cantidades de información. Funciona tomando los detalles que tenga para trabajar, y después los teje en forma de una historia” (Taylor, J. B., 2009, p. 221). Por esta razón, la capacidad de encontrar el hilo conductor o hilo de Ariadna entre distintas situaciones de dificultad y visualizar la información que está «por encima» de ellas, deviene de la actividad de nuestro hemisferio izquierdo.

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• Como este hemisferio está vinculado al lenguaje y a la capacidad de prestar atención a la estructura de una frase, a su semántica y a la secuencia lógica de una conversación determinada, la calibración del lenguaje verbal y la identificación de las incongruencias en el lenguaje —como pueden ser los lapsus linguae, el hecho de responder a una pregunta muy concreta con algo que no tiene que ver o detectar si se está evitando una temática determinada— también son habilidades relacionadas principalmente con el hemisferio izquierdo. • A su vez, el hemisferio izquierdo tiende a prestar atención al discurso de otra persona sin establecer ninguna variación, es decir, sin añadir ni quitar nada y basándose al pie de la letra en todo momento. Por lo tanto, el hemisferio izquierdo nos permite no empatizar con la persona que tenemos enfrente, no asociar su historia personal con la nuestra y mantenernos en una posición objetiva al margen en todo momento 3.5. Equilibrio interhemisférico.

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Imagen 5. Ilustración sobre el equilibrio entre hemisferios cerebrales. Aunque hemos presentado cada hemisferio por separado, la realidad es que el cerebro funciona como un todo. Prácticamente todas las funciones cognitivas implican la participación de cerebro entero. Si pensamos más detenidamente en cualquier actividad que realizamos, veremos que es necesario que los dos hemisferios trabajen de forma conjunta constantemente. Por ejemplo, se nos puede ocurrir una idea brillante (hemisferio derecho), pero necesitaremos articular palabras y hacer uso del lenguaje para poderla comunicar (hemisferio izquierdo); podemos tener el propósito de elaborar una pieza artística (hemisferio derecho), pero para hacerlo necesitaremos usar instrumentos en un orden determinado y siguiendo un proceso (hemisferio izquierdo); podemos transmitir emoción al público a través del baile o la música (hemisferio derecho), pero para ello es necesario seguir una secuencia de movimientos o de notas (hemisferio izquierdo). Los hemisferios cerebrales trabajan al unísono constantemente. Esta interrelación hace que las diferencias hemisféricas “no son tan claramente demostrables en el cerebro adulto, ya que los sistemas de conexión (cuerpo calloso y comisuras) funcionan adecuadamente y la toma de decisiones final es rápida y coordinada entre los dos hemisferios” (Vázquez, M., & Francica, P., 2018, p. 82). En el material multimedia de este tema disponéis de un fragmento de una sesión de Bioneuroemoción en el que se representa muy claramente cómo el trabajo conjunto de ambos hemisferios permite prestar atención a un momento clave de la comunicación para identificar la historia oculta que se relaciona con el motivo de consulta del cliente. Inicialmente, la pista para empezar la indagación surge tras una incongruencia en el lenguaje verbal; el acompañante le pregunta por un dato y el cliente le responde con otro que no tiene sentido dentro del proceso comunicativo. A continuación, el Acompañante, al insistir en el motivo por el que ha ocurrido dicho lapsus linguae, se da cuenta por la microconducta del cliente (gesticulación de la cara, color de la piel, ojos mojados…) que ha llegado a un punto significativo. Aún habiendo otorgado unas cualidades a cada hemisferio cerebral, desde una perspectiva anatómica esto no puede constatarse rigurosamente. En realidad, querer ubicar unas cualidades en una zona concreta de nuestro cerebro es una cuestión secundaria. La tendencia generalizada del pensamiento categórico nos lleva a querer ubicar las diferen-

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tes funciones cognitivas en determinadas partes del cerebro y nos olvidamos de pensar en las funciones cognitivas como procesos más que como constructos localizados. Lo más importante es saber reconocer que hay un modo de pensar, de ver y de razonar propio de cada hemisferio. La Neurociencia parte de la base de que, cuando un paciente muestra daño cerebral en una zona específica y es incapaz de realizar una función determinada, dicha zona cerebral es la que principalmente se encarga de desempeñar dicha función. Este razonamiento es correcto, aunque pensar que esa función o facultad está únicamente localizada en esa zona es muy distinto. Utilizando la misma metáfora que Heinz von Foerster, si tenemos un coche que no arranca y encontramos que un objeto obstruía el paso de gasolina hacia el motor, podemos deducir que ese punto es importante en la ejecución del movimiento por parte del coche, pero no podremos decir que en el depósito de gasolina es donde se ubica la capacidad de moverse (Segal, L., 1994, pp. 63-64). Parte de la capacidad sí depende de esa zona, pero no la capacidad en su conjunto. Lo mismo ocurre con el cerebro y sus funciones. En Neurociencia, existe un concepto que se conoce como «degeneración». Este concepto hace referencia a la capacidad que tiene el cerebro de producir la misma experiencia mediante diferentes combinaciones de circuitos cerebrales. La doctora Lisa Feldman, por ejemplo, ha liderado distintos experimentos para observar este fenómeno que consistían en ir presentando fotografías que evocan miedo y aumentan el nivel de activación o arousal. Se realizaba un escáner cerebral a los voluntarios del experimento y se les preguntaba cuánto nivel de activación habían sentido. Al respecto, la doctora Feldman menciona lo siguiente:

“Hombres y mujeres comunicaron sensaciones equivalentes de arousal, y unos y otras presentaron un aumento de la actividad en dos áreas cerebrales: la ínsula anterior y la corteza visual primaria. Sin embargo, las sensaciones de arousal de las mujeres estaban más asociadas a la ínsula anterior, y las de los hombres estaban más asociadas a la corteza visual. Esto indica que la misma experiencia —sensación de arousal—, estaba asociada a pautas diferentes de actividad neural” (Barrett, L. F., 2018, p. 48-49).

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Existen múltiples experimentos similares al anterior que permiten concluir que el cerebro tiene múltiples formas de generar una emoción o de llevar a cabo una función cognitiva, y que ni las emociones ni las funciones cognitivas pueden localizarse estrictamente en una zona determinada. Por lo tanto, independientemente de si las características de un hemisferio cerebral se encuentran efectivamente en esa lateralidad, lo interesante es comprender que existen dos personalidades en cada uno de nosotros: la del hemisferio derecho y la del hemisferio izquierdo. Hay personas que suelen mostrarse rígidas e inflexibles en sus opiniones e ideas, no son capaces de cuestionar sus creencias y eso les lleva a permanecer en una actitud de autoridad constante (hemisferio izquierdo en extremo). Otras, en cambio, son incapaces de establecer una dirección clara en su vida, divagan mentalmente de forma constante y se olvidan de sus responsabilidades (hemisferio derecho en extremo). Si somos capaces de equilibrar nuestras dos personalidades, estableceremos una estructura en nuestra psique lo suficientemente robusta para mantenernos firmes en nuestro camino, y lo suficientemente flexible para confiar que la vida nos traerá lo mejor para nosotros en cada momento. Es importante comprender que desarrollar las aptitudes de cada uno de nuestros hemisferios es, a su vez, desarrollar nuestras polaridades masculina y femenina. Encontrarnos con estas polaridades básicas y ponerlas en práctica influirá de forma positiva y constructiva en nuestras relaciones interpersonales. Para completar el contenido presentado en este tema sobre los hemisferios cerebrales, os recomendamos la lectura de la neuróloga Jill Bolte Taylor «Un ataque de lucidez».

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4.ADICCIONES

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4. ADICCIONES

Imagen 6. Representación gráfica de la adicción a la tecnología.

4.1. El patrón cerebral de las adicciones A menudo, podemos vernos repitiendo comportamientos sin saber exactamente por qué lo estamos haciendo. Ya sea fumar, trabajar en exceso, comer compulsivamente, mantener una relación tormentosa o mirar el móvil cada dos minutos. Existe una gran variedad de formas de actuar, cuya motivación muchas veces no es evidente ni mucho menos consciente.

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Como es habitual, la causa de la adicción normalmente se achaca a una causa externa, en este caso las diferentes sustancias adictivas como los opiáceos, la nicotina o el alcohol. Sin embargo, la reacción que estas sustancias generan en nuestro cuerpo no es otra cosa que la estimulación de diferentes neurotransmisores asociados con el placer, como la dopamina, la serotonina o las endorfinas. Tenemos la capacidad de generar estos neurotransmisores de forma natural, sin embargo, las personas adictas buscan sobreestimular estos centros neurológicos a través de sustancias o acciones que acaban transformándose en compulsiones. El profesor de Psicología Bruce Alexander ha estudiado las adicciones durante décadas, llegando a unos resultados revolucionarios que contradicen todo lo que popularmente se pensaba sobre las drogas adictivas. Veamos uno de sus experimentos: Estudió a una rata encerrada en una jaula con dos recipientes de los que podía beber: uno de agua potable y otro de agua con heroína. En este ambiente la rata consumía el agua adulterada con la droga hasta tener una sobredosis y morir. Sin embargo, para poder validar este experimento, se planteó llevar a cabo el mismo estudio con un grupo mayor de ratas, hembras y machos, que convivían en lo que podría llamarse un «parque de atracciones» para ratas. Curiosamente, en este ambiente, en el que podrían jugar, relacionarse entre ellas y reproducirse, solamente bebían agua potable, y ninguna consumió agua con heroína. En siguientes estudios intentó probar esta misma influencia del ambiente en seres humanos. En este caso se estudió a los militares que volvían de la conocida y cruenta guerra de Vietnam. En aquel ambiente bélico, el 20% de los soldados del ejército norteamericano consumían recurrentemente heroína. Según la teoría clásica sobre adicciones, se suponía que, al volver a sus casas, ya habrían desarrollado la adicción y proseguirían con estos hábitos nocivos. La sorpresa fue descubrir que el 95% dejó de consumir heroína una vez había cambiado el ambiente en el que vivían. De igual forma, las personas que son tratadas después de una operación con diamorfina —una droga más potente aún que la heroína—, no desarrollan adicciones una vez son dadas de alta, ya que regresan a un ambiente emocional del que no tienen la necesidad de evadirse. Existen muchos más estudios y meta-análisis que refrendan esta hipótesis.

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Como vemos, en última instancia no es la droga en sí la causante de la adicción, sino la dependencia del estado conseguido a través de la misma. Por ello podemos afirmar que el ambiente emocional es un factor determinante en el desarrollo de adicciones. Las adicciones sirven a las personas para evadirse de una situación o ambiente conflictivo que no saben afrontar por no tener las herramientas o capacidades necesarias. Del mismo modo, podemos considerar que existen también adicciones o dependencias emocionales, mediante las cuales una persona se hace dependiente de alguien externo, que sirve —al igual que el resto de adicciones— de paliativo para su propio malestar, resolviendo esta tercera persona aquello que el individuo no sabe solucionar por sí mismo. El consumo de drogas o los comportamientos adictivos sirven de evasión frente al ambiente en el que estamos viviendo. Cuando nos desconectamos de nuestro entorno, por no saber gestionarlo emocionalmente, surgen las adicciones como una nueva forma de conexión, en este caso con una sustancia o comportamiento determinado con el que establecemos una relación de dependencia. Cuando somos capaces de interpretar y reaccionar de una forma más adaptativa frente a nuestro entorno, las adicciones dejan de tener sentido. Mediante este cambio de percepción y el desarrollo de aquellas habilidades que permiten al individuo desenvolverse con una mayor madurez emocional, modifica su forma de percibir su realidad; y puede elegir, esta vez sin condicionamientos, una forma más saludable de relacionarse con sí mismo y con el mundo. Existen también cada vez más pruebas de que técnicas como el Mindfulness, la meditación o el autoconocimiento pueden ayudar a superar la adicción, incluso con un mayor índice de recuperación que los programas de 12 pasos de Alcohólicos Anónimos. Judson Brewer y otros científicos ya han demostrado que la meditación, entre otros efectos en el cerebro, produce la templanza necesaria en la corteza cingulada posterior para poder modificar el comportamiento compulsivo de forma consciente. Uno de los aspectos en los que hace énfasis el Mindfulnes es aceptar y atender al sentimiento de ansia sin ser reactivo, intentando descubrir el sentido de esa sensación para poder transformarla.

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4.2. Ambiente emocional adictivo: factores de recaída

“Cualquier realidad que reporte una recompensa excesiva, cualquier elemento de efectos euforizantes o calmantes, puede crear adicción. Que llegue o no a crearla depende de la vulnerabilidad de la persona, influida por la genética, los traumas y la depresión, entre otros factores. No todos desarrollamos adicciones.” (John Grant, Director de la Clínica de Trastornos Adicitvos, Compulsivos e Impulsivos de la Universidad de Chicago).

Está ampliamente demostrada la vinculación de las adicciones con ciertos factores psicológicos de las personas que las sufren. No debemos olvidar que una adicción suele ser, como vimos en el punto anterior, una vía de escape a la que recurrir para evadirse de un ambiente estresante. Es muy habitual observar casos de adolescentes que han crecido en un entorno familiar sobreprotegido y, al tener que enfrentar las dificultades de la vida, caen fácilmente en la frustración y encuentran en las drogas un camino fácil para «escaparse». Aunque la aparición de las adicciones y las recaídas son multifactoriales, existen los siguientes factores de riesgo que inciden en el comportamiento adictivo (Gázquez, 2009; Hawkins, Catalano y Miller, 1992):

• Factores macrosociales. Se refiere a los factores del entorno social que repercuten en la exposición a los estímulos relacionados con la conducta adictiva. Frente a los mismos estímulos del entorno o similares, la respuesta del inconsciente es la misma, lo que produce los mismos resultados a nivel psicológico y conductual. Para reconducir esta reacción inconsciente, a veces es necesario que la persona tome cierta distancia emocional con respecto aquellos elementos que inconscientemente están asociados al ambiente emocional del que se pretende «huir» mediante la adición. Una vez que se han establecido las nuevas conexiones cerebrales, el individuo puede Tema 12: Neurología | Postgrado en Bioneuroemoción ®

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verse expuesto a los estímulos que antes desencadenaban su adicción sin que estos estimulen ni refuercen los mismos circuitos de recompensa. • Factores microsociales. Hacen referencia a los factores relacionales (familia, amigos, escuela, trabajo,…). El ambiente familiar y las lealtades familiares juegan un papel fundamental en el desarrollo de las adicciones, ya que estructuran y afianzan una relación determinada con el entorno, heredada de nuestra familia y cultura. El ambiente emocional que se experimenta en casa durante los primeros años de vida da forma a la personalidad que posteriormente se ve reflejada en distintas situaciones cotidianas tales como los comportamientos adictivos. La fidelidad familiar, en ocasiones impide a la persona reconstruirse con nuevas creencias y valores. Del mismo modo, la relación de pareja mantenida entre los padres conforma un patrón relacional que la persona probablemente repita —por parentesco u oposición— en sus propias relaciones de pareja, siendo un referente a tener en cuenta en la resolución de conflictos interpersonales. Las personas con adicciones, por norma general, viven en ambientes emocionales donde hay un exceso o un defecto exagerado de protección materna o paterna. Normalmente son familias en las que se encuentra una madre muy presente, y un padre muy ausente. • Factores individuales. Son factores personales que inciden en el comportamiento y la personalidad del individuo y que en gran parte se derivan de las dos categorías anteriores: edad, sexo, información, creencias, actitudes, inteligencia emocional, autoconcepto, autoestima, habilidades y competencias personales, asertividad y vulnerabilidad a la persuasión, entre muchos otros.

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4.3. Inteligencia emocional y adicciones

“La inteligencia emocional es una parte de la inteligencia social que incluye la capacidad de controlar nuestras emociones y las de los demás, discriminar entre ellas y usar dicha información para guiar nuestro pensamiento y nuestros comportamientos.” (Salvador, C., 2008).

La inteligencia es uno de los factores individuales más relacionados desde la Psicología con la aparición de comportamientos adictivos. Galton (1885) consideraba la inteligencia como aquellas habilidades adquiridas como resultado de la actividad cognitiva que se ve reducida en el cerebro de las personas con adicciones. Binet (1903) se refiere a la inteligencia como una capacidad de adaptación a nuevas situaciones. Para Wechsler (1958) la inteligencia se deriva del pensamiento racional que permite al individuo actuar de forma intencional y poder relacionarse con su entorno eficazmente. Anteriormente, en 1920, Thorndike había definido la inteligencia social como la capacidad de actuar de forma asertiva en nuestras relaciones interpersonales. Más adelante, en 1983, Gardner formuló la teoría de las inteligencias múltiples, introduciendo dos nuevos términos sobre del procesamiento de la información afectiva: la inteligencia interpersonal y la inteligencia intrapersonal. Diversos estudios publicados recientemente indican que el fomento de la inteligencia emocional puede servir como prevención y reeducación en el desarrollo de comportamientos adictivos y de los circuitos de recompensa que la desencadenan. En aquellos estudios donde se analizan las adicciones conductuales, en las que no están presentes ninguna sustancia, la inteligencia emocional también disminuye la tendencia a incidir en comportamientos adictivos. Independientemente de la sustancia o el comportamiento adictivo, la inteligencia emocional interviene de forma notable en el desarrollo y el mantenimiento de la adicción, Tema 12: Neurología | Postgrado en Bioneuroemoción ®

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ya que incide en aspectos psicosociales como la resiliencia, el autoconcepto, la autoestima, el apoyo social, las habilidades sociales o las actitudes, por lo que muchos autores recomiendan tenerla en cuenta en la prevención y el tratamiento de cualquier adicción. A su vez, existen múltiples evidencias científicas que relacionan la aparición del comportamiento adictivo con el estrés. El estrés es una variable que está presente y condiciona todas las etapas del proceso adictivo:

1. El estrés puede ser el causante del comienzo de la adicción (Iglesias, E. B., Tomás, M. C., et al., 2008).

2. Provoca la reincidencia del comportamiento adictivo, como consecuencia del estrés percibido en conflictos interrelacionales, falta de identidad y aislamiento (De la Villa Moral, M., & Suárez, C., 2016).

3. La evitación del estrés causa la cronificación del comportamiento adictivo (Calafat, A., Juan. M., Becoña, E., Fernández, C., Gil, E., Palmer, A. y Torres, M.A., 2000).

4. El estrés experimentado antes, durante o después de la época de abstinencia fomenta la recaída (Shane, P., Diamond, G. S., Lynn Mensinger, J., Shera, D., & Wintersteen, M. B., 2006).

5. Los comportamientos adictivos terminan desembocando en una situación de estrés relacionada con otros ámbitos de la vida, en los que repercute negativamente la adicción (Pedrero Pérez, E. J., Puerta-García, C., Segura-López, I., & Martínez-Osorio, S. M., 2004).

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4.4. Estrategias de afrontamiento al estrés:

“En cierto sentido, la adicción es una forma patológica de aprendizaje.” (Antonello Bonci, Neurólogo del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas).

Múltiples estudios indican que existen diferencias en el estilo de afrontamiento del estrés en las personas adictas en comparación con personas que no muestran adicciones. Aunque el estrés es un factor importante en el desarrollo de distintas adicciones, un factor más importante todavía es la forma en la que las personas afrontan dicho estrés. Las personas que muestran adicciones suelen tener estrategias de afrontamiento normalmente indirectas, evitativas, instintivas y antisociales, mientras que la población general tiene respuestas más activas y cautelosas relacionadas con el afrontamiento centrado en la tarea y en la búsqueda de apoyo social. La forma en la que las personas usan estas estrategias tiene una repercusión directa en la salud del individuo. Las personas con adicciones tienen un umbral muy bajo de tolerancia a la frustración y frente al estrés. Por lo tanto, se hace imprescindible la modificación de la afrontación del estrés, como prevención y tratamiento de comportamientos adictivos, fomentando, entre otras capacidades, la resolución de conflictos (tarea ejecutiva localizada mayoritariamente en el lóbulo frontal, que es justamente la zona del cerebro disminuida por cualquier adicción). Específicamente, aquella relativa a la toma de decisiones adaptativa, es decir, abierta a varias posibilidades y sin una solución cierta, cuyo beneficio no es siempre directamente perceptible por quien las realiza (Goldeberg, 2002).

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Existen las siguientes dimensiones funcionales de afrontamiento al estrés:

1. Afrontamiento orientado hacia la tarea. Dirigido a la modificación de la situación percibida como estresante, mediante la planificación y el análisis lógico. 2. Afrontamiento orientado a la emoción. Centrado en modificar la percepción de una situación de estrés determinada mediante la regulación de las emociones, el autocontrol o la búsqueda de apoyo social. 3. Afrontamiento de distracción. Dirigido hacia la evitación de la resolución del estrés, generalmente desembocando en comportamientos adictivos y otras estrategias psicológicas tales como la negación.

En definitiva, las adicciones se relacionan con una actitud evitativa frente a una situación de estrés determinada. El placer causado por el circuito cerebral de recompensa, que se activa mediante el comportamiento adictivo, sirve de paliativo ante malestar que causan ciertos conflictos. Hay estudios que demuestran que el comportamiento adictivo, en vez de reducir el estrés percibido de una situación, lo incrementa, ya que normalmente no cumplen las expectativas de resolver los problemas personales. Meichenbaum (1987) propone una modificación de la conducta que permita a la persona cambiar las reacciones emocionales inconscientes que le impiden hacer frente proactivamente a sus problemas, y de esta forma incidir sobre la personalidad adictiva que incita al individuo a llevar a cabo tales comportamientos. La Bioneuroemoción, teniendo en cuenta todo lo anterior, centra su trabajo en los casos de adicción sobre las herramientas emocionales y cognitivas que sirven para afrontar los conflictos ante los que aparece la adicción. Facilita a la persona la gestión de aquellas situaciones de estrés de las que se evade con la sustancia o comportamiento adictivo.

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5.MENTALIDAD ABIERTA VS MENTALIDAD CERRADA

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5. MENTALIDAD ABIERTA VS MENTALIDAD CERRADA

“No vayas por donde el camino te lleve, ve por donde no hay camino y deja un rastro.” (Ralph Waldo Emerson).

Los casos de adicción son un claro ejemplo de la necesidad de redefinir los filtros neurales de los que la persona dispone, mediante los cuales ha construido una identidad y realidad particular. Stephen Gilligan propone que esta construcción experiencial puede ser modificada mediante la conexión y el entrelazamiento entre nuestra mente consciente —«atrapada» en una realidad determinada— y nuestra mente inconsciente —que contiene una infinidad de realidades alternativas—, lo que permite el flujo de la creatividad y la transformación. Este proceso es lo que él mismo denomina «trance generativo». El trance generativo también comparte la teoría de que existe un primer nivel de realidad en el que la experiencia puede tomar infinidad de formas (nivel cuántico), sobre el que nuestra conciencia construye un segundo nivel que se caracteriza por la elección de una realidad particular. Cuando esta realidad particular, por sus características, resulta ser limitante y nos produce un estrés, es necesario «conectar» de nuevo con la información almacenada en el primer nivel (nivel cuántico o inconsciente creativo) para adquirir una visión alternativa de nuestra situación y de nuestra vida. Según Gilligan (2012), esta transformación es posible al “dejar de un lado el pensamiento racional y permitir que aquello que lo subyace prenda cuidadosamente en ti y te eleve, sintiendo así una extraordinaria libertad” (p. 38). A continuación se presenta una tabla que resume las características de estos dos niveles de conciencia, el cuántico y el clásico (Gilligan, S., 2012, p. 48):

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Bajo esta perspectiva, podemos encontrarnos en dos estados mentales totalmente diferenciados: • Flujo creativo. Cuando la persona se encuentra en este estado mental, se siente con vitalidad, con fluidez y con buen ánimo. Muchas personas describen este estado de tal manera que la vida parece que suceda a través de uno mismo, sintiendo en todo momento una conexión profunda y caracterizándose especialmente por poseer una hábil intuición. En este estado, la mente consciente es capaz de conectar con otras posibilidades albergadas en el inconsciente. • Bloqueo neuromuscular. El bloqueo neuromuscular, en cambio, se caracteriza por la rigidez en un esquema de pensamiento. Es a lo que Gilligan se refiere como un «mapa mental establecido» que genera una tensión en el cuerpo. En estas condiciones, la persona revive las mismas situaciones una y otra vez, es incapaz de cuestionarse su realidad y contemplar otras posibilidades alternativas, “creyendo que su mapa constituye la totalidad del territorio” (Gilligan, S., 2012, p. 55).

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“Podemos considerar la figura de un gran artista, un líder político, un ejecutivo o un gran sanador. Todos estos individuos necesitan habilidades propias de la mente consciente que consisten en plantearse un propósito, diseñar un plan general para alcanzarlo y estar receptivos a lo que suceda en cada momento para modificar lo planificado. Pero también necesitan conectar con la intuición creativa, unida a la sabiduría y a la inteligencia más allá del contexto local. Conectar ambos mundos los sitúa en un estado de flujo creativo en cambio constante.” (Gilligan, S. 2012, p. 54)

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6. REFERENCIAS BIBLIOGÁFICAS

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