Romance de Los Tres Reinos 08 - Luo Guanzhong

1 Capítulo 8 Wang Yun Prepara el Plan del Encadenamiento; Dong Zhuo se Enfurece en el Pabellón del Fénix. Ésto fue lo

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Capítulo 8 Wang Yun Prepara el Plan del Encadenamiento; Dong Zhuo se Enfurece en el Pabellón del Fénix.

Ésto fue lo que Kuai Liang dijo: — Sun Jian ahora se ha ido, y su hijo es demasiado joven. Aprovechemos este momento de debilidad para irrumpir en Changsa, y será tuya en menos tiempo que dura el sonido de un tambor. Si devuelves el cadáver e instauras la paz, les darás la oportunidad de volverse poderosos, y un demonio resultará de Jingzhou. — ¿Cómo puedo dejar a Huang Zu en sus manos?— dijo Liu Biao. — ¿Por qué no sacrificar a este patoso guerrero por la región? — Pero él les un amigo querido y abandonarlo está mal. Y así se le permitió a Huan Ji volver a su lugar con el cometido de que el cuerpo inerte de Sun Jian debía ser intercambiado. Sun Ce liberó su prisionero, llevándose el ataúd de su padre, y la lucha cesó. Sun Jian fue enterrado en las llanuras de Que. Cuando la ceremonia terminó Sun Ce se llevó a su ejército de vuelta a casa. En Changsa, el territorio al sur del Gran Río36, Sun Ce se autoimpuso la tarea de un buen gobierno. Siendo humilde y generoso, invitó a su lado a personas sabias y valerosas y así trajo todo lo mejor y más bravo que podía aportar al país. Mientras tanto, Dong Zhuo en la Capital Changan, donde escuchó sobre la muerte del turbulento Sun Jian, dijo: — ¡Un demonio que oprimió duramente mi corazón ha sido eliminado! Preguntó por los hijos que Sun Jian dejó, y cuando le dijeron que el mayor tenía unos diecisiete venció a toda la ansiedad que tenía. Desde ese momento su arrogancia y su espíritu autoritario crecieron más y más. Se llamó a sí mismo “Rector Imperial”, un nombre pleno de honores, y todo en su conducta imitaba a un jefe de un estado imperial. Creó para su hermano menor, Dong Min, el título de Señor de Huazhou y le hizo Comandante del Ejército de la Izquierda. Un sobrino, Dong Huang, fue hecho Consejero de la Corte y le puso al comando de la Guardia del Palacio, y todos de su clan, jóvenes o viejos, fueron ennoblecidos. A ochenta millas de la capital, Dong Zhuo diseñó una ciudad llamada Meiwo, una réplica exacta de Changan, con sus palacios, sus graneros, sus ministerios, y sus cuarteles, y encargó a un cuarto de millón de personas que la construyeran. Allí acumuló provisiones suficientes para veinte años. Seleccionó ocho mil de las más bellas doncellas y las envió a vivir a la nueva ciudad. Las riquezas acumuladas eran incalculables en todas sus formas distintas. Toda su familia y sus criados fundaron barrios en esta nueva ciudad. Dong Zhuo visitó su ciudad en intervalos de un mes más o menos, y cada visita era como un progreso imperial, con puestos en los lados de la carretera para refrescar a los oficiales y cortesanos que les atendían en la Puerta Real noroccidental y les veían partir. En una ocasión Dong Zhuo preparó un gran banquete que reunió a todos aquellos que estaban de su bando; y mientras transcurría la velada llegaron un gran número de rebeldes del norte que se habían rendido voluntariamente. El tirano los dispuso sobre una mesa y les impuso una gran cantidad de crueldades sin sentido. Las manos de uno de ellos fueron separadas y los pies ocuparon su lugar; a otro le arrancaron los ojos; otro perdió su lengua. A algunos los hirvieron hasta matarlos. Los agónicos chillidos rasgaron lo más alto de los cielos, y los cortesanos se desmayaron de terror. Pero el autor de estas vejaciones comía y bebía, charlaba y reía como si no pasara nada. Otro día Dong Zhuo estaba presidiendo una gran reunión de oficiales, los cuales estaban sentados en dos largas filas. Después de que se sirvieran varias rondas de vino, Lu Bu entró y susurró unas palabras al oído de su maestro. 36

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El río Yangtze o Yangzi, que cruza del oeste al este hasta desembocar en el Pacífico en Shangai.

Dong Zhuo sonrió y dijo: — Él siempre es así. Lleva al Ministro Zhang Wan afuera. Todos los demás palidecieron. Al poco rato un sirviente trajo la cabeza en un plato rojo del hombre en cuestión y se la mostró a su anfitrión. Los más próximos murieron del susto. — No tengáis miedo— dijo Dong Zhuo sonriendo—. El Ministro Zhang Wan estaba confabulado con Yuan Shu para asesinarme. Una carta que él escribió cayó en las manos de mi hijo, por lo que he tenido que matarlo. Caballeros, quien no tenga motivos no tiene que tener miedo. Los oficiales se dispersaron con premura. Uno de ellos, el Ministro del Interior Wang Yun, que fue testigo de todo, volvió a su palacio muy pensativo y profundamente afligido. Esa misma noche, la cual la luna estaba resplandeciente, tomó a su séquito y dio un paseo por su jardín privado. Estando cerca de una enredadera levantó la vista al cielo y las lágrimas comenzaron a bajarle por la cara. De repente escuchó susurros en el Pabellón de los Empleados y a alguien suspirando profundamente. Observando a hurtadillas vio que se trataba de una de las doncellas que se dedicaban a cantar en el palacio, de nombre Diao Chan. Esta doncella había sido criada en su residencia, donde había sido cultivada en cante y en baile. A los veintiuno, acababa de convertirse en una mujer adulta, una inteligente y bella chica a la que Wang Yun consideraba más como a una hija que como a una criada. Después de escucharla durante un tiempo, Wang Yun entonces la llamó. — ¿Qué diablura estás haciendo aquí, muchachita? La doncella se derrumbó sobre sus rodillas aterrada, diciendo: — ¿Por qué su indigna doncella se atrevería a hacer algo mal? — ¿Entonces qué andas suspirando ahí en la oscuridad? — ¿Puede hablar su doncella desde el fondo de su corazón? — Cuéntame toda la verdad, y no omitas nada. — Esta doncella ha sido destinataria de bondadosos favores— dijo la chica—. Le han enseñado a cantar y a bailar y ha sido tratada tan amablemente que se ha vuelto una gran devota del señor, aunque él no se dé cuenta por ser tan insignificante. Ella después se enteró que su señor fruncía el ceño de dolor y supo que era debido a los problemas del estado. Pero no se atrevía a preguntar. Esta noche él parecía más triste que de costumbre, y ella se volvía más miserable por el pesar de su señor. Pero no sabía que estaba siendo observada. ¿Acaso no podría ella ser de alguna ayuda aunque le supusiera un sinfín de muertes? Una idea cruzó la mente de Wang Yun, e hincó su bastón en la hierba. Y dijo: — ¿Quién podría pensar que el destino de Han estuviera en tus manos? ¡Ven conmigo! La chica le siguió al interior de la casa. Entonces despachó a todos los sirvientes que se mantenían a la espera, puso a Diao Chan en una silla y se inclinó tras ella. Se encontraba asustada y se lanzaba al suelo, cuestionándose aterrada qué estaba pasando. — Puedes simpatizar con la gente de Han— dijo Wang Yun, y la fuente de sus lágrimas volvieron a brotar. — Mi señor, como su doncella acaba de decir, úsela como más guste: su doncella nunca se echará atrás— dijo la chica. Wang Yun se arrodilló, diciendo: — La gente está al borde de la destrucción, el príncipe y sus oficiales están en peligro, y tú, tú eres la única salvadora. El miserable de Dong Zhuo quiere deponer al Emperador, y nadie de entre todos nosotros puede detenerle. Ahora él tiene un hijo, un auténtico y aguerrido guerrero, pero el audaz padre y el audaz hijo tienen debilidad por la belleza, y yo voy a usarla en lo que podría llamar el plan del „encadenamiento‟. Primero deberé proponerte en matrimonio con Lu Bu y entonces, después de que te hayas prometido, te presentaré a Dong Zhuo, y tú deberás aprovechar cada oportunidad para forzarlos a destrozarse el uno al otro y para que estén en continuas disputas, causando que el hijo acabe matando a su padre adoptivo y haciendo que se acabe convirtiendo en un gran demonio. Entonces podrás restaurar los altares de la tierra que podrá volver a vivir. Todo esto se conseguirá con tu poder: ¿lo harás? — Su doncella promete no retroceder ni ante la muerte. Puede usar mi pobre existencia como desee, y yo haré todo lo que esté en mi mano. — ¡Pero si esto sale a la luz lo perderemos todo!

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— Pierda miedo— dijo ella—. ¡Si su doncella no muestra gratitud, puede hacer que sea ensartada por una lluvia de espadas! — ¡Gracias, gracias!— dijo Wang Yun. Entonces Wang Yun tomó del tesoro familiar muchas perlas y le dio bonitas joyas así como elegantes tocados de oro, y de esta guisa fue enviada como regalo a Lu Bu, el cual quedó profundamente agradecido y fue a agradecerle al donante. Cuando Lu Bu llegó fue recibido en la entrada por el propio Wang Yun y se encontró con una mesa llena de exquisiteces para su deleite. Fue conducido a los aposentos privados y ubicado en el asiento de honor. — Yo no soy más que un simple oficial en el palacio del ministro— dijo Lu Bu—. Usted es un alto cargo del estado. ¿Por qué recibo este tratamiento? — Porque no hay un héroe como usted en todo el mundo. El pobre Wang Yun se inclina ante un oficial de poco rango; el pobre Wang Yun se inclina ante su habilidad. Esto gratificó a Lu Bu mucho, y su anfitrión continuó con elogios y alabanzas y sirviéndole vino y hablando sobre las virtudes del Primer Ministro y su secuaz. Lu Bu reía y bebía grandes copas. En ese momento la mayoría de los sirvientes habían sido despachados, y sólo unos pocos permanecían incitando a beber al invitado. — ¡Dejadla entrar!— dijo Wang Yun cuando el invitado estaba bastante ebrio. Enseguida aparecieron dos sirvientas, vestidas de blanco, flanqueando a una exquisita y fascinante Diao Chan. — ¿Quién es ella?— preguntó Lu Bu, sobresaltándose en la sobriedad. — Esta es mi pequeña, Diao Chan. Espero que no se moleste con mi familiaridad. Pero usted está siendo muy cordial, por eso pensé que le gustaría verla. Wang Yun pidió a Diao Chan que sirviera una copa de vino, y sus ojos se encontraron con los del guerrero. Wang Yun, fingiendo embriaguez, dijo: — Mi pequeña le suplica, General, que tome una copa o dos. Todos dependemos de usted, toda nuestra casa. Lu Bu pidió a Diao Chan que se sentara. Ella pretendía pedir retirarse. Su señor la presionó para que se quedara, diciendo que debía hacerlo porque el invitado era un amigo cercano. Y así ella tomó asiento modestamente cerca de su señor. Lu Bu mantuvo su copa en alto frente a la criada, mientras bebía copa tras copa de vino. — Me gustaría regalársela como una doncella: ¿quiere aceptarla?— dijo Wang Yun. El invitado se arrancó. — Si ese es el caso, debe aceptar mi absoluta gratitud— dijo Lu Bu. — Elegiremos un día no muy lejano y se la enviaremos al palacio. Lu Bu estaba lleno de felicidad. No podía dejar de mantener su vista posada en Diao Chan, y le lanzaba encantadoras miradas a sus ojos líquidos. Sin embargo, la hora de la partida del invitado llegó, y Wang Yun dijo: — Me gustaría pedirte que se quede a pasar la noche, pero el Primer Ministro podría sospechar algo. Lu Bu le agradeció una y otra vez y partió. Varios días después, cuando Wang Yun estaba en la corte y Lu Bu estaba ausente, Wang Yun se postró ante Dong Zhuo y dijo: — Desearía que viniera a cenar a mi humilde morada: ¿podría Su Ilustrísima aceptar la invitación? — Si me invitas acudiré con premura— fue la respuesta. Wang Yun se lo agradeció. Entonces Wang Yun se fue a casa y preparó en el recibidor un banquete en el que había cada una de las más exquisitas delicadeces de la tierra y del mar. Bonitos bordados adornaban el sillón del jefe en el centro, y elegantes cortinas fueron tendidas por dentro y por fuera. A mediodía del día siguiente, cuando el Primer Ministro llegó, Wang Yun le recibió en la entrada con todas las reverencias. Wang Yun esperó mientras Dong Zhuo salía de su carro, y Dong Zhuo y un centenar de su guardia armada atestaron el recibidor. Dong Zhuo tomó su asiento preferencial, su séquito se dispuso en dos líneas a diestra y siniestra,

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mientras Wang Yun permanecía humildemente al final de las mismas. Dong Zhuo hizo que su gente condujera a Wang Yun a un lugar junto al suyo. — Las virtudes del gran Primer Ministro son tan abundantes como las altas montañas— dijo Wang Yun—. Ni si quiera los antiguos sabios, Yi Yin37 y el Duque de Zhou38, podrían conseguir tales gracias. Dong Zhuo sonrió. Se sumió en los platos y en el vino, y comenzó la música. Wang Yun atendió a su invitado con continuos halagos y estudiadas deferencias. Cuando ya era tarde y el vino había hecho su efecto, Dong Zhuo fue invitado a la habitación interior. De esta forma despachó a sus guardias y acudió. Allí el anfitrión levantó una copa y bebió con su invitado, diciendo: — Desde que era muy joven he entendido algo de astrología y he tenido que estudiar el aspecto de los cielos. Leí que los días de Han estaban contados, y que los méritos del gran Primer Ministro supondrían el respeto de todo el mundo, de la misma forma que el Rey Shun sucedió al Rey Yao, y el Rey Yu continuó el trabajo del Rey Shun 39, todo gracias a sus propios méritos, conforme con los designios del Cielo y los deseos de la gente. — ¿Cómo me atrevería a esperar eso?— dijo Dong Zhuo. — Desde los días de antaño, aquellos que caminan por el camino correcto han reemplazado a aquellos que se desvían del mismo; aquellos que carecen de virtudes han caído ante quienes la poseen. ¿Puede alguien escapar del destino? — ¡Si el decreto del Cielo recae sobre mí, tú deberías mantener el primer lugar en cuanto a mérito!— dijo Dong Zhuo. Wang Yun se postró. Entonces las luces fueron traídas y todos los sirvientes fueron despachados, dejando únicamente a unas doncellas para servir el vino. Y la mañana llegó de esta forma. Al rato dijo Wang Yun: — La música de estos bardos de diario es demasiado vulgar para sus oídos, pero resulta que tenemos a una doncella en casa que seguro le complacerá. — ¡Excelente!— dijo el invitado. Entonces bajaron el telón. Los estridentes tonos de los instrumentos de caña resonaron en la habitación, y varios sirvientes llevaron al poco a Diao Chan, la cual entonces bailó fuera del telón. Existe un poema que la elogia: En un palacio esta doncella había nacido, Tan tímida, tan grácil, tan delgada, Como un pajarito revoloteando por la mañana A través del rocío de lilas en su capullo. Si esta exquisita doncella fuese sólo mía Nunca más por una mansión suspiraría.

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Yi Yin fue ayudante y primer ministro del Rey Tang, el fundador de la Dinastía Shang. Después de la muerte del Rey Tang, Yi Yin sirvió a su hijo y a su nieto. Poco después Tai Jia, el nieto del Rey Tang, ascendió al trono, cometió muchos errores, y Yi Yin, actuando como regente, exilió a Tai Jia al Palacio Tong, el lugar de enterramiento del Key Tang. Después de tres años Yi Yin le devolvió al trono. Tai Jia finalmente se convirtió en un emperador progresista. La Dinastía Shang duró 650 años (1.700-1.050 AC). Fue este acto de Yi Yin más que sus servicios levantando un imperio lo que le hizo inmortal. Lo que hizo deponiendo temporalmente al rey del trono fue largamente cuestionado, hasta que Mencius emitió un veredicto final diciendo que el fin justificaba ampliamente los medios. Este evento histórico es una muestra del enorme poder que tenían los primeros ministros en aquellos días. 38 El Duque de Zhou fue hermano del Rey Wu, que fue el fundador de la Dinastía Zhou. Tras la muerte del Rey Wu, el Duque de Zhou sirvió a su joven hijo como regente. El Duque de Zhou completó la dominación Shang, y ayudó a establecer el armazón de la administración Zhou, la cual sirvió de modelo a las futuras dinastías chinas. La Dinastía Zhou perduró durante 800 años (1.050-221 AC). 39 El Rey Yao, el Rey Shun y el Rey Yu (2.400-2.200 AC) fueron los tres gobernantes modelo de la antigua China. Ascendieron al trono por sus virtudes y sus méritos, y no por herencia. El Rey Yu, además, fue el fundador de la Dinastía Xia.

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Otro poema reza así: La música cae, la bailarina viene, la golondrina planea, Una dulce damisela como la seda de suave; Su belleza cautiva al invitado, sumiéndolo en la tristeza, Ahí lo ha dejado para su partida inminente. Ella sonríe; no hay oro que compre esa sonrisa, no sonríe así a nadie más, No hay que adornarla con joyas increíbles. Pero cuando la danza termina y las coquetas miradas vienen y van, ¿Entonces el elegido de esa belleza será quién?

El baile terminó. Dong Zhuo pidió entonces que entrase la doncella, y ella entró, postrándose conforme se iba acercando. Él estaba muy complacido con su belleza y su modesta elegancia. — ¿Quién es?— dijo Dong Zhuo. — Una cantante. Se llama Diao Chan. — ¿Entonces puede cantar? El señor le pidió que cantara, y ella lo hizo con el acompañamiento de unas castañuelas. Aquí hay una muestra que describe su belleza juvenil: Levántate, grácil doncella, Tus brillantes labios de cereza, Tus dientes blancos como perlas, Destila amor tu fragancia; La fría muerte es la recompensa Por querer amarte, oh doncella. Dong Zhuo estaba encantado y la elogiaba efusivamente. Ella le agradeció regalándole una copa de vino que él tomó de sus manos, y entonces le preguntó su edad. — Su indigna doncella tiene veintiún años— respondió. — ¡Un hada perfecta!— dijo Dong Zhuo. Entonces Wang Yun se levantó y dijo: — Si el Primer Ministro no tiene reparos me gustaría ofrecerle esta pequeña hada. — ¡No hay forma de agradecerte lo suficiente por tu amabilidad! — Ella debería ser más afortunada si fuera su sirvienta— dijo Wang Yun. Dong Zhuo agradeció a su anfitrión profusamente. Entonces se dieron órdenes para preparar un carruaje cerrado y enviar a Diao Chan al palacio del Primer Ministro. Al poco Dong Zhuo se marchó, y Wang Yun le acompañó todo el camino. Después de que se hubiera marchado, Wang Yun cabalgaba de vuelta a casa. A mitad de camino se encontró con dos líneas de guardias con lámparas rojas que estaban escoltando a Lu Bu, el cual iba a caballo y armado con su tridente en ristre. Cuando vio a Wang Yun, Lu Bu se refrenó, deteniéndose, agarrándole de la manga, y diciéndole enfadado: — Me prometiste a Diao Chan, y ahora se la has dado al Primer Ministro: ¿qué tontería es esta? — Este no es lugar para hablar— le detuvo Wang Yun—; le suplico que venga conmigo a mi casa. Y los dos se fueron juntos, y Wang Yun condujo a Lu Bu a una habitación privada. Tras el usual intercambio de saludos cordiales, Wang Yun dijo: — ¿Por qué cree que me estoy equivocando, General?

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— Alguien me ha dicho que has enviado a Diao Chan al palacio del Primer Ministro en un carruaje cubierto: ¿Qué significa eso? — Claro que no lo entiende. Ayer, cuando estaba en la corte, el Primer Ministro me dijo que tenía que decirme algo en mi propia casa. Así es que, naturalmente, me preparé para su recepción, y mientras estábamos cenando dijo “he oído algo sobre una chica llamada Diao Chan que le has prometido a mi hijo Lu Bu. Creía que sólo eran unos rumores, por eso quería preguntarte si es verdad. Además, me gustaría verla”. No podía decir que no, así que vino y tuve que postrarme ante el señor de los señores. Entonces dijo que fue un día afortunado y que debería llevársela con él y proponerla en matrimonio con usted. Piense un momento, señor: cuando el Primer Ministro ha venido en persona, ¿acaso podría yo impedírselo? — No lo has hecho tan mal— dijo Lu Bu—. Pero durante un tiempo te he malentendido. Espero que aceptes mis disculpas. — La chica tiene un pequeño ajuar, el cual le enviaré a su hogar en cuanto ella esté con usted. Lu Bu le dio las gracias y se marchó. Al día siguiente fue al palacio para descubrir la verdad, pero no escuchó nada. Entonces tomó rumbo a los aposentos privados e interrogó a los sirvientes. Al poco uno de ellos le dijo que el Primer Ministro había dado cobijo a una nueva concubina la noche de antes y todavía no se había levantado. Lu Bu estaba furioso. Lo siguiente que hizo fue arrastrarse hacia la alcoba de su maestro. En aquel momento Diao Chan se estaba levantando y se estaba arreglando el cabello en la ventana. Mirando afuera vio una gran sombra caer a través del pequeño lago. Reconoció el tocado, y oteando alrededor vio quien creía que era: Lu Bu. Acto seguido frunció el ceño, simulando un gran pesar, y con un fino pañuelo se limpió los ojos una y otra vez. Lu Bu permaneció mirándola largo tiempo. Poco después fue a dar los buenos días. Dong Zhuo estaba sentado en la recepción. Viendo a su secuaz, Dong Zhuo preguntó si había alguna nueva. — Nada— fue la respuesta. Lu Bu esperó mientras Dong Zhuo tomaba su desayuno. Mientras estuvo con su maestro miraba a través de la cortina y vio a la mujer tras la cortina mostrando su rostro a medias de cuando en cuando y lanzándole amorosas miradas hacia él. Sintió que estaba siendo amado, y sus pensamientos volaban hacia ella. Entonces Dong Zhuo se dio cuenta de su expresión y comenzó a sospechar. — Si no hay nada puedes irte— dijo Dong Zhuo. Lu Bu se retiró malhumorado. Dong Zhuo ahora no pensaba en nada que no fuera su nueva criada y durante un mes al menos desatendió todos los demás asuntos, entregándose por completo al placer. Una vez que estaba un poco indispuesto, y que Diao Chan estaba constantemente a su lado, permaneció siempre solícita prestándole toda su atención. Ella le complacía en cada capricho. Dong Zhuo cada vez la quería más y más. Un día Lu Bu fue a interesarse por el estado de salud de su padre. Dong Zhuo estaba dormido, y Diao Chan estaba sentada a la cabecera de su lecho. Con una inclinación miró al visitante, con una mano en su corazón, la otra sobre el durmiente Dong Zhuo, y sus lágrimas cayeron. Lu Bu sintió cómo se le rompía el corazón. Dong Zhuo abrió sus ojos con pereza; y viendo la mirada de su hijo fijada en algo tras él, se volvió para ver de qué se trataba. Reprendió furiosamente a su hijo, diciendo: — ¿Te atreves a hacerle el amor a mi preciosidad? Ordenó a los sirvientes que echaran a Lu Bu, gritando: — ¡No le dejéis entrar nunca más! Lu Bu se marchó a casa encolerizado. Se encontró por el camino con Li Ru, y le contó la causa de su ira. El consejero se precipitó a ver a su maestro, y dijo: — Señor, aspira a ser el gobernante del imperio. ¿Entonces por qué por un pequeño error va a culpar al General? Si se vuelve contra usted entonces todo habrá acabado. — ¿Entonces qué puedo hacer?— dijo Dong Zhuo.

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— Llámelo mañana; trátelo bien; abrúmelo con regalos y bonitas palabras; y todo irá bien. Y así hizo Dong Zhuo. Mandó llamar a Lu Bu y se mostró muy gentil y dijo: — Me mostré muy irritado y precipitado ayer debido a mis dolencias y me equivoqué contigo, lo reconozco. Olvídalo. Le dio a Lu Bu trescientas onzas de oro y veinte rollos de seda. Y así se sofocó la disputa. Pero aunque el cuerpo de Lu Bu se encontraba con su padre adoptivo Dong Zhuo, su corazón estaba con su prometida Diao Chan. Dong Zhuo estaba completamente recuperado y fue a la corte de nuevo, y Lu Bu le siguió como siempre. Viendo que Dong Zhuo se enfrascaba en una conversación con el Emperador, Lu Bu, armado como estaba, salió del palacio y cabalgó hasta la residencia de su jefe. Amarró su montura a la entrada y, alabarda en mano, fue al apartamento privado para buscar a su amada. Encontró a Diao Chan, y ella le pidió salir al jardín donde podría unirse a él enseguida. Él fue, portando su alabarda con él, y se apoyó contra la baranda del Pabellón del Fénix esperando a Diao Chan. Bastante tiempo después apareció, balanceándose grácilmente mientras caminaba bajo los marchitos sauces y tronchando las flores a su paso. Era exquisita, un hada perfecta del Palacio de la Luna. — Aunque no soy la verdadera hija del Ministro él me ha tratado como si lo fuese— dijo cuando llegó, con lágrimas en sus ojos—. El deseo de mi vida fue realizado cuando él me prometió contigo. ¡Pero oh! Pensar en la maldad del Primer Ministro, robándome como ha hecho. He sufrido muchísimo. He deseado la muerte, pero no te había contado la auténtica verdad. Por eso he vivido, sobreponiéndome a mi pena de la mejor forma que he podido pero sintiendo que me faltaban las fuerzas para seguir viviendo. Ahora que te he visto, puedo acabar con todo. Mi pobre cuerpo mancillado no es adecuado para servir a un héroe. ¡Ahora puedo morir frente a tus ojos y demostrarte así mi autenticidad! Mientras hablaba se encaramó a la baranda curvada con intención de arrojarse al estanque de nenúfares. Lu Bu la atrapó en sus fuertes brazos y la atrajo hacia sí. — Lo sabía: siempre he conocido tu corazón— sollozó—. Lo que pasa es que nunca hemos tenido oportunidad de hablar. Ella enzarzó sus brazos sobre Lu Bu. — Si no puedo ser tu esposa en esta vida lo seré en todas las que están por venir— susurró. — Si yo no me caso contigo en esta vida, no soy un héroe— dijo él. — Cada día es como un año interminable. ¡Por piedad! ¡Rescátame! ¡Mi señor! — Sólo me he escapado por un breve momento, y me preocupa que ese viejo rebelde sospeche algo, por lo que no puedo estar mucho aquí— dijo Lu Bu. Diao Chan se aferró a su túnica, diciendo: — Si tienes tanto miedo de ese viejo jefe, entonces no veré nunca otro amanecer. Lu Bu se detuvo. — Dame un momento para que piense— dijo. Y enarboló su alabarda para irse. — En lo más profundo de la reclusión del harem he escuchado las historias de tus proezas. Eres el hombre que excede a todos los demás. Siempre he creído que tú, por encima del resto de los héroes, eres incapaz de descansar bajo el yugo de otros. ¡Y volvieron a llover lágrimas! Arrugas de lástima afloraron a su cara. Apoyando su alabarda contra la barandilla, se volvió y hundió a la chica en su pecho, tranquilizándola con dulces palabras. Los amantes se abrazaron, balanceándose de un lado a otro con emoción. No eran capaces de decirse adiós. Mientras Dong Zhuo perdía su secuaz, y llenaba de dudas su corazón. Dejó al Emperador con premura, montó en su carruaje y volvió a su palacio. Una vez en las puertas reconoció al caballo de Lu Bu, Liebre Roja, atado. Dong Zhuo interrogó a los porteros, y ellos le dijeron que el General estaba dentro. Despidió a sus siervos y fue solo a los apartamentos privados. Lu Bu no estaba allí. Entonces llamó a Diao Chan, pero no obtuvo ninguna respuesta. Preguntó que dónde estaba, y las criadas le dijeron que estaba en el jardín entre las flores.

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Entró Dong Zhuo en el jardín, y allí vio a los amantes en el pabellón en lo más apasionado de su conversación. El tridente alabarda de Lu Bu estaba apoyado en la barandilla junto a él. Un aullido de rabia escapó de Dong Zhuo y sobresaltó a los amantes. Lu Bu se volvió, vio quién había, y huyó. Dong Zhuo cogió la alabarda y corrió en su persecución. Pero Lu Bu era ágil de piernas mientras que su maestro era más robusto. Viendo que no era capaz de atrapar al fugitivo, Dong Zhuo arrojó la alabarda. Lu Bu se defendió del ataque y el arma cayó al suelo. Dong Zhuo la recogió de nuevo y continuó a la carga. Pero esta vez Lu Bu se había anticipado. Mientras Dong Zhuo estaba corriendo por la puerta del jardín, chocó contra otro hombre que entraba corriendo y cayó al suelo. Creció su cólera dentro suya y subió en oleadas hacia el cielo. Chocó su inmanejable cuerpo en una forma incierta contra el suelo. Muy pronto veremos quién era el otro que corría.

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