Dishy Victor - Stretching Mental

Víctor Dishy Stretching mental Ediciones Martínez Roca, S. A. Traducción de M. Taboada Diseño cubierta: Geest/Hovers

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Víctor Dishy

Stretching mental Ediciones Martínez Roca, S. A.

Traducción de M. Taboada

Diseño cubierta: Geest/Hoverstad Título original: Innerfitness

Fotocomposición de Pacmerrry, S. A., Miquel Ángel, 70-72, 08028 Barcelona Impreso por Libergraf, S. A., Constitució, 19, 08014 Barcelona Impreso en España - Printed in Spain

Ser simplemente tú mismo, en un mundo que se esfuerza, día y noche, por convertirte en alguien distinto, significa entablar la batalla más dura que un ser humano puede librar, una batalla que no cesa jamás.

E. E. CUMMINGS

A Amy y a Nissi,, que lucharon contra fuerzas superiores a las suyas por conservar su independencia de espíritu.

AGRADECIMIENTOS Cuando era pequeño, creía que los escritores se hallaban en posesión de plumas mágicas, de las que brotaban palabras maravillosas. Escribiendo este libro, comprendí muy bien que no era así. Aprendí que toda la magia está en la reescritura, y en la generosidad con que otros nos prestan sus talentos. Doy, pues, las gracias a Sharon Kingston, McKee Anderson, Joan Groves, Terry Richards, Ken Husney, Joan Hobbs, Monique Yellin, Barry Leshner, Ken Dressler, Sara Blackburn, Ralph Brody y a todos los demás que, con su buena voluntad y su franqueza, me ayudaron a dar forma a mi programa. Agradezco a mi agente, Connie Clausen, sus infatigables esfuerzos por defender mi causa, y a mi editora, Loretta Barret, el haber creído firmemente en el espíritu y el mensaje de mi obra. Tengo una deuda particular de gratitud con Zaida, mi mujer, por su paciencia y su extraña facultad de adivinar cuándo tenía yo algo que decir o cuándo me limitaba a enjaretar palabras. Le estoy también muy agradecido a Andrew Karp, al que doy especialmente las gracias por su comprensión del programa y por sus cualidades literarias.

Prefacio: Hablar no es suficiente

No sé si le habrá ocurrido también, pero yo he tropezado varias veces con libros que dedican cuatrocientas páginas a explicarte que tienes un problema, sin ofrecerte ninguna solución. Tengo asimismo muy pobre opinión de esos otros que te dicen cómo debes vestirte, actuar, negociar u opinar, sin presentarte ningún método realista para modificar unos hábitos profundamente enraizados, unos hábitos de toda la vida. Tales libros pueden fortalecer momentáneamente tu resolución, pero fracasan cuando se les somete a la prueba de las decisiones a corto o a largo plazo. Lo mismo que una barra de hierro al rojo se enfría poco después de retirarla del fuego, recaemos en nuestras antiguas costumbres tan pronto como cerramos el libro. La mayoría de los libros destinados a enseñarnos a ser más eficaces resultan paradójicamente ineficaces, puesto que no ofrecen otra cosa que una lista de recetas prefabricadas, que no forman parte de un sistema integrado, global, abarcando todos los niveles del razonamiento y de la percepción. Tal tipo de recetas, con demasiada frecuencia pretendidamente «científicas», prescinden de la dimensión espiritual e intuitiva del ser humano.

Si queremos mejorar nuestras reacciones y facilitar la comunicación con los demás, tenemos que cambiar profundamente, a fin de redescubrir nuestro verdadero yo, nuestro yo interior. Para poner en práctica las buenas ideas, se requiere un programa completo, global, además de una implicación personal, una concentración y un condicionamiento. Sólo entonces seremos capaces de apoyarnos exclusivamente en nosotros mismos, de actuar espontánea y naturalmente, sin ayuda de estratagemas o trucos de comportamiento. En este libro he intentado presentar un método completo para condicionar la mente y las emociones, un método que nos influya hasta lo más profundo de nosotros mismos y nos proporcione técnicas eficaces para alcanzar esa cima a la que yo llamo la «adecuación interior». Cuando se trata de vender, mientras no se haya cerrado el trato y se marche uno con el cheque en la cartera, no se ha pasado del estadio de la conversación. Por eso, al idear el Programa de Adecuación Interior y al someterlo a prueba en una larga serie de seminarios, me fijé como objetivo incitar a mis semejantes a emprender acciones que introdujesen en su vida cambios beneficiosos. Por lo tanto, lo que sigue es el fruto de mi esfuerzo por convertirle en un ser más rico desde el punto de vista humano. Haré cuanto esté en mi mano para convencerle no sólo de lo bien fundado de las ideas en que se basa la adecuación interior, sino también de la necesidad de aplicar los diversos ejercicios de condicionamiento que componen el programa. Póngalo metódicamente en práctica y aprenderá a vivir creativamente, a aceptar los riesgos con mayor facilidad y menos reticencia, a enfrentarse al cambio y a aprovechar las efímeras oportunidades de éxito y autorrealización que con tan escasa frecuencia aparecen en nuestra vida.

Introducción: La Adecuación Interior y los Utensilios de Vida. Cómo utilizar este libro

He aquí la premisa fundamental del Programa de Adecuación Interior: ser sincero consigo mismo es el medio más eficaz, más realista y más práctico de vivir la propia vida. Cualesquiera que sean nuestras metas y nuestros objetivos -el éxito en los negocios, o la conversión en acto de lo que somos en potencia-, tenemos que conciliar lo que, en nuestro fuero interno, consideramos que es bueno para nosotros con el desarrollo real de nuestra vida cotidiana. Los Utensilios de Vida nos ayudarán a lograr esa conciliación. Dichos Utensilios corresponden a seis aptitudes vitales, diferentes entre sí, aunque interrelacionadas. Representaré cada uno de ellos por un símbolo visual y aclararé el concepto mediante ejemplos. En cada capítulo referente a los Utensilios incluiré los consejos prácticos pertinentes para mejorar y reeducar nuestro razonamiento, nuestras actitudes y emociones. Al final de cada capítulo figura una serie de lo que denomino «ejercicios de condicionamiento», instrucciones específicas, mentales o emocionales, destinadas a hacer pasar al lector de la teoría a la práctica. Muestran cómo aplicar los Utensilios en la vida diaria y nos alientan a practicar llevando a cabo pequeños cambios, que nos prepararán para enfrentarnos a las decisiones importantes. Para obtener el mayor beneficio posible del Programa de Adecuación Interior, recomiendo adoptar el itinerario siguiente.

Primera fase: Receptividad interior La Adecuación Interior empieza por un compromiso consigo mismo, formulado en la intimidad de su pensamiento. Elija un momento de calma para confirmar su apertura y su voluntad de cambiar. Antes de comenzar el condicionamiento mental y emocional, debe afirmar su deseo de vivir creativamente y de ejercer su derecho a la opción.

Segunda fase: El programa global Lea el libro completo por lo menos una vez. La primera lectura le dará una idea del conjunto del programa y le permitirá situar cada Utensilio en su contexto. Los Utensilios se presentan en un orden progresivo, de complejidad creciente, yendo del interior al exterior, del silencio a la palabra, de lo personal a lo social. Le conducirán de las aptitudes no verbales a las aptitudes verbales, de la simple evitación de los errores al descubrimiento de las direcciones positivas. Le pondrán en contacto con su ser no verbal, le harán consciente de que puede elegir su camino, le permitirán comprender que debe obedecer a su yo espiritual, le sensibilizarán al cambio y agudizarán su capacidad de comunicarse con sus semejantes. Ahora bien, aunque presento los Utensilios de acuerdo con esta secuencia, cuando se trata de aplicarlos a la vida, no es preciso utilizarlos en ningún orden preestablecido.

Tercera fase: Los ejercicios de condicionamiento A la segunda lectura, deténgase a poner en práctica los ejercicios de condicionamiento. Dedique una semana a cada Utensilio. Practique aplicándolo a su vida. Insista en aquellos ejercicios que le parezcan más útiles. El momento más apropiado para recurrir a los Utensilios de Vida es aquel en que su vida sea más febril y en que esté sometido a mayor presión. Después de haber puesto en práctica los ejercicios de condicionamiento, repase la variedad de usos que presentan los Utensilios. Luego, en un momento dado, en cada situación particular, recurra al que considere más apropiado y eficaz. Para resolver un problema especialmente espinoso, utilice la Hoja de Programación descrita en el capítulo 10, es decir, haga una lista de todos los Utensilios y vaya aplicándolos uno a uno, de acuerdo con ese orden.

O, si lo prefiere, utilice los Utensilios después de haber tomado una decisión o de verse en un conflicto, como una especie de terapia que le ayudará a comprender y resolver un tipo determinado de problemas.

Cuarta fase: Mantener el impulso Aunque el Programa de Adecuación Interior se puede completar en cuestión de semanas, no pretende tener una duración limitada, señalada de antemano. Al contrario, se trata de un programa progresivo, que continuará ayudándole aun después de que haya dominado -e interiorizado- el mensaje de los Utensilios. Como con cualquier otra aptitud, siempre queda la posibilidad de mejorar. Recurra regularmente a los Utensilios a fin de descubrirles nuevas aplicaciones. Cuanto más los utilice, mejor se conocerá a sí mismo y más progresará en su existencia.

La concepción del Programa de Adecuación Interior Una tarde de otoño, a principios de los años ochenta, empecé a examinar los diversos giros que había tomado mi vida, reviviendo mis decisiones importantes y aquellas otras, en apariencia nimias, pero que habían resultado ser determinantes. Aunque he tenido, como es natural, mis altibajos, puedo considerarme en general como afortunado. De pronto, mientras estaba pensando, se produjo una especie de chispazo. Tuve la impresión de que, a través de la multitud de imágenes, ideas y experiencias que se me venían a la cabeza, se delineaba una pauta. Me di cuenta de que logré mis mayores éxitos cuando rompí con la tradición y seguí mis impulsos espontáneos, creativos. En cambio, cuando opté por la seguridad y permití que mis decisiones se guiasen por temores y presiones, cometí errores de juicio y sólo obtuve resultados muy mediocres. Siempre que confié en mi sensibilidad y en mi intuición y las puse al mismo nivel que mi lado racional, experimenté un sentimiento de alegría y de respeto por mí mismo. Este descubrimiento me condujo a una segunda constatación: tenía un poder sobre mi propia vida, superior a cuanto podía haber soñado. No me controlaban ni las circunstancias, ni el ambiente, ni la suerte, ni ningún otro factor externo. Al contrario, en todo momento era yo quien elegía mi camino, determinando la dirección que debía tomar y

decidiendo lo que debía hacer. Era yo quien creaba mi propia vida y elegía mi destino. Repasando mis momentos de éxito personal y de éxito en los negocios, ya fuese cuestión de marketing, de preparación de mis vendedores, de negociación o comunicación, pensé en el método que solía seguir para asimilar la información y llegar a una decisión. Había pasado años estudiando y dirigiendo seminarios sobre una teoría de la comunicación y la percepción ideada por el eminente semántico Alfred Korzybski, el autor de Science and Sanity. Su sistema de pensamiento, denominado semántica general, se proponía sacarnos de los caminos trillados para llevarnos a nuevos enfoques, más recientes y más en consonancia con la ciencia moderna y la naturaleza. Sin embargo, lo que aprendí acerca de los hombres no lo encontré en un libro de texto. Mi experiencia personal y profesional me proporcionó lecciones profundas sobre la naturaleza humana, además de un repertorio de actitudes mentales y de reglas autoimpuestas. También aquí se dibujaba una pauta. Me di cuenta de que, tanto consciente como inconscientemente, había estado utilizando una serie de instrumentos y técnicas que me facilitaban el formular buenos juicios. Advertí que esos instrumentos y esas técnicas tenían una aplicación universal y que podían ofrecer a otros la oportunidad de convertir su modo de vida no sólo en un don, sino también en una exaltadora aventura personal. En las páginas que siguen, me gustaría compartir con usted mis descubrimientos.

Primera parte El comienzo

Adecuación Interior: Un programa de condicionamiento mental y emocional

Los años ochenta fueron sin la menor duda la década de la buena forma física. Desde el jogging a la musculación, desde el aerobic suave a la marcha, nos hemos vuelto todos más conscientes de la necesidad y los beneficios del ejercicio físico, el entrenamiento y una alimentación equilibrada. Cambiamos nuestras dietas y organizamos nuestros horarios para introducir el ejercicio en nuestra vida diaria. Pero ¿de qué sirve tener un cuerpo más esbelto y más sano si nuestra mente y nuestras emociones son inadecuadas? Somos muchos, en los tiempos presentes, los que vivimos divididos. Nuestra mente y nuestro cuerpo no actúan coordinados. Llevamos una doble vida, ocultando nuestro verdadero ser, comportándonos de una manera en el trabajo y de otra en casa. Y como resultado de esta falta de armonía entre lo que hacemos y lo que sentimos y creemos, desperdiciamos nuestras energías y perdemos en parte nuestra capacidad productiva. Es tiempo de que volvamos a poner en comunicación nuestro cuerpo y nuestra mente, de que reorientemos y reintegremos nuestra programación interior, de que vayamos más allá del simple entrenamiento físico. Sabemos que un ejercicio regular y una dieta sana nos son imprescindibles si queremos conservarnos en buena forma física, en buena forma exterior. Del mismo modo, si queremos desarrollar las capacidades precisas para alcanzar la adecuación interior, necesitamos un programa para distender la mente y adquirir resistencia emocional, lo que significa vivir basándose en la elección

personal, evitar los errores de juicio y los bloqueos innecesarios y sacar el mejor partido de nuestras potencialidades. La adecuación interior requiere un programa práctico de condicionamiento mental, destinado a reconvertir nuestra mente y nuestras reacciones emocionales. Constituido por seis Utensilios de Vida fáciles de comprender y recordar, acompañados por los ejercicios apropiados, nos lleva a abandonar nuestra conducta habitual de fracaso y a reemplazarla por un comportamiento natural y funcional. No precisando de ningún equipo especial, ni requiriendo su aplicación más allá de unos minutos diarios, el Programa de Adecuación Interior nos ayuda a vencer nuestras tendencias y prejuicios. Al impedirnos saltar a conclusiones poco seguras, al enseñarnos a reaccionar apropiadamente a los problemas planteados por los inevitables cambios, al impulsarnos a obedecer a lo que nos fascina, nos prepara para enfrentarnos a las difíciles decisiones que la vida nos obliga a tomar. Aplicar los Utensilios de Vida es como seguir un circuito de musculación. Lo mismo que, en un circuito de este tipo, cada aparato o ejercicio favorece una función específica y desarrolla un músculo específico para tonificar y desarrollar nuestro cuerpo, el Programa de Adecuación Interior ofrece un circuito de normas y ejercicios mentales que contribuyen a distender, tonificar y desarrollar nuestra potencia emocional e intelectual. El sentimiento de euforia que nos procura el llevar bien a cabo el entrenamiento para la adecuación interior (al convertir en realidad un impulso creativo o al descubrir una opción nueva y adoptarla) puede compararse fácilmente a la exaltación del corredor o al ardor del levantador de pesas. Gracias al Programa de Adecuación Interior, aprenderemos a vivir felices, en armonía con nuestros valores personales y con nuestros instintos. Conste que no aconsejo a nadie el sacrificio de su confort material. Al contrario, basándome en mi experiencia personal y comercial, estoy convencido de que ser fiel a sí mismo, lejos de suponer un ensueño idealista, constituye realmente el camino más pragmático para llegar al éxito. Y esta sencilla verdad parece el secreto mejor guardado de nuestra época. Al mostrarnos cómo convertir en realidad nuestros sueños y cómo tomar decisiones bien fundamentadas, sinceras, en acuerdo con nuestro ser más íntimo, el Programa de Adecuación Interior nos proporciona la preparación necesaria para servirnos de nuestra «espiritualidad» y darle rienda suelta. Nos prepara para ese cambio paradigmático que reclama Fritjof Capra en su libro El punto crucial y nos muestra cómo emplear nuestro potencial y llegar a la actualización de nosotros mismos preconizada por Abraham Maslow. Espero

que el Programa de Adecuación Interior contribuirá a encontrar el eslabón perdido entre la razón y el espíritu, entre la Edad Antigua y la Nueva, entre la mentalidad preocupada sólo por los resultados y el nuevo estilo de gestión, más orientado hacia el factor humano, que nos será necesario para funcionar en el futuro. Al condicionarnos para cambiar de manera muy profunda y hacernos actuar en armonía con nosotros mismos y con nuestro ambiente, la Adecuación Interior nos ayuda a cumplir nuestros sueños y actualizar nuestras potencialidades, elevando en consecuencia nuestro espíritu y encaminándonos, en paz con nosotros mismos, hacia el siglo XXI.

2 Cómo pasar de una vida de «tengo que» a una vida de «yo elijo»

¿Por qué ciertas personas que parecen tenerlo todo se sienten como si no tuvieran nada? Con su abundante cabello pelirrojo y su tez saludablemente sonrosada, Ralph B., a sus treinta y tres años, representa brillantemente su papel de jefe de contabilidad en una agencia de publicidad de Nueva York. Sus clientes le aprecian, sus compañeros de trabajo disfrutan con sus agudezas y vive en un cómodo apartamento de un barrio residencial. Todas las mañanas, antes de ir a la oficina, corre varios kilómetros alrededor del estanque de Central Park, mientras que, por las tardes, se entrega a la halterofilia en el New York Health and Racquet Club. Los fines de semana, él y su mujer preparan platos exquisitos para sus amigos y asisten a los espectáculos de arte y ensayo. En verano, alquilan una casa espaciosa en Shelter Island. Y sin embargo, Ralph desespera de la vida. Mary H. está al final de la treintena. Menuda y atractiva, tiene un trabajo seguro como secretaria en una pequeña compañía de arquitectos, con sede en los suburbios de Boston. No le incumben demasiadas responsabilidades y se lleva bien con el resto del personal. Divorciada hace tres años de un marido alcohólico, se ocupa de sus dos hijos adolescentes, que no le dan ningún disgusto. Le encanta el aire libre y sale asiduamente con un hombre mayor que ella, un ingeniero, que le ha propuesto matrimonio. Sin embargo, pese a estar

convencida de que sería un buen marido y un buen padre, no se decide a aceptarle. Mary llora con frecuencia y se siente confusa por su profundo sentimiento de desasosiego y malestar. ¿Le agitan a usted también la ira, la frustración, un sentimiento de infelicidad, a pesar de que, exteriormente, su vida parece fácil y segura? ¿Se deja arrastrar simplemente por los acontecimientos? ¿Necesita recurrir a medicamentos, las drogas o el alcohol para resistir durante la semana? ¿Está harto de su pareja o de su trabajo? ¿Encuentra su trabajo tan pesado y tan poco interesante que sólo tiene la sensación de vivir durante los fines de semana? ¿Le atormentan las exigencias de su jefe, al que nunca logra satisfacer? ¿Dedica tantas horas a su trabajo que no le queda ninguna libre para disfrutar de lo que posee? ¿Ha probado la psicología, la tecnología y el racionalismo y no sabe ya hacia dónde volverse? ¿Maldice a los dioses, al destino, al gobierno o a sus padres, juzgándoles responsables de su mala suerte y de los problemas de su vida?

Un hombre detiene a un amigo que pasa corriendo a su lado. «¿Adonde vas tan apresurado?», le pregunta. «No lo sé -contesta el amigo-. Tengo demasiada prisa para pararme a pensarlo.» Con demasiada frecuencia, pasamos a toda velocidad por la vida, sin detenernos a consultar nuestras intuiciones ni a convertir en realidad nuestros sueños. Ralph B. desprecia secretamente la publicidad y se odia a sí mismo por dedicarse a ella. Con un doctorado en inglés y una gran afición al arte y la literatura, le hubiera gustado ser escritor, pero, temiendo la inseguridad de esta profesión, permanece aferrado a su puesto y a un estilo de vida que no se

decide a abandonar. Se ocupa de mantener su cuerpo en forma, pero nunca se le ha ocurrido pensar siquiera en que podía hacer algo para ponerse en forma mental y emocionalmente. Mary H. tiene la impresión de que su vida ha terminado, encadenada como está a un trabajo subalterno, nada apasionante. Creyéndose obligada a sacrificarse por sus hijos, temerosa de pasar el resto de su vida sola, está convencida de que no le queda otro remedio que casarse con un hombre al que en realidad no quiere. En el fondo, desearía trasladarse a California, terminar su carrera en la universidad y trabajar como guardabosque, pero entierra sus sueños, optando por lo que considera la seguridad y arrastrando sus días y sus noches de soledad, dolor psíquico y frustración. Ralph y Mary demuestran ser muy mediocres en el negocio de la vida. Son el modelo de esas personas que se sienten atrapadas por la situación en que se encuentran y cuyo bienestar emocional sufre a causa de lo que lamentan no haber hecho, de sus miedos, de sus sueños frustrados y de sus percepciones falseadas. Llevan una vida forzada, haciendo lo que creen que tienen que hacer y no lo que quieren hacer. Viven de acuerdo con las imposiciones de la sociedad y de las conveniencias, en lugar de vivir dinámica y creativamente. Yo también fui así en otro tiempo. Me sentía bajo presión, como suele sentirse todo el mundo. La presión de conservar a toda costa nuestro trabajo o nuestra pareja (por miedo a no encontrar otro, si lo perdemos), de aceptar lo que nos ha tocado en suerte, de evitar todo riesgo emocional y todo peligro. La presión nos viene de nuestros padres, o de nuestros iguales, de nuestros jefes o de nuestros clientes..., de la historia de nuestras experiencias acumuladas. Cuando sucumbimos a la presión de un estilo de vida impuesto, el futuro se nos aparece más como una amenaza que como una oportunidad. Al erigir defensas para protegernos de los peligros reales e imaginarios, confiamos más en las opiniones de los demás que en las nuestras. Sacrificamos nuestros sueños en aras de una seguridad ilusoria, distorsionamos nuestras percepciones y sofocamos nuestra creatividad y nuestra espontaneidad. Y nos dejamos dominar por el miedo. El miedo nos induce a todos a la acción (o a la inacción), reacción apropiada cuando se trata de ciertas situaciones que ponen en peligro nuestra vida. Sin embargo, muchos de nuestros miedos habituales nos roen el alma y causan estragos en nuestro perfil emocional. El miedo a la pobreza, a la soledad, a lo desconocido, el miedo a cometer un error, a no saber adaptarse, a no estar a la altura de lo que se espera de nosotros, nos aleja cada vez más de

nosotros mismos y nos hunde cada vez más profundamente en la dolorosa parálisis de la vida del «tengo que». Durante años, en mis conversaciones con mis posibles inversores, he oído cientos de veces el mismo y triste latiguillo, precedido siempre por el condicional «si»: «Si hubiera comprado aquellas acciones...», «Si hubiera renunciado a aquel puesto...», «Si hubiera llevado una vida distinta...». Debido al miedo a seguir nuestros impulsos, somos muchos los que acabamos lamentando nuestro pasado y viviendo en la angustia de los arrepentimientos eternos y de los sueños no cumplidos. Una verdadera pena y un verdadero despilfarro. Si tememos el futuro y nos parece que nuestra vida ha terminado o que somos incapaces de controlarla, no es de extrañar que nos falte la alegría. Al perder el autorrespeto, nos entregamos a la bebida, nos causamos úlceras e incluso cánceres, nos apartamos de nuestros cónyuges y nuestros hijos y recurrimos a la ayuda psiquiátrica. ¿Cómo asombrarse de que Ralph D. cayese en el vicio de las drogas o de que Mary H. descuidase a sus hijos y olvidase sus tareas caseras? Y sin embargo, para Ralph y Mary, como para la mayoría de nosotros, liberarse del oculto poder del «tengo que» no es simplemente recomendable. Es una cuestión de supervivencia. Afortunadamente, existe una alternativa: una vida en que se imponga la propia opción, una vida que comienza interrogándonos sobre el modo en que nos vemos a nosotros mismos y sobre el modo en que consideramos el mundo.

¿Vivir creativamente o vivir precavidamente? Al decidirnos por vivir creativamente, elegimos el riesgo, en lugar de dejarnos guiar por el miedo. Intentamos algo nuevo en vez de jugar sobre seguro. Nos negamos a vivir ajustándonos a un guión preescrito y procuramos descubrir las muchas opciones que la vida nos ofrece. Sólo teniendo el valor de explorar, de cambiar de perspectivas y de aceptar riesgos calculados, podemos tomar el control de nuestra vida. De este modo, avanzamos, evolucionamos y permanecemos abiertos a todo desarrollo y a toda oportunidad. Esta voluntad de aprovechar las oportunidades es el punto neurálgico del estilo de vida del «yo elijo». Lo es también del vivir creativamente, no precavidamente. Vivir precavidamente equivale a limitarse a reaccionar. Nos Conduce a tratar de evitar los problemas a toda costa, a adoptar una actitud defensiva, a esperar pasivamente a que el mundo nos convierta en víctimas. Nos lleva a terminar tan impotentes y frustrados como Ralph y Mary.

Vivir creativamente, en cambio, supone ejercer el control sobre nuestra propia vida, luchar por convertir en realidad nuestros sueños más íntimos. Supone utilizar el corazón y la cabeza para crear opciones nuevas. Significa vivir la vida que deseamos, sin permitir pasivamente que las circunstancias y las exigencias de los demás nos moldeen y nos frustren. Naturalmente, todos tenemos que aceptar compromisos y hacer transacciones para poder continuar. Todos tenemos superiores y cónyuges, propietarios y leyes, facturas y obligaciones. Y todos estamos influidos, y en cierto modo paralizados, por el miedo y por su cruel compañero, el «tengo que». Pero si queremos triunfar, no nos queda más remedio que aceptar el compromiso, voluntario y dinámico, de adaptarnos a las circunstancias de la situación, sin sacrificar nuestra identidad, individualidad o independencia. Nuestro bienestar mental y emocional, nuestra adecuación interior, dependen de ello. El truco está en saber cuándo hemos cruzado esa línea invisible y debemos poner fin a una relación, renunciar a un puesto de trabajo o cambiar de vida... De lo contrario, nos hundiremos más profundamente todavía en la ciénaga del «tengo que».

El estilo de vida del «tengo que»: Conformismo y adaptación. Aceptación de los riesgos sólo cuando no queda otro remedio. El estilo de vida del «yo elijo»: Aceptación de los riesgos. Conformismo y adaptación sólo cuando no queda otro remedio. La elección entre ambos estilos es primordial para nuestra existencia.

Para pasar de un estilo de vida precavido a un estilo de vida creativo, hay que aceptar la premisa, fundamental para la adecuación interior, de que vivir es una capacidad que se puede desarrollar con la práctica. Practicando y preparándonos para resolver los problemas pequeños, adquirimos la buena disposición emocional y mental para tomar de modo creativo las decisiones importantes de nuestra vida.

Vivir es una destreza Recientemente, sostuve una conversación con una antigua pareja de tenis, madre ahora de tres hijos y dueña de un negocio de comidas ya preparadas. Blandía un libro en la mano y se mostraba radiante de alegría. -¿Por qué estás tan contenta, Jamie? -le pregunté. -Porque no voy a terminar este libro -me contestó con gran exuberancia. -¿Y eso te hace feliz? -¡Pues claro! Ya sabes cómo soy... Cuando empiezo un libro, me siento obligada a terminarlo, por muy rollo que me parezca. Casi me daba miedo ponerme a leer. Pero hoy, por primera vez, he decidido dejar de leer una novela que hacía que se me saltasen las lágrimas a fuerza de bostezos. Créeme, me siento liberada. Todas mis perspectivas han cambiado. Lo mismo puede decirse de la vida. Si no le gusta su vida actual, no se quede sentado apretando los dientes y lanzando maldiciones. Levántese y ande, mientras todavía está a tiempo de vivir del modo en que quiere vivir. «Sí, sí -me parece oírle murmurar-, para usted es fácil decirlo. Usted no tiene mis problemas, ni mis facturas, ni mis dolores y achaques. Querer cambiar de vida es una cosa, y cambiar de verdad algo muy distinto. Este mundo es un valle de lágrimas, como suele decirse.» ¿Ah, sí? Pues yo no lo digo. Yo creo que este mundo rebosa de riquezas y que por eso venimos a él. Existe un prejuicio temible que se opone a que llevemos a cabo ese cambio crucial de una vida dominada por el miedo a una vida llena de interés y emoción. Presumimos que la vida sigue su curso natural, que nuestras pautas de comportamiento son innatas e inmutables, que tomar decisiones acertadas es un don concedido por Dios. Qué extraño que enfoquemos una tarea tan complicada como el vivir de una manera tan ingenua... No se nos ocurre siquiera utilizar un ordenador, ni siquiera el menos complicado, sin leer por lo menos el folleto de las instrucciones. En cambio, nos adentramos en la vida sin la menor preparación para enfrentarnos a sus complejidades. A diferencia de los animales, que dependen únicamente de su instinto para sobrevivir, los seres humanos deben aprender a reaccionar a su medio. Tenemos que aprender a hacer elecciones bien meditadas y eficaces. Vivir feliz, productiva y creativamente no es más natural que tener un buen servicio en el tenis o un cuerpo musculado, con un tono excelente. Mire a su alrededor y verá cuánta gente existe cuyo rostro ha ido perdiendo la animación, entrampada en relaciones mediocres, tomando una decisión

errónea tras otra, odiando su trabajo, avanzando por la vida a tropezones. Sin darse cuenta, esas personas caen en normas de conducta autodestructivas, arrastradas por sus reacciones condicionadas. ¿Por qué dejamos en manos de la suerte nuestra única oportunidad de ser felices? Disfrutar al máximo de la vida, no limitarse a existir ni dejarse llevar por los acontecimientos, no es una cualidad o una facultad innatas. Es una destreza y, como tal destreza, exige práctica, entrenamiento y preparación. Lo cual constituye una buena noticia. Puesto que vivir es una destreza, tenemos la posibilidad de adquirirla. No estoy hablando en abstracto. Me refiero a las capacidades necesarias para tomar decisiones profundas, elegir a la pareja apropiada y el trabajo que más nos conviene, perder peso o hacer una inversión importante. Con demasiada frecuencia, bajamos los brazos y dejamos que el mundo nos arrastre, como si careciésemos de todo control. Permitimos que ideas periclitadas se nos enzarcen, como se enzarzan los perros en una pelea. Necesitamos sacudirnos el yugo de creencias sofocantes y tomar el control de nuestra propia vida. El primer paso en el camino de un estilo de vida renovado, un paso verdaderamente crucial, consiste en comprender que vivir bien constituye la destreza esencial que es preciso dominar. Basta con aceptar este concepto, y estaremos preparados para explorar los métodos y los medios de vivir mejor, gracias a la aplicación del Programa de Adecuación Interior. ¿Se enfrenta a una decisión de negocios importante? ¿Está pensando en casarse, divorciarse o cambiar de trabajo? ¿Se siente sumido en la desesperación porque su trabajo le frustra o porque no encuentra la pareja que desea? ¿No está seguro de lo que quiere hacer de su vida? Lo más probable es que esté llevando una vida de ensayo-error, desordenada, a lo que salga. ¿Le gustaría disponer de una serie de instrumentos que le ayuden a convertir en realidad sus sueños y a tomar decisiones bien fundadas, acordes con su verdadero ser íntimo? La Adecuación Interior se los proporcionará. Tras practicar el Programa de Adecuación Interior durante varios meses, Mary H. fue capaz de poner punto final a su dilema. Se dio cuenta de la necesidad de romper con la rutina y convertir en realidad su sueño, costase lo que costase y por muchos riesgos que corriera. Envió solicitudes a varias universidades y se informó sobre la vida en California. Luego, resolvió enterarse de la opinión de sus hijos y tenerla en cuenta antes de tomar una decisión definitiva. Ante su

sorpresa, demostraron una gran comprensión y le brindaron su apoyo. Tras una serie de conversaciones íntimas y de discusiones amistosas, a Jay se le ocurrió una idea a la que todos podrían contribuir. Él y su hermana se quedarían con su tía hasta que Mary estuviese bien instalada en California. Más tarde, cuando se reuniesen con ella, Jay buscaría un trabajo a tiempo parcial, mientras que Sue trabajaría como canguro. Así, sacrificándose todos, saldrían adelante. Mary se sintió muy aliviada y recuperó la confianza. En la actualidad, vive en San Diego, trabaja media jornada en el servicio forestal y asiste a clases para obtener su título. Se siente más cerca que nunca de sus hijos y, aunque la vida no le resulta fácil, disfruta de una sensación de alegría interior, espiritual, que le hace pensar que vale la pena. Ralph no ha tenido tanta suerte. Como tantos otros, continúa ignorando sus necesidades y sus deseos más profundos y corre el peligro de que se extinga en él toda pasión y todo ardor. Sin el beneficio de la Adecuación Interior, continúa estancado, complaciéndose en la autoconmiseración, convencido de ser la víctima de circunstancias que están fuera de su control. Como Mary tuvo ocasión de aprender, lograr una buena forma interior no es ni sencillo ni fácil. Exige una mentalidad abierta, ser sincero consigo mismo y prestarse a hacer el esfuerzo de superar la inercia mental. A veces, resulta incluso doloroso y arriesgado. Ahora bien, practicando con los problemas menores, se advierte un progreso y una mejoría tan pronto como se empieza a trabajar con los Utensilios de Vida. Cuando convertimos la Adecuación Interior, lo mismo que el ejercicio físico, en parte natural y cotidiana de nuestra vida, cambiamos profundamente, partiendo del interior, y nos sentimos dispuestos profundamente, dispuestos y deseosos de enfrentarnos al cambio. Adoptamos actitudes más positivas y genuinas y adquirimos una comprensión más profunda de nosotros mismos y de los demás. Al vivir plenamente la vida, estamos preparados para disfrutar del futuro. El Programa de Adecuación interior está destinado en tanta medida a aquellos que se sienten bien y disfrutan de la vida (pero que quieren sentirse y vivir mejor) como a aquellos que son desdichados. Se dirige también a quienes desean avanzar en su negocio o en su carrera o, simplemente, mejorar su vida particular. Dado que las capacidades que necesitamos para vivir bien y para tener éxito en los negocios son las mismas, la Adecuación Interior nos ayudará en todos los aspectos de la vida. Para mantenernos en el nivel más alto de nuestras posibilidades en cuanto se refiere a los negocios, nos hace falta estar en armonía con nosotros mismos y condicionados para obtener un rendimiento óptimo. Al unificarnos y fortalecer nuestro poder de tomar buenas decisiones,

la Adecuación Interior tiende a convertirnos en mejores administradores y a aumentar nuestra productividad en general. Abra su mente y dispóngase a «sudar» sus emociones. Vamos a practicar vías nuevas de percepción y comunicación, a fin de obtener el máximo de rendimiento y alcanzar un estado duradero de armonía y adecuación interior.

3 Adecuación Interior: El precalentamiento

Antes de iniciar nuestro Programa de Adecuación Interior y de empezar a utilizar los Utensilios de Vida, precalentaremos nuestros músculos mentales y emocionales centrándonos brevemente en los escurridizos papeles que la percepción, el lenguaje y la comunicación representan en nuestra vida. El primer paso en el Programa de Adecuación Interior consiste en reconocer que la mayor parte de nuestros problemas personales y profesionales están vinculados a las dificultades con que tropezamos en cuanto a la percepción y la comunicación. Si conseguimos identificar nuestros hábitos, ya inservibles, de percepción y comunicación y liberarnos después de ellos, escaparemos a la prisión emocional del «tengo que» para entrar en la libertad creativa del «yo elijo».

La clave está en la percepción Que seamos felices o estemos tristes, que tengamos éxito o no lo tengamos depende no tanto del mundo que nos rodea como del modo en que percibimos ese mundo. ¿El vaso está medio vacío o medio lleno? Las informaciones determinan nuestra percepción y convierten la significación de las cosas en una cuestión

individual, condicionada por nuestra personalidad, nuestra inteligencia y nuestro temperamento. Los datos que seleccionamos para formular un juicio o para hacer una evaluación son en realidad y exclusivamente «nuestros datos», no «los datos», lo que equivale a decir que no somos esclavos de las circunstancias, sino libres de interpretar el mundo a nuestra manera. Consideremos, por ejemplo, el caso de Barry R., un joven escritor que ha trabajado durante años en su primer libro, una novela de suspense. Lleno de ansiedad, presenta su manuscrito a un agente literario. Cuando el agente aprueba el libro y acepta representar a su autor, Barry se siente feliz. Y confiado. Un mes más tarde, sin embargo, cuando llegan las primeras cartas rechazando el original, se derrumba. Toma esas respuestas como un rechazo personal, considerándolas la prueba de su fracaso como ser humano y como escritor. Cae entonces en una profunda depresión, decide dejar de escribir y pide al agente que no envíe el manuscrito a más editoriales. Ahora bien, ¿cuál es el verdadero significado de las cartas? La interpretación que Barry hace de ellas deriva de la percepción que tiene del mundo y de sí mismo. En realidad, dos de las editoriales rechazan su original simplemente porque tienen otras novelas de suspense a punto de publicar. Un tercer editor dice que no le interesa, o porque no le agrada la historia, o porque no le seduce el personaje principal. Barry desconoce esas razones, pero, debido a su falta de confianza en sí mismo, percibe algo que es una realidad del negocio editorial (y que tiene poco o nada que ver con la calidad de su obra) como un rechazo personal, dejando que esa percepción afecte su vida entera. Las percepciones pueden basarse en evaluaciones limitadas, incompletas o erróneas, o bien estar motivadas por causas o emociones ocultas. Y esas percepciones falsas influyen adversamente sobre nuestra vida privada y profesional, hasta el punto de descarriar radicalmente o destrozar nuestro futuro. Como dice el doctor Terry Richards, eminente psicólogo neoyorquino: «El 80% de los problemas de la gente que se somete a una terapia están relacionados con sus percepciones, inexactas y nada realistas».

Sólo cuando comprendemos que superponemos nuestra interpretación particular del mundo somos capaces de ejercer un control sobre nuestra propia vida. No obstante, hemos de aprender primero a evitar los numerosos escollos del lenguaje y las trampas que éste nos tiende.

El lenguaje y las etiquetas En el ejercicio de mi profesión, he visto, una y otra vez, los peligros del lenguaje. Una pareja de edad madura, considerando la Bolsa como «arriesgada» y creyendo la Banca «segura», invirtió todos sus ahorros en una cuenta de baja rentabilidad, haciendo caso omiso de todas las advertencias sobre la espiral inflacionista. Diez años más tarde, ante su consternación, descubrieron que la inflación había disminuido mucho el poder de compra de su dinero y que, en realidad, lo habían perdido en parte con su inversión «segura», en lugar de ganarlo. Por culpa de unos calificativos y de una concepción errónea, la pareja puso en peligro su seguridad financiera. Todos cometemos a diario el mismo error. Marcamos fácilmente con etiquetas a las personas y las situaciones, a fin de que encajen perfectamente en las pequeñas casillas de nuestra mente. Pero esta obsesión por etiquetarlo todo y por encerrarlo en categorías supone un verdadero escollo, causante de muchos problemas. Siembra la confusión en el proceso de la percepción y convierte nuestros intentos de comunicación personal en una pesadilla. LAS PALABRAS, EL LENGUAJE Y LOS CALIFICATIVOS NO SON SIMPLES CUESTIONES ACADÉMICAS. EL MODO EN QUE LOS UTILIZAMOS AFECTA PROFUNDAMENTE EL MODO EN QUE NOS PERCIBIMOS A NOSOTROS MISMOS Y AL MUNDO. Los presupuestos y las implicaciones del lenguaje actúan como fuerzas potentes en la determinación de lo que pensamos, de lo que sentimos, en la importancia de nuestra cuenta en el banco o en nuestro futuro. Como parásitos, esos supuestos se nos introducen bajo la piel y nos infectan sin que lo advirtamos siquiera. Nos hacen saltar a conclusiones que nos conducen al fracaso y reaccionar de un modo predeterminado, con una gran estrechez de miras, obligándonos a ajustamos al papel que representamos. Crean traicioneros campos de minas verbales, capaces de destruir cualquier empresa profesional y estropear cualquier relación valiosa.

Tenga cuidado. Los supuestos ocultos del lenguaje pueden dominar nuestra conducta y nuestra vida.

Hace algún tiempo, asistí a un cóctel en la zona más elegante de la ciudad de Nueva York. El anfitrión, que no me conocía muy bien, cometió el error de presentarme a los demás invitados como Víctor Dishy, corredor de inversiones. Fijándose exclusivamente en la palabra «corredor», los presentes se apartaron de mí, como si temiesen que fuera a sacarles el dinero del bolsillo. Ninguno se molestó en averiguar que, en realidad, yo no era corredor, sino asesor de inversiones, que componía música y que llevaba años estudiando la teoría de la comunicación y dirigiendo seminarios sobre esta materia. Yo también me he dejado llevar muchas veces por el mismo tipo de supuestos. En cierta ocasión, me presentaron a un contable calvo. Presumí, aceptando el estereotipo, que se trataba de un hombre aburrido y conservador, hasta que me enteré con sorpresa de que escribía poesía y tocaba la guitarra en un grupo de rock. Los calificativos son como anteojeras que expresan nuestro campo de visión y disminuyen nuestra comprensión. Las palabras, cargadas como están de prejuicios, de significaciones y valores predeterminados, se convierten en etiquetas. Consideremos, por ejemplo, ciertas palabras como «comunismo» u «homosexual». ¿Acaso no transmiten una serie de connotaciones, por encima y más allá de su definición estricta? Se debe a que las etiquetas corresponden a una mentalidad que ve el mundo como algo inmutable y racional, en el que sólo hay datos, categorías bien delimitadas y compartimentos estancos. Cuando confundimos lo particular con lo general, cuando hacemos afirmaciones sin matizar, cuando ignoramos lo irracional, el impredecible elemento humano, y presumimos que las palabras se aplican por igual a todas las personas, en todas las circunstancias y con todos los propósitos, la comunicación se transforma en un vano intercambio de etiquetas. Porque cuando se clasifica a una joven ambiciosa como «secretaria», aunque puede tener la visión más clara de cómo administrar la empresa en que trabaja, se ignorarán sus ideas y no se pensará siquiera en ascenderla a un puesto ejecutivo. Cuando juzgamos una relación como «imposible» (basándonos no en un hecho concreto sino en una serie de circunstancias coloreadas por nuestra propia interpretación), dejamos de pensar creativamente y renunciamos a todo

esfuerzo por salvar un vínculo que hasta entonces habíamos considerado como valioso. Si nos acusamos a nosotros mismos de «perezosos», continuaremos estancados, sin preocuparnos de buscar las raíces de nuestra falta de productividad. Calificar es algo inherente al lenguaje, algo que conduce a una concepción del mundo restringida, cerrada. La Adecuación Interior se propone, pues, ensanchar nuestra mente, revelarnos las opciones posibles y agudizar nuestras facultades mentales y emocionales. Para ello, tenemos que hacernos conscientes de cómo utilizamos las etiquetas (y de cómo nos utilizan ellas a nosotros). Así adquiriremos un mayor dominio del lenguaje y, consiguientemente, de nosotros mismos. Naturalmente, cuando se usan de manera apropiada, las etiquetas y las clasificaciones son elementos esenciales de los procesos de pensamiento y comunicación. Nos capacitan para captar y clasificar las ideas complejas, para hacer cálculos inteligentes y evitar las repeticiones innecesarias. Pero cuando nos permitimos calificar de modo erróneo no sólo las cosas, sino también a las personas y su comportamiento, cuando las distribuimos en categorías y las clasificamos falsa e indiscriminadamente, las palabras se convierten en tiranos y nos dominan, en lugar de servirnos como instrumentos. Nuestra obsesión por las etiquetas enmascara un problema más profundo, más pernicioso. Aceptando que todo cuanto existe en el mundo -los pensamientos, las cosas, las personas puede ser clasificado, adoptamos una concepción del mundo exclusivamente racionalista, mecánica, que excluye nuestra humanidad y desvaloriza nuestros sentimientos, nuestras intuiciones, nuestra espiritualidad. Una concepción semejante nos confina en un sistema de pensamiento lineal, reducido al esquema estímulo-reacción. Nos atrofia la imaginación e inhibe nuestro poder creador. Nos conviene, pues, restablecer la conexión con nuestros sentimientos, despertar nuestra creatividad y experimentar de nuevo la exaltación de la libertad de elegir.

La comunicación: Una cuestión personal La falta de comunicación se produce cuando creemos que las palabras tienen una significación universal. Ahora bien, las palabras no son las mensajeras objetivas de la información, ni, en el proceso de la comunicación,

el que habla y el que escucha, el emisor y el receptor, interpretan el mensaje exactamente en el mismo sentido. El mensaje que yo emito significa algo específico para mí. Lo envío con una intención especial y pongo en él los sentimientos y las connotaciones que me son propias. El lector, o el oyente, recibe el mensaje y reacciona a él de acuerdo con su contexto de ideas, sentimientos y propósitos. Es decir, el receptor no entiende el mensaje, ya sea escrito u oral, de la misma forma que el emisor. Cuando Bob C. dice a Joan M., al pedirla en matrimonio, que la necesita y que la quiere, lo que él pretende significar con las palabras «necesitar» y «querer» y lo que ella entiende son dos cosas completamente distintas. Tan distintas, en la práctica, que su matrimonio fracasa porque Joan descubre que lo que Bob «necesita» es un ama de casa y una madre, no una compañera y una amante, como ella había imaginado. (Estudiaremos más a fondo este ejemplo en el capítulo 9, «El Lazo de Pajarita»), Con demasiada frecuencia, damos por sentado que «mi significado es tu significado». Pero la mayoría de las palabras no tienen un significado neutro, objetivo. No son simples espectadoras inocentes de nuestro proceso de comunicación. Las palabras están cargadas con toda clase de connotaciones e implicaciones morales y emocionales. ¿Por qué? Porque nuestros esfuerzos de comunicación están influidos y teñidos por un conjunto de supuestos, hábitos, valores, prejuicios y opiniones, un bagaje acumulado a lo largo de la vida. Por mucho que lo intentemos, nunca nos mostramos absolutamente objetivos. Superponemos nuestro temperamento, nuestra personalidad, nuestra experiencia e inteligencia a cada frase que oímos, decimos o escribimos y a cada situación que observamos o en la que participamos. Comprender esto nos ayudará a dominar el arte de la comunicación y nos pondrá en ruta para deshacernos de nuestros viejos hábitos y reemplazarlos por esquemas nuevos y más eficaces Sólo cuando descubrimos, corregimos y aprovechamos las influencias ocultas de nuestro lenguaje, podemos transformar nuestra vida, pasando de una experiencia de ensayo-error a una aventura de habilidad, de progreso continuo, que nos permitirá alcanzar la buena forma interior. Lograr un cambio fundamental en el modo en que percibimos y nos comunicamos es más fácil de lo que parece, ya que, en realidad, basta con restablecer el contacto con la naturaleza, sin necesidad de crearnos nuevas pautas de conducta. Los Utensilios de Vida nos ayudarán a introducir ese cambio en nuestra vida. Nos permitirán expresar nuestro verdadero ser, la

espiritualidad genuina que existe en cada uno de nosotros. Una vez libres de las reacciones condicionadas que nos perjudican, nos desarrollaremos de manera natural hasta el máximo de nuestras posibilidades. Después de este precalentamiento a base de observaciones teóricas, ha llegado el momento de ejercitar nuestras emociones y desperezar nuestra mente mediante el circuito de entrenamiento mental al que llamo los Utensilios de Vida. Leyendo todo lo relativo a dichos utensilios, que son indisociables, y utilizándolos, aprenderemos a dominar nuestros sentimientos, a reacondicionar nuestras reacciones y a mantenernos en contacto con nuestro centro espiritual. En una palabra, a adoptar una conducta más sana, más eficaz.

Segunda parte Los Utensilios de Vida

4 Primer Utensilio de Vida: La Gota de Pegamento

Piense en todas aquellas personas a las que conoce y que hablan interminablemente de sí mismas, interrumpiéndole para manifestarle su opinión y ofrecerle sus consejos, sin demostrar el menor interés por lo que usted tiene que decir. ¿Cuántas veces ha intentado hablar a un amigo sobre algo, por ejemplo, el restaurante que acaba de descubrir, y le ha cortado de inmediato, asegurando: «¡Bah, eso no es nada! Si vieras el que acabo de descubrir yo...». Pero ¿no caemos todos a veces en el mismo defecto? ¿No le parece refrescante y grato -aunque muy raro- cuando tropieza con alguien que se calla realmente y que le escucha, reaccionando a sus palabras, riendo sus bromas y respondiéndole, en lugar de permanecer tan preocupado por lo que él va a decir a continuación que parece olvidar incluso su existencia? Si fuéramos capaces de controlar el uso de las palabras de tal forma que favoreciesen unas relaciones interpersonales sanas, podríamos rellenar los fosos que nos separan de nuestros amigos y nuestra familia y encaminarnos hacia una comunicación eficaz, productiva. Nuestro primer Utensilio de Vida está destinado a alcanzar sencilla y fácilmente esos objetivos.

Presentación de la Gota de Pegamento Existen ciertos pegamentos tan fuertes que ni siquiera un campeón de culturismo es capaz de separar lo que se ha unido con ellos. Por lo tanto, una gota simbólica de ese pegamento, dejada caer entre los labios, representa el sellado voluntario de nuestra boca cuando creemos que debemos mantenernos en silencio por un momento (figura 1). La Gota de Pegamento significa algo más que el silencio exterior. Significa también que dejamos de interferir, de hacer presunciones, de sacar conclusiones.

No es fácil resistir al impulso de prorrumpir en palabras y, cuanta mayor facilidad de palabra poseemos, más difícil nos resulta. Ahora bien, lo mismo que tenemos la facultad de abrir la boca y de hablar, tenemos también la facultad de callarnos. Escuche el flujo de palabras que brota de su boca e imagine que pone efectivamente una gota de pegamento entre sus labios. Si recurre lo bastante a la imaginación, no hablará, aunque las cuerdas vocales se le atiranten y los ojos se le desorbiten. ¿Cuándo se ha de utilizar este primer Utensilio? Cuando nos hallemos a punto de tomar una decisión importante. Cuando tengamos que resolver lo que vamos a hacer. Cuando estemos obligados a reaccionar a nuestro ambiente con respecto a una cuestión grave. Cuando, en medio de una conversación o una negociación, nos demos cuenta de que las cosas van mal. Cuando nos sorprendamos aferrándonos a una información, una palabra o un acto determinados, y concediéndole mucha más importancia de la que merece. En resumen, podemos utilizarlo cada vez que advirtamos que nos encontramos en peligro de caer en una mala costumbre o de apoyarnos en nuestra batería de reacciones estereotipadas en lugar de buscar una respuesta nueva y más apropiada.

Empleando el primer Utensilio, la Gota de Pegamento, obtendremos los resultados beneficiosos siguientes: en primer lugar, dejaremos de saltar rápidamente a conclusiones infundadas. Después, nos mantendremos alejados del pensamiento irracional. No nos precipitaremos a etiquetar y encasillar a las personas y los acontecimientos. Refrenaremos nuestra tendencia a criticar, a enjuiciar. Nos convertiremos en mejores oyentes y, por lo tanto, en mejores comunicadores, más de fiar, ya que seremos capaces de enfocar la atención en otro ser humano, lo que significa eliminar la necesidad de prorrumpir en palabras y así poder mantener un control consciente de la situación. Escuchando en lugar de hablar, aprendiendo a absorber la información no sólo a través del oído, sino con todos los sentidos, percibiremos mejor el mundo que nos rodea. En consecuencia, ampliaremos nuestra base de información. Permanecer abiertos a los demás nos hará más aptos para comunicar con ellos «en su propia longitud de onda». De este modo, podremos eludir muchos de los perjudiciales conflictos y fricciones causados por la incomprensión y la falta de comunicación con nuestro entorno. Guardar silencio concede a nuestro mecanismo de percepción y proceso de datos el tiempo necesario para considerar si poseemos o no todos los datos pertinentes. Nos permite determinar si el significado y la valoración que atribuimos a la situación son válidos, si el acto que estamos a punto de ejecutar es prudente y si nuestro enfoque es o no acertado. ¿Por qué? Porque la Gota de Pegamento encierra un mensaje, simple, pero explosivo, capaz de transformar su vida. Le recuerda sobre todo que:

Debe demorar sus respuestas.

Obedeciendo a este sencillo mensaje -retrasando sus respuestas durante un segundo, un minuto, una hora o incluso un mes-, cerrará el paso a la algarabía de las palabras que pugnan por surgir y obtendrá una perspectiva de la situación. En lugar de limitarse a reaccionar frente al mundo, aprenderá a detenerse, a examinar las circunstancias y a actuar con inteligencia. La Gota de Pegamento constituye realmente esa «pausa que refresca», ya que permite empezar desde cero y hacerse con el control de sus actos y, por lo tanto, con el control de su vida. Inténtelo desde ahora mismo. No reaccione instantáneamente a mi afirmación. No la acepte ni la rechace, no argumente contra ella. Concéntrese

en la idea de la respuesta diferida. Haga después una pausa. Aguarde. Deje que vaya penetrando en su interior. Déle vueltas en la cabeza. ¿Hay algo más en ella de lo que pensó inicialmente? Recuerde la última vez que perdió los estribos. ¿Qué hubiera ocurrido de haber logrado retrasar su reacción, en lugar de explotar en el instante mismo? Recuerde la última vez en que actuó obsesiva o compulsivamente. ¿Hubiera obrado de la misma forma si se hubiese impedido a sí mismo reaccionar de inmediato? Recuerde también la última decisión importante que tomó. Una respuesta demorada ¿le hubiese conducido a una conclusión distinta? ¿Y qué sucede durante una crisis, cuando pensamos que no disponemos del tiempo suficiente para demorar nuestra respuesta o cuando tenemos que tomar una decisión rápida, si queremos conquistar una ventaja? Precisamente ése es el momento en que se necesita más hacer una pausa. Cuanto más febril sea una situación y cuanto más nos presione, mayor calma debemos demostrar. Dado que nuestra mente trabaja a la velocidad del relámpago, la pausa no exige más que una fracción de segundo. No obstante, ese retraso puede ser suficiente para cortar el circuito interno y absorber la situación, evaluar las opciones que se nos presentan y tomar una decisión más acertada, más creativa. Cuanto más practique en demorar sus reacciones, más breve se hará el tiempo de demora preciso.

La Gota de Pegamento puede cambiar su vida Un jefe que habla tanto que nunca escucha las ideas de sus empleados, una muchacha tan pacata y tan espantadiza que no se atreve a salir de casa, un hombre con la sensibilidad tan a flor de piel y tan propenso a ofenderse que no logra conservar ningún trabajo, un marido tan celoso que imagina que su mujer tiene una aventura con todo hombre con el que habla... A todos ellos les convendría utilizar el método de la Gota de Pegamento. La mayoría de nuestros comportamientos neuróticos quedarían eliminados si aprendiésemos a recurrir a la Gota de Pegamento y retrasásemos nuestras reacciones. Naturalmente, el demorar las respuestas no nos libera de la noche a la mañana de toda conducta neurótica, pero no cabe duda de que ataca el problema en su raíz, la rigidez. Por lo tanto, la Gota de Pegamento hace más que ayudarnos a superar nuestras preocupaciones personales. Ejerce un efecto benéfico directo sobre nuestra carrera profesional. Un empleado al que había despedido volvió para pedirme que la readmitiese. Estaba a punto de decirle: «Lo siento, pero no puedo hacer nada

por usted. De todos modos, las readmisiones van en contra de la política de la compañía», cuando recordé la Gota de Pegamento. Me detuve durante un lapso de tiempo que no debió de sobrepasar el segundo. Recordando el incidente de escasa importancia que había motivado su despido, reconocí, avergonzado, que había cometido un error. Sin duda estaba en aquel momento de mal humor e hice una montaña de un grano de arena. Me dirigí entonces al joven y le dije: «¿Se puede saber a qué está esperando? Quítese la chaqueta... ¡Y al trabajo!». El muchacho llegó a ser uno de mis mejores agentes. Como es natural, hay veces en que no retraso mi respuesta, pero he de decir que casi siempre pago las consecuencias. Una estudiante de derecho, Diane K., trabajaba para mí como auxiliar administrativa. Cuando solicitó que le confiase mayores responsabilidades, pidiendo un aumento de sueldo del 50%, despaché sumariamente su solicitud. Entonces ella renunció a su puesto. Yo no pensé más que en proteger el nivel de mis salarios, aunque tal vez me dejé influir también por una pizca de machismo. Si hubiera recurrido a la Gota de Pegamento, me habría dado cuenta no sólo de que Diane merecía el puesto que pedía, sino también de que asignarle las responsabilidades adicionales propias de ese puesto me dejaría las manos libres para otros proyectos y me permitiría aumentar realmente mis ingresos. Diane llegó a ser una abogada brillante y me costó mucho encontrar un sustituto. No quiero pensar en todo lo que tuve que pagar por no aplicar la Gota de Pegamento, tanto en dinero como en tiempo y ansiedad. Veamos otro ejemplo. En un momento de mi carrera, fui director de ventas en una gran compañía inmobiliaria. La empresa decidió enviar folletos informativos a los potenciales clientes que habían respondido a una encuesta previa, efectuada por correo. Cuando me senté a escribir la carta de presentación del folleto, me sentí perdido. No sabía qué hacer. El cliente en perspectiva había recibido ya una carta y estaba a punto de recibir un folleto. ¿Qué quedaba por decir? En lugar de repetir el mensaje una vez más, apliqué una Gota de Pegamento y esperé. Casi sin darme cuenta de lo que hacía, doblé una hoja de papel en cuatro y la sujeté al folleto con un clip. En la parte exterior, escribí: «Gracias por haber respondido a nuestra encuesta», mientras que en el interior presentaba a un ejecutivo del servicio de contabilidad e instaba al cliente a visitar nuestras oficinas. De este modo, el estilo duro, comercial, de las cartas de este tipo se suavizó para transformarse en una nota personal, visualmente cálida, atractiva. Sin formular mi pensamiento en palabras, me había dado cuenta de que una carta de presentación no tiene por

qué ser una verdadera carta. Gracias a la Gota de Pegamento, los resultados fueron excepcionales. Diferir nuestras respuestas nos hace receptivos a los pensamientos originales. En lugar de apresurarse a comparar toda nueva situación con lo ya conocido, estaremos más dispuestos a investigar lo que hay en ella de diferente, incluso de único.

Fíjese en las diferencias. Incluso la más pequeña puede provocar un gran cambio en su vida.

Un silencio mental más profundo Si queremos vivir en conexión con nuestro verdadero ser y tener la posibilidad de elegir nuestra vida, necesitaremos a veces reaccionar a nuestro ambiente en un nivel no verbal. Sentimos y percibimos, pero no nos precipitamos a convertir las sensaciones en palabras articuladas y en etiquetas. Lo mismo que el ritmo y el tempo de los bailarines y los atletas proviene, en parte, de su capacidad de controlar su respiración, nuestro ritmo y nuestro tempo interiores dependen de nuestra capacidad de lograr el silencio. El silencio absoluto abre los poros de los sentidos. Nos permite gustar lo que cada día nos ofrece y percibir con la totalidad de nuestro ser. El silencio absoluto consiste en la inspiración tranquila de nuestras sensaciones y en la pausa que hacemos antes de espirar nuestras palabras y pensamientos.

Una mente en la que se ha hecho el vacío es el comienzo de la sabiduría.

Desgraciadamente, existen muchos obstáculos que nos impiden alcanzar el silencio interior. Dejando aparte nuestra pasión por la verbalización y el amor exagerado del mundo occidental por las palabras, hay que tener en cuenta el miedo que engendra el silencio. Nos aferramos a las palabras como el único instrumento capaz de explicar lo que no nos es familiar. El silencio, en cambio, nos aleja de lo seguro, de lo conocido, de lo predecible, nos aparta de la estabilidad presumida del estilo de vida del «tengo que». Amenaza con

abrirnos nuevas vías de pensamiento y percepción susceptibles de hacer tambalearse nuestras opiniones actuales. El silencio nos obliga a sublimar nuestra verbosidad y nuestro ego y renunciar al control sobre nosotros mismos y sobre los demás. A muchos de nosotros nos aterra tal perspectiva. Es mucho más fácil hablar de liberarse de la palabra que hacerlo realmente. Y sin embargo, fuerza nos es encontrar los medios para introducir más momentos de silencio absoluto en nuestra vida. Recurra a la técnica que, en su opinión, le dé mejores resultados para lograr un profundo silencio interior. Cuanto más permanezcamos en comunión con nuestro ser interior, ajeno a las palabras, más gratificantes y creativas serán en último término nuestras decisiones y nuestros actos y mayor alegría experimentaremos. Naturalmente, no basta con el silencio interior. El objetivo de la Adecuación Interior consiste en combinar la espiritualidad, los sueños y la acción en una unidad sinérgica, a la que yo llamo la «espiritualidad aplicada». Del mismo modo que un racionalismo puro, sin espiritualidad, resulta improductivo e insatisfactorio, lograr un silencio profundo no es suficiente a no ser que nos fijemos y alcancemos objetivos conscientes. La Gota de Pegamento no es, por lo tanto, sino uno más entre la serie de los seis Utensilios de Vida. Para aprender la técnica de la Gota de Pegamento, hemos de practicar aplicándola a nuestra vida cotidiana. Los ejercicios de condicionamiento que expongo a continuación le serán de gran ayuda.

Ejercicios de condicionamiento con la Gota de Pegamento Primer paso: Utilización de la Gota de Pegamento. Demore sus reacciones 1. Servirse del Utensilio. Hágase con un tubo o frasco de pegamento. Lea la etiqueta. Imagine que, además de pegar papel, madera o plástico, el pegamento puede también sellar sus labios. Lleve consigo el tubo durante un día, a fin de que le recuerde que debe practicar el silencio y retrasar sus reacciones. 2. Eliminar una costumbre malsana. Aunque nos cueste admitirlo, todos tenemos algún hábito perjudicial o neurótico. Elija uno de los suyos. Tal

vez llega siempre tarde a sus citas, o pierde constantemente el llavero, o se siente impulsado a comer con exceso. La próxima vez que esté a punto de caer en ese comportamiento, aplique una Gota de Pegamento y retarde su acción. Guarde silencio. Observe si el demorar su reacción aporta algún cambio a su modo normal de actuar. Repita el ejercicio con todos los hábitos que desee cambiar. 3. Escuchar a los demás. La próxima vez en que se disponga a interrumpir a alguien, deténgase, aplíquese una Gota de Pegamento y preste atención. Concéntrese en lo que su interlocutor le está diciendo. Esfuércese por comprender el punto de vista de esa persona, en vez de apresurarse a exponer el suyo. Hágalo así, y descubrirá que su facultad de escuchar y, en consecuencia, su facultad de comunicación mejoran espectacularmente. Es muy posible que se gane nuevos amigos y que obtenga mayor éxito en su profesión. 4. Controlar su temperamento. La próxima vez en que advierta que se está enfadando y a punto de perder los estribos, aplique a sus labios una Gota de Pegamento y retarde su reacción. Respire profundamente. Espere. Pregúntese qué consecuencias puede tener su ira. ¿Existe un buen motivo que la justifique o, simplemente, quiere desahogar su frustración? Sin duda, esperar disipará en parte su cólera y le ayudará a evitar una agravación innecesaria de la misma. 5. Evitar que la mente se descarríe. Utilice la Gota de Pegamento para dominar los pensamientos irracionales, incontrolados. Evite crearse problemas que no existen en realidad. Por ejemplo, está esperando una llamada telefónica. Transcurre media hora, y empieza a pensar que esa persona no le llamará. ¿Por qué será? ¿Ha tenido un accidente, no le aprecia verdaderamente o ha encontrado algo mejor que hacer? ¡Basta! Aplique el Pegamento. No permita que ese tipo de divagaciones disminuya su moral. Recuerde que tiene el poder de evitar que su mente saque conclusiones infundadas. 6. No precipitarse en las conclusiones. Ha tenido un breve encuentro con alguien y, basándose en dicho encuentro, está a punto de decidir que esa persona no le agrada. Aplique la Gota de Pegamento. Suspenda su juicio. Eluda los estereotipos. Busque las características peculiares de la persona y déle otra oportunidad.

7. Repasar los cambios de rumbo de la propia vida. Elija uno de los cambios de rumbo importantes que se hayan producido en su existencia y analícelo. ¿Qué hubiera sucedido de haber hecho una pausa antes de tomar esa decisión clave y si se hubiera deshecho de sus tópicos e ideas preconcebidas? ¿Hubiera actuado de distinta manera? Recurra a la Gota de Pegamento para que le ayude a analizar y evaluar esa situación y a tomar la próxima decisión importante. Segundo paso: La práctica del silencio interior 1 Contemplar una palabra. Escriba una palabra en un papel con grandes letras mayúsculas. Mírela fijamente, sin levantar la vista, concentrándose en cada letra, hasta que empiece a perder su significado y se convierta en una simple agrupación de letras. O bien, elija una palabra y repítala en voz alta, una y otra vez, hasta que empiece a parecerle extraña y vacía de sentido. Al sacudirnos el dominio que las palabras ejercen sobre nuestra mente y al destruir su realidad, abrimos y estimulamos nuestros sentidos y entramos en un contacto más íntimo con nuestros instintos y nuestro ser interior. 2. Visualizar. Échese en el suelo y cierre los ojos. Inspire profundamente y, al exhalar el aire, relaje cada parte de su cuerpo -la cabeza, el cuello, la parte inferior de la espalda, la pelvis, los muslos, las pantorrillas, los tobillos-, hasta que sienta el contacto de su carne contra el suelo. Visualice su cuerpo como el suelo lo vería, como si se estuviese viendo a sí mismo por debajo de un suelo transparente. Concéntrese en esta imagen visual. Eso le ayudará a suprimir las palabras. 3. Regresar a la infancia. Recurra a la respiración profunda, el yoga, la meditación, el zen o cualquier otra técnica que le atraiga y practique para mantenerse en contacto con su ser íntimo y para oír el sonido del silencio interior. A continuación, intente imaginar cuál sería su reacción, siendo niño, al mundo que le rodea. 4. Enfrentarse al desafío de una hoja de papel en blanco. Sirviéndose de un lápiz, una pluma o un rotulador, dibuje lo que quiera, concentrándose en dibujar exclusivamente lo que le guste, sin tener en cuenta lo que cree que debería dibujar. Suspenda todo juicio estético. No considere si su creación es bella o fea, ni si a otras personas les gustaría o no. ¿Le es posible hacerlo? Si no lo consigue, despeje su mente e inténtelo de nuevo. La

capacidad de suspender el juicio es una parte importante de la Adecuación Interior. 5. Percibir sin calificar. Dedique cinco minutos diarios a concentrarse en percibir sin calificar. Donde quiera que esté, cierre los ojos y tome en sus manos algún objeto que tenga a su alcance. No lo nombre. Limítese a percibirlo. Fíjese en su forma, en su textura. Huélalo. Sacúdalo y escuche cómo suena. Rócelo con los labios. Frótelo contra su piel. Después, abra los ojos. ¿No ha visto el objeto de manera renovada, desde otro punto de vista? ¿No encuentra relajante el no poner toda su energía en el lenguaje y el análisis? Percibir sin calificar estimula la creatividad. 6. Utilizar la imaginación. Esta vez, en lugar de tomar en sus manos un objeto real, cierre los ojos y limítese a imaginarlo. Empiece, por ejemplo, por una galleta. Imagine que la tiene en la mano y que está a punto de comerla. ¿Qué clase de galleta es? Imagine su textura y la manera en que se desmigaja entre sus dedos. Imagine que se mete la galleta en la boca. ¿A qué huele y a qué sabe? ¿Se le caen migas en el regazo? Repita el ejercicio de vez en cuando. Contribuirá a desarrollar su imaginación y le alentará a pensar sin palabras. 7. Sentir. La próxima vez en que salga a la calle, procure sentir el contacto de sus pies en el suelo. ¿Tiene el paso ligero? ¿Qué toca antes el suelo, el talón o los dedos? ¿Qué le revela esto acerca del modo en que se siente hoy? Cuanto más en armonía conseguimos estar con nuestras percepciones y nuestras sensaciones, mayor control ejercemos sobre ellas y en mayor medida nos proporcionarán un terreno fértil y saneado para tomar decisiones productivas.

5 Segundo Utensilio de Vida: Las Campanillas

Recuerdo de manera especial un verano, cuando no tenía más allá de diez años. Me veo corriendo por una calle de la pequeña ciudad en que pasábamos las vacaciones, en dirección al campo de béisbol. Llevo el bate colgado del hombro, y el guante enganchado en el bate. Corro tan veloz como el viento. De pronto, oigo el retumbar lejano de un tren que se aproxima. Su estridente silbato rompe el silencio veraniego. En el momento en que llego al paso a nivel, suenan las campanillas, las luces rojas parpadean y la barrera desciende. Me agito de impaciencia. ¡Maldita sea! Me he quedado del lado de las vías que no me convenía. No tengo más remedio que esperar. Me adelanto de puntillas hacia los raíles y miro el frente de la locomotora, que se acerca a toda velocidad. Aunque ardo en deseos de cruzar de un salto, y aunque estoy seguro de poder hacerlo, el toque de las campanillas resuena en mis oídos y me recuerda la advertencia de mi madre: «Antes de cruzar, párate, mira y escucha». Mientras me parece oír todavía sus palabras, me imagino tropezando y cayendo en el momento en que intento atravesar las vías de un brinco. Percibo el frenético sonido del silbato y el chirriar de los frenos. Imagino el tren pasando por encima de mi cuerpo, y el horror reflejado en la cara de mi madre. Ni que decir tiene que permanecí inmóvil, con las piernas temblorosas, contemplando el rápido paso del tren. El maquinista me saludó con la mano. Terminado el peligro, disfruté de una maravillosa tarde de béisbol, gracias a haber obedecido las señales de advertencia.

Jamás he podido olvidar esta imagen de mi niñez. A medida que crecemos y avanzamos en nuestro camino por la vida, nos enfrentamos a innumerables y cruciales elecciones, tanto emocionales como racionales. Pero ¿con quién o con qué contamos para que nos avise? ¿No nos sería más fácil la vida y mucho más satisfactoria si hubiera unas campanillas como las del paso a nivel que nos advirtiesen de los peligros de actuar en contra de nuestra naturaleza, de tomar decisiones perjudiciales, imprudentes, o de sucumbir a emociones destructoras? Pues bien, esas campanillas existen...

Presentación de las Campanillas Las Campanillas (figura 2) son un símbolo visual que representan las señales internas que nos dirigimos a nosotros mismos, los mensajes sensoriales que nos advierten de que nos amenaza un peligro emocional inminente o que estamos a punto de cometer un grave error de juicio.

La función de las Campanillas consiste en advertirnos de que se acercan peligros, sean grandes o pequeños, privados o profesionales. Las Campanillas suenan cuando se produce un conflicto interior. Son los sonidos que emitiríamos si tratásemos de expresarnos y defendernos en un medio ambiente hostil. Al aprender a identificar nuestras Campanillas interiores y a reaccionar a ellas, aprendemos a evitar los obstáculos emocionales, peligrosos, aunque muchas veces sutiles, que se alzan en nuestro camino hacia la buena forma interior.

El sonido de las Campanillas ¿En qué consisten las señales interiores y cómo reconocerlas? Cada persona posee su propia batería de signos de advertencia. Con mucha frecuencia, se trata de señales físicas. Por ejemplo, a mí se me contraen los músculos del cuello y de los hombros. A Zaida, mi mujer, se le acalambra y se le revuelve el estómago. A usted quizá le asalte una fuerte jaqueca, o le duela la espalda, o le rechinen los dientes, o le suden las palmas de las manos, o sea incapaz de establecer un contacto visual, o desee ardientemente un cigarrillo o una cerveza. Pero tal vez sus Campanillas no suenen de una forma directamente física. Quizá se sienta vagamente irritable, o pierda con mayor facilidad los estribos, o se ponga tenso y crispado, o se debata en dudas, preocupaciones y una hostilidad general. Consista en lo que consista, todos tenemos nuestro propio modo interno de decirnos: «¡Pon atención!», «¡Ten cuidado!». Tales señales son las voces silenciosas de nuestro ser interior, que nos llaman al orden cuando postergamos o eludimos una tarea importante. O cuando nos hallamos a punto de cometer un acto auto- destructor, cuando callamos o no reaccionamos frente a alguien que nos trata mal, cuando nos lanzamos a formular juicios erróneos, cuando corremos peligro de dar un traspié. Las señales suenan cada vez que sabemos, en lo más profundo de nosotros mismos, que algo es malo para nosotros, cada vez que no sacamos todo el provecho posible de la vida. Somos muchos los que subestimamos o incluso ignoramos nuestros sentimientos e intuiciones. Sin embargo, por mucho que nos esforcemos en ordenar nuestra vida en paquetes racionales, nuestro lado intuitivo, «silencioso», se las arregla siempre para deshacer el embalaje. Y eso es bueno, créame. Las Campanillas representan lo mejor de nuestro lado intuitivo. Nos permiten el acceso a nuestra verdadera naturaleza, conduciéndonos a desatascar nuestros canales, a deshacernos de los viejos hábitos mentales y a abrirnos un camino para expresarnos. Sólo escuchando nuestras intuiciones y basándonos en ellas seremos capaces de armonizar pensamiento y sentimiento y aprenderemos a reaccionar como personas integradas. Desgraciadamente, somos muchos también los que no prestamos atención a nuestras Campanillas. Al perder el contacto con nuestros sentimientos, valores y deseos, nos insonorizamos contra su tintineo. Nos recubrimos de racionalizaciones, fantasías, un exceso de trabajo, cualquier cosa que, a nuestro entender, nos impida escuchar las advertencias interiores capaces de ponernos en comunicación con nuestros sentimientos y forzarnos a vernos

desde una nueva perspectiva. O bien, prescindimos hasta tal punto de nuestros instintos y señales interiores que aprendemos a bloquearlos, como si no fueran otra cosa que un molesto ruido de fondo. El propósito de nuestro segundo Utensilio de Vida es ayudarnos a restablecer el contacto con nuestras señales internas de advertencias e impulsarnos a actuar de acuerdo con ellas. Cuando llevamos una vida llena de ansiedad y de presiones, sobrecargada de estímulos sensoriales, las Campanillas suenan de manera tan constante que acabamos por ignorarlas y cerrarles el paso hasta nuestra mente. Puesto que los peligros nos amenazan por todas partes, nos resulta imposible distinguir sus diversos sonidos. Si le ocurre a usted así, no se inquiete. Aprender a interpretar las Campanillas exige práctica y, más adelante, en este mismo capítulo, le daré algunos consejos sobre cómo adquirir la capacidad de distinguir las diferencias entre ellas. Mientras tanto, recuerde que las Campanillas suenan cuando estamos a punto de actuar en contra de nuestro ser íntimo, no cuando nos enfrentamos a crisis exteriores, sobre las cuales no tenemos ningún control. En consecuencia, toda urgencia, toda ansiedad o todo problema que exija una atención inmediata no provocará necesariamente el toque de las Campanillas.

June B. espera pacientemente en la cola del supermercado, mientras se entretiene hojeando una revista. Una mujer con el carro repleto de artículos se cuela y pasa delante de ella. June se pone furiosa. Se le agarrota el estómago y maldice para sus adentros. Sus Campanillas resuenan. Aunque se muere por protestar, se convence a sí misma de que no es cuestión de armar un jaleo por eso, de que no merece la pena. Pero el corazón le late agitadamente. Al llegar a casa, está tan excitada que deja caer varias cosas, rompe dos botellas de gaseosa y regaña a su hijo. Sin embargo, hubiera bastado con decirle a aquella carota que esperase su turno... Richard D. y Anne K. piensan en casarse. Hace seis meses que salen juntos, les gusta su mutua compañía y tienen muchos intereses comunes. Su único problema está en el sexo. Sus intentos de hacer el amor han resultado difíciles y poco satisfactorios. Anne, que vive independiente desde que cumplió los dieciocho años, ha tenido varias relaciones duraderas. Richard, en cambio, proviene de un ambiente religioso muy estricto y tiene una experiencia sexual limitada. Anne experimenta tensión cada vez que piensa en las dificultades sexuales de Richard. Sin embargo, como le quiere, cree que sus problemas en este sentido desaparecerán cuando hayan pasado más tiempo

juntos. Ignorando sus Campanillas -la advertencia de que su problema sexual puede ser indicativo de otro problema más profundo-, se casa con Richard. Sus relaciones sexuales no mejoran y surgen otros motivos de tensión. El matrimonio dura menos de un año. Si Anne hubiera escuchado las advertencias de sus Campanillas... Lisa C. trabaja como estilista en el barrio neoyorquino de la confección. Es una morena alta y atractiva. Soltera, vive en un estudio situado en la parte superior de Manhattan. Le encantaría tener un apartamento mayor, le encantaría comprarse un abrigo de pieles, le encantaría enviar más dinero a su madre, que vive allá lejos, en Topeka... Desgraciadamente, no puede permitírselo. Aunque le han asignado cada vez responsabilidades mayores durante el año que acaba de transcurrir, su sueldo sigue siendo exiguo y no le han concedido ningún aumento desde hace alrededor de año y medio. Sabe que se merece ese aumento, pero sólo el pensar en solicitarlo le causa horror, puesto que, en su opinión, no debería tener que mendigarlo. ¿Y si la despidiesen además? No tiene el menor deseo de buscar otro trabajo. Le gustan sus compañeros, la empresa, su despacho. Lisa se ha insonorizado tan bien que no percibe el toque de sus Campanillas. De modo que sigue trabajando, preocupándose y viviendo apretadamente, atormentada en su interior, mientras que su jefe continúa muy orondo, plenamente satisfecho de tener a su disposición a una esclava a cambio de una miseria. Si se atreviese a manifestarse, si abriese sus oídos y su corazón al mensaje de las Campanillas...

¿Y qué me dice de sus Campanillas? ¿Tiene usted un temperamento irritable? ¿No hay ciertas señales de advertencia que le dicen cuándo está a punto de explotar? ¿Tiene algún empleado que llega tarde al trabajo, se marcha en cuanto puede y nunca parece estar presente cuando usted le necesita? ¿Prefiere ignorar las muestras obvias de su incompetencia porque no quiere encargarse de la desagradable tarea de despedirle? ¿Continúa reteniendo unas acciones que han bajado diez puntos la semana pasada? ¿Hace caso omiso de los consejos de su agente, de su ex cónyuge y de sus Campanillas internas porque carece de liquidez y espera, contra toda esperanza, que las acciones se recuperarán? ¿Empieza de pronto a tropezar con todo, a herirse los dedos, a chocar contra los muebles? ¿No estará su cuerpo intentando decirle algo? Todos disponemos de señales internas de alarma. Condicionarnos para captar las advertencias que nos envía nuestro cuerpo y para oír con claridad

estas Campanillas es un paso muy importante en el camino de la Adecuación Interior. «Muy bien, de acuerdo. Oigo las Campanillas -me dirá-. ¿Y qué? Eso no significa que esté en mi mano hacer algo. Todo el mundo desea actuar de acuerdo con sus sentimientos viscerales. Pero ¿acaso lo hace?» Tiene usted razón, naturalmente. No basta con oír las Campanillas. Ni mucho menos. Lo mismo que el representante que no sale de una entrevista con un cheque se ha limitado a sostener una conversación, nos convertimos en espectadores de nuestra propia vida cuando oímos las señales internas pero no las obedecemos. Por lo tanto, para llegar a la Adecuación Interior, tenemos que prestar atención a las advertencias de las Campanillas y condicionarnos para actuar de acuerdo con ellas. ¿Por qué? Porque cada vez que suenan, significa que nos enfrentamos al momento de la verdad. Su toque nos impulsa a formularnos una pregunta decisiva: ¿Creo lo suficiente en mí mismo para actuar siguiendo mis intuiciones? Desde la infancia, sufrimos un lavado de cerebro que nos impide confiar en nuestros instintos. Se espera que seamos capaces de presentar un expediente puramente lógico, racional, de cada acción que nos proponemos. Actuar por «corazonada» o por capricho, se nos dice, no aumenta nuestra «madurez» ni nuestro cociente intelectual. Y sin embargo, nuestras saludables advertencias internas, aunque no siempre puedan ser defendidas desde el punto de vista de la fría racionalidad, son lo bastante prudentes para ponernos en alerta contra las situaciones peligrosas en potencia. Nos sirven de guía cuando se trata de aceptar riesgos calculados y de manejar las probabilidades. Desde el instante de nuestro nacimiento, nos enfrentamos a una batalla de voluntades que se prolonga durante toda la vida. Cuando sucumbimos y optamos por la conformidad, adaptándonos y aceptando el estilo de vida del «tengo que», nos despojamos de la fuerza emocional precisa para actuar siguiendo nuestros instintos. Convertimos la pasividad en virtud. Lo que hemos de hacer es muscularnos emocionalmente y recuperar la confianza en nosotros mismos, no porque alguien nos diga que debemos hacerlo, sino porque en eso reside nuestro mayor interés.

La clave de las Campanillas: No basta el conocimiento El cuerpo humano posee un sistema reflejo innato que nos permite evitar los peligros físicos. Cuando nuestra mano toca el fuego, la retiramos

automáticamente, sin pararnos a pensarlo. Cuando alguien nos lanza una patada, nos protegemos instintivamente con las manos. Cuando un coche se precipita sobre nosotros, nos apartamos de un salto. Nuestro mecanismo natural de defensa funciona como un reflejo condicionado, específico en cada caso, con vistas a nuestra supervivencia. La amenaza de un peligro físico nos pone en movimiento. Sin embargo, persistimos en ignorar las amenazas contra nuestro bienestar emocional y mental. Para solucionarlo y para lograr la buena forma interior, necesitamos un sistema de alarma permanente, que nos haga conscientes de las presiones debilitadoras y las trampas emocionales de la vida moderna, de las tensiones sofocantes y de los deseos no realizados que ponen en peligro nuestras relaciones, nuestra carrera, nuestra vida particular. Todos esos escollos nos impiden vivir plena, creativamente. Las Campanillas, nuestro segundo Utensilio de Vida, constituyen precisamente ese sistema de alarma. Forman parte de nuestra complicada red interna de comunicación, encargada de decirnos cuándo nos conviene evitar el peligro, cuándo debemos dormir y comer, cuándo necesitamos tomarnos vacaciones, cuándo tenemos demasiado o no tenemos bastante.

El poder oculto de las Campanillas ¿Cuál es el secreto que convierte un sentimiento difuso, visceral, en un hábito en el que se puede confiar? El secreto está en reconocer que:

Ignorar nuestras Campanillas equivale a poner en peligro nuestra vida.

Tal vez suene exagerado, pero no lo es. Debemos considerar las Campanillas como si se tratara de un dispositivo general de alarma implantado quirúrgicamente en nuestro cerebro. Cuando no actuamos obedeciendo a sus señales, interiorizamos nuestra ira y nuestra frustración, imponiéndonos sustitutos malsanos para dirigir nuestros actos, como la ansiedad, el estrés o la depresión, y corriendo así el riesgo de una enfermedad mental y física. Nos censuramos. Nos abatimos. Nos volvemos irritables. Nos dejamos atrapar en las arenas movedizas del «tengo

que». Y sin embargo, el mensaje de las Campanillas resuena con toda claridad: o actúas ahora o lo lamentarás más tarde. Si no obramos basándonos en los signos internos, no verbales, que nos advierten del peligro en el trabajo, en las inversiones, en las relaciones, socavamos tanto la duración como la calidad de nuestra vida. Si no prestamos atención a las voces que proclaman nuestro anhelo de expresión artística o de satisfacción en el trabajo, nos sentenciamos a una vida aburrida, penosa, en la que malgastaremos nuestra energía y nuestro potencial creativo. Sólo cuando sentimos en las entrañas que los errores que cometemos al negarnos a reconocer y obedecer nuestras señales internas amenazan nuestra vida en el mismo grado que cualquier peligro puramente físico, nos vemos impulsados a obrar. El instinto de conservación no nos permite adoptar una postura pasiva. ¿Por qué? Porque las Campanillas resuenan en nuestro mecanismo natural de conservación, ese mecanismo conocido normalmente con el término de «lucha o huida». Una perturbación emocional representa un peligro real, que amenaza la vida. Piense en lo que sería de nosotros si estuviésemos obligados a realizar siempre un trabajo intolerable, a continuar una relación desdichada, a soportar una vida llena de tristeza. Cuanto más vívidamente visualicemos los resultados nocivos de no escuchar nuestras Campanillas, con mayor fuerza nuestro miedo a no actuar se impondrá sobre nuestro miedo a actuar. Imagine lo que ocurriría si tuviésemos que ceder ante cualquier vendedor obstinado y comprar lo que no queremos comprar o en un momento que no nos conviene. O si permitiésemos que los primeros síntomas de un malentendido con nuestra pareja no se manifestasen. Quede claro que no pretendo decir que debe precipitarse a cumplir cada deseo inconsecuente que se le pase por la cabeza. Hay que analizar cuidadosamente los impulsos (aunque, en mi opinión, cuando estamos obligados a escoger, resulta mejor y más prudente obedecer en general a todos nuestros caprichos que eludir sistemáticamente los riesgos). A veces, si queremos salvar nuestra alma, tendremos incluso que arriesgar nuestra vida para sostener nuestros principios. En todo caso, lo que propugno es que reconozcamos la necesidad, tanto física como emocional, de actuar conscientemente basándonos en esos instintos.

Convertir las Campanillas en una aptitud vital ¿Cómo convertir las Campanillas en una aptitud que nos facilite la vida? Practicando diariamente. Todo el mundo conoce el dicho según el cual sólo hay dos cosas seguras en la vida: la muerte y los impuestos. Yo creo que existe una tercera. No cabe duda de que no transcurre un solo día que no traiga consigo su parte de fricción. No hay manera de librarse. Alguien o algo nos irritará o nos inquietará. Sirvámonos de esa fatalidad para fortalecer nuestra resolución emocional. Esas ligeras fricciones son lo que yo llamo las Pequeñas Campanillas. Prestarles atención no es demasiado difícil, ya que sólo exigen una pizca de autoafirmación y un ligero esfuerzo de voluntad, pero no una implicación personal profunda. Las consecuencias no tienen gran importancia y son fáciles de manejar. Por ejemplo, abre usted el correo y se encuentra con la factura del fontanero. Nada menos que cincuenta mil pesetas, es decir, cinco mil por encima del presupuesto. No se queme la sangre. Llame al fontanero. Manifiéstele su indignación. Niéguese a pagar la cantidad adicional. Un taxista se comporta groseramente. Llámele la atención. No se muerda los labios. Está en el restaurante. En la mesa de al lado, hay una mujer fumando, y es usted alérgico al tabaco. Pídale que apague el cigarrillo o que se traslade a una mesa más alejada. Tome una pequeña iniciativa, haga algo positivo. Hace semanas que está postergando el llamar a su madre. No lo posponga por más tiempo. Llámela ahora mismo. Se sentirá mejor. Librará su mente de esa preocupación. Ha negociado los términos de un nuevo contrato de trabajo y cree que todos los detalles quedaron bien aclarados. Sin embargo, cuando recibe la copia de ese contrato, descubre que se le asigna la categoría de «gerente» y no la de «director», como esperaba. No se indigne, ni, en el extremo opuesto, se diga que le da igual. Pida una aclaración. Exija que se corrija el término. Las Pequeñas Campanillas pueden sonar también a causa de la irritación y el conflicto originados al reprimir un impulso espontáneo. Por ejemplo, se despierta y se da cuenta de que no le apetece en absoluto ir a trabajar. Aunque sabe que no le espera nada urgente y que realmente no le necesitan en ese día, le da apuro llamar diciendo que está enfermo. Y en ese momento, suenan las Pequeñas Campanillas. Concédase un día de fiesta y dedíquelo a entretenerse. Llame para decir que no está en condiciones de

trabajar. Disfrute de su libertad. A largo plazo, eso redundará en favor de su salud mental y de su productividad. Ve un bonito par de pendientes en un escaparate. Le irían de maravilla con su traje nuevo, pero no puede permitirse comprarlos. Están absolutamente fuera de su presupuesto. Suenan las Pequeñas Campanillas. ¡Adelante, cómprelos! Hágase ese regalo. Mejorará la imagen que tiene de sí misma y aumentará su confianza. Siempre puede ahorrar ese dinero privándose de otra cosa. Acostumbrándose a reaccionar rápida y enérgicamente al sonido de nuestras Pequeñas Campanillas despejamos el camino que nos lleva a adoptar una conducta que se nos hará progresivamente más fácil en el futuro. Cada vez que actuemos obedeciendo a las Campanillas, nos parecerá más sencillo en la próxima ocasión. Cada vez que las ignoremos, nos acercaremos más a una ruptura en nuestro sistema natural de reacción y nos hundiremos más profundamente en la ciénaga del «tengo que». Condicionarnos para actuar incrementa nuestra integridad personal y el control que ejercemos sobre nuestra vida. Nada, ni siquiera el dinero, vale tanto como el respeto de sí mismo.

Diferenciar las Campanillas Las Campanillas tienen distintos sonidos. El toque resonante de las grandes proclama la posibilidad de cometer un error grave. El tintineo de las pequeñas señala las irritaciones breves que surgen en la vida cotidiana. Hay tantos tipos de Campanillas como individuos existen. Tomar conciencia de las diversas clases de Campanillas nos capacita para distinguir el sonido de las nuestras. De acuerdo con mi experiencia, lograda hablando con cientos de personas y dirigiendo seminarios sobre la Adecuación Interior, he determinado algunas de las más frecuentes, timbres de alarma que nos advierten de que nos encontramos en circunstancias perniciosas, contra las cuales hemos de tomar medidas. Reconocer y obedecer esas señales nos permitirá dominar el segundo Utensilio de Vida. 1. Las Campanillas del Sexto Sentido Las Campanillas del Sexto Sentido actúan bajo la superficie del pensamiento consciente, racional. Suenan cuando algo o alguien nos produce una «sensación» particular, buena o mala, aunque no alcancemos a explicar esa impresión ni traducirla en palabras. Por ejemplo, hay personas que nos

inspiran antipatía desde el mismo instante en que las conocemos. Vemos la fotografía de una casa y nos enamoramos de ella. Nos presentamos para solicitar un trabajo con un sueldo inferior al que cobramos actualmente porque tenemos la impresión de que nos irá mejor en él. Esas sensaciones o intuiciones, que proceden de lo más profundo de nosotros mismos, son con frecuencia más auténticas, más saludables, que la respuesta de nuestra mente consciente. Cuando algo nos «parece» que está bien o que está mal, deberíamos escuchar nuestro sexto sentido y obedecer a ese sentimiento. Después de todo, la intuición es una sensación fundamentada. No surge de la nada. Se basa en una evaluación en comparación con las experiencias pasadas, semejante a las que el ordenador realiza con los datos, y en una sesión espontánea de brainstorming1 que se desarrolla en nuestro interior, poniendo en juego todas nuestras facultades intelectuales. Prestar atención a las Campanillas no significa que debamos actuar impetuosamente, ni que prescindamos por completo de la necesidad de analizar la acción positiva que vamos a llevar a cabo. El peligro reside en permitir que el análisis nos conduzca a una racionalización de la abstención.

2. Las Campanillas del «Avestruz» Las Campanillas del «Avestruz», es decir, las que nos avisan de que nos disponemos a esconder la cabeza bajo la arena, suenan cada vez que intentamos negar la realidad, esquivar una obligación o eludir nuestras responsabilidades. Recuerde la negativa de Anne K. a reconocer su problema sexual con Richard D. Imagine una actriz que despacha a toda prisa unas frases de su papel que le parecen incongruentes, aunque tal vez en esas frases se halla la clave que le permitiría crear un personaje verosímil y fuerte.

3. Las Campanillas de la Dilación Las Campanillas de la Dilación suenan cuando posponemos aquello que en lo más profundo de nuestro corazón deseamos hacer. Piense en la persona que sueña con aprender a tocar la guitarra, pero que nunca convierte en realidad ese sueño, en el hombre que desea entablar relaciones con una mujer a la que

1 El brainstorming es una técnica de solución de problemas en grupo, en la que cada miembro del mismo aporta sin reticencias las ideas que se le ocurren. (N. del T.)

encuentra interesante y atractiva, pero que es demasiado tímido para dirigirse a ella y proponérselo.

4. Las Campanillas de la «Trampa» Las Campanillas de la «Trampa» suenan cuando nos sentimos aprisionados física o emocionalmente. Recuerde a Ralph B., el ejecutivo publicitario, y a Mary H., la madre bostoniana, paralizados por las limitaciones de sus percepciones. Las Campanillas de la «trampa» nos recuerdan que debemos emprender alguna acción -cualquier acción- y que la reacción más peligrosa a la sensación de sentirse atrapado consiste precisamente en no hacer nada al respecto.

5. Las Campanillas de las Presiones Externas Las Campanillas de las Presiones Externas nos advierten que no debemos confiar ciegamente en los demás, sino procurar llegar a nuestras propias conclusiones. Nos aconsejan que no nos dejemos intimidar por la confianza en sí mismos o la arrogancia de los pretendidos especialistas. Nos recomiendan también que no permitamos que las figuras autoritarias externas (padres, médicos, abogados o colegas) tomen las decisiones en nuestro lugar. Insisten en que nos mantengamos firmes, sin permitir que los demás se aprovechen de nosotros. Por ejemplo, puede haber un chico al que sus padres presionen para que se matricule en la universidad. El muchacho quiere estudiar, en efecto, pero piensa que no está preparado todavía. Y sus Campanillas de las Presiones Externas se lo advierten. Asiste usted a una fiesta. Alguien le ofrece cocaína. No quiere aceptarla, pero sus amigos insisten en que la tome. Escuche sus Campanillas y resístase.

6. Las Campanillas de la Debilidad Personal Todos tenemos alguna debilidad, una mala costumbre peculiar, un talón de Aquiles particular. Algunos somos incapaces de decir no. Otros nos encolerizamos fácilmente. Hay personas demasiado insistentes, otras que desisten demasiado pronto, otras cobardes. Cada vez que su problema especial

de conducta esté a punto de manifestarse, preste atención a sus Campanillas y reprima conscientemente la tendencia a reaccionar de acuerdo con su hábito.

7. Las Campanillas de la Ética Personal Cuando nos sentimos impulsados a mentir, robar, engañar o violar de cualquier modo nuestro código moral, experimentamos una punzada de arrepentimiento. Es el sonido de las Campanillas de la Ética Personal. Ignorar sus advertencias puede tener sus ventajas a corto plazo, pero, con el tiempo, aporta pérdidas cuyo alcance resulta incalculable. Algunos han aprendido a ponerle sordina. Sin embargo, cuando acallamos las Campanillas de la Ética Personal, somos insinceros con nosotros mismos y lesionamos nuestro ser espiritual interior, una actitud tan autodestructiva que acabamos sin remisión por tener que pagarla con un aumento de ansiedad física y mental. 8. Las Campanillas Semánticas Las Campanillas Semánticas suenan cuando tenemos un conflicto a causa del significado o de la interpretación de una palabra. Las palabras son a veces peligrosas, ya que pueden inducirnos a confundir lo general con lo específico y, en consecuencia, hacernos prescindir de los detalles, ignorar las sutilezas y las interrelaciones y cerrar los ojos ante el mundo de la realidad. Heather W. soñaba con ayudar a sus semejantes, por lo cual decidió hacerse ayudante técnico sanitario. Desgraciadamente, estas palabras no son más que una generalización y revelaron muy poco a Heather sobre lo que es realmente la experiencia de una enfermera: el trabajo tedioso, las presiones intensas, los horarios agotadores e irregulares, la insoportable estrechez de miras de la burocracia hospitalaria y la falta de sensibilidad y de respeto por parte de los médicos y los enfermos. Si sus Campanillas Semánticas hubieran funcionado, no hubiera confundido las siglas ATS con la realidad cotidiana de la enfermera. Al contrario, hubiera dejado caer una Gota de Pegamento sobre sus labios y lo hubiera pensado bien, concentrándose en lo que realmente le esperaba, en lugar de limitarse a considerar su sueño. Por ejemplo, podría haber entrado a trabajar como voluntaria en un hospital durante las vacaciones de verano, obteniendo así una experiencia de primera mano, antes de comprometerse en la elección de su profesión definitiva. Con ello, hubiese dispuesto de una base sólida para tomar una decisión meditada e inteligente.

Si sus Campanillas no funcionan como es debido, no se preocupe. Se encuentran embozadas por años de negligencia. Naturalmente, no hay que esperar que todo cambiará de la noche a la mañana. Se necesita para ello tiempo y esfuerzo. Pero lo mismo que el ejercicio físico y una alimentación equilibrada contribuyen a la recuperación del bienestar físico, el condicionamiento con los Utensilios de Vida nos pone de nuevo en conexión con nuestra intuición y armoniza nuestra mente y nuestras emociones. Veamos, pues, en qué consisten los ejercicios de condicionamiento.

Ejercicios de condicionamiento con las Campanillas Primer paso: Oír las Campanillas 1. Escuchar las Campanillas. ¿Cómo se dejan sentir en su caso particular? ¿Como una sensación de vacío en el estómago? ¿Como una rigidez de los músculos del cuello? ¿Como un peso sobre los hombros? ¿Como una sensación general de incomodidad o ansiedad? Anote por escrito el modo en que se manifiestan sus estados de estrés emocional y de conflicto. La próxima vez que se presenten, haga una pausa. Recuerde que su cuerpo le habla. Aprenda a escucharlo. 2. Recurrir a la ayuda de un amigo. Si le cuesta trabajo oír sus Campanillas, pregunte a su pareja o a un amigo íntimo si ha observado que reacciona usted de una manera específica en los momentos de tensión y, en caso afirmativo, pídale que le describa los detalles. Las palabras de un allegado pueden refrescar su memoria y ayudarle a reconocer sus señales de alarma.

Segundo paso: Identificar las Campanillas 1. Repasar la lista de las Campanillas más corrientes. Determine aquellas que le plantean mayor número de problemas. Puntúe de uno a diez su capacidad para reaccionar eficazmente a cada una de esas Campanillas. 2. Hacer la lista de las Campanillas de la Debilidad Personal (número 6) que tienen una especial importancia para usted. ¿Tiene con frecuencia problemas en un área determinada, algo en lo que tropieza, una situación que siempre le crea conflictos? Asigne a cada una de sus Campanillas un nombre fácil de recordar, por ejemplo, la Campanilla de «No Admito Críticas», la Campanilla de «Eso Se Atraganta» o la Campanilla de «Soy Demasiado Tímido Para Eso».

Tercer paso: Obedecer a las Campanillas 1. Practicar con las Pequeñas Campanillas. Empiece hoy mismo a hacer cualquier pequeña cosa que lleva ya mucho tiempo deseando hacer y continúe así durante toda la semana. Por ejemplo, hable bien alto por primera vez. Concédase un capricho. Enfréntese a eso que le causa una ligera irritación, en lugar de dejarlo pasar y quedar frustrado. Acepte un pequeño riesgo. Muéstrese expansivo. Observe cómo se siente. 2. Reconocer sus Campanillas del Sexto Sentido (número 1) y obedecer sus advertencias. Actúe basándose en una impresión, sin preocuparse de analizarla. Fíese de su olfato. Se sorprenderá al descubrir adonde le conduce. 3. Practicar cada día con una Campanilla distinta. Concéntrese exclusivamente sobre la que haya elegido y dedíquele todo el día. Por ejemplo, si es usted tímido, practique tomando la palabra. Si acostumbra a eludir alguna pequeña tarea porque le resulta desagradable, decídase a cumplirla de inmediato. Si se aburre en el trabajo, cambie de tarea. Al día siguiente, elija otra Campanilla. Concéntrese en ella durante toda la jornada. Haga algo para irse acostumbrando a actuar basándose en sus señales internas. 4. Romper un hábito. Supongamos que dispone de tiempo libre esta noche o mañana. En lugar de dedicarlo a ver la televisión, inicie algo que está deseando hacer desde tiempo atrás, pero que ha ido posponiendo. Escriba una carta, lea un libro, comience un proyecto, vaya al teatro. ¿Ha soñado con ser escritor? Deje de soñar. Escriba hoy mismo un texto de un millar de palabras. ¿Siempre ha querido ser actriz? Deje de desearlo. Matricúlese en una escuela de teatro. Escuche a su ser interior. No lo despache sin contemplaciones. No prestarle atención equivale a cometer un suicidio psicológico pasivo. El condicionarse para actuar le situará en la ruta hacia la buena forma interior y hacia una vida libre de coacciones. 5. Recordar las advertencias que se ignoraron en otro tiempo. ¿Hubo alguna situación importante en que actuó en contra de su naturaleza o en contra de su intuición? ¿Qué señales ignoró? Si tuviera que hacerlo de nuevo, ¿cómo actuaría? ¿Su vida sería hoy diferente si hubiese tomado la iniciativa en aquel momento? Recurra a las Campanillas y a la Gota de Pegamento para analizar una decisión pasada. La próxima vez en que oiga

el sonido de sus Campanillas y esté a punto de prescindir de ellas, aplíquese la Gota de Pegamento. Haga una pausa. Deje de racionalizar. Decida de nuevo si quiere o no ignorar sus advertencias internas. 6. Mirar el presente cara a cara. Considere algunas circunstancias problemáticas en que se encuentre en el momento actual. ¿Qué ocurriría si se decidiese a actuar? ¿Y qué ocurriría si resolviese no tomar ninguna medida? ¿Cómo se sentiría interiormente si no hiciese ni dijese nada? Visualice todas las consecuencias de no prestar oídos a sus Campanillas.

6 Tercer Utensilio de Vida: El Círculo y los Puntos

Una vez al año, solía dirigirme a la casa Paul Stuart, una elegante tienda de confecciones para caballero situada en la avenida Madison de Nueva York, para comprarme un traje de buen corte. El tener que elegir uno entre la amplia selección que me presentaban me ponía en un verdadero compromiso. Me probaba un traje tras otro. ¡Qué dilema! ¿Cuál era mi problema? ¿Qué buscaba exactamente? En realidad, lo sabía muy bien. Quería un traje perfecto, que, nada más verlo, hiciese sonar en mi interior una voz: «¡Ese es el tuyo!». Como no había apenas probabilidades de que sucediese tal cosa y como no disponía de los fondos suficientes para comprármelos todos, no alcanzaba a decidirme. Cuanto más estudiaba los trajes expuestos, menos atractivos me parecían. El perchero se iba quedando vacío, hasta que empezaba a pensar en que, verdaderamente, no había allí nada apropiado para mí. Sin embargo, continuaba mirando y comparando, hasta que el dependiente perdía la paciencia, apartaba uno cualquiera del lote, por ejemplo un traje a rayas, y afirmaba con una determinación absoluta: «Éste es el traje que le conviene, señor». Intimidado por la exasperación que se transparentaba en su voz, yo aceptaba avergonzado su decisión, lo que no impedía que, ya mientras esperaba en la caja para abonar mi compra, mirase furtivamente a otro cliente

que lucía un elegante modelo inglés, pensando que sin duda me hubiera sentado mejor que mi traje de rayas. Son cosas de la naturaleza humana, se dice. Buscamos la solución perfecta y, como no conseguimos encontrarla, dejamos que otros tomen la decisión en nuestro lugar. Lo malo es que esa decisión no nos hace nunca enteramente felices. O bien, atrapados por las circunstancias, nos ofuscamos y nos negamos a ver cualquier otra alternativa aceptable. Tenemos ante los ojos todo un lote de opciones, y no vemos ninguna. Así nos evitamos la ansiedad de tener que aceptar nuestra plena responsabilidad y cerramos nuestra mente a las oportunidades. Muy bien, pues yo digo que ésa no es la naturaleza humana y que tal actitud no nos conducirá jamás a la Adecuación Interior. Siempre tenemos a nuestra disposición más alternativas de las que creemos. Cuando actuamos motivados por el miedo o la envidia, cuando nos negamos a arriesgarnos y a confiar en nuestras intuiciones, vivimos como si no tuviéramos verdaderamente elección. Nos dejamos manipular por fuerzas externas y obstaculizar por las coacciones del «tengo que». Para ser libres, hemos de aceptar el papel crítico que nos toca desempeñar en cuanto a la elección entre las opciones que se nos ofrecen. Modificando ligeramente nuestra perspectiva, podemos examinar una serie de trajes y ver no sólo uno, sino varios que nos sentarían bien. Cualquiera que elijamos se convierte entonces en el que estábamos buscando, por la simple razón de que lo hemos elegido. ¿Por qué? Porque la cualidad de especial reside en nosotros, no en la ropa. Yo podría haberme sentido feliz y tener una excelente apariencia con varios de los trajes que se hallaban a la venta en Paul Stuart. Aprender a escoger de manera consciente es esencial para afirmar nuestra individualidad y establecer un control sobre nuestra vida. Y aunque todo el Programa de Adecuación Interior está impregnado de un sentido profundo de la libertad individual, este mensaje tiene una importancia tan capital que exige su propio Utensilio de Vida.

Presentación del Círculo y los Puntos EL Círculo y los Puntos (figura 3) son el símbolo de lo que yo denomino la elección consciente.

Cuando pensamos en una acción que vamos a realizar o en una decisión que debemos tomar, trazamos inconscientemente un círculo alrededor de los puntos correspondientes a las opciones que, a nuestro entender, se nos presentan. El círculo define la serie de opciones, y es aquello en lo que consiste el problema o la cuestión. Los puntos son las soluciones posibles. Este Utensilio de Vida transforma el proceso de la elección libre en una actividad consciente, condicionándonos para que ensanchemos nuestros horizontes. El Círculo y los Puntos actúan como un recordatorio de que:

Para toda acción, elección o decisión a que nos enfrentemos, existe todo un círculo de alternativas. Cada vez que tomamos una decisión o resolvemos emprender una acción, retiramos un punto de nuestro Círculo mental. Es esencial que comprendamos que, cualquiera que sea el Punto sobre el que recaiga nuestra elección -la acción que realizaremos, la decisión que tomaremos-, se limita a ser una posibilidad entre una multitud de posibilidades. Teóricamente, un Círculo es capaz de contener tantos Puntos como granos de arena hay en el mar. No importa la frecuencia con que nos digamos: «Pero si no me queda más remedio...». Siempre podemos elegir otra alternativa, con la sola condición de que nos acostumbremos a profundizar en la cuestión y a formularnos las preguntas apropiadas. Cualquier dato adicional que descubramos, incluso un cambio muy ligero de perspectiva, puede abrirnos una amplia gama de nuevas oportunidades. El Círculo y los Puntos constituye también un recordatorio visual de que puede haber más de una solución correcta. No existe ninguna opción perfecta, del mismo modo que no existe la pareja perfecta, ni un camino prefijado para nuestra vida. Entre las alternativas que restan después de

proceder al filtrado preliminar, cada una tiene sus ventajas y sus desventajas. Resulta peligroso confundir la búsqueda de una elección buena o de calidad con la búsqueda de la solución perfecta. La primera existe. La segunda no es más que una ficción semántica, una prescripción de futilidad. Busque la perfección y encontrará sólo tensión, frustración y un desengaño inevitable. Su proceso de opción-selección se enfangará en la duda y la confusión. Quizá crea haber descubierto el compañero, la profesión o la opción perfectos. Pronto se manifestarán sus puntos débiles y comprenderá que ha cometido un terrible error. Sin embargo, en lugar de adoptar una postura flexible y tratar de aceptar la realidad, tal vez siga pensando que tiene que recomenzar desde el principio su búsqueda de la perfección. Una elección de calidad se basa en la intuición, una experiencia sólida y la información suficiente. En esas condiciones, tenemos la impresión de que damos en el blanco. No obstante, en último término, cada elección supone un riesgo calculado y no es más que una conjetura meditada. Veamos un ejemplo de cómo la técnica del Círculo y los Puntos revolucionó mi estrategia de invención y me ayudó a incrementar mis ingresos. Había puesto fin a mis actividades como asesor de inversiones y contaba con algún dinero procedente de una libreta de ahorros. Ahora buscaba la mejor manera de invertir mi capital adicional. Quería una rentabilidad mayor que la ofrecida por los bancos y estaba dispuesto a correr lo que yo llamo «un riesgo moderado», es decir, un riesgo del 20%. ¿Cuál era la inversión apropiada? Convertí la pregunta en un «Círculo». El primer Punto que se me ocurrió fue comprar un paquete de acciones de primera clase, bien por mi propia cuenta o a través de un fondo común de inversiones. También podía entregar mi dinero a alguien de confianza para que lo administrase. Ahora bien, tuve que preguntarme: ¿Dónde encontrar a esa persona? En un primer tiempo, no aparecieron más Puntos. Pero insistiendo y negándome a aceptar la frase «eso es todo» como respuesta, acabaron por surgir algunos. Podía formar un fondo con algunos amigos, reuniéndonos en un pequeño sindicato, lo que, al disponer de más dinero, nos proporcionaría posibilidades de inversión más amplias. O podía refugiarme en un negocio más conservador. Seguí insistiendo en busca de más alternativas. Me forcé a ser original, como si la originalidad fuese en tanta medida una cuestión de voluntad como de capacidad innata. De pronto, me di cuenta de que había estado trabajando bajo un supuesto que restringía mis opciones, esto es, que estaba obligado a invertir todo mi

dinero de una vez, aceptando la misma proporción de riesgo. En realidad, para alcanzar mi objetivo, no había ninguna necesidad de ello. Podía muy bien invertir el 80% de mi capital en algo que me proporcionase unos intereses bajos, pero seguros, y especular con el 20% restante (esperando ganar el doble o el triple). De acuerdo con mis cálculos, si invertía toda la cantidad aceptando un riesgo moderado, en caso de perder, perdería igualmente un 20%, de modo que, con mi enfoque del 80-20%, no corría mayor riesgo de pérdidas, aun en el caso de que mi especulativo 20% se desvaneciese. En realidad, mi riesgo total sería menor, puesto que quedaría compensado parcialmente con los intereses garantizados y, en potencia, mis ganancias globales aumentarían. Gracias al Círculo y los Puntos, ideé un plan original para aprovechar unas inversiones extremadamente especulativas como un sistema para cumplir mis objetivos conservadores. Dicho plan tuvo como consecuencia un aumento espectacular de mis rentas. Recurriendo al Círculo y los Puntos, también usted puede introducir la aventura y la osadía en un plan controlado, conservador, con vistas a obtener más de la vida. Basta con seguir buscando el Punto olvidado y continuar preguntándose: «¿Qué otro camino me resta?». Mary H., la joven madre bostoniana de la que hablé en el capítulo 2 y que se sentía prisionera de las circunstancias, encontró una solución creativa, su Punto extraviado, cuando se dio cuenta de que el problema al que se enfrentaba no le atañía exclusivamente a ella, sino que abarcaba a toda la familia. Hacer intervenir a sus hijos en el proceso de tomar la decisión le permitió llegar a una solución nueva. Les S., un actor lleno de energía y deseoso de destacarse de sus competidores, se preguntó: «¿Cómo podría aumentar mis posibilidades de distinguirme durante una prueba?». En apariencia, no existía medio alguno de cumplir su deseo. Sin embargo, estimulado por el sistema del Círculo y los Puntos, Les S. prestó una atención redoblada a las opciones posibles y acabó por profundizar lo bastante para descubrir una alternativa. Decidió que, a partir de entonces, se identificaría con su personaje y mantendría tal identificación antes, durante y después de la prueba. Al tercer intento, la veracidad de su interpretación impresionó al director, que le concedió un papel importante. Tanto si se trata de resolver problemas de negocios, personales o políticos, es esencial no caer en el error de tomar decisiones mal fundadas debiendo, en cambio, plantearse siempre las preguntas concretas.

El trazado de los Círculos En nuestra búsqueda de respuestas, el modo preciso en que nos formulamos una pregunta determinará el número y la naturaleza de los Puntos incluidos en el Círculo. Si una mujer tiene dos vestidos azules y se pregunta: «¿Cuál de los vestidos azules me pondré hoy?», es obvio que sólo tendrá dos opciones en el interior de su Círculo. Preguntarse: «¿Qué me pondré hoy?» aumentará el número de los Puntos, y preguntarse: «¿Qué me convendría ponerme hoy?» lo incrementará más todavía. En cambio, si se pregunta: «¿Qué me pondré hoy para resultar absolutamente despampanante?», sin tener en cuenta cómo se siente aquel día ni el guardarropa de que dispone, lo más probable es que su Círculo quede completamente vacío de Puntos (una clase de Círculo que, por regla general, suscita una gran ansiedad).

Para encontrar la dirección en que nos conviene actuar, hay que empezar por plantearse las preguntas adecuadas. Formularse las preguntas adecuadas puede descubrirnos un atajo para llegar al núcleo del problema, ayudándonos a liberarnos de la coacción del Círculo que lo confina. Si la pregunta es vaga o prematura, nos exponemos a depender con exceso de los demás, a aceptar soluciones simplistas, a realizar movimientos apresurados o a no movernos en absoluto. Hemos de permanecer siempre alerta, dispuestos a modificar el modo en que «consideramos» o «valoramos» una situación. Veamos un ejemplo. Michele R. acababa de licenciarse en el Boston College y planeaba asentarse en la región de Boston. Sin embargo, cuando el hombre con el que vivía recibió una oferta de trabajo de una empresa de Pennsylvania y, con la esperanza de que quisiese acompañarle, le planteó directamente la cuestión: «¿Quieres venir conmigo a Pennsylvania?», su respuesta fue un rápido sí. Se sentía a gusto con David. Sus relaciones sexuales eran intensamente satisfactorias y creía que le amaba, pero, al mismo tiempo, no estaba segura de que alejarse de sus amigos y de sus oportunidades de encontrar un puesto de trabajo fuese lo que más le convenía en ese momento. Por lo tanto, decidió profundizar y se formuló a sí misma algunas preguntas difíciles, cruciales. «¿Por qué deseo irme con David? ¿Acaso me he vuelto demasiado dependiente de él, como me ocurrió con Jeff, mi novio de la universidad? ¿Me asusta quedarme sola? ¿Y David? ¿Le da miedo sentirse solo? No tengo más que veintiún años. ¿Estoy dispuesta a sacrificar tanto mi carrera como mi ego a

las conveniencias de David? ¿Deseo pasar a su lado todos y cada uno de los días que me restan de vida?» Y por último: «¿Qué es lo que quiero verdaderamente?». Al hacerse estas preguntas fundamentales, Michele se dio cuenta de que su decisión estaba más motivada por el miedo que por el deseo. Temía perder a David, no porque fuese incapaz de vivir sin él, sino porque, careciendo de confianza en sí misma, le asustaba vivir sola, sin nadie que se ocupase de ella. Por lo tanto, acabó por resolver quedarse en Boston, a fin de determinar con exactitud lo que sentían tanto el uno como el otro. Visitaría a David con la mayor frecuencia posible y, al cabo de un año, volvería a evaluar sus necesidades, sus sentimientos y las relaciones entre ambos. Determinar las preguntas más apropiadas permite que nuestra facultad de captar las oportunidades funcione libremente, nos hace conscientes de nuestra posibilidad de elegir y...

Nos prepara para todas las alternativas.

Veamos ahora algunos detalles que nos ayudarán a permanecer preparados para todas las alternativas. En primer lugar, mantenernos físicamente sanos y activos. (Cuando nos duele la espalda o nuestros hombros se hunden bajo el peso del mundo, no tenemos la energía precisa para buscar opciones aventuradas, ni tampoco deseamos hacerlo.) Dejar desvanecerse los sentimientos de depresión y desilusión antes de pensar en las opciones que se nos ofrecen. Conservar siempre el Pegamento a mano, a fin de utilizarlo en el momento oportuno. Uno de los medios más fáciles y eficaces para descubrir las opciones nuevas consiste en posponer las respuestas. Cuando tenga que tomar una decisión, dígase previamente: «Lo consultaré con la almohada». O bien: «Lo pensaré un poco más». Recuerde que precipitar las decisiones no presenta ninguna ventaja, sobre todo si las consecuencias de tal decisión van a repercutir sobre su propia vida. Véase a sí mismo como un artista que esculpe su vida partiendo de la materia prima que le proporciona su ambiente. Recuerde que cada elección que lleve a cabo reflejará lo que quiere en la misma medida que lo que no quiere. Esta conciencia de lo que uno elige podría expresarse de la manera siguiente: «Sólo me fijo en aquello que quiero ver y creo mi propia percepción de lo que está sucediendo. Puedo cambiar de perspectiva. Puedo mirar de nuevo y ver u oír lo que quizá no he visto ni oído antes».

Hay que decir que no a todo el mundo le agrada enfrentarse a diversas opciones, que esa multiplicidad puede ser embarazosa y molesta. Desde el punto de vista emocional, parece mucho más fácil seguir los caminos trillados. A todos nos ha ocurrido alguna vez desear vernos obligados a ejercer la profesión de nuestros padres o a hacernos cargo del negocio familiar, en lugar de elegir entre un número casi ilimitado de profesiones. Tal deseo se debe a que las opciones implican una decisión y a que tomar esa decisión requiere tiempo, energía, implicación personal y riesgo. Además, las opciones que se descubren resultan a veces penosas. Quizá nos fuercen a abandonar algo o a alguien, o a prescindir de una antigua y cómoda creencia. Pero, a fin de cuentas, acabaremos por descubrir que esos inconvenientes suponen un precio pequeño a cambio de la libertad, la felicidad y la realización personal. Las preguntas y las respuestas son el reflejo de la persona que traza el Círculo y selecciona los Puntos. Cuando llega el momento de prepararse para tomar una decisión, no hay nada más importante que el comprometernos con nosotros mismos a adoptar el punto de vista del que lleva una vida libre. Al aceptar dicho compromiso, nos ponemos en contacto con nuestros sentimientos, nuestra intuición, nuestro «lado no racional», nuestra fe en nosotros mismos, permitiendo que nuestra idiosincrasia se manifieste e influya sobre nuestras elecciones, poniendo en funcionamiento nuestra conciencia y conduciéndonos a decisiones acertadas. Así nos convertiremos en personas integradas, con la plena convicción de controlar y dirigir nuestra vida. En cambio, si cedemos a la coacción del «tengo que», la gama de nuestras posibilidades se reducirá drásticamente.

La elección de los Puntos Hay cuatro reglas cardinales que conviene recordar cuando se trata de determinar las opciones que se nos ofrecen. 1. No buscar jamás la respuesta perfecta. Creer en la perfección es tan absurdo como creer que no existe más que un Punto en el interior de un Círculo determinado. (¿Recuerda mi problema cuando intentaba encontrar el traje ideal?) Para resolver los problemas de una manera eficaz y práctica, hay que seguir todo el proceso y encarar cada una de las probabilidades, sin empeñarse tercamente en obtener la perfección.

Con demasiada frecuencia, consideramos que las opciones que se nos ofrecen se reducen a una alternativa entre dos direcciones, una alternativa estática, tipo o blanco o negro, que aguarda en una especie de limbo a que la hayamos descubierto. O compramos una casa o no compramos una casa; o tenemos un hijo o no tenemos un hijo. En realidad, la decisión forma parte de un proceso continuo, circular, constituido por las preguntas que formulamos, las acciones que emprendemos y la valoración que hacemos de esas acciones, lo que nos lleva a nuevas preguntas y a nuevos Círculos, con sus Puntos correspondientes. Si las elecciones que hacemos no nos dan al principio toda la satisfacción que esperábamos, procuremos no desalentarnos. Cada decisión que tomamos supone el comienzo de un trayecto, no un callejón sin salida, puesto que el sistema del Círculo y los Puntos no es un concepto estático, sino un proceso continuado, circular, una representación de cómo actúa el libre arbitrio. 2. Aceptar el ridículo. Durante la exploración de este proceso de creación de opciones, no se debe descartar por completo ninguna de ellas, por extraña o extravagante que nos parezca. Muchas veces, las posibilidades más ridículas contribuyen a mantener nuestra apertura de espíritu y guían nuestro pensamiento hacia soluciones sanas y creativas. Recuerde que sus fantasías de hoy pueden llegar a ser mañana beneficiosas realidades. 3. No detenerse en lo primero que se le ocurra. Las opciones son como las moras. Las mejores no se encuentran siempre entre las más asequibles o las más visibles. Manténgase alerta en el momento de inclinarse por una de ellas. Explore todas las áreas. Déjese llevar por el espíritu de aventura. No salte a la primera conclusión. 4. Continuar insistiendo. Aférrese al problema y siga profundizando. De ese modo, las probabilidades de llegar a una solución nueva, original, aumentarán espectacularmente. Pregúntese: «¿Qué estoy pasando por alto? ¿Qué otras posibilidades se me ofrecen?». Recuerde que siempre existen otras opciones. Insista en obtener una respuesta y no acepte como tal la idea de que «no hay otra alternativa». 5. Buscar las diferencias. Incluso cuando nos enfrentamos a una situación nueva, nuestros hábitos de pensamiento nos influyen profundamente, forzándonos a buscar similitudes, a encajar las experiencias recientes en

nuestros viejos y polvorientos moldes, a comparar incesantemente unas cosas con otras. En mi opinión, toda experiencia es nueva y original. El interés que suscita cada una de ellas y las oportunidades que ofrece derivan no de las semejanzas existentes entre todas, sino de sus diferencias. Por ejemplo, si es usted jefe de empresa, demostraría ser muy prudente si, en lugar de distribuir los puestos entre sus empleados fiándose exclusivamente de sus cualificaciones profesionales, los considerase por un momento desde otro punto de vista, como individuos específicos, dotados de múltiples facetas. Preste atención a los aspectos que distinguen a una persona de todas las demás, y descubrirá un tesoro de potencialidades ocultas, inaprovechadas en una organización estática, deshumanizada. Mientras camina por esa calle que ha recorrido miles de veces, en lugar de mantener los ojos fijos en el suelo, levante la vista y busque algo nuevo. Mire hacia lo alto de esos edificios junto a los cuales ha pasado durante años y quizá advierta por primera vez que la fachada del almacén está rematada por gárgolas o que la piedra central de su dintel ostenta una fecha grabada.

La creatividad y el método del Círculo y los Puntos Acoger abiertamente todas las alternativas y no dar nada por sentado equivale a dejar en libertad a nuestra curiosidad y a estimular nuestra creatividad. «No considere jamás la última idea como la mejor o la definitiva -ha dicho Bill Moyers-, Al contrario, hay que hacer funcionar la imaginación y recurrir a la intuición para encontrar nuevas versiones y variaciones de esa idea.» Sólo así pondremos de manifiesto nuestra creatividad, es decir, la capacidad de «pensar fuera de los caminos trillados», «ahondar en lo prosaico en busca de lo maravilloso... y, más allá de lo maravilloso percibir lo prosaico». La base de la creatividad reside en la facultad de encontrar soluciones nuevas combinando de otro modo los datos ya conocidos. De todo lo cual se deduce que el método del Círculo y los Puntos nos ayudará a modificar y a ensanchar nuestros hábitos de pensamiento. Y aunque al comienzo el sistema precisa de un apoyo visual, con un poco de práctica y de preparación acabará por convertirse en una actitud. Pronto nos descubriremos pensando: «Tiene que haber otro camino...».

Ejercicios de condicionamiento con el Círculo y los Puntos Primer paso: Trazar los Círculos 1. El planteamiento. Se trata de lo que en el mundo de los negocios se conoce con el término inglés brainstorming. En nuestro caso, el planteamiento consiste en dejar que los Círculos se formen libremente. Piense, por ejemplo, en una cuestión que le esté causando problemas. Tal vez su asesor de inversiones se ha equivocado más veces de lo permitido, o tal vez su jefe lleve algún tiempo hostigándole. Es posible que se sienta sin horizontes o confuso. Empiece por relajarse. Dé rienda suelta a su mente y permítale que formule todas las preguntas que se le ocurran sobre la situación. Déle vueltas al problema en su cabeza. Póngase en lugar de otras personas y acepte sus puntos de vista. Intente plantear el problema en términos nuevos. Rompa el molde de sus percepciones, de su actitud, de sus razonamientos. 2. Delimitar el Círculo esencial. Muchas veces desperdiciamos muchas energías obstinándonos en entablar batallas equivocadas. Escarbamos sólo la superficie del problema, en lugar de profundizar para llegar a su núcleo. Considere algún problema que le preocupe actualmente. Pregúntese: «¿Cuál es el aspecto de este problema que, en último término, se impone sobre todas las demás consideraciones?». Piénselo muy a fondo. Descubra la pregunta o las preguntas que atacan el problema de frente.

Segundo paso: Elegir los Puntos 1. Visualizar. ¿Está buscando la solución de un problema espinoso? Tome una hoja de papel, trace un Círculo en ella y rellénelo con Puntos. A continuación, imagine una solución por cada uno de esos Puntos. Poco a poco, su mente renunciará a permanecer aferrada como una lapa a una sola idea. Se le aparecerán aspectos que nunca había visto hasta ahora. Este ejercicio visual le ayudará a descorrer los cerrojos de su pensamiento y a dar paso libre a su creatividad. 2. Crear otros Puntos. Las opciones nuevas no se materializan en el aire, sino que son el resultado de un condicionamiento. Si un aspecto de su vida le hace sentirse desdichado, esfuércese por encontrar caminos que le

permitan salir de ese estado. Busque nuevos amigos. Dedíquese a otro pasatiempo. Cambie el estilo de su ropa o múdese de casa. Adquiera una nueva destreza. Cada cambio que introduzca en su enfoque de la vida le ofrecerá nuevas experiencias y le hará entrever nuevas soluciones. 3. Mostrarse tenaz■ Cuando uno lleva varios días meditando sobre la misma cuestión, llega un momento en que le parece haber agotado todos los puntos de vista posibles. No abandone. Dígase en voz alta: «Y aparte de todo esto, ¿qué más hay todavía?». Insista hasta que se le ocurra algo distinto y, en el mismo instante en que juraría que no existe otro camino, surgirán en su mente una serie de ideas nuevas. 4. Aceptar el ridículo. Tome, por ejemplo, una cuestión o un problema que tenga cierta importancia en su vida actual. Considere las respuestas y soluciones más absurdas, más ridículas, que alcance a imaginar. No retroceda. Avance sin miedo. ¡Ánimo, adelante! Se sorprenderá al comprobar hasta qué punto libera esto su pensamiento. 5. Renunciar al afán de perfección. ¿La creencia en el valor de la perfección está tan enraizada en su interior que le paraliza y le causa angustia y frustración? Tiene que deshacerse de esa creencia. Empiece por practicar con problemas de escasa importancia, no delicados. En el momento en que no vea ninguna solución viable, fuércese a sí mismo a ponerse en marcha y seleccione una de las opciones disponibles. No le importe cometer errores en caso necesario. Esfuércese por superar su miedo a equivocarse. Con el tiempo y la práctica, empezará a desembarazarse de sus temores y se acostumbrará a aceptar el riesgo. 6. Establecer una escala de las opciones. Piense en una acción importante que esté a punto de emprender. Antes de iniciar su actuación, redacte una lista con todas las líneas posibles de conducta que sea capaz de determinar y sitúe esas opciones por orden de preferencia. ¿La acción que coloca a la cabeza de la lista coincide con aquella que planea llevar a cabo? En caso negativo, reconsidere su decisión.

Tercer paso: Seis Círculos importantes El manejo adecuado del método del Círculo y los Puntos disminuye la tensión y la ansiedad y estimula la vitalidad. La maestría en su uso vendrá con el tiempo y con la práctica. Trace los seis Círculos siguientes y elija sus propios Puntos. 1. No saltar a las conclusiones. Un amigo le ha prometido llamarle por teléfono el viernes por la noche, pero no lo hace. Puesto que la cosa le irrita, trace un Círculo titulado: «¿Por qué no me llama mi amigo?». Añada los Puntos. No se fuerce a ser razonable, racional. Deje correr su imaginación. Después de todo, puede haber ocurrido cualquier cosa. Mientras sopesa todas las posibilidades, se dará cuenta de que su enfado se ha desvanecido y que ha cambiado de perspectiva. 2. Romper la rutina. Dibuje el Círculo de sus actividades diarias preguntándose: «¿Qué tengo que hacer hoy?». Añada los Puntos. Incluya no sólo aquellos que corresponden a su rutina habitual, sino también algunos que representen alternativas nuevas. Seleccione una posibilidad que de ordinario ignoraría, y póngala en práctica. Dicha posibilidad puede ser, por ejemplo, preparar una tarta, visitar por sorpresa a un amigo o darse una vuelta por el zoológico. O, si lo prefiere, decida omitir algo que suele hacer diariamente. No se duche, no lea el periódico, no conteste al teléfono. Cualquier cosa, con tal de que rompa la rutina. Optar por algo distinto le hará más consciente del poder de su libertad de elección. 3. Idear alternativas para un amigo. Reúnase con un amigo y exploren juntos algunos de los problemas actuales de este último. Ayúdele a trazar el Círculo, de tal modo que quede bien delimitado el corazón del problema. A continuación, vayan añadiendo Puntos, descansen y vuelvan a añadir más Puntos. El método del Círculo y los Puntos logra milagros en el seno de una relación. 4. La felicidad es un Círculo. Trace el Círculo titulado: «¿Qué me haría más feliz en el día de hoy?». Añada los Puntos. Olvídese de su aspecto racional. Deje que se impongan sus intuiciones, no dominadas por lo «verbal». Sea creativo. Busque soluciones nuevas para sus problemas viejos.

5. El éxito es un Círculo. Trace el Círculo titulado: «¿Cómo puedo alcanzar más éxito del que tengo actualmente?». Añada los Puntos. Una vez que haya agotado los más obvios -por ejemplo, que me toque la lotería-, continúe buscando. ¿No tendrá alguna mala costumbre que le frena en el camino del éxito? ¿No estará trabajando demasiado? ¿De verdad desea triunfar en lo que está realizando? ¿Hay alguien a quien respete y que sea capaz de ayudarle? Siga profundizando. Sabe usted más cosas de las que cree saber. 6. Aprender del pasado. Trace un Círculo alrededor de sus errores de juicio pasados, de las decisiones de las que ahora se arrepiente. Apoyándose en la visión retrospectiva, imagine qué otras alternativas pudo haber escogido y qué resultados le hubieran dado.

7 Cuarto Utensilio de Vida: La Estrella Polar

Nos hemos ocupado hasta ahora de la importancia de demorar nuestras reacciones, reconocer las señales internas de advertencia y obedecer a ellas, descubrir nuevas opciones, refiriéndonos sólo de pasada a la necesidad de aceptar arriesgarse. Vamos a abordar ahora el problema crucial de la orientación. Una persona que posea el sentido de la orientación de su vida, que sepa adonde va y se sienta satisfecha de lo que hace es un individuo raro y feliz. Todos conocemos a alguien así, y la mayoría de nosotros envidiamos a esas personas que consiguen dedicar su vida entera a aquello que les atrae. Decidimos que son gente fuera de lo común, que tienen una suerte fantástica, y suspiramos resignados cuando oímos a esos triunfadores afirmar que están ganando millones por hacer aquello que estarían dispuestos a hacer de balde, por puro placer. Y nosotros, los simples mortales, ¿hacia dónde volvernos para hallar el camino que nos lleve a la autorrealización? ¿Cómo disponer del potencial que subyace en nuestro interior? ¿Cómo localizar y canalizar nuestras energías hacia los objetivos capaces de hacernos verdaderamente felices? La respuesta se encuentra en nuestro próximo Utensilio de Vida, la Estrella Polar.

Presentación de la Estrella Polar La Estrella Polar, o Estrella del Norte, o Polaris, es un astro brillante, entre el blanco y el amarillo, que dista menos de un grado del Polo norte celeste, es decir, el punto del cielo situado inmediatamente encima del Polo norte

terrestre. Dado que señala directamente el norte a los ojos de todo observador que se encuentre en el hemisferio septentrional, los navegantes se han servido de ella desde muy antiguo para orientarse. Es fácil localizarla, puesto que es la estrella en que termina la lanza de la Osa Menor o Carro. Se puede encontrar también prolongando la línea que une las dos estrellas que forman el frente de la Osa Mayor. Desde tan antiguo como alcanzo a recordar, me ha encantado contemplar las estrellas y meditar sobre su misteriosa belleza. Siempre he creído que las estrellas nos hablaban, que irradiaban esperanza. que nos enviaban un mensaje y nos ofrecían su guía. La Estrella Polar, en particular, me ha inspirado durante toda mi vida una verdadera fascinación. ¡Cuántas imágenes evoca en mí! Belleza. Misterio. Magia. Lo Desconocido. Fue un faro para los marinos de la antigüedad, que, confiando en el cielo, se guiaban por ella en sus viajes a través de los extraños y tenebrosos mares. Cuando observo la Estrella Polar, me recuerda que hay algo más en la vida que la simple rutina cotidiana y la lucha por satisfacer nuestras necesidades materiales. Me recuerda que existe en nosotros algo tan grande y tan majestuoso como esa estrella. La Estrella Polar mantiene constante mi esperanza, lo mismo que la pasión con que lucho por alcanzar mis sueños. Por consiguiente, la Estrella Polar es mi cuarto Utensilio de Vida, el símbolo visual de nuestros sueños (figura 4).

La capacidad de soñar constituye la mitad del mayor de los dones que la naturaleza ha concedido a la humanidad. La otra mitad de este don, la parte más extraordinaria, consiste en el poder de transformar los sueños en realidad. La Estrella Polar nos recuerda, pues, no sólo que debemos soñar, sino también que hemos de expresar y cumplir nuestros sueños y nuestras aspiraciones espirituales más íntimas. Si seguimos nuestro camino guiados por nuestros

sueños, nuestras vidas serán infinitamente más ricas. Se nos ofrecerán oportunidades imprevistas. Nos veremos inundados de energía emocional positiva. Desaparecerán el aburrimiento, los fingimientos y las frustraciones. Y nuevamente nos respetaremos a nosotros mismos. Hay en el interior de cada ser humano una fuerza espiritual, un designio que le impulsa a convertirse en el individuo único que está destinado a ser, y que será si se concede la oportunidad de llevar a cabo esta transformación. Mi programa estimula la espiritualidad como un elemento natural y esencial para el desarrollo de la individualidad. Y la espiritualidad nos infunde la fe en nuestra capacidad de cumplir lo que nos hemos propuesto cumplir, de realizar nuestros sueños y, en último término, de transcendernos a nosotros mismos y rozar algo que está más allá de nuestro mundo egocéntrico. Yo designo esta experiencia de vida, de sentimiento y de acción con el término «espiritualidad aplicada». La espiritualidad aplicada trae consigo el establecimiento de la comunicación con nuestro centro espiritual, y su transformación en una fuerza activa que influye sobre nuestra vida. Significa sondear la profundidad del alma, haciendo surgir a la superficie nuestro verdadero yo y liberando nuestro espíritu. Al hacerlo así, se incrementa nuestra vitalidad y nuestra creatividad y nos revestimos de una nueva identidad frente a los demás y frente al mundo que nos rodea. La esencia de mi programa es la armonía interior, que logramos al aplicar nuestra espiritualidad -trabajando en perfecto acuerdo con una racionalidad bien canalizada- a la actualización de nuestro potencial vital. ¿Y cómo lograr la comunicación con nuestro ser espiritual y dejarnos guiar por nuestros sueños frente a todas las exigencias que pesan sobre nuestro tiempo y nuestra vida? ¿Cómo transformar la Estrella Polar, considerada simplemente hasta ahora como un hermoso símbolo, en un utensilio práctico, capaz de orientar y dar forma a nuestra vida? La respuesta es sencilla. Para seguir la luz de la Estrella Polar, le bastará:

Seguir aquello que le fascina.

La fascinación nos cala hasta lo más hondo y nos mantiene hechizados, despertando nuestros sentimientos y nuestras pasiones más intensos. Bajo su influencia, nos vemos arrastrados irresistiblemente en determinadas direcciones, conducidos a actividades específicas, atraídos por ciertas

personas en particular. Descubra las actividades que le fascinan y entréguese a ellas. No las descarte, tachándolas de triviales o frívolas. Al contrario, déjese conducir por ellas adonde quieran llevarle y sumérjase en el aura mágica que las rodea. La fascinación será el camino que le conduzca hasta su centro espiritual. Le pondrá en contacto con su ser más profundo, más sincero y, por lo tanto, le proporcionará la clave para seguir su Estrella Polar y realizar sus sueños. La fascinación sobrepasa el simple interés o el entusiasmo pasajero. Empieza por la curiosidad y se convierte luego en algo mucho más profundo. Exige una concentración total. Nos absorbe hasta tal punto que perdemos la noción del tiempo y de nuestra propia persona. Nos olvidamos de preguntar: «¿Qué beneficios obtendré de esto?», o «¿Qué debería estar haciendo en este momento?». Cuanto más nos aventuremos hacia dentro y hacia fuera de nosotros mismos, en mayor medida provocaremos la fusión entre nuestros pensamientos y nuestros sentimientos y mejor alcanzaremos ese estado que trae consigo la actualización de todas nuestras potencialidades, que nos hace más felices y que nos proporciona un terreno fértil para la creatividad. Y experimentamos la necesidad de aprender, de explorar, de crear más. Lo que fascina a cada uno es algo estrictamente personal. Por ejemplo, mi mujer y yo vivimos a ese respecto en mundos distintos. Zaida se extasía ante cualquier mecanismo que haya dejado de funcionar. Arde de impaciencia por tenerlo en sus manos, por desmontarlo y tratar de arreglarlo. Y hay que decir que lo consigue casi siempre. El trabajo manual la sume en una profunda concentración. El mundo que la rodea desaparece. Satisface también su pasión por el trabajo manual en la costura, el diseño de modas y la jardinería. Al aceptar su fascinación como un estilo de vida, convierte cada acto de su existencia en un instante de belleza. Yo, en cambio, apenas si soy capaz de abrir el capó de mi coche. La música ha sido siempre la pasión de mi vida. Una casa sin piano me parece vacía, y su atmósfera, sofocante. A pesar de que carezco de una verdadera educación musical, aprendí por mi cuenta a tocar el piano y me inventé un sistema para transcribir las melodías que oigo en mi cabeza. A los dieciséis años, empecé a componer música y letras para canciones. Cuando interpreto o compongo música, me pierdo en un mundo de gozo y me olvido de mí mismo, para expresar lo más íntimo de mi ser. Cuando me falta la música, mis Campanillas del Sexto Sentido acuden en mi socorro, advirtiéndome de que me siento atrapado e insatisfecho. Al ejercer sobre mí una fascinación perdurable, la

música me ofreció una puerta de salida para mi espiritualidad interior y un medio para expresar mi individualidad.

La conversión de la Estrella del Norte en una facultad: Las minifascinaciones Todos nos sentimos fascinados por ciertas ideas, objetos o actividades. Puede tratarse de cosas tan triviales como coleccionar conchas marinas, o tan importantes como trabajar para albergar a los que carecen de cobijo. Una fascinación puede durar apenas unos minutos o prolongarse durante toda la vida. La más prosaica de las fascinaciones nos ofrece una oportunidad incomparable para ponernos en contacto con nuestro ser interior. Los juegos, los deportes, incluso esas niñerías con las que disfrutamos, pueden estimular nuestros impulsos más creativos. Lo mismo hacen las fantasías y los ensueños. A semejanza de los sueños nocturnos, cada fascinación, aun la más anodina, abre una ventana a los sueños y deseos ocultos en lo más profundo de nosotros mismos. ¿Cómo transformar la Estrella Polar en una facultad vital? Aprendiendo a respetar y cultivar sus minifascinaciones.

Obedecer a una fascinación no sólo supone una experiencia de aprendizaje, sino que constituye una de las grandes alegrías de la vida. Sin embargo, los beneficios de esa obediencia no se limitan a la simple diversión. Estimulando nuestras minifascinaciones mediante la acción, nos entrenamos para llevar una vida orientada hacia la acción. Adquirimos hábitos saludables. Poco a poco, vamos descubriendo más cosas acerca de nosotros mismos, sobre lo que nos gusta hacer y lo que nos resulta perjudicial. Recuerde que no existe posibilidad de saber hasta dónde puede llevarle una pequeña fascinación. Desde su infancia, Scott Bruce sintió una gran afición por las fiambreras de metal decorado. Año tras año, las fue coleccionando, hasta reunir varios miles, desde las series de los Mickey Mouse y los Davy Crockett hasta la de Hopalong Cassidy, la primera estrella de televisión en honrar con su efigie los recipientes en que los niños americanos llevan su comida a la escuela. En lugar de tratar de olvidar su fascinación, se entregó a ella. Empezó por publicar un boletín destinado a los demás coleccionistas. Escribió luego un libro sobre la

historia de la fiambrera y estableció un catálogo de precios, acabando por convertirse en el mayor perito mundial en cuestión de fiambreras de metal. Tras ponerse en contacto con museos y organizar exposiciones de su colección, creó un mercado, que continúa creciendo. Algunas de sus fiambreras, adquiridas por uno o dos dólares, valen ahora más de seiscientos, y se ha tasado el conjunto de su colección en setenta y cinco mil dólares. Hay que aclarar, sin embargo, que el dinero nunca fue su primer objetivo. Simplemente, supuso una especie de prima obtenida al satisfacer su pasión. Pero ¿qué había en las fiambreras de metal que las hizo capaces de conmover el ser espiritual de Scott Bruce? ¿Se materializaba en esos recipientes infantiles el apego a una época menos sofisticada, la época de las fuentes de gaseosa y de valores familiares hoy en desuso? ¿Le hacían sentirse de algún modo más próximo al sueño americano? Sea como fuese, sin duda hacían vibrar en él una fibra universal y excitaban su pasión. Dando rienda suelta a su inclinación, en apariencia anodina, Bruce convirtió su actividad de coleccionista en un trabajo que ocupó toda su vida y que resultó ser gratificante para él, tanto en el aspecto espiritual como en el financiero. Angelín Girardi vivía en la aldea de Maquine, situada en una provincia del sur de Brasil, en la ondulación de colinas y montañas que forman la comarca de Osorio. A la vez mecánico, ebanista y fabricante de caramelos, lo que infundía su interés al delgado personaje era su inquebrantable pasión por la vida. Angelín tenía muchas minifascinaciones, entre ellas su coche Ford modelo A. Dedicaba cada momento libre que encontraba en su atareada existencia a trabajar en su coche. Lo había desmontado y vuelto a montar por completo, colocando el pedal del acelerador entre el embrague y el freno. Mientras ideaba un nuevo sistema de frenado, se servía de una piedra, con la que sujetaba un resorte de metal. Al retirar la piedra, se soltaba el resorte, poniendo en marcha el sistema de frenado. Cada vez que tenía que ir a Porto Alegre desde Maquine, Angelín se servía de su Ford. No le importaba nada tener que pararse cada treinta minutos para que se enfriase el motor, con lo cual el trayecto le llevaba muchas horas. Esos viajes le ofrecían la oportunidad de conducir su querido coche y de visitar a sus viejos amigos a lo largo del recorrido. Cuando Angelín murió, y de acuerdo con sus últimas voluntades, le llevaron al cementerio en su Ford. ¿Quién sería capaz de valorar los momentos de alegría que pasó trabajando y paseando en su coche? Para él, era mucho más que un objeto. Era la manifestación física de su propio espíritu, la pasión más intensa de su ruda existencia.

Consideremos ahora el caso de Alice R. Cuando era niña, le encantaba bailar, y se pensó incluso en enviarla a una escuela especializada. Sin embargo, al ir pasando los años, dejó de lado su afición y entró a trabajar como asistenta social en una clínica psiquiátrica. Pronto, sin embargo, comenzó a sentir que ese trabajo la asfixiaba. Sus tareas, la atmósfera, la burocracia oficial, la deprimían cada vez más, hasta hacerla languidecer. Un profundo sentimiento de tristeza se apoderó de ella, influyendo sobre cada instante de su vida. Cada vez se volvía más tímida e introvertida. Por último, se dijo que tenía que reaccionar. Le era absolutamente preciso cambiar. Sí, pero ¿cómo? Buscando una salida para sus energías inexplotadas, resolvió asistir a clase de cualquier cosa susceptible de interesarla. Intentó varias materias, hasta que, por último, inició un curso de anatomía y cinesiología... ¡Sí, eso era! ¡Lo había encontrado! La relación entre el movimiento y la salud física ejercía sobre ella una atracción mágica. Su Estrella Polar, durante tantos años oculta por las nubes, brilló resplandeciente. Siguió trabajando media jornada en el hospital y aceptó un segundo empleo en un centro de gimnasia, donde le pagaban cinco dólares por hora. Luego, dedicó todo su tiempo a este último trabajo, empezando por enseñar ejercicios prenatales y posnatales y consiguiendo después el título de profesora de gimnasia. Ya con esa base, acabó por ser nombrada directora de programas en un importante instituto dedicado a la lucha contra la obesidad, un trabajo en cuya utilidad cree y en cuyo desempeño pone verdadera pasión. Alicia desborda ahora de energía y entusiasmo. Se siente llena de confianza. Su vida amorosa ha mejorado. Obedeciendo a su afición y poniendo al descubierto su ser espiritual, hizo emerger a la verdadera Alicia. Seguir nuestras miniinclinaciones nos acostumbrará a orientarnos de acuerdo con nuestra Estrella Polar particular. El proceso no implica siempre una elección desgarradora, relativa a la profesión, por ejemplo. Puede inducirnos también a entregarnos a ciertas actividades por puro placer, actividades que completan y enaltecen nuestra vida y que nos ayudan a conseguir algo primordial: el sentido del equilibrio.

El aspecto práctico de la Estrella Polar Las palabras traducen nuestra facultad de razonamiento. Las fascinaciones expresan nuestro aspecto espiritual. Si logramos combinarlas en una unidad armoniosa, contaremos con una base sólida para planear nuestra vida. La fascinación señala la dirección. La inteligencia, es decir, el pensamiento

crítico, combinado con la creatividad innata, nos conduce a descubrir todas las opciones que se ofrecen y derriba los obstáculos que surgen en nuestro camino. Pero ¿es práctico conceder tanta importancia a una noción aparentemente tan quimérica como la fascinación? Sí, lo es. Sin la sombra de una duda. Como todo el mundo sabe, una persona es más productiva cuando trabaja en algo que le agrada. Obedecer a la fascinación de nuestra Estrella Polar personal nos lleva a elegir las actividades que nos gustan. Por lo tanto, para lograr un éxito mayor, debemos entregarnos a aquellas labores que despiertan nuestra pasión y nuestra fascinación. Y ese éxito será tan mensurable en dinero como en realización puramente personal. Las Campanillas nos advierten de lo que no debemos hacer. La Estrella Polar nos guía hacia aquello que nos conviene hacer. Tan peligroso para nuestra salud interior es ignorar a las unas como a la otra. Cuando no seguimos el rumbo que nos marca nuestra Estrella Polar, nuestras energías permanecen sofocadas. Nos convertimos en espectadores pasivos de nuestra propia vida. Nos aburrimos y nos sentimos frustrados. Malgastamos nuestras energías sanas, positivas, en actividades pasivas, como la televisión o el juego, o en evasivas peligrosas, como las drogas y el alcohol. Hay muchos que se contentan con soñar su vida, desperdiciando tiempo y energía. Durante los años que dediqué a trabajar como asesor de inversiones, a preparar vendedores y a dirigir seminarios, he conocido literalmente a miles de personas que ignoraban sus verdaderas aficiones y que dejaban atrofiarse lentamente sus esperanzas, sus ambiciones y sus emociones. Seguir a nuestra Estrella Polar es una necesidad también desde el punto de vista práctico y productivo. Pero ¿cómo dar vida a nuestros sueños, cómo convertirlos en realidad en un mundo capaz de mostrarse tan brutal? La respuesta consiste en aprender a conjugar nuestro lado racional y nuestro lado espiritual y en llegar a un compromiso dinámico con nosotros mismos.

El compromiso dinámico No a todos nos es dado ceder por completo a la atracción de nuestra Estrella Polar, convirtiendo de inmediato lo que nos fascina en una profesión nueva y lucrativa. Presiones de todo tipo nos fuerzan a contemporizar, a frenar nuestra fascinación y atender a las cosas prácticas. Tenemos que hacer un trato con nosotros mismos. El secreto está en un compromiso dinámico, no en algo que se nos impone o que aceptamos a falta de algo mejor. Ha de ser una solución

oportuna, creativa, que refleje no sólo nuestras circunstancias, necesidades, deseos y sueños, sino también los de nuestra familia y nuestros amigos. Hay que descubrir ese punto escondido en el Círculo de opciones. Quizá no se trate de un nuevo trabajo, sino de dedicar más tiempo y más energía a lo que yo llamo las «actividades coexistentes» (oponiendo este término al del hobby o entretenimiento, que se refiere a una actividad a la que nos dedicamos «por añadidura», para ayudarnos a pasar el rato). O quizá tengamos que continuar con nuestro trabajo actual hasta que contemos con el entrenamiento necesario y los fondos suficientes para dedicarnos plenamente a seguir nuestra Estrella Polar. Incluso puede exigirnos sacrificar parte del tiempo que destinábamos a nuestros hijos para dedicarlo a una nueva profesión o actividad. En todo caso, debemos posponer ese compromiso dinámico hasta que hayamos tanteado los límites prácticos de nuestra fascinación. No se comprometa primero y sueñe después. De ese modo, nunca llegará a nada, puesto que las presiones del conformismo y del inmovilismo se harán entonces mucho mayores.

Siga su fascinación hasta tan lejos como quiera llevarle. Sólo después establezca el compromiso.

Tómese la Estrella Polar en serio. Concédale todas las oportunidades. Busque el modo de convertir su afición en una parte de su vida, si no esencial, por lo menos importante. Sea valiente, dé el paso decisivo. Si para realizar su sueño de llegar a ser actriz necesita abandonar su hogar y renunciar a un puesto de trabajo lucrativo, hágalo. Cuando la realidad se interponga, haga sus cálculos y llegue a un compromiso personal entre las distintas presiones que rivalizan por imponerse en su vida. Recuerde simplemente que su obligación de ser fiel a sí mismo es por lo menos tan importante como sus obligaciones frente a los demás. Respete las indicaciones de su lado intuitivo en tanta medida como las de su lado racional, práctico. Nunca es tan necesario que se conciben como en el momento de establecer un compromiso dinámico consigo mismo. Ahora bien, sea cual fuere nuestro trato, no hay que considerarlo inmutable. No olvide hasta qué punto cambia el mundo con el tiempo y hasta qué punto cambiamos nosotros también. Todo se modifica: las prioridades, las fascinaciones, e incluso nuestros objetivos básicos y nuestros sueños. Tal vez su Estrella Polar de hoy no sea su Estrella Polar de mañana. Al fin y al cabo,

dentro de doce mil años, será Vega, y no Polaris, el astro destacado que se encuentre más cerca del Polo celeste, lo mismo que, hace unos cuatro mil trescientos años, era la estrella Alfa del Dragón la que ocupaba esa posición. Por consiguiente...

No vacile en cambiar los términos de su trato.

Eso fue lo que yo hice. Cuando mi fascinación por la especulación se desvaneció tras haberme dedicado a los negocios durante muchos años, revisé el contrato que había firmado conmigo mismo, el compromiso que había establecido entre mi afición y mis necesidades materiales. Un día, justo en medio de una lucrativa operación financiera, me detuve, me apliqué una Gota de Pegamento y me entregué a un pausado examen de conciencia y a una reevaluación. Descubrí que sentía un deseo apasionado de dedicar todas mis energías a las dos cosas que me habían atraído desde la niñez: la música y la escritura. ¿A qué estaba esperando? Había llegado el momento de dejar de soñar y ponerme en movimiento. El éxito en los negocios me proporcionaba un margen de tranquilidad y seguridad. Era rico en posesiones materiales, pero me sentía pobre desde el punto de vista del espíritu y de la realización personal. Había caído en la rutina, ganando dinero por el simple placer de ganar dinero. Pero ésta no era la meta que me atraía y que despertaba mi pasión. De manera que fui reduciendo mis actividades lucrativas, para concentrar prácticamente todas mis energías en la escritura y la música. Este libro es uno de los frutos de la renovación de mi compromiso. El libro sobre música que preparo en estos momentos es otro. También usted puede encontrar un camino para transformar su vida en un triunfo personal. Acepte el compromiso cuando sea necesario, pero esfuércese siempre por vivir de una manera tan plena y tan gozosa que, si mira hacia atrás, se diga: «No cambiaría ni un solo minuto», en vez de suspirar: «Si hubiera...».

El amor, las relaciones y la fascinación Ceda a su fascinación y se volveré. fascinante. Su alegría y su vitalidad serán contagiosas. A medida que entre en un contacto más íntimo con su ser espiritual, toda su personalidad se verá afectada. Siendo fiel a sí mismo,

convirtiéndose en una de las escasas personas capaces de determinar su propia escala de valores y prioridades, se sentirá invadido por un sentimiento de confianza, de autorrespeto, incluso de fuerza, que los demás encontrarán atractivo. Cuanto más disfrute de la sensación de plenitud y de entusiasmo que se experimenta al seguir la propia Estrella Polar, menos necesidad tendrá de apoyarse en superficialidades y en las afectaciones sociales. Su personalidad se hará más manifiesta, tanto para sí mismo como para aquellos que le rodean. Seguir su Estrella Polar hará que deje de permanecer absorto en su propia persona, interesándose en mayor grado por la aventura que siempre supone conocer a otra gente. Olvidar su egocentrismo le hará más atractivo a los ojos de los demás. Sus relaciones serán más profundas y menos egoístas. Descubrirá lo que convierte a cada ser humano en único, dejando de estereotipar a todos automáticamente. Interesarse sinceramente por lo que convierte a otra persona en especial es un medio maravilloso para ganarse nuevos amigos o encontrar a su pareja...

El toque de varita mágica A todos nosotros se nos concede un don particular en el momento de nuestro nacimiento. Es como un toque de varita mágica. De ese don depende que yo sea yo y usted sea usted. Es lo que nos inspira nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y, lo más importante de todo, la materia especial con la que creamos y realizamos nuestros sueños individuales. Pero esos toques de varita mágica no son regalos incondicionales. Si los descuidamos durante demasiado tiempo, se desvanecen en el aire, con lo cual dejamos de ser especiales y únicos. La moraleja de la historia es clara: Siga su Estrella Polar, estimule las potencialidades de su don mágico y esfuércese por transformarse en la persona especial que se supone que debe ser.

Ejercicios de condicionamiento con la Estrella Polar Primer paso: Descubrir su fascinación 1. Hacer la lista de sus aficiones actuales. Redacte una lista de las cosas que le interesen en este momento, incluyendo las más triviales y las más prosaicas de las minifascinaciones, con tal de que esas cosas le atraigan verdaderamente y despierten su pasión. No descarte el juego, puesto que

las actividades que podríamos denominar infantiles nos proporcionan el acceso a algunas de nuestras necesidades más profundas y creativas. Piense en esos objetos o actividades sin las cuales no puede imaginar la vida. Piense en la actividad con la que sueña despierto cuando el trabajo que está realizando le fatiga. Piense en aquello que le hace sentirse más orgulloso y que le inspira un mayor respeto de sí mismo. Piense en lo que le entretiene más que nada en la vida. 2. Hallar nuevas fascinaciones. Haga una segunda lista de las actividades a las que nunca se ha entregado, pero que siempre le han atraído. Incluya aquellos temas que desconoce por completo, pero que toda su vida ha querido conocer. Examine a continuación ambas listas y vea si puede descubrir alguna característica común entre ambas. ¿Hay ciertos temas, ideas, y/o actividades que parecen provocar que su corazón lata un poco más aprisa? Si los agrupa, ¿le sugieren un sueño que se repite? Recuerde además que las aficiones o fascinaciones son fines en sí mismas, no simples medios (como el dinero o el poder) para alcanzar un fin. 3. Comparar su vida real con sus fascinaciones. Establezca ahora una tercera lista de las actividades que en la actualidad absorben la mayor parte de su tiempo: su trabajo, sus hijos, etc. Compare esta lista con las dos anteriores. ¿Se superponen? En caso negativo, lo más probable es que esté usted descuidando las cosas que verdaderamente le interesan y sublimando su verdadero yo para acomodarse al mundo en que vive. 4. Resolver sus dudas. Si le cuesta trabajo definir sus fascinaciones, concéntrese en lo que le gusta y le atrae en este momento. ¿Qué programas de televisión elige? ¿Qué artículos captan su atención en las revistas o los periódicos? ¿Qué clase de música escucha? ¿Adonde va de vacaciones? Pregúntese después qué hay en esos objetos o esas actividades que atraen su interés. ¿Descubre elementos comunes? 5. Jugar consigo mismo. Trate de recordar las cosas que le entusiasmaban cuando era niño. Es muy probable que ciertos aspectos de esas cosas continúen fascinándole. Hojee los programas de distintas carreras superiores y vea qué materias le interesan. ¿En qué secciones de una librería se detendría por más tiempo? Enfoque mentalmente su Estrella Polar, deje vagabundear su mente y formule un deseo. Si escucha su

corazón, podrá identificar las actividades que le satisfacen realmente y soñar con su paraíso secreto.

Segundo paso: Poner en práctica su fascinación 1. Cultivar una antigua fascinación sin importancia. Entréguese un poco más a fondo de lo que ha hecho nunca a una de sus pequeñas aficiones. Dedíquele algún tiempo extra. Lea libros sobre el tema. Póngala en práctica activamente, no pasivamente como antes. Tome nota de hasta qué punto le parece acorde con su verdadero ser y le hace olvidar su egocentrismo, en qué grado exige toda su concentración y le transporta a un plano más elevado. 2. Elegir una afición nueva. Decídase ahora por algo que le atrae, pero acerca de lo cual no sabe nada. Haga un esfuerzo por documentarse sobre el tema. Matricúlese en un curso sobre esa materia. Asista a clases de música. Aprenda montañismo. Haga algo arriesgado, algo que exija valor y concentración y que ponga sus energías en movimiento. 3. Convertir en realidad un sueño. Concéntrese en un sueño que haya acariciado durante mucho, mucho tiempo, e imagine lo que sería convertirlo verdaderamente en realidad. Dé el primer paso, por pequeño que sea, en el camino hacia la concretización de ese sueño. Un avance de sólo unos milímetros en la buena dirección puede ayudarle a romper la rutina. Si descubre que la realidad no coincide con su sueño, quizá le convenga revisarlo, o cambiar de orientación y decidirse por otro.

Tercer paso: Llegar a un compromiso dinámico 1. Redactar el trato. Procure exponer verbalmente el compromiso que está a punto de firmar consigo mismo. ¿Dedica prácticamente todo su tiempo y todas sus energías a tareas que no le proporcionan apenas ningún placer? ¿Hay ciertas cosas que desearía con toda su alma hacer, pero que deja de lado por motivos prácticos, sociales o materiales? Haga una lista de las diversas prioridades de su vida. Busque algún modo personal de combinar su pasión y su sentido práctico, un compromiso dinámico entre ambos que le facilite la vida.

2. Mostrarse sincero consigo mismo. ¿Cree de verdad, honradamente, en el trabajo al que se dedica? ¿Y ese trabajo le permite manifestar su verdadero yo? De no ser así, sus Campanillas deberían haberle advertido ya, puesto que está desperdiciando sus energías y luchando contra lo mejor y lo más productivo de su ser. ¿Qué cambios en su trabajo actual contribuirían a hacerle sentirse más satisfecho y más eficaz? Háblele de ellos a su jefe. Intente armonizar un poco más su trabajo con su verdadera personalidad. 3. Recordar el coche de Angelín. Si no existe ninguna posibilidad de modificar las circunstancias de su vida laboral, búsquese una actividad paralela en la que canalizar su pasión y su energía. No mariposee entre distintos intereses, perdiendo el tiempo en actividades pasivas, como ver la televisión. Elija algo que le atraiga verdaderamente y, durante la semana próxima, conságrele todo su tiempo libre. Observe la amplitud de lo que ha realizado en una semana. Fíjese en qué medida esa fascinación le rejuvenece y le llena de energía. 4. Hacer el inventario de lo que uno lamenta. Piense en los aspectos de su vida que lamenta y que desearía que hubiesen sido de otro modo. Pregúntese si de verdad es demasiado tarde. ¿No hay algo que pueda hacer todavía y que le permita dejar de lamentarse y de continuar diciéndose «Si hubiera...» durante el resto de su vida?

Cuarto paso: Renegociar los términos de su trato 1. Todo pasa. ¿Está seguro de que sus sueños no han cambiado? ¿La fascinación a la que obedeció en el pasado sigue siendo todavía para usted una fascinación? ¿No habrá otro sueño u otra pasión que debería ocupar un lugar preeminente en su vida? No se deje paralizar por la rutina. Esté siempre dispuesto a renegociar el compromiso que estableció consigo mismo. 2. La sensación de triunfar. En el momento presente, ¿se considera a sí mismo como un éxito? Si no se ve como tal, ha llegado el momento de modificar las cláusulas de su convenio. Piense en lo que podría estar haciendo y que le inspiraría una sensación de éxito y de plenitud. Y a continuación, trace un plan para llevar a la práctica ese sueño.

8 Quinto Utensilio de Vida: El Reloj

El tiempo, siempre en movimiento, pasa sobre tu cabeza. No se detiene jamás para tenderte una mano. Implacable, sólo toma, nunca da. Duro, censura siempre y no perdona. Nadie puede jugar con una esencia tan indiferente. El tiempo avanza y avanza. De la canción El tiempo, de V. DlSHY

Todo lo que existe, tanto en el exterior como en el interior de nosotros mismos, se halla en un estado de devenir perpetuo, modificándose a cada minuto que pasa. Y sin embargo, a pesar de todas las evidencias, continuamos viviendo como si fuéramos capaces de detener el reloj. Cierto que, antiguamente, la humanidad podía dejar transcurrir su existencia sin prestar demasiada atención al tiempo o al cambio. Al siervo de la Edad Media le bastaba mirar hacia su pasado para conocer su futuro. Incluso el chico americano con la cara cubierta de pecas retratado en las pinturas de Norman Rockwell podía asumir, sin temor a equivocarse, que su vida y sus objetivos serían muy semejantes a los de su padre, y que los objetivos de sus hijos no se apartarían gran cosa de los suyos. Hoy, en cambio, la

interdependencia entre las economías de los diversos países del mundo, el ritmo de la evolución tecnológica, el aumento de las oportunidades de desarrollo personal y de las perspectivas profesionales, la gran frecuencia del divorcio, la amenaza de una cataclísmica guerra nuclear suspendida sobre nuestras cabezas, y la facilidad y la rapidez de los viajes hacen que el futuro sea incierto para todos. Los cambios climáticos violentos ocurrían antes a intervalos de cinco mil años. Ahora, debido a las lluvias ácidas, a la reducción de la capa de ozono y a otras formas de contaminación del ambiente, ¿cómo saber cuándo se producirá la próxima modificación importante en las pautas climáticas? En otros tiempos, los adelantos tecnológicos eran raros y se necesitaban años para que la sociedad los absorbiese. En la actualidad, hemos de leer a diario los periódicos si queremos estar al tanto del ritmo y la complejidad de los descubrimientos. ¿Qué amplios cambios sociales resultarán en un futuro próximo de las aplicaciones de los supraconductores y de la ingeniería biológica avanzada? En el pasado, el pensamiento personal y científico se ajustaba a la premisa de que existían leyes inmutables, condiciones fijas y líneas de comportamiento predecibles, recurrentes. Pero ese punto de vista estático no alcanza a seguir ni explicar las revoluciones sociales y científicas de hoy. El siglo XXI exigirá un enfoque nuevo, un enfoque que haga intervenir la progresión y el cambio en nuestras vidas personales. Desgraciadamente, muchos de nosotros estamos mal preparados y mal equipados para enfrentarnos a los problemas sociales, políticos, culturales y personales que nos plantea la aceleración de las mutaciones. Nuestra manera de pensar y de considerar las decisiones que hemos de tomar sigue enraizada en el pasado. Somos muchos los que nos hemos quedado atrás, como quien dice «tirados», inmovilizados en modelos que ya periclitaron. Incluso nuestro lenguaje nos traiciona. Caemos muchas veces en la trampa de creer que todo cuanto decimos, escribimos o leemos es plausible. Hablamos, por ejemplo, de eternidad y permanencia como si fuesen algo real y asequible. Por eso resulta primordial que libremos nuestro pensamiento de las construcciones efímeras del lenguaje y desarrollemos las aptitudes y las actitudes necesarias para disfrutar de nuestro tiempo y aprovecharlo enteramente. El tiempo será, por lo tanto, el tema de nuestro próximo Utensilio de Vida.

Presentación del Reloj El Reloj (figura 5) es el símbolo del esquema mental orientado hacia la progresión, un esquema esencial para convertir el tiempo en una aptitud vital. Actúa también como un recordatorio visual de que, para llegar a la Adecuación Interior debemos mostrarnos maleables, flexibles, dispuestos a adaptarnos al cambio.

Un amigo mío que padece de ciertos problemas coronarios leves acostumbra a bromear diciendo que nunca jamás volverá a comprar plátanos verdes. Para él, el término «a largo plazo» se ha ido volviendo cada vez más corto. Aunque no necesitamos ser tan agudamente conscientes del paso del tiempo como mi amigo, a todos nos es necesario intensificar nuestra conciencia del papel que el tiempo y el cambio representan en nuestra vida. Si queremos encontrar soluciones prácticas para nuestros problemas, hemos de tener en cuenta a la vez los efectos que son consecuencia del tiempo y los que son consecuencia de nuestros actos. Hemos de aprender a referirnos al Reloj tanto en nuestro pensamiento como en nuestras decisiones. Veamos ahora cuatro técnicas o directivas para convertir el Reloj en un Utensilio práctico de Vida.

Primera técnica: Fechar las palabras «eternas» Para conservar el control del lenguaje y recordar que el tiempo es sinónimo de cambio, utilice el sistema extremadamente sencillo ideado por Alfred Korzybski y que consiste en fechar las palabras. Cuando se trate de palabras, ideas o frases que implican que el Reloj no existe, que sugieren generalidades intemporales, añada la fecha como un

subíndice. Escriba esa fecha, dígala, óigala, visualícela o piénsela, como quiera. Adopte el medio que le permita mejor encajar las palabras y los conceptos en el marco del tiempo. Por ejemplo, cuando decimos «Dios» o «amor», deberíamos distinguir entre «Dios1990» y «Dios1890», entre «amor1990) » y «amor1968». Considere las etiquetas «padre» e «hija». Carentes de fecha, esos términos, en apariencia neutros, simplemente descriptivos, pueden conducir a errores e incomprensiones graves. Por ejemplo, un padre que persiste en ver en su hija a una linda pícamela, como si continuase siendo una hija- 3 años, en lugar de una hija18 años, falla al no darse cuenta de que se ha convertido en una mujer. En consecuencia, corre el peligro de ver que se aleja de él y de obstaculizar su camino hacia la madurez. En sentido contrario, la hija que ha crecido sin preocuparse jamás de saber que su padre es un hombre, con sus dudas, temores y deseos, que tiene necesidades y capacidades diferentes a los cincuenta años de las que tuvo a los treinta, nunca será capaz de establecer con él un lazo estrecho entre adultos. Como el resto de nosotros, deberían fechar sus conceptos y verse a sí mismos (y a los demás) como individuos en proceso perpetuo de transformación, a los que no se puede encasillar de una vez por todas, como si fuesen productos inalterables. El simple acto de fechar y calificar nos hará sentirnos mejor y enfrentarnos con mayor eficacia a nuestros problemas. Hay frases -por ejemplo: «soy incapaz de conquistarme amigos», «odio a mis padres»- que están pidiendo a gritos ser situadas en el tiempo, aunque sólo sea con la mención «hasta el momento». No fechadas, esas frases incitan a la aceptación y la resignación. Cada uno es como es, pensamos, genio y figura... ¿Para qué perder el tiempo y las energías intentando cambiar? Sin embargo, actualizar nuestras frases nos permite decir: «Antes tenía dificultades para encontrar nuevos amigos. Ahora, en cambio, me apetece ampliar mis relaciones y entrar a formar parte de un grupo más nutrido». Simplemente añadiendo una fecha, nos abrimos nuevas perspectivas y nos ofrecemos nuevas opciones. Pensaremos: «No me he llevado muy bien con mis padres en el pasado, pero ahora soy una persona más madura y más estable, y ellos son mucho mayores. Creo que ha llegado el momento de que haga un esfuerzo para reconciliar nuestras disensiones. Después de todo, ellos me criaron y me demostraron su cariño durante muchos años. Es lo menos que puedo hacer por ellos». Examinemos ahora la palabra «guerra», un término que requiere verdaderamente una fecha. En la guerra|8|2 y la guerra]914, se utilizaron armas convencionales y hubo vencedores y vencidos. Si hubiera una nueva guerra

mundial, la guerra9(X)(), por ejemplo, sería un holocausto nuclear, y no habría más que vencidos. Fechar las palabras nos lleva a darnos cuenta de hasta qué punto han cambiado los métodos y lo que se juega en ellas. Además, situar la guerra en el tiempo nos induce a considerarla como algo que debe evolucionar hasta desaparecer, no como algo que haya que planear. Y considere la palabra «belleza». En el mundo occidental actual, se nos inculca insistentemente la idea de que juventud y belleza son sinónimos. En los anuncios, en los vídeos musicales, en el cine y la televisión, en las revistas y en los libros, se nos presenta la imagen de la juventud como el ideal estético por excelencia. En lugar de ver la belleza como un concepto que cambia con el tiempo, la vemos como algo que se desintegra con el tiempo. En cambio, si fechásemos la belleza, advertiríamos que no es un concepto unívoco, estático, reservado sólo a una edad determinada, sino que toma muchas formas, yendo de la bellezainfancia y la belleza-llezajuventud 3 la bellezamadurez Y la belleZa

ancianidad"

Recuerde la manera en que dos de las mujeres más hermosas del mundo reaccionaron al llegar a la madurez y las distintas perspectivas que adoptaron frente al tiempo y al envejecimiento. Tanto Sofía Loren como Brigitte Bardot cumplieron los cincuenta años en septiembre de 1984. Para Sofía Loren, muy ocupada en escribir un libro, crear un nuevo perfume y trabajar en el cine, su cumpleaños fue «algo maravilloso». «Uno nace y envejece -comentó-. No hay nada de malo en ello.» Brigitte Bardot, por el contrario, entró en la cincuentena viviendo como una reclusa, en un estado de depresión grave. «Es duro envejecer -dijo en una entrevista concedida en julio de 1984-. ¡Medio siglo ya! La entrada en el club de los jubilados...» Claramente, se negaba a aceptar el mensaje del Reloj. Consideraba el mundo en términos de absolutos intemporales, en lugar de ver cada nueva fase como una oportunidad de desarrollarse y adquirir experiencia. Por lo demás, intentó suicidarse coincidiendo con uno de sus cumpleaños posteriores. El sistema de fechar las palabras se aplica también a los negocios. Por ejemplo, el bienintencionado presidente de una compañía, plenamente convencido de tratar a sus empleados de la «manera más conveniente», se queda anonadado cuando todo su personal, sin excepción, se declara en huelga. Diez años atrás, dicho personal estaba formado únicamente por veinticinco hombres. El director bebía con los muchachos los viernes por la noche, y éstos reaccionaban de modo positivo cuando les trataba como si fuesen sus hijos. Ahora, la empresa emplea a unas tres mil personas,

representadas por un sindicato, la compañía se ve presionada a causa de la competencia extranjera, la inflación repercute sobre el poder adquisitivo de los trabajadores, los beneficios y la productividad han disminuido, y el paternalismo del presidente ha dejado de ser suficiente o bien recibido. Al no prestar atención suficiente a los cambios introducidos en el transcurso del tiempo, el presidente no ha sabido reconocer que los conceptos «trato conveniente|990» y «trato conveniente 1980» exigen dos enfoques radicalmente distintos. Incluso deberíamos fecharnos a nosotros mismos, puesto que estamos sometidos a un proceso de cambio continuo. No existe una personalidad única, fija, una personalidad correspondiente al Victor Dishy de ahora y de siempre. Lo que hay es un Victorayer, un Victorhoy y un Victormañana. Sabemos en dónde hemos estado y en dónde estamos, pero ignoramos por completo adonde iremos. Por eso el método del Reloj nos abre un campo ilimitado de desarrollo. Segunda técnica: Fijar plazos Muchos de nosotros reconocemos en teoría los efectos del tiempo, pero seguimos aferrados a nuestra creencia en la perennidad de ciertas cosas. «No hay nada que dure eternamente», aseguramos y, sin embargo, creemos en el «amor para siempre». Es difícil evitar esos puntos de vista contradictorios, debido a la casi imposibilidad de pensar y de hablar sobre aquello que se modifica incesantemente. No podemos esperar que el mañana sea una réplica exacta del hoy y, al mismo tiempo, nos es imposible vivir al día, con el sentimiento constante del cambio inminente. Para actuar con normalidad en este mundo, tenemos que llegar a un compromiso práctico entre la necesidad de estabilidad y la aceptación del cambio. Pensar en períodos limitados nos permite ese compromiso, ya que divide el impacto del tiempo en fragmentos más manejables, más «digeribles». Anticipamos la estabilidad, pero sólo por cortos periodos de tiempo. Marcar un plazo equivale a poner en hora nuestro Reloj para que suene la alarma en una fecha determinada del futuro. Y en ese momento, hemos de examinar en qué sentido los cambios personales, sociales, culturales y tecnológicos han afectado nuestra vida, nuestros objetivos y nuestros planes. Cuando se interroga a un estudiante universitario sobre el camino que planea tomar en cuanto a su profesión y sobre el modo en que piensa ganarse la vida, es muy probable que se muestre nervioso y confuso. Se debe a que presupone que no tiene más que una elección y una sola oportunidad. Cree que su decisión ha de ser absolutamente acertada o que, en caso contrario, habrá de

pagar las consecuencias durante toda la vida. Ese estudiante debería aprender la lección del Círculo y los Puntos (que no hay «elección» perfecta) y pensar en términos de plazos (períodos, por ejemplo, de tres a cinco años). De este modo, la presión disminuye en el acto y en un grado considerable. El joven estudiante podrá entonces considerar su primera profesión como un simple paso en un largo camino, que quizá le conduzca a ejercer otras dos, tres o incluso más profesiones. Su decisión sobre su primer puesto de trabajo dejará de ser una cuestión de o eso o nada, un compromiso para toda la vida. Libre ya de presiones, puede incluso elegir algo que le guste verdaderamente, en lugar de aceptar aquello que le parece lo más apropiado, lo que «tiene» que ser. Cuando se trata de nuestro futuro, debemos pensar en plazos de cinco años, por ejemplo, en vez de trazar planes que abarquen toda la vida. Deberíamos poner al día y evaluar de nuevo a intervalos regulares nuestra profesión y nuestras relaciones, a fin de no quedar desfasados con respecto a los cambios que se produzcan. Un ejecutivo que prepara la estrategia comercial de su compañía haría muy bien en exponer su plan por escrito, fecharlo y asignarle después un plazo de ejecución. Aferrarse a estrategias no fechadas y cuyo momento oportuno ya había pasado ha causado la ruina de más de una empresa.

Tercera técnica: Tener en cuenta las repercusiones Imagine la escena siguiente: va conduciendo su coche a ciento diez kilómetros por hora por un tramo recto de la carretera. Directamente delante de usted, a solo un par de centenares de metros, se alza una pared de ladrillo. Usted se dice: «No hay problema. Todo va bien. Todavía no he llegado a la pared». En consecuencia, continúa manteniendo la misma velocidad, hasta que se estrella contra el muro. Suena absolutamente idiota, ¿verdad? No existe nadie capaz de ser tan estúpido y tan ingenuo. Y sin embargo, somos muchos los que conducimos nuestra vida a toda velocidad, sin pensar ni por un instante en la pared de ladrillo que se alza frente a nosotros. Racionalizamos nuestra alucinación autoinducida diciéndonos: «El pasado me absorbe demasiado para ocuparme del futuro. Ya se arreglarán las cosas por sí solas». Tal actitud corresponde al sistema del «tengo que» y prescinde evidentemente del papel vital que la progresión representa en nuestra vida. Como miembros de una sociedad y como individuos, tendemos a actuar como si el pasado, el presente y el futuro fueran independientes unos de otros.

El gobierno de Estados Unidos, por ejemplo, invierte cada vez más dinero en el presupuesto de defensa, ignorando las advertencias sobre el desequilibrio y el déficit comerciales. Un día, se despertará para encontrarse con que el déficit presupuestario ha paralizado toda la economía del país. Como dice el proverbio, lo único que nos enseña la historia es que no se aprende nada de la historia. Deténgase un momento y considere en términos humanos el pasado, el presente y el futuro, o lo que yo llamo la relación PPF. El «pasado» es una etiqueta errónea. Para los seres humanos, no se reduce a algo que se ha cumplido y que ha quedado atrás. Seguimos arrastrándolo con nosotros todos y cada día de nuestra vida. Constituye una parte vital, activa, de nuestro presente y un factor importante para la determinación de nuestro futuro. El «presente» no se limita a un momento aislado. Incluye nuestra historia acumulada y las semillas de lo que será nuestro mañana. En cuanto al «futuro», sólo existe aislado en el calendario. Está en todo instante presente en nosotros. Los acontecimientos exteriores afectan claramente nuestra vida, pero, lo advirtamos o no, somos nosotros quienes construimos nuestro propio futuro a partir de nuestro pasado y nuestro presente. Deberíamos, pues, restar importancia a los conceptos de pasado, presente y futuro y considerar la vida como un simple proceso que nunca se detiene. Adopte esta actitud, y el Reloj significará para usted mucho más que un simple mecanismo que le señala el momento del día en que se encuentra. Utilizar el Reloj y recordar la relación PPF nos acostumbrará a tener en cuenta las repercusiones posibles de nuestros actos y decisiones. Sabemos -o por lo menos creemos saber- cuáles serán los efectos inmediatos de esos actos y esas decisiones. Pero, con mucha mayor frecuencia, no somos capaces de prever sus consecuencias a largo plazo y nos resulta imposible considerar la totalidad de los acontecimientos y de las circunstancias que vamos a desencadenar. Por ejemplo, hubo una época en que los sindicatos fueron los bastiones de la justicia social y de los derechos de los trabajadores, hasta que algunos de ellos se convirtieron en fuerzas encaminadas exclusivamente a obtener salarios más altos y participaciones más sustanciosas en los beneficios. Al preocuparse exclusivamente de lo que podían sacar para sí mismos en todo momento, sin pensar en la seguridad a largo plazo de las empresas, las hicieron vulnerables a las absorciones por parte de compañías más fuertes, a la competencia internacional y a la quiebra. Una visión semejante, estrecha y suicida, ignora las eventuales repercusiones de sus actos.

A veces, nos conviene escuchar nuestras Campanillas y obedecer exclusivamente a nuestras intuiciones. Otras, hemos de seguir nuestra Estrella Polar, contentarnos con el momento presente y disfrutarlo tal como es. ¡Atención! No pretendo que haya que sacrificar el presente en aras del futuro. Sugiero que una orientación sensata y eficaz con respecto al tiempo requiere un equilibrio entre hacer la mayoría de lo que es preciso hacer aquí y ahora y mirar hacia adelante, entre la gratificación inmediata y los objetivos a largo plazo. Algunos de los mayores placeres de la vida, como adquirir el dominio de un arte o de una técnica, modelar su cuerpo mediante el culturismo o hacerse con una firme base financiera, exigen sacrificios a corto plazo para obtener ganancias a la larga. Otros placeres, como contemplar una puesta de sol o saborear un plato delicado, sólo requieren la capacidad de disfrutar y de experimentar el placer de los sentidos. Para utilizar plenamente el Reloj como Utensilio de Vida, hemos de aprender a caminar sobre la cuerda floja que une el presente con el futuro, al tiempo que buscamos un equilibrio constante entre nuestros pensamientos y nuestros sentimientos.

Cuarta técnica: Moderar las expectativas Lo mismo que E = MC2 es una fórmula clave de la física moderna, R = E + S es una fórmula clave de nuestra defensa personal contra una barrera de peligros emocionales. En dicha fórmula, R representa la realidad, E la expectativa, y S la inevitable sorpresa. Dado que vivimos en un mundo que se halla en proceso de mutación, no siempre obtendremos hoy lo mismo que obtuvimos ayer. Las cosas no suceden siempre del modo que dábamos por descontado. Los hombres y las mujeres de la generación del Baby Boom, que nacieron en una era próspera, con un desarrollo económico sin precedentes, no comprenden realmente esta ecuación. Esperan hacer sus estudios, trabajar duro y conquistarse una riqueza material por lo menos igual -si no superior- a la de sus padres. Por desgracia, como resultado de la inflación, de la competencia extranjera y el déficit presupuestario, la realidad con la que contaban ha resultado ser sorprendente y desalentadoramente distinta. Aunque en teoría ganan más dinero que sus padres, su poder adquisitivo es menor. Las casas y los coches cuestan mucho más caros, y una pareja joven necesita el doble de tiempo para permitirse un nivel de vida razonable. La generación del Baby Boom se enfrenta a la sorpresa inevitable que trae consigo el cambio.

Si esperamos que la realidad va a ajustarse exactamente a lo que esperamos de ella, estamos condenados a llevarnos una verdadera sorpresa.

Tiempo-Acción-Cambio Comprender que el aspecto cualitativo del tiempo tiene mucha mayor importancia que su aspecto cuantitativo es esencial para la Adecuación Interior. Deberíamos medir el tiempo basándonos en lo que hacemos durante él, no fiándonos de la rotación de la Tierra. El tiempo es la dimensión con que edificamos nuestro destino. Sólo cuenta lo que hacemos con el tiempo. Como el barro en las manos del escultor, el tiempo es la materia prima con la que esculpimos nuestra vida. Cuando pensamos en el «ayer», no visualizamos las manecillas de un reloj. Recordamos lo que hicimos, los cambios que se produjeron y lo que hubo de nuevo y diferente. El tiempo, el cambio y la acción no son, por consiguiente, conceptos separados y distintos, sino que se unen para formar un continuum. En contra de la creencia popular, se puede recuperar el tiempo perdido. ¿Cómo? Viviendo sesenta y un segundos de verdadera vida en cada minuto, comprimiendo dos años del calendario en doce meses fructíferos, estimulantes, activos. ¿Se ha fijado alguna vez en que los atletas y los bailarines nunca parecen apresurarse, por muy velozmente que se muevan? Mientras actúan, dan la impresión de hallarse siempre bajo control. El método del Reloj (y el Programa de Adecuación Interior en general) se propone precisamente la adquisición de esa concordancia entre la energía y la eficacia, ese sentido del tiempo. El uso adecuado y combinado de los Utensilios de Vida puede acostumbrarnos a ritmos saludables, que nos ayudarán a deshacernos de hábitos autodestructivos, profundamente enraizados. El método de la Gota de Pegamento en combinación con el del Reloj resulta especialmente beneficioso, ya que nos incita a pasar más tiempo en el nivel no verbal, en el que se calman las tensiones. Si queremos experimentar la sensación de una buena forma interior absoluta, tenemos que renunciar a nuestro afán de detener el reloj y luchar contra el cambio. Hemos de aceptar que tanto nosotros como nuestro ambiente estamos en perpetua mutación. Si lo conseguimos, viviremos en una mayor sincronización con nosotros mismos y, en consecuencia, también con los demás.

Las relaciones y el tiempo Fechar las palabras y pensar fijando plazos es vitalmente importante cuando se trata de nuestras relaciones. Cuando dos personas con afinidades selectivas y que comparten los mismos gustos y objetivos se encuentran, se forma entre ellas un lazo, que, según ambas esperan, será de larga duración, si no para toda la vida. Sin embargo, al ir pasando el tiempo, los dos miembros de esa relación cambian, ya sea para bien o para mal. Y cambia también, por consiguiente, el modo en que se relacionan el uno con el otro. Sólo prestando la atención debida al Reloj es posible sostener e intensificar una relación. Ilustraré mi pensamiento exponiendo dos ejemplos de relaciones que evolucionan claramente con el tiempo. 1. La relación sexual. Todas las parejas, sea cual sea la edad de sus miembros, experimentan cambios en su vida sexual. La pasión que caracteriza el noviazgo y las primeras efusiones amorosas se desvanece de la manera más natural frente a las presiones laborales, las exigencias del cuidado de los hijos y la familiaridad y la compañía constantes. Los cambios en la situación financiera de la persona, en la satisfacción que le procura su trabajo, en su apariencia, en la estima que siente por sí misma, y no digamos ya la edad, repercuten sobre su instinto sexual. Las parejas que omiten incluir la noción de tiempo en su concepto del sexo ponen en peligro sus relaciones al buscar explicaciones autodestructivas para el flujo y el reflujo naturales del instinto sexual. Se censuran a sí mismas, se acusan mutuamente o echan la culpa a su relación. Se preguntan si se siguen queriendo. Permiten que la actividad sexual se convierta en un problema que abre un abismo entre ambas, en lugar de ser un acto que contribuye a aproximarlas. Para que una relación sexual se mantenga sana pese al transcurso del tiempo, ambos miembros de la pareja han de situar en éste sus comportamientos sexuales respectivos y aceptar los cambios como normales. Las experiencias sexuales son distintas, aunque no menos placenteras, a los veinte años, a los treinta y cinco, a los cincuenta o a los sesenta y cinco, del mismo modo que las experiencias sexuales de la pareja que lleva un año casada difieren de las que tendrán a los cinco años de matrimonio o a los veinticinco, aunque no tienen por qué ser menos satisfactorias, tanto desde el punto de vista físico como del emocional. Una relación sexual no es algo estático, sino que debe ser considerada como un proceso evolutivo, al que han de adaptarse ambos miembros de la pareja. Prestando la atención debida al Reloj, nos

sensibilizaremos a los cambios inherentes a toda relación sexual. Gracias a la imaginación, aprenderemos a transformar la familiaridad erótica mutua en los sentimientos positivos de comprensión sexual, aceptación y seguridad, lo que nos permitirá seguir profundizando en la pasión de nuestro amor. 2. Las relaciones de negocios. Quienes se asocian en cuestiones de negocios e ignoran el paso del tiempo corren irremisiblemente hacia un desastre emocional o económico. Para que dos personas triunfen juntas en una empresa comercial, es preciso que ambas fechen y asignen plazos a todos los elementos clave de su aventura en común. Deben ir más allá de la superficie, para explorar los problemas y las discusiones que pueden surgir con el transcurso del tiempo, abarcando desde el modo en que se enfrentarán a la expansión de su negocio hasta el papel que sus cónyuges respectivos representarán en la sociedad. Deben hacer mención expresa en su contrato de las tareas y la responsabilidad que corresponderán a cada uno, de la forma en que contribuirán a los gastos y de la proporción en que se repartirán los beneficios. Y les conviene establecer por adelantado cómo se llevará a cabo la disolución final de la sociedad. Para que una aventura conjunta tenga éxito, los socios han de proceder regularmente y de mutuo acuerdo a una revisión y una reevaluación de la sociedad, a fin de asegurarse de que sus metas respectivas, sus estilos y sus personalidades continúan armonizándose. En una relación de negocios, como en toda relación, es también importante recordar las posibles repercusiones y moderar nuestras expectativas. Seguir estas directivas nos acostumbrará de la manera más natural a formularnos preguntas constructivas y nos ayudará a resolver los problemas, antes de que se conviertan en conflictos graves y tal vez insolubles.

Ejercicios de condicionamiento con el Reloj Primer paso: Asignar una fecha a las palabras y las ideas 1. Fechar las palabras intemporales. Acostúmbrese a fechar sus ideas y sus palabras, especialmente las que impliquen intemporalidad. Ponga en duda la validez de sus presunciones no fechadas ni calificadas. Hágalo así tanto en sus negocios como en su vida particular.

2. Captar las palabras no fechadas. La próxima vez que sostenga una conversación, preste atención a las palabras y las frases que sugieran una realidad no calificada e inmutable. Esa especie de frases suscitan con frecuencia problemas y discusiones. Elimine los conflictos descubriendo y señalando la naturaleza temporal de tales observaciones. 3. Fechar las críticas que nos hacemos a nosotros mismos. Haga una lista de los rasgos de su propia personalidad que no le agradan y féchelos luego uno por uno, a fin de tomar conciencia del hecho de que no son permanentes. ¿Cómo se manifestaban esas cualidades hace cinco años? Prepare una nota que le recuerde que debe evaluarlos de nuevo dentro de seis meses. Si se esfuerza lo bastante, será capaz de modificar incluso los hábitos más arraigados. 4. Situar en el tiempo a un amigo. Piense en un amigo al que conoce desde hace ya varios años y pregúntese qué cambios ha experimentado con el transcurso del tiempo. Considere su apariencia, sus relaciones, sus intereses, sus objetivos. Póngale subíndices a las distintas manifestaciones de la personalidad cambiante de esa persona. Tome conciencia de que, si quiere mantener con ella una amistad a largo plazo, tiene que mostrarse sensible a los cambios que sufre y poner de manifiesto su voluntad de adaptarse a ellos. Haga lo mismo con respecto a su pareja y a sus socios. 5. Fecharse a sí mismo. Determine en qué medida ha cambiado con el paso del tiempo y piense en lo mucho que puede cambiar y desarrollarse en el futuro. 6. Fechar sus sueños. Como vimos al hablar de la Estrella Polar, incluso nuestros sueños han de ser revisados y revaluados de vez en cuando. Estudie algunas de sus aficiones más duraderas. Féchelas. ¿Siguen teniendo la misma fuerza que antes? ¿Cree que continuarán mañana ejerciendo la misma fascinación sobre usted?

Segundo paso: Pensar fijando períodos 1. Fijar diversos plazos. En lugar de preocuparse constantemente por el «futuro», revise su vida a intervalos de cinco años. ¿En qué circunstancias se encontraba hace cinco años en comparación con sus circunstancias

actuales? ¿Adonde quiere llegar en los cinco años próximos? ¿Qué trabajo desea realizar, en dónde le gustaría vivir, con quién querría estar? Fíjese un plazo y trace un plan concreto para ese plazo. Pensar en períodos, en lugar de en un tiempo indeterminado, le librará de presiones y sin duda alguna le dejará libre para concentrar todas sus energías en un plan práctico, encaminado a lograr su meta. 2. Formular sus objetivos. Ponga por escrito los objetivos personales y profesionales que se haya fijado y asígneles un plazo. Decida reevaluar su situación al final de esos plazos, teniendo en cuenta los cambios que se hayan producido en usted y en el mundo que le rodea. Tercer paso: Considerar las repercusiones 1. Tener muy en cuenta la relación PPF. ¿Pertenece usted a esa clase de personas que se esfuerzan por olvidar el pasado y no pensar en el futuro? Tenga en cuenta que nuestro pasado y nuestro futuro nos acompañarán siempre, por mucho que intentemos negarlos. «Vivir el momento presente» supone un objetivo a largo plazo, en la misma medida que lo supone el «planear la jubilación». Utilice el método del Reloj para recordar que su vida presente forma parte de un continuum. Tenga cuidado, sin embargo. Los actos que realice hoy y las acciones que emprenda afectarán y determinarán su futuro. 2. Proyectarse en el futuro. Piense en una decisión importante que esté a punto de tomar o en una empresa de envergadura que vaya a iniciar. Considere todas las implicaciones de los diversos caminos que se abren ante usted. ¿Qué repercusiones tendrían esas vías en caso de tomarlas, sobre su persona, su familia, sus amigos, su vida profesional, al cabo de seis meses, de un año, de cinco años? No olvide que quienes le rodean cambiarán también durante esos períodos. Tener en cuenta las repercusiones futuras le ayudará a tomar decisiones más prudentes y más meditadas.

Cuarto paso: Moderar sus expectativas 1. Esperar lo inesperado. Como afirma la ley de Murphy, todo aquello que tiene una posibilidad de salir mal... saldrá mal irremisiblemente. Por lo

tanto, sería conveniente que estableciese un plan condicional para el caso de que surja algo inesperado o que algo vaya mal en cuanto a lo que se propone hacer en el futuro. Constitúyase una reserva de energía, de tiempo y, en caso necesario, de dinero, que le permita enfrentarse a los imprevistos. Tome regularmente esa medida y no se sentirá desamparado cuando las cosas no salgan exactamente del modo en que las había planeado. 2. Recurrir a la imaginación. Con la actitud conveniente y un poco de imaginación, se puede transformar un plan fallido en una magnífica oportunidad. Recuerde algún acontecimiento inesperado que haya venido recientemente a obstaculizar una de sus empresas. Piense ahora de qué forma hubiese podido convertir esa fastidiosa sorpresa en una aventura o en una oportunidad.

9 Sexto Utensilio de Vida: El Lazo de Pajarita

Las cosas no son siempre tan tangibles y comunicables como la gente suele intentar hacernos creer. La mayoría de las experiencias son inexpresables. Se producen en un espacio en que la palabra no ha penetrado jamás.

RAINER MARÍA RILKE Invariablemente, a medida que avanzo en el proceso de tomar una decisión, acabo por ponerme en relación con otra persona. Muchas veces me sorprendo al comprobar que, mientras yo permanecía absorto analizando datos y sensaciones para llegar a percepciones, opiniones y decisiones, esa otra persona estaba haciendo exactamente lo mismo. Pero todavía supone un choque mayor descubrir en qué grado nuestras percepciones y nuestras opiniones pueden diferir de las de otro, aun en el caso de que todos empecemos basándonos en la misma serie de datos pretendidamente establecidos. No es extraño que la comunicación entre los hombres resulte tan difícil. Como expliqué en el capítulo 3, las palabras parecen constituir el obstáculo principal para una comunicación eficaz. Nos empeñamos en atribuirles un significado objetivo y universal, como si el proceso de comunicación no fuese otra cosa que la entrega de un telegrama indiscutible, que tiene exactamente el mismo significado y el mismo impacto para el

destinatario y el remitente. Tal concepto simplista de la comunicación se aparta mucho de la realidad. Está claro que las mismas palabras, pronunciadas por personas distintas, en contextos distintos y dirigidas a oyentes distintos, transmiten significados completamente diferentes. Un general que grita: «¡Fuego!», dirigiéndose a sus tropas, quiere decir algo muy distinto que el hombre que grita: «¡Fuego!», cuando advierte olor a humo en su apartamento, lo que a su vez no tiene nada que ver con la intención del bromista de mala ley que grita: «¡Fuego!», en una sala de cine atestada, cuando sabe perfectamente que no hay ningún incendio. Las palabras son como la comida. Lo mismo que los alimentos sólo tienen valor una vez que han sido digeridos, las palabras no adquieren significación hasta que han sido «digeridas» por el proceso mental de un ser humano. El proceso mediante el cual fusionamos e integramos los símbolos escritos y los actos con nuestros propósitos y sentimientos da como resultado un producto final, que crea lo que llamamos significado. Ahora bien, lo que una palabra significa para mí puede tener muy poca semejanza con lo que significa para usted. Si queremos ir más allá de la comunicación a través del lenguaje, en donde las palabras se hablan unas a otras, para establecer una comunicación orgánica, en que las personas se hablan mutuamente, hemos de destruir el mito de que sólo las palabras pueden transmitir a otra persona lo que sentimos y lo que pensamos. En su lugar, debemos aceptar que:

La comunicación no consiste en una transmisión estática de datos de una persona a otra, sino en compartir las percepciones personales de cada una.

La vida nos sería mucho más fácil si dijéramos: «Vamos a compartir nuestras impresiones», en lugar de: «Le diré lo que pienso acerca de eso», o peor aún: «Le diré lo que hay acerca de eso». Tomar conciencia de este nuevo modelo de comunicación supone un paso primordial en el camino de la Adecuación Interior. E igual importancia tiene el convertir dicha conciencia en una aptitud práctica. No basta con recomendar a alguien que «comparta sus impresiones» o que «se muestre buen oyente». En realidad, tales recomendaciones carecen en tanta medida de sentido como decirle a alguien que no ha visto un teclado en toda su vida: «Sea un buen pianista». ¿Cómo adquirir una comprensión más profunda y un mayor

dominio de este proceso de infundir significación? Debemos mirar bajo ¡a superficie de lo que sucede cuando hablamos con otro ser humano y transformar el proceso de comunicación en una relación dinámica. El punto de partida está en encontrar una nueva «unidad de comunicación» que sustituya a las palabras. Podemos representar visualmente dicha unidad mediante lo que yo denomino el Triángulo Interior (figura 6).

Lo mismo que un iceberg sólo deja asomar la octava parte de su masa total por encima de la superficie del agua, así en mi diagrama sólo las palabras y los actos -la cima del iceberg- son visibles en la superficie (indicada por la línea ondulada). En cambio, quedan ocultas a la vista las fuerzas, mucho más importantes -ya sean perjudiciales o benéficas-, que subyacen bajo las palabras, es decir, nuestras intenciones, nuestros sentimientos y nuestras significaciones particulares. El Triángulo Interior simboliza la fusión de las palabras, los actos y todo cuanto subyace bajo las palabras con vistas a formar la nueva unidad de comunicación. Así, cuando hablemos, transmitiremos esta totalidad; cuando escuchemos, recibiremos, consciente o subliminalmente, la información contenida en el Triángulo Interior de nuestro interlocutor. El conocido psicólogo Nathaniel Branden comenta así esta fusión orgánica en su obra The Disowned Self: En la experiencia que la persona tiene de un acontecimiento, se incluye el modo en que percibe ese acontecimiento o ese aspecto de la realidad, el modo en que lo juzga, lo valora o interpreta y el modo en que reacciona a él, tanto desde el punto de vista emocional como desde el punto de vista físico... Cierto que, mediante un proceso de abstracción, podemos diferenciar entre la percepción, la valoración y la reacción, pero, según

parece, el cerebro registra esos elementos integrándolos en una unidad, como parte de una misma experiencia. El Triángulo Interior nos recuerda que no debemos aislar las palabras de la persona que las pronuncia, del momento y el lugar en que las dice y del motivo que le impulsa a decirlas. Si queremos establecer una verdadera comunicación y comprender a fondo a nuestros interlocutores, tenemos que permitir que se abran paso nuestros significados, intenciones y sentimientos subyacentes, al tiempo que intentamos descubrir los suyos. Cuando me limito a oír sus palabras y a presumir que sé lo que quieren dar a entender, me arriesgo a comprenderlas mal y a provocar una fricción entre nosotros. Nos cuesta trabajo admitir que las palabras no significan necesariamente lo mismo para nosotros que para otras personas. Y es fácil dejarse arrastrar por la creencia de que las palabras pueden ser inocentemente objetivas. Resistir a esas tendencias es lo más importante de las tareas que le corresponde cumplir a nuestro nuevo y último Utensilio de Vida.

Presentación del Lazo de Pajarita El Lazo de Pajarita (figura 7) es la visualización de la intersección entre dos Triángulos Interiores. Representa la interacción de una persona con otra, siendo el nudo del Lazo la superficie compartida, el fondo supuestamente común de las palabras y los actos. En los puntos en que se tocan los dos Triángulos, cada interlocutor aporta a la conversación su combinación personal de palabras, significados, intenciones y sentimientos, y encuentra allí la del otro. Concentrarnos en la imagen de los dos Triángulos Interiores coincidiendo punto por punto nos recordará mirar bajo la superficie de las palabras y fijarnos en lo que ocurre en el interior del otro y en el interior de nosotros mismos. Al hacerlo así, nos convertimos en oyentes mejor dotados. Emitimos y captamos mejor.

Siempre que dos personas interactúan, se forma un Lazo de Pajarita. Considere, por ejemplo, la complejidad que presenta saludar a una persona con estas palabras, en apariencia anodinas: «¿Cómo está usted?». El significado que da cada uno a esa expresión, lo que se propone al pronunciarla, el tono de su voz y los sentimientos que le inducen a elegirla, todo ello, tomado en su conjunto, forma su Triángulo Interior. La respuesta de la otra persona -unas cuantas palabras, una inclinación de cabeza, un gesto casual de la mano- revela también exclusivamente el vértice de su Triángulo Interior. Pero ¿cómo descubrir lo que hay realmente en el Triángulo Interior de otra persona? Todos nosotros recurrimos a veces a subterfugios para ocultar los verdaderos sentimientos que subyacen en nuestras palabras, quizá porque somos tímidos, o porque no queremos herir los sentimientos del otro, o porque nos encontramos en una posición delicada. A decir verdad, nunca podremos saber con exactitud lo que pasa en el interior de otra persona. Pero sí podemos tomar conciencia de que algo ocurre, y esforzarnos, en la medida de nuestras fuerzas, por mantenernos en contacto íntimo con las significaciones y las intenciones que forman su Triángulo Interior. He aquí algunas sugerencias que nos ayudarán a conseguirlo: 1. Si quiere conocer los sentimientos, los pensamientos o la intención de su interlocutor, pregúnteselos. Se sorprenderá al comprobar hasta qué punto una pregunta directa es capaz de desarmar incluso a la gente más reservada. 2. Si le ofrecen resistencia, procure mostrarse abierto y franco por su parte. Exponga lo que hay bajo su superficie -lo que quiere dar a entender, sus sentimientos-, aun en el caso de que no sea nada halagüeño. Tal vez su

franqueza estimule la franqueza de su interlocutor. La sinceridad es una buena llave para abrir la comunicación. 3. Intente lo que yo llamo la «vía paralela». Haga una conjetura sobre lo que el otro piensa o siente y exprésela en voz alta. Tal vez sus palabras provoquen una áspera negativa de su interlocutor, lo que pondrá de manifiesto sus verdaderos sentimientos. O tal vez susciten su cordial asentimiento. 4. Preste atención al lenguaje corporal de quien le habla. ¿Le mira abiertamente, aparta la vista o mantiene la mirada baja? ¿Tienes las manos relajadas, las aprieta defensivamente contra su cuerpo o juega nerviosamente con ellas? Busque las pistas visuales susceptibles de darle una idea de su estado mental. Vamos ahora a considerar algunos intercambios más complicados y menos superficiales en los que puede intervenir el método del Lazo de Pajarita.

«¿Te importaría servirme una copa?» Jennifer V. está muerta de cansancio. Después de haber trabajado durante todo el día, ha tenido que preparar la cena y llevar a los niños a la cama. Ahora, por fin, se ha dejado caer en el sofá, dispuesta a disfrutar de un bien merecido descanso. -¿Te importaría servirme una copa? -le pide a Kevin, su marido. -Un segundo -responde éste en tono distraído, sin levantar la vista del periódico. Y sigue leyendo. Jennifer no logra contenerse y explota, indignada. -No, déjalo. No merece la pena que te molestes -exclama sarcásticamente-. Ya me la serviré yo misma. Kevin la mira pasmado. -Pero ¿qué mosca te ha picado? -pregunta-. Te he dicho que un segundo... ¿En qué se ha equivocado Kevin? Ha cometido el error clásico de interpretar y reaccionar literalmente a las palabras de su mujer, en lugar de captar el mensaje que se disimulaba tras sus palabras. Es posible que a Jennifer le apeteciese, en efecto, una copa, pero quería sobre todo -cosa mucho más importante- un poco de atención, un poco de mimo, un poco de ternura. Al desconocer la influencia sobre la vida real que ejerce el Lazo de Pajarita, Kevin se dejó arrastrar ciegamente a una discusión. Si se ignora con

demasiada frecuencia el Lazo de Pajarita, las pequeñas fisuras normales en las relaciones terminan por convertirse en rupturas irreparables.

«Te necesito y te quiero» Bob C., un joven abogado, al proponer matrimonio a Joan M., consejera administrativa, le dice que la quiere y que la necesita. Las palabras parecen claras, absolutamente positivas e incluso románticas. Joan cree escuchar la expresión de la necesidad que experimenta Bob de encontrar un alma gemela, al tiempo que su propia y romántica versión de un amor sincero e idílico. Y como bien se sabe, el amor vence todos los obstáculos. De manera que se casan y su existencia está llena de dulzura y claridad... por algún tiempo. Un tiempo muy breve, a decir verdad. Desgraciadamente, sin embargo, a Joan le hicieron falta siete largos años, que minaron su moral, para descubrir que el «te necesito» de Bob significaba que la necesitaba como ama de casa, compañera sexual, ornamento social y aya de los hijos que había tenido en un matrimonio anterior. El suyo terminó en un divorcio amargo y traumatizante. ¿Dónde estuvo el error? ¿Cómo pudo ocurrir que dos personas inteligentes fuesen víctimas de una diferencia de interpretación tan grave? La culpa reside en nuestra tendencia a avanzar dando tropezones por la vida, sin una comprensión adecuada de los distintos significados que encierran las palabras y sin reconocer en grado suficiente que no nos comunicamos sólo con palabras. Si Joan hubiese oído hablar previamente del Lazo de Pajarita y revisado su Triángulo Interior, he aquí lo que hubiera descubierto:

LAS PALABRAS DE BOB: Te necesito y te quiero. EL SIGNIFICADO QUE ELLA LES DIO: Me necesita y me quiere más que a ninguna otra persona. Por lo tanto, soy importante para él. Soy alguien especial. Nadie más me quiere. Yo me siento sola, y él no puede vivir sin mí. Cada vez estaremos más unidos, a medida que vayamos envejeciendo juntos. LA INTENCIÓN DE JOAN: Encontrar su alma gemela y un compañero que compartiese y llenase su vida. Sus SENTIMIENTOS: Romance, deseo de seguridad, miedo. Y veamos lo que hubiese encontrado de haber sabido penetrar en el Triángulo Interior de Bob:

LAS PALABRAS DE BOB: Te necesito y te quiero. EL SIGNIFICADO QUE ÉL LES DIO: Necesito una mujer para colmar mi vida y satisfacer mis necesidades.

Quiero a alguien que se ocupe de mis hijos. Necesito una esposa que me ayude a prosperar en mi carrera. Estoy cansado de mariposear y quiero fijarme de nuevo. Su INTENCIÓN: Adquirir una mujer como si se tratase de una posesión, un activo valioso que pagaría con la promesa de una seguridad económica. Sus SENTIMIENTOS: Atracción sexual, codicia, búsqueda de la seguridad. Si hubiera sido consciente del proceso del Lazo de Pajarita, Joan habría empezado por descubrir sus propios significados e intenciones y, sin la menor duda, habría interrogado más a fondo a Bob sobre los suyos. Con un esfuerzo saludable de comunicación, la conversación del «Te necesito» habría continuado en una investigación de lo que Bob quería dar a entender exactamente con sus palabras. Y hubiera significado el comienzo, en vez del final, de la comunicación entre ellos.

«Vamos a bailar» Sandra K., redactora de una importante revista de modas, asiste con Freddie, su marido, a una cena en la que participa todo el mundillo de su profesión. -Vamos a bailar -murmura, tirándole de la mano. -No me apetece -contesta su marido-. No me gusta la música. Se inicia entonces una discusión, con réplicas violentas por ambas partes, enzarzándose cada vez más en una de sus disputas habituales. Por último, Sandra abandona furiosa el salón de baile, seguida por su marido, tranquilo, racional y plenamente convencido de tener toda la razón. ¿En qué sentido el conocimiento del Lazo de Pajarita hubiera ayudado a esta pareja? Si Freddie hubiera prestado oídos a la significación personal que su mujer daba a aquellas palabras, se hubiera dado cuenta de que el deseo de ésta de bailar expresaba en realidad su deseo de ser vista por la gente de su profesión y de establecer contactos profesionales. De haberse mostrado sensible a sus necesidades y consciente de toda la importancia que aquel acontecimiento revestía para ella, sin duda se hubiera prestado a hacer el pequeño sacrificio de bailar, a pesar de su falta de afición a esta actividad. Por su parte, Sandra pudo preocuparse un poco más de su marido. Sabiendo que no le gustaba bailar, especialmente en público, y que se sentía ya

bastante incómodo por tener que representar el papel de «consorte» en la reunión de negocios de ella, debió esforzarse un poco por facilitarle las cosas. Tal vez debió decirle: «Sé que no deseas bailar, pero es muy importante para mí demostrar mis dotes sociales en esta reunión. Si bailas conmigo ahora, te prometo acompañarte el domingo al partido». Poniendo de manifiesto sus motivos y dejando ver que estaba dispuesta a un compromiso, Sandra habría facilitado la comunicación entre ambos y contribuido a evitar una confrontación.

El Lazo de Pajarita y las ventas La comunicación es el elemento primordial de la persuasión. Con mucha frecuencia, nos vemos obligados a «vender» a otras personas nuestras ideas o nuestras creencias. Para concluir una venta, de la clase que sea, es esencial que el vendedor elija el enfoque más apropiado para convencer a sus clientes de que compren. También debe prestar oído muy atento a los sentimientos y los temores que se transparentan bajo las palabras de esos clientes. La lógica no resulta siempre el enfoque más eficaz. Al contrario, en muchos casos la actitud lógica y racional demuestra ser la peor posible. Hace algún tiempo, intentando interesar a un posible inversor en una nueva aventura conjunta, estaba a punto de ofrecerle una distribución de los beneficios sobre la base del 60-40%, dejándole a él el porcentaje mayor. Ahora bien, mi presunto socio se mostraba extraordinariamente cauteloso y escéptico. Todo cuanto decía indicaba que tenía miedo de que le engañasen y que se dejaba guiar más por sus sentimientos que por su razón. Mis Campanillas repiquetearon. Me detuve y traté de conectar con su Triángulo Interior. Observé su lenguaje corporal y advertí claras muestras de su temor y su desasosiego. Le confié entonces mis observaciones, lo que le indujo a hablarme de una experiencia desdichada por la que había pasado en otro tiempo con respecto a un fondo de inversión. Le formulé varias preguntas bien encaminadas, y sus respuestas me convencieron de que era esencial que, cualquiera que fuese la propuesta que le presentara, tendiese a tranquilizarle desde el punto de vista emocional. Tras echar un vistazo a su Triángulo Interior, llegué a la conclusión, en el último minuto, de que mi oferta le sonaría mucho más persuasiva si le ofrecía un reparto del 50%, es decir, un 10% menos de lo que había planeado darle. El 50% tenía un tranquilizador sonido a equidad: si usted gana, yo gano; si usted pierde, yo pierdo. Ambos corríamos la misma suerte. Por lo demás, si le hubiera ofrecido una distribución del 60-40%, sin duda se hubiese preguntado: «¿Y por qué no del 70-30%?».

Y efectivamente, mi cliente aceptó participar en la aventura. Utilizar el método del Lazo de Pajarita y tratar de conectar con el Triángulo Interior del interlocutor no sólo nos ayuda a comunicar mejor con él, sino que intensifica nuestras dotes de persuasión, lo que puede redundar en un incremento de nuestra fuerza y nuestro éxito. Espero haber dejado bien claro que, cuando se encuentran dos individuos procedentes de medios distintos y con grandes diferencias en cuanto a sus necesidades y sus intenciones inmediatas, las palabras que pronuncian raras veces «significan» lo mismo para ambos. Recuerde que cada uno de ellos arrastra el peso de su propio pasado, que está atiborrado de prejuicios, inclinaciones, gustos, valores, opiniones religiosas y políticas e ideas preconcebidas. Cada uno tiene sus cualidades particulares, su nivel de inteligencia, su formación cultural y sus manías. Teniendo en cuenta todo esto, ¿cómo estar seguros de comprender lo que alguien está diciendo realmente?, ¿cómo saber con certeza que los demás comprenden lo que decimos?

Cambiar de enfoque El método del Lazo de Pajarita se combina a la perfección con las Campanillas Semánticas. Para comunicar con otra persona, es esencial asegurarse del nivel en que se sitúa cada uno de los interlocutores. ¿Me estoy refiriendo a cosas específicas, mientras que usted piensa en conceptos? ¿O hablo en términos conceptuales mientras que usted se deja arrastrar por los sentimientos? En ese caso, las posibilidades de que nos comuniquemos son tan grandes como si yo pretendiera hablarle a gritos desde un primer piso cuando usted se encuentra en el piso noventa y dos. Para compartir verdaderamente las percepciones, es esencial estar preparado y deseoso de cambiar de enfoque, pasar no sólo de lo específico a lo general y a una sensibilidad situada más allá de las palabras, sino también moverse entre una orientación interior y una orientación exterior. Con demasiada frecuencia, nos limitamos a pretender que prestamos atención a lo que la otra persona dice y siente. En realidad, seguimos concentrados en lo que nosotros sentimos, en lo que las cosas significan para nosotros y en cuáles son nuestras intenciones. Para enterarnos verdaderamente de lo que ocurre en el interior de otra persona, tenemos que prescindir de nuestro egocentrismo. Sólo siendo flexibles y abiertos lograremos sincronizar con los demás y establecer un contacto genuino con

ellos. Y en eso consiste la vida, en comunicarnos unos a otros nuestros verdaderos pensamientos y sentimientos, de manera que podamos compartir nuestras alegrías y nuestras penas, alcanzar nuestros objetivos y vencer nuestra soledad. Un simple cambio de perspectiva puede modificar nuestra visión global de una situación y toda nuestra percepción de lo que intentamos comunicarnos. Recuerde que:

Las palabras no hablan. Es la gente la que habla.

Aplicar el Lazo de Pajarita hasta que se convierta en una segunda naturaleza nos acostumbra a profundizar en las palabras y proceder a esos simples cambios de perspectiva que nos revelan el poder y el control que tenemos sobre nuestra propia vida, el estilo de vida optativo.

El Lazo de Pajarita y la intuición No hay que subestimar nunca el papel que representa la intuición en las comunicaciones interpersonales. Para aumentar nuestro conocimiento del Lazo de Pajarita y desarrollar nuestras facultades de comunicación, no sólo debemos pensar y experimentar a un nivel consciente, sino que hemos de fiarnos también de nuestro instinto y de nuestro lado no racional. Cuando intentamos sintonizar con el Triángulo Interior de otra persona, nos conviene recurrir a los Utensilios de Vida intuitivos, esto es, la Gota de Pegamento y las Campanillas. Ellos nos ayudarán a «echar una ojeada» a las ideas, significados, intenciones y sentimientos ocultos tras la máscara de las palabras. Dado que la verdadera comunicación tiene lugar por debajo y más allá de las palabras, hemos de prestar atención a nuestras señales internas y escuchar nuestro corazón. Sólo entonces se pondrán en marcha las reacciones necesarias para entrar en «simpatía» con aquellos con los que queremos comunicar y para establecer una intimidad con ellos.

El Lazo de Pajarita y la armonía interior Es muy corriente sorprendernos sintiendo de una manera y actuando de otra. Para alcanzar la Adecuación Interior, hemos de esforzarnos constantemente por colmar ese foso. Hemos de ser sinceros con nosotros mismos. Si utilizamos palabras, hagamos que expresen nuestros verdaderos sentimientos, hagamos que revelen nuestros propósitos y nuestros objetivos e intenciones subyacentes. Eso nos conducirá a apreciar mejor el lenguaje empleado con arte y de la manera adecuada. Dejemos que la pausa verbal favorecida por el método de la Gota de Pegamento abra el camino para que emerjan nuestros sentimientos, sincera y libremente, a través del tono de nuestra voz, de nuestras expresiones faciales, de los gestos de nuestro cuerpo. Permitamos que el Lazo de Pajarita nos conduzca no sólo a una mejor comunicación, sino también a un sentido profundo de la armonía interior. ¿Y qué hará si se ve atrapado en una relación o en una situación laboral que, en nombre del sentido práctico, le exige disimular sus verdaderos sentimientos? Empiece por idear medios que le permitan modificar su percepción. Si no los descubre, modifique la situación. Y si esto es imposible, no le queda más que una solución: Renunciar a esa relación o a esa situación.

Ejercicios de condicionamiento con el Lazo de Pajarita Primer paso: Conectar con el Triángulo Interior 1. Visualizar. La próxima vez que hable, piense en los sentimientos y los pensamientos inexpresados que se esconden en el interior de sus palabras, aparentemente neutras. Visualice un Triángulo Interior que le recuerde sus propósitos subyacentes. Haga un esfuerzo por expresar sus sentimientos en tanto grado como sus ideas. 2. Pensar en la cima del iceberg. Visualice sus palabras como si fuesen solamente la cima de su iceberg mental y emocional. Piense en todas las circunstancias y en los sentimientos ocultos tras cada una de las frases que pronuncia. En su próxima conversación, entrénese en el descubrimiento de los sentimientos y las intenciones que motivan cada una de sus afirmaciones.

3. Interpretar el Triángulo Interior del interlocutor. Elija como mínimo tres situaciones y entrénese en captar el Triángulo Interior de su interlocutor en tales circunstancias. Ya se trate de una simple conversación, de una discusión o de una entrevista de negocios, concéntrese en esa otra persona. Ponga al descubierto los factores mentales y emocionales que actúan como trasfondo. Interprete su lenguaje corporal. Pregúntele: «¿Qué quiere decir exactamente con eso?», «¿Qué se propone al decir eso?», «¿Qué tiene realmente en la cabeza?». A su vez, revele sus pensamientos y sentimientos de la manera más abierta y más sincera posible, a fin de incitarle a hacer lo mismo. Siga un camino paralelo y traduzca en palabras lo que cree que su interlocutor está pensando. Excave más profundamente e intente entrar en contacto con su Triángulo Interior.

Segundo paso: Establecer el Lazo de Pajarita 1. Visualizar. Dibuje el Lazo de Pajarita en un papel, páselo a una cartulina y recórtelo. Grábeselo intensamente en la memoria. La próxima vez que tropiece con dificultades durante una conversación, recurra a la imagen visual del Lazo de Pajarita para recordarse que la comunicación entre dos seres humanos consiste en la manifestación por parte de ambos del significado especial que en ese momento tienen las palabras para ellos. 2. Resumir. Preste atención a todas las palabras de su interlocutor. Antes de responder y exponer su punto de vista, resuma en voz alta lo que, a su entender, está ocurriendo en el Triángulo Interior de esa persona. Considere sus argumentos antes de formular los propios. Observe hasta qué punto le ayuda esto en su enfoque sobre ella. 3. Mostrarse abierto. Todos caemos de vez en cuando en la rutina, obedeciendo a nuestros hábitos de pensamiento, pero eso no implica que nos neguemos a la comprensión de nosotros mismos y de los demás. ¿Tiene usted una mentalidad abierta? ¿Está siempre dispuesto a escuchar a los demás cuando expresan sus puntos de vista particulares, aun en el caso de que se haya forjado ya su opinión? Inténtelo durante algunos días. Piense en el Lazo de Pajarita y procure abrir su mente y sus oídos de tal forma que escuche realmente a su pareja, a su compañero de trabajo o a su amigo y le vea bajo una perspectiva nueva.

4. Cambiar de enfoque. La próxima vez en que desee hacer comprender su punto de vista y parezca no conseguirlo, intente cambiar el enfoque de su conversación. Pase de los hechos a los sentimientos. Diga lo que siente sobre el tema que les ocupa y explique por qué es tan importante para usted. O pase a su significado y a las intenciones que le animan, insistiendo en lo que el tema supone para usted y su propósito al intentar convencer a su interlocutor. 5. Ser persuasivo. Piense en alguien a quien tenga que «venderle» algo, ya sea un producto, un plan de negocios o la idea de concederle un aumento o un ascenso. Al planear la conversación, recuerde que debe basar su enfoque en lo que sabe acerca de esa persona, sus sentimientos, sus temores, sus ambiciones. Cuando llegue el momento, preste una atención extrema a lo que se transparenta tras sus palabras y ajuste en concordancia su enfoque. No se preocupe por la objetividad. Sírvase de su Triángulo Interior para entrar en contacto con el Triángulo Interior del otro. 6. Dejar hablar los sentimientos. Con demasiada frecuencia, nos escondemos detrás de las palabras y las empleamos para disfrazar nuestros verdaderos sentimientos. Abandone su manera de expresarse habitual y traduzca sus sentimientos en palabras a lo largo de todo el día. Rompa las barreras que se alzan entre usted y los demás prestando atención a sus Triángulos Interiores. Diríjase a ellos considerándoles como seres humanos perceptivos, sensibles. Arriésguese. Establezca el contacto. Permita que emerja su verdadero ser, su ser interior. Tal vez descubra un nuevo «yo», y tal vez lo descubran también sus amigos, sus asociados, sus familiares y sus seres más queridos.

7.

Tercera parte Mantener el impulso

La programación del trabajo con los Utensilios de Vida

El objetivo del Programa de Adecuación Interior consiste en fomentar las aptitudes necesarias para: 1) crearnos oportunidades de elección, y 2) conquistar la fortaleza emocional precisa para ayudarnos a materializar nuestros sueños. Sólo alcanzaremos estos objetivos si convertimos los Utensilios de Vida en parte integrante de nuestra existencia. Del mismo modo que, para mantenernos físicamente en forma, incluimos en nuestra rutina diaria el hacer ejercicio y una alimentación sana, debemos incluir los Utensilios de Vida en nuestro método personal para ponernos en buena forma mental y emocional. Pero ¿cómo aplicar los Utensilios a nuestra vida de tal manera que resulten eficaces? Conservándolos al alcance de la mano y recordando sus mensajes cada vez que nos enfrentamos con un problema, una situación espinosa o una crisis emocional. Practicando con los conflictos internos leves, lo que nos permitirá manejar mejor los problemas importantes. Dibujando de vez en cuando sus símbolos visuales para refrescarnos la memoria e inclinarnos hacia soluciones más imaginativas. Utilizando la Hoja de Programación que voy a describir para buscar enfoques nuevos y originales. Y volviendo a ellos una y otra vez, siempre que surjan necesidades específicas.

Cada uno de los Utensilios se superpone con toda intención a los demás y los refuerza. La conciencia de libertad de elección suscitada por el Círculo y los Puntos puede ser despertada por la Gota de Pegamento, puesto que demorar las decisiones nos aparta de pensar en términos de lo obvio o lo tradicional. La advertencia de las Campanillas halla su eco en el mensaje positivo de la Estrella Polar. Permanecer atentos al Reloj nos permite ver los cambios que se producen en los demás y, por lo tanto, nos ayuda a utilizar el proceso de comunicación del Lazo de Pajarita. Cuando practique el Programa de Adecuación Interior, procure aplicar a un problema determinado todos los Utensilios, uno por uno, siguiendo el orden de lo que yo llamo la Hoja de Programación de los Utensilios de Vida. Tome una hoja de papel y, en uno de sus lados, haga una lista de los seis Utensilios, por orden, y aplique luego cada uno de ellos al problema de que se trata. La Hoja de Programación puede ser utilizada también después de terminado un conflicto, como una especie de terapia que le ayudará a delimitar y a comprender mejor una situación difícil, mostrándosela desde otra perspectiva. Este tipo de enfoque sistemático comunica a su evaluación de la situación un aspecto dinámico, permitiéndole encontrar soluciones originales para sus problemas crónicos. Con la práctica y el condicionamiento, haciendo los ejercicios que figuran al final de cada capítulo y pensando diariamente en sus distintos mensajes, se acaba por interiorizar los Utensilios. Se transforman entonces en una parte natural, incluso inconsciente, de nuestro proceso de decisión. Dejamos de ver la imagen del Círculo y los Puntos, por ejemplo, condicionados ya como estamos a mantener espontáneamente nuestra mente abierta a todas las opciones. Al cabo de cierto tiempo, los Utensilios se funden en una actitud creativa, que genera un nuevo sistema de pensamiento. Veamos ahora cómo actúan juntos los Utensilios en un sistema interrelacionado. Los dos primeros ejemplos muestran la aplicación de los mismos de acuerdo con la Hoja de Programación. En los dos casos siguientes, se utilizan diversos Utensilios.

Primer ejemplo de la hoja de Programación: Sandra K. En el capítulo 9 conté ya el caso («Vamos a bailar») de Sandra K., redactora de una revista de modas, que asistió a una cena profesional con su marido. Dado que consideraba importante para su carrera mostrarse en aquella

cena bajo su aspecto más halagüeño, insistió en que Freddie, su marido, ordinariamente poco emotivo, bailase con ella, en lugar de sentarse a la mesa en su actitud habitual, fría y distante. Cuando él dijo que odiaba la música y que no le apetecía en absoluto bailar, empezaron a discutir, hasta que Sandra abandonó indignada el salón de baile. Aquella noche, en su casa, se enzarzaron en una furiosa disputa. En el capítulo anterior expliqué en qué sentido el Lazo de Pajarita podía haber ayudado a esta pareja a abrirse paso a través de su mutua incomprensión y a evitar el conflicto. De hecho, al día siguiente de su disputa, me entrevisté con Sandra, muy perturbada por el choque con su marido. Revisamos juntos los Utensilios de Vida y le pedí que los aplicase a posteriori, utilizando para ello la Hoja de Programación. Su análisis puso de manifiesto cómo pudo haber usado todos los Utensilios de Vida para que la ayudasen a comprender y explorar su particular problema, encontrando algunas soluciones para él y para la fricción subyacente en sus relaciones con su marido. Fíjese en el cambio de enfoque y en la modificación de los sentimientos y los pensamientos de Sandra a medida que profundiza en la dificultad sirviéndose de los Utensilios. Habla Sandra: La Gota de Pegamento. Cuando dejo caer una Gota de Pegamento sobre mis labios, la oleada de palabras furiosas se detiene. Hago una pausa y trato de controlarme. Dejo de censurar a Freddie, de presumir que sé lo que está sucediendo, de racionalizar mi cólera. Cierro los ojos y permanezco silenciosa, dispuesta a aceptar los nuevos sentimientos y las ideas que surjan. El gran amor que Freddie me inspira vuelve a la superficie. Es posible que yo tenga parte de la culpa. Quizá me preocupo excesivamente de las apariencias. Deseo encontrar una solución. Aplico entonces dos Gotas de Pegamento más, respiro profundamente y siento que mis asperezas se suavizan. Me concentro más en lo que siento que en lo que pienso. Mi sensibilidad aumenta. Mi punto de vista habitual, limitado a lo profesional, y mi estrechez de miras empiezan a ensancharse y veo las cosas desde una perspectiva más amplia. Las Campanillas. En el momento en que insistía para que Freddie bailase conmigo, oí sonar mis Campanillas. Vi la cara de mi marido. Conocía su humor. Tenía el presentimiento profundo de lo que iba a ocurrir a continuación. Y sin embargo, decidí ignorar las señales de advertencia. ¿No querría, en realidad, provocar una discusión entre nosotros? ¿Es posible que la violencia de mi reacción se debiese a los sentimientos

ambiguos que me inspiraba la situación, a un sentimiento de culpabilidad a causa de mi afán de lucirme ante mis colegas y mis superiores? ¿O mi hostilidad obedecía tan sólo a que Freddie me hacía sentirme culpable por mi éxito profesional? ¿Simplemente me mostraba irrazonable o egoísta, o estaba descargando mi furia sobre él? El Círculo y los Puntos. Obviamente, nuestro problema no tiene nada que ver con el baile. ¿Cuál es el verdadero problema? ¿Qué Círculos podría trazar? Los más importantes parecen tener como centro el problema de Freddie con respecto a mi éxito profesional y mi desdicha frente a su reciente frialdad y falta de emoción. ¿Cuáles son mis opciones? Divorcio. Separación. Un amante... Pero quiero demasiado a Freddie para eso. Vacaciones. Una segunda luna de miel. Una discusión franca de nuestros problemas. Seguir añadiendo puntos. Recurrir a un consejero matrimonial. Tal vez eso sea lo mejor. Quizá la raíz de nuestro problema esté en que Freddie no se siente feliz en su trabajo. Durante años, le ha causado frustraciones, mientras que yo permanecía tan absorta en mi propia carrera que no veía hasta qué punto le afectaba esto, redundando todo ello en nuestras relaciones. Si yo le alentase a buscar otro trabajo más interesante, quizá lograríamos superar juntos este bache. La Estrella Polar. Hay un sueño que acaricio desde hace mucho tiempo: algún día, Freddie y yo saldremos de este mundo de competencia despiadada en que nos movemos y crearemos nuestra propia empresa en el campo. Todo lo que nos hace falta es contar con un poco de capital. Entonces podríamos fundar también una familia. Quizá debería hablarle de esto, trazar con él algunos planes, empezar a ahorrar. Podríamos explorar nuestras aficiones mutuas y decidir qué clase de negocio nos interesaría. A los dos nos encantan las antigüedades. A los dos nos entusiasman los paradores rurales. Si compartimos un sueño y nos esforzamos por alcanzarlo, estaremos seguros de acercarnos más el uno al otro y de formar una pareja más armoniosa. El Reloj. Me siento insegura. Dependo de Freddie y busco su aprobación. Sin embargo, se trata de sentimientos antiguos, una reliquia de un estadio anterior de nuestras relaciones. Cuando nos conocimos, él era ya un veterano de la universidad, mientras que yo era una novata. Le consideraba como a alguien superior, alguien lleno de sabiduría y de confianza en sí mismo. Era un intelectual, y yo admiraba su concepción racional, lógica

del mundo. Pero ya no soy la misma de antes, y él ha cambiado igualmente. La Sandra actual y el Freddie actual son muy distintos de la Sandra y el Freddie de hace una década. Ahora somos iguales. Ahora veo que puede mostrarse obstinado e inseguro. Le cuesta trabajo expresar sus emociones, lo mismo que a su padre. En los últimos tiempos, nuestra actividad sexual ha sido esporádica, no lo que acostumbraba a ser. Pensé que se trataba de algo natural después de diez años de matrimonio. Pero quizá sea la consecuencia de los cambios ocurridos en nuestras relaciones y de la ira creciente que sentimos el uno contra el otro. Posiblemente, me conviene fijar un plazo para renovar las promesas que nos hicimos al casarnos y revivir nuestro sueño, a fin de tener algo concreto por lo que esforzarnos. El Lazo de Pajarita. ¿Por qué Freddie se negó a bailar? ¿Qué había en su Triángulo Interior, oculto tras las palabras con que expresó su negativa? Intentaré imaginar el mundo desde el punto de vista de Freddie. Probablemente su ego se sentía herido. No sólo le forcé a que me acompañase a la cena, sino que pasé la mayor parte de la velada yendo de mesa en mesa. ¿No me porté con excesiva despreocupación? Mi petición parecía insignificante, pero está claro que no era tan insignificante a los ojos de Freddie. ¡Qué raro! Después de todos estos años, de repente no estoy tan segura de conocerle realmente. Aplicando la Hoja de Programación de los Utensilios de Vida, Sandra cayó en diversos puntos importantes y trazó varios planes realistas. Se hizo más consciente de la presión a la que se veía sometido Freddie. Encaró los conflictos que su carrera les estaba causando y animó a Freddie a buscar otros puestos de trabajo, capaces de aliviar su frustración. Y dio los primeros pasos para cumplir su gran sueño tan pronto como Freddie y ella tuvieron ocasión de pasar unas vacaciones en el campo. Visitaron las tiendas de antigüedades y los paradores rurales e hicieron algunos planes a largo plazo. A su regreso, Freddie solicitó una entrevista en una entidad que reclutaba personal ejecutivo para otras empresas. Sandra prometió no volver a arrastrarle a sus reuniones profesionales, a menos que fuera absolutamente necesario, mientras que Freddie le prometía a ella llevarla a bailar el sábado por la noche.

Segundo ejemplo de la Hoja de Programación: Una ocasión de invertir Hace poco, Steven T. acudió a verme con objeto de proponerme una inversión que implicaba la utilización de un nuevo sistema para hacer publicidad de valores. Consistía en presentar las ofertas de venta de valores en la parte de atrás de las cuentas de los supermercados. Steven y su socio, Tom L., me expusieron la idea y me convencieron de que tenían resueltos la mayoría de los problemas técnicos. Habían despertado ya el interés de muchos anunciantes, me dijeron. La idea parecía buena. La proporción entre riesgos y ganancias, excelente. Y empecé a pensar en todas las posibilidades de expansión y de otorgamiento de concesiones. La idea me atraía, pero, ya a punto de hacer una inversión sustancial, decidí, antes de tomar una decisión definitiva, hablarme a mí mismo a través de los distintos pasos de la Hoja de Programación de los Utensilios de Vida. La Gota de Pegamento. Aquí estoy, pensando en los medios de ampliar este proyecto de los valores, de establecer un sistema de concesiones, de presentarlo al público, incluso en adquirir la propiedad del negocio, antes de haber decidido si voy a invertir o no y de haber pensado siquiera en las implicaciones de tal inversión. No debo olvidar mis propios consejos: una mente en la que se ha hecho el vacío es el comienzo de la sabiduría. Aplicaré una Gota de Pegamento para detener el flujo de las palabras. La polvareda empieza a posarse. Me doy cuenta de que he estado trabajando con la premisa tácita de que, si algo tiene sentido, merece la pena hacerlo. La verdad es que tal premisa no da siempre resultado. He permitido que mi espíritu de empresa se impusiese a mi reflexión. Debo abrir los canales de mi lado espiritual, intuitivo. Aplicaré otras dos Gotas de Pegamento y meditaré. Las Campanillas. Presto atención a mis Campanillas y las oigo tintinear. Recorro la lista y compruebo que estoy escuchando el sonido de la Campanilla de mi Debilidad Personal. Estoy cediendo de nuevo a ella, es decir, a punto de hacer el primo atraído por una idea original. Si no tengo cuidado, me habré metido de cabeza en el negocio sin siquiera darme cuenta. En ese momento, recibo un mensaje insistente de mi Campanilla del Sexto Sentido. Descubro que Tom me inspira ciertas reticencias, vagas, pero profundas. Aunque es un hombre brillante, no estoy seguro de confiar

en él. No estoy seguro de que seamos capaces de colaborar sin chocar. La Hoja de Programación está empezando a despejar mis canales. El Círculo y los Puntos. Si estuviera pensando de verdad en especular, tendría a mi disposición numerosas opciones. Por ejemplo, podría reconsiderar algunos de los proyectos financieros en los que Larry B. me ha estado presionando para que entre. Podría también poner en práctica alguna de mis propias ideas... Se me ocurren a montones. Mejor aún, podría financiar una compañía de teatro prometedora, pero que no haya triunfado todavía, o una comedia musical de mi propia creación. La idea de respaldar a Steven y a Tom no es más que uno de los Puntos del Círculo, una respuesta al problema. Y aunque la idea me atrae, se trata en realidad de una respuesta a un problema que no me atañe, puesto que no estoy buscando algo en lo que invertir. La Estrella Polar. Al pensar en la Estrella Polar y dejar que mi lado intuitivo emerja y se exprese, me doy cuenta de que este proyecto no tiene nada que ver con mi fascinación fundamental. Lo que veo en el cielo no es mi Estrella Polar, sino el símbolo del dólar. Este compromiso pudo tener sentido para mí hace algunos años, pero ahora sólo despierta la impresión de verme coaccionado. Tengo que ser sincero conmigo mismo. No puedo permitirme volver atrás y caer en mis antiguos hábitos. Aunque suponga una gran oportunidad de ganar dinero, exigiría sin duda una gran proporción de mi tiempo y de mi energía. Pero he decidido que mi felicidad consiste en dedicarme a la escritura y a la música. ¿Por qué he de ceder a la fascinación de otra persona cuando puedo ceder a la mía? El Reloj. No soy la misma persona que hace veinte años. El Víctor Dishy actual no es el Víctor Dishy de hace veinte años. Mis necesidades y mis metas han variado. Creo que estoy juzgando esa propuesta de acuerdo a mis valores de entonces. Pienso como si formase parte todavía del mundo de los negocios, pero mis prioridades actuales no coinciden con mis prioridades hace dos décadas. ¿Y cuáles serían las repercusiones? Si me meto en este proyecto, me hundiré de nuevo cada vez más profundamente en los negocios, cosa que no deseo en modo alguno en este momento de mi vida. El Lazo de Pajarita. Repasando mis entrevistas con Steven y Tom, observo que he captado en sus Triángulos Interiores algo que me perturba. Ambos son jóvenes, voluntariosos, llenos de ambición... Quizá demasiado. Tengo

la impresión de que necesitan que se les refrene, que me sería preciso vigilarles. En mi opinión, nuestras relaciones serían laboriosas e incómodas, por lo menos para mí. Tras recorrer toda la Hoja de Programación de los Utensilios de Vida, mi decisión se cristalizó casi instantáneamente. Rechazaría la oferta. Y esa decisión me hizo sentirme bien. La tensión y la ansiedad me abandonaron. La aventura presentaba todas las características de un negocio lucrativo, pero, si queremos convertir los Utensilios en la base de nuestra vida, tenemos que aprender a decir no.

Caso número 1: Abbe K. Abbe K. trabaja desde hace cuatro años como redactora en una empresa de publicidad. Vive sola en un estudio, en un grupo de viviendas protegidas. Aunque le encanta su trabajo y aprecia a sus amigos, le pesa la soledad y se siente cansada de la ciudad. Demasiado tímida para intentar ligar en los bares, dedica los fines de semana a hacer compras, trabajar e ir sola al cine. Cuando la llaman de una agencia de ofertas de empleo para hablarle de un puesto como directora asociada del departamento de creación en una pequeña empresa de publicidad de San Diego, piensa: «¿Por qué no?». Y acude a la cita. La entrevista se desarrolla bien y le piden que se desplace a San Diego para precisar un poco más las cosas. Una vez allí, le ofrecen efectivamente el puesto, dándole de plazo hasta el lunes siguiente para tomar su decisión. Dado que Abbe se ha entrenado en el Programa de la Adecuación Interior, aplica a su situación distintos Utensilios. Oye el sonido de su Campanilla de la «Trampa», advirtiéndole que se ha dejado prender en la red de sus circunstancias. A los treinta y cinco años, tiene miedo de que su juventud se desvanezca y de trabajar hasta agotarse para, al final, encontrarse sin nada. No está ahorrando gran cosa y, en cuanto a su vida amorosa, ni siquiera merece la pena hablar de ella. Sin embargo, pensar en un traslado la aterroriza. Significaría dejar de ver a sus mejores amigos, Jan y Marcie, dejar de ir a la Pete's Tavern, olvidar su rutina familiar. ¿Conseguirá recrear con sus muebles en San Diego la misma atmósfera acogedora de que disfruta ahora en su estudio? ¿Le gustará su nuevo trabajo? ¿Encontrará amigos? ¿Le agradará el ambiente relajado de la Costa Oeste? Y si las cosas no le van bien, ¿qué hará? Abbe piensa en la Estrella Polar y trata de precisar su sueño. ¿Qué la atrae verdaderamente? ¿Qué es lo que más desea en el mundo? Escucha la respuesta, que suena fuerte y clara en lo más profundo de sí misma. Quiere tener un hijo. Su reloj biológico señala la hora, quiere tener un hijo, con

marido o sin él. La idea de criar sola a un niño en Nueva York le ha parecido siempre impracticable y desalentadora. La idea de criar un hijo en San Diego, disponiendo de una casa, quizá cerca de la playa, se le aparece como mucho más asequible. Y de pronto, la imagen de la Estrella Polar empieza a resplandecer en su cabeza. Se da cuenta de que, hasta el momento, ha pensado únicamente en los aspectos prácticos del traslado. Preocupada por los detalles, ha olvidado sus necesidades más profundas, espirituales. Su Estrella Polar le hace guiños para que reanime la pasión de su vida. Quizá en San Diego disponga del tiempo preciso para iniciar la novela con la que ha soñado durante todos estos años. Abbe recuerda después el Círculo y los Puntos, pero comprende que ya no es hora de buscar otras opciones. No sería más que otro pretexto para posponer la decisión. Y esa decisión la obsesiona hasta tal punto que acaba por experimentar angustia. Los pros y los contras de la situación se entremezclan de manera inextricable. Empieza por comerse un helado para calmar su ansiedad, pero sólo sirve para hacerla sentirse peor todavía. Por último, se aplica una Gota de Pegamento entre los labios, deja de pensar irreflexiva y compulsivamente y se detiene para recobrar su aliento emocional. Visualiza la niña que desea tener. Se llamará Amanda y tendrá el cabello castaño y rizado, y la nariz respingona. Se imagina caminando con ella de la mano a lo largo de una playa o por las calles de una limpia y acogedora ciudad, lejos del duro cinismo de Nueva York. Y continúa su visualización, viéndose tostada por el sol y con aspecto saludable, conociendo a gente nueva, habituándose a la vida fácil de California. De pronto, se aplica dos Gotas de Pegamento más y se sume en un profundo silencio interior. Alcanza un estado de armonía. Emerge entonces su ser más profundo, más apasionado. Sin traducirlo en palabras ni intentar razonamientos, siente que ese traslado es lo mejor que puede hacer. Sólo después de esta experiencia, verbaliza sus sentimientos: «Nunca se me ofrecerá de nuevo una ocasión semejante. No sé si estaré mejor allí, pero tengo que arriesgarme y tratar de averiguarlo». La imagen del Reloj acude ahora a su mente, reforzando su decisión, recordándole que es una persona en mutación, con necesidades cambiantes. Nueva York estuvo bien para ella hasta el momento, pero ahora la calidad de la vida y el disfrutar del tiempo le interesa más que el éxito o el dinero. San Diego parece responder mucho mejor a sus nuevos y más altos objetivos. En el peor de los casos, si no le va bien en su nuevo trabajo, siempre puede regresar a Nueva York, especialmente si se limita a subarrendar su apartamento. Quizá

encuentre en San Diego al hombre de su vida. Quizá su trabajo le dé mayores oportunidades de demostrar su creatividad y le permita ganar más dinero. Sus Campanillas suenan de nuevo, impulsándola a la acción. Piensa en lo que sucedería si rechazase esa oferta de trabajo, en las mañanas de los lunes en la oficina, enfrentándose a las reuniones de siempre con los mismos compañeros, luchando con clientes semejantes y regresando luego al mismo apartamento. Por otra parte, la oferta le ha abierto ya los ojos, estimulándola y haciéndola cambiar de perspectiva. Ahora siente que rio trasladarse a San Diego, que elegir el quedarse sería perjudicial para su vida. Acepta la tensión de la mudanza y del cambio como el precio que ha de pagar por las nuevas oportunidades que se le ofrecen, sin olvidar que, mientras las incomodidades son provisionales, las lamentaciones duran eternamente. Así que Abbe se decide y acepta el trabajo.

Caso número 2: Joyce H. Durante los últimos cuatro años, Joyce H., atractiva fotógrafa de treinta y un años, de ojos oscuros y brillantes, ha estado viviendo con Jason S., un hombre de treinta y cinco años, delgado, barbudo, que está luchando por conseguir publicar su primera novela. Al principio, Joyce consideraba sus relaciones como interesantes y estimulantes. Aunque Jason se hallaba completamente absorto en su escritura, mostrándose egocéntrico y con frecuencia muy irritable, Joyce le trataba con amor y comprensión. Le agradaba vivir con un escritor y consideraba con indulgencia a Jason y su «temperamento artístico», sabedora de lo difícil que resulta escribir y de lo desesperadamente que Jason anhelaba conquistar el éxito. Ahora, sin embargo, al cabo de cuatro años, el resplandor se ha desvanecido. Joyce no trabaja como fotógrafa y se siente inútil y no deseada. Las dudas sobre sí misma la atormentan y tiene la impresión de vegetar a la sombra de Jason. En ese momento, se entera de la existencia del Programa de Adecuación Interior. Visualizando el Lazo de Pajarita, Joyce examina a fondo la dinámica interna de su vida con Jason. «Nuestras relaciones son imposibles -se dice-. Me siento como si durante estos últimos cuatro años hubiese vivido dando vueltas a una noria, como en trance. He perdido todo control sobre mi propia vida. Sólo hago lo que él me dice. ¡Dios mío, estoy furiosa! Me temo que no

estoy preparada para llevar una vida agradable... O quizá, simplemente, es que no me la merezco.» De pronto, Joyce se da cuenta de que su necesidad de tomar Valium, su estreñimiento crónico y sus insomnios son las señales físicas de que sus Campanillas están sonando. Gracias a la Adecuación Interior, empieza a comprender que el único medio de superar sus tendencias negativas consiste en ceder a las positivas. Escucha el repicar de sus Campanillas, tomándolas como una advertencia de que un peligro amenaza su vida. Advirtiendo que no puede permitirse el lujo psicológico de seguir explorando y disecando por más tiempo su pasado, comienza a hacerse cargo de su propia vida. Encuentra luego un viejo recorte de periódico en que se anuncia la Colonia MacDowell, un establecimiento elitista de New Hampshire. La Colonia invita a artistas de diferentes campos a pasar quince días viviendo y trabajando juntos, en un ambiente de creatividad. Aunque Joyce ha estudiado fotografía y cuenta ya con un conjunto de obras propias, lleva tiempo dejando de lado su talento, lo mismo que ha sometido su personalidad a las necesidades de Jason. Durante años, ha olvidado su Estrella Polar. Ahora, sin embargo, siente que una llama diminuta, pero brillante, comienza a arder en su interior. Por una vez, obedecerá a su fascinación. Se acuerda del Círculo y los Puntos, y el amarillento recorte de periódico se transforma de repente en una nueva opción, una oportunidad de despertar su creatividad adormecida y controlar su destino. Joyce llama a MacDowell y, ante su sorpresa, aceptan su solicitud. Por primera vez en su vida, alguien se toma en serio su cualidad de artista. «¡Vaya! -se dice a sí misma- Resulta que tengo talento...» Obedeciendo a sus Campanillas, pone las cosas en movimiento. Su Estrella Polar brilla resplandeciente. Al ceder a su fascinación, Joyce emite torrentes de energía positiva. Se siente mucho mejor y se incita a sí misma a seguir un nuevo camino. Cuando regresa a su exiguo apartamento de la ciudad, se aplica una Gota de Pegamento. Decide entonces poner punto final al papel que estaba representando, dejar de reaccionar en forma predecible. A partir de ahora, tratará de encontrar soluciones originales. Sin saber muy bien por qué, ni ser capaz de explicar sus motivaciones (y sin haber tomado ninguna decisión acerca de si continuará viviendo o no con Jason), comienza a buscarse un nuevo alojamiento. Sencillamente, tiene la impresión profunda de que eso es lo que debe hacer. Una vez condicionada para utilizar los Utensilios de Vida, comienza a inspirarle un mayor temor el cruzarse de brazos que el

actuar. Un cambio, cualquier cambio, le parece mejor que el status quo. Poco a poco, empieza a adoptar el estilo de vida optativo. Al recibir la noticia de la muerte de uno de sus primos, que tenía cuarenta años, víctima de un atraco a mano armada contra su tienda de lámparas de Greenwich Village, visualiza la imagen del Reloj y piensa en la brevedad de la vida, en que no hay tiempo que perder. Mira hacia atrás, a los últimos cuatro años, y se pregunta: «¿Deseo seguir de este modo? ¿Es éste el futuro que quiero para mí?». Unas semanas más tarde, encuentra un nuevo apartamento, rompe con Jason y se consagra a la fotografía. En muy poco tiempo, los insomnios desaparecen, mientras que adquiere una nueva conciencia de sí misma. Sus reacciones neuróticas se desvanecen y, por primera vez, empieza a vivir la vida de acuerdo con sus propios términos, satisfaciendo sus propias necesidades. Se siente como una mujer nueva, como alguien que se pertenece a sí misma. Y ese sentimiento la libera.

11 Seguir adelante

En esencia, la Adecuación Interior es un programa práctico que nos obliga primero a prestar oído a nuestros sueños y nuestras intuiciones y a trazar después planes realistas para actualizar esos sueños y obrar siguiendo esas intuiciones. Nos obliga a abandonar la teoría y pasar a la práctica, a desarrollar nuestras percepciones y a planear sólida, meticulosa, fundamentadamente. Sólo apoyando las intuiciones en datos y experiencias de primera mano tendremos las mejores oportunidades de alcanzar nuestras metas. Pero las ventajas que nos procura van más allá de esta filosofía práctica y de su probada eficacia. Nos induce a ver lo extraordinario en lo ordinario, lo cual significa asentir al pensamiento de Albert Einstein: «Dios está en los detalles». Escuchemos las palabras del pintor Antoni Tapies, que nos ofrece una profunda descripción de lo que significa ver el mundo con los ojos de alguien que busca la magia en las cosas pequeñas: «Toma el objeto más sencillo que se te ocurra, una silla vieja, por ejemplo. A primera vista, no parece gran cosa. Pero piensa en el universo completo que se encierra en ella: las manos y el sudor de la persona que aserró la madera, que fue en su tiempo un árbol robusto, lleno de energía, en medio de un espeso bosque encaramado en las montañas; en el amor que quien la construyó puso en su trabajo; en el placer de la persona que la compró; en las penas y las alegrías que sin duda soportó durante su estancia en un salón lujoso, o quizá en el modesto comedor de una familia de la clase obrera. Todo, absolutamente

todo, representa la vida y tiene importancia. Incluso la silla más desvencijada lleva en sí la savia que, mucho tiempo atrás, en el bosque, ascendió de la tierra. Y todavía servirá para dar calor el día en que, reducida a simples trozos de madera, arderá en una chimenea». La próxima vez que tenga ante usted a una persona a la que conoce hace años, recuerde todo lo que Antoni Tapies ve en una silla. Mire realmente a esa persona. Concéntrese en aquello que la convierte en alguien especial. Trate de captar y comprender los sueños que tuvo en su día y que se han desvanecido, los placeres de los que disfrutó, sus penas, sus combates internos, sus amores y sus odios. Vea a esa persona a un nivel funcional, observándola con los ojos de un artista.

Vivir basándose en probabilidades Comprometerse a actuar no resulta más fácil por el hecho de encarar la realidad. En la vida no existen garantías, únicamente probabilidades. Nunca podemos estar seguros de adonde nos conducirán nuestras decisiones. Dado que tanto el mundo exterior como nuestro mundo interior se modifican constantemente, tenemos que aprender a basarnos en probabilidades y no en garantías. Buscar la certeza absoluta con respecto a las cosas de la vida es el medio más seguro de cortocircuitar todo nuestro mecanismo decisorio. Ni siquiera los Utensilios de Vida son absolutamente precisos. A veces, nuestras Campanillas se equivocan y, a veces, el Punto que seleccionamos dentro del Círculo de opciones no nos aporta la solución para todos nuestros problemas. Enfrentarse a un mundo incierto y aventurado exige en cierto modo las mismas destrezas que montar en bicicleta. Sólo se logra la estabilidad haciendo constantes e imperceptibles ajustes. Nos «dejamos llevar por la corriente», como suele decirse, modificando continuamente nuestra posición para adaptarnos a las exigencias de un mundo siempre en progresión. Para resolver un problema, aplicamos una técnica de ensayo-error, que incluye una sucesión de tanteos y de correcciones. Para operar con un máximo de eficiencia en un mundo donde la certeza es ilusoria, hemos de evitar aferramos al descubrimiento de una inexistente solución perfecta.

El salto emocional La simple aceptación de la falta de certeza en este mundo no siempre es suficiente para inducirnos a movernos. A veces, como Hamlet, nos vemos frenados e inmovilizados por nuestra propia tendencia a la racionalización. Creamos un magnífico campo en el que cultivar nuestras dudas y terminamos echando abajo nuestros planes más detallados. Inclinándonos excesivamente a tomar la razón como guía, analizamos y pesamos nuestras opciones, una y otra vez, sin pasar nunca a la acción.

El obstáculo mayor que se alza en el camino del movimiento creativo, positivo, consiste en la creencia de que una decisión es una cuestión puramente racional.

En realidad, no importa lo cuidadosamente que la preparemos. Toda decisión supone una implicación emocional. Debido a la falta de certeza, nunca podemos estar totalmente seguros de que tenemos razón, ni conocer cuáles serán las consecuencias de nuestra decisión. Por consiguiente, cuando actuamos, nuestros cálculos racionales han de combinarse con nuestros cálculos emocionales. En otras palabras, debemos tomar en cuenta nuestros sentimientos, nuestra intuición, al mismo tiempo que nuestra percepción de los datos de la situación. Necesitamos una chispa emocional que nos induzca a actuar, que nos infunda la energía física precisa para obligarnos a poner en práctica nuestra decisión.

En el momento de pasar a la acción, todas las decisiones se convierten en saltos emocionales. Aunque un razonamiento cuidadoso nos da un margen de seguridad y nos prepara para ponernos en movimiento, ejecutar ese movimiento exige fe y confianza en nosotros mismos. Comprender esto es la clave que permite salir del callejón mental al que nos conduce el miedo o la pasividad. Cultivar la autoconfianza y la resolución emocional fue uno de los objetivos principales del Programa de Adecuación Interior. Incluso Bernard Baruch, respetado consejero de presidentes y mago de Wall Street, cuando le preguntan el secreto de su éxito financiero, dice que

primero recoge el mayor número de datos posibles y, a continuación, se lanza. Puesto que sólo podemos manejar probabilidades y puesto que un razonamiento exhaustivo sólo puede conducirnos al borde de la decisión, en último término, todo acto no es otra cosa que una prueba de nuestro valor emocional.

Convertir la vida en un arte Si ponemos en ello el cuidado debido, la simple facultad de vivir puede ser elevada a la categoría de un arte. Lo mismo que un escultor modela el barro o que un pintor, pincelada tras pincelada, crea un cuadro, nosotros, con cada acto que ejecutamos y con cada decisión que tomamos, creamos nuestra propia vida, nuestra obra de arte viviente. Con la sensibilidad del artista, pronto nos daremos cuenta de que cada día supone un nuevo comienzo, una nueva aventura y una nueva oportunidad de crear. Naturalmente, no todos los días serán obras maestras. Igual que un pintor descarta muchos esbozos, también nosotros desearíamos arrojar a la papelera algunos días difíciles, frustradores. Afortunadamente, hay días tan bellos que su efecto se prolonga durante toda la vida, sobre todo cuando los cambios decisivos que dan forma y orientan a ésta tienen lugar durante esos días. No existe un estilo o una técnica artística que se pueda considerar como «superior» a los demás; no existe tampoco un medio «perfecto» para modelar nuestra vida. Las opciones son infinitas, tan infinitas como las oportunidades que se nos ofrecen de vivir eligiendo nuestro propio camino. Y así hemos llegado al término del Programa de Adecuación Interior. Pieza por pieza, hemos reunido un conjunto destinado a permitirnos vivir más plenamente. Utilizados con constancia y conocimiento de causa, los Utensilios descritos en este libro nos llevan a adquirir las cualidades necesarias para adoptar un estilo de vida libre, un estilo de vida encaminado a aumentar nuestras oportunidades de expansión personal y de elección en nuestro mundo social, profesional y privado. Como la silla descrita por Antoni Tapies, contenemos en nuestro interior todo un universo. Es mi deseo más profundo que la Adecuación Interior infunda vida a ese universo en cada uno de nosotros y transforme nuestro tiempo sobre la tierra en una obra de arte activa y original. /

Indice

Prefacio: Hablar no es suficiente Introducción: La Adecuación Interior y los Utensilios de Vida. Cómo utilizar este libro

PRIMERA PARTE: El comienzo 1. Adecuación Interior: Un programa de condicionamiento mental y emocional 2. Cómo pasar de una vida de «tengo que» a una vida de «yo elijo» 3. Adecuación Interior: El precalentamiento

SEGUNDA PARTE: LOS Utensilios de Vida 4. 5. 6. 7.

Primer Utensilio de Vida: La Gota de Pegamento Segundo Utensilio de Vida: Las Campanillas Tercer Utensilio de Vida: El Círculo y los Puntos Cuarto Utensilio de Vida: La Estrella Polar

8. Quinto Utensilio de Vida: El Reloj 9. Sexto Utensilio de Vida: El Lazo de Pajarita

TERCERA PARTE: Mantener el impulso

10. La programación del trabajo con los Utensilios de Vida 11. Seguir adelante