Resumen El Principe Maquiavelo

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El Príncipe – Maquiavelo (Parte 2) Capítulo XI De los principados eclesiásticos. Los principados eclesiásticos, estos príncipes tienen Estados sin estar obligados a defenderlos y súbditos sin tener la molestia de gobernarlos. La mayor autoridad se sustenta en las instituciones religiosas, independientemente del modo de vivir o gobernar; es decir, el poder de la iglesia es quien gobierna. Capitulo XII Cuantas especies de tropas hay; y de los soldados mercenarios. Las armas con las que un príncipe defiende su Estado son o las suyas propias o armas mercenarias, o auxiliares, o armas mixtas. Las mercenarias y auxiliares son inútiles y peligrosas. Si un príncipe apoya su Estado en tropas mercenarias, no está firme ni seguro nunca, porque ellas carecen de unión, son ambiciosas, indisciplinadas, y cobardes contra los enemigos. Lo que nos enseña que únicamente los príncipes que tienen ejércitos propios y las repúblicas que gozan del mismo beneficio hacen grandes progresos, mientras que las repúblicas y príncipes que se apoyan en ejércitos mercenarios logran todo lo contrario. Capítulo XIII De soldados Auxiliares, Mixtos y Propios Las armas auxiliares son de las más inútiles, ya que son las que otro príncipe nos presta para socorrernos o defendernos. Una victoria no es real si se gana con armas de los otros. Las infanterías propias son las que se componen de soldados, ciudadanos o hechuras del príncipe: todas las demás son mercenarias o auxiliares. Capítulo XIV De las obligaciones del Príncipe El príncipe siempre debe pensar en los ejercicios de armas en los tiempos de paz como de guerra y lo puede hacer de dos formas, acciones y pensamientos. En las acciones debe tener ordenada y ejercitada a su tropa así como también ir a caza, y conocer la calidad de los sitios que se encuentran en su país. Estas le permiten conocer bien su país para defender mejor y las semejanzas de otro país con el de él. El príncipe debe de ejercitar su espíritu, debe leer historias y contemplar acciones de los varones conocidos, como se condujeron a la guerra, causas de sus victorias y de sus pérdidas. Capítulo XV De las cosas por las que los hombres y especialmente los príncipes, son alabados o censurados. Es necesario que un príncipe que desea mantenerse, aprenda a ser bueno o no según que exijan las circunstancias. No habría cosa más correcta que un príncipe estuviera dotado de muchas cualidades y entremezclado con las malas que le son opuestas.

Capítulo XVI De la liberalidad y la miseria Sucederá siempre que un príncipe quiere tener la gloria y para ello consumirá todas sus riquezas en prodigalidades (bienes). Entonces se verá obligado a perjudicar extraordinariamente a sus gobernados y hacer cuanto es imaginable para tener dinero. Así, pues, un príncipe que no quiere verse obligado a despojar a sus gobernados y quiere tener siempre con que defenderse, no ser pobre y miserable, ni verse precisado a ser rapaz, debe temer un poco incurrir en la fama de avaro, supuesto que la avaricia es uno de aquellos vicios que no aseguran su reinado. Capítulo XVII De la severidad y la clemencia, y vale más ser amado que temido. Aquí se presenta la cuestión si vale más ser temido o amado. Ser responde que sería correcto ser uno y otro justamente; pero como es difícil serlo a un mismo tiempo, el partido más seguro es ser temido primero que amado. Lo correcto es que el príncipe sea temido por sus gobernados pero al mismo tiempo amado para así evitar ser aborrecido. CAPITULO XVIII De qué modo los príncipes deben guardar la fe dada. Modos de defenderse. 1.- Leyes: es el que conviene a los hombres 2.- Fuerza: pertenece esencialmente a los animales para un príncipe es indispensable saber hacer uso de las dos ya que una no podría durar si no la acompaña la otra. Es necesario, pues, ser zorra para conocer los lazos, y león para espantar a los lobos. Capitulo XIX El príncipe debe evitar ser despreciado y aborrecido El príncipe debe huir de las cosas que no lo hagan odioso y despreciable. Para ser respetado, el príncipe, tiene necesariamente que ser bueno y querido por los suyos. Un príncipe debe temer dos cosas: que se le subleven los súbditos y que lo ataquen potencias extranjeras. Capitulo XX Si las fortalezas y otras muchas cosas que los príncipes hacen con frecuencia son útiles o perniciosas. Cuando desarmas a todos los gobernados empiezas ofendiéndolos, supuesto que manifiestas que desconfías de ellos, sospechándolos capaces de cobardía o poca fidelidad. El príncipe que tiene más miedo de sus pueblos que de los extranjeros debe hacerse fortalezas, pero el que teme más a los extranjeros que a sus pueblos debe pasarse sin esta defensa. Capítulo XXI Cómo debe conducirse un príncipe para adquirir alguna consideración El príncipe también debe mostrarse amante de la virtud y honrará a los que se distingan en las artes. Dará seguridades a los ciudadanos para que puedan dedicarse a sus profesiones; y que unos no se abstengan de embellecer sus posesiones por temor a ser robados, y otros de abrir una tienda por miedo a los impuestos.

Capítulo XXII De los secretarios (o ministros) de los príncipes Entre los príncipes hay tres formas de cerebros: Los que imaginan por si mismos – Ingenios superiores. Poco ingeniosos para inventar, aprenden rápido lo que se les enseña por otros – Excelentes talentos. No conciben nada por sí mismos, ni por discursos ajenos – Como si no existieran. Un buen ministro debe manejar los negocios de un Estado y por ello debe pensar en el príncipe antes que él. Capítulo XXIII Cuándo debe huirse de los aduladores Para protegerse de la adulación es necesario hacerles comprender a los sujetos que te rodean que no te ofenden con la verdad, que pueden decirla y no te faltara el respeto. Para evitarlo un príncipe dotado con prudencia debe seguir un curso medio, escogiendo de su estado sujetos sabios a los cuales acuerde solo decir la verdad a lo que le pregunte, oír sus opiniones, deliberar por sí mismo y obrar como tenga por conducente. Capítulo XXIV ¿Por qué muchos príncipes de Italia perdieron sus estados? Si se consideran aquellos príncipes de Italia, que en nuestros tiempos perdieron sus Estados, como el rey de Nápoles, el duque de Milán y algunos otros, se reconocerá, desde luego, que todos ellos cometieron la misma falta en lo concerniente a las armas, según lo que hemos explicado extensamente. Se notará después que uno de ellos tuvo por enemigos a sus pueblos, o que el que tenía por amigo al pueblo no tuvo el arte de asegurarse de los grandes. Sin estas faltas, no se pierden los Estados que presentan bastantes recursos para que uno pueda tener ejércitos en campaña. Capítulo XXV Cuánto dominio tiene la fortuna en las cosas humanas, y de qué modo podemos resistirle cuando es contraria La fortuna es la juez de la mitad de nuestras acciones, pero nos deja gobernar la otra mitad. Y aunque esto sea inevitable, no basta para que los hombres, tomen sus precauciones con diques y reparos. La fortuna varia y los hombres se empeñan en proceder de un mismo modo, serán felices mientras vayan de acuerdo con la suerte, e infelices cuando estén en desacuerdo con ella. Capítulo XXVI Exhortación a librar la Italia de los bárbaros Después de todo lo expuesto, las circunstancias son propicias para que un nuevo príncipe pueda adquirir la gloria, instaurando una nueva forma de gobierno y dándole la felicidad a los Italianos.