Romance de Los Tres Reinos 03 - Luo Guanzhong

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Capítulo 3 En el Jardín Wenming, Dong Zhuo denuncia a Ding Yuan; Con Liebre Roja, Li Su soborna a Lu Bu.

Lo que Cao Cao dijo fue esto: — Los diabólicos eunucos ocupan un rango muy antiguo, pero la causa real de los problemas presentes es la indecorosa influencia que les han permitido los emperadores y el favoritismo ciego que han disfrutado. Pero por una encerrona ha obligado a contratar a este tipo de demonio, y con librarse de los principales culpables es más que suficiente. ¿Por qué aumentar la confusión convocando tropas de las provincias? Cualquier deseo de matarlos a todos se conocerá con celeridad, y el plan fallará. — Entonces, Cao Cao, tendrás algún otro plan— dijo He Jin con menosprecio. Cao Cao dejó la reunión proclamando: — ¡El único que sumiría al mundo en caos es He Jin! Entonces He Jin envió con premura muchas cartas secretas y amplias a varias sedes. Hubo que recordar que Dong Zhuo había fallado en su intento de destruir la rebelión de los Turbantes Amarillos. Habría sido castigado de no haber sobornado a los Diez Eunucos fuertemente para su protección. Después, a través de conexiones en la capital, obtuvo una promoción rápida a general de General del Ejército de Vanguardia, a Señor de Aoxiang, a Protector Imperial en la región occidental de Xizhou y a Comandante de un ejército de doscientos mil soldados. Pero Dong Zhuo fue traicionero y desleal hasta la médula. Así, cuando recibió la llamada de la capital, se regocijó gratamente y no perdió tiempo en obedecer. Dejó a su hijo político, Dong Zhuo, un enorme ejército y a cuatro generales, Li Jue, Guo Si, Zhang Ji y Fan Chou. El consejero de Dong Zhuo y del hijo político, Li Ru, dijo: — Ha llegado una llamada formal, pero hay muchas sombras en ella. Estaría bien lanzar un memorial proclamando nuestros deseos e intenciones. Entonces podremos proceder. Y así Dong Zhuo compuso algo así: Su sirviente sabe que las continuas rebeliones tienen su origen en Zhang Rang y los Siervos Acompañantes del Departamento de Interior, quienes actúan en contra de cualquier precepto conocido. Ahora, para detener la ebullición del caldero, la mejor forma es atajarlo con fuego; acabar con abscesos, aunque dolorosos, es mejor que nutrir al demonio. He asumido el desafío del avance militar hacia la capital, con su permiso, y ahora ruego que Zhang Rang y los otros eunucos sean cesados por el bienestar de la dinastía y del imperio. He Jin leyó este memorial y se lo enseñó a sus partidarios. — Es una bestia salvaje— dijo entonces el Ministro Zheng Tai—. ¡Si él viene, sus víctimas serán personas! — Eres demasiado temeroso— respondió He Jin—. Te pasa lo mismo con los grandes proyectos. — Hace mucho tiempo conocí a este hombre— añadió Lu Zhi—. Aunque sea de apariencia inocente tiene el corazón de un lobo. Dejadle que venga y la calamidad vendrá con él. Detenedle, no le permitáis su llegada, y de esta forma evitaréis una sublevación. He Jin era obstinado, y Zheng Tai y Lu Zhi renunciaron a sus puestos y se retiraron, y ya hicieron más que la mitad de los ministros de estado, mientras He Jin envió una cálida bienvenida a Dong Zhuo, quien pronto acampó en el Lago Shengchi y se estacionó allí para futuras acciones. Zhang Rang y los eunucos sabían que este movimiento iba dirigido hacia ellos y dijo: — Esto es un complot de He Jin. Si no golpeamos primero, todo nuestro clan podría ser exterminado.

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Y así fueron ocultados una banda de unos cincuenta rufianes armados en la Puerta de la Gran Virtud en el Palacio de la Felicidad, donde la Emperatriz vivía, y entonces fueron a verla. — El General, fingiendo actuar bajo órdenes, ha reclutado un ejército y lo ha conducido a la capital para destruiros— dijeron—. ¡Os ha traicionado, Su Majestad, huya y sálvese! — Id con el General y confesad vuestras culpas— dijo la Emperatriz. — Si lo hiciéramos seríamos cortados en picadillo! Mejor llame al General a su presencia y ordénale que se detenga. Si él no lo hace entonces rogaremos pero moriremos en su presencia. La Emperatriz He mandó la orden requerida. He Jin estaba a punto de ir con ella cuando el Secretario Chen Lin le recomendó que no entrase, diciendo: — Los eunucos están tras la orden con toda seguridad y eso quiere decir que no es bueno para ti. Pero puede que He Jin sólo viera la orden de la Emperatriz y no se diera cuenta de todo eso. — Esto es un edicto de la Emperatriz, eso está claro— le dijo—. ¿Qué tiene de malo? — Nuestro plan no va a a ser un secreto mucho más— dijo Yuan Shao—. Detente a no ser que estés preparado para luchar por tu cuenta. — ¡Entonces saca primero a los eunucos!— dijo Cao Cao. — ¡Niños estúpidos!— dijo He Jin—. ¿Qué pueden hacer ellos contra el hombre que tiene a las fuerzas del imperio en su mano? — Si vas entonces te acompañaremos como guardias, sólo como precaución— dijo Yuan Shao. Con lo cual Yuan Shao y Cao Cao eligieron a cinco mil de los mejores hombres bajo sus órdenes, y a su cabeza pusieron a Yuan Shu, un hermano de Yuan Shao. Yuan Shu, vestido con cota de malla, dispuso sus tropas fuera de la entrada de la Ciudad Olvidada, mientras Yuan Shao y Cao Cao, asiendo espadas, fueron como escoltas. Cuando He Jin estaba en las inmediaciones del Palacio de la Felicidad, el oficial del Departamento de Interior dijo: — Las órdenes son permitir el paso al Mariscal Regente y a nadie más. Y así la escolta fue detenida en el exterior. He Jin entró con la cabeza bien alta. En la Puerta de la Gran Virtud se encontró con Zhang Rang y con Duan Gui, y sus seguidores enseguida se pusieron en torno suyo. He Jin comenzó a sentirse alarmado. Entonces Zhang Rang, con tono áspero, comenzó a revelarle: — ¿Qué crimen ha cometido la Emperatriz Dong para que tuviera que ser ejecutada? Y cuando la Madre del País fue enterrada, ¿quién fingió una enfermedad y desatendió sus quehaceres? ¡Te hemos elevado a ti y a tu miseria, dando a tu familia de vendedores ambulantes la dignidad y la riqueza que ahora gozas, y esta es tu gratitud! Haces que nos partamos de risa. Nos has llamado sórdidos y sucios, ¿quién es ahora el impúdico? He Jin estaba aterrado y afligido, y buscaba una forma de escapar, pero todas las puertas estaban cerradas. Los eunucos le habían encerrado, y entonces los asesinos aparecieron y le cortaron en pedazos. En días de Hans, y en años de su mandato de la serpiente estaban cerca, Estúpido y falto de tacto fue He Jin, aún aguantaba su alto cargo, Muchos fueron quienes le avisaron, pero como si no oyese se hizo el sordo, Y por lo tanto de las espadas de los eunucos cayó presa. Así murió He Jin. Yuan Shao y Cao Cao esperaron durante mucho tiempo. Al poco rato, impacientes por el retraso, llamaron a la puerta. — ¡Su carruaje espera, Mi General! Como respuesta la cabeza de He Jin fue arrojada por la muralla. Un decreto fue proclamado: ¡He Jin fue considerado traidor y, por tanto, ha sido ejecutado! Se perdona a sus partidarios. — ¡Los eunucos han asesinado al Primer Ministro!— gritó Yuan Shao—. ¡Que todos aquellos que quieran acabar con ese malvado grupo venga y me ayude!

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Entonces la puerta fue incendiada por uno de los generales de He Jin, Wu Kuang. Yuan Shu a la cabeza de su guardia entró con violencia y mató a los eunucos sin preocuparle edad o rango. Yuan Shao y Cao Cao allanaron la parte interior de Palacio. Cuatro de los eunucos, Zhao Zhong, Cheng Kuang, Xia Yun y Guo Shen, huyeron a la Portería de la Flor Azul donde fueron cortados en pedazos. El fuego rugió, destruyendo los edificios. Cuatro de los Diez Séquitos Acompañantes, Zhang Rang, Duan Gui, Cao Jie y Hou Lan, guiados por el primero, llevaron a la Emperatriz, el Emperador Bian y el Príncipe Xian de Chenliu hacia el Palacio Norte. Lu Zhi, desde que tuvo un trabajo dócil, permaneció en casa, pero el escuchar de la revolución en Palacio le dotó de valor, cogió su lanza y se preparó para luchar. Vio al eunuco Duan Gui apresurándose hacia la Emperatriz y le llamó. — Tú, rebelde, ¿cómo te atreves a secuestrar a la Emperatriz? El eunuco huyó. La Emperatriz saltó por una ventana y fue puesta en un lugar seguro. El General Wi Kuang irrumpió en uno de los compartimentos interiores donde encontró a He Miao, espada en mano. — ¡Tú también estabas en el complot para asesinar a tu propio hermano!— gritó Wu Kuang—. ¡Deberías morir con los demás! — ¡Déjanos matar al conspirador contra su hermano mayor!— gritaron muchos. He Miao miró alrededor: sus enemigos le rodeaban por todos lados. Fue muerto por descuartizamiento. Yuan Shu dispersó a sus soldados para que buscaran a los familiares de los eunucos sin que se dejaran a ninguno. En la matanza muchos hombres todavía imberbes fueron muertos por error. Cao Cao se dedicó él mismo a apagar los incendios. Entonces imploró a la Emperatriz He que asumiera el control de los asuntos, y los soldados fueron enviados a perseguir a Zhang Rang y rescatar al joven Emperador y al joven Príncipe de Chenliu. Mientras tanto Zhang Rang y Duan Gui se apresuraron en llevarse al Emperador y al Príncipe. Atravesaron el humo y el fuego y viajaron sin detenerse hasta que alcanzaron las Montañas Beimang. Acababa de pasar la medianoche. Escucharon un gran estruendo a su zaga y vieron a soldados persiguiéndoles. Su líder, Min Gong, un comandante en Henan, estaba gritando. — ¡Traidores, deteneos, deteneos! Zhang Rang, viendo que estaba todo perdido, saltó al río, donde se ahogó. Los dos chicos, ignorando el significado de toda esa confusión y aterrados por lo que presenciaban, no se atrevieron ni a llorar. Se deslizaron a las hierbas altas de la ladera del río y se ocultaron. Los soldados buscaron por todos lados pero no los encontraron. Todavía continuaron hasta altas horas de la madrugada, totalmente empapados, tiritando de frío y muy hambrientos. Se tumbaron en la tupida hierba y lloraron el uno en los brazos del otro, silenciosamente, para que nadie pudiera descubrirlos. — Este no es un sitio en el que estar— dijo el Príncipe Xian—. Tenemos que encontrar una forma de salir. Y así los chicos anudaron sus ropas juntas y trataron de arrastrarse por la orilla. Estaban en un malezal de arbustos espinosos, y estaba muy oscuro. No podían ver ningún terreno. Estaban desesperados cuando, todos a una, millones de luciérnagas surgieron frente a ellos y comenzaron a volar en círculos frente al Emperador. — Dios nos está ayudando— dijo el Príncipe Xian. Siguieron a las luciérnagas y poco a poco encontraron un camino. Caminaron por él hasta que sus pies no les permitió seguir más adelante cuando, viendo un montón de paja cerca del camino, treparon a él y se dejaron caer. Este montón de paja estaba cerca de una granja. Por la noche, mientras el granjero dormía, tuvo una visión de dos brillantes soles rojos detrás de su morada. Alarmado por el portento se vistió rápidamente y fue a ver lo que pasaba. Entonces vio una luz brillante proveniente del montón de paja. Se dirigió rápidamente allí y entonces vio a los dos jóvenes tumbados. — ¿De qué familia proceden, jóvenes caballeros?— preguntó el granjero.

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El emperador estaba demasiado asustado para responder, pero su compañero dijo: — Él es el Emperador. Ha habido una revolución en la Ciudad Olvidada y hemos huido. Yo soy su hermano, el Príncipe de Chenliu. El granjero reverenció una vez y otra, y dijo: — Me llamo Sui Lie. Mi hermano Sui Yi es el depuesto Ministro del Interior. Mi hermano estaba disgustado con los traidores de los eunucos y por eso se resignó y huyó de allí. Los dos chavales fueron acogidos en la granja, y su anfitrión, de rodillas, le ofreció un refrigerio. Se decía que Min Gong había ido en persecución del Eunuco Duan Gui. Al poco Min Gong alcanzó a Duan Gui y gritó: — ¿Dónde está el Emperador? — ¡Ha desaparecido! ¡No sé dónde está! Min Gong mató a Duan Gui y colgó la sangrante cabeza en el pescuezo de su montura. Entonces envió a sus tropas que buscaran en todas las direcciones, y él también cabalgó con el mismo propósito. Al rato llegó a la granja. Sui Lie, viendo lo que colgaba del cuello del caballo, le interrogó y, satisfecho con su historia, fue conducido con el Emperador. El encuentro fue afectuoso. Todos lloraron de la emoción. — El estado no puede permanecer sin su gobernante— dijo Min Gong—. Le ruego a Su Majestad que vuelva a la ciudad. En la granja no había más que un mísero rocín y éste fue ensillado para el Emperador. El joven Príncipe fue tomado al cargo de Min Gong. Y así dejaron la granja. No se habían alejado una milla de la granja cuando se encontraron con otros oficiales y con muchos centenares de guardias y soldados que formaron un improvisado desfile. En él estaba Wang Yun, Ministro del Interior; Yang Bia, Gran Comandante; Chunyu Qiong, Comandante del Ejército de la Izquierda; Zhao Meng, Comandante del Ejército de la Derecha; Bao Xin, Comandante del Ejército de la Retaguardia; y Yuan Shao, Comandante del Ejército Central. Las lágrimas se derramaron con libertad en cuanto los ministros se encontraron con su Emperador. Un hombre fue enviado delante a la capital para exponer la cabeza del Eunuco Duan Gui. Tan pronto como les fue posible el Emperador fue ubicado en una montura mejor y al joven Príncipe en un caballo para sí mismo. De este modo el Emperador volvió a Luoyang, y de todo lo que había pasado circuló una cancioncilla en las calles de la ciudad:

Aunque el príncipe no formule órdenes ni el emperador no gobierne, Desde las Montañas Beimang vendrá un brillante desfile.

El desfile no había terminado cuando vieron acercarse a un gran cuerpo de soldados ondeando banderas ocultando el sol y levantando una enorme nube de polvo. Los oficiales palidecieron, y el Emperador se alarmó enormemente. Yuan Shao aguantó en vanguardia. — ¿Quién eres?— dijo Yuan Shao. De entre las sombras de las embravecidas banderas salió un líder, diciendo: — ¿Tienes al Emperador? El Emperador estaba demasiado aterrado para contestar, pero el Príncipe de Chenliu avanzó al frente y preguntó: — ¿Quién eres tú? — Dong Zhuo, Protector Imperial de la Región de Xizhou. — ¿Has venido a proteger al Trono o a robarlo?— dijo el Príncipe Xian. — He venido a protegerlo— dijo Dong Zhuo. — Si ese es el caso, el emperador está aquí. ¿Por qué no has desmontado? Dong Zhuo desmontó con premura y rindió homenaje en un lado del camino. Entonces el Príncipe Xian habló cortésmente con él. El Príncipe había manejado la situación de forma

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perfecta de principio a fin y por eso Dong Zhuo admiró su valor desde su corazón, y entonces fue cuando surgió su primer deseo de deponer al Emperador a favor del Príncipe de Chenliu. Alcanzaron el Palacio el mismo día, y allí se realizó una afectuosa entrevista con la Emperatriz He. Pero cuando restauraron el orden en el Palacio, el Sello Imperial Hereditario, el sello especial del Emperador, desapareció. Dong Zhuo acampó fuera de las murallas, pero cada día era visto con una escolta de soldados armados así que la gente de a pie se encontraba en un estado de constante agitación. Hasta entraba y salía de Palacio despreocupadamente como si tuviera todo el derecho a hacerlo. El Comandante del Ejército Real Bao Xin habló de la traición de Dong Zhuo a Yuan Shao, diciendo: — Este hombre oculta deseos demoníacos y debería ser suprimido. — No puede hacer nada hasta que el gobierno esté más asentado— dijo Yuan Shao. Entonces Bao Xin vio al Ministro del Interior Wang Yun y le preguntó qué opinaba. — Permitamos que se discuta— fue su respuesta. Bao Xin no dijo nada más pero dejó la capital y se retiró a las Montañas Taishan. Dong Zhuo persuadió a los soldados de los hermanos He Jin y He Miao para que se pasaran a sus órdenes, y habló en privado con su consejero Li Ru sobre deponer al Emperador a favor del Príncipe de Chenliu. — El gobierno está sin un auténtico cabecilla. No hay mejor ocasión que ésta para llevar a cabo su plan. Retrasarlo lo arruinará todo. Convoque mañana una asamblea con los oficiales en el Jardín Wenming y expóngales la situación. Ejecute a todos los que se opongan, y su prestigio quedará asentado. Así habló Li Ru, y sus palabras congraciaron mucho a Dong Zhuo. Y así al día siguiente Dong Zhuo celebró un banquete e invitó a muchos invitados. Como todos los oficiales estaban aterrorizados por él ninguno se atrevió a abstenerse de ir. Dong Zhuo llegó el último al jardín y ocupó su lugar con su espada ceñida a su cinto. Cuando varias rondas de vino fueron servidas Dong Zhuo detuvo el servicio y la música y comenzó a hablar. — Tengo algo que decir. ¡Que todo el mundo guarde silencio! Todos se volvieron hacia él. — El emperador es el señor de todo. Si es carente de dignidad y se comporta de modo indecoroso, no es un heredero adecuado de los prerrogativos ancestrales. Quien ahora ocupa el trono es alguien débil, inferior al Príncipe de Chenliu en inteligencia y amante de la erudición. El Príncipe es el adecuado para el trono en todos los aspectos. Deseo deponer al Emperador y disponer al Príncipe en su lugar. ¿Qué opináis vosotros? La asamblea escuchó en perfecto silencio, nadie se atrevió a ser el primero en pronunciar una palabra de disconformidad. Pero uno se atrevió, se levantó repentinamente de su lugar, golpeó la mesa y gritó: — ¡No! ¡No! ¿Quién eres tú para atreverse a pronunciar esas palabras tan atrevidas? El Emperador es el hijo del anterior Emperador y no hay nada mal en eso. ¿Entonces por qué hay que deponerlo? ¿Eres un rebelde? Quien habló fue Ding Yuan, el Protector Imperial de Bingzhou. Dong Zhuo fusiló con la mirada a Ding Yuan, rugiendo: — ¡Los que estén conmigo continuarán viviendo, los que se opongan morirán! Dong Zhuo desenvainó su espada y se dirigió hacia el objetor. Pero el atengo Li Ru se percató mientras estaba tras Ding Yuan como un particular peligro como un secuaz suyo, quien ahora empuñaba su alabarda amenazantemente, y cuyos ojos ardían con ira. Y así Li Ru se interpuso con premura, diciendo: — Pero esta es el salón de festejos, y los asuntos de estado deberían quedar fuera. Los detalles podrán ser discutidos mañana en su totalidad. Su compañero logró persuadir a Ding Yuan para que lo dejara, y tras su salida de tono Dong Zhuo dijo: — ¿Lo que he dicho es justo y razonable? — Está equivocado, Ilustrísimo Señor— dijo Lu Zhi—. Al igual que pasaba con el antiguo Emperador Tai Jia de la Dinastía Shang, que estaba poco instruido. Por lo tanto el

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Ministro Yi Yin24 le encerró en el Palacio Tong hasta que fue reformado. Después el Príncipe de Changyi ascendió al trono, y en veintisiete días cometió más de tres mil faltas categóricas. Por lo tanto el Mariscal Regente Huo Guang25 declaró en el templo ancestral que el Príncipe de Changyi fue depuesto. Nuestro actual Emperador es joven, pero es inteligente, benevolente y listo. No ha cometido ni un solo error. Usted, Señor, es un protector imperial de una región fronteriza y no un oficial de la corte y no tiene experiencia en la administración del estado. Las puras intenciones de Yi Yin y de Huo Guang no justificaban sus actos. El Maestro dijo: ‘Sólo con el propósito de Yi Yin uno puede actuar como Yi Yin. Si no, es tanto como una traición.’ Dong Zhuo empuñó su ira para matar al atrevido Lu Zhi, pero otros dos oficiales protestaron. — ¡El Ministro Lu Zhi es el blanco de todo el país, y su muerte violenta podría conmocionar los corazones de todo el mundo!— dijeron los Consejeros de la Corte Cai Yong y Peng Bo. Dong Zhuo entonces desvió su mano. — Un tema tan importante como la deposición y la sustitución de emperadores no es algo que debería tratarse después de una fiesta con vino— dijo entonces Wang Yun—. Tratémoslo en otra ocasión. Y así se dispersaron los invitados. Dong Zhuo se situó en la puerta con su espada desnuda viéndolos partir. Estando así, Dong Zhuo vio a un lancero galopando de un lado para otro en un fiero corcel y preguntó a Li Ru quién era. — Es Lu Bu, el hijo adoptivo de Ding Yuan. Debería mantenerse fuera de su camino, mi señor. Dong Zhuo entró y así él no pudo verle. Pero al día siguiente le informaron que Ding Yuan había salido de la ciudad con un pequeño ejército y estaba desafiando en busca de batalla. Dong Zhuo, con sus tropas, aceptó el desafío. Y los dos ejércitos se encararon en formación. Lu Bu era una figura llamativa en vanguardia. Su pelo estaba ordenado con un bonito tocado de oro, y estaba ataviado con un atuendo de batalla bordado con cientos de flores, un casco con un faisán bordado y una coraza de plata, y en torno a su talle tenía un reluciente cinturón de jade con un broche con la forma de la cabeza de un león. Con su lanza en ristre cabalgó hasta situarse junto a su maestro Ding Yuan. Ding Yuan, cabalgando hacia adelante, apuntó con su dedo a Dong Zhuo, comenzando a insultarle. — El hecho desafortunado de este estado fue cuando los eunucos se volvieron tan poderosos que la gente se encontraba como si estuvieran bajo la suela de sus zapatos. Ahora tú, desprovisto de todo mérito, tratas de hablar de deponer al emperador correcto y sentar a otro. ¡Eso es nada menos que desear una rebelión! Dong Zhuo no respondió a Lu Bu y, ansioso por la lucha, cabalgó directo hacia él. Dong Zhuo se retiró y el ejército de Ding Yuan entró en acción. La batalla fue a favor de Ding Yuan, y las tropas derrotadas se retiraron diez millas e hicieron otro campamento. Allí llamó Dong Zhuo a sus oficiales para un consejo. — Este Lu Bu es una maravilla— dijo Dong Zhuo—. ¡Si estuviera de mi lado podría desafiar al mundo entero! 24

Yi Yin fue un ayudante y uno de los principales ministros del Rey Tang, el fundador de la Dinastía Shang. Tras la muerte del Rey Tang, Yi Yin sirvió a sus hijos y a sus nietos. Poco después de Tai Jia, el nieto del Rey Tang ascendió al trono y cometió numerosos errores y Yi Yin, actuando como regente, exilió a Tai Jia al Palacio Tong, el lugar del enterramiento del Rey Tang. Después de tres años Yi Yin le devolvió el trono. Tai Jia finalmente se convirtió en un emperador progresista. La Dinastía Shang se extendió durante 650 años (1.700-1050 AC). Fue este acto de Yi Yin más que sus servicios levantando un imperio lo que le convirtió en inmortal. Se cuestionó si lo que hizo estuvo bien por destronar temporalmente al rey, hasta que surgió un veredicto final por Mencius quien pensaba que su meta justificaba ampliamente sus actos. Este hecho histórico atestiguaba la extensión del poder ejercido por el primer ministro en aquellos días. 25 Huo Guang (¿?-68 AC) fue general y regente de Han. Después de que el Emperador Wu muriese Huo Guang se convirtió en regente de tres emperadores sucesivos, y el segundo de ellos fue el Príncipe de Changyi, quien estuvo en el trono sólo veintisiete días. Huo Guang hizo declarar al Príncipe de Changyi no apto para gobernar y le depuso. Aunque Huo Guang contribuyó mucho a la estabilización del imperio, tras su muerte, fue degradado por el emperador y muchos de sus familiares fueron ejecutados con cargos de conspiración.

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Tras esto un hombre avanzó diciendo: — ¡Esté contento, mi señor! Yo soy un paisano suyo y le conozco muy bien: es valeroso, pero no ingenioso; cedámosle la iniciativa cuando vea que tiene ventaja. Con esta pequeñez, y usando mi elocuencia, puedo convencerle de que deponga las armas y se pase a nuestro lado. Dong Zhuo quedó deleitado y admirado por el interlocutor. Era Li Su, un general del Ejército Imperial del Tigre. — ¿Qué argumentos usarás con él?— preguntó Dong Zhuo. — Tienes un buen caballo, Liebre Carmesí, uno de los mejores que se hayan criado. Tengo que tener este corcel, y oro y perlas para ganar su corazón. Entonces iré y le persuadiré. Abandonará el servicio a Ding Yuan para ofrecerse a usted sin duda alguna. — ¿Qué opinas?— dijo Dong Zhuo a su consejero Li Ru. — Uno no puede tenerle resentimiento a un caballo por ganar un imperio— fue su respuesta. Y así le entregaron a Li Su lo que había pedido, mil onzas de oro, diez ristras de bonitas perlas, un cinturón enjoyado y a Liebre Carmesí, y con esa compañía fue Li Su con su paisano. Li Su alcanzó el campamento y dijo al guardia: — Por favor, dile al General Lu Bu que un viejo amigo ha venido a verle. Fue admitido de inmediato. — Honorable hermano, ¿ha estado bien desde la última vez que nos vimos?— le soltó más que le saludó Li Su. — ¡Hacía mucho tiempo que no nos veíamos!— respondió Lu Bu, devolviéndole la indirecta—. ¿Y dónde estás ahora? — Soy general en el Ejército Imperial del Tigre. Cuando me enteré que eras un fuerte partidario del Trono no podría decir cómo me regocijé. Ahora he venido a regalarte un exquisito caballo, un corcel de cinco-mil-millas-en-un-día, uno que atraviesa ríos y escala montañas como si se trataran de llanuras. Su nombre es Liebre Carmesí. Será una adecuada contribución por tu valor. Lu Bu mandó a sus guardas que sacaran al caballo. Tenía un pelaje de un color rojo como el sol, ni un solo pelo de otro color. Medía diez palmos desde la cabeza a la cola, y de las pezuñas al pescuezo ocho palmos. Cuando relinchaba el sonido llenaba el firmamento y sacudía el océano. Distinguid al rápido e incansable corcel, ved el polvo levantado en volandas, Ahora nada por el río, luego escala la montaña, la púrpura niebla rasgando, Rompe desdeñoso las riendas, sacude de su cabeza las enjoyadas bridas, Es como un fiero dragón descendiendo de lo más alto del cielo.

Lu Bu estaba encantado con el caballo y dijo: — ¿Qué te tengo que dar a cambio de una criatura semejante? — ¿Qué puedo esperara a cambio? Te lo he entregado por tu sentimiento de rectitud— respondió Li Su. Vino fue servido y bebieron. — Nos veíamos mucho de pequeños, pero ahora es con su honorable padre con quien me suelo encontrar constantemente— dijo Li Su. — Estás borracho— dijo Lu Bu—. Mi padre lleva muerto años. — Eso no; he hablado con Ding Yuan, el hombre del día. Lu Bu se arrancó. — Sí, estoy con él, pero sólo porque no puedo hacerlo mejor. — Señor, su talento es más grande que los cielos, más profundo que los mares. ¿Hay alguien en el mundo que no se reverencie ante su nombre? Fama, riqueza y honores son suyos por derecho. ¡Y dice que no puede hacer más que ser un simple subordinado! — Si sólo pudiera encontrar un maestro al que servir…— dijo Lu Bu.

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— El pájaro inteligente elije la rama en la que posarse; el sirviente sabio selecciona al maestro al que servir. Aprovecha la oportunidad cuando se presenta, para arrepentirse que no sea demasiado tarde. — Ahora estás en el gobierno. ¿Quién crees que es el más valiente de todos?— preguntó Lu Bu. — Desprecio a todos menos a Dong Zhuo. Es alguien que acata la sabiduría y venera la erudición; es entendido a la hora de recompensar y de castigar. Seguro que está destinado a ser un gran hombre. — Espero poder servirle, pero me temo que no hay forma de hacerlo— dijo Lu Bu. Entonces Li Su sacó sus perlas y oro y el cinturón enjoyado y lo dispuso ante su anfitrión. — ¿Qué es esto? ¿Y qué significa?— preguntó Lu Bu. — Envía fuera a tus sirvientes— respondión Li Su, y entonces continuó—. Dong Zhuo respeta enormemente tu bravura y ha enviado esto por mí. Liebre Carmesí también es de parte suya. — Pero si él me agasaja así, ¿qué puedo hacer yo para corresponderle? — Si un estúpido como yo puede ser general en el Ejército Imperial del Tigre, no hay forma de describir todos los honores que te esperan a ti— dio Li Su. — Lo siento, no hay ningún servicio que pueda ofrecer. — Hay un servicio que puedes hacer— dijo Li Su—, y es extremadamente fácil llevar a cabo; pero no debes postergarlo. Lu Bu permaneció largo rato en silencio, y entonces dijo: — Debería matar a Ding Yuan y pasar al servicio del ejército de Dong Zhuo. ¿Qué opinas de eso? — Si hicieras eso no habría un servicio mejor. Pero es algo que hay que hacer rápidamente. Y Lu Bu prometió a su amigo que debería tomar la decisión cuanto antes y marcharse al día siguiente. Y así Li Su se marchó. Esa noche, durante la segunda guardia, Lu Bu entró, espada en mano, en la tienda de su señor. Se encontró a Ding Yuan leyendo con la luz de un solitario candil. Viendo quién venía, Ding Yuan dijo: — Hijo mío, ¿qué estás tramando? — Soy un héroe audaz— dijo Lu Bu—. ¡No creas que yo he elegido voluntariamente ser hijo tuyo! — ¿A qué viene ese cambio, Lu Bu? Como respuesta Lu Bu pegó un corte, y la cabeza de Ding Yuan cayó a la tierra. Entonces Lu Bu llamó a los guardias y dijo: — Era un hombre injusto, y he tenido que matarlo. Abandonarle quienes estén conmigo. El resto puede marcharse. La mayoría huyó. Al día siguiente, con la cabeza del hombre asesinado como regalo, Lu Bu se dirigió a Li Su, quien le llevó ante Dong Zhuo. Éste le recibió con una cálida bienvenida e hizo que le sirvieran vino. — Tu presencia es bienvenida así como el suave rocío por la reseca hierba— dijo Dong Zhuo. Lu Bu hizo que Dong Zhuo se sentara y entonces mostró señal de obediencia, diciendo: — ¡Permítame que me postre ante usted como mi padre adoptivo! Dong Zhuo le dio a su nuevo aliado una armadura de oro y túnicas de seda y celebró un banquete de bienvenida. Entonces se separaron. Desde entonces el poder y la influencia de Dong Zhuo se incrementó rápidamente. Le dio la señoría de Hu, un estado antiguo, y el rango de Comandante del Ejército de la Izquierda a su hermano Dong Min. Nombró a Lu Bu Señor de Luoyang, Comandante de la Capital del Distrito y Comandante de la Caballería. Dong Zhuo se hizo a sí mismo Ministro de Fomento, Gran Comandante y Comandante del Ejército de Vanguardia. El consejero Li Ru nunca cesó de urgirle para que llevara a cabo el plan de deponer del trono al joven Emperador.

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El ahora todopoderoso Dong Zhuo preparaba un banquete en la capital con todos los oficiales de estado como invitados. También ordenó a Lu Bu que apostara una compañía de hombres armados a derecha e izquierda preparados para la acción. El festín comenzó y numerosas viandas fueron servidas sin nada que las distinguieran de cualquier otro banquete. Entonces de repente el anfitrión se levantó y sacó su espada, diciendo: — El que está por encima de nosotros es débil e indeciso, incapaz para los deberes de tan alto cargo. Por lo tanto yo, como hicieran antaño Yi Yin y Huo Guang, depondré al Emperador dándole el título de Príncipe de Hongnong, y pondré en el trono al presente Príncipe de Chenliu. Y que todos aquellos que no estén de acuerdo que sufran el castigo de la muerte. El miedo se apoderó de todo el mundo y guardaron silencio, todos menos Yuan Shao, quien dijo: — ¡El Emperador es inocente de cualquier culpa, y destronarle a favor de un plebeyo es una rebelión y nada más! — ¡El imperio está en mis manos!— gritó Dong Zhuo—. ¿Cuando elija hacer esto, quién se atreverá a decir que no? ¿Crees que mi espada es roma? — ¡Si tu espada está afilada, la mía nunca ha estado desafilada!— dijo Yuan Shao mientras su espada brillaba fuera de su funda. Los dos hombres permanecieron cara a cara en medio de los asistentes. Cuando Ding Yuan murió por un traidor y asesino, La pérdida fue enorme para el bando de Yuan Shao.

La suerte de Yuan Shao será revelado en capítulos posteriores.

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