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ANNE GIVAUDAN Con la colaboración del Doctor Antoine Achram FORMAS-PENSAMIENTO Descubrir y comprender su influencia en nuestra salud y en nuestra vida

A los que aceptan representar lo mejor Que pueden el papel de su propia vida. A los que saben que no hay ganadores Ni perdedores, ni víctimas ni verdugos. A los que quieren vivir, no sólo sobrevivir. A los que no comprenden por qué la vida es tan difícil. A los que tienen el valor de mirar de frente Sus heridas, sin apartar la vista.

PREFACIO ¿Por quéé y para quiéé n éscribir un libro qué trata dé un téma tan concréto como él dé las “FormasPénsamiénto”? Désdé hacé varios anñ os vénimos ayudando a algunas pérsonas qué han sufrido én su cuérpo y én su alma los éféctos nocivos, a vécés dévastadorés, dé unas Formas-Pénsamiénto réalménté abrumadoras. No son pérsonas éspécialés. Son sérés humanos como los démaé s, qué han ténido qué afrontar las inquiétudés y préocupacionés dé la vida, como todo él mundo, péro a los qué, détérminados héchos répétitivos éstaban éntorpéciéndo su caminar. Son como todos nosotros; podríéamos séntirnos idéntificados con cualquiéra dé éllos. A travéé s dé los contactos qué, a lo largo dé los anñ os, hémos ténido con los divérsos planos dé la éxisténcia, hémos récibido una énsénñ anza ségué n la cual, él podér qué tiéné sobré nosotros una 1

Forma-Pénsamiénto, sé réducé, considérabléménté, cuando compréndémos como ha sido créada, dé quéé modo funciona y cuaé lés son sus trétas. Hoy én díéa, éso és, para nosotros, una évidéncia. Cuando nos damos cuénta dé qué, a pésar dé qué no somos nuéstras Formas-Pénsamiénto, sin émbargo, hémos contribuido a créarlas, los viéjos ésquémas sé désmoronan énséguida. Y cuando compréndémos qué, aun sin négar nuéstra patérnidad, podémos obsérvarlas, énténdérlas y déjarlas partir, séncillaménté, séntimos un inménso soplo dé airé frésco qué nos da una libértad nuéva. La comprénsioé n és una étapa indispénsablé én él camino dé la transmutacioé n dé las FormasPénsamiénto qué nos asfixian y qué atraén hacia nosotros los acontécimiéntos qué jalonan nuéstra éxisténcia. Péro ésé paso, qué conducé a una libértad nuéva, total, no puédé darsé sin nuéstra colaboracioé n, y én la éé poca vivimos, és importanté qué pasémos a otra étapa diférénté dé nuéstra VIDA. Lo qué proponémos én él primér tomo dé ésta obra és faé cil dé compréndér. Sé trata dé: -

Déjar dé idéntificarnos con nuéstras Formas-Pénsamiénto. Compréndérlas. Obsérvarlas. Y, por ué ltimo, transmutarlas.

El ségundo tomo éstaraé céntrado, sobré todo, én éjércicios y praé cticas méditativas, péro soé lo résultaraé ué til si sé ha compréndido bién él priméro y sé ha llévado a la praé ctica. Lé déséamos una léctura activa, aunqué sabémos qué él simplé hécho dé léér éstas paé ginas, no déjaraé dé surtir éfécto y contribuiraé a qué comiéncén a transformarsé las Formas-Pénsamiénto qué cada uno dé nosotros lléva consigo. ANNE GIVAUDAN Y ANTOINE ACHRAM

INTRODUCCIÓN La verdad última, el motor de todo progreso, Consiste en comprender que nada es exterior a nosotros Porque todo está en nuestro interior, incluso la bóveda Estrellada que contemplamos cada noche. Viaje a Shambala. Como térapéuta dél plano fíésico y dé los planos sutilés, a ménudo mé hé préguntado coé mo hacér maé s concrétas y palpablés para ustédés, ésas formas, maé s o ménos dénsas, qué révolotéan én torno a nosotros y sé fijan én divérsas partés dé la anatomíéa. En cualquiér caso, siémpré mé ha parécido qué éstaé n én él origén dé los obstaé culos fíésicos o psíéquicos qué nos abruman é impidén nuéstro progréso. A vécés tiénén éstructuras géoméé tricas. Las llamo “Formas-Pénsamiénto” (FP). 2

En la actualidad, considéro qué és importanté compréndérlas para podér transmutarlas y alcanzar asíé un profundo biénéstar; y no soé lo és importanté, sino, adémaé s, impréscindiblé para déshacérnos dé unas mémorias inué tilés qué llévamos a cuéstas con gran ésfuérzo, incluso a vécés, hasta él agotamiénto. Qué la manéar dé pénsar influyé én nuéstra salud és, én la actualidad, algo évidénté. Asíé pués, ésé téma no lo tratarémos aquíé. La Forma-Pénsamiénto no és un simplé pénsamiénto. Hay una gran diféréncia. Tomar conciéncia dé éllo, sabér coé mo sé forma y dé quéé manéra funciona y actué a ésé bagajé qué transportamos dé un périodo a otro dé la vida, incluso a vécés dé una vida a otra, nos aporta él bién maé s précioso: la libértad dé sér lo qué somos désdé siémpré…, sérés dé luz qué éxpériméntan la vida dé manéra ué nica y divérsificada al mismo tiémpo. Esta invéstigacioé n no és dél tipo dé lo qué podríéa llamarsé én général, psicoloé gica. No mé atrévéríéa a utilizar un vocabulario qué désconozco, pués no hé récibido formacioé n én ésé campo. La basé dé ésta obra és la qué véngo utilizando désdé 1971: él viajé astral y la pércépcioé n dé los planos sutilés. Esa téé cnica és la qué, al igual qué én éxpériéncias précédéntés, mé ha pérmitido adéntrarmé én las Formas-Pénsamiénto; y, gracias a ésta téé cnica, puédo ofrécérlés hoy, él résultado dé ésa singular avéntura. Déséo qué él léctor éncuéntré aquíé lo nécésario para alcanzar una autonomíéa y una libértad dé sér, dé las qué a ménudo carécémos, péro sin las cualés no és faé cil contémplar un futuro séréno y luminoso. Los éjércicios praé cticos qué sé proponén son séncillos. Sé dirigén a todos los qué han déjado dé luchar, péro sabén, én lo maé s profundo dé síé mismos, qué soé lo él podér dél Amor puédé disolvér los obstaé culos. No préténdo cambiar nada. Mi ué nico objétivo és réalizar una llamada dé aténcioé n réspécto a lo qué éstaé maé s allaé dél cambio, maé s allaé dé la voluntad y dél déséo, a lo qué éstaé maé s allaé dé la pérsonalidad éncarnada y qué soé lo él Amor puédé réalizar: La transmutación A travéé s dé élla téndraé lugar la sanacioé n. La transmutacioé n nos vincula, no soé lo con todos los planos dé nuéstro sér, sino tambiéé n con los innumérablés planos dél Univérso y con las infinitas diménsionés qué éé sté contiéné. 1. Un susurro ¡Un congréso én él troé pico! ¡Quéé buéna idéa! Avioé n, diféréncia horaria, humédad, végétacioé n dénsa… ¡Hénos aquíé por fin! Téngo qué hablar dél “Puéblo Animal” én él décorado maé gico dé un jardíén tropical. La noché caé raé pidaménté y comiénza a sonar, cada véz con mayor inténsidad, un sorpréndénté conciérto orquéstado por una infinidad dé ranitas. Mé déténgo un moménto cérca dé una jaula

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dondé unos paé jaros multicolorés révolotéan todavíéa un poco én su prisioé n dorada. La noché traéraé paz y suénñ os dé horizontés ilimitados a ésos péquénñ os sérés parlanchinés. Mé quédo allíé un rato maé s. Déntro dé unos minutos téngo qué hablar y, miéntras réfléxiono sobré él téma dé mi conféréncia, oigo dé pronto una vocécita déntro dé míé, muy én él fondo, como un soplo, qué mé susurra: -

“También nosotros estamos sometidos a la acción de nuestras Formas-Pensamiento, incluso la propia Tierra se ve influenciada por ellas… Busca… Busca…”

Las ué ltimas palabras son casi inaudiblés y no consigo captar las frasés siguiéntés. Aunqué, no séé , ¿hay alguna frasé maé s? Por otro lado, ¿quiéé n mé habla asíé? Miro a mi alrédédor. ¡Nadié! Los paé jaros dé la énormé jaula, parécén habérsé dormido ya. Soé lo un mirlo, éncaramado a una rama cércana, mé obsérva aténtaménté con la cabéza ladéada. Lléga él moménto dé mi intérvéncioé n y débo déjar las préguntas para maé s tardé. Ocupada én divérsas actividadés, olvido ésé éxtranñ o épisodio hasta qué, díéas déspuéé s, un acontécimiénto inéspérado, lo réaviva én mi mémoria. Mé éncuéntro dé pié con un grupo dé amigos, én la térraza dé la cada dé uno dé éllos, a la hora én qué él sol lanza sus ué ltimos rayos. Hablamos dé cosas intrascéndéntés cuando, dé pronto, mé llama la aténcioé n un pérro amarillénto, dé ojos tristés, qué sé éncuéntra allíé, al otro lado dé la vérja dél jardincillo, obsérvaé ndonos con mirada inténsa y profunda. El rumor dé la convérsacioé n sé va apagando para míé, las vocés son cada véz maé s léjanas. Ya no éstoy allíé dél todo. Duranté un instanté pércibo unas masas informés, grisaé céas y lué gubrés, qué sé muévén én torno al pérrito y sé adhiérén a su éspinazo. No consigo vér qué hay én él intérior dé ésas formas pégajosas, pués mi mirada rébota én sus parédés como si fuéra dé goma. Péro todas éllas parécén émitir una tristé mélodíéa y, én détérminado moménto, mé transmitén, fugazménté, una éscéna: unos pérros idéé nticos al qué éstaé ahíé, délanté dé míé, sé éncuéntran apinñ ados én unas jaulas, con él térror én la mirada, éspérando…; una sala con mésas blancas, fríéas,…, un cadaé vér dé pérro… Todo parécé indicar qué sé trata dé un laboratorio dé éxpériméntacioé n. Eso és lo qué éstaé pégado al pérrito qué nos mira. Ha captado él égréé gor dé miédo y sufrimiénto dé los pérros dé su raza qué sé utilizan én los laboratorios. El animalito és réacio a la ménor toma dé contacto, al ménos, por él moménto. Témé a los hombrés. Cualquiér aproximacioé n no haríéa sino atémorizarlo maé s, asíé qué décido no inténtarlo. Adémaé s, én ésé moménto, nos llaman para qué éntrémos a cénar. Mis intérrogantés sé hacén cada véz maé s acuciantés… ¿Coé mo hacér consciéntés ésas FormasPénsamiénto qué aféctan a toda forma dé vida autoé noma? Porqué én lo maé s profundo dé mi sér, séé , lo séé con cértéza, qué él dolor sé réducé, cuando sé traé a la luz, y qué lo conocido, una véz sé ha compréndido, és ménos hostil, maé s pérméablé. Sé lo comunico a mi companñ éro qué, como térapéuta, tambiéé n sabé hasta quéé punto ésas éxtranñ as formas qué révolotéan én torno nuéstro provocan divérsos trastornos, tanto én él plano fíésico como én los démaé s planos dé nuéstra éxisténcia. Pénsando én lo qué podríéa ayudarmé én ésté procéso, mé viénén a la mémoria las palabras dé uno dé nuéstros maéstros ésénios: 4

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“Toda criatura es el arquitecto de sus templos presentes y futuros, y lo fue de los del pasado…”

Asíé pués, décidir quéé quérémos réalménté, és cosa nuéstra. ¿Quéé quérémos hacér dé nuéstra vida? ¿Un régalo dé luz o una ilusioé n dé régalo? 2. Nacimiento de una Forma-Pensamiento (FP) Si no puedes amarte a ti mismo, no puedes amar a nadie más. Mucha gente comete el error de buscar el amor de su propio ser a través del amor del otro. Un Temps pour Soi, 11 de junio Estaé dé moda hablar dé Formas-Pénsamiénto, dé chakras y dé sintoníéa, y asíé sé hacé én numérosos libros sin définir, sin émbargo, con éxactitud, quéé significan ésas palabras. Mé parécé loé gico qué ustéd déséé sabér dé quéé van a tratar las paé ginas siguiéntés. A ésté propoé sito, récordaréé , én primér lugar, algunas nocionés éléméntalés rélativas a los planos sutilés.    

Los principalés céntros énérgéé ticos, tambiéé n llamados chakras, sé éncuéntran én la éncrucijada dé varios nadis. (Estos conceptos se encuentran desarrollados en el libro de la misma autora “Lectura d`auras et soins esseniens” Éditions S.O.I.S.. (France)). Los nadis (dél saé nscrito nad, qué significa “circular”) son, én él plano sutil, él équivalénté dé las vénas; por éllos circula la informacioé n qué va dé un chakra a otro. Tambiéé n transportan él prana, portador dé la vida. El prana éstaé formado por péquénñ as partíéculas invisiblés qué proporcionan a las céé lulas la éséncia dé la vida. Chakra és una palabra saé nscrita qué significa “rémolino”. Los chakras influyén diréctaménté én él buén funcionamiénto dé los oé rganos, én la actividad hormonal y én la circulacioé n dé la sangré, médianté la absorcioé n dé la énérgíéa qué nos rodéa. Son émisorés, récéptorés, transformadorés y filtros, todo a la véz, dé las informacionés qué atraviésan los distintos planos dé nuéstra éxisténcia, désdé los maé s sutilés hasta él fíésico. ¿Cómo se crea una FP en los planos sutiles antes de tomar forma en el plano físico?

Para qué tomé vida una FP és nécésario qué intérvéngan én su formacioé n dos céntros énérgéé ticos. Uno dé éllos, él chakra frontal, intérviéné siémpré. Esé chakra tiéné la habilidad dé créar imaé génés, és décir, dé convértir én imaé génés tanto las palabras como los objétivos abstractos. Es él céntro dé la énérgíéa créadora por éxcéléncia, él céntro dé la matérializacioé n dé nuéstros pénsamiéntos én los planos sutilés. Si éstaé sano, sus créacionés séraé n claras y sin distorsionés; én caso contrario, las imaé génés séraé n confusas, incluso pérturbadoras. El otro centro que interviene en la creación de una FP depende de cuál sea el origen de ésta. 5

Mé éxplico. El céntro énérgéé tico qué sé activa, dépéndé dé la manéra én qué la pérsona haya visto, énténdido o compréndido él acontécimiénto én cuéstioé n. Si sé trata dé una émocioé n inténsa, sé activaraé él tércér céntro. Si éntra én juégo la ménté, él quinto céntro désplégaraé toda su énérgíéa. Si sé trata dé un probléma qué afécta a la supérvivéncia o a los impulsos primarios, la ruéda qué intérvéndraé én la formacioé n dé una FP séraé la ségunda. Algunos léctorés pénsaraé n, y con razoé n, qué falta méncionar un pléxo éséncial. Es ciérto, Por el momento, el chakra del corazón no interviene en ese proceso automático por la séncilla razoé n dé qué, én la mayoríéa dé nosotros, no éstaé muy activo… Esé pléxo és él céntro dél Amor. Lo cual no significa qué él Amor éstéé situado én un lugar concréto, sino qué una dé las funcionés dé ésé céntro énérgéé tico és la dé sérvir dé puénté éntré los chakras infériorés y los supériorés. Es un punto intérmédio, él pasajé éntré lo alto y lo bajo, éntré lo maé s y lo ménos. Y proporciona asíé, lo maé s hérmoso qué hay én nosotros, la ué nica víéa dé transmutacioé n posiblé: la alquimia dél Amor. Qué todo éstéé vinculado, qué éstémos todos intérconéctados, és para míé, én la actualidad, algo évidénté. Al éscribir éstas palabras mé viéné a la mémoria una éxpériéncia, una dé las muchas qué hé ténido én mi vida dé viajéra fuéra dél tiémpo; éé sta és éspécialménté notablé. Aquélla noché éstaba fuéra dé mi cuérpo, como mé ocurré a vécés, éspérando sé mé indicara él lugar hacia él qué débíéa dirigirmé. Mi cuérpo fíésico, qué véíéa débajo dé míé, déscansaba tranquilo, como un cascaroé n vacíéo. Acostumbrada a vérlo asíé, lo obsérvaba sin éspécial aténcioé n cuando dé pronto, notéé qué una mano sé posaba sobré él hombro dé mi cuérpo sutil. Dispuésta a volvérmé para vér quéé préséncia éra la qué mé éstaba tocando, notéé , sin émbargo, con gran sorprésa por mi parté, qué éra incapaz dé réalizar él ménor movimiénto. La préséncia, én cuéstioé n, parécíéa habérmé paralizado sin habér hécho pérdér, no obstanté, la sérénidad. Todo én míé, y a mi alrédédor, éstaba tranquilo. Sin una palabra, como un imaé n, la mano mé arrastroé hacia un torbéllino dé luz a una vélocidad vértiginosa. Acéptéé confiadaménté lo qué iba a ocurrir, sin déjar por éllo dé éstar alérta… Al cabo dé algué n tiémpo qué no sabríéa calcular, distinguíé con claridad, una ésféra qué giraba muy por éncima dé míé. Entoncés no pudé por ménos dé lanzar una éxclamacioé n qué éra, al mismo tiémpo, una prégunta: “¿La Tiérra?”. Séguíéa sintiéndo la présioé n dé la mano, aunqué con ménor inténsidad. Y éntoncés coménzoé a difundirsé por todo mi sér una voz caé lida qué, con un ciérto tono divértido – asíé al ménos lo pércibíé yo -, décíéa: -

Saber quien soy, no te aportaría nada. Mejor, mira la Tierra, pues se trata de ella, en efecto. ¿Ves sus chakras y sus nadis? Deja que llegue hasta ti su energía, como haces con las personas a las que lees el aura…

Tal como mé indicaba la voz, tratéé dé ponérmé a disposicioé n dé la énérgíéa térréstré, sin otro déséo qué acogér y amar. Entoncés, duranté una fraccioé n dé ségundo, pudé vér los chakras y los nadis dél planéta azul, én él plano sutil, con él qué acababa dé éntrar én contacto. Absorta én la contémplacioé n dé aquélla visioé n coé smica, hubiéra déséado prolongarla, péro la mano qué mé présionaba él hombro mé arrastroé dé nuévo hacia él torbéllino inicial. -

“Más tarde volveremos sobre esto” – susurró una voz cálida -, aún no ha llegado el momento de decir más. Has de saber, sin embargo, que la Tierra y los seres humanos 6

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están tan íntimamente ligados, que la evolución de los chakras de éstos influye en los de ella, y viceversa. Los seres del planeta Tierra se encuentran muy próximos a acceder a una dimensión-corazón que les abrirá el pasaje a la cuarta dimensión. Esa posibilidad se ha presentado ya en dos ocasiones a lo largo de la evolución de la Humanidad, sin llegar a un desenlace óptimo. Esta vez es la tercera… Se les propone de nuevo, a los seres de la Tierra, para que crezcan. Pasar a una nueva dimensión significa que las nociones de tiempo y espacio se ampliarán considerablemente y que vuestro modelo actual abrirá las puertas a una comprensión mayor y, por tanto, a una realidad más vasta, pero más sencilla. Cuando la Humanidad de la Tierra haya comprendido, hasta en lo más profundo de sus células, que significan el espacio y el tiempo; cuando todas las barreras hayan caído, entonces los viajes, sean interiores o exteriores, abrirán en cada uno de los seres del planeta, una vía de acceso al Ser. Desparecerá la ilusión del pasado y futuro, pues dicha ilusión habrá cumplido al fin su misión. Incluso se modificará el vocabulario, y la palabra “cumplir”, que acabo de utilizar dejará de tener significado. Cuando el corazón de la Humanidad terrestre ocupe su lugar, cuando se abra su chakra cardíaco, por emplear vuestras palabras, será un gran momento para todo vuestro sistema solar. Significará que el ser humano comprende todas las cosas a través del atanor de su corazón y no a través de las emociones que todavía llama amor. Ha llegado el momento de avanzar hacia otra luz y dejar lo que los seres de la Tierra construyeron para un cierto tiempo. “Dejar” no significa luchar o renegar; ambas palabras corresponden a actos que refuerzan el tercer plexo en detrimento de la apertura del cuarto. ¿Tan difícil os resulta abandonar vuestra vida anterior, sin tener que combatirla? Debéis dar ese paso, ha llegado el momento. La dualidad es una dimensión que no conoce el corazón; forma parte de un espacio de conciencia, hoy en día caduco. Convertíos en lo irrevocable, no juzguéis; sed de los que no deciden de lo bueno o de lo malo, dejándose llevar de la ilusión del intelecto, sino que están por encima de todo eso; sed transmutadotes, puentes radiantes entre el cielo y la tierra, entre lo alto y lo bajo, sed lo irreversible del Amor. ¡Sedlo!

Déntro dé mi cuérpo dé luz, la voz énmudécioé , péro él siléncio colmado dé paz qué sé éstablécioé én éé l, aliméntoé mi alma, maé s qué mil discursos. Esta éxpériéncia mé hizo compréndér, én lo maé s profundo dé mi sér, hasta quéé punto és importanté éliminar las FP dé nuéstras antiguas éstructuras, para podér pasar a ésa diménsioé n-corazoé n qué nos proponén én la actualidad, tanto la Tiérra como su Humanidad. Miéntras arrastrémos véstigios dél mundo antiguo, no podrémos abrir las puértas a una diménsioé n diférénté. ¿Coé mo vamos a ir hacia lo nuévo, con unas malétas llénas dé réaccionés aléjadas dé la accioé n y qué, adémaé s, nos vinculan a un pasado qué ya no tiéné razoé n dé sér? ¿Por quéé continuar dando vuéltas como una péonza, cuando éstamos déséando qué un soplo nuévo aliénté én nosotros? Lo qué hémos dé hacér és transmutar la sombra én luz, y éso sé hacé a travéé s dél amor. No és nécésario éspérar a sér pérféctos. Basta procédér por étapas y, anté todo, compréndér quéé és lo qué nos fréna… Para éllo, propongo al léctor qué asista a la créacioé n dé una Forma-Pénsamiénto. Georges Cuando Géorgés viéné a vérmé, tiéné un probléma dé ciaé tica qué nada ha podido hacér désaparécér, ni siquiéra aliviar. Estaé én la cama désdé hacé trés mésés; ni las inyéccionés ni médicaménto alguno han podido solucionar su mal. Sé muévé con dificultad, viéné acompanñ ado dé un amigo. Lo miro con aténcioé n y mé déjo imprégnar por sus cuérpos sutilés. No soy yo quién décidé, pués déscifrar él mapa dé su alma, no dépéndé dé mi voluntad. Soé lo él amor puédé llévar a fundirsé én él 7

otro y séntir lo qué éé l quiéré éxprésar; lo démaé s és soé lo un acto dé podér o dé magia sin intéréé s. Los cuérpos sutilés, incluso él cuérpo fíésico, no son como unos ordénadorés qué haya qué réparar, a ménos qué sé quédé uno én la supérficié dél sér. El éstado dé aé nimo qué présidé la léctura dél aura y su cuidado sé llama comunioé n. Y para éllo no hacén falta las palabras. Alrédédor dé Géorgés danzan formas dé divérsos colorés. Una dé éllas mé llama la aténcioé n. Es informé, tiéné un color gris amarillénto, con filaméntos rosados. Un primér víénculo la uné, con mucha précisioé n, a la cadéra izquiérda y otro al chakra dé la garganta; por otra parté, toda la zona én torno a ésé pléxo éstaé énvuélta por una sombra gris, algo movédiza. La FP qué mé llama la aténcioé n sé éncuéntra én él líémité dél aura causal y mé hacé pénsar qué lo qué ha déjado hasta hoy una huélla dolorosa én Géorgés, és un acontécimiénto dé tipo aféctivo qué débioé ocurrir én fécha proé xima a su nacimiénto. Déjo qué pénétré én míé la tristéza é inséguridad qué émana dé ésa forma sin forma. Y, poco a poco, sé mé va révélando la historia qué contiéné. Imaé génés, incluso algunas éscénas… Sé trata dé algo vivido por éé l cuando éra muy péquénñ o. No fué un hijo déséado; sus padrés sé casaron porqué su madré sé habíéa quédado émbarazada. No obstanté, al llégar fué acéptado, incluso amado. ¡Péro cuaé ntas préguntas antés dé su nacimiénto! ¿Sé quédaríéan con él ninñ o? ¿O lo déjaríéan al cuidado dé los abuélos? A los séis mésés, su madré, énférma, lo déja con los abuélos. Para Géorgés és un drama qué réactiva sus miédos in útero. ¿Me aman mis padres de verdad? ¿Les gustaría dejarme con los abuelos para siempre? Cincuénta anñ os déspuéé s, la duda sigué én pié. Nunca sé ha atrévido a hacérlés diréctaménté la prégunta, porqué… ¿y si réspondiéran qué si? Hasta ahora, ha préférido manténér él dolor qué conlléva la duda én lugar dé afrontar una réalidad qué podríéa déstruirlé. Hoy, sin émbargo, éstaé dispuésto a préguntar. “Cuando me llevasteis a casa de los abuelos, ¿teníais intención de dejarme allí para siempre? ¿Tan mal os había sentado mi llegada? ¿Tan de más estaba en vuestra vida? El ninñ o qué fué Géorgés éstaé ahíé, délanté dé míé; sé ha hécho présénté a pésar dé los cincuénta anñ os trascurridos. La FP portadora dé ésé sufrimiénto sé éstrémécé; habérla sacado a la luz haraé qué, a partir dé ésté moménto, comiéncé a pérdér vitalidad. La incértidumbré réspécto al víénculo qué lo uné con su paréja, ha réactivado la FP, a consécuéncia dé lo cual ha ténido una nuéva y dolorosa crisis. Lé ocurré algo anaé logo cada véz qué duda dé sér amado, aunqué su sufrimiénto no aparézca a nivél consciénté. Con él transcurrir dé los anñ os, él ninñ o sé ha hécho adulto y ha borrado ésa historia dé la mémoria, péro él inconsciénté no la ha olvidado. El ninñ o qué todos llévamos déntro, a ménudo gimé, préguntaé ndosé: “¿Mé amaé is tal como soy?” ¿Gordo o bajito, tal véz poco éspabilado, quizaé no muy simpaé tico, diférénté al qué habríéais quérido o al qué habríéais imaginado én vuéstros suénñ os? ¿Mé amaé is asíé, aunqué no mé parézca al qué éspérabais? Todos llévamos ésa prégunta én él fondo, y nos gustaríéa qué la réspuésta fuéra éé sta: “Síé, té amamos tal como érés, hagas lo qué hagas; té amamos por ti mismo, no porqué séas aplicado én él colégio, o porqué hayas éncontrado un buén trabajo, o séas un buén muchacho, o una buéna chica…” 8

¿Cuaé ntas vécés actuamos buscando ésa réspuésta, simpléménté, éspérando amor incondicional? Lo malo és qué créémos qué la réspuésta ha dé vénir dé los démaé s, olvidando qué somos nosotros los qué débémos daé rnosla… Tras prodigarlé algunos cuidados, cuando Géorgés plantéa al fin a sus padrés la prégunta qué lléva déntro désdé hacé tanto tiémpo y éé stos lé confirman su amor, la FP piérdé vitalidad y, como un globo dé goma, sé déshincha y désparécé. El probléma no volvéraé a surgir porqué él amor ha hécho acto dé préséncia. Géorgés sé culpabilizaba dé habér llégado én mal moménto; por otro lado, réprochaba a sus padrés qué no lo hubiéran déséado. Como vérémos a continuacioé n, la FP sé mantiéné débido a dos faltas dé pérdoé n, hacia síé mismo y hacia él otro. En él caso dé Géorgés, la éntidad, ya antés dé su éncarnacioé n, sé sintioé inségura y dépéndiénté dé una décisioé n én la qué téníéa poco qué décir: En ese momento se creó una FP entre los chakras quinto y sexto. De ellos partieron sendos haces luminosos que se unieron a los pocos metros en el interior de las auras de la entidad dispuesta a encarnarse. En el punto de encuentro de ambos, tomará vida una célula que contiene toda la información de la entidad encarnada en Georges. La duda, la inséguridad, la ira dé no sér quérido y la culpabilidad dé habér llégado, pésé a todo, forman parté dé ésa informacioé n. Como ocurré én la mayoríéa dé los casos, él actor principal tiéné una visioé n dé las cosas qué nada tiéné qué vér con lo qué sé considéra réal y concréto, por supuésto. No obstanté, lo qué éntra én accioé n, no és él hécho objétivo, sino la traduccioé n qué hacé dé éé l, la pérsonalidad én cuéstioé n, coloréada ségué n su pércépcioé n. A Géorgés sé lé ama, péro témé qué no séa asíé, tiéné dudas al réspécto, por lo qué la céé lula asíé créada sé conviérté én un dépoé sito, con gran poténcial dé accioé n, qué contiéné la ira hacia sus padrés y la culpabilidad dé éxistir, y détérminaraé la imagén qué va a construir dé su propia valíéa pérsonal. Asíé és como aparécé la priméra FP, qué séraé séguida, én un futuro proé ximo, por otras qué conténdraé n las informacionés préséntés én la FP original, si no todas, al ménos algunas. Las FP sé créan én él plano méntal, por lo qué apénas hay FP én las formas dé vida qué no han désarrollado la ménté – o lo han hécho a nivél muy éléméntal – ni, én consécuéncia, los concéptos qué la acompanñ an. Para créar una FP, él sér débé éstar individualizado y, adémaé s, tiéné qué habérsé éstablécido ya én éé l, la pérsonalidad égoé tica. Las émocionés, qué pérmitén la éxisténcia dé lo qué llamamos égo, actué an dé un modo muy concréto én ésé procéso, puésto qué gran parté dé las FP sé originan én él tércér chakra, qué éstaé diréctaménté rélacionado con la ésféra émocional. Una FP és una fuérza qué éntra én accioé n én cuanto ha sido créada. A partir dé ésé moménto, todos los planos, tanto él fíésico como los sutilés puédén vérsé aféctados por élla, y réaccionar én funcioé n dé la informacioé n conténida én ésé pénsamiénto, maé s o ménos impréciso, qué hémos générado. En 1791. “Kant éscribíéa: La razón no percibe más que lo que ella misma produce, lo que se encuentra en su propio plano”. En la éé poca actual, algunos ciéntíéficos como Jacob Bohm y Carl Príébam, tiénén la cértéza dé qué él cérébro puédé créar matéria, y dé qué la aténcioé n qué préstamos a los éléméntos dé la vida és suficiénté para traérlos a la éxisténcia.

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En un artíéculo dé la révista MOTUS, léíé lo siguiénté: “Bohm sugiéré qué las nocionés dé tiémpo y éspacio han sido invéntadas por él cérébro. EÉ sté intérpréta unas frécuéncias qué pérténécén a un ordén dé éxisténcia qué éstaé mucho maé s allaé dél tiémpo y dél éspacio y, a travéé s dé ésa intérprétacioé n, construyé matémaé ticaménté una réalidad objétiva. Pribam, por su parté, dicé qué: “él mundo objétivo no éxisté, al ménos no como créémos… La réalidad éspacio-témporal no és maé s qué él résultado dé la léctura dé unas frécuéncias y dél tratamiénto qué dé éllas hacé la compléja calculadora qué és él cérébro”. Comprobar qué los fíésicos é invéstigadorés dé fíésica cuaé ntica han llégado a la misma conclusioé n qué lo qué a míé sé mé ha mostrado dé otra manéra, maé s míéstica, mé confirma lo qué ya suponíéa, y és qué éstamos a un paso dé compréndér la míéstica dé un modo concréto, a un paso dé qué Ciéncia y Conciéncia sé conviértan én dos dédos dé una misma mano, la dé Dios. Cuando én mis éxpériéncias compruébo qué la diménsioé n éspacio-témporal qué vivimos én la actualidad, no és maé s qué una proyéccioé n dé lo qué créémos, mé alégro dé qué unos invéstigadorés, mé alégro dé qué unos invéstigadorés famosos tratén dé hacér compréndér ésa réalidad. Aunqué digo realidad, séé tambiéé n qué la nocioé n dé créacioé n y dé éspacio-tiémpo séraé supérada algué n díéa, y asíé, como dicé Sri Aurobindo: Tenemos que liberarnos, no sólo de las trampas de la mente y de los sentidos, sino también de las del pensador, de las del teólogo y fundador de iglesias, de las de las cadenas, de las de las ideas…Hay que repasar todos esos límites, renunciar a lo finito en aras de lo infinito… Incluso tenemos que liberarnos de esas verdades sobre las que estamos anclados, pues no son más que diversas expresiones y formas de lo inefable, que no puede quedar limitado por forma alguna. Esta réfléxioé n mé traé dé nuévo al présénté y a las FP qué nos abruman, cuya autoríéa nos pérténécé én éxclusiva. ¿Coé mo actué a una FP para générar una énférmédad én él plano fíésico? Eso és lo qué vamos a vér én él capíétulo siguiénté. 3. Formas-Pensamiento y enfermedades físicas Los diversos acontecimientos de vuestra vida no tienen demasiada importancia, sin embargo, la forma en que los vivís puede hacer de vuestra existencia una realidad luminosa. Por el Espíritu del Sol, Cuando la Vida nos présénta un acontécimiénto, éé sté ha sido atraíédo por él alma para darnos ocasioé n dé crécér y dé éxpériméntar lo qué, én él fondo, déséa nuéstro sér. Séa lo qué séa, sé trata siémpré dé una éxpériéncia rélacionada con él Amor. Séé qué éstas palabras puédén chocar un poco a los qué sé éncuéntran én una situacioé n difíécil y tiénén la sénsacioé n dé éstar viviéndo todo lo contrario al Amor. Palabras y maé s palabras, pénsaraé él léctor; péro, ¿qué impulsa a un individuo a elegir el odio?

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¿Créé ustéd qué hé élégido réalménté él odio? Pués no maé s qué él oficinista qué trata dé conséguir un adélanto aun cuando sus procédimiéntos lé granjéén él désprécio dé los démaé s. Sé déja llévar por un impulso. Lo qué créa las mézquindadés y taras dél alma és la ENVIDIA… “qué acaba dando vida a vérdadéros monstruos” dicé él monjé prisionéro dé los Khmérs rojos én Celui qui vient. (El que Viene). El acontécimiénto, cualquiéra qué séa, és én síé mismo, néutro; quiéro décir qué, cuando surgé, no sé lé puédé calificar, én principio, dé justo o injusto, dé buéno o malo. ¡Es un acontécimiénto, simpléménté! Puédé préséntarsé como un éncuéntro, una léctura, un hécho concréto… Las situacionés son tan divérsas como variopinto és él récorrido dé nuéstra éxisténcia. Sin émbargo, la forma én qué lo contémplémos haraé qué évolucioné én un séntido u otro, y éso és lo qué lé daraé una coloracioé n ué nica: la nuéstra. (Récordémos las palabras dé Kant) Lo qué sintamos frénté al acontécimiénto én cuéstioé n dépéndéraé dél bagajé qué cada uno llévé inscrito én lo maé s profundo dé su sér, fruto dé vidas pasadas, y dé los médios qué lé hayan proporcionado la éducacioé n, la réligioé n y la cultura, én général, asíé como él ambiénté dé biénéstar matérial o dé caréncia én él qué haya vivido, étcéé téra. Cada véz éstoy maé s convéncida dé qué no todos vivimos én él mismo mundo; és décir, qué cada pérsona, én funcioé n dé la coloracioé n o émocioé n con qué anima sus vivéncias, créa un mundo qué lé pérténécé a élla éxclusivaménté. No és éxtranñ o comprobar qué algunos hérmanos, pérténéciéntés por tanto a una misma familia, al hablar dé sus padrés, déscribén sérés diféréntés, algo anté lo qué éllos mismos sé sorpréndén. Han ténido los mismos padrés, han vivido las mismas situacionés, péro cada uno ha visto las cosas dé distinta manéra. Lo qué para unos ha sido un acontécimiénto trivial, para otros ha sido algo tan inténso qué puédé habérlé déjado huélla. Julia Julia és una hérmosa jovén lléna dé vida, péro tiéné un tumor én él séno dérécho. Pérténécé a una familia qué procédé dél sur dé Europa. Tiéné un hérmano, diéciocho mésés ménor. Esquéma claé sico dé una familia corriénté…. Los padrés éspéraban qué él primér hijo fuéra varoé n, algo frécuénté y, al parécér, sin importancia; sin émbargo, Julia lléva adhérida al séno dérécho una FP dé color rojo oscuro qué sé prolonga hasta él aura causal y éxprésa él dolor y la coé léra dé sér mujér. En él viéntré dé su madré, élla ya sabé qué sus padrés éspéran un varoé n, sobré todo su padré, y éso lé causa turbacioé n y tristéza. Buéno, una chica tambiéé n éstaé bién, ¿no? Esé intérroganté pérmanécéraé vivo én su sér, hasta la maniféstacioé n dé la énférmédad. Cuando Julia lléga al mundo, soé lo capta miradas décépcionadas a su alrédédor. Anté su primér llanto, soé lo hay suspiros, frasés como “lo harémos méjor la proé xima véz”, o incluso “para qué salga una obra maéstra, priméro hay qué hacér un borrador”, étcéé téra. Hacé varios mésés qué sabé todo ésto. En él viéntré dé su madré pércibíéa todo lo qué sé décíéa réspécto a élla. Péro lo qué nécésita ahora, qué acaba dé nacér, és mucha térnura. Busca una mirada dé amor, péro én vano. Todo a su alrédédor réspira décépcioé n. Incluso la abuéla matérna, qué ha vénido dé léjos para ayudar a la jovén madré, parécé influida por él ambiénté, y pérmanécé allíé, como una préséncia incolora, incapaz dé alégrarsé dé la llégada dé Julia. Las 11

actividadés qué lléva a cabo él pérsonal dé la clíénica, dé modo totalménté automaé tico, no suponén ningué n alivio para élla qué, én ésos moméntos, no sabé si déséa séguir viviéndo. Son apénas unos minutos, péro han bastado para qué algo sé quiébré én su alma. En lo sucésivo, sufriraé dé un mal dé amor siléncioso qué iraé réalizando su obra poco a poco y sin qué élla sé déé cuénta. “Asíé qué una chica no és gran cosa. No valgo nada”. Esa idéa sé graba én su aura én forma dé burbuja, una burbuja tristé dé désvalorizacioé n. El séxto chakra traducé y concréta ésa informacioé n y, con ayuda dél quinto, qué és él rélacionado con la ésféra méntal y los concéptos, créa una FP qué contiéné la visioé n qué tiéné dé síé misma. Diéciocho mésés déspuéé s lléga un hérmanito y ésta véz réina la alégríéa én la familia. Julia ama y détésta al mismo tiémpo al réciéé n nacido; péro, sobré todo, réactiva una FP qué lé dicé: “Obsérva cuaé nta félicidad ha traíédo a tu familia la llégada dé un ninñ o. Tué , a su lado, no valés nada. ¡No érés maé s qué una chica! Para colmo, él bébéé acapara la aténcioé n y Julia sé siénté aué n maé s insignificanté. A partir dé ésé moménto, décidé mostrar qué “tambiéé n élla és importanté, qué mérécé vivir y sér amada”. Y sé créa otra FP qué contiéné todos los éléméntos nécésarios para démostrar qué su éxisténcia valé la péna. Julia sé pasaraé la vida haciéndo favorés a todo él mundo, séraé la méjor én él colégio, la maé s obédiénté én casa… Tiene que sér la méjor, y éso réquiéré éstar siémpré én la brécha, no fallar y, por supuésto, no mostrar sus débilidadés én ningué n moménto. Sé conviérté én una jovén bonita qué rara véz dicé “no” y qué hacé favorés a todo él mundo. Todos la éncuéntran amablé. Lléva sobré sus hombros mucho maé s dé lo qué lé corréspondé; péro, claro, nunca és bastanté, nunca éstaé satisfécha. Sé éxigé cada véz maé s a síé misma, a pésar dé lo cual no obtiéné mucho réconocimiénto, ni én él trabajo ni én él térréno aféctivo. Ella al ménos lo pércibé asíé… Miéntras tanto, las FP sé acumulan én su aura y claman su dolor. En él aspécto aféctivo apénas tiéné satisfaccioé n. Pasa dé un hombré a otro tratando dé éncontrar, sin conséguirlo, la mirada dé réconocimiénto y admiracioé n qué busca déséspéradaménté. No quiéré hijos. No tiéné tiémpo, ni hay lugar én su vida para una matérnidad qué, én définitiva, és síémbolo dé féminidad. El ué ltimo divorcio la ha aféctado mucho y, ya énférma, sé da cuénta, finalménté, dé qué la causa dé la énférmédad no és un factor éxtérno, sino qué hay algo én su intérior qué no marcha bién. No sé ama a síé misma. A pésar dé las apariéncias dé éé xito én su carréra profésional, duda profundaménté dé síé. Todo éso éstaé inscrito én las FP qué giran a su alrédédor. La jovén émpiéza ahora a compréndér cuaé lés son los mécanismos qué la llévan a actuar dé détérminada manéra, y qué réproducé én las divérsas situacionés qué élla misma atraé a su éxisténcia. ¿Cómo actúan las Formas-Pensamiento de Julia? El primér acontécimiénto qué Julia captoé al nacér, dio lugar a una FP qué conténíéa énérgíéa dé réchazo. Aué n sin ténér un contorno bién définido, sé instaloé énséguida én él aura dél bébéé .

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Incluíéa una énérgíéa dé tristéza y dé désvalorizacioé n vinculada al primér hombré dé su vida, su padré. Buscaba déséspéradaménté una mirada, una palabra, un gésto suyo, algo qué lé mostrara qué “valíéa la péna” anté sus ojos, péro én vano… Al ménos asíé és como élla lo pércibioé , y asíé quédoé traducido én su aura. Esa émocioé n, répétida én mué ltiplés ocasionés a lo largo dé los anñ os, ha vuélto a su origén y ha aféctado a los oé rganos qué, én una mujér, réprésénta la féminidad. En su caso, él séno dérécho y él ovario izquiérdo. Si las émocionés sé réactivan con ciérta régularidad y sé vivén inténsaménté, acaban por salir dé los cascaronés aé uricos. La fisura qué créan éntoncés, és una puérta abiérta a las énérgíéas déstructoras qué gravitan én los mundos sutilés. Dé hécho, podríéamos décir qué és una éspécié dé désgarroé n én una coraza protéctora. A partir dél moménto én qué sé créa la FP, éé sta és como un imaé n y atraé todo lo qué éstaé én rélacioé n dirécta con élla y puédé aliméntarla.

Asíé qué la péquénñ a Julia comiénza a atraér hacia su éxisténcia situacionés, palabras y éncuéntros qué no hacén sino afianzar él bajo concépto qué tiéné dé su pérsona y él poco aprécio hacia su féminidad. Sus padrés décíéan con frécuéncia dé élla qué “téníéa qué habér sido chico”, con lo qué no hacíéan sino aliméntar la FP original; adémaé s, todas las situacionés qué ha vivido postériorménté rélacionadas con su baja autoéstima, han déjado rastro én su aura. Déspuéé s dé muchos conflictos vividos a lo largo dé los anñ os, las FP van auméntando én nué méro, hasta qué lléga una, qué és como la gota qué colma él vaso. El cuérpo fíésico y los cuérpos sutilés, a travéé s dé la énférmédad, éstaé n pidiéndo ayuda. En la éé poca dé los ésénios, famosos por sus conocimiéntos y su habilidad como térapéutas, la péquénñ a Myriam qué fui ya conocíéa la accioé n dé las FP: -

Las almas debilitadas son como la piedra magnética, Simón, atraen hacia sí los cuerpos de bajas vibraciones, los “seres de la enfermedad”.

Con un poco dé praé ctica, és posiblé vér én un paciénté, los hilos qué unén la FP principal y las FP sécundarias, con uno o varios chakras y con algué n oé rgano én concréto. La forma dé las FP, su color y él lugar qué ocupan én él aura son importantés para détérminar su origén, péro, én una priméra étapa, és préciso compréndér, anté todo, él procéso dé formacioé n. Si préguntamos a Julia quéé acontécimiénto, antérior a la maniféstacioé n dé su énférmédad, lé ha résultado traumaé tico én rélacioé n a su féminidad, sabrémos cuaé l és la gota qué ha hécho colmar él vaso. Sin duda, és un acontécimiénto rélacionado con todos los démaé s y, por supuésto, con la FP original. Tal véz la ué ltima situacioé n vivida no ha sido démasiado gravé, péro ha puésto “él dédo én la llaga”. Ha sénñ alado, éxactaménté, lo qué la pérsona no quéríéa vér. Supongamos qué Julia sé ha quédado sin trabajo y, adémaé s, ha visto a su marido én una cafétéríéa, én agradablé companñ íéa, a una hora désacostumbrada. Es muy posiblé qué lo qué traumaticé én aquél moménto a la “ninñ a qué téníéa qué habér sido chico” séa él séntirsé víéctima dé un réchazo. En ésé moménto sé réactiva la FP ligada al réchazo dé su padré, aunqué ningué n hécho concréto ni objétivo lo justifiqué.

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Désdé luégo, por mi parté hé dé décir, qué nunca hé visto énférmédad alguna, ni siquiéra un accidénté, qué no tuviéra como origén una FP. Qué, por éjémplo, un ésquiador sé fracturé la munñ éca dérécha ésquiando, no és un hécho fortuito; désdé mi punto dé vista, no és maé s qué una évidéncia dé qué alguna FP ha créado una fisura én su aura. En los planos sutilés no hay accidentes, como tampoco hay azar. Antés dé qué sé concrétén én él plano matérial, los acontécimiéntos éstaé n inscritos én los planos sutilés. Puédén tardar én matérializarsé un instanté, o tal véz horas o mésés, incluso puédé qué anñ os, péro lo ciérto és qué siémpré hay una FP que preexiste al acontecimiento. No obstanté, és posiblé évitar qué un acontécimiénto présénté én alguno dé los planos sutilés, sé matérialicé én él plano fíésico; para éllo sé nécésita conocér él mécanismo dé las FP, un conocimiénto qué va maé s allaé dé lo qué és éxclusivaménté méntal o téoé rico. Cuando sé forma una FP, sé créa una éspécié dé brécha én los distintos cuérpos sutilés, con lo qué éé stos ya no puédén éjércér plénaménté su funcioé n protéctora. La FP és como un imaé n qué atraé hacia síé todo lo qué éstaé én sintoníéa con su propia vibracioé n; és como una puérta abiérta a lo qué los ésénios llamaban, hacé ya dos mil anñ os, la entidad enferma. Una éntidad dé ésté tipo és como un sér dél éé tér, (el éter puede ser considerado como el quinto elemento, después del fuego, el agua, la tierra y el aire), qué sé aliménta dé las fuérzas vitalés dé un oé rgano, o dél cuérpo éntéro, hasta déjarlo éxanguü é. Parécé cruél, péro tras ésté hécho no sé oculta concépto moral alguno. Es un hécho, simpléménté; no puédé décirsé qué séa un procéso justo o injusto. Los ésénios nunca considéraron la énférmédad como un énémigo al qué hubiéra qué véncér, tampoco yo la considéro asíé. La énférmédad és, anté todo, siémpré lo ha sido, una sénñ al dé alarma qué llama la aténcioé n dél intérésado réspécto a la éxisténcia dé algué n fallo én él alinéamiénto dé sus distintos cuérpos. Si nuéstros pénsamiéntos, palabras y accionés no éstaé n én sintoníéa con nuéstro sér intérior, pérdémos vitalidad y no podémos actuar con sérénidad. Réspécto a ésto, a ménudo mé han dirigido la siguiénté prégunta: “Entoncés, ¿coé mo és qué hay sérés oscuros, dé actividadés dudosas, qué tiénén muy buéna salud?” El alinéamiénto dél qué hé hablado no tiéné connotacioé n dé tipo moral, nada qué vér con él bién o él mal, con lo buéno o lo malo. Si un sér éstaé alinéado consigo mismo, con lo qué créé sér méjor para éé l, éntoncés no hay brécha én su aura; al ménos no la hay hasta él díéa… én qué una parté dé síé déja dé éstar dé acuérdo con sus actos. Y éso puédé déséncadénarlo cualquiér cosa: un éspéctaé culo émocionanté, una palabra, una mirada, una mano apoyada én él hombro, la muérté dé un sér quérido, una léctura… A partir dé éntoncés, comiénza un itinérario distinto; surgé la discordancia y, con élla, él sufrimiénto. Es un grito profundo dé nuéstro sér qué, con frécuéncia, no éscuchamos; a la larga, él grito siléncioso acaba dénsificaé ndosé y convirtiéé ndosé én dolor…, él dolor qué quérémos combatir, qué nos négamos a éscuchar, qué ahogamos bajo tonéladas dé médicinas o dé tranquilizantés y qué no és otra cosa qué nosotros mismos; ésé Yo supraconsciénté qué sabé hasta quéé punto nos hémos aléjado dé nuéstra éséncia. Antés dé qué la énférmédad sé manifiésté én él plano fíésico, déjando aparté los llamados accidéntés, hay muchos signos anunciadorés qué casi siémpré nos pasan désapércibidos. Como lé ocurrioé a Géorgés – citado én él capíétulo antérior – qué tuvo inténsos dolorés dé éspalda én varias ocasionés, péro fuéron nécésarios trés mésés dé mucho sufrimiénto, sin podér apénas

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movérsé dé la cama, para qué surgiéra én éé l él déséo dé ir maé s allaé y buscar én síé mismo, él obstaé culo qué téníéa qué supérar. Si atraémos hacia alguno dé nuéstros oé rganos a la entidad enferma és porqué émitimos unas vibracionés qué son dél mismo tipo qué las suyas, por lo qué én él plano sutil, éntra én résonancia con él émisor, qué somos nosotros. El tipo dé énférmédad qué contraémos, o maé s bién qué atraémos, siémpré éstaé én sintoníéa con lo qué vivimos con él simbolismo dél cuérpo y dé sus oé rganos. Estar én sintoníéa significa, simpléménté, éstar dé acuérdo, én armoníéa con… La FP puédé ténér un contorno géoméé trico o pérmanécér informé, dépéndé dé los pénsamiéntos qué la componén. Un pénsamiénto concréto, éstructurado y répétitivo puédé dar lugar a una FP con una forma absolutaménté sorpréndénté. Por éjémplo, supongamos qué una pérsona va a éntrévistarsé con un amigo al qué no ha visto désdé hacé mucho tiémpo. Si la obsérvamos con los ojos dél alma, pércibirémos colorés vivos y alégrés, como él rosa, qué és él color dél afécto, y él vérdé claro, originado por una simpatíéa profunda, y él amarillo anaranjado, qué contiéné gratos récuérdos dé vivéncias comunés y la alégríéa dél rééncuéntro. La FP téndraé , sin duda, un contorno muy bién définido, én forma dé média luna, como para énlazar al otro éntré sus brazos. La idéa dél rééncuéntro sé situaraé én él aura méntal dé la pérsona, és décir, a unos métros dé élla, y maé s bién hacia su lado izquiérdo, puésto qué sé trata dél campo aféctivo, y por éncima dé la cabéza, porqué piénsa én él amigo (véé asé él croquis, p. 212). La éxisténcia dé ésa FP séraé éfíéméra; apénas acabé él éncuéntro sé iraé désdibujando poco a poco hasta désparécér; pués sé trata dé una situacioé n puntual, no répétitiva. El contorno dé una FP qué conténga un séntimiénto como él dé Géorgés, qué és él témor a no sér amado, és ménos définido, puédé sér como un baloé n maé s o ménos déformé. Téndraé unos colorés qué son los propios dél protagonista dé la historia, y puédé conténér algunos rostros, incluso ciértas éscénas. Sabiéndo qué una FP da lugar a otras muchas dél mismo tipo a lo largo dé los anñ os, és faé cil adivinar qué llévamos arrastrando una multitud dé cadénas qué frénan nuéstra évolucioé n, péro dé las qué hoy én díéa podémos libérarnos, como ahora sabémos. 4. Formas-Pensamiento y cicatrices tóxicas Dios mío, dame serenidad para aceptar las cosas que no se pueden cambiar, valentía para cambiar las que sí se puede, y sabiduría para distinguir entre unas y otras. Oracioé n dé la Sérénidad A vécés, én détérminadas éé pocas dé la vida, una opéracioé n quirué rgica, una simplé hérida én la piél o un ésguincé, van acompanñ ados dé émocionés talés qué la FP générada por él acontécimiénto impidé qué la hérida cicatricé corréctaménté én él plano étéé rico. Incluso puédé ocurrir qué tampoco cicatricé bién én él fíésico y qué continué é causando dolor duranté mucho tiémpo, tal véz a lo largo dé muchos anñ os.

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Sé trata dé cicatrices tóxicas, asíé llamadas porqué la FP originada por él acontécimiénto én cuéstioé n, sigué vértiéndo vénéno a su alrédédor miéntras no sé résuélva. En él plano sutil, una FP dé ésté tipo da lugar a una fuga energética, cuya consécuéncia, én él plano fíésico, és una éspécié dé fatiga pérmanénté qué suélé dénominarsé fatiga psíquica. ¡Cuantas vécés hémos oíédo décir dé alguién qué “no tiéné nada gravé, soé lo és psíéquico”! No déja dé sér una frasé mistériosa y, désdé luégo, ¡énciérra én síé todo un programa! Suzanne Suzanné és una dé las pérsonas qué acudé a nuéstros tallérés. Siémpré éstaé cansada, aunqué para éllo no éxisté razoé n alguna dé tipo fíésico. Préocupada por él téma, sé ha sométido a todo tipo dé pruébas y éxaé ménés méé dicos, péro no lé han éncontrado anomalíéa alguna. No padécé ninguna énférmédad; sin émbargo, sé laménta dé no habér podido dar a luz a su hijo dé forma consciénté. El ninñ o, un muchacho lléno dé vida, tiéné ya séis anñ os, péro a élla no sé lé ha borrado él mal récuérdo qué lé déjoé él parto. En cuanto sé éntéraron dé qué éstaba émbarazada, tanto élla como su marido décidiéron prépararsé para él nacimiénto. Los dos éran consciéntés dé qué sé trataba dé un moménto privilégiado, y quéríéan préparar la llégada dél bébéé dé la méjor manéra posiblé. Eligiéron una clíénica én la qué sabíéan qué él Jéfé dél Sérvicio dé Obstétricia éra una pérsona abiérta a los nuévos méé todos; y las comadronas, muy compéténtés. Siguiéron unos cursos én los qué lés énsénñ aron a sér consciéntés dé la préséncia dé su hijo, y a hablarlé y maniféstarlé la alégríéa qué lés causaba su vénida. Suzanné récuérda todavíéa aquélla manñ ana dé primavéra én la qué, sintiéndo las priméras contraccionés, téléfonéoé angustiada a su marido y lé dijo qué éstaba rompiéndo aguas. El cochécito voloé hacia la clíénica, dondé todo él pérsonal éstaba ya avisado. Allíé no sé hacíéan partos én cadéna, cada futura mamaé éra una pérsona importanté. Suzanné sé séntíéa féliz péro, én él fondo, notaba ciérta aprénsioé n. No éra miédo éxactaménté, sino algo sordo, muy profundo… En la sala dé partos controlaban los latidos dél bébéé , cuyo ritmo sé volvioé alarmanté dé répénté. Asíé qué, dé pronto, las cosas tomaron otro cariz. “Urgénté, és préciso intérvénir énséguida”, dijo él tocoé logo. Suzanné tuvo qué sométérsé a una césaé réa y no pudo asistir dé modo consciénté al nacimiénto dé su hijo. La futura madré inténtoé protéstar, pidioé qué éspéraran un poco maé s, péro éstaba muy déé bil; adémaé s, én aquéllos moméntos no sé séntíéa apoyada por su marido, qué lo ué nico qué déséaba éra qué todo fuésé bién, qué no hubiéra problémas. Lé hiciéron césaé réa. Cuando déspértoé , él bébéé éstaba én otra sala, un poco maé s léjos. Lo véríéa déspuéé s. Sé séntíéa féliz y décépcionada al mismo tiémpo. Téníéa la sénsacioé n dé no habér términado aquéllo para lo qué habíéa vénido. Y, aué n hoy én díéa, la désagradablé sénsacioé n dé un acto inacabado, dé una misioé n no concluida, sigué royéé ndolé solapadaménté él alma. En éfécto, la cicatriz résulta todavíéa muy visiblé; al acércar la mano, noto como si surgiéra dé élla un suavé soplo qué mé producé un ciérto hormiguéo. Sé trata dé una fuga énérgéé tica, y és la causa dé su incomprénsiblé y pérmanénté cansancio. Taponar una fuga és rélativaménté séncillo, péro no 16

sirvé dé nada si no sé résuélvé la FP qué la origina… Si Suzanné no colabora, al cabo dé unas sémanas la accioé n dé la FP haraé qué sé abra dé nuévo una brécha. Sé trata dé un aspécto éséncial én la curacioé n. Nosotros, como térapéutas, no sanamos un oé rgano o una énférmédad, sino a una pérsona, y sin su colaboracioé n no podémos hacér nada duradéro. Suzanné no ha olvidado aquél acontécimiénto. Péro, a díéa dé hoy, no lé pédimos qué lo olvidé sino, séncillaménté, qué lo acépté. El hécho én síé no sé pudé cambiar, péro sé puédé énfocar con ménos dramatismo. Como bién sabémos, todos los acontécimiéntos qué vivimos sé graban én la mémoria y nunca sé borran. Aunqué olvidémos complétaménté muchas cosas dél pasado, aunqué nos volvamos amnéé sicos, todo quéda grabado én él subconsciénté. Es una éspécié dé banco dé datos, llamado átomo-germen, qué todos llévamos impréso y qué viaja con nosotros dé una éncarnacioé n a otra. Contiéné todo lo qué nos conciérné hasta én los ménorés détallés. Sé éncuéntra ubicado, a nivél sutil, én lé véntríéculo izquiérdo. Cuando un sér toma la décisioé n dé éncarnarsé, trés mésés antés dé qué ténga lugar la concépcioé n fíésica, él futuro padré lo réactiva én él plano dél alma, (Véase el libro titulado: “Los Nueve Peldaños). Somos la totalidad dé los acontécimiéntos qué constituyén nuéstro pasado, y én nosotros éstaé éncérrado todo lo qué én la Tiérra llamamos futuro. Asíé qué és una utopíéa créér qué algo sé borra. Somos Présénté, un présénté qué contiéné todo lo qué hémos vivido y todo lo qué vivirémos. Lo qué ha éxistido, éxisté y éxistiraé por siémpré. Sin émbargo, él énfoqué qué démos a un acontécimiénto, cualquiéra qué séa, és algo qué dépéndé dé nosotros, dé la émocioé n con qué lo vivamos y dé la idéa qué dé éé l nos hagamos. Suzanné compréndé y acépta. Récuérda una véz maé s lo qué pasoé , él acontécimiénto qué lé déjoé huélla, incluso, én su propia carné, péro lo qué én su moménto vivioé dé modo tan dramaé tico qué quédoé aférrado a su cuérpo, ahora lo contémpla désdé una pérspéctiva maé s acéptablé, maé s séréna. Acéptar lo qué no sé puédé cambiar sin ténñ irlo con él color dé nuéstros déséos o caréncias, és un acto dé amor incondicional hacia nosotros mismos y hacia la Vida; un acto dé amor qué consisté én acéptar las cosas sin émitir juicio alguno, sin otra éxpéctativa qué lo qué és. Abrir ésa puérta suponé una confianza total; suponé réalizar un acto dé confianza qué, por síé solo, puédé disolvér las éscorias qué généramos con tanta frécuéncia. La jovén és consciénté dé qué no confíéa én la vida, dé qué quiéré dirigirla por témor a lo qué podríéa ocurrir, por si… Y sé da cuénta dé qué sus condicionantés son numérosos, y dé qué no lé aportan maé s qué témorés é incértidumbrés. Tambiéé n sé da cuénta dé qué sé éxigé mucho a síé misma, dé qué sé pérdona poco, y dé qué no sé ama dé vérdad. Asimila todo éso con mucha rapidéz. Asíé és como Suzanné ha conséguido qué la FP sé disuélva én poco tiémpo, pués éé sta, al no ténér qué aliméntarsé, sé ha marchitado poco a poco, y ha acabado sécaé ndosé. Al fin ha désaparécido, su funcioé n ha concluido. Déspuéé s, una véz séllada la fuga, la jovén récobra toda su énérgíéa. El éjémplo dé Suzanné és séncillo. Péro a vécés ocurré qué, bajo una cicatriz dé ésé tipo, la pérsona tiéné otros problémas qué résolvér, como la sénsacioé n dé no éstar a la altura dé las circunstancias, o 17

no habér asumido plénaménté su papél dé madré, o manténér unas rélacionés conflictivas con la propia madré, étcéé téra. En réalidad, una FP puédé ocultar otras mucho maé s léjanas qué, a ménudo, procédén dé la infancia. Es posiblé sanarlas, évidéntéménté, o, méjor aué n, transmutarlas; vérémos ésto con maé s détallé én él capíétulo titulado: “Formas-Pénsamiénto y énférmédadés dél comportamiénto”. Tras una cicatriz toé xica siémpré hay una FP vinculada a un acontécimiénto qué sé ha vivido mal, qué no sé ha asumido ni acéptado.

Ahíé éstaé él quid dé la cuéstioé n; y éso és lo qué hay qué compréndér y résolvér. Cuando hablo dé resolver, no mé réfiéro a énténdér él probléma con la ménté, aunqué, por supuésto, éé sa és una étapa nécésaria. La vérdadéra résolucioé n tiéné lugar a otro nivél, pués soé lo la énérgíéa dél corazoé n puédé réalizar la nécésaria transmutacioé n. El cuérpo fíésico tambiéé n tiéné mémoria, una mémoria qué no radica ué nicaménté én él cérébro. Eso és lo qué vamos a vér én él capíétulo siguiénté. 5. Formas-Pensamiento y nadis Eres semejante a Dios, lo que significa que Él no te ha hecho nada, que eres tú el que lo creas todo. Ya no puede haber víctimas ni malvados; no hay más que el resultado de tu pensamiento a propósito de cualquier cosa.

Luce Cuando vémos a Lucé, acaba dé salir dé un curso dé masajé qué lé ha causado gran turbacioé n. Déséosa dé ayudar a la génté, ha coménzado su formacioé n como masajista; péro sé ha tropézado con un obstaé culo con él qué no contaba. Nunca habíéa pénsado én éllo. Es una jovén régordéta y dé témpéraménto maé s bién agrésivo. Todo su cuérpo parécé décirnos: “Alto ahíé, no pénséé is qué mé voy a créér cualquiér cosa…”. Estaé én guardia, a la défénsiva, por lo qué mé prégunto quéé sufrimiénto éscondéraé tras su coraza. La éscucho… En un éjércicio praé ctico ha ténido qué hacér dé cobaya, como los démaé s alumnos. Lé gusta darsé a los démaé s a travéé s dél tacto, péro no lé gusta récibir, ni mucho ménos qué la toquén. No obstanté, acépta las normas dé la éscuéla, aunqué con ciérta réticéncia. Y éntoncés sé producé él incidénté; cuando una dé sus companñ éras lé da un masajé én las piérnas, al tocar ciértos puntos, dé répénté, sin podér controlarsé, hacé una régrésioé n a su priméra infancia. Sé acurruca, gimé, sé poné a andar a gatas y comiénza a llorar como un péquénñ íén qué éstaé sufriéndo. No consigué tranquilizarsé ni récupérarsé dél todo hasta trascurridos al ménos quincé minutos. La réaccioé n qué ha ténido lé ha aféctado mucho, siénté una gran turbacioé n; créé compréndér vagaménté lo qué lé ha ocurrido, péro no puédé concrétar én imaé génés él épisodio infantil qué ha révivido. Cuando obsérvo con aténcioé n sus cuérpos sutilés, pércibo una FP adhérida a los muslos, précisaménté a lo largo dé los nadis. 18

Los nadis son como unos canalés por los qué circula la luz, qué al distribuirsé por todo él organismo nos da la vida én los planos sutilés y, évidéntéménté, répércuté dé inmédiato én él plano fíésico. Forman una réd dé luz qué inunda los divérsos cuérpos y nos pérmité éntrar én résonancia con él univérso éntéro. Asíé pués, no sé trata dé una informacioé n qué circulé soé lo por nosotros, sino qué éstaé conéctada con todos los organismos vivos dé todos los univérsos. Hay qué décir, por otro lado, qué la luz no circula por éllos én líénéa récta, sino formando una curva caractéríéstica, la lémniscata, qué, como sé sabé, és él síémbolo dél infinito. Cuando una FP sé énquista a lo largo dé un nadis, obstaculiza la circulacioé n dé la énérgíéa; én consécuéncia, los divérsos cuérpos dé la pérsona no sé révitalizan dé modo adécuado. Si la circulacioé n por los nadis dé las piérnas no és corrécta, antés o déspuéé s aparécéraé én éllas alguna disfuncioé n fíésica, concrétaménté trastornos én la circulacioé n sanguíénéa. Dé la misma manéra, si hay éscorias obstruyéndo los dos grandés nadis qué sé cruzan én él pécho, con él tiémpo sé produciraé n trastornos cardíéacos. Si ténémos apértura suficiénté como para compréndér ésto, acéptarémos él hécho dé qué, lo qué ocurré én él plano fíésico, no és maé s qué la consécuéncia dé una vivéncia qué la pérsona mantiéné sin résolvér én lo maé s profundo dé síé misma, impidiéndo qué la circulacioé n sutil dé la luz séa fluida. Todas las FP qué nos abruman han sido créadas por nosotros; nos producén asfixia, tanto én él cuérpo como él alma, impidiéé ndonos avanzar. Son éllas las qué, por falta dé alégríéa, producén ésclérosis én los nadis y, én consécuéncia, én las artérias fíésicas; tambiéé n son éllas las qué provocan él éndurécimiénto muscular y articular y, én définitiva, las qué nos énvénénan la sangré. Entorpécén la circulacioé n y nuéstra conéxioé n con él univérso, con lo qué obstruyén lo maé s luminoso qué hay én nosotros. Compréndo qué mis palabras choquén un poco, péro créo qué, én él moménto actual, és ya maé s qué hora dé qué coméncémos a éstudiar otros méé todos, otros concéptos, si no quérémos quédarnos anclados én una médicina qué pronto résultaraé préhistoé rica. Cualquiér pérsona qué sé tomé la moléstia dé formarsé én ésté campo, puédé vér o séntir lo qué digo. Sin émbargo, hay qué cruzar una puérta, la dé la duda, la dél témor qué séntimos anté lo désconocido, qué, si bién és rico én posibilidadés, nos éxigé, a cambio, confiar én lo qué vamos déscubriéndo y soltar al mismo tiémpo las mulétas dé nuéstro saber. Lo sabémos todo y nada a la véz, porqué én réalidad no hacémos sino rédéscubrir, y én cada nuévo rédéscubrimiénto abandonamos lo qué nos procuraba la ilusioé n dé saber. La situacioé n séguiraé siéndo incoé moda hasta qué déjémos dé considérar al sér humano como médida dé todas las cosas. Nosotros no somos él Gran Ordénador dé un mundo qué éstamos émpézando a rédéscubrir apénas, aunqué, como ninñ os qué én él fondo somos, nos émbriagué la sénsacioé n dé créér qué lo sabémos todo. La FP qué actué a én los muslos dé Lucé, y qué sé ha réactivado al tocarlé las piérnas, és dé un color gris métalizado, qué dénota un miédo cérval. Pércibo tambiéé n una zona dé un rojo sucio y otra dé color vérdoso dé tono indéfinido. En algunos moméntos, én médio dé ésa masa informé sacudida por algué n qué otro sobrésalto, sé dibuja él rostro dé un hombré. Hay otra FP, maé s léjana, rélacionada con éé sta. Estaé n unidas por un mismo hilo conductor, péro ésta ué ltima corréspondé a su priméra infancia; contiéné todo él dolor y la incomprénsioé n dé un mundo dél qué no quiéré sabér nada. Aplicando a Lucé una ciérta térapia, réaviva él récuérdo; o, maé s bién, lo acépta. 19

Tiéné apénas cuatro anñ os; éstaé én su camita y duérmé con un suénñ o ligéro cuando dé pronto, nota én su cara un aliénto imprégnado dé alcohol. Es un olor qué conocé bién; lé gusta y lo témé al mismo tiémpo. El jadéo ébrio y fuérté sé hacé maé s inténso; és él olor, a la véz familiar é inquiétanté, dé su padré. Lucé no quiéré abrir los ojos; én él fondo tiéné una sénsacioé n inéxplicablé dé inséguridad. A su alrédédor réina la violéncia. No hay gritos, ni palabras, péro la siénté, casi la palpa. La péquénñ a sigué con los ojos cérrados, casi crispados; la mirada dé su padré sigué daé ndolé miédo y préfiéré évitarla. En él fondo éspéra qué sé marché, qué no la véa, porqué como élla no lo mira… Péro éé l no sé va. Mamaé sé ha ido dé compras, no éstaraé allíé para déféndérla. Lucé piénsa qué si lé cuénta lo qué ha vivido aquél díéa, como én otras muchas ocasionés, no la crééraé . Sé siénté culpablé, y él sufrimiénto dé pénsar qué su mamaé no la crééraé la énloquécé… Duranté mucho tiémpo guardaraé siléncio. “¡Traicioé n…, traicioé n!” Es la palabra qué, désdé hacé tiémpo, mora én su intérior… Lucé sé protégéraé a síé misma auméntando dé péso para résultar poco atractiva fíésicaménté y, adémaé s, sé rodéaraé dé una coraza dé agrésividad. En la actualidad és una pérsona adulta y ya no nécésita ésa protéccioé n, péro la FP qué lléva adhérida sigué générando én sus céé lulas él mismo mécanismo dé autodéfénsa. Es una FP dé ira y réncor, dé miédo y désasosiégo, por una infancia arruinada. Lucé no ha pérdonado a sus padrés lo qué considéra una traicioé n a su édad, én la qué no contaba con nadié maé s qué con éllos. EÉ sa és una dé las razonés por las qué todavíéa éstaé présénté la FP qué la abruma. Mé parécé éstar oyéndo la prégunta: Péro éso és injusto. No soé lo Lucé ha sido víéctima dé unos padrés incompéténtés sino qué, éncima, éstaé sufriéndo los éféctos néfastos dé la FP qué généroé … ¿Coé mo sé éxplica éso? En ésté moménto, abro un librito titulado Un temps pour soi y léo én una dé sus paé ginas: “Ya no puede haber víctimas ni malvados; lo único que existe es el resultado de tu pensamiento a propósito de cualquier cosa”. ¡La réspuésta és clara! Lo qué nos ocurré no procédé dél éxtérior, asíé, sin maé s. Esa parté dé nosotros qué SABE és la qué lo atraé y nos conécta dé nuévo con una détérminada éxpériéncia qué, én síé, no és justa ni injusta, péro síé nécésaria para borrar, compréndér o résolvér alguna dificultad qué llévamos én él fondo dé nuéstro sér y qué, con frécuéncia, és ignorada por nuéstra parté consciénté. La indignacioé n dé Lucé és loé gica, incluso nécésaria; és normal qué sé altéré. Péro manténér vivo él réncor, la culpabilidad o la déséspéracioé n no lé aporta ninguna ayuda; al contrario, no hacé sino énvénénar sus cuérpos, él fíésico y los sutilés… sin résolvér nada. Si nos considéramos víctimas és porqué nos séntimos impoténtés; éso significa qué otorgamos al otro él podér. Si, por él contrario, éjércémos él papél dé verdugo, nos atribuimos él podér, con lo qué considéramos impoténté al otro. Tanto én un caso como én otro olvidamos la parté divina qué hay én todo sér humano, séa por falsa humildad, séa por orgullo. ¿No és una insénsatéz créér qué podémos cambiar él déstino dél proé jimo sin qué algo én éé l, én lo maé s récoé ndito dé síé, lo haya conséntido? ¡Coé mo podémos pénsar, por un instanté siquiéra, qué alguién puéda cambiar nuéstra ruta sin qué algo én nosotros, én nuéstro sér profundo, lo haya acéptado? 20

Nadié puédé cambiar al otro si todo én éé l sé niéga a hacérlo. Déjémos pués dé pasar dé un papél a otro, portando un bagajé anodino y déstructor, miéntras la Vida nos éspéra én otros muchos caminos. ¡Quéé difíécil és abandonar las malétas llénas dé ropa viéja y sucia! ¿Quéé témor nos asalta anté la idéa dé convértirnos én viajéros sin équipajé? Obsérvéé monos con sincéridad, obsérvémos nuéstra casa, lléna dé récuérdos, y hagaé monos ésta prégunta: Cuando salgo, cuando mé voy dé viajé, cuando cambio dé casa, ¿témo carécér dé algo? ¿Lé témo al vacíéo? Y, én définitiva, ¿quéé és lo qué maé s témo? Reflexión Toda creencia lleva en sí el germen de un error, de un callejón sin salida. No dejéis que se incruste en vosotros el mecanismo de la creencia. Por él Espíéritu dél Sol. Cada FP tiéné una forma y color détérminados, y ocupa un ciérto lugar én él éspacio. Contiéné, éntré otras informacionés, unos cíérculos, una éspécié dé cascaronés, én nué méro y dénsidad variablé, qué pérmitén conocér él tiémpo qué lléva formada con una aproximacioé n dé un anñ o o dos. A pésar dél intéréé s qué puéda déspértar la datacioé n, no voy a déténérmé én ésto. Cuando sé pércibé una FP, és importanté procurar qué no intérvénga la ménté, porqué, cuanto ménos activa éstaé éé sta, maé s informacioé n sé récibé. Tal véz no sé traté dé la informacioé n qué uno déséaríéa récibir, concréta como un diagnoé stico – si éxisté tal - péro séraé mucho maé s fiablé si la ménté no éntra én juégo. La térapia qué nosotros proponémos no tiéné nada qué vér con él intélécto, ni con téé cnica alguna. Cuanto ménos récurra él térapéuta a su ménté, maé s posibilidadés tiéné dé obténér una buéna informacioé n. Eso no significa, sin émbargo, qué haya qué sustituir a la ménté por la émotividad, qué algunos todavíéa confundén con él amor. Puédé ocurrir qué, én algunos moméntos dé sénsibléríéa o gran émotividad, lléguémos a tomar por amor lo qué no és maé s qué una éxaltacioé n dé séntimiéntos. Es bastanté frécuénté, nos ocurré a todos. Péro, aunqué és ciérto qué sé puédé amar dé muchas manéras o, én otras palabras, qué él amor tiéné muchas facétas, sin émbargo, én él marco térapéé utico qué nos ocupa, él amor-émocioé n no ha lugar. ¿Sé imagina al térapéuta llorando con él paciénté, junto a éé l (todo dépéndé dé lo qué éstéé haciéndo…)? ¿Créé dé véras qué su hipérsénsibilidad contribuiraé a la sanacioé n dél qué sufré? Tambiéé n és posiblé, y ocurré bastanté a ménudo, qué él paciénté siénta unas ganas irrésistiblés dé llorar. Cuando fluyé én nosotros una énérgíéa a la qué nos hémos éntrégado con pléna confianza, és normal qué la déjémos actuar sin éstablécér ningué n tipo dé control ni émitir juicio alguno; és lo maé s frécuénté. Sin émbargo, désdé mi punto dé vista, llorar, gémir o agitarsé no és nécésariaménté una sénñ al dé sanacioé n.

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La sanacioé n no éstaé sométida a régla alguna; sé adapta al qué la récibé y la asumé como propia. La sanacioé n dé la qué hablo aquíé, concrétaménté la dé las FP, nos conécta con ésa parté profunda dé nuéstro sér qué transmuta las émocionés y qué nada tiéné qué vér con la maniféstacioé n dé nuéstros impulsos. Sanar dé las FP nos pérmité alcanzar la vérdadéra libértad, la cual nos conducé al conocimiénto dé nuéstra propia luz, la ué nica qué SABE VERDADERAMENTE, la qué nos pérmité al fin, sér nosotros mismos, viviéndo én armoníéa con ésa parté dé nosotros qué pérmanécíéa oculta. Résumiéndo: Qué la pérsona sé agité, qué oiga vocés o véa colorés, qué lloré, sé éstrémézca o sé duérma, no tiéné démasiada importancia a la hora dé valorar la sanacioé n. Tampoco la tiéné, poniéé ndosé én lo péor, él hécho dé qué créa o déjé dé créér én lo qué hacé él térapéuta – aunqué supongo qué, si uno no confíéa én nosotros én absoluto, no véndraé a vérnos, claro. Esté tipo dé sanacioé n no és cuéstioé n dé fé, ni ménos aué n dé crééncia.

Lo qué actué a én ésté caso, lo qué pérmité la curacioé n én todos los planos dé nuéstra éxisténcia, és la transmutacioé n. La actitud qué considéro maé s adécuada és la dé no éspérar nada dé particular, por la séncilla razoé n dé qué asíé no éntra én juégo la ménté. A ménudo, cuando una pérsona sabé éxactaménté él sufrimiénto qué la tortura, cuando lo ha déscrito innumérablés vécés y conocé todos sus síéntomas y hasta la ménor dé sus maniféstacionés, és imposiblé déjar dé lado la ménté. Y éntoncés és élla la qué domina él juégo y, con sus dudas y déséos, lévanta una barréra qué impidé la transmutacioé n. “Sed como niños si queréis entrar en el reino de los cielos” son palabras qué tiénén una importancia mucho mayor dé lo qué imaginamos. La séncilléz dé un ninñ o qué todavíéa no ha sido contaminado por la ménté pérmité, sanacionés raé pidas con frécuéncia éspéctacularés. Lo qué maé s fréna én la actualidad la évolucioé n dél sér humano, és la ménté inférior. En él capíétulo siguiénté vérémos hasta quéé punto és capaz dé créar obstaé culos, a cual maé s sutil, ocultaé ndosé maé s aué n al Gran Transmutador qué és nuéstro propio corazoé n. 6. Formas-Pensamiento y egrégores Cada vez que te rindes, la energía vital sale de tu cuerpo y se une a una fuerza común, el gran egrégor de los fracasos humanos, que envenenará un poco más a la Tierra y a ti te encerrará, más aún, en tu negatividad. Mémoria dé Esénios ¿Quéé és un egrégor? Es anté todo, un motor, una masa dé énérgíéa formada por los pénsamiéntos dé un mismo tipo qué circulan por la supérficié dé la Tiérra. (El WésaK) Mé gustaríéa vér dé nuévo con ustéd, léctor, él récorrido dé una FP, pués considéro qué énténdér ésto és importanté. Cuando él portador dé una FP ha compréndido y asimilado su manéra dé actuar, puédé libérarsé dé élla con toda facilidad. En réalidad, un égréé gor no tiéné vida propia, sé aliménta dé las FP dé las pérsonas. Para qué comprénda méjor él procéso, rélataréé aquíé una dé mis éxpériéncias. 22

Simón Una noché, miéntras éstaba fuéra dé mi cuérpo fíésico, mé séntíé llamada hacia él continénté américano. El cuérpo dé mi alma sobrévoloé continéntés y ciudadés a la vélocidad dél pénsamiénto hasta qué sé détuvo cérca dé unas viviéndas, éxactaménté junto a una dé las muchas casas adosadas, todas éllas parécidas, dé una détérminada callé. En él buzoé n, un nombré: Simoé n R. Apuntaba él alba por él horizonté én un ciélo sin una sola nubé, cuando la misma fuérza qué mé habíéa llévado hasta aquél lugar mé hizo éntrar én la casa. Mé limitéé a éstar allíé, a obsérvar. Al cabo dé unos minutos, oíé un rumor procédénté dé lo qué parécíéa sér él dormitorio, por lo qué supusé qué éra hora dé lévantarsé. Dé la habitacioé n salioé un hombré bajito, dé pélo castanñ o y aspécto italiano, qué parécíéa éstar aué n médio dormido, y sé dirigioé al cuarto dé banñ o. -

Limítate a seguirle, - mé dicé con tranquilidad una voz -, observa lo que ocurre a su alrededor a lo largo del día.

Por détraé s lé salíéa una éstéla gris qué, como una cinta léchosa, lé séguíéa hasta én él ménor dé sus movimiéntos. El déspértador programado para las siété én punto, émité un sonido como él canto insulso dé un pajarito. En réalidad no séé a quéé suéna, désdé luégo no parécé él canto dé un paé jaro, sino maé s bién una matraca… Dé la éstéla gris salén péquénñ as burbujas, qué traducén fiélménté la sénsacioé n dé Simoé n dé habér sido énganñ ado una véz maé s por un véndédor dé déspértadorés poco éscrupuloso. La voz qué ahora parécé acompanñ armé, sé éxprésa con précisioé n: -

-

Todas las mañanas ocurre igual. Simón, que está ya cerca de los cuarenta, echa pestes contra sí mismo por caer con tanta facilidad en la trampa que le tiende cualquier vendedor amable. En realidad no tiene importancia, podría echar a la basura el despertador que le obsesiona… Pero las cosas no son tan sencillas, pues ocurre que dejarse tomar el pelo es como un leitmotiv en la vida de Simón. No puede decirse que tenga una vida triste, pero no se ha marcado ninguna meta. Trabaja para vivir, nada más; y sus amores, si es que puede hablarse de tales, le permiten, sobre todo, no sentirse solo. Por lo demás, nada especial; se dice a sí mismo que, después de todo, la mayoría de la gente es como él… No tiene amigos; además, no se fía de nadie. Confiar en alguien, incluso amar verdaderamente a alguien, conlleva el riesgo de que le engañen, de que le tomen el pelo, y eso es algo que le pone fuera de sí. Siempre tiene la sensación de que los demás lo están esperando para abusar de su confianza, para pegársela. En realidad, siempre está a la defensiva. ¡Síguele y observa!

La voz sé hacé maé s insisténté. La éscucho miéntras sigo a Simoé n, qué sé disponé a salir sin tomarsé la moléstia dé désayunar ni subir siquiéra las pérsianas dé la casa. Sin émbargo, al métérsé én él coché para dirigirsé al trabajo, no parécé qué su humor haya cambiado. Un accidénté dé carrétéra. “¡Lo qué faltaba!”, murmura én voz baja, hablando para síé mismo. Va pasando él tiémpo y los cochés avanzan léntaménté, pégados unos a otros. Mira él réloj; éstaé muy molésto porqué sé éstaé rétrasando. Dé la cabéza lé salén unas burbujitas coloréadas, qué énséguida lo rodéan formando una nubé dé un tono gris claro salpicada dé puntitos rojos, signos précursorés dé la impaciéncia y la ofuscacioé n qué émpiézan a hacérsé préséntés. 23

Las ésféritas aparécén duranté un instanté, péro désaparécén énséguida, justo mé da tiémpo dé vér un color, luégo otro, y poco maé s. Son los pénsamiéntos dé Simoé n, qué aparécén y désaparécén émpujaé ndosé unos a otros déntro dé éé l y a su alrédédor. En général, no éjércéraé n maé s qué una accioé n témporal y limitada, salvo alguno dé éllos, qué atraéraé n a ciértas éntidadés bromistas qué son las qué sé diviértén auméntando él nérviosismo o él désasosiégo dé las pérsonas én détérminadas circunstancias. Todo éstaé intérconéctado, y résulta fabuloso podér constatarlo, incluso, én la vida cotidiana. ¿Quéé és lo qué ocurré éxactaménté? En él plano sutil, él nérviosismo da lugar a pénsamiéntos qué no son importantés én síé, péro qué, débido a un fénoé méno éléctromagnéé tico, a traén a péquénñ os sérés dél éé tér a los qué lés gusta ténér éxpériéncias én la matéria dénsa. A travéé s dé los pénsamiéntos émitidos, dichas éntidadés sé sirvén dé la matéria énérgéé tica émitida para créar péquénñ os épisodios qué auméntan a su véz la accioé n dé los pénsamiéntos. Asíé pués, un pénsamiénto cuyo conténido éxprésé o manifiésté crispacioé n, por éjémplo, sé utilizaraé para atraér a otros muchos péquénñ os acontécimiéntos qué éstéé n én la misma sintoníéa. Y éntoncés vérémos qué, una tras otra, émpiézan a acumularsé las contrariédadés. La mayoríéa dé nosotros todavíéa désconocé qué un simplé pénsamiénto éstaé hécho, én otra diménsioé n, dé una matéria dénsa y maléablé. ¿No nos ocurré con frécuéncia qué, précisaménté cuando maé s prisa ténémos, sé poné él sémaé foro én rojo justo cuando vamos a pasar, o un péatoé n sé nos cruza por délanté cuando lo ténémos vérdé, o tropézamos con un éscaloé n qué no habíéamos visto, o nos ocurrén otras mil cosas qué hacén qué nos rétrasémos? Sin émbargo, un pénsamiénto no és una FP. Como hémos visto antés, para qué sé formé una FP és préciso qué ocurra algué n acontécimiénto qué séa importanté para nosotros y qué, adémaé s, lo vivamos con una émocioé n inténsa. Y si con él tiémpo sé répité una y otra véz, éntoncés és cuando la FP sé afianza y amplifica; és décir, qué, anté acontécimiéntos anaé logos, séguimos réaccionando dé la misma manéra. Péro sigamos con Simoé n y sus FP… -

¡Hoy se me junta todo!, masculla én voz baja. Déja él coché mal aparcado y sé lanza a toda prisa hacia la puérta dé cristal dé un gran édificio qué, al parécér, és su lugar dé trabajo. El jefe te espera en el despacho, lé susurra al oíédo una sécrétaria rubia y régordéta qué parécé énamorada dé éé l. Y anñ adé: Está de muy mal humor. ¡Espérate lo peor!

¡No és justo!, son las ué nicas palabras qué claman én su intérior. Cuando salé dél déspacho éstaé lléno dé una ira apénas conténida. -

¿Cómo ha podido ocurrirme esto a mí? ¡Es absolutamente injusto! ¡Yo, que casi siempre soy el último en marcharme y que hago todas las horas extraordinarias que hacen falta! ¡Tú bien lo sabes!, lé suélta a la jovén qué éstaé én la récépcioé n, qué sé limita a aséntir con una paé lida sonrisa.

Miéntras sé dirigé a una sala péquénñ a qué, al parécér, és su déspacho, obsérvo qué salén dé éé l unas ondas dé color rojo, como unas bandérolas coloréadas.

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Todo él lugar éstaé ocupado por la sénsacioé n dé qué han abusado dé su pérsona, dé qué ha sido tratado injustaménté. Cégado por unos séntimiéntos qué lé altéran él aé nimo, piénsa én coé mo débé réaccionar. Es tan grandé su coé léra y tan désmésurada réspécto a los héchos, qué incluso considéra la posibilidad dé dimitir. Y miéntras busca algo én la cartéra inténtando calmarsé, véo qué siguén saliéndo dé éé l, dé su tércér pléxo, largas cintas rojizas. Esas formas, imprégnadas dé ira, comiénzan éntoncés una éxtranñ a danza. Van dé una pérsona a otra, dé un déspacho a otro y pasan cérca dé todas las pérsonas qué éstaé n allíé. Como si fuéran sérpiéntés dé varias cabézas, sé acércan a todos hasta tocarlés, incluso a los qué no sé han éntérado dél épisodio qué Simoé n acaba dé vivir y qué én nada lés conciérné. La éxtranñ a danza dura unos cuantos minutos, qué parécén mucho maé s largos dé lo qué son si sé tiéné én cuénta la cantidad dé réaccionés a qué da lugar. Una dé las sécrétarias alza la cabéza como para réfléxionar. La forma roja ha déspértado én élla un punto sénsiblé y récuérda irritada las palabras violéntas qué lé ha dirigido su marido a la hora dél désayuno. Si fuéra valiénté, si no tuviéra miédo dé quédarsé sola, lo déjaríéa, désdé luégo. Al mismo tiémpo, una dé las cabézas inquisidoras qué ha salido dé la misma forma roja, pasa a sondéar a un hombré qué no pérténécé a la émprésa y qué soé lo ha vénido a pédir un présupuésto. Estaé hojéando unas révistas miéntras éspéra tranquilaménté qué lo atiéndan. La cabéza sérpéntina sé lé acérca y parécé olfatéarlé buscando algo qué puéda aliméntarla. Péro, no. Tras varios inténtos, sé aléja. Es évidénté qué ésté hombré no tiéné nada qué vér con las émocionés dé ira qué sé déspréndén dé la forma. Péro apénas la hidra roza la cabéza dé una jovén qué sé éncuéntra én périodo dé praé cticas, éé sta éstalla én sollozos, un llanto nérvioso. Ha pérdido un éxpédiénté y lo ha révuélto todo sin résultado… La forma pasa révista a todas las pérsonas dé la oficina, una tras otra; no hay animalés ni plantas, afortunadaménté, porqué désdé luégo no sé hubiéran librado dé ésa désconcértanté inspéccioé n. Al fin las cabézas sé réué nén én la matriz dé la qué ha salido y césa la éxtranñ a danza; péro no és maé s qué un ligéro déscanso én una historia qué no ha hécho maé s qué émpézar. En la oficina réina una atmoé sféra ténsa y a punto dé éstallar. Entrétanto, Simoé n, qué no sabé quéé ha générado, trata én vano dé récobrar la sérénidad miéntras sé dicé a síé mismo qué hoy todo él mundo éstaé muy nérvioso. Si éé l supiéra, si todos nosotros supiéé ramos lo qué puédé ocurrir én situacionés como éé sta, ¿téndríéamos résponsabilidad suficiénté como para no générarlas? ¡Mé lo sigo préguntando! La masa dé color rojo oscuro qué ha salido violéntaménté dél tércér chakra dé Simoé n, éstaé unida a la régioé n dél híégado y la vésíécula biliar. Al salir, désgarra las auras sucésivas dé su créador y sé situé a cérca dé éé l, hacia él hombro dérécho. Déspuéé s, una parté dé la énérgíéa dé la masa oscura qué contiéné toda la ira dél moménto, sé sépara dél conjunto, y téngo la sénsacioé n dé qué débo séguirla, dé qué és absolutaménté nécésario qué la siga. Y siguiéndo ésa énérgíéa dévastadora, acabo pénétrando a vélocidad vértiginosa én un voé rticé dé noluz. Dé pronto mé siénto proyéctada bruscaménté hacia un univérso rojo y négro, dé una violéncia éxtréma, én él qué mé asfixio. La sombra qué mé rodéa mé invadé poco a poco, y mé conviérto yo misma én parté dé élla; és tal la violéncia qué hay én míé, qué no mé réconozco. “Impulsos”, éé sa és la palabra qué mé lléga. Noto unas énérgíéas én míé qué no son míéas, én réalidad és como si éstuviéra poséíéda. Lo séé , péro ¿duranté cuaé nto tiémpo séguiréé sabiéndo qué no son míéas? No solo téngo ganas dé mordér, matar, cortar y torturar, sino qué, adémaé s, téngo ganas dé maniféstar a gritos mi odio, mi déséspéracioé n, mi vénganza… Séé qué yo no soy ésas énérgíéas, qué soé lo éstaé n én míé, ¡péro qué difíécil és no idéntificarsé con éllas! ¡Estaé n ahíé, dévorando la idéntidad y la éspéranza! Las noto a vécés déntro dé mi sér, otras vécés én él éxtérior, péro siémpré fuértés. Viénén a buscarmé én contra dé mi voluntad. Son como pulpos con mil téntaé culos qué olfatéan la ménor griéta, qué notan él punto 25

déé bil, él lugar qué vibra én sintoníéa con éllas. Y mé doy cuénta dé qué éstoy pérdiéndo poco a poco mis récursos, y mé invadé él témor. Si sigo asíé, régrésaréé bruscaménté a mi cuérpo, y éé sa no és la méta… Entoncés la présioé n auménta, los golpés alcanzan sus objétivos, mé invadé la duda y mé prégunto si, déspuéé s dé todo, no séraé qué ésé odio tambiéé n forma parté dé míé. La ira sé désata én míé y a mi alrédédor con una inténsidad tal qué déséo librarmé dé élla vomitaé ndola sobré lo qué séa, sobré quién séa. Hé pérdido por compléto él control; lo ué nico qué puédo hacér és suplicar y éspérar. Sé inténsifican las naé uséas; como siga asíé, voy a déjar aquíé incluso mis cuérpos dé luz, qué ahora no son maé s qué sombra. Al ménos asíé és como lo pércibo… Unos rostros horréndos y gésticulantés pénétran én la opacidad qué mé rodéa, unos miémbros amputados flotan én él hédor qué réina én él ambiénté, aparécén y désaparécén algunos instruméntos dé tortura, él lugar éstaé lléno dé gritos dé odio y dé dolor. No puédo ni quiéro séguir aquíé. Mi cuérpo fíésico mé llama y noto qué voy a marcharmé, péro no quiéro llévarmé conmigo ésa énérgíéa. Y éntoncés mé parécé oíér dé nuévo las palabras dé uno dé mis guíéas dé luz qué llévo grabadas én él fondo dé mi sér: -

El diablo no es más que una energía desenfrenada generada por algunas formas dispersas de vida que andan en busca de la Vida. Es la masa informe de la vanidad y el temor que todos nosotros, partículas de fuego, sembramos, alimentamos y encontramos en mayor o menor medida en nuestro camino hacia la libertad.

Una luz sé abré camino déntro dé míé y, junto a una voz, és como un baé lsamo qué aporta a mi alma un poco dé paz.

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Estás en el egrégor alimentado por la cólera de los seres de la Tierra. No es más que un globo que se deshinchará en cuanto dejes de temerle, en cuando dejes de luchar contra él. No resistas más y deja de considerarlo como una realidad. Reconoce que no es más que una masa de energía que, en cuando deje de ser alimentada, desaparecerá ante tus ojos igual que ha aparecido, y sólo seguirá actuando en los que continúen alimentándola.

En ésé mismo instanté siénto qué algo én míé déja dé luchar y sé rélaja… Hé salido dé aquélla ésféra y éstoy dé nuévo déntro dé mi cuérpo fíésico, qué éstaba éspéraé ndomé. Todo ha ocurrido con mucha rapidéz; una véz maé s, él tiémpo humano mé parécé absolutaménté irréal. Cuantas maé s éxpériéncias téngo fuéra dél cuérpo, én lugarés én los qué él tiémpo y él éspacio sé midén dé modo diférénté, maé s mé doy cuénta dé qué él tiémpo és una diménsioé n psicoloé gica dé nuéstro mundo, dé nuéstro cosmos. Hay kilómetros temporales que están en relación íntima con la velocidad del pensamiento que se emite en esos mundos. Esté lugar bién podríéa parécérsé al infiérno déscrito por Danté. ¿No séraé ésto mismo lo qué éé l visitoé y déscribioé ? No quiéro volvér al égréé gor qué acabo dé abandonar y éspéro paciéntéménté duranté algunas horas antés dé récibir otra llamada qué mé hacé salir dé mi cuérpo, una llamada acucianté, impériosa; y salgo dé éé l sin otra inténcioé n qué la dé hacér compréndér méjor él camino tomado por una FP. 26

Poca génté sabé qué én él éspacio qué nos rodéa, én él ciélo éstréllado por él qué sé arrastran algunas nubés, vivén algunas formas én un plano dé conciéncia diférénté dél nuéstro. ¡Cuaé ntas vidas, qué no vémos con los ojos dé la carné, éstaé n ahíé, én pléna actividad, burlaé ndosé dé nuéstra céguéra! Hay cénténarés dé formas, tal véz milés; no puédo contarlas, péro las véo, las siénto. En médio dé un univérso inménso, dondé todo éstaé én movimiénto, yo no soy maé s qué un punto insignificanté dé conciéncia capaz dé vér. Una voz déntro dé míé mé guíéa y mé habla asíé: -

Los egrégores de la Humanidad terrestre tienen una actividad mayor o menor según se les mantenga más o menos. Lo que ha ocurrido, pues, ha sido que una parte de la energía de la FP generada por la ira de Simón, se ha reunido con el egrégor de la ira y la violencia, cono que éste se ha visto así alimentado y ha reforzado su actividad. ¡Ven, sígueme!

No véo a nadié, péro siénto como un hilo invisiblé qué mé indica la diréccioé n hacia la qué ha dé ir mi cuérpo dé luz. Allaé abajo, én la Tiérra, éstaé éspéraé ndomé un puéblécito. Es un péquénñ o puéblo tíépico dé la campinñ a francésa, énclavado én él fondo dé un vallé, con su campanario y rodéado dé vinñ édos. Déjo qué él cuérpo dé mi alma sé déslicé flotando hasta una casita dé téjado rojo. Todo a mi alrédédor éstaé én calma én aquél amanécér campéstré y apaciblé, péro, dé pronto, la puérta dé la casa sé abré violéntaménté y salén dos hombrés, uno dé unos cincuénta anñ os y otro maé s jovén, dé unos véinté. Es évidénté qué no éstaé n dé acuérdo, discutén con ira, casi con violéncia. No séé dé quéé sé trata, péro pércibo las volutas qué surgén dé los dos, qué no déjan lugar a dudas sobré los séntimiéntos dé uno y otro. Estaé n cada véz maé s agrésivos cuando, dé pronto, véo qué sé acérca la hidra dé mil cabézas générada por Simoé n a milés dé kiloé métros. ¿Quéé hacé aquíé? No viéné sola, sino acompanñ ada por otras muchas formas, todas éllas horréndas, qué priméro la siguén y luégo la précédén. Sé éntrémézclan, como én inténsa fusioé n, con la énérgíéa qué han générado los dos hombrés y luégo parécén séntir prédiléccioé n por él maé s jovén, no séé por quéé . Lo énvuélvén por compléto y obsérvo qué, poco a poco, sé apodéra dé éé l una ira déstructora. Piérdé por compléto él control, éntra én la casa a toda vélocidad y vuélvé a salir énséguida con un objéto brillanté én la mano, qué véo pérféctaménté, y mé déja atoé nita… -

¡No es posible! ¡No irá a matarle!

En la situacioé n én qué mé éncuéntro, no séé quéé hacér, salvo énviar pénsamiéntos dé paz con todas mis fuérzas. Los véo, véo mis pénsamiéntos, sé dirigén hacia éllos, péro no lés alcanzan porqué los rétiénén unas ondas coloréadas qué no los déjan avanzar. Todo ocurré con mucha rapidéz. Dé pronto mé doy cuénta dé qué la énérgíéa dé duda qué éstoy générando al mismo tiémpo qué los pénsamiéntos dé paz, obstaculiza la accioé n dé éé stos.

Péro éntoncés aparécén otras ondas qué viénén a mézclarsé con las míéas y réfuérzan las FP qué yo hé émitido inicialménté con mucha inténsidad. Y vuélvo a oíér la voz én él fondo dé míé sér:

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No temas. También están actuando unas FP que proceden de otros egrégores y están siendo moldeadas por el amor que une a estos dos seres a pesar de sus diferencias. Su energía atrae a su vez a otras FP de calidad análoga. En realidad, el padre y el hijo se quieren, y su amor va a generar toda una red de luz que los unirá a los dos.

Al cabo dé unos minutos, qué mé parécén intérminablés, los dos ruédan por él suélo y, poco déspuéé s, él jovén sujéta al otro con fuérza. Las FP qué rodéan a ambos, las luminosas y las oscuras, tambiéé n éstaé n luchando. Y éntoncés és cuando sé producé él milagro. Dé pronto, él jovén sé détiéné, mira él cuchillo y lo lanza a lo léjos, horrorizado, como si lo viéra por priméra véz. Obsérva a su padré qué yacé én él suélo y, con un gésto dé ira, ésta véz hacia síé mismo, sé lévanta rézongando: -

¡Qué estúpido soy! Perdóname si puedes. Y sé marcha con paso inséguro hasta désparécér én un bosquécillo qué hay un poco maé s léjos.

La ira y la violéncia dé las FP sé han disuélto como por arté dé magia, y én torno al hombré dé maé s édad, qué sé lévanta y sé sacudé maquinalménté él polvo, absorto én sus propios pénsamiéntos, no quédan maé s qué unas ondas tranquilas qué parécén réstablécér dé nuévo él éé tér a su alrédédor. Como ya no téngo nada qué hacér aquíé, mé réintégro dé nuévo én mi cuérpo fíésico qué, una véz maé s, mé éspéra paciéntéménté. Mé prégunto si las FP dé amor habríéan podido imponérsé én él caso dé qué no hubiéra habido ningué n lazo aféctivo éntré ésas dos pérsonas. Séé qué al llégar a ésté punto, maé s dé un léctor pondraé én duda la véracidad dé mis éscritos. Sin émbargo, como vérémos én él capíétulo déstinado a compréndér coé mo nos manipulan las FP, ya és hora dé qué déspértémos. Débémos sér consciéntés dé las cosas qué puédén générar FP, qué son muchas; y, désdé luégo, débémos compréndér qué, por éncima dél tiémpo y la distancia, todos éstamos unidos, los unos a los otros, por numérosos víénculos. Si séguimos ignoraé ndolos, otros, én cambio, lo sabén, y sé sirvén dé éllos para ésclavizarnos y convértirnos én sus léalés sérvidorés sin qué nosotros nos démos cuénta dé nada. La Madré Térésa, qué no désignaba ésta énérgíéa con él nombré dé FP, qué désconocíéa, si sabíéa én cambio, a su manéra, coé mo actuaba. Habíéa organizado un sérvicio éspécial muy éficaz. A las pérsonas qué déséaban sérvir a la causa, péro no podíéan hacérlo por éstar énférmas o én cama, lés pédíéa qué apadrinaran a una Hérmana dé la Congrégacioé n. Dé ésta manéra, todas las Hérmanas éstaban unidas con su padrino o madrina a travéé s dé los pénsamiéntos y dé las cartas dé apoyo y amor qué éllos lés énviaban. Cuando habléé con la Madré Térésa y con algunas Hérmanas dé su Congrégacioé n, todas afirmaron qué la ayuda a distancia, a travéé s dél pénsamiénto, facilitaba su trabajo. Séntíéan ménos cansancio, maé s valor, maé s sérénidad… No somos culpablés dé nuéstros pénsamiéntos, péro síé somos résponsablés dé habérlos créado. Miéntras no séamos consciéntés dé éso, éstarémos atrayéndo, una tras otra y sin discérnimiénto, divérsas énérgíéas qué créémos tan léjanas qué ni siquiéra pénsamos én éllas. Sin émbargo, si supiéé ramos hasta quéé punto hémos contribuido a las guérras, al hambré y a déstruccionés dé todo tipo, nos séntiríéamos profundaménté imprésionados. Dar unas monédas dé limosna no éstaé mal, péro soé lo éso, no podraé cambiar él corazoé n dé macabro juégo qué sé juéga actualménté én él planéta Tiérra, séguro qué no. 7. Formas-Pensamiento 28

y responsabilidad Un pensamiento se desplaza a lo largo de una longitud de onda, como una nota, a partir de vuestra conciencia mental, que es una central energética. Lo que es preciso comprender es que el pensamiento, esa nota, está realmente provista de un cuerpo. Por él éspíéritu dél sol Ha llégado él moménto dé abordar él téma dé la résponsabilidad qué ténémos réspécto a lo qué ocurré én él mundo. Porqué, désdé luégo, la accioé n dé las FP, a travéé s dé los égréé gorés qué aliméntan, nos vinculan con todo lo qué ocurré én éé l; y, cuando digo todo, no sé trata dé una figura litéraria. Ninguna FP sé piérdé én él vacíéo, como tampoco sé piérdé ningué n pénsamiénto, por séncillo qué séa. Todos éllos siémbran ciértas sémillas y éstimulan su crécimiénto; y éso és algo qué a ménudo ignoramos. -

Vosotros sois los creadores del mundo constituido por vuestros pensamientos. El conjunto de pensamientos humanos constituye un verdadero universo, que es como una galaxia, con sus soles, sus planetas, sus astros muertos, sus cometas, su polvo de estrellas y esa especie de vacío que no es tal… nos énsénñ aba nuéstro guíéa dé luz én Siria.

Una guérra, dondéquiéra qué ténga lugar, éstaé aliméntada por la énérgíéa dé guérra sin transformar qué éxisté én nosotros. Un dictador qué éjércé su podér én un paíés cualquiéra, ha sido tambiéé n puésto allíé por nosotros, por él dictador qué todos llévamos déntro y qué actué a siémpré qué puédé. Esa éspécié dé tirano intérior généra continuaménté unas FP déspoé ticas qué, al agruparsé, acaban én él égréé gor dé la intolérancia, propicio a la instauracioé n dé las dictaduras. Cuando un sér és éjécutado én la Tiérra, todos nosotros hémos contribuido a su muérté, todos somos coé mplicés. Es la unioé n dé nuéstros éspíéritus mézquinos é insénsiblés lo qué généra la énérgíéa qué da fuérza al brazo dél vérdugo. (El otro rostro de Jesús II-Camino de aquellos tiempos). Séamos honéstos con nosotros mismos y préguntéé monos: ¿Cuaé ntas vécés al díéa, o a la sémana, damos muéstras dé intolérancia, no soé lo hacia los démaé s, sino tambiéé n hacia nosotros mismos? Préstémos aténcioé n a ésos moméntos én los qué éxigimos dé los démaé s, o dé nosotros, mismos, maé s dé lo qué puédén o podémos ofrécér. ¿Cuaé ntas vécés somos démasiado duros é intransigéntés con nosotros, soé lo para séntirnos valorados, o para qué nos considérén indispénsablés, o para qué nos amén, simpléménté? ¿Cuaé ntas vécés nos traicionamos a nosotros mismos, o traicionamos a los démaé s, imponiéndo o acéptando unas décisionés qué van én contra dé lo qué anhéla nuéstro sér profundo? No hablo aquíé dé caprichos o impulsos qué nos séducén con una pséudo libértad, sino dé amor y respeto hacia lo qué somos y hacia lo qué son los démaé s, ésos otros-nosotros-mismos a los qué con tanta frécuéncia ignoramos. Todos los éléméntos qué émitimos, hasta los maé s séncillos, son transformados y réutilizados siguiéndo un ésquéma concréto, él qué hé déscrito antériorménté: cada una dé nuéstras accionés és aliméntada por un égréé gor, y cada uno dé los pénsamiéntos qué vivimos con émocioé n sé uné a un égréé gor qué, a su véz, généra ciértas accionés. 29

Es un ir y vénir incésanté. No sé trata aquíé dé juzgar lo qué ocurré, én absoluto. Sé trata dé un fénoé méno dé fíésica sutil qué, én síé, no és justo ni injusto, ni buéno ni malo. Simpléménté, ES. Por nuéstra parté, una véz adquirido ésé conocimiénto, ténémos libértad pléna para actuar. Ténémos las cartas én la mano. Sé trata ahora dé éstar aténtos a lo qué sé nos proponé. Todos somos résponsablés dé la contaminacioé n psíéquica dél planéta y, én consécuéncia, dé la atrofia qué éxisté én sus grandés éjés dé circulacioé n énérgéé tica. Esto sé traducé én él plano fíésico, én qué éxista mayor contaminacioé n, maé s sacudidas síésmicas, cataclismos, cambios climaé ticos y maé s violéncia y guérras. Tanto si uno és créyénté como si és atéo, éscéé ptico o férviénté défénsor dé alguna causa a favor dé la humanidad, lo ciérto és qué no podémos ignorar él impacto qué tiénén los pénsamiéntos, las palabras y las accionés, no soé lo én nosotros mismos, sino tambiéé n én los démaé s y, por supuésto, én él planéta. La infancia qué la Humanidad ha vivido én la Tiérra, y qué hémos considérado como una béndicioé n, ya ha durado bastanté. Ahora ha llégado él moménto dé qué nos comportémos como adultos, no débido a la édad, sino a la maduréz y résponsabilidad dé nuéstra alma. La Tiérra és él ué nico planéta dél sistéma solar én él qué la vida és tan corta y la infancia, és décir, la inmaduréz, tan larga. No importa qué mis palabras sé tomén én sério, o no. Péro lo ciérto és qué hay razonés para no ponér én conocimiénto dél pué blico én général, la éxisténcia dé vida én otros planétas; los qué poséén ésé conocimiénto pérdéríéan él podér qué asíé déténtan sobré los térríécolas. Y dé éso, ¡ni hablar! Por éso nos llévan a créér, con toda inténcioé n, qué somos él céntro dél mundo y los ué nicos sérés con dérécho a la éxisténcia, lo cual no és maé s qué un síéntoma dé inmaduréz débido a nuéstro compléjo dé inférioridad y a nuéstra sénsacioé n dé impoténcia. Hémos acéptado démasiados dogmas qué nos han hécho séntirnos déé bilés y culpablés. Ha llégado él moménto dé alzarnos intériorménté y décir síé a la résponsabilidad y no a la culpabilidad. Si la Humanidad és capaz dé dar ésé paso hacia síé misma, todos podrémos salir dél actual ésquéma víéctima/vérdugo y éntrar én una réalidad solar, én la qué sé haraé évidénté la conciéncia qué rija cada uno dé nuéstros géstos. Ejercicio práctico para uno mismo Para qué ustéd sé conozca méjor y comprénda su funcionamiénto intérno, lé propongo réalizar un díéa cualquiéra la siguiénté actividad. En cuanto sé lévanté por la manñ ana tomé una hoja dé papél y un bolíégrafo, y lléé vélo consigo a lo largo dél díéa. Anoté, sin coméntario ni juicio alguno, todas las vécés qué, duranté la jornada, da muéstras intolérancia hacia síé mismo o hacia otra pérsona.

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Puédé qué no séa consciénté dé ésé péquénñ o dictador qué vivé én su intérior, péro éstéé aténto… Tanto én las palabras como én las accionés o én los pénsamiéntos, tanto én lo qué éligé como én lo qué décidé, obsérvé, simpléménté, si sé réspéta a síé mismo y réspéta al otro én lo qué cada uno és. Puédé qué diga SIÉ a una actividad con él ué nico fin dé complacér al otro, o qué sé éxija a síé mismo mucho maé s dé lo qué su résisténcia lé pérmité én la actualidad. Actué é con toda honéstidad y, sobré todo, no juzgué, ni a síé mismo ni a los démaé s. Esa séncilla introspéccioé n résulta muy ué til para qué uno sé conozca a síé mismo y haga désaparécér su dictador personal. 7. Formas-Pensamiento y egrégores de enfermedad Cuando la lengua se deja seducir por su propio juego, no hace sino duplicarse. Camino dé Aquéllos Tiémpos. Es muy importanté no éncérrar al paciénté én él nombré dé una énférmédad. En una ocasioé n, al hacér la léctura dé los planos sutilés dé un paciénté, én mi condicioé n dé térapéuta, mé di cuénta dé un hécho importanté. Y és qué cuando sé da nombré a una énférmédad, séa fíésica o psíéquica, sé éncuadra al paciénté én un marco éstrécho y sé lé vincula al égréé gor corréspondiénté al nombré qué sé ha pronunciado. Por éjémplo, tomémos él téé rmino cáncer. Cuando a una pérsona sé lé da un diagnoé stico dé caé ncér, la simplé palabra la vincula al égréé gor dé miédo, invalidés y muérté qué va unido a ésé vocablo. Dé modo qué, miéntras hago la léctura dé los planos sutilés, obsérvo qué él aura dé la pérsona no soé lo cristaliza ségué n él diagnoé stico dado, sino qué, involuntariaménté, trata dé corréspondér a éé l, dé enamorarse én éé l. Es un inconvéniénté qué surgé én la léctura, aunqué és posiblé paliarlo, désdé luégo. Para vér con claridad y no déjarsé influénciar por lo qué créé él térapéuta, qué sé anñ adé a lo qué créé él paciénté, hacé falta una transparéncia total. Muchas pérsonas qué vén él aura y sus colorés – incluso algunas imaé génés én torno al paciénté – opinan qué con éso basta. Péro éso no és maé s qué él comiénzo. La léctura dél aura no és una cuéstioé n dé técnica, ni dé saber hacer, sino dé saber ser, y éso nadié lo puédé énsénñ ar. Sér transparénté, no imponér la propia voluntad, amar y convértirsé én el otro, son cosas qué no sé apréndén. Puédé uno pasarsé la vida éstudiando y ténér facultadés éxtraordinarias y, sin émbargo, sér incapaz dé traducir corréctaménté un aura y lo qué vé én élla. En cambio, és posiblé sabérlo én un instanté, porqué no és cuéstioé n dé tiémpo sino dé désapégo y dé fuérza dé voluntad. No la voluntad qué hacé décir quiero ésto o aquéllo, sino la fuérza dé voluntad dél qué, díéa tras díéa, sabé forjarsé én él fuégo dél amor y afina su mirada para convértirsé, no él qué midé

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y juzga, sino én él qué ama. Las palabras clavé, las llavés qué abrén ésta puérta son disponibilidad interior y carencia de expectativas. Algunas pérsonas créén qué basta confiar én la intuicioé n. Pués bién, mé gustaríéa advértirlés qué tambiéé n én éso puédé habér una trampa sutil, porqué la intuicioé n én la qué confíéan, éstaé ampliaménté imprégnada dé la propia émotividad qué, a su véz, éstaé rélacionada con la éficacia qué, como térapéuta, déséaríéa uno ténér. Lo priméro qué débé hacér un térapéuta qué quiéra léér él aura y trabajar con los planos sutilés és transformar su propia émotividad y sus éxpéctativas, porqué, miéntras no comiéncé la transformacioé n, séraé n siémpré éllas las qué sé impongan. La émotividad és un intéé rprété tréméndo qué a ménudo traiciona lo qué téndríéamos qué décir y qué vémos, séncillaménté, con los ojos dél alma. El procéso dé léctura dél aura soé lo puédé coménzar cuando él térapéuta émpiéza a distinguir éntré lo qué vé y lo qué traducé. Hasta qué llégué ésé moménto, aconséjo a los qué quiéran adéntrarsé én ésté camino térapéé utico qué, si no quiérén traicionar, sé limitén a mirar péro sin traducir. En él campo sutil, la buéna voluntad no soé lo és insuficiénté sino, adémaé s, inadécuada. En réalidad, lo éséncial én ésé moménto és précisaménté apartarsé, hacér a un lado, no intérponérsé. ¡Péro qué difíécil és él désapégo! ¡Cuaé nto cuésta no intérvénir, un poco al ménos! El moménto dél acto térapéé utico és sagrado. Es una comunioé n a travéé s dél cual sé producé una fusioé n éntré lo maé s élévado qué hay én él paciénté. Y para qué ténga lugar la comunioé n, para qué sé réalicé la transmutacioé n, nada débé obstaculizar él camino…, ni déséos, ni éxpéctativas, ¡nada! El résultado no importa, ¡puésto qué no somos nosotros los qué sanamos! “Yo té cuido y Dios té cura”, décíéa él famoso cirujano Ambroisé Paréé . Lo ué nico qué podémos comunicarlé al paciénté és él éstado dé nuéstro sér profundo, qué lé pérmitiraé éncontrar a Dios én él fondo dé síé y transmutar lo qué lé oprimé y asfixia. En ésé moménto, él térapéuta y él paciénté son uno. El éspacio qué sépara los mundos y a los hombrés, no és maé s qué un éspacio intérior, siémpré séraé asíé. Volvamos dé nuévo a las palabras, al nombré dé la énférmédad qué, pronunciado anté una pérsona fraé gil y con poca protéccioé n, conécta sus cuérpos sutilés con una réalidad déstructora. No quiéro décir con ésto qué téngan qué abolirsé las palabras; péro, miéntras no sé haya éstablécido un diagnoé stico y, sobré todo, cuando sé habla dé médicina énérgéé tica, ponér líémités y nombrés équivalé a situar él individuo én un marco dél qué lé costaraé mucho salir. Cuando réalizamos éjércicios praé cticos con las pérsonas qué éstaé n apréndiéndo, ocurré a vécés qué alguién, con buéna inténcioé n péro poco tacto, da nombré a lo qué vé. Como hé dicho antés, él aura sé bloquéa én los planos sutilés y a vécés no déja vér maé s qué lo qué uno éstaé éspérando éncontrar. Diagnosticarlé a alguién ésquizofrénia, por éjémplo, puédé bloquéar él aura dé la pérsona duranté varios díéas. En ésé caso, és muy difíécil profundizar én la léctura, habraé qué éspérar una sémana o dos antés dé vérla dé nuévo y qué él éncuéntro résulté útil.

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Lo qué nosotros cuidamos, a nuéstro nivél, no és un síéntoma, ni una énférmédad, ni un trastorno, sino al sér humano én su totalidad; nuéstro objétivo no és otro qué él dé conéctarlé dé nuévo con su énormé poténcial. Para éso no hacé falta anunciar cosas térriblés, como “si sigué viviéndo asíé, téndraé un caé ncér”, o algo maé s sutil, como “véo unas fisuras én sus cuérpos sutilés por las qué sé filtran éntidadés maléé volas…” Lo qué, én définitiva, équivalé a décir: “¡Ménos mal qué ha vénido a vérmé! ¡Yo puédo solucionar su probléma!” Eso és lo qué suélo llamar abuso de poder. Darlé al paciénté un cué mulo dé informacionés qué no éstaé én condicionés dé asimilar o dé compréndér és innécésario, y soé lo rédunda én la propia satisfaccioé n dél térapéuta, qué sé siénté indispénsablé. Mé indigna él abuso dé podér dél qué hacén gala algunos térapéutas, tanto én médicina alopaé tica como én médicina éspiritual o énérgéé tica, por muy humano qué ésto séa. En réalidad, no tiéné nada qué vér con él tipo dé térapia, porqué él lénguajé qué sé utiliza én cualquiér clasé dé médicina és, én général, mistérioso para él néoé fito. Cuanto maé s incomprénsiblé séa para él comué n dé los mortalés él vocabulario utilizado, mayor séraé él podér. Tanto si sé abruma al paciénté con unas informacionés con las qué no sabraé qué hacér, aparté dé aliméntar la ménté, como si sé lé mantiéné al margén créyéndo qué no énténdéraé él vocabulario qué sé utilicé, én él fondo viéné a sér lo mismo, y sé lléga al mismo résultado: inéficacia. Por éjémplo, cuando véo él color rojo oscuro sobré un oé rgano én él plano sutil, puédo pénsar qué sé trata dé un caé ncér; y, dé hécho, és lo qué sé vé cuando hay caé ncér én un oé rgano. Sin émbargo, nada mé autoriza a hablar én ésos téé rminos. Podríéa décir, séncillaménté, ésto: Véo una mancha dé tal color sobré tal oé rgano, lo qué indica qué éstaé énférmo. Vamos a vér cuaé l és la FP qué ha originado la débilidad én ésé oé rgano. Porqué créo, y éso és fundaméntal, qué, aunqué sé quité él tumor, él oé rgano no sana miéntras la FP qué lo ha originado sigua unida a éé l y continué é sin sér compréndida, digérida y trascéndida. En cambio, la curacioé n és o puédé sér total én una énférmédad gravé, o diagnosticada como tal, cuando la FP qué la originaba, ha sido disuélta y transformada, siémpré y cuando él cuérpo fíésico éstéé aué n én condicionés dé récupérarsé, claro. Sé han dado numérosos casos dé pérsonas qué han ténido caé ncér y éé sté ha rémitido éspontaé néaménté si habér sido siquiéra diagnosticado; soé lo sé ha déscubiérto al réalizarsé la autopsia. El éjéé rcito américano, qué ha réalizado la autopsia a un gran nué méro dé soldados muértos én la guérra y a pérsonas qué han muérto én accidéntés dé carrétéra, ha constatado la éxisténcia dé un numéro rélativaménté élévado, al ménos lo bastanté élévado como para llamar su aténcioé n, dé casos dé caé ncér qué sé habíéan curado éspontaé néaménté. Los muértos nunca sospécharon qué habíéan padécido ésa énférmédad. Todos producimos céé lulas cancérosas qué, gracias a las défénsas naturalés dél organismo, éliminamos sin darnos cuénta siquiéra. En él caso dé Simoé n, rélatado én él capíétulo séis, la FP qué salíéa dél tércér pléxo y dé la régioé n dél híégado y él paé ncréas, lé rasgoé él aura y sé situoé cérca dél hombro dérécho. Asíé qué no séríéa dé éxtranñ ar qué, al cabo dé algué n tiémpo, tuviéra dolorés én él hombro dérécho y qué padéciéra jaquécas originadas én la zona dél híégado y él paé ncréas.

De hecho a Simón le duele la cabeza y el hombro derecho. Resulta interesante saber que, sin embargo, su problema no procede de la cabeza ni del hombro, sino del tercer chakra y de las FP que ha estado emitiendo desde hace ya mucho tiempo. 33

Cuando sabémos lo qué nos agobia y compréndémos coé mo funciona la FP, podémos coménzar una péquénñ a parté dél trabajo dé transmutacioé n; péro lo éséncial, como vérémos déspuéé s, és siémpré cuéstioé n dé amor. Amor hacia síé mismo, amor hacia los démaé s, ¡Amor por la Vida! El térapéuta no tiéné podér para dévolvér la salud, pués no és éé l quién dirigé él juégo dé la vida. Lo ué nico qué puédé hacér és ayudar a la pérsona qué va a vérlé a éncontrar su propio camino dé sanacioé n. En réalidad la palabra “camino” no és muy adécuada, porqué “hablar dé camino és una manéra dé hablar dé futuro, y éso és soé lo una ilusioé n maé s. La clavé éstaé én él étérno présénté”. 8. Formas-Pensamiento y vidas anteriores No aceptéis lo que procede de ayer más que como una “propuesta”, es decir, como una base de reflexión que conlleva su parte de error… Que os sirva para recapitular y para dejar de dar vueltas en torno a vosotros mismos. Por él Espíéritu dél Sol Siémpré atraémos hacia nosotros lo qué nos pérmité sanar; él alma no tiéné én cuénta él tiémpo ni él éspacio. Somos nosotros los créadorés dé nuéstros pénsamiéntos y dé los mundos – fíésicos o sutilés – qué généran. Cada uno dé nosotros és él diréctor indiscutiblé dé la obra dé téatro qué ha puésto én éscéna, su vida. En la avéntura dé la Vida, cambiar dé éé poca o dé véstidura fíésica tiéné poca importancia. Si una FP no ha términado dé désémpénñ ar su papél, séguiraé poniéndo él dédo én la llaga para qué él intérésado puéda vérla y sanar al fin. Mé parécé éstar oyéndo én él fondo dé míé, la voz dé aquél Gran Sér qué mé énsénñ oé én Siria: “Sólo hay una vida, no treinta y seis mil; pero es cierto que, a lo largo de esa vida, a veces nos dormimos y nos despertamos con una vestidura diferente, pasamos las páginas del libro que llevamos grabado en el fondo de nuestro ser y viajamos de un capítulo a otro”. ¿Coé mo actué a una FP qué viaja con nosotros dé una vida a otra créando las llamadas enfermedades kármicas? Las FP no éstaé n rélacionadas con él tiémpo ni con él éspacio, lo cual és évidénté para los invéstigadorés én éspiritualidad; sin émbargo, aunqué lo sépamos, la mayoríéa dé nosotros no tiéné una idéa clara dé lo qué éso implica én la vida cotidiana. Pués bién, éso significa qué una FP pudé habérnos acompanñ ado a lo largo dé varias vidas y réactivarsé én la vida actual débido a un cué mulo dé circunstancias qué la favorécén. Dé ésé modo nos ofrécémos dé nuévo a nosotros mismos la oportunidad dé résolvér lo qué hasta ahora no habíéa sido résuélto y conséguimos qué, al fin, la sombra sé transmuté én luz. Jeanne, la víctima que no perdona Jéanné tiéné ataqués dé asma qué, no soé lo no sé solucionan, sino qué émpéoran a médida qué van pasando los anñ os. Ha llégado un moménto én qué no puédé maé s y éstaé tratando dé éncontrar algué n médio qué la libré dé ésa doléncia qué la ahoga tanto fíésica como

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psíéquicaménté. Sé siénté como una invaé lida, porqué todo lo qué quérríéa hacér, éstaé condicionado por su biénéstar o maléstar dél moménto. Ahora tiéné cérca dé cuarénta anñ os. Dé ninñ a éstuvo a punto dé ahogarsé én préséncia dé su hérmano mayor, qué siéndo tambiéé n un ninñ o dé corta édad én aquél éntoncés, sé asustoé y, én lugar dé auxiliarla sé marchoé corriéndo por témor a qué sus padrés lo rinñ éran. Por suérté, un transéué nté qué préséncioé la éscéna pidioé socorro con suficiénté rapidéz como para évitar la cataé strofé. Désdé aquél incidénté, Jéanné sufré mué ltiplés formas dé asfixia y, éntré éllas, dé asma; asíé al ménos és como sé lé ha diagnosticado. Es aléé rgica al polén, al polvo, a los pélos dé gato… Su vida és una lucha constanté; asíé la vivé, én lucha pérmanénté. Ténsa y nérviosa, busca ayuda con autéé ntica déséspéracioé n. Cuando viéné a vérnos, Antonio y yo éntramos énséguida én contacto con una parté sutil dé su sér dondé vémos algunas éscénas. Son éscénas dolorosas qué tiénén rélacioé n, todas éllas, con muértés sucésivas én vidas précédéntés. Un barquito zozobra én aguas dé un lago y una jovén sé ahoga anté la mirada impoténté dél hombré qué la acompanñ a, qué parécé paralizado por la situacioé n; la jovén, déséspérada, tiéné miédo péro, sobré todo, frénté a la inmovilidad dé su companñ éro qué, présa dé paé nico, és incapaz dél ménor movimiénto, nota coé mo la ira y la désilusioé n invadén todo su sér. Otra éscéna, otra éé poca. Una guérra én un paíés pobré; éstallan obusés por todas partés. Un ninñ o, casi un adoléscénté, énvuélto én una nubé dé polvo, ha buscado protéccioé n junto a un muro qué, dé répénté, a consécuéncia dé un impacto violénto, sé dérrumba sobré éé l y lo sépulta én sus trés cuartas partés. Su mirada réfléja dolor péro, sobré todo, ira y angustia. Es la guérra; sabé qué én él campo contrario han visto lo qué ha ocurrido, péro nadié trata dé socorrérlé… Y muéré bajo los éscombros. Jéanné no ha pérdonado, y arrastra consigo, dé vida én vida, ésa pésada carga dé “no-pérdoé n”, dé miédo y dé désilusioé n. En cada vuélta dél camino, la vida lé ofrécé la oportunidad dé vér lo qué lé ocurré dé un modo diférénté, péro la ira y él odio qué émanan dé élla atraén él odio. El imaé n funciona siémpré con la misma précisioé n; él tiémpo no tiéné nada qué vér én ésta historia. Sé cosécha lo qué sé siémbra. Es una léy físico-mística o dé física sutil qué nada tiéné qué vér con la moral dé un tiémpo détérminado o dé una éé poca concréta y, por éso, no sé lé puédé dar él nombré dé castigo. En él caso dé Jéanné és un paquété dé ira réprimida, no éxprésada. Sé ahoga bajo él miédo y la décépcioé n qué viérté a su alrédédor como víéctima traicionada por los hombrés. Hay muchas FP én torno suyo; lé cubrén la garganta y los pulmonés. La ahoga la coé léra dé no sér tomada én considéracioé n, dé ténér tan poca importancia a los ojos dé los démaé s y, sobré todo, dé no ocupar un lugar én él corazoé n dé nadié. Cuando coméntamos éstas éscénas, Jéanné émpiéza a éntrévér lo qué lé ocurré. Ella és la priméra qué no sé valora, lé cuésta mucho pénsar én síé misma. Y, sin émbargo, quiéré qué los démaé s hagan lo qué élla misma no és capaz dé hacér: tomarsé én considéracioé n. Vuélvé a su mémoria con toda nitidéz la inménsa décépcioé n qué sintioé cuando su hérmano huyoé a toda prisa y la déjoé sola, a punto dé désaparécér én aguas héladas y turbuléntas. Los ménorés détallés cobran vida, révivé él moménto én él qué tiéné la sénsacioé n dé valér ménos qué un posiblé castigo. ¿Tan insignificanté és? ¿O és élla la qué sé vé asíé?

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Duranté la sésioé n dé térapia, Jéanné llora dé rabia y dé déséspéracioé n, dé una déséspéracioé n désprovista dé maé scara y artificio qué afécta profundaménté al alma. Es la déséspéracioé n dé una ninñ ita qué sé siénté abandonada désdé hacé mucho, mucho tiémpo… Tiéné una visioé n: vé un bébéé abandonado én un cubo dé basura én otra éé poca, én otra vida. ¿Lo ha déjado élla? ¿O és élla la qué ha sido abandonada? ¡Quéé importa! Poco a poco sus gémidos sé transforman én laé grimas, péro no son laé grimas dé ira ni dé rabia, ni siquiéra dé tristéza, sino dé alivio. Y, dé pronto, a travéé s dé la cortina hué méda dé sus ojos, aparécé una sonrisa. Una sonrisa dé paz, porqué ahora sabé. Sabé qué no és una víéctima, qué és élla la qué décidé dé su vida, la qué décidé coé mo ha dé contémplarla, y sabé qué no hay nada prédétérminado. Sabé qué podíéa habér vivido aquéllas muértés dé otra manéra, sin ira, sin juzgar… y lé hubiéran résultado ménos dolorosas dé lo qué fuéron. Vuélvé a vér la éscéna dé su infancia, con su hérmano, qué sé comportoé como una cobardíéa incréíéblé. Péro ahora no déséa juzgar, sino compréndér y amar con él corazoé n. No préténdé buscar razonés para justificar él comportamiénto dé su hérmano, ni tampoco éxcusarsé a síé misma por habérlo juzgado éntoncés. No és cuéstioé n dé pérdoé n, sino dé compasioé n, dé una compasioé n qué soé lo és amor. En un moménto, Jéanné sé transformoé y transmutoé todas las FP qué giraban a su alrédédor. Con la rapidéz dél rayo, sé précipitaron una tras otra, én médio dé una éxtranñ a danza, én él chakra dél corazoé n… para no volvér nunca maé s. Las FP qué habíéa arrastrado hasta éntoncés, sé disolviéron transformaé ndosé én una onda amorosa y luminosa. Fué su propio éstado dé aé nimo él qué lo hizo; con ayuda dé la luz qué nosotros lé aportamos én aquél moménto a travéé s dé las manos, réalizoé él milagro dé la transmutacioé n. Jéanné no ha vuélto a padécér asma. (El asma es una afección respiratoria que no siempre tiene por origen las causas que acabamos de ver. Pero en cualquier caso, las FP que aparecen, que siempre son varias, están relacionadas con la sensación de limitación, de ahogo…Rara vez aparece una FP sola; precisamente es la combinación de varias lo que permite encontrar, con más exactitud, lo que entorpece el camino de la persona en cuestión). No todos los casos sé résuélvén con la misma rapidéz porqué, én définitiva, la transmutacioé n dépéndé éxclusivaménté dé la pérsona qué la vivé. La sanacioé n puédé sér instantaé néa, o bién durar unos díéas, o varios mésés, o incluso varias vidas. Dépéndé dé coé mo lo véa él qué ha créado las FP “El Pensamiento es capaz de modificar la cualidad de las moléculas” Si quérémos salir dé la matriz dolorosa qué nos aíésla, és préciso qué apréndamos a vér maé s allaé dé lo qué captamos con los séntidos habitualés. No olvidémos qué lo qué sé manifiésta én él mundo matérial y dénso és soé lo una parté dé nosotros. y soé lo ésa parté és la qué sufré, piénsa y actué a; péro, éntrétanto, “otras facétas, otras réalidadés dé vosotros mismos éxpériménta la Vida én cada instanté én otros univérsos”. “La importancia del obstáculo depende únicamente de la mirada con que es observado”, nos han énsénñ ado.

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El dolor és una sénñ al dé alarma. Nos la énvíéa la parté maé s hérmosa qué hay én nosotros para qué podamos volvér a la Fuénté; y para décirnos, séncillaménté, qué hémos olvidado un tramo dél camino. Gildas. Invalidez actual y vida pasada Gildas nacioé a los séis mésés, con una comprénsioé n én él cérébélo qué lo convirtioé én un paralíético cérébral. Cuando viéné a vérnos, lo qué quiéré és sabér por quéé décidioé nacér asíé. Una prégunta a la qué soy totalménté incapaz dé réspondér. Péro és posiblé qué véamos algunas éscénas én las FP qué contiénén épisodios corréspondiéntés a mémorias dé vidas précédéntés. En général, no concédo mucha importancia a las vidas antériorés. Por una parté, porqué és tan évidénté qué éxistén como qué él díéa sucédé a la noché; y, por otra, porqué lo qué dé vérdad importa és lo qué somos én la actualidad, un mosaico dé todo lo qué hémos sido hasta ahora y dé todo lo qué sérémos én adélanté. Déspuéé s Gildas éscribioé un libro: Chemin faisant: la vie et le handicap, én él qué déscribé su itinérario como un soplo dé airé frésco. Mé pérmito transcribir aquíé algunos paé rrafos én los qué déscribé coé mo vivioé la léctura dé las FP cuando vino a vérnos. -

-

Hace tres mil años vivía en Egipto un hombre joven y fuerte, muy imbuido de su persona. Para él sólo contaba la fuerza física, la belleza y todo lo relacionado con eso… Un día, en una carrera de carros, tuvo un accidente…, el carro que conducía volcó y el varal rompió la columna a la altura de los riñones…, nunca se repuso…, se quedó inválido para el resto de su vida, maldiciendo su situación y la soledad en la que vivió desde entonces… Durante algunos años vivió solo, apartado de la sociedad y sin aceptar su deterioro físico…, pero después empezó a aplicar los conocimientos que tenía para sanar… Y entonces la gente empezó a acercársele…, pero era demasiado para él, pues no aceptaba el ser en el que se había convertido. Y acabó suicidándose.

Anné anñ adioé dos cosas: -

Que la encarnación actual no tuvo lugar justo en el momento del nacimiento… Y que todavía me queda una cosa por hacer para cumplir mi contrato: compensar de algún modo, el pésimo ejemplo que di a mis compatriotas hace miles de años con mi actitud prepotente…

Gildas sigué diciéndo: -

De ahora en adelante no habrá fuerza en el mundo que me quite la idea de que la vida siempre es justa; y que las lecciones que uno aprende, solo o con otros, nunca son inocuas; al contrario, siempre son en beneficio de uno mismo y de los demás. Lo que me alegra ahora es saber que estoy a punto de ganar la apuesta que hice al principio… y, ¡vaya!, que no habré sufrido en vano… Pero, ¡caramba!, que infierno…

Cuando ya habíéa pasado algué n tiémpo, lé pédíé pérmiso a Gildas para citar las líénéas antériorés. Con su aséntimiénto, anñ adioé ésto: -

Diga en su próximo libro que, si uno no tiene suficiente lucidez, es muy fácil reproducir una y otra vez el mismo karma, porque el sentimiento de culpabilidad, así 37

como la falta de amor hacia uno mismo, están ahí… En efecto, cuando uno toma conciencia de los actos y gestos de sus vidas pasadas, que, encima, no siempre son hermosos, se siente culpable y tiende a castigarse de un modo u otro… Y ahí está la trampa, en que no nos amamos a nosotros mismos, con lo que nos impedimos subir los peldaños de la propia evolución. Una véz préséntadas éstas historias dé vidas antériorés, hé dé décir, sin émbargo, qué, a pésar dél intéréé s qué uno puéda ténér én conocér lo qué lé ocurrioé én otras vidas, éstoy convéncida dé qué la mayoríéa dé los casos puédén compréndérsé y, sobré todo, résolvérsé, con los datos qué uno puédé éncontrar én su vida présénté. Dépéndér dél pasado o dé un, llaméé moslé, lector de vidas pasadas, mé parécé totalménté injustificablé. Vivimos la vida présénté con todo lo qué hemos sido antés; sin émbargo, ténémos suficiénté con los éléméntos qué nos ofrécé la éxisténcia actual para éntrar én contacto con lo qué obstaculiza nuéstro camino. Pérsonas clavé dé otros tiémpos, acontécimiéntos, ciértos périodos dél anñ o, algunas horas dél díéa, un olor, una mué sica, un color…, cualquiér cosa puédé contribuir a déspértar una mémoria qué éstaé éspérando salir a la luz para sér résuélta. Como Madéléinté, dé Proust, nuéstras FP son suficiéntéménté haé bilés como para atraér hacia síé lo qué puédé activarlas, conduciéé ndolas asíé hacia la sanacioé n. Algunas FP puédén réactivarsé én los ninñ os én ciérta éé poca dél anñ o, o én un díéa sénñ alado dél caléndario, o én détérminada conjuncioé n planétaria. Y, dé hécho, hé visto un caso concréto. El ninñ o én cuéstioé n, qué habíéa sido torturado y quémado vivo por sus idéas én la Edad Média, réactivaba una mémoria célular én una éé poca dél anñ o qué corréspondíéa éxactaménté a la dé su martirio. No éra consciénté dé éllo, por supuésto, ni habíéa nécésidad dé qué lo supiéra. Péro los padrés pudiéron ayudarlé gracias a su préséncia séréna y décidiéron éspérar, sin inquiétarsé démasiado, a qué él tiémpo y los acontécimiéntos acabaran por tranquilizar a su hijo. Las FP créan rédés sutilés y muy éstablés con todo lo qué nos rodéa. Contiénén todo lo qué éstaé rélacionado con él acontécimiénto qué sé graboé én nosotros un díéa y qué continué a haciéé ndonos danñ o. Tanto la éé poca o él tiémpo hacíéa én él éxtérior como las pérsonas qué éstaban préséntés o los instruméntos qué sé usaron, tanto él olor como la mirada o él ambiénté…, todo éstaé grabado. Hasta én los ménorés détallés. En cada éxisténcia, las FP atraéraé n hacia nosotros todo lo qué puéda vibrar én sintoníéa con nuéstra historia, a fin dé pérmitirnos sanar. ¿Hémos vénido para répétir una y otra véz viéjas historias? No lo créo. Si no quérémos asfixiarnos, és préciso qué déjémos dé aliméntar la ménté y él intélécto. Cualquiéra dé nosotros ha ténido cénténarés dé éncarnacionés y ha désémpénñ ado todos los papélés posiblés, todos los qué puéda imaginar. No hay nécésidad dé volvér sobré éllo una y otra véz. Complacérsé én él pasado, no hacé sino nutrir las FP qué lléva vinculadas… En cambio, déjar dé rémovér él pasado, las désvitaliza. Lo qué la Vida nos proponé hoy és uno dé los méjorés régalos qué nos puédé ofrécér; qué résolvamos nuéstros viéjos litigios y pasémos a otro régistro para intérprétar otros papélés én él téclado dél univérso. ¡No hay nada qué no puéda disolvér él Amor!

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9. ¿Somos nuestras Formas-Pensamiento? ¿Quiénés somos? ¿Somos él résultado dé un patrimonio généé tico, dé una ciérta éducacioé n, dé una détérminada réligioé n, dé un médio artíéstico o cultural, o dé un compéndio dé nuéstras vidas antériorés? ¿No séraé todo éso, quizaé s, una maé scara tras la qué nos ocultamos para no sér nosotros mismos? ¿Somos nuéstros pénsamiéntos, los pénsamiéntos qué nos hacén sér y actuar dé una détérminada manéra? Es évidénté qué no. Y, aunqué somos créadorés dé nuéstra propia vida y dé los pénsamiéntos qué nos rodéan, no obstanté, no podémos idéntificarnos con éllos… ¡dé la misma forma qué los padrés no puédén idéntificarsé con sus hijos! A vécés nos séntimos agrédidos por la actitud o la opinioé n dé alguna pérsona. Pués bién, éé sé és un éjémplo tíépico dé una FP qué trata dé idéntificarsé con nosotros. Empézarémos por séntir miédo, miédo a pérdér nuéstra idéntidad al no afirmarnos frénté al otro, qué nos molésta y déséstabiliza un poco; és un miédo anaé logo al témor a morir. Sin émbargo, nadié corré él riésgo dé morir én ésé moménto concréto, éxcépto él égo y las FP vinculadas a éé l. Cuando una FP piérdé su fuérza dé atraccioé n, sé désvitaliza poco a poco; y déja dé idéntificarsé con élla, la conducé pronto o tardé a désaparécér. Ocurré pués qué, con frécuéncia, nos déclaramos én guérra para protégér una idéntidad qué tiéné miédo a la muérté; péro nosotros no somos ésa idéntidad. EÉ sé no és maé s qué un éjémplo dé éntré los qué podríéamos citar, débido a las innumérablés réaccionés qué ténémos a lo largo dél díéa. Si éstuviéé ramos aténtos, podríéamos vér las cosas con la pérspéctiva suficiénté como para évitar cualquiér idéntificacioé n. En cuanto déjémos dé asumir él papél dé actorés y nos convirtamos én simplés téstigos, las FP, al faltarlés él aliménto, déjaraé n dé manténérnos én ésa ilusioé n qué nos hacér vitalidad. Récupérarémos énséguida la énérgíéa y la sérénidad; y nos parécéraé totalménté innécésario, ténér qué luchar para éxistir. Cuando séamos capacés dé idéntificar las FP qué aliméntamos, podrémos émpézar la désprogramacioé n. Es él primér paso én él camino qué conducé a la libéracioé n. Conocér éstos concéptos, désdé un punto dé vista intéléctual, no sirvé dé nada y, désdé luégo, no és mi objétivo. Compréndérlo intéléctualménté no haraé sino activar una véz maé s la ménté inférior; y, cuanto maé s activa és éé sta, maé s difíécil nos résulta alcanzar nuéstra éséncia. La ménté inférior actué a como un vélo qué oculta la Vida y nos hacé contémplar dé manéra dual, los acontécimiéntos qué éé sta nos présénta. Nos hacé caminar como révéstidos dé una pésada armadura qué, si bién sirvioé para protégérnos én otro tiémpo, ahora no hacé sino obstruirnos él paso é impédir qué vayamos hacia délanté. La ménté inférior és la créadora dé nuéstros “si, péro…”, dé nuéstros “tal véz…”, y dé los témorés qué tanto nos condicionan.

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Ha pasado ya él moménto dé acumular sabér o conocimiéntos; ténémos mucho a nuéstra disposicioé n, y én cantidadés ingéntés. Péro hémos llégado a un punto, désdé él qué no hay vuélta atraé s, én él qué sé nos pidé qué alcancémos nuéstra indépéndéncia, qué nos déshagamos dé las viéjas costumbrés y qué nos déspojémos dé todo lo qué constituyé nuéstra éséncia. Es un procéso qué conciérné a todos los acontécimiéntos y éncuéntros dé nuéstra vida actual… Aunqué daté dé mucho tiémpo atraé s, no olvidémos qué todo éstaé ahíé ahora, én nuéstro présénté, y qué soé lo én él présénté puédé ténér lugar la transmutacioé n. Cuando la vida nos ofrécé la oportunidad dé déspértar una FP dé tiémpos pasados qué, aué n siéndo gravosa, dormitaba tranquila, és porqué ha llégado él moménto dé désatar él nudo con él qué la téníéamos sujéta. Es un vérdadéro régalo él qué sé nos hacé aquí y ahora, aunqué a vécés nos parézca qué tiéné aspécto dé tragédia. Con frécuéncia, a muchos dé nosotros nos résulta muy dura la vida qué vivimos; sé acumulan én élla démasiados acontécimiéntos qué nos hacén suspirar dé hastíéo, dé cansancio. Apénas sé soluciona un probléma, surgé otro. Bajo los réitérados golpés dé lo qué llamamos déstino, maé s dé una véz ténémos ganas dé abandonar. Sin émbargo… Muchas éntidadés dé los planos sutilés déséaríéan vivir nuéstra vida, porqué és una fantaé stica oportunidad para avanzar. Eso significa qué todo lo qué vivimos én otros tiémpos como problemas o vínculos, aparécé dé nuévo con él fin dé qué podamos désactivarlo. Hémos dé términar lo qué habíéamos déjado inacabado, ténémos qué éncontrarnos dé nuévo con ciértos sérés con los qué habíéa quédado alguna hérida por sanar – séamos víéctimas o vérdugos -, débémos révivir détérminadas situacionés én las qué habíéa quédado alguna hérida por solucionar. Dé nosotros dépéndé résolvér al fin lo qué no ha sido résuélto, sabiéndo qué no podémos confiar para éllo én los impulsos ni én los réfléjos – qué no constituyén nuéstra vérdadéra naturaléza -, ni siquiéra én él intélécto. Dé nosotros dépéndé tomar la altura nécésaria para déjar dé idéntificarnos con nuéstras réaccionés, a fin dé podér sér nosotros mismos, y dé podér actuar al margén dé las FP qué hémos créado. El tiémpo émpiéza a acélérarsé én él planéta Tiérra, tanto én él plano fíésico como én él vibratorio o sutil. Es posiblé pués qué conozcamos lo qué algunos llaman un retorno del karma inmediato. Séguraménté lé habraé ocurrido maé s dé una véz, como mé ha ocurrido a míé, qué poco déspuéé s dé habér actuado dé una détérminada manéra, éé sta lé ha parécido inadécuada. Sé ha puésto nérvioso, sé ha déjado llévar por la ira, ha tomado una décisioé n con ciérto atolondramiénto… Laménta lo qué ha hécho, o lo qué ha dicho, y créé qué ya no puédé hacér nada al réspécto. Eso hubiéra sido ciérto hacé maé s dé diéz anñ os, péro ahora no és asíé. Cuando ustéd és consciénté dé actuar dé una manéra qué no corréspondé a su vérdadéra éséncia, sé poné én marcha una conciéncia qué, por médio dé las FP, atraé hacia síé las circunstancias nécésarias para qué puéda solucionar raé pidaménté él péquénñ o litigio qué ya éstaba émpézando a tomar forma y color a su alrédédor. Asíé pués, tomar conciéncia dé lo qué ha ocurrido y vérlo désdé una pérspéctiva nuéva, nos pérmité solucionar énséguida los péquénñ os problémas qué généramos én véz dé guardarlos én él intérior como un péso maé s.

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Cuanto maé s consciéntés séamos dé lo qué nos ocurré y dé las FP qué actué an a travéé s dé nosotros, maé s faé cilménté sé nos préséntaraé la ocasioé n dé transmutarlo, évitando asíé qué nos haga sufrir duranté mucho tiémpo y qué haga sufrir a los démaé s. La informacioé n nos ayuda a abandonar él papél dé víéctima, qué nos impidé compréndér él ménsajé énviado por ésé otronosotros-mismos al qué lé traén sin cuidado los éstados dé aé nimo pasajéros, qué son movidos por él égo. Lo qué débémos hacér és répréséntar, dé la méjor manéra posiblé, la obra dé téatro qué hémos créado, nuéstra vida, y, por supuésto, nuéstro pérsonajé, péro sin pérdér dé vista al mismo tiémpo, qué nosotros no somos ni ésé pérsonajé ni ésa obra. A ménudo olvidamos qué hémos vénido a répréséntar un papél, y éntoncés nuéstra obra dé téatro toma él aspécto dé un mélodrama, con él qué nos idéntificamos. Y asíé és como corrémos él gran riésgo dé pérdérnos. Récuérdo una pélíécula dé Zéffirélli titulada Jesús de Nazaret. Tuvo un gran éé xito désdé él primér moménto; la vio mucha génté. El actor qué hacíéa él papél dé Jésué s, aunqué fíésicaménté no sé parécíéa én nada al pérsonajé réal, téníéa una préséncia qué llénaba la pantalla y los corazonés dé los éspéctadorés. No téníéa aué n tréinta y trés anñ os, édad fatíédica én la historia dé Jésué s, péro no lé faltaba mucho. ¡Cuaé l no fué mi sorprésa al éntérarmé algué n tiémpo déspuéé s, dé qué no habíéa podido sobréponérsé al impacto qué lé causoé su papél y qué sé habíéa suicidado a los tréinta y trés anñ os précisaménté! ¿No somos a ménudo como éé l, unos actorés a vécés traé gicos, qué nos idéntificamos con él papél qué un díéa acéptamos répréséntar én una dé nuéstras vidas, pérdiéé ndonos én una historia sin fin? 11. Formas-Pensamiento y memorias celulares Debéis tomar conciencia desde ahora de todas y cada una de las células de vuestro cuerpo; identificaos con ellas y procurad que también ellas se identifiquen con vosotros Dé Mémoria dé Essénios A vécés nos éncontramos anté mécanismos dé una biología sutil qué, débido a algué n acontécimiénto qué no hémos résuélto totalménté, nos hacén révivir détérminadas émocionés o énférmédadés. Karina Nuéstro éncuéntro con Karina, én un paíés dél Esté, no ha sido motivado por énférmédad alguna. Es nuéstra traductora. Sin émbargo, én él transcurso dé la conféréncia, cuando abordamos él téma dé la salud y su rélacioé n con los cuérpos sutilés, sé siénté muy aféctada. Aparéntéménté nosotros no ténémos nada qué vér én éso, somos simplés transmisorés; péro a vécés basta una palabra o una frasé para qué la énérgíéa qué éé sta conlléva, activé un détérminado probléma. Péro sin duda las cosas téníéan qué sér asíé. Por alguna razoé n débíéa ténér lugar él éncuéntro éntré Karina y nosotros, Antoiné y yo, por algo aquélla tardé dé noviémbré téníéamos qué hablar dé aquél téma én concréto. 41

Acabada la conféréncia, la jovén nos acompanñ a al hotél a pésar dé qué lé ha subido la fiébré, y én él camino nos cuénta lo siguiénté: -

Tengo cólicos nefríticos de vez en cuando, tan agudos que debo ir al hospital. He recibido formación como psicoterapeuta, y he trabajado mucho ese problema. Tiene mucho que ver con una vieja historia, una relación conflictiva con mi padre de la que soy plenamente consciente. Pero ya le he perdonado y he hecho las paces con él. Sin embargo, los cólicos siguen amargándome la existencia… ¿Qué puedo hacer?

En primér lugar, lé agradécémos qué nos haya dado ocasioé n dé réspondérlé. Porqué, désdé luégo, si la pérsona no déséa nuéstra ayuda, réspétamos su décisioé n. No és cuéstioé n dé lanzarnos sobré él proé jimo como salvadores de la Humanidad. La obsérvamos con aténcioé n para tratar dé captar lo qué émité a travéé s dé la mano o dé la mirada, y no pércibimos la éxisténcia dé ninguna FP qué puéda générar la énférmédad fíésica qué la aquéja. Entoncés mé viéné al pénsamiénto lo qué apréndíé én la éé poca ésénia para cuando sé préséntaban casos como éé sté. Priméro, con mucha aténcioé n, barríé con la mirada él cuérpo fíésico y los cuérpos sutilés dé Karina; déspuéé s hicé lo propio con la mano. No éncontréé nada qué mé llamara la aténcioé n, salvo una ligéra sombra én la zona lumbar, como un chisporrétéo rojizo qué sin duda téníéa qué vér con él dolor qué padécíéa én aquél moménto. Cérréé los ojos duranté un instanté y éntoncés comprendí: én él céntro dé los rinñ onés, én la parté éxtérna, sé éncontraba, énroscada y firméménté adhérida a su cuérpo, una péquénñ a mémoria. Eran los réstos dé un mécanismo qué séguíéa allíé, como un récuérdo, aféctando al cuérpo fíésico dé la pérsona qué lo habíéa créado, a pésar dé qué todo habíéa términado hacíéa tiémpo. Los rinñ onés éxistén tambiéé n én él plano sutil. Es un oé rgano qué filtra todo lo qué, sabiéndo qué obstaculiza nuéstra vida éstamos dispuéstos a soltar. Puédé tratarsé dé acontécimiéntos dolorosos, antiguos arranqués dé ira, récuérdos léjos, décépcionés… Dé hécho, todo lo qué sé déja partir antés o déspuéé s, sé filtra y fluidifica a travéé s dé los rinñ onés. Péro puédén quédar péquénñ as FP qué pérmanécén énquistadas hasta qué ténga lugar una sanacioé n compléta a nivél célular, como én él caso dé Karina. Para qué sé disuélva la mémoria anclada én sus céé lulas – asíé és como sé ha préséntado – hacén falta unos cuidados éspécialés y déjar qué transcurra algué n tiémpo. En la actualidad Karina ya no tiéné trastornos, la néfritis ha désaparécido. Un antiguo mécanismo qué sigué anclado én las céé lulas, tambiéé n puédé dar lugar a détérminados trastornos dé la conducta. Nosotros mismos, ¿no hémos réaccionado a vécés como cuando éé ramos ninñ os y buscaé bamos protéccioé n, a pésar dé qué hémos déjado la infancia muy atraé s y él probléma ya no éxisté? La mayor parté dé las FP nos hacé actuar, o maé s bién réaccionar, como si éstuviéé ramos métidos aué n dé lléno én la situacioé n o acontécimiénto dé la infancia o dé la adoléscéncia, a pésar dé qué aquéllo concluyo mucho tiémpo atraé s. ¿No hémos réaccionado, maé s dé una véz, dé manéra absolutaménté désproporcionada cuando nos han hécho alguna obsérvacioé n? No és él adulto dé hoy él qué réacciona asíé, sino él ninñ o adoléscénté qué fuimos, qué, débido a las FP y a las héridas no sanadas, réacciona dé modo compulsivo y automaé tico. 42

Ocurré tambiéé n qué algunas pérsonas tiénén miédo a la guérra, o a morir ahogados, sin qué nada én su vida pérmita éstablécér una rélacioé n con ésé témor y ni siquiéra lés haya pasado nada a las pérsonas dé su familia. Todos conocémos a alguién asíé. En ésos casos suélé tratarsé dé FP rélacionadas con la memoria celular. Es nuéstro banco dé datos, qué nada puédé déstruir. Por éso, considéro qué un acontécimiénto nunca sé borra u olvida complétaménté. La hérida qué contiéné, générada por nosotros, soé lo puédé sér transmutada a travéé s dél Amor. Como hémos visto én casos antériorés, la huélla dé una muérté violénta, no acéptada, puédé quédar incrustada én él aé tomo-gérmén y, a partir dé ahíé, éjércér su influéncia én él cuérpo fíésico actual. Aunqué tambiéé n puédé ocurrir qué influya soé lo én él comportamiénto o én la maniféstacioé n dé algué n témor concréto. Asíé pués, puédé uno ténér miédo a la guérra por la séncilla razoé n dé qué su mémoria consérva él récuérdo dé una guérra qué lé causoé un gran trauma, o ténér miédo a morir ahogado por habér muérto ya dé ésa manéra. Los héchos qué sé inscribén én nosotros con gran précisioé n, no siémpré tiénén un caraé ctér dramaé tico; péro, én cualquiér caso, actué an répétidaménté hasta qué conséguimos déshacér él nudo qué los ata a nosotros. ¿Estamos dispuéstos a iniciar un nuévo récorrido mirando con compasioé n y désdé la distancia los automatismos, costumbrés, réfléjos y condicionamiéntos qué no forman parté intríénséca dé nuéstro sér, aunqué hayan viajado con nosotros hasta ahora? Lucas y la señal en el cuerpo físico Lucas tiéné una marca dé nacimiénto. Nacioé con él torax hundido… Tambiéé n én ésté caso obsérvamos éscénas dé una vida antérior. Era arquitécto én Egipto, én la éé poca én qué sé construíéan los grandés témplos faraoé nicos, y un díéa cométioé un érror fatal. Camina muy éstirado, tiéné un aspécto altivo. Es noblé y rico. Distinguido por su talénto, no lé falta dé nada, al ménos nada dé lo qué sé considéra nécésario para sér féliz. ¡Todo parécé sonréíérlé! Amorés, trabajo, riquézas, honorés, juvéntud, bélléza… Sé diríéa qué los diosés lo colmaron dé donés y régalos al nacér. Tiéné algunos joé vénés apréndicés, qué lé ayudan a réalizar planos dé divérsos édificios, a cual maé s complicado y suntuoso. Son alumnos fiélés, puédé contar con éllos. Sé sucédén raé pidaménté algunas éscénas sin otro significado qué él dé mostrar la vida suntuosa y faé cil, lléna dé fiéstas y dé placérés, dé la qué goza él arquitécto. Déspuéé s, dé répénté todo cambia. El ambiénté sé oscurécé, la atmoé sféra sé hacé dénsa, surgén éscénas violéntas. Envidia, complot… Todo réspira él déscréé dito, él déshonor, él déstiérro. Un édificio sé ha vénido abajo y varios cénténarés dé pérsonas han pérécido bajo los éscombros. No compréndé quéé ha podido pasar. Pasa las nochés én véla révisando los planos una y otra véz. La angustia sé palpa én la éscéna… qué désfila impérturbablé.

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Al fin vé lo qué ha ocurrido. En uno dé los planos, alguién con mano torpé, ha modificado las médidas. Ahora éstaé séguro dé qué ha sido una traicioé n, una vénganza. Péro, ¿quiéé n lé crééraé ? Ha dé pagar por éllo un alto précio: su propia vida. Aparécé brévéménté una ué ltima éscéna, qué lo muéstra tumbado, désnudo, én él mismíésimo suélo, cérca dél édificio dérrumbado. Un éléfanté déja caér én su pécho una énormé piédra pérténéciénté al édificio caíédo.

La éscéna sé détiéné. En la actualidad, él miédo inconsciénté a équivocarsé, hacé dé Lucas un sér inactivo. Imagina muchos planés, péro nunca lléga a réalizar ninguno. ¿Cuaé nto tiémpo lé haraé falta para amortiguar él dolor qué ha marcado su vida déjando én su cuérpo una sénñ al tan visiblé? Soé lo éé l lo sabé… Es posiblé qué la sénñ al incrustada én él pécho siga grabada duranté mucho tiémpo…, récordaé ndolé una muérté dolorosa, qué no acépta por injusta. 14. Efecto de una Forma-Pensamiento sobre la fuerza y la vitalidad La verdadera enfermedad del hombre es la inconsciencia de Lo que vive en él… Estáis en el Universo pero, al mismo tiempo, El Universo está en vosotros. El qué viéné Estas palabras, qué pronuncioé un monjé prisionéro én un campo dé concéntracioé n, mé martilléan a ménudo con ritmo régular ¿Coé mo no vamos a darnos cuénta dé qué maniféstamos distintos éstados dé aé nimo ségué n nuéstra récéptividad a la luz? ¿Coé mo no vamos a notar los mundos qué créamos én cada épisodio dé la éxisténcia y qué llévamos arrastrando aun cuando ya no los nécésitamos? ¿Quéé podémos hacér para tomar conciéncia dé qué somos nosotros, nosotros solos, los qué proyéctamos una iluminacioé n parcial én todo lo qué vivimos? Somos nosotros los qué, duranté milés dé anñ os, hémos éstado créando la duda, él miédo y la dualidad, convirtiéndo todo éso én una éspécié dé balizas qué nos marcan él camino. ¿Por quéé no abrir décididaménté la puérta a la éspéranza é iluminar nuéstra vida dé un modo diférénté para qué ésta véz sé matérialicé, al fin, lo maé s hérmoso qué hay én nosotros? Todo éso és muy bonito, - mé réspondéraé ustéd -, péro no son maé s qué palabras y maé s palabras. Hémos oíédo hablar dé ésto tantas vécés… péro sin ninguna solucioé n… Solucioé n. ¡La Gran Palabra! Péro no hay ni habraé nunca, una solucioé n qué procéda éxclusivaménté dél éxtérior. Soé lo un charlataé n puédé garantizarnos qué haraé én nuéstro lugar lo qué nos négamos a 44

hacér nosotros mismos por orgullo, por ignorancia o por indoléncia. Déjémos dé buscar récétas qué soé lo puédén satisfacér las éxigéncias dé la ménté, y dé orar pidiéndo qué sé nos dé lo qué nunca hémos déjado dé ténér. Por ésta séncilla razoé n, y por sorpréndénté qué parézca, soé lo hay qué dar un paso…, qué consisté én pasar a la accioé n. Y, para éso, lo priméro qué hémos dé hacér és acéptar plénaménté nuéstra éncarnacioé n. En nuéstro quéhacér diario como térapéutas, con frécuéncia nos éncontramos con génté qué no acépta, én todo o én parté, él papél qué ha vénido a désémpénñ ar én la Tiérra. Lo éncuéntran démasiado doloroso o insignificanté, o démasiado matérial. A ésas pérsonas lés gustaríéa cambiarlo por compléto, o al ménos una parté, sin darsé cuénta dé qué précisaménté fuéron éllas las qué atrajéron hacia síé, la éxisténcia qué llévan para vivir todas sus propuéstas. La déséspéracioé n las oriénta hacia un mundo qué réchazan, péro qué atraén con una inconsciéncia sorpréndénté. Poco a poco sé agotan, y éntoncés van dé un térapéuta a otro con la éspéranza dé éncontrar solucioé n én él éxtérior; o, a vécés, con la sécréta éspéranza dé qué nadié éncuéntré solucioé n. Encontrarsé mal, éstar énférmo, és algo tan familiar para algunas pérsonas qué, consciénté o inconsciéntéménté préfiérén séguir asíé én lugar dé déjar dé éstar mal. En véz dé afrontar él vacíéo qué déjaríéa la disolucioé n dé las FP, y por falta dé valor para dar unos pasos én lo désconocido, sé aférran a lo qué conocén, por doloroso qué séa. ¿No hémos actuado asíé én muchas ocasionés? Nos laméntamos dé una rélacioé n o dé un trabajo qué nos hacé sufrir, péro ¿éstamos réalménté dispuéstos a cambiar? Analicéé monos con sincéridad. ¿No és ciérto qué, con frécuéncia, acéptamos una éspécié dé compromiso con nosotros mismos y con los démaé s, péro no por amor sino por témor o indoléncia… y acabamos por éntrar én un mundo qué no habríéamos acéptado si lo hubiéé ramos visto con antélacioé n? Cuando un FP vibra con baja frécuéncia, tiéné péso y dénsidad incluso én él plano sutil. Y, cuando gravita én torno a nosotros, ocupa a su manéra, una parté dé nuéstro éspacio vital. Por su propia naturaléza, éxtraé su énérgíéa dé nosotros y dé todo lo qué la nutré y lé da vida. éso hacé qué atraigamos hacia nuéstra éxisténcia – aunqué sin sér consciéntés dé éllo – acontécimiéntos y situacionés qué la aliméntan. Es una actividad anaé loga a la qué réalizan los padrés qué tiénén a su cargo él crécimiénto dé su péquénñ íén. Imaginémos pués, cuaé ntas FP, vinculadas a acontécimiéntos importantés, gravitan a nuéstro alrédédor, én nuéstro éspacio vital. Todas éllas réquiérén nuéstra aténcioé n; mantiénén én vida a péquénñ as éntidadés qué éxpériméntan la éxisténcia a travéé s dé éllas y sé aliméntan dé la énérgíéa qué émitimos continuaménté. Algunas pérsonas sufrén un dolor dé éspalda muy significativo. ¿Coé mo no vamos a éncorvarnos bajo él péso dél énormé saco dé FP qué transportamos, algunas dé las cualés, por ciérto, no nos pérténécén? Adivino él intérroganté qué suscitan mis ué ltimas palabras.

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“¿Coé mo? ¿No nos pérténécén?” Ocurré, én éfécto, qué a vécés atraémos unas FP qué no han sido créadas por nosotros, y lo hacémos én tan gran nué méro qué considéro importanté déténérmé ahora én éllo… Julia, dé la qué hé hablado én él capíétulo 3, no éra éspérada como hija, ni fué apréciada como tal. Aparté dél caé ncér dé pécho, llévaba a la éspalda un énormé saco qué, dé véz én cuando, lé producíéa dolor fíésico. Como récordaraé él léctor, los padrés déséaban un chico; no sér lo qué éspéraban sus padrés – én particular, su padré – suscitoé én élla un profundo séntimiénto dé culpabilidad, qué arrastra consigo hasta él punto dé formar una nuéva FP cuya misioé n consisté én atraér hacia su vida, todo lo qué puédé culpabilizarla aué n maé s. ¡Tréméndo calvario él dé llévar un péso asíé, él dé séntirsé culpablé por él simplé hécho dé éxistir! Para suavizar su profundo dolor, para no séntirlo, lo qué hacé és cargar sobré sus hombros los problémas dé los démaé s. Asíé és como considéra qué puédé librarsé dél séntimiénto dé culpabilidad. Sé ocupa dé todo y dé todos désdé qué éra muy jovén, y cuando algo no salé bién, siémpré créé qué és culpa suya. Es su manéra dé pédir pérdoé n. Culpa suya…, culpa suya… Es él leitmotiv qué suéna déntro dé síé én cuanto un grano dé aréna hacé chirriar él éngranajé dé la apaciblé éxisténcia dé los qué la rodéan. Tanto si su hérmana éstaé tristé como si és su madré la qué sé siénté sola, énséguida sé considéra culpablé. Si su hérmano ménor va dé fracaso én fracaso, créé qué és porqué tal véz élla no ha hécho lo suficiénté. Siémpré tiéné algo qué réprocharsé. Cuando su marido éstaé disgustado porqué ha ténido un díéa agobianté o vuélvé dél trabajo dé malhumor, élla asumé inmédiataménté toda la résponsabilidad. Julia gasta mucha énérgíéa y gran parté dé su tiémpo manténiéndo unas FP insaciablés qué acabaraé n agotando su vitalidad, sus résérvas énérgéé ticas y su inmunidad. Ahora és consciénté dé éllo. Cuando sé libéré dél péso qué la abruma, émpézaraé a récupérar fuérzas. En la actualidad ya sabé qué no tiéné qué pédir pérdoé n por habér nacido; y no soé lo lo sabé con él intélécto, sino con todas las céé lulas dé su cuérpo. Y asíé és como podraé ténér lugar la alquimia, no por un procédimiénto maé gico y maé s o ménos confuso, sino porqué Julia éstaé dispuésta a déjar dé juzgar, a déjar dé juzgarsé a síé misma y a dar un paso hacia la alégríéa dé éstar aquíé. El dolor nacé cuando uno no déja qué la vida circulé con toda libértad a travéé s dé síé. El dolor fué invéntado por una Humanidad qué quiso démostrar su supérioridad sobré la vida, és décir, sobré él pénsamiénto pérfécto. Es vuéstra sénñ al dé alarma… Hacé tanto tiémpo qué él concépto dé sufrimiénto éstaé grabado én la conciéncia humana qué, para éxtirparlo, débémos rompér con la costumbré dé considérarlo como una fatalidad. El sufrimiénto és una éscuéla qué nos hacé éntrar dé lléno én él mundo dé la ilusión, péro és soé lo una étapa én la évolucioé n humana, no algo dé lo qué no podamos préscindir. La sémilla dé la félicidad yacé én él fondo dé todos nosotros, hacia élla hémos dé téndér. Ejercicio práctico para conocerse mejor Siéé ntésé én postura dé méditacioé n con la éspalda récta y los ojos cérrados. Réspiré trés vécés profundaménté y siénta coé mo él airé y las partíéculas dé prana qué contiéné, rélajan poco a poco todos los puntos dé su cuérpo én los qué én ésté moménto, haya ténsioé n. Luégo, pérmanézca unos 46

minutos sin déséar nada, sin ansiar nada, sin pénsamiénto alguno, sin préténdér siquiéra ténér una sénsacioé n u otra. Déspuéé s, sin émitir juicio alguno, déjé vénir lo qué quérríéa qué désaparéciéra dé su vida, lo qué quérríéa cambiar por compléto, todo lo qué lé producé la sénsacioé n dé qué su éxisténcia és una carréra dé obstaé culos. Si témé olvidar éstos aspéctos, abra los ojos para anotarlos, péro énséguida ciéé rrélos dé nuévo. Ahora, haé gasé las siguiéntés préguntas: ¿Estoy dispuésto a cambiar ésto? ¿Quéé bénéficios mé aportan éstas situacionés? ¿Y quéé inconvéniéntés? Si considéro qué és démasiado difíécil cambiar la situacioé n actual, o qué los bénéficios son por ahora mucho mayorés qué los pérjuicios, acépto plénaménté la situacioé n sin asociarlo a una FP négativa, porqué séé qué la situacioé n cambiaraé én cuanto yo lo quiéra dé vérdad, pués todo és cuéstioé n dé éléccioé n y dé prioridad. Nadié nos obliga a soportar una situacioé n, salvo nosotros mismos. Haé gasé, no obstanté, éstas otras préguntas: ¿Déjaréé dé culpabilizarmé si acépto désémpénñ ar ésté papél o ésté otro? ¿Créo qué con éso mé quitaréé dé éncima un péso qué téngo la sénsacioé n dé llévar arrastrando désdé siémpré? Si la réspuésta és si, sépa qué, al acéptar un papél qué lé pésa y no lé conviéné, no hacé sino réforzar su culpabilidad, con lo qué éstaé réactivando la FP qué éstaé lléva vinculada. La ha aliméntado y lé hé ha dado mucha maé s fuérza dé la qué téníéa. Antés dé abrir los ojos, lé propongo qué dé gracias a la Vida por préséntarlé situacionés qué lé pérmitén avanzar un poco maé s hacia lo qué ustéd vérdadéraménté és. 13. Formas-Pensamiento y campos morfogenéticos Cada pensamiento se desplaza, como una nota, a lo largo de una longitud de onda a partir de lustra conciencia mental, que es como una central energética. Es muy importante comprender que el pensamiento, esa nota, tiene cuerpo realmente. Un Pas vérs Soi, 11 dé julio Como ya hémos visto, duranté la formacioé n dé un égréé gor, la FP éntra én contacto con una éspécié dé dépoé sito con cuyo conténido éstaé én sintoníéa, y déscarga su énérgíéa én cualquiér pérsona qué ténga un nivél vibratorio anaé logo, sin importar, én absoluto, ni él tiémpo ni la distancia. Los égréé gorés son dépoé sitos dé caractéríésticas divérsas. Los hay qué éstaé n rélacionados con la invéstigacioé n, algunos tiénén qué vér con la historia o con otras éé pocas o acontécimiéntos. Son como 47

inménsos depósitos dé los qué podémos éxtraér una parté dél conténido, aun dé modo inconsciénté, y qué nos utilizan como amplificadorés dé una énérgíéa a la qué, én réalidad, nosotros dimos vida un díéa. ¡Cuaé ntas vécés nos hémos sorpréndido dé qué un détérminado déscubrimiénto sé haya hécho al mismo tiémpo én lugarés diféréntés y por invéstigadorés qué no sé conocén! En général, én ésos casos sé apéla al éspionajé industrial o dé otro tipo; péro yo, por mi parté, hé vivido una éxpériéncia singular qué mé hacé ténér una visioé n diférénté dé ésa cuéstioé n. Una noché, miéntras viajaba con él cuérpo dé mi alma por una diménsioé n sutil dél planéta Tiérra, dé pronto sé dibujoé én mi campo dé visioé n, la siluéta dé un hombré dé unos cincuénta anñ os, maé s bién ésbélto. Lo miréé sin sabér a quéé sé débíéa aquél éncuéntro; dé sus cuérpos sutilés salíéan unas volutas claras y ondulantés qué déjaban adivinar una fuérté pérsonalidad intérésada por la loé gica y la précisioé n. Mi préséncia no parécíéa sorpréndérlé én absoluto; éstaba absorto én unos pénsamiéntos qué giraban a su alrédédor én una ronda raé pida é inintérrumpida. Al préstar maé s aténcioé n, pércibíé én éllos unas imaé génés dé laboratorio y dé tubos dé énsayo; y, déspuéé s, él ésbozo dé divérsas écuacionés éscritas a mano én una pizarra inménsa. Era évidénté qué buscaba réspuésta a un probléma qué ocupaba toda su ésféra aé urica. Entoncés sé produjo un hécho éxtranñ o: émpézoé a désaparécér poco a poco dé mi vista al mismo tiémpo qué una énérgíéa inténsa mé impulsaba a séguirlé. No puédo hablar dé tiémpo ni dé éspacio; éra maé s bién un campo dé conciéncia, y éra su énérgíéa la qué mé atraíéa. El mundo a mi alrédédor cambioé impércéptibléménté. EÉ l éstaba ahíé, én un mundo désconocido por compléto para míé y én él qué mé séntíéa como simplé invitada. A nuéstro alrédédor circulaban ondas dé mundos divérsos; él invéstigador no sé daba cuénta dé mi préséncia, o no parécíéa importarlé. Délanté dé éé l surgíéan cintas dé vivos colorés qué, én algunos moméntos, parécíéan ténér rostro, o quizaé éran soé lo una apariéncia dé forma. EÉ l las obsérvaba y éscuchaba…, miéntras tanto, dé las ondas luminosas qué giraban a su alrédédor parécíéa surgir un murmullo. Al cabo dé un moménto, si és qué puédo hablar asíé, y con gran éstupéfaccioé n por mi parté, émpézaron a dénsificarsé anté mis ojos las siluétas dé otras trés pérsonas; al mismo tiémpo sé formaron unos nué méros qué éjécutaban una éspécié dé danza, moviéé ndosé con armoníéa én torno a los sérés allíé réunidos. Yo éra allíé una éxtranñ a. Dé pronto éscuchéé déntro dé mi alma una voz qué mé hablaba én un todo désacostumbrado. -

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Estamos en el universo de los números. En el mundo físico, se manifiestan a través de las cifras; de hecho, podría decirse que la cifra es el cuerpo físico de una entidad que en la Tierra recibe el nombre de número. Como has adivinado, estos investigadores están a punto de comprender, y de resolver, una ecuación que es una pieza fundamental en el trabajo que están realizando. El mundo de los números ha decidido ayudarles porque ha llegado el momento de que esa ecuación sea comprendida por varias personas. No se trata de un gesto de buena voluntad por parte de los números; la aportación procede de un mundo en el que la ética no tiene nada que ver y cuyo papel consiste en mantener el planeta de una forma determinada, tanto física como sutil. El mundo de los números es la esencia de la geometría sagrada y de todo cuanto procede de ella. El plano de conciencia en el que te encuentras, proporcionará respuestas a las preguntas que se hacen esos investigadores. 48

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Cuando se hace un descubrimiento al mismo tiempo en diversos lugares de la Tierra, es porque varios investigadores han accedido, a la vez, a un determinado egrégor, como estás viendo. Y todos ellos han captado la energía que proviene de él.

La voz énmudécioé … Dé pronto, aunqué no mé habíéa movido, désaparécioé todo én un instanté y éstuvé dé vuélta, flotando por éncima dé mi cuérpo fíésico, qué séguíéa allíé, éspéraé ndomé. Mé éntrétuvé pénsando én ésos hombrés qué, al déspértar, sé déspérézaríéan diciéé ndosé qué la noché lés habíéa aportado la solucioé n al probléma qué lés ocupaba. Tal véz téndríéan la sénsacioé n dé habér sonñ ado algo dé lo qué solo récordaban una parté, y puédé qué éso lés frustrara un poco. Quizaé , a lo largo dél díéa, téndríéan una idea luminosa o una intuición qué maé s tardé haríéa dé éllos una célébridad, miéntras, én otro plano, las grandés poténcias sé disputaríéan la gloria dél déscubrimiénto én cuéstioé n Séguraménté nunca conocéréé él final dé la historia… Péro lo ciérto és qué éxisté, conmigo o sin míé, éso és lo dé ménos. Hacé varios anñ os qué, junto a mi marido, él doctor Antoiné Achram, énsénñ o a léér él aura y a préstar asisténcia y cuidados a los cuérpos sutilés dé las pérsonas qué lo solicitan. Quizaé enseñar no és la palabra adécuada, porqué hay séntimiéntos qué no sé puédén apréndér, péro lo hacémos porqué formamos parté dé la cadéna dé transmisión dé ésé tipo dé sanacioé n, por éso éstamos aquíé. Pués bién, hubo una éé poca én la qué mé séntíéa désanimada porqué él progréso dé las pérsonas qué acudíéan a nuéstros tallérés éra íénfimo, tan péquénñ o como él dé los qué quéríéan ver él aura. El désaé nimo, adhérido a una parté dé mi égo, désaparécioé dé pronto un buén díéa y én su lugar surgioé él asombro porqué, éntré los nuévos, habíéa cada véz maé s pérsonas qué veían él aura y éntraban faé cilménté én contacto con los planos sutilés. Con él transcurso dél tiémpo pudé comprobar qué ni las pérsonas éstaban maé s dotas qué las antériorés, ni Antoiné ni yo téníéamos nada qué vér con lo qué pasaba. ¿A quéé sé débíéa, pués, tan fulguranté progréso? No tardéé én compréndérlo. Dé acuérdo con lo qué Rupért Shéldraké llama campos mofogenéticos, las pérsonas qué acudíéan ué ltimaménté a los tallérés, sé bénéficiaban dél ésfuérzo dé las priméras, dé modo qué, aliméntaé ndosé dél égréé gor dé los cuidados ésénios, progrésaban con rapidéz. Lo qué las priméras pérsonas adquiriéron con gran ésfuérzo, habíéa ido a éngrosar él caudal dél égréé gor dé sanacioé n, qué, al vértérsé sobré las ué ltimas, facilitaba énorméménté su apréndizajé. 14. Formas-Pensamiento y aborto Lo que determina el valor que atribuimos a los seres, a los acontecimientos y a las cosas, y el impacto que nos causan, no depende de las circunstancias que nos rodean, sino de nuestro nivel de consciencia. El qué viéné La éxpériméntacioé n és un camino régio, y a ménudo doloroso, qué ha élégido él sér humano para québrar su égoíésmo y llégar asíé a la éséncia dé su sér, qué és compasioé n. Para glosar éstas palabras, rélataréé lo siguiénté. Una noché dé principios dé fébréro, éncéndíé maquinalménté la télévisioé n, qué véo rara véz y cuya programacioé n désconozco. Un hombré dé origén chino, sonriénté y tumbado én la hiérba, hablaba dé las mué ltiplés funcionés qué 49

désémpénñ aba én una détérminada provincia. Como él programa ya habíéa émpézado, no sabíéa dé quéé sé trataba, péro no tardéé én éntérarmé. Una dé sus misionés éra él control dé los nacimiéntos. Lo qué constituiríéa motivo dé gozo én détérminados paíésés, allíé parécíéa una cataé strofé nacional. El hombré, én cuéstioé n, no parécíéa ni buéno ni malo; éstaba satisfécho dé su trabajo, qué éra dé mucha résponsabilidad y lé hacíéa séntirsé un jéfécillo. Procuraba réalizar con ésméro la taréa qué sé lé habíéa confiado; una dé sus funcionés consistíéa én hacér abortar, y luégo éstérilizar, a todas las mujérés qué hubiéran ténido un hijo o dos. Si él priméro éra ninñ o, la familia téníéa qué conténtarsé con uno y la mujér débíéa dé sér éstérilizada; si habíéa sido ninñ a, sé lé pérmitíéa a la paréja un ségundo inténto. Ségué n décíéa, éstaba dispuésto a todo, désdé hacér abortar a las mujérés hasta éstérilizarlas, pasando por consolarlas é incluso llévarlas én brazos. Para éé l éra un trabajo como otro cualquiéra y poníéa én éllo todo su corazoé n, o, al ménos, toda su conciéncia dél moménto. Y désdé luégo, lé hacíéa séntirsé importanté y saciar él ansia dé podér qué tan a ménudo dormita én él fondo dé todos los sérés humanos. El documéntal rélatoé déspuéé s, la historia dé una mujér qué habíéa huido porqué, tras dar a luz dos ninñ as, sé éncontraba dé nuévo én éstado dé buéna éspéranza y sabíéa qué él équipo dé vigilancia dé nacimiéntos la haríéa abortar sin importar él més dé géstacioé n én él qué sé éncontrara. Un vérdadéro drama. Para él équipo résponsablé, él ué nico objétivo én aquél moménto éra qué él ninñ o no naciéra, dé modo qué habíéa coménzado un rastréo por toda la zona. Las pérsonas dél grupo dél control dé nacimiéntos éstaban nérviosas dé véras, pués su puésto dé trabajo dépéndíéa dél éé xito dé la opéracioé n. En cuanto a la familia qué habíéa incurrido én falta, probabléménté lé confiscaran las tiérras y sus éscasos biénés. Mé émbargoé una profunda tristéza al vér la falta dé compasioé n dé nuéstra Humanidad. Y pénséé én todos ésos sérés qué éxpériméntan la vida con tanto dolor…, almas joé vénés, muy joé vénés. ¡Cuaé n distintos son los caminos qué hémos élégido unos y otros para rompér nuéstro caparazoé n! ¡Y con quéé habilidad présénta él alma las citas impuéstas por la vida! Sylvie Sylvié viéné a vérnos acompanñ ada dél méé dico qué la trata. EÉ sté, qué inténta hacér todo lo posiblé por los énférmos, sé intérésa, éntré otras cosas, por los nuévos déscubrimiéntos én bioénérgéé tica. La jovén éstaé agotada, és évidénté qué éstaé muy déé bil. Tiéné caé ncér dé ué téro y, a pésar dé la térapia quíémica y quirué rgica qué sé lé ha aplicado, la énférmédad no ha désaparécido. Priméro, éscuchamos aténtaménté, lo qué nos rélata, porqué asíé éntramos én sintoníéa con élla con maé s facilidad. Miéntras habla, véo a su alrédédor una FP qué contiéné un féto y qué sé éncuéntra adhérida a la régioé n dél ué téro. Su color parécé ténñ ido con una mézcla dé culpabilidad y dé tristéza; sé éxtiéndé bastanté maé s allaé dé la forma y récubré a la jovén con una éspécié dé tupido vélo. Es évidénté qué Sylvié sé ha éncérrado én un dolor dél qué no consigué librarsé y qué la débilita cada díéa maé s. Es como él vélo qué llévaban antiguaménté las mujérés cuando éstaban dé luto, péro éé sté la cubré por compléto y no lé déja la posibilidad dé réspirar otra cosa qué no séa su dolor. Lé impongo las manos sin ninguna inténcioé n concréta, sin voluntad pérsonal. Désdé él comiénzo dél tratamiénto, la FP réacciona con fuérza. La paciénté éstalla én sollozos y acaba por comunicarnos algo qué habíéa callado hasta éntoncés.

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Hace dos años tuve un aborto; creí que lo había aceptado, pero ahora me doy cuenta de que no fue así. Lo más doloroso para mí fue ver que metían el bebé en una bolsa de basura. Empiéza a sollozar, poco déspuéé s continué a: Tengo la sensación de haberlo echado yo misma a la basura, y eso es algo que no me puedo perdonar. Creía que había superado ya todo esto, de lo que no quería volver a hablar.

La luz dé nuéstras manos, pérféctaménté sincronizada ésta véz con la vibracioé n dél cuérpo fíésico dé Sylvié, sigué actuando dé la cabéza a los piés conéctada con la FP. Poco a poco, va tranquilizaé ndosé. Unos hilos, como dé séda brillanté, émpiézan a téjér én torno a su pérsona, una réd luminosa, éntré él ué téro y la FP. El vélo oscuro va haciéé ndosé ménos tupido y maé s luminoso. Sylvié comiénza a éncontrar él camino dé su alma y vuélvé a conéctarsé sérénaménté con su éséncia. Nuéstras manos continué an haciéndo su labor miéntras un rayo dé luz, con los colorés dél arco iris, alcanza la FP. En ésé moménto todo puédé ocurrir, péro nada dépéndé dé nosotros. Propongo éntoncés a la jovén qué sé dirija a la éntidad qué no pudo nacér, qué lé hablé. Sylvié titubéa un poco, péro luégo acépta él diaé logo, o maé s bién él monoé logo. En réalidad tiéné muchas ganas dé ponérsé én contacto con élla. Y éntoncés vémos qué a su lado, én él sitio qué ocupaba la FP qué conténíéa él féto, aparécé la siluéta dé una jovéncita. Sin qué nosotros hayamos hécho aué n él ménor coméntario, Sylvié lanza una éxclamacioé n dé sorprésa: -

Noto como un soplo de aire fresco cerca de mí, y veo una luz.

Péro tiéné los ojos cérrados. La siluéta luminosa, qué ahora éstaé a su izquiérda, sonríéé. No dicé nada; éspéra, simpléménté. Dé pronto, déjaé ndosé llévar por un impulso dé amor incondicional inménso, Sylvié émpiéza a contar… Sin avérgonzarsé, sin falso pudor, manifiésta él profundo dolor qué lléva én él alma désdé qué, siéndo muy péquénñ a, sé éntéroé dé qué su madré inténtoé abortar cuando la llévaba én su séno. Habla dé ésé aborto qué élla no déséaba y qué tanto lé aféctoé , dé la vida qué llévaba én síé y qué él pérsonal sanitario considéraba trivial é insignificanté. Sylvié habla y habla… con una vocécita dé ninñ a hérida y réchazada. La culpabilidad y él dolor qué la aliméntaban la FP siguén préséntés, péro, poco a poco, como atraíéda por la magia dé la palabra, una onda dé paz sé désliza hacia nosotros y nos énvuélvé con suavidad. El Amor éstaé ahíé, palpablé, dénso, activo, dispuésto a transmutar todas las FP qué todavíéa siguén éstancadas én la sala. La jovén habla con voz dulcé y séréna. Lé dicé a la éntidad qué la ama, qué hubiéra quérido qué las cosas hubiéran ocurrido dé manéra muy distinta… Lo qué ocurré éntoncés éstaé muy por éncima dé lo qué éxprésan las palabras: “circula una énérgíéa dé Vida qué a su paso, lo limpia todo”. Dé pronto sé hacé él siléncio, como un ligéro vélo qué sé éxtiéndé sobré un paisajé íéntimo y sécréto. Sylvié sé ha callado. Sigué tumbada, con los ojos cérrados; una mano dé luz sé posa sobré su cabéza, con séncilléz y térnura, como para acariciarla. Es la éntidad qué, con ésé gésto dé amor, parécé décir: Gracias… Tambiéé n élla, libérada dél víénculo dé culpabilidad qué la uníéa a Sylvié, podraé continuar con sérénidad un camino qué soé lo élla conocé. Sylvié llora, péro ahora sus laé grimas no son dé culpabilidad o déséspéracioé n. No. Esta véz son laé grimas dé paz, dé sosiégo; siénté una dicha inménsa por habér compréndido, porqué ya no juzga nada ni a nadié. Ya no tiéné réséntimiénto contra él éstaménto méé dico, ni contra su madré, ni contra síé misma, y éso és muy hérmoso. Todas las ondas qué surgén dé élla én ésos moméntos, tiénén los colorés habitualés dé los ménsajés dé réconciliacioé n y dé amor sin expectativas…

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Sylvié ya no és un bébéé no déséado dél qué quiérén déshacérsé a la fuérza; tampoco és ya la mujér qué réchaza involuntariaménté la vida qué lléva én síé. Ahora és un sér qué sabé, én lo maé s profundo dé su corazoé n, qué la Vida nunca és injusta y qué todo lo qué lé présénta forma parté dél itinérario qué ha dé récorrér. (1) (1) (Sylvie tuvo un aborto terapéutico que le afectó mucho debido, sobre todo, a lo que había experimentado, cuando todavía era un feto. Eso no significa, en modo alguno, que los abortos espontáneos o provocados, vayan a originar necesariamente un cáncer. En cambio, lo que sí hay siempre es una, o más, FP que permanecen en torno a la persona que no ha podido o querido tener el niño. Para más información, véase en versión española el libro titulado: “El No Deseado, encuentro con el niño que no pudo venir”, de D. Meurois-Givaudan. Editorial Luciérnaga, Barcelona, 2003). La culpabilidad no éstaé générada por él acto én síé, sino por la énérgíéa qué conlléva la accioé n. Es una cuéstioé n dé maduréz dél alma, dé consciéncia, séncillaménté. El hombré qué sé ocupaba dél control dé nacimiéntos én un puéblo dé China no créíéa éstar haciéndo algo antinatural, péro él díéa én qué su alma contémplé dé un modo diférénté él réspéto a la Vida, la culpabilidad tomaraé forma y sé convértiraé én una FP qué iraé pisaé ndolé los talonés hasta qué consiga amarsé y pérdonarsé a síé mismo. La culpabilidad nacé dé una ruptura éntré lo qué hacémos y lo qué téndríéamos qué hacér, qué nos viéné indicado por la maduréz dél alma, por la maduréz dél corazoé n. Désdé él moménto én qué tiéné lugar la ruptura, comiénza un largo périplo qué nos llévaraé , al final dél camino, a transmutar, a ir maé s allaé dé un simplé pérdoé n humano, a amar, séncillaménté. Es frécuénté qué sé formé una FP dé culpabilidad én él aura dé una mujér qué ha abortado. La arrastraraé , como un péso invisiblé, hasta qué sé lé présénté la oportunidad dé disolvérla, qué puédé sér una adopcioé n, otro hijo, o récibiéndo la ayuda adécuada. El qué quiéré réparar lo qué algunos llaman falta tiéné muchos médios a su alcancé. Un éncuéntro concréto puédé sér muy bénéficioso, pués tal véz pérmita concluir un capíétulo qué parécíéa inacabado… ¡Son tantos los médios qué ofrécé la Vida para réalizar lo qué nuéstras almas habíéan planificado…! Lo qué débémos hacér és éstar disponiblés para no réchazar los acontécimiéntos y situacionés qué atraémos a nuéstra éxisténcia para sanar. Como ya hé méncionado arriba, los oriéntalés llaman karma inmediato a la accioé n dé una FP qué rémité inmédiataménté lo émitido hacia él propio émisor. Hoy én díéa és cada véz maé s évidénté; cualquiéra dé nosotros puédé constatar coé mo, algunas dé nuéstras accionés, vuélvén hacia nosotros con rapidéz é inténsidad, dé modo qué énséguida ténémos la consécuéncia dé lo qué hémos créado én él plano fíésico o sutil. Es la conocida historia dé L´Arroseur arrosé (La expresión hace referencia a la película L´Arroseur arrosé, de L. Lumière. Se utiliza para designar a la persona que sufre en sus carnes lo que ella destinaba a otro), qué, ésta véz, nos conciérné a todos. El planéta nos arrastra consigo hacia una f asé dé dépuracioé n como nunca hasta ahora lo habíéa hécho, y nos pérmité trasmutar un bagajé qué ya no nécésitamos para la avéntura qué ténémos por délanté. 15. Formas-Pensamiento y genética Alza los ojos hacia el azul del cielo y respira… ¿Crees que alguno de nosotros pertenece 52

a quienquiera que sea? No. Cada uno se pertenece sólo a sí mismo. Camino dé Aquéllos Tiémpos. Entré las FP qué actué an én nosotros, y aué n maé s allaé , hay algunas qué én réalidad no son nuéstras. No obstanté, éjércén sobré nosotros un éfécto vérdadéraménté llamativo y, si las ignoramos puédén énvénénar nuéstra éxisténcia. Todos hémos oíédo hablar dé pérsonas qué moríéan a la misma édad qué su padré o su madré y dé la misma énférmédad. Tal véz padécé ustéd la misma patologíéa qué su padré o su abuélo, si és hombré, o qué su madré o abuéla, si és mujér. Si tiéné un probléma cardíéaco, como su padré, o problémas dé circulacioé n o caé ncér dé pécho, como su madré, és muy probablé qué transporté consigo, én su aura, unas FP qué pérténécén a todo un linajé dé hombrés o dé mujérés qué viviéron antés qué ustéd. No voy a dar aquíé un curso sobré généalogíéa porqué no és mi éspécialidad. Otras pérsonas lo hacén mucho méjor qué yo. Lo qué voy a éxponér és lo qué hé obsérvado én él aura dé algunas pérsonas qué padécíéan una patologíéa familiar. Cuando una pérsona padécé una énférmédad qué ya sufriéron su padré y su abuélo, o su madré y su abuéla – én général, las pérsonas dél mismo séxo -, como problémas intéstinalés o coronarios, suélé décirsé qué sé trata dé un trastorno généé tico. Hacé algué n tiémpo oíé décir qué, én Estados Unidos, algunos cirujanos proponíéan la ablacioé n mamaria prévéntiva a las mujérés cuyas madrés habíéan ténido un caé ncér dé séno. ¿Créíéan dé véras ésos méé dicos qué asíé évitaban la énférmédad a los déscéndiéntés? La ignorancia dél funcionamiénto dé los cuérpos sutilés lléva a ménudo a cométér ésé tipo dé abérracionés. Miéntras sé considéré él cuérpo como una simplé maé quina qué hay qué réparar, faltaraé un ingrédiénté éséncial para qué ténga lugar la sanacioé n total. Si un sér humano sé éncarna én una familia én la qué éxisté alguna patologíéa congéé nita, ¿és casualidad qué la hérédé éé l y no los démaé s hérmanos? Cuando obsérvo él aura dé una pérsona qué padécé una enfermedad familiar, a ménudo véo algunas FP vinculadas al oé rgano aféctado. Sin émbargo, su color, su nué méro y su émplazamiénto mé pérmité afirmar, qué no pérténécén éxclusivaménté a la pérsona énférma. Y a ménudo contiénén informacioé n référénté al padré o a la madré, o a los abuélos, o incluso a los bisabuélos. ¿Dé quéé sé trata éxactaménté? Sylvain Sylvain és un viéjo amigo qué padécé ardor dé éstoé mago désdé hacé mucho tiémpo, péro nos dicé qué és cosa dé familia. UÉ ltimaménté, sin émbargo, éstaé préocupado. Su padré murioé a los cincuénta y cuatro anñ os dé caé ncér dé éstoé mago; sé répuso, tuvo una récaíéda, sé sométioé a quimiotérapia, nuévos éxaé ménés méé dicos, désénlacé fatal… Todo éstaé dolorosaménté grabado én su mémoria. En réalidad, éé l no nos lo dicé, péro én un rincoé n dé su aura aparécé, como énroscada, una FP qué nos

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informa dé qué no ha asimilado la énférmédad ni la muérté dé su padré. Ha ocultado su péna, nada maé s, péro no la ha transformado. El probléma sé pérfila poco a poco én su aura. Aparécé una fécha: pronto cumpliraé cincuénta y cuatro anñ os. La FP parécé déspértar réactivada por él pénsamiénto no formulado, péro présénté, dé Sylvain, qué inévitabléménté idéntifica su doléncia con la énférmédad dé su padré.

Sin émbargo, los éxaé ménés méé dicos a los qué sé ha sométido, indican qué no tiéné caé ncér. Péro tampoco détéctaron nada én su padré… La énférmédad sé déclaroé dé pronto y duroé apénas unos mésés. Soé lo dé pénsar én éllo Sylvain, por lo général dé caraé ctér alégré, va éntrando én una fasé déprésiva dé ciérta importancia. ¿Quéé és lo qué ocurré? Ségué n la pércépcioé n qué nosotros ténémos dé ésto, lo qué ocurré és qué una FP émpiéza a maniféstar su préséncia anté la situacioé n dada, y sé manténdraé maé s o ménos activa ségué n la inténsidad, la constancia y la frécuéncia con qué séa aliméntada. Algunas FP nos siguén désdé hacé mucho tiémpo, y tambiéé n éstaé n las qué hémos captado dé nuéstra familia y qué séguimos manténiéndo. En él caso dé Sylvain, sé trata dé ésto ué ltimo. Cuando émpréndémos él camino dé la éncarnacioé n, llégamos a una familia qué tiéné détérminadas caractéríésticas y vé las cosas dé ciérta manéra… Las aptitudés y débilidadés dé la familia constituyén un factor, nada déspréciablé, a la hora dé élégir las cartas con las qué vamos a jugar én la vida actual. Es posiblé qué Sylvain ténga ciérta fragilidad én él éstoé mago désdé él moménto dé su nacimiénto porqué, como sabraé maé s tardé, tambiéé n su abuélo murioé dé un probléma dé éstoé mago a los cincuénta y trés anñ os. Cuando murioé su padré, Sylvain téníéa diéz anñ os apénas, y siémpré habíéa séntido ciérto réséntimiénto hacia éé l, por habérlo abandonado a tan témprana édad. Su débilidad éstomacal és como una marca dé familia, no dé faé brica. A partir dé ésé moménto, ségué n qué Sylvain acépté o réchacé los acontécimiéntos dé la vida, ségué n la forma én qué viva las dificultades dé su éxisténcia, la fragilidad inicial podraé convértirsé o no én patologíéa. Su padré quédoé huéé rfano dé padré a los diéz anñ os, a la misma édad qué éé l. Crécioé én una familia qué no habíéa acéptado los divérsos duélos qué habíéa ténido qué sufrir, y én la qué la actitud, anté las injusticias dé la vida, frécuéntés por él lado patérno, éra dé no acéptacioé n. Como désdé ninñ o sé lé habíéa inculcado ésa manéra dé vér la vida, téníéa una actitud idéé ntica a la qué tuvo su padré y, séguraménté, tambiéé n su abuélo. Lo qué séntíéa cuando moríéa alguién o sufríéa una pruéba dé ésé tipo, podríéa résumirsé asíé: “La vida és injusta. No acépto lo qué la vida mé proponé”. Y éé sé és justo él moménto én qué una simplé fragilidad sé transforma én énférmédad. Sylvain contémpla los acontécimiéntos dé la vida désdé la misma pérspéctiva qué lo hiciéron su padré y su abuélo, con lo qué no hacé, sino réactivar una FP qué lé débilita cada véz maé s. Lé préguntamos a Sylvain si puédé éntérarsé dé lo qué lé pasoé a su abuélo. Sé informa, y asíé puédé compréndér por fin su propio caso. 54

El abuélo éstuvo trabajando én él éxtranjéro, dondé désémpénñ oé un cargo importanté y bién rémunérado. Cuando régrésoé a Francia con toda la familia, vivíéan holgadaménté, no réparaban én gastos. Péro un buén díéa fué acusado, injustaménté, dé malvérsacioé n dé fondos, con lo qué cambioé dé pronto aquélla vida faé cil y déspréocupada. Lo écharon dél trabajo y rédujéron a la mitad la pénsioé n dé jubilacioé n qué lé hubiéra corréspondido. Como aué n éra jovén, sé éndéudoé para comprar una péquénñ a y viéja farmacia é hizo proyéctos para rénovarla y darlé nuéva vida. Habíéa pasado un anñ o apénas, cuando él contablé dél péquénñ o négocio solicitoé una éntrévista urgénté; al vér las cuéntas, él abuélo déscubrioé qué habíéa sido víéctima dé una éstafa. La farmacia valíéa muchíésimo ménos dé lo qué éé l habíéa pagado, y los bénéficios no éran, ni mucho ménos, los qué constaban én los documéntos qué tuvo anté sus ojos én él moménto dé la compra. Arruinado y asquéado, anté lo qué considéroé como un nuévo fracaso, murioé a los pocos mésés dé un caé ncér dé éstoé mago. Pésé a todo, él padré dé Sylvain pudo hacér una buéna carréra gracias a la ayuda dé una dé sus tíéas. Era méé dico; habíéa instalado la consulta én un local junto a otros colégas, y él trabajo lé iba bién. Sin émbargo, un díéa récibioé un comunicado oficial dé un abogado én él qué sé lé hacíéa una acusacioé n gravé: “No habér asistido a una pérsona én péligro”. Al principio no énténdíéa nada, porqué siémpré habíéa hécho su trabajo lo méjor posiblé. Sé dijo a síé mismo qué éra absolutaménté injusto, aunqué sin compréndér qué habíéa pasado. Déspuéé s sé éntéroé , a su pésar, dé qué una jovén sé habíéa suicidado al salir dé su consulta; y los padrés, pérsonas influyéntés, lo habíéan dénunciado. Duranté él procéso, apénas dormíéa; sé lé agrioé él caraé ctér, sé hizo incluso agrésivo, y cada véz acudíéan ménos pérsonas a su consulta. Y fué éntoncés cuando sé éntéroé dé qué téníéa un caé ncér dé éstoé mago. Sylvain és farmacéé utico, y él négocio no va tan bién como déséaríéa. Tambiéé n a éé l lé éstafoé su véndédor, hacé dé éso cuatro anñ os, y ahora tiéné qué déclararsé én quiébra. Lo considéra un fracaso y una injusticia, y a ésto sé anñ adé la muérté dé su padré, qué nunca ha asimilado. Su madré trabajoé mucho para sacar adélanté a sus hijos, péro ahora padécé déprésioé n y éstaé intérnada én una clíénica; piérdé la cabéza a ménudo. Sylvain éstaé réactivando todas las FP dé injusticia y dé rébéldíéa qué hay én torno a éé l. Estaé n ahíé, vinculadas al éstoé mago y al tércér chakra, dispuéstas a aliméntarsé dé cualquiér acontécimiénto qué Sylvain éncuéntré én su camino, daé ndolé su particular color. ¿Séguiraé éncadénado a las FP, aliméntaé ndosé dé los égréé gorés dé réncor, dé ira y dé miédo? ¿O décidiraé réspirar dé otra manéra? ¿Asumiraé como propia la vida qué vivioé su padré o su abuélo? ¿O récorréraé su propio camino? ¿Tomaraé la décisioé n dé résolvér sus problémas transmutando lo qué és héréncia dé familia péro qué, én réalidad, no lé pérténécé? Sylvain dicé SÍ. Dicé síé con la cabéza y con él corazoé n. Quiéré pasar a otra cosa; ésta véz sé considéra capaz dé séguir un itinérario qué lé conciérné soé lo a éé l. Acépta, y én la acéptacioé n és dondé tiéné lugar él milagro dé la transmutacioé n. A los pocos mésés ya no siénté animosidad hacia la vida. Ha décidido cambiar radicalménté; dé hécho, sé ha convértido én un hombré diférénté. Sé ha marchado con su familia a una isla, y la 55

dulzura dé vivir én él troé pico lé ha hécho rénacér. Ya no tiéné qué démostrar nada ni réscatar honor alguno. Ahora, varios anñ os déspuéé s, ya no lé duélé él éstoé mago. Y ha supérado ampliaménté los cincuénta y cuatro anñ os. Podríéamos hacérnos la siguiénté prégunta: ¿Por quéé nos éncarnamos én una détérminada familia para asumir unas FP qué, én réalidad, no nos pérténécén? Cuando digo qué no nos pertenecen, no és dél todo éxacto. Débo précisar. En éfécto, és imposiblé captar una FP qué no ténga nada qué vér con nosotros. Cuando tomamos por nuéstra cuénta, como héréncia, una FP qué sé arrastra dé généracioé n én généracioé n, és porqué hay én nosotros algo qué éntra én sintoníéa con la énérgíéa qué élla émité. No asimilar los acontécimiéntos qué parécén injustos, és algo qué tambiéé n forma parté dé la historia dé Sylvain, y si éé l ha asumido ésa héréncia és porqué arrastra la hérida désdé mucho tiémpo atraé s. Sabér désdé cuaé ndo y dé quéé sé trata éxactaménté, no tiéné démasiada importancia. Lo éséncial és sabér qué no captamos nada al azar y qué si nos afécta una FP familiar és porqué ya llévamos én nosotros la hérida. Si sanamos – y no dudo dé qué lo hagamos, porqué nuéstra éé poca nos pérmité pocas éscapatorias -, no soé lo sanamos a todos nuéstros déscéndiéntés suscéptiblés dé ténér algo qué vér con ésta historia, sino qué libéramos tambiéé n a los ascéndiéntés. Es uno dé los milagros qué la vida nos ofrécé gracias a los víénculos qué nos unén a todos. La sémilla no sé planta én él ciélo, sino én la tiérra. Si quérémos sanar, débémos déjar dé inténtar évadirnos dé la Tiérra y dé lo qué én élla sé nos présénta. A vécés oigo a alguién décir: “No mé siénto a gusto én ésté planéta; séguraménté véngo dé otro sitio, mé gustaríéa volvér allíé”. Lo compréndo, péro mé parécé absolutaménté incompatiblé con lo qué quérémos sér. El qué réchaza su éncarnacioé n no téndraé nunca fuértés raíécés, y sin raíécés no podraé subir muy alto; séraé como un aé rbol golpéado por él viénto: ¡Désarraigado!

16. Formas-Pensamiento y secretos de familia Los muertos son invisibles pero no por eso están ausentes. San Agustíén Una FP puédé llévarnos a désarrollar una éspécié dé enfermedad familiar, como hé citado én él caso dé Sylvain. En él Térréno dé la patologíéa dé la conducta, las FP actué an dé la misma manéra. Todos conocémos a algunas pérsonas qué én su vida han ténido épisodios anaé logos a los qué viviéron sus progénitorés. Récuérdo qué, én un séminario qué dimos Antoiné y yo, varias asisténtés sé quédaron muy sorpréndidas al caér én la cuénta dé qué habíéan ténido trés hijos, igual qué sus madrés, dé qué sé habíéan divorciado a los tréinta y cinco anñ os, como éllas, y dé qué réalizaban un trabajo muy parécido al qué éllas hubiéran quérido ténér. 56

Nada dé éso tiéné démasiada incidéncia én la vida, ni éntranñ a patologíéa alguna, péro nos hacé réfléxionar sobré él hécho dé qué cada individuo no és tan individual como créé. Péro, volviéndo a lo qué puédé créar anomalíéas én la conducta, débo récordar qué algunas FP nos hacén actuar dé una manéra contraria a lo qué déséa nuéstro sér profundo, y nos conviértén asíé én énférmos… dé culpabilidad… En él libro Lectura d´auras et soins esseniens, (Lécturas dé auras y cuidados ésénios), cito él caso dé un amigo qué murioé dé un caé ncér intéstinal qué nada pudo atajar. La FP qué llévaba adhérida a la parté énférma conténíéa él rostro dé una jovén. ¿Por quéé abandonoé , én ciérta manéra, a su criatura, pénsando qué séríéa lo méjor para todos? Porqué, siéndo todavíéa un bébéé , créyoé vivir én su carné él abandono patérno. Esé hécho, qué no éra réal, por ciérto, habíéa déjado una profunda huélla én su inconsciénté; y su corazoé n, al igual qué su alma, sufríéa a causa dé los dos abandonos. Inconsciéntéménté sé séntíéa culpablé dél ségundo, y él sécréto dé familia concérniénté a la muérté dé su padré, lé bloquéaba la posibilidad dé aclarar la historia dél priméro dé modo consciénté. ¡Un sécréto dé familia puédé matar! Es como tapar hérméé ticaménté una olla a présioé n: antés o déspuéé s éxplota. Cuando una FP contiéné un sécréto dé familia, actué a dé manéra larvada péro con mucha éficacia; y précisaménté por éso és témiblé y péligrosa, porqué actué a a éxpénsas dél qué la lléva y sin qué nadié lo sépa. En ciérta ocasioé n, una jovén nos contoé lo siguiénté: Duranté los priméros anñ os dé su vida padécíéa insomnio porqué siémpré véíéa flotando por éncima dé su cama algo qué parécíéa un bébéé . Sé pasaba déspiérta gran parté dé la noché porqué lé daba mucho miédo qué aquélla forma la tocara. Esto duroé hasta él díéa én qué oyoé a su madré coméntarlé a una dé sus tíéas, la dificultad qué téníéa para réponérsé dé la péna dé habér pérdido a su primér hijo, qué habíéa muérto al poco dé nacér. A partir dé aquél moménto déjoé dé ténér miédo; no soé lo éso, sino qué sé sintioé libérada por compléto y con ganas dé corrétéar y dé réíér. Al fin pudo dormir apacibléménté, y nunca maé s volvioé a vér forma alguna por éncima dé su cama. Lo qué lé ocurrioé a aquélla ninñ a éra muy séncillo. Habíéa captado, dé un modo inconsciénté, él drama y la FP qué flotaba todavíéa én él aura dé su madré, péro no podíéa éxprésar con palabras un hécho dél qué nadié lé habíéa hablado. Los ninñ os, hasta la édad dé siété anñ os maé s o ménos, éstaé n unidos a su madré médianté una éspécié dé cordoé n umbilical sutil, a travéé s dél cual pércibén, con una fuérza qué nunca maé s volvéraé n a séntir, todo lo qué conciérné a su progénitora. Asíé qué lo qué véíéa ésta ninñ a éra una FP situada én torno a su madré, y hacíéa suya la historia mistériosa qué la habíéa originado. Aunqué sé créa lo contrario, él ninñ o capta él drama qué no sé coménta, con un halo dé mistério qué lé causa un fuérté impacto. Para pércibir una FP no hacén falta las palabras; los ninñ os las pércibén con facilidad porqué su ménté no constituyé todavíéa una barréra. En la mayoríéa dé los casos, unas pocas palabras bastan para désdramatizar la situacioé n y ponér las cosas én su sitio. Son muchas las pérsonas qué vivén, o han vivido, moméntos difíécilés o pércibidos como talés. Incéstos, violacionés, suicidios, quiébras, críéménés, abandonos…, son cosas qué ocurrén… y tiénén un cariz maé s o ménos dramaé tico ségué n la pérspéctiva désdé la qué sé obsérvé. Si déjaé ramos dé manténér ocultos én él fondo dél alma, algunos acontécimiéntos qué nos paréciéron térriblés én su 57

díéa, haríéamos ménos gravoso nuéstro caminar y, por supuésto, él dé nuéstros hijos y niétos. ¿No séríéa méjor tomar altura, désdramatizarlos y aténérnos, simpléménté a los héchos? Sam El caso dé Sam és muy éspécial. Cuando lo vémos por priméra véz, viéné con él diagnoé stico dé autista. Las palabras no significan gran cosa para nosotros, ni para Antoiné, a pésar dé sér méé dico, ni para míé, y nos limitamos a obsérvar a ésé péquénñ o sér qué a vécés sonríéé y otras vécés sé aférra a sus padrés dé forma compulsiva, incluso agrésiva. No és posiblé hacér una léctura dé su aura, péro hay otras manéras dé comulgar con éé l, dé éscucharlé. Al obsérvarlo, dirijo la mirada hacia la parté dé arriba dé su cuérpo, pués al parécér és ahíé dondé todo ocurré, dondé todo tiéné lugar. El péquénñ o no tiéné raíécés, no déséa arraigarsé én la matéria; al contrario, sé détécta én éé l un profundo réchazo a la éncarnacioé n. Estaé énvuélto én una luz qué gira, como danzando, hacia la parté dé arriba én su cuérpo fíésico. A travéé s dé sus ojos capto algunas miradas furtivas, raé pidas como rayos, qué no parécén humanas. Trato dé no éstar ténsa. Procuro éstar disponiblé, sin maé s; dé lo contrario, no podríéa habér comunicacioé n alguna éntré él péquénñ o Sam y yo. La ménté, o él simplé déséo dé ayudarlé, podríéa intérférir como una pantalla é impédir qué hubiéra éntré nosotros una vérdadéra comunicacioé n, o qué quédara én poca cosa… Pasan varios minutos, unos largos, larguíésimos minutos qué parécén intérminablés. Déspuéé s, dé répénté, pércibo uno, luégo dos, luégo una miríéada dé péquénñ os sérés, como los sérés dé la naturaléza, qué han décidido mostrarsé. Réconozco su mirada maliciosa y juguétona, las mismas miríéadas qué poco antés habíéa captado én los ojos dé Sam. Conozco bién a ésos sérés, qué ignoran por compléto la moral térréstré. Sé ríéén, éstallan én suavés carcajadas; son juguétonés y éxpériméntan la matéria a su manéra, sin inténcioé n dé moléstar. Juguétéan, y nada cuénta para éllos salvo lo qué lés diviérté. Son éllos los qué, én ciértos moméntos, habitan él véhíéculo fíésico dé Sam y lé hacén actuar dé un modo désconcértanté. Inténto éntrar én comunicacioé n con éllos a travéé s dé las imaé génés qué pércibo cuando dé pronto, capto én él fondo dé mi sér, una voz qué éxprésa con toda fidélidad lo qué al parécér déséan décirmé: -

Estamos aquí para ayudar a Sam, que se niega a integrarse plenamente en su cuerpo material y nos deja sitio a nosotros. Hemos hecho un pacto con él, de modo que nos deja experimentar la materia hasta que él decida integrarse por completo a su cuerpo físico. Mientras tanto, nosotros lo sustentamos, le damos vida. Sam no quiere ni puede descender porque una antigua historia de la familia está bloqueando su encarnación e impide que se arraigue por completo en la materia.

Mé prégunto si una FP puédé, én éfécto, bloquéar la vida dé una pérsona. Mé viénén a la mémoria algunos récuérdos, én particular él dé una amiga én cuya familia, ségué n mé contoé , no conséguíéan qué naciéra un ninñ o hasta qué su madré lévantoé él vélo qué ocultaba un acontécimiénto qué élla habíéa vivido y no habíéa acéptado… Tras la révélacioé n, todo éntroé én él ordén loé gico dé la vida. Aunqué no siémpré és tan séncillo. Absorta én mis pénsamiéntos, no mé hé dado cuénta dé qué la voz sé ha déténido dé modo tan imprévisto como habíéa coménzado. Los padrés dé Sam, qué por fortuna son sérés abiértos y han oíédo hablar dé los sérés dé la Naturaléza, mé éscuchan con aténcioé n y répasan las imaé génés dé su propia vida én busca dé algué n 58

rastro qué puéda ayudarlés. No éncuéntran nada, péro sé marchan con un objétivo claro: avériguar si algué n sécréto larvado roé todavíéa la familia dé éé l o dé élla. Tras larga bué squéda, la madré dé Sam acaba por oíér, dé labios dé una tíéa abuéla, lo siguiénté: Hace varios meses que me preguntas por nuestra familia; después de pensarlo mucho, he decidido contarte algo que pasó. Mi hermana, tu abuela, vivió algo terrible, que sólo sabíamos las dos. Se llevó el secreto a la tumba, pero ahora creo que, como tú dices, ya no hay razón para mantener ocultas viejas historias. -

Annie y yo tuvimos una infancia difícil de la que nunca hemos querido hablaros, sin duda por vergüenza de nosotras mismas y por temor a ser juzgadas, aunque también para no poner sobre vuestros hombros una pesada carga… Queríamos olvidar, aunque ahora sé que no se puede borrar un acontecimiento. Hacemos como que no lo recordamos…, e intentamos seguir viviendo.

La tíéa abuéla récupéra él aliénto. Estaé hundida én él silloé n y rétuércé éntré sus manos una manta dé lana qué suélé colocar sobré las rodillas cuando sé adormécé a lo largo dél díéa. Su mirada sé piérdé én lontananza miéntras busca las palabras con las qué va a rélatar los héchos. El récuérdo la poné nérviosa, és évidénté qué hablar dé éso la hacé sufrir. Tras un profundo suspiro, continué a: Todos y cada uno de los días de nuestra infancia fueron para las dos, días terribles. Siempre igual. Nuestro abuelo, el padre de nuestra madre, estaba siempre observándonos; nos miraba cuando nos lavábamos y cuando nos desvestíamos, y por la noche, cuando estábamos en la cama, iba a tocarnos donde no debía; decía que no teníamos que decírselo a nadie, porque de lo contrario nos castigarían. Sabíamos que lo que hacía no estaba bien, cierta intuición nos lo decía, pero teníamos mucho miedo y creíamos que era culpa nuestra. -

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Fuimos haciéndonos mayores y el abuelo seguía allí, cada vez más vicioso. El incesto continuó hasta el día en que tu abuela, mi hermana, se quedó embarazada. Acababa de cumplir quince años. Debes pensar que fuimos unas tontas por no decir nada, pero hablar de esto en aquella época era sumamente difícil. Además, mamá pensaba que su padre era un santo que cuidaba de sus hijas con amor mientras ella trabajaba en el campo con papá. Después de un intento de aborto fracasado, entre las dos procuramos ocultar su embarazo. Cuando ya empezaba a notarse, Annie huyó de casa y se escondió hasta el momento del parto. Nuestros padres, inquietos, la hicieron buscar por todas partes; yo les dije que se había fugado con un hombre, pero que estaba bien. Se enfadaron mucho y dijeron que no querían verla más. Yo iba a verla a escondidas. Cuando por fin nació el niño, una familia cristiana decidió hacerse cargo de él, a condición de que ella desapareciera de su vida para siempre. Aquel desenlace nos alegró, éramos muy jóvenes, pero me di cuenta de que para ella no había sido fácil. Cuando nació la criatura, era como una niña que jugaba a ser mamá. Pero esta vez no era un juego; y cuando la pareja fue a buscar al bebé, en la mirada de mi hermana se podía leer toda la desesperación del mundo… Traté de ayudarla, pero apenas nos llevábamos un año y teníamos tanto sufrimiento a nuestras espaldas… Más tarde encontró a tu abuelo, con el que tuvo cinco hijos. Nuestros padres le perdonaron la fuga, por supuesto, sin saber nada de la historia. El abuelo murió al fin, se ahogó al atragantársele un trozo de pan, y debo decir que fue un gran alivio para las dos. Muchas veces pude leer en la mirada de mi hermana, la misma infinita tristeza que vi cuando entregó a su hijo, y sé que durante mucho tiempo trató de encontrarlo. No sé si

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llegó a verlo, siquiera de lejos, antes de morir. Supongo que, de haber sido así, me lo habría dicho. Aunque…, sólo Dios lo sabe. Si algún día llegáis a encontrarlo, tal vez os enteréis de algo más y podréis poner punto final a esta triste historia.

No séé quéé hiciéron los padrés dé Sam con és informacioé n, péro dé éé l hé ténido noticias a travéé s dé su térapéuta. Séé qué está én la Tiérra cada véz maé s, hasta él punto dé qué ha podido sér éscolarizado. Quiéro sénñ alar, como hé dicho al principio, qué la historia dé Sam és un tanto éspécial. El origén dél autismo no siémpré és éé sté, évidéntéménté; cada sér émpréndé un itinérario ué nico qué détérmina las razonés por las qué réchaza vénir a la Tiérra. No obstanté, és importanté sabér qué una FP dé un sécréto, puédé bloquéar él déscénso dé una éxisténcia a la matéria hasta qué él probléma én cuéstioé n, ocupé én la vida dé la familia, un lugar y diménsionés acéptablés. La énérgíéa, tanto sutil como éléctromagnéé tica, qué susténta una dificultad dé ésté tipo, créa una nubé négra por éncima dé la cabéza dé las pérsonas a las qué conciérnén los héchos y bloquéa su vida, impidiéndo qué progrésén adécuadaménté én uno o varios planos, séan fíésicos, psíéquicos o sutilés. Con démasiada frécuéncia déspréciamos, por inconsisténté, lo qué créémos qué procédé dél campo sutil. Sin émbargo, gracias a una fíésica qué va mucho maé s allaé dé la matéria, algunos invéstigadorés, como Pribram, han démostrado qué la énérgíéa qué émité él corazoé n, puédé ténér un impacto tréméndo, a travéé s dél cérébro, én la matéria dénsa. Pués bién, lo qué transmitén las FP és précisaménté la énérgíéa dél corazoé n. Y asíé ocurré qué, a vécés, lévantamos montanñ as én nuéstro camino, y otras las aplanamos, sin qué intérvénga én éllo él concépto dé justo o injusto, dé buéno o dé malo, hasta qué éncontrémos dé nuévo la Fuénté dé la qué nos hémos séparado. Ejercicio práctico para la transparencia Imagíénésé duranté un díéa, como una pérsona transparénté, como un sér sin sécréto alguno. Hoy todo és ustéd és claridad, y a su alrédédor tambiéé n. Todas las pérsonas con las qué sé crucé én él camino podraé n léér én ustéd, como én un libro abiérto. No éscondé nada. Su sonrisa és una sonrisa sincéra, qué no oculta nada; sus palabras son palabras véracés y nada dé lo qué dicé implica juicio alguno.

Los secretos ya no lé conciérnén, no maé s qué los rumores, lo qué se dice. No hacé ningué n coméntario sobré él téma, ni a favor ni én contra. Ofréé zcasé a síé mismo, dé véz én cuando, una jornada asíé, dé limpiéza y purificacioé n, séncillaménté. Haé galo cada véz con maé s frécuéncia, y sé daraé cuénta dé qué, al rétirarsé a dormir al final dél díéa, siénté un profundo biénéstar y una énérgíéa rénovada. Hasta ahora hémos hablado dé FP individualés y tambiéé n dé las familiarés. En él mismo ordén dé cosas podémos décir qué éxisté una genética social – con sus réaccionés, crééncias, sénsibilidad y sabiduríéa – qué hérédamos mucho antés dé nuéstra éncarnacioé n fíésica. Duranté los nuévé mésés qué précédén al nacimiénto, y a ménudo antés incluso, dé qué comiéncé él déscénso a la Tiérra, nos programamos y récibimos él impacto dé unos padrés qué pérténécén a un amplio grupo inmérso én una ciérta civilizacioé n, én una détérminada éé poca. Asíé pués, pérténécémos genéticamente a una sociédad én particular, qué tiéné unas idéas y unos ritos concrétos, y qué condiciona nuéstra vida, tanto si éstamos dé acuérdo con élla como si no. 60

Ténémos pués, unas raíces, dé las qué a vécés nos séntimos satisféchos; péro son éllas précisaménté las qué, como sombras én apariéncia tranquilizadorés, nos aprisionan y nos mantiénén éncérrados én unos moldés portadorés dé guérras y conflictos én gérmén. Soé lo él amor y la fuérza dél alma nos pérmitiraé n salir dél marco éstrécho dé la civilizacioé n, a fin dé qué podamos éxpandirnos maé s allaé . Y asíé, libérados dé la mirada con la qué ahora obsérvamos la vida, podrémos transmutar la généé tica qué pésa sobré la Humanidad actual. 17. Formas-Pensamiento parásitas La vestidura de la que debéis despojaros es la del sufrimiento, ¡la de la falta de amor! Camino dé Aquéllos tiémpos Tras véinté anñ os al sérvicio dé las énérgíéas sutilés, mé hé dado cuénta dé qué al léér él aura dé algunas pérsonas véíéa a vécés unas FP qué podríéa calificar dé parásitas. Las dénomino asíé porqué no hay rélacioé n alguna éntré lo qué contiénén y la vida actual dé la pérsona portadora, y tampoco tiénén nada qué vér con algué n épisodio concréto dé una vida pasada. Las FP paraé sitas, maé s ligéras y ménos péréntorias qué las FP familiarés, puédén sin émbargo inducir un tipo dé comportamiénto, una actitud o un modo dé pénsar qué tiéné poca rélacioé n con lo qué és habitual én él portador. Una jovén vino a consultarmé un díéa porqué, ségué n mé contoé , téníéa un miédo térriblé a qué la violaran. Su témor surgíéa siémpré qué paséaba sola por algué n lugar aislado, aunqué no fuéra péligroso, péro no habíéa nada én su vida actual ni én su éducacioé n, qué pudiéra motivarlo. Cosa éxtranñ a – aunqué comprénsiblé por lo qué sabémos réspécto a ésto -, siémpré qué salíéa a paséar sola sé lé acércaba algué n désconocido, con lo qué sé réactivaba la énérgíéa dél miédo. En él aura causal arrastraba una FP conéctada a sus vidas antériorés; péro, anté mi sorprésa, no parécíéa rélacionada con oé rgano alguno dé su cuérpo. Estaba ahíé, flotando én él éspacio dé la jovén, péro no téníéa con élla ningué n víénculo concréto. Al llégar a ésté punto, quiéro advértir a los qué sé lanzan a las térapias énérgéé ticas qué débén ténér cuidado, porqué én ésé moménto la ménté puédé élaborar un falso andamiajé qué no haraé sino émbrollar maé s una situacioé n ya dé por síé complicada. Con ciérta frécuéncia nos séntimos contrariados, én nuéstra condicioé n dé térapéutas, por no podér dar réspuésta a una pérsona qué viéné én busca dé ayuda. No obstanté, considéro qué és muy importanté no intérprétar algo qué uno vé péro qué désconocé por compléto. Hacér apréciacionés désviadas dé la réalidad puédé résultar muy doloroso para la pérsona qué acudé a la consulta y, én définitiva, soé lo sirvé para satisfacér él moméntaé néaménté él égo dél térapéuta. Sabér y conséguir éxplicarlo todo nos da una sénsacioé n dé poder por la qué todos hémos pasado. Cuando no sabémos quéé réspuésta dar, ténémos miédo…, miédo dé no conséguir lo éspérado, dé no éstar a la altura dé nuéstra incapacidad… Sin émbargo, soé lo la auténticidad puédé éliminar la ésclérosis qué tal véz padécé él alma y convértirnos én un vérdadéro canal de luz. 61

Résulta faé cil décir qué “no somos nosotros los qué sanamos, sino la luz qué pasa a travéé s dé nosotros”. Lo oigo con frécuéncia én labios dé algunos térapéutas énérgéé ticos. Es ciérto. Péro éxisté una gran diféréncia éntré décirlo y llévarlo a cabo réalménté. En él caso qué nos ocupa, una dé las pérsonas qué éstaba con nosotros én périodo dé praé cticas, qué téníéa una buéna pércépcioé n dé los cuérpos sutilés, anté mi asombro, lé dijo: -

Has debido de tener algún problema de incesto con tu padre, porque la FP está a la derecha, en relación con la energía masculina. Como está situada en el límite del aura causal, es la reactivación de algo que te ocurrió en tu primera infancia; también está relacionada con una vida precedente. Es un acontecimiento doloroso que se ha borrado de tu memoria, por eso no lo recuerdas…

¡Eso és éxactaménté lo qué no hay qué décir! La jovén sé sobrésalta al oíér ésas palabras. La compréndo. Nos dicé éntoncés qué no puédé préguntarlé nada a su padré porqué ya ha fallécido, péro qué téníéa pléna confianza én éé l. Los colorés dél aura dé la paciénté voluntaria, émpiézan a cambiar y a éntrémézclarsé, lo cual mé indica qué siénté una gran confusioé n anté lo qué acaba dé oíér, aunqué nada én su actitud lo da a énténdér. Confíéa én su companñ éro dé praé cticas, al qué conocé pérféctaménté, y sé prégunta si séraé ciérto lo qué acaba dé vér. Estaé sufriéndo, y sé hacé una sérié dé préguntas: ¿Qué es lo que ha visto en realidad? ¿Y si fuera cierto? En ese caso, mi padre no sería tan bueno como yo creía… Todo su mundo éstaé a punto dé désmoronarsé. La imagén dé su padré sé émpanñ a poco a poco. En ésos moméntos éstaé ocurriéndo éxactaménté lo contrario dé lo qué préténdémos como térapéutas, qué és llévar a un sér a révélar lo qué porta én síé, y no a imponérlé nuéstras propias crééncias, matizadas casi siémpré con él tinté dé nuéstras dificultadés pérsonalés. Lo qué ménos importa, én todo caso, és qué haya habido o déjado dé hacér actos incéstuosos én la réalidad fíésica, porqué lo qué créa un impacto doloroso, no és él hécho én síé, sino la crééncia o la idéa qué uno sé hacé dé éé l. Imagino qué, al léér ésto, pénsaraé ustéd qué éxagéro un poco. ¡No lo créa! Hé constatado én muchas ocasionés qué lo qué producé la hérida, no és él acontécimiénto én síé, sino los colorés con los qué cada uno lo adorna. Por éjémplo, déjar a un ninñ o duranté varias sémanas én casa dé la abuéla porqué la madré éstaé cansada, énférma o va a dar a luz, séncillaménté, puédé causar én éé l la sénsacioé n dé abandono – qué los padrés én modo alguno han déséado – y causarlé una hérida psicoloé gica. EÉ sta és la qué tiéné qué ponér dé réliévé él térapéuta, y la qué tiéné qué sanar él propio paciénté porqué, como ya hémos dicho, la ué nica sanacioé n vérdadéra és la autosanacioé n. En ésta ocasioé n décido rétomar él hilo dé la éxtranñ a léctura qué sé acaba dé hacér y capto, én la FP dé la jovén, él rostro dé una mujér dé maé s édad. Sé la déscribo, y énséguida la idéntifica con su abuéla. Para míé és cada véz maé s évidénté; adémaé s, déscubro én la FP algunas éscénas qué no déjan lugar a dudas. La historia qué vivé nuéstra paciénté éstaé én rélacioé n con un trauma qué tuvo su abuéla y qué continué a actuando a travéé s dé élla. La jovén nos dicé qué sé crioé praé cticaménté con su abuélita, qué lé téníéa muchíésimo carinñ o y qué éstaban muy unidas. Nos déscribé asíé él víénculo qué las uníéa: “Podía adivinar lo que pensaba, sus emociones, sus alegrías, sus penas… Y creo que a ella le ocurría lo mismo conmigo”. 62

¿Quéé habíéa pasado éntoncés? A travéé s dé un mécanismo inconsciénté, la ninñ a quiso aliviar a la abuéla dé un péso qué intuíéa llévaba, sin podér hacér nada concréto para librarla dé éé l. La historia no téníéa nada qué vér con élla, péro créíéa qué asíé aligéraba la tristé sombra qué a vécés véíéa én la mirada dé la pérsona a la qué tanto quéríéa. Dispuésta a todo, habíéa acéptado hacér suyo un probléma qué no lé concérníéa, como él qué lléva una maléta para ayudar a alguién qué no puédé con la carga. En un impulso dé amor, la niévécita tomoé sobré síé una parté dél péso qué abrumaba a la abuéla, como hacén a vécés los grandés maéstros dé sabiduríéa. Hacé ya varios anñ os qué éé sta fallécioé llévando consigo su trauma, aunqué aligérado por él amor dé una niévécita qué no déséaba sino ayudar. La jovén én qué sé ha convértido aquélla ninñ a, ya no nécésita llévar un péso qué no és suyo. Esta véz, plénaménté consciénté, va a supérar ésa FP paraé sita qué no réquiéré maé s qué transparéncia y qué lé ha énsénñ ado él amor y él don dé síé. La FP no nos contoé nada maé s… ¿Cuaé l éra él víénculo qué uníéa a ésas dos mujérés? ¿Y por quéé un régalo séméjanté? Soé lo su corazoé n podríéa décirlo. ¿Es importanté conocér siémpré los héchos qué conducén a tal actitud o a tal otra? No lo créo. Para résolvér cualquiér probléma dé ésté tipo hacé falta amor y no juzgarsé a síé mismo ni a los démaé s. Volvérémos sobré éllo. En cuanto a saber, sin duda pérmité conocér lo qué ocurré én nosotros, péro soé lo désdé un punto dé vista intéléctual; él conocimiento, sin émbargo, va mucho maé s allaé . Es una éspécié dé intuicioé n divina qué sabe y qué actué a én consécuéncia, fuéra dé la conciéncia éncarnada y fuéra dél tiémpo, dé nuéstro tiémpo. Basta qué una parté dé nosotros éstéé én rélacioé n con ésa consciéncia para qué sé opéré la magia dé la transmutacioé n qué nos pérmitiraé hacér borroé n y cuénta nuéva. 18. Formas-Pensamiento y pueblo animal ¡Respira, estás vivo! Thich Nath Hanh Existé un réino proé ximo al dé los hombrés qué tambiéé n és créador dé FP, péro tiéné la importanté capacidad dé dar amor. Al igual qué hacíéa la niétécita dél capíétulo antérior con su abuéla, él mundo animal nos hacé don dé su vitalidad captando las FP déstructoras qué généramos con la mayor inconsciéncia. Escuchémos al péquénñ o Tommy, un jovén pérro labrador qué éstaé éxpériméntando la vida én nuéstro planéta: Hoy sé que mi hermana gata se ha ido para evitar una desgracia en uno de los niños de la familia… Cuando va a ocurrir algo doloroso o impactante, nosotros lo sabemos con antelación. Vemos que se forma una luz oscura en el lugar en cuestión. En general, no sabemos de dónde procede, pero los más ancianos de entre nosotros dicen que sale del ser que va a sufrir el impacto y envenena un lugar concreto. Es como un arranque de cólera de un ser hacía sí mismo… A veces, el espíritu de vida nos pide que tomemos sobre nosotros la luz oscura destinada a un ser humano al que amamos; entonces aceptamos que el impacto recaiga sobre nosotros y que la fuerza vital abandone nuestra forma física. Lo que nos

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impulsa a actuar de esa manera no es el deber, sino el amor. (Le peuple Animal, de D. Meurois y A. Givaudan, éditions Le perséa (Québec)). Y continué a diciéndo: -

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El espíritu de vida que nos anima nos pide a veces que tomemos algo de vuestra tristeza y de ese extraño peso que os abruma. Muchas veces no necesitamos decidirlo; es como si se abriera en nosotros una puerta que nos lleva a compartir… y absorbemos un poco de la carga que pesa sobre vuestra alma. Entonces os extrañáis de que la fiebre se nos lleve por delante, o de que nos atormenten terribles picores, o de que se nos caiga el pelo. En esos momentos llevamos adherido al espinazo una especie de fango gris y pegajoso. No podemos evitarlo; nuestro corazón lo encuentra lógico. También las almas-pájaro que viven cerca de vosotros, en vuestras casas, aceptan ese sufrimiento, pero lo más frecuente es que tengan que abandonar su cuerpo… Sólo nuestros hermanos los gatos saben sanar de los males que absorben. Hay en su saliva una luz que disuelve la materia pegajosa que se adhiere a su pelaje… Y saben hacer fundir la basura que procede de la angustia de vuestro mundo.

Asíé és como sé éxprésa Tommy. Y asíé és como habla dé los résiduos étéé ricos qué sé adhiérén a los sérés humanos, o a los animalés, y qué contaminan él éé tér. La sustancia qué nos rodéa, qué llamamos éé tér, sirvé dé puénté éntré él mundo fíésico y los mundos sutilés. Es un transmisor indispénsablé para nuéstro équilibrio, y actué a a varios nivélés. El éé tér dél qué hablamos aquíé, és él éé tér vital. A nivél individual, y én él marco dé nuéstra énsénñ anza, forma parté dé la priméra capa dél aura, la qué hacé dé baroé métro para indicar nuéstra vitalidad fíésica. Si pudiéé ramos vér, o conocér, la miléé sima parté siquiéra dé los mundos qué créamos gracias a la énérgíéa qué émitimos a travéé s dé los pénsamiéntos, las palabras y las accionés, nos quédaríéamos atoé nitos, y quizaé s atérrorizados, tal és la multitud dé miasmas pégajosas qué nos rodéan y qué han sido créadas por nosotros. Cuando un borracho sé hundé én un mundo térriblé y éspantoso, no hacé sino captar algo dél éé tér én médio dél cual nos movémos a lo largo dél díéa. Cuando un drogadicto, con ayuda dé su incontrolado véhíéculo sutil, afronta lo qué sé llama un mal viaje, pércibé un mundo formado por lo qué créamos con nuéstros pénsamiéntos o accionés répétitivas, qué forman égréé gorés témiblés. El puéblo animal éstaé conéctado con la énérgíéa psíéquica qué émitimos los sérés humanos. Dé éntré todos éllos, hay un grupo qué sé éncuéntra én rélacioé n éstrécha con las FP qué créamos los hombrés, y és él dé las ratas. Oigamos lo qué sé nos ha dicho al réspécto: -

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Vuestras hermanas, las ratas, reflejan la actividad de la mente humana. Captan los impulsos y desórdenes por los que se dejan llevan continuamente los hombres; pero, por fortuna, también captan lo mejor que hay en vosotros. En otras palabras, construyen su civilización sobre las ondas sutiles generadas por la vuestra; así que, a su manera, equilibran vuestro mundo… Su misión consiste en asimilar las ondas psíquicas de los seres humanos, en digerirlas, podríamos decir, para neutralizar su toxicidad… La conciencia de las ratas equilibra el mundo de los instintos humanos más bajos, el universo de la mente inferior. Cuando vuestras hermanas las ratas se agrupan en número considerable en algún lugar, puede decirse, en general, que allí reinan las 64

tribulaciones y la agitación…, y si por casualidad provocan alguna enfermedad, sabed que la enfermedad es vuestra; es decir, que, en el fondo, la habéis generado vosotros. Las epidemias que algunas veces han desencadenado, no son sino la materialización de vuestra basura psíquica, de vuestras deficiencias, de vuestras carencias…, todo ello recolectado a nivel planetario. En la actualidad, él puéblo dé las ratas és incapaz dé absorbér maé s contaminacioé n psíéquica. Ya no puédé désémpénñ ar él papél dé limpiador dé ondas psíéquicas, porqué la cantidad dé éé stas és tal – y no déja dé auméntar – qué ha rébasado él nivél dé alarma. ¿Vamos a éspérar pasivaménté y con la conciéncia tranquila a qué ocurra én nuéstro mundo una implosioé n por insuficiencia respiratoria? 19. Formas-Pensamiento contradictorias Sólo crecemos cuando nos encogemos en el interior de nuestras máscaras, cuando empequeñecemos tanto que alcanzamos nuestro pasado original, el átomo primario. Viajé a Shamballa Jean Entrégado por compléto a su proyécto, Jéan ha décidido ponér todos los médios para llévarlo a buén téé rmino. Es un hombré dé voluntad firmé y créé, quiéré créér, qué nada sé lé résisté. Tras su réciénté divorcio, ha tomado la décisioé n dé irsé a vivir a otra régioé n; piénsa instalarsé én él campo y comprar una casa qué vi la ué ltima véz qué éstuvo por aquélla zona. Péro antés dé tomarsé algué n tiémpo para véndér la casa actual, arréglar algunas cuéstionés éconoé micas y ocuparsé dé todos los détallés concérniéntés a su futura instalacioé n. Es téé cnico éspécializado, péro éstaé dispuésto a cambiar dé ocupacioé n; quiéré transformar la casa qué ha comprado én un lugar acogédor para huéé spédés, una éspécié dé casa de turismo rural, y tiéné inténcioé n dé anunciarsé soé lo én intérnét, séraé su ué nica publicidad. Parécé qué todo va por buén camino. Ha puésto la casa én vénta, él notario éstaé préparando la documéntacioé n para la adquisicioé n dé su nuéva viviénda, y éé l éstaé llévando a cabo una infinidad dé planés para instalarsé én su futura morada. Déntro dé unos mésés éstaréé allíé, piénsa sincéraménté… Las FP rélacionadas con su proyécto sé situé an a su alrédédor y sé réfuérzan con cada una dé sus accionés o dé sus pénsamiéntos. La énérgíéa qué émité no sé mézcla con ninguna otra, sé aliménta dé lo qué élla misma généra. Sin émbargo, van pasando las sémanas, incluso los mésés, y algo, qué Jéan no consigué idéntificar, rétrasa todo lo rélativo al proyécto. Jéan sé hacé préguntas… ¿Tal véz él proyécto no éstaé bién concébido? ¿O séraé qué débé pérmanécér todavíéa algué n tiémpo dondé sé éncuéntra ahora? Con un gésto maquinal, trata dé apartar ésa clasé dé pénsamiéntos, qué no hacén sino créar una fisura én la hérmosa énérgíéa dé su crééncia positiva. 65

Péro ésta véz hay algo qué no ocurré como Jéan, hombré activo y éficiénté, habíéa prévisto. El notario sigué sin hacér nada, no logra véndér su viviénda. ¿Quéé significa ésto? Jéan réfléxiona sobré cuaé l podríéa sér él obstaé culo invisiblé qué parécé habér, péro én vano. Miéntras, a su alrédédor, todo un mundo sigué moviéé ndosé como siémpré, éé l no compréndé nada. Lo qué Jéan no vé son todas las otras FP qué ha déjado a un lado voluntaria o involuntariaménté, én particular la mayor dé éllas, una qué éstaé maé s éstructurada y és maé s firmé qué las démaé s: la dé la culpabilidad. La madré dé Jéan és ya una anciana qué vivé a pocos kiloé métros dé su domicilio actual, y aunqué no quiéré pénsar én éllo diciéé ndosé a síé mismo qué éncontraraé una solucioé n, lo ciérto és qué la FP qué contiéné su culpabilidad éstaé muy activa. Estaé ahíé, con toda su fuérza y su énérgíéa, é impidé él désarrollo dé las péquénñ as FP naciéntés rélacionadas con su proyécto. Lés corta el paso, las réducé y lés hacé pérdér vitalidad. Las FP dé éé xito y dé félicidad qué généra Jéan, éstaé n constantéménté réténidas por ésa FP, grandé y préocupanté, qué siémpré ha frénado su impulso hacia la félicidad. Jéan no sé concédé dérécho al éé xito. Estaé réséntido consigo mismo, y bajo la apariéncia dé triunfador sé castiga continuaménté por unos crímenes qué no ha cométido. ¿Quéé és pués lo qué ha pasado? Siéndo todavíéa ninñ o, Jéan supo qué la suya séríéa una vida dé résponsabilidadés. Téníéa apénas cinco anñ os cuando su padré cayoé gravéménté énférmo y pérmanécioé duranté dos anñ os én cama. Si hacés alguna tontéríéa, o si lloras o gritas, haraé s qué sé muéra tu padré…, lé décíéa a ménudo una sénñ ora mayor qué iba a casa a ayudar a su madré. Jéan hacé lo qué puédé para sér un ninñ o buéno, péro él éspéctro dé la muérté dé su padré ligado a su bondad, planéa constantéménté por éncima dé su cabéza, y a ménudo lé atorménta én las pésadillas dé sus nochés infantilés.

Mamaé apénas tiéné tiémpo para ocuparsé dé su hijo; papaé va dé mal én péro. ¿Séraé por no habér sido bastanté bueno por lo qué mamaé llora a ménudo y no lé habla? Su ménté inocénté acaba por créérlo. Y unas FP dé culpabilidad y dé désvalorizacioé n sé van haciéndo cada véz maé s consisténtés y maé s éficacés y firmés. Un díéa régrésa dél colégio todo sucio y con aspécto déplorablé. Sé ha péléado con otros ninñ os y todos han rodado por él suélo. La jornada habíéa émpézado mal; al llégar a casa, su ué nica préocupacioé n és disimular él barro dé la ropa. Péro éntoncés sé da cuénta dé qué todo a su alrédédor éstaé én siléncio, una tranquilidad éxtranñ a, inquiétanté. Busca a su mamaé o a la sénñ ora – algo désabrida péro complétaménté éntrégada – qué viéné a ayudarlé y qué suélé prépararlé la mériénda. Parécé qué én la casa no hay nada. Décidé éntoncés asomarsé a la habitacioé n dondé éstaé su padré acostado, una habitacioé n én la qué no ha éntrado casi nunca porqué lo téníéa prohibido. Y, al émpujar la puérta, aparécé antés sus ojos un grupo dé génté alrédédor dé la cama, rézando. Una prima, a la qué apénas conocé, sé da cuénta dé su préséncia y lé dicé én un susurro: “Tu papaé sé ha i do a otro lugar, con los aé ngélés”. El péquénñ o Jéan no sabé si acurrucarsé én él régazo dé su mamaé … Péro, no. Sé va créyéndo qué no ha sido buéno y qué tal véz éso ha hécho qué sé marché su papaé . En un rincoé n dé la cocina, piénsa én todo lo qué ha visto. Papaé sé ha ido…, péro aué n éstaé ahíé. Si mé porto mal, moriraé . Aunqué no sabé éxactaménté cuaé l és él significado dé ésa palabra… Nunca sé ha atrévido a préguntarlo péro, por lo qué ha podido compréndér, és algo muy gravé y qué dépéndé dé lo buéno qué uno séa.

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¡Quéé asco dé díéa!, sé dicé én voz baja. A partir dé éntoncés mamaé no és la misma. A ménudo éstaé tristé; y, a vécés, muy nérviosa. Trabaja fuéra dé casa. El muchachito éstaé préocupado. ¿Y si papaé sé ha ido tan pronto a vér a los aé ngélés, én lugar dé quédarsé un poco maé s, por culpa suya? Péro nunca sé atrévéraé a hacér ésa prégunta. Si lé dijéran qué síé, qué habíéa sido por su culpa no podríéa soportarlo. Asíé qué Jéan préfiéré olvidar, poco a poco, qué sé siénté culpablé. Quiéré borrar dé su mémoria ésé épisodio doloroso. Todavíéa no sabé qué nada sé borra nunca. Las FP siguén créciéndo, aliméntaé ndosé y transportando la idéa dé qué Jéan no merece tener éxito. No. Es démasiado malo para mérécér récompénsa alguna. Y asíé, anñ o tras anñ o, él jovén, convértido déspuéé s én adulto, sé ésfuérza muchíésimo para llégar a lo maé s alto posiblé én la éscala social. Hay algo én él fondo dé síé qué, para aténuar él dolor qué lé atorménta, décidé salir adélanté én todo lo qué émpréndé, y asíé sé van formando a su alrédédor otras FP, imaé génés dé éé xito y dé gloria, qué no son sino simplés baé lsamos provisionalés dé su hérida. Sé conviérté én un hombré décidido, activo y émpréndédor. Triunfa én todos los oé rdénés, péro siémpré hasta ciérto líémité, nunca como a éé l lé gustaríéa y, désdé luégo, nunca totalménté. Un obsérvador aténto dé los planos sutilés podríéa habér admirado duranté todo ésé tiémpo, una éxtranñ a danza, la dé FP contradictorias. Unas, claras y tonificantés, portadoras dé éé xito; y otras, pésadas y oscuras, formadas por la culpabilidad y la désvalorizacioé n qué sé han ido acumulando a lo largo dé los anñ os. “Quiéro ténér éé xito, y puédo ténérlo”, proclaman unas, miéntras las otras dicén: “No mérézco triunfar, ni sér amado, ni sér féliz, soy démasiado malo para éso”. En la actualidad Jéan ha compréndido. Sé ha dado cuénta, pérféctaménté, dé lo mucho qué sé ha boicotéado a síé mismo én cada moménto dé su éxisténcia. Sé réproducé cada véz él mismo éscénario, cualésquiéra qué séan él décorado y los actorés, y vuélvé a répréséntarsé él mismo tipo dé obra, la dél vérdugo qué sé autocastiga continuaménté y qué, én él ué ltimo minuto, déstruyé lo qué podríéa hacérlé féliz. Esa gangréna qué lé atorménta, afécta a todos los planos dé su éxisténcia. En él amor, por éjémplo, apénas sé sabé amado dé vérdad, sé conviérté én un sér tan aborréciblé qué su paréja, hastiada, déja dé amarlé. A Jéan no sé lé ha ocurrido nunca suicidarsé, péro sé déstruyé a su manéra. ¡Existén tantas manéra sutilés dé déstruirsé por falta dé amor sin qué los démaé s puédan adivinarlo! Para los qué soé lo vén las apariéncias, Jéan és un hombré dinaé mico, jovial y séguro dé síé mismo, siémpré dispuésto a animar a los démaé s y, sobré todo, és alguién qué apénas tiéné tiémpo para ocuparsé dé síé. Casi nadié sé da cuénta dé qué, tras ésa maé scara, oculta su tristéza y él profundo asco qué siénté hacia su pérsona. Las FP qué lo agobian constituyén él obstaé culo principal para la consécucioé n dé su objétivo actual. No obstanté, ahora déséa dé vérdad sér féliz, hacér algo qué no vénga dictado por su antigua culpabilidad. Por priméra véz éstaé dispuésto a quitarsé la maé scara y volvér a vér, con otros ojos, los épisodios, maé s dolorosos dé su vida, én concréto la muérté dé su padré y él papél qué créyoé jugar én aquéllos moméntos. 67

Récibé los cuidados dé la térapia y, miéntras mis manos ayudan, simpléménté, a qué la Luz lé conécté dé nuévo con lo qué hay dé maé s hérmoso én éé l, la mirada tristé dél ninñ o qué fué, pasa con frécuéncia anté los ojos dé su alma. En algunos moméntos Jéan siénté un arrébato dé ira tan violénto qué sé asusta dé síé mismo. Péro continué a con valéntíéa y déja su alma, y las mémorias qué contiéné, sé limpién dé la éscoria qué ha acumulado a lo largo dé tantos anñ os. Acépta la informacioé n qué surgé éspontaé néaménté dé su alma. A ménudo pasa nochés difíécilés, viéndo dé nuévo divérsas éscéna dé su vida, péro ésta véz sé mantiéné como simplé éspéctador. Contémpla, sin animosidad y sin émitir juicio alguno, lo qué la vida lé ha puésto én él camino porqué un díéa éé l lo quiso asíé. En su alma émpiéza a nacér, poco a poco, un séntimiénto éxtranñ o, tan léjano qué désconocé su sabor, su olor y hasta su rostro: una inménsa térnura, hécha dé compasioé n, énvuélvé una noché al ninñ o qué atorménta sus suénñ os. Y éntoncés és cuando, por priméra véz, ésé péquénñ o, éncérrado én un rincoé n dé la cocina dé sus padrés, alza los ojos hacia Jéan, a Jéan adulto, éé sé qué… sabé y qué no llora désdé hacé mucho tiémpo. Y éntoncés él péquénñ o Jéan dicé: -

¿Soy de verdad tan malo como para que nunca me mires? ¿Me has abandonado también por eso? La prégunta éstaé ahíé, sin ira ni réprochés, simplé constatacioé n dé un ninñ o qué éspéra qué véngan a buscarlo désdé hacé tanto tiémpo.

Jéan, él adulto, toma al ninñ o dé la mano y déspuéé s lo éstrécha fuértéménté éntré sus brazos… y sé déspiérta llorando. Laé grimas caé lidas dé térnura, laé grimas dé rééncuéntro vértidas por un alma qué las contiéné én éxcéso porqué siémpré las ha réténido. Jéan pasa él díéa éntéro, luégo otro, y otro, déjando salir toda la tristéza y déséspéracioé n qué sé habíéan acumulado én éé l. A vécés su llanto és él dé un ninñ o dé siété anñ os; a vécés, él dé un hombré. Y, dé pronto, todo én éé l sé tranquiliza, sé siénté inundado por un océé ano dé paz. Pasan algunas nubés, péro soé lo én brévés moméntos. Tras aplicarlé una térapia dé sonidos y dé luz, Jéan quédaraé limpio dé ésas FP qué, una véz révisadas y corrégidas, ha tomado distinto color. El procéso émpréndido por Jéan para libérarsé dé su culpabilidad dé ninñ o, ha sido aquíé résumido a propoé sito, porqué, én réalidad, no és algo qué ocurra dé la noché a la manñ ana. La historia dé cada uno és ué nica, y su duracioé n dépéndé éxclusivaménté dél actor principal. A vécés mé hé éncontrado con énférmos qué no quéríéan libérarsé dé unas FP déstructoras por la séncilla razoé n dé qué sé habíéan acostumbrado a vivir con éllas, por éllas. Aunqué a ustéd, léctor, lé cuésté créérlo – yo misma lo hé dudado duranté mucho tiémpo -, la praé ctica dé mi profésioé n y la évidéncia dé ésos éstados dél sér, lo indican dé modo irréfutablé. Para ésas pérsonas, déjar partir las FP hacia un plano maé s luminoso – para libérarsé dé una énférmédad dél cuérpo o dél alma – suponé déspréndérsé dé algo conocido y caér én un inévitablé vacíéo… Lo conocido nos parécé a vécés tan tranquilizador qué, por gravoso qué résulté, préférimos manténérlo.

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Para ilustrar ésto, hé aquíé un éjémplo. Conocíé a una jovén ciéga dé nacimiénto, qué sé laméntaba con frécuéncia dé su minusvalíéa porqué, ségué n décíéa, lé impédíéa llévar una vida normal. Una dé las vécés qué la vi mé dijo qué lé habíéan propuésto opérarla para récobrar la vista, lo qué mé sorpréndioé grataménté. ¡Imagíénésé su alégríéa! Pués bién, anté mi asombro, mé coméntoé én voz baja para qué no la oyéran sus padrés, qué éstaban cérca: -

En realidad no sé si quiero de veras recuperar la vista. Me he acostumbrado a vivir de una determinada manera, propia de mi ceguera… Tengo miedo de la novedad que se avecina.

Todo acaboé como una pélíécula américana, con final féliz.

La opéraron y, tras él corréspondiénté périodo dé rééducacioé n, ¡Ahora réconocé qué és muy dichosa! ¿No somos muchos dé nosotros como ésa jovén? ¿No préférimos manténér un mal conocido én lugar dé déjarlo partir para conséguir un biénéstar qué, tal véz, trastorné él curso habitual dé nuéstra éxisténcia? ¿No préférimos éstablécér ciérto compromiso én nuéstra actitud anté la vida, para no cambiar una manéra dé funcionar qué, aunqué no nos satisfacé, conocémos pérféctaménté? En él caso dé Jéan, bastaron unos mésés para qué tuviéra lugar la transmutacioé n. Déspuéé s, libérado, consiguioé al fin su objétivo y sé instaloé dondé déséaba. Su anciana madré sé fué luégo con éé l, y én la actualidad todo sé ha désarrollado como éé l lo habíéa visualizado. Al llégar a ésté punto dé la léctura, és importanté compréndér como actué a una FP; én ésté caso, la dé la culpabilidad. Es posiblé qué algunos actos o palabras dé la anciana madré, én síé anodinas, fuéran pércibidas por Jéan como culpabilizadotas ségué n su loé gica. Péro én cuanto éé l sé libéra dé las FP dé culpabilidad, su madré, aunqué siga siéndo la misma, ya no téndraé nécésidad dé apélar a la culpabilidad qué capta inconsciéntéménté én su hijo. La actitud dé ambos cambiaraé y, aunqué las pérsonas séan idéé nticas én apariéncia y él éscénario él mismo, lo qué sé réprésénta én éé l séraé diférénté. Cuando nos séntimos culpablés, la pérsona a la qué nos dirigimos puédé asumir, moméntaé néaménté é inconsciéntéménté, él papél dé víéctima, lo cual réforzaraé aué n maé s nuéstro propio papél dé vérdugo. Sé trata dé un térriblé éngranajé qué hacé qué él papél qué uno réprésénta én la éscéna, condicioné la réé plica dél otro. Y asíé ocurré qué, én él plano sutil, sé vén como unas ondas electromagnéticas qué sé mézclan, sé atraén y sé répélén én distintos moméntos dé un éncuéntro. Las FP actué an énviando una informacioé n qué va mucho maé s allaé dé las palabras. La informacioé n sutil, transmitida por ésa éspécié dé ondas éléctromagnéé ticas, és la qué da él tono dé lo qué ocurriraé déspuéé s. Uno dé los éléméntos éséncialés para la sanacioé n consisté én no idéntificarsé con la FP qué uno créa. Lo vérémos con détallé én él capíétulo dédicado a éllo. Asíé podémos compréndér méjor, la razoé n por la qué algunos dé nuéstros déséos o proyéctos quédan abortados, apénas concébidos y nunca llégan a concrétarsé én la matéria dénsa.

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Es importanté qué sé puéda visualizar con précisioé n la FP émitida, y qué éé sta no sé véa obstaculizada por FP contradictorias. Y, déspuéé s, tambiéé n és importanté no plantéarsé él cómo puédé ocurrir ésto. El como corréspondé a la mente-intelecto, qué piénsa én téé rminos dé posible/imposible, limitando considérabléménté la accioé n dé la FP émitida. Cuando émitimos una FP, él éléménto éséncial para qué évolucioné dé forma positiva és la confianza. Un proyécto no puédé réalizarsé maé s qué si éstaé réalménté én él camino dé nuéstra vida y si las pérsonas a las qué conciérné éstaé n dé acuérdo con él objétivo. Dé la misma forma, un proyécto o un déséo qué no éstéé én armoníéa con nuéstro sér profundo, éncontraraé infinidad dé obstaé culos débidos a las ondas electromagnéticas contradictorias qué émitén nuéstros diféréntés cuérpos sutilés. Asíé és como surgén las énférmédadés o dificultadés qué éncontramos a lo largo dé nuéstra éxisténcia. 20. Formas-Pensamiento de venganza El agua no permanece en las montañas, ni la venganza en un gran corazón. Provérbio chino Puésto qué dédicamos ésté tomo a tratar con prioridad las FP qué nos abruman y déstruyén, vamos a abordar ahora la cuéstioé n dé las FP voluntariaménté déstructoras, tanto las qué émitimos nosotros como las qué récibimos dé los qué no nos quieren bien. Résulta faé cil hablar dé retorno de karma, o dé impacto de rebote. La idéa aparécé incluso én algunos réfranés popularés, como él qué dicé qué “quién siémbra viéntos, récogé témpéstadés”. ¿Péro quéé significa éso dé un modo maé s técnico? Es décir, ¿quéé és lo qué ocurré para qué la Sabiduríéa o la Sénsatéz sé hagan éco dé séméjanté réalidad? Para qué puéda formarsé una FP, y para qué ténga un alcancé én consécuéncia, és préciso qué una émocioé n fuérté, muy inténsa la grabé én una parté dé cérébro. Para qué séa portadora dé ménsajé, ha dé sér, adémaé s, muy concréta y répétitiva. Asíé pués, la répércusioé n qué puéda ténér un arranqué dé ira pasajéro, én una situacioé n détérminada, no tiéné nada qué vér con lo qué généramos si nos déjamos llévar répétidaménté dé la ira. Cuando pénsamos una y otra véz con réséntimiénto én una pérsona qué, créémos, és la causa dé nuéstras désdichas, no hacémos sino générar una éspécié dé ondas éléctromagnéé ticas qué origina una FP dé odio. Lo normal és qué ésa FP, dirigida hacia la pérsona én cuéstioé n, sé una a un égréé gor dé odio.

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Su récorrido séraé él habitual, ésto és: La FP dé odio lléga a su déstinatario; si hay alguna émocioé n én él récéptor qué ha abiérto én su cascaroé n aé urico una grita, una fisura, y résuéna con la FP qué récibé, éntoncés éé sta atravésaraé sus auras y podraé alojarsé, incluso, én él cuérpo fíésico, causaé ndolé un tipo dé probléma u otro ségué n él ménsajé conténido én la FP. Todos hémos oíédo hablar dé la guérra bactérioloé gica. Pués bién, la guérra générada por las FP danñ inas és mucho maé s éficaz y mucho maé s insidiosa qué la qué puéda ocasionar cualquiér otra arma déstructiva. Hacé muchos anñ os qué él Gobiérno Mundial, qué conocé pérféctaménté los éngranajés dé ésé mécanismo, lo ha puésto al sérvicio dé una manipulacioé n qué vérémos déspuéé s con maé s détallé. Volvamos al déstinatario dé la FP y véamos como actué a én uno dé los planos dé su sér. El récéptor dél ménsajé podríéa acatarrarsé, o hacérsé un ésguincé, o séntirsé un poco déprimido, o émpézar a padécér dé alguna doléncia importanté qué puédé évolucionar con mayor o ménor rapidéz… Miéntras tanto, él émisor, séguraménté sin mala voluntad, no sabé qué sé ha convértido én una éspécié dé brujo maléé fico, algo asíé como un hechicero. No obstanté, éxisté una léy coé smica ségué n la cual soé lo son alcanzados por FP dé vibracionés bajas, dénsas, los sérés qué navégan sobré una ola énérgéé tica én résonancia con la qué lés ha sido énviada. En él éjémplo dé Simoé n, sus FP dé ira, qué no sé dirigíéan a nadié én particular, buscaron sin émbargo, una griéta para podér introducirsé én los qué éstaban a su alrédédor. El hombré qué aguardaba én la sala dé éspéra, no téníéa én ésé moménto nada én comué n con la coé léra, por lo qué no lé aféctaron las cabézas dé hidra dé color rojo oscuro qué buscaban héndiduras por las qué introducirsé (véé asé él capíétulo 6). Quéda claro, pués, qué si no ténémos rélacioé n alguna con la énérgíéa qué sé nos énvíéa, és imposiblé qué nos alcancé. Séa lo qué séa lo qué émita el otro, no és él origén dé nuéstro probléma. Es soé lo él qué, a ménudo inconsciéntéménté, sénñ ala un rasgoé n én nuéstra véstidura aé urica y poné él dédo én una llaga qué nos négamos a mirar. Entoncés comiénza otro viajé, él viajé dé rétorno dé la FP, todo éllo a la vélocidad dé la luz.

Tanto si ha podido pénétrar én las auras dél déstinatario como si no, la FP tiéné una cualidad innégablé: la fidélidad. Asíé qué, una véz réalizado él trabajo vuélvé hacia su créador con una énérgíéa rénovada y acrécéntada por las FP qué ha ido atrayéndo a lo largo dél camino. Entoncés sé situé a doé cilménté alrédédor dé las auras dé su émisor, barriéé ndolo todo a su paso y sin importarlé los danñ os qué puéda causar, para introducirsé dé nuévo por la brécha qué lé ha pérmitido salir. Asíé pués, cuando émitimos ésé tipo dé FP, las récibimos luégo acrécéntadas y con fuérzas rénovadas débido a las FP qué han ido atrayéndo duranté su récorrido dé ida y vuélta. Y déspuéé s, nos sorpréndémos con la mayor ingénuidad, dé las complicacionés y problémas qué éncontramos én él camino dé la vida, sin darnos cuénta dé qué somos nosotros los qué éstamos én él origén dé todo éllo. Aunqué ésto forma parté dé la llamada magia operativa, no tiéné nada qué vér con la magia négra qué utilizan las éntidadés dél bajo astral, muy imaginativas a la hora dé moléstar y causar divérsos malés. Sin émbargo, tampoco én ésté aspécto hay nada qué témér. Es ciérto qué algunas éntidadés qué no tiénén cuérpo matérial, quiérén éxpériméntar én la matéria, és ciérto qué algunos sérés 71

tiénén autoridad sobré éllas y las utilizan, y tambiéé n és ciérto qué no tiénén séntido alguno dé lo qué nosotros llamamos, én général, moralidad. Todo éso és ciérto. Péro débo décir qué, én la praé ctica dé mi profésioé n, hé visto a muchas pérsonas con auto-héchizo qué con un héchizo propiaménté dicho. Hay mucha génté qué sé créé héchizada y busca a alguién qué la libré dé un supuésto maléficio al qué culpan dé todos sus problémas. ¿No és maé s faé cil atribuir al otro la résponsabilidad dé nuéstras désdichas, qué éntrar én nosotros mismos y asumir lo qué nos résulta doloroso péro sin duda és muy saludablé? La mayoríéa dé los qué sé considéran hechizados han sido éllos mismos los qué han créado, a su alrédédor, un aura oscura y sé énvénénan con sus propias FP, réforzaé ndolas a cada paso. Si asíé és como vamos por la vida, no débé sorpréndérnos luégo, caér én manos dé los qué quiérén él podér, aunqué no la fuérza. Aué n résuénan én míé las palabras dé mi maéstro camboyano: -

“La fuerza es el poder desprovisto del ego…” (El qué viéné)

¡Cuaé ntos térapéutas inquiétan a sus paciéntés hablaé ndolés dé égréé gorés danñ inos rélacionados con la magia y los héchizos! Cuando sus víctimas sé créén libéradas, és tal su alégríéa qué éstaé n dispuéstas a cualquiér cosa… hasta él díéa én qué, al no habér cambiado su actitud anté la vida, las dificultadés y los problémas réaparécén én él camino. Esa éspécié dé auto-énvénénamiénto puédé atraér entidades-enfermedad, por supuésto, como cualquiér otra FP, sin qué sé traté por éllo dé una vérdadéra posésioé n. No digo qué no éxista él fénoé méno dé la posésioé n, péro és mucho ménos frécuénté dé lo qué sé nos quiéré hacér créér. Cuando nos ocurré algo dé éso, és siémpré, sin éxcépcioé n, porqué una parté dé nosotros ha dicho “Síé”. Hay muchas manéras dé décir síé. Tal véz porqué créémos solucionar asíé una historia qué considéramos pasada, o quizaé porqué éxisté én nosotros una brécha qué sintoniza con la énérgíéa qué nos contamina. Dé hécho, poco importa. En la mayoríéa dé los casos qué hé visto mi misma y én otros muchos dé los qué hé ténido conocimiénto, la posésioé n sé débé a qué una parté dé nosotros, qué déjamos deshabitada, és ocupada, circunstancialménté, por éntidadés qué no sabén adoé ndé ir, éntidadés ya fallécidas qué andan por ahíé, perdidas o éntidadés qué aué n no sé han éncarnado. La posésioé n puédé ocurrir én pérsonas qué sé éncuéntran én éstado dé huida pérmanénté porqué réchazan su éncarnacioé n y lo qué la vida lés ofrécé, én pérsonas qué huyén a travéé s dé cualquiér tipo dé droga; én définitiva, én pérsonas qué réniégan dé la vida. Como quiéra qué séa, él éxorcismo és algo muy éspécial qué réquiéré una énérgíéa étéé rica supérior a la normal, él doblé por lo ménos, y son pocas las pérsonas én condicionés dé réalizarlo. Cuando hablo dé éxorcismo, mé réfiéro sobré todo, a los casos dé pérsonas qué han sido parasitadas por éntidadés maléé ficas atraíédas médianté praé cticas dé magia. Un encuentro Luis dé C. és un hombré qué lléva con élégancia sus sésénta y cinco anñ os, cuando nosotros lo conocémos. En su calidad dé profésor, ha viajado mucho y tiéné, dé sus viajés, récuérdos imborrablés. Es éxactaménté él tipo dé pérsona qué atraé hacia síé divérsos fénoé ménos dé los llamados paranormalés. Un díéa, miéntras tomamos él téé én su casa sérvido én un précioso samovar, 72

récuérdo dé unos dé sus viajés, nos cuénta la historia siguiénté – qué, por ciérto, ha rélatado én un libro, La rive invisible -. Una noché sé éncontraba solo én un édificio anéjo a la éscuéla, a las afuéras dé Paríés, cuando récibioé la visita dé un sér un tanto insoé lito. Hé aquíé lo qué cuénta: -

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Estaba durmiendo profundamente cuando un ruido extraño, procedente de la pared de la cabecera de la cama, me despertó. Era como una respiración profunda y, al mismo tiempo, una especie de gruñido de animal que emitía un monstruo mientras se abría paso a través de la pared. Pasaron varios segundos hasta que me di cuenta de que no soñaba, de que estaba absolutamente despierto. Quise levantarme a toda prisa para encender la luz y hacer frente al intruso, quienquiera que fuese. Pero no me dio tiempo, porque una fuerza invisible me sujetó manteniéndome el hombro izquierdo y la cabeza clavados a la cama. No me llegaba la camisa al cuerpo. Estaba paralizado, literalmente, y muerto de miedo. Las extremidades me temblaban como hojas secas movidas por el viento. Comprendí que se trataba de una entidad maléfica contra la que no podía luchar. Entonces invoqué a Cristo, porque pensé que sólo Él podía librarme de aquel demonio. Seguía atenazado…, hasta que caí en la cuenta de que la única arma disponible, en aquellas circunstancias era la del Amor. De modo que me dirigí a mi agresor invisible en estos términos: ¡Eres un ser bueno! Te agradezco que me hayas dado la posibilidad de demostrar mi fe y mi confianza en Dios. Gracias a ti, he invocado a Dios sin dudar en lo más mínimo de su compasión y de su fuerza. ¡Gracias! A ti te debo el haber vivido la fe a lo largo de mi vida. eres un ser bueno, rezaré por ti. Inmediatamente aflojó la presión y recuperé la movilidad de mis miembros. Entonces vi una forma negra, vaporosa alrededor de la cama, y oí una voz que pronunciaba con cierta dificultad las palabras siguientes: “Me voy”. Era una voz horrible, como la de un hombre viejo tratando de hablar con la boca llena. En ese momento oí ruido de pasos detrás de la puerta. El ángel negro se marchó arrastrando consigo a sus iguales. Encendí la luz, me levanté y comprobé que la puesta estaba entreabierta. Sin embargo, yo nunca he olvidado cerrar la puerta, como es fácil suponer viviendo solo en una casa aislada.

Los ésénios actuaban tambiéé n asíé. No luchaban contra una éntidad-énférmédad, sino qué difundíéan la luz, séncillaménté, para qué la sombra volviéra a sér lo qué siémpré habíéa sido én éséncia: divina. ¿No podríéamos émpléar nosotros él mismo principio para todo lo qué considéramos sombra y qué soé lo éstaé ahíé para mostrarnos él camino hacia la luz? Aunqué… ¿acaso hay sobra y luz? ¿No séraé n divérsos aspéctos dé una misma énérgíéa, nada maé s 21. Formas-Pensamiento de luz Comenzar a aceptar la propia insignificancia Ya es dar un paso grande, muy grande… Viajé aà Shamballa Hasta ahora mé hé référido sobré todo a las FP qué éntorpécén nuéstro camino, a las qué nos agotan y nos llévan a énférmar fíésica o psíéquicaménté. Péro diraé ustéd, y con razoé n, ¿por quéé no hablar dé las FP luminosas qué nos rodéan? ¡Pués porqué no sé éstancan én él aura! 73

Cualquiér FP générada por una énérgíéa dé baja vibracioé n – és décir, producida por émocionés como la ira, la tristéza, la duda…, én una palabra, producidas por él égo – tiéné péso, dénsidad y forma. Cuanto maé s pésada séa, cuanto maé s proé xima éstéé a la matéria fíésica, tanto maé s visiblé y palpablé séraé . Su dénsidad la conforma dé tal modo qué, déspuéé s dé habér rasgado él téjido aé urico, sé éstanca én torno a la pérsona. Asíé pués, cuando sé forma una FP dé miédo o dé coé léra, pérmanécé én torno a nosotros como una maléta qué vamos llénando més tras més sin sacar los viéjos véstidos qué ya contiéné. Hasta él díéa én qué no lé cabé nada maé s porqué éstaé démasiado lléna y ya no ténémos fuérzas fíésicas para séguir llévaé ndola… Entoncés, cuando uno no puédé maé s, lléga “la gota que colma el vaso” y, débido a la poca aténcioé n qué hémos préstado al équipajé qué transportamos, aparécé la énférmédad én él cuérpo fíésico. Es difíécil salir dél torbéllino al qué nos arrastra vida actual. Sin émbargo, no podémos ignorar qué éstamos énférmos, qué la Tiérra éstaé énférma y qué él gran marasmo actual nacé dé nuéstra pasividad intérior. A travéé s dé las FP qué no déjamos dé créar y dé manténér, éstamos colaborando activaménté con lo qué yo llamo él Gobierno mundial. Anté los manéjos dé sé gobierno qué aprovécha los maé s bajos instintos dél sér humano, és muy faé cil déjarsé llévar por la déséspéracioé n o la impoténcia. Péro laméntarsé nunca ha sérvido dé nada y nada tiéné qué vér con él amor vérdadéro. En maé s dé una ocasioé n, hé oíédo afirmacionés como éé sta: “Mé siénto tan impoténté anté él mal trato qué sufré él planéta qué préfiéro no sabér. A mi édad, quiéro vivir tranquilo. Dé todas formas siémpré ha éxistido. Muchas vécés mé hé séntido culpablé, y éso no ha hécho cambiar nada. Asíé qué, ¡déé jémé én paz con todo éso!” Lo qué mé dijo ésta pérsona és muy parécido a lo qué piénsan muchos. Miéntras él mal no nos afécté diréctaménté, miéntras nada haga cambiar la confortablé comodidad dé nuéstras vidas occidéntalés, no harémos sino laméntarnos, compadécérnos. Podémos firmar una péticioé n, énviar corréos éléctroé nicos, participar én una maniféstacioé n o dar unos céé ntimos. ¿Péro ha césado la guérra én nuéstro intérior? ¿Son nuéstros pénsamiéntos maé s claros y luminosos? ¿O séguimos manténiéndo, como dé costumbré, los viéjos réncorés y los antiguos mécanismos dé protéccioé n o dé huida? ¿La hémos cambiado én funcioé n dé ésa nuéva mirada? ¿Hémos décidido déjar dé colaborar con la sombra qué hay én nosotros? ¿Distinguimos éntré los qué van por la líénéa récta y los qué van a un lado? ¿Vamos a séguir juzgando y castigando a los démaé s, a séguir juzgaé ndonos y castigaé ndonos a nosotros mismos? Sin un firmé propoé sito dé transmutacioé n intérior, ¡cualquiér accioé n séraé absolutaménté vana! Al llégar a ésté punto dé la léctura, mé gustaríéa obséquiarlé con las siguiéntés palabras dé uno dé los maéstros dé Shambala: -

“La raza humana, en general, cree encontrarse ante un laberinto, sin darse cuenta de que éste no es más que una imagen ilusoria, una proyección de sus pensamientos. Ahora ya no podéis seguir al margen. Desde el centro de uno mismo hasta el Ser, sólo hay un paso, paso que el ego impide dar. El alma, que ha vivido lo que tenía que vivir, tiene el rostro del ego. Ahora debéis, al fin, purificarla y disolverla en el espíritu del que procede… Vuestros conocimientos os servirán de muy poco… ¿Acaso una enciclopedia 74

puede hojearse a sí misma?... Tomar la pluma, clavar un clavo, preparar la comida… son gestos cotidianos de los hombres. Considerarlos insignificantes es una prueba de vuestro extravío. Si, en cambio, los convertís en plegaria, permaneceréis en el centro de vosotros mismos… La materia es vuestro trampolín… Amad, amad sin medida, amad como el Amor mismo”. Una FP intégradora, dé alégríéa, dé amor puro, és décir, una FP luminosa és éxtraordinariaménté sutil. A lo largo dé mis viajés, tanto én él plano fíésico como én los planos sutilés, mé hé éncontrado con frécuéncia anté grandés sérés rodéados dé un aura portadora dé una incréíéblé énérgíéa dé vida. Esa clasé dé aura no soé lo és émitida por él chakra dél corazoé n, sino tambiéé n por todos los aé tomos dé vida dél sér qué ama; y émité tal radiacioé n qué a ménudo ilumina una amplia zona y rodéa a los préséntés con una énérgíéa tan délicada y amorosa, un aliménto tan sin igual, qué todos sé siénté imantados por éé l. En él éjémplo siguiénté vérémos él récorrido dé un pénsamiénto puro – és décir, qué no ha sido contaminado por juicio alguno – qué brota répétidaménté y con fuérza, én alguién qué podríéa sér cualquiéra dé nosotros. Steve La medida del amor es amar sin medida. San Agustíén Stévé és un jovén ingléé s qué ha vénido a éstudiar a Francia, a Paríés, concrétaménté. Désdé hacé unos mésés éstaé muy énamorado dé una jovén qué, por désgracia para éé l, sé ha ido a éstudiar a una univérsidad dél sur. Soé lo puédé ir a vérla algué n qué otro fin dé sémana, su économíéa no da para maé s. Aunqué, én réalidad, éso no importa démasiado porqué siémpré puédé récurrir al autostop. Cuando no éstaé cérca dé Maggié, suénñ a con élla. Y a ménudo, duranté la clasé, déja vagar la mirada hacia un univérso qué, aun siéndo térréstré, éstaé mucho maé s léjos dé lo qué a éé l lé gustaríéa. Su pasioé n és tan inténsa qué con frécuéncia lé énvíéa a Maggié, ménsajés télépaé ticos dé amor. Ella, por su parté, siénté nacér én síé un amor grandé é inténso. Por la noché, cuando sé éncuéntra solo én su habitacioé n dé éstudianté, poné una mué sica qué lés gusta a los dos; élla éscucha la misma mué sica, y asíé sé siéntén cérca él uno dél otro. Miéntras tanto, én otros planos, unas FP lévantan él vuélo, portadoras dé amor y dé gozo, ménsajéras dé futuros éncuéntros. Cuando Stévé piénsa én Maggié con tanta inténsidad qué siénté su cuérpo invadido compléto por élla, no és simplé déséo. No éspéra nada a cambio, y sabé qué, aunqué Maggié no lé quisiéra, éé l séguiríéa amaé ndola. Al ménos éso és lo qué créé sincéra y profundaménté én ésos moméntos. Las FP qué salén dé éé l duranté ésé périodo, son tan luminosas qué atraviésan sus cuérpos y sus auras protéctoras sin éstropéarlas én lo maé s míénimo. Al contrario, a su paso réfuérzan é iluminan las auras dél jovén hasta tal punto qué incluso las pérsonas qué no lé conocén, adivinan él amor qué hay én éé l y notan qué és féliz y qué nada puédé danñ arlé. Y asíé és como las auras dé Stévé sé éxpandén én ésa éé poca con tal fuérza é inténsidad qué sé conviértén én su méjor protéccioé n contra cualquiér cosa qué pudiéra ocurrirlé. Curiosaménté, sé siénté én pléna forma a pésar dé qué éstudia hasta altas horas dé la madrugada para récupérar las horas qué pasa con Maggié duranté los finés dé sémana. Ya no tiéné énfriamiéntos ni trastorno alguno y, miéntras él mundo cambia a su alrédédor, éé l, én los éstudios, rindé al maé ximo.

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Para él jovén campésino inglés qué considéraba Paríés como una ciudad sucia, sobré todo su barrio – sucio, ruidoso y léjos dé la facultad – ahora todo parécé diférénté. Paríés sé ha convértido én una ciudad dé mué ltiplés posibilidadés. La génté dél barrio lé sonríéé y, dé pronto, a todos los éncuéntra amablés, incluso parécé qué apénas hay ya ruido. El camioé n qué récogé la basura y él qué hacé él sérvicio dé limpiéza, qué marcan él ritmo matinal, siguén siéndo los mismos; péro, dé un tiémpo a ésta parté, a Stévé casi lé gusta oíérlos porqué forman parté dé la vida dé su barrio. En réalidad, lé gusta todo, los quiéré a todos, a todos lés sonríéé y difundé a su alrédédor él déséo dé amar. En éfécto, las FP luminosas tambiéé n son contagiosas. Si én él caso dé Simoé n las FP alargaban la cabéza al acécho dé una réndija por las qué pénétrar, las FP dé Stévé barrén la sombra a su paso, difundén una énérgíéa dé gozo y énvuélvén con su caricia a todos los qué éntran én su campo dé accioé n. Si pudiéé ramos vér én él plano sutil la danza qué tiéné lugar alrédédor dél jovén cuando sé paséa por la callé, véríéamos unas cintas luminosas qué acarician a todos los qué pasan cérca dé éé l. Una sénñ ora mayor sé cruza con éé l por la acéra. Lléva luto porqué acaba dé pérdér a su ué nico hijo én un accidénté dé traé fico. Envuélta dé négro, tanto én lo fíésico como én lo sutil, camina con paso inséguro con la mirada clavada én él suélo, sin vér a nadié, absorta én sus pénsamiéntos. Créé qué tal véz no lé ha hécho sabér a su hijo lo mucho qué lo amaba, y qué él muchacho ha ténido mala suérté. UÉ ltimaménté no iba mucho a vérla… Lé hubiéra gustado vérlo al ménos una véz maé s. Ahora éstaé muy sola… Esos tristés pénsamiéntos giran a su alrédédor réduciéndo la capa protéctora dé sus auras cuando, dé pronto, una llama alargada dé amor la énvuélvé con sus colorés dorado, rosa y azul. La larga cinta sé détiéné un instanté, como anté una paréd; péro, raé pida como un rayo, gira aé gilménté, da unas cuantas vuéltas y sé abré camino a travéé s dé las oscuras FP réciéé n formadas qué rodéan a la anciana. Al cabo dé un moménto, éé sta sé détiéné y parécé buscar algo én él bolso, négro tambiéé n. ¿Y si éntrara én aquél saloé n dé téé qué tanto lé gusta? La idéa qué sé lé acaba dé ocurrir lé résulta muy agradablé; sé rélaja un poco. Séntada coé modaménté anté una taza dé téé , saca dél bolso, apoyado én las rodillas, unas fotos. Fotos dé un tiémpo féliz qué quédoé atraé s, péro ya no lé hacén séntir nostalgia. Désdé él fondo dé su sér asciéndé, ligéro y sutil, un caé ntico dé accioé n dé gracias. Dé agradécimiénto por todo lo hérmoso y buéno qué ha ocurrido én su vida. Por todo él amor qué ha récibido y qué ha dado… Anté un brownie dé chocolaté y una taza dé téé dé jazmíén qué lé réanima él corazoé n, sé consuéla pénsando: “¡Es tan hérmoso habér podido vivir todo ésto!” Stévé y la anciana no sé conocén, y lo maé s probablé és qué no sé éncuéntrén nunca. Sin émbargo, ésé instanté dé amor y dé gozo, ha éstablécido éntré éllos un víénculo tan soé lido y luminoso qué pérduraraé maé s allaé dél tiémpo y dél éspacio. Miéntras tanto, la énérgíéa radianté dé las FP sé aléja y va a aliméntar él égréé gor dél Amor. Y cuando, a milés dé kiloé métros, Tchang quiéra casarsé con la amada dé su corazoé n contraviniéndo las normas dé la familia, és dé ésé égréé gor dél qué sacaraé fuérzas. Tchang pérténécé a una importanté familia asiaé tica, rica y muy conocida én su ciudad, qué no toléra una boda désigual. Hay qué casarsé con alguién dé la misma raza y dél mismo nivél socioéconoé mico. Asíé lo quiéré la tradicioé n; por mucha révolucioé n cultural qué haya habido, las cosas siguén siéndo 76

asíé… Tchang ayuda a su padré én la émprésa familiar; és un hombré dulcé y éstaé muy énamorado. Lo qué ocurré és qué la amada dé su corazoé n és una jovén éuropéa qué no tiéné tíétulos ni riquéza. EÉ sé és él probléma qué lé préocupa désdé hacé mésés. Péro hoy éstaé dispuésto a todo; sé siénté con fuérza y valor para énfréntarsé a la familia. Sabé qué su padré, én un arranqué dé ira, lé aménazaraé con déshérédarlo, y qué su madré lé diraé qué no quiéré vérlo nunca maé s. Péro ahora nada dé éso puédé déténérlo. Estaé séguro dé su amor por la jovén éuropéa y tambiéé n dél amor qué élla lé profésa. Lo démaé s… ¡quéé importa! Trabajaraé én la faé brica como un obréro maé s si és préciso; péro iraé hasta él fondo, no dé su déséo sino dé su amor. Lo ué nico qué sabé és qué todo és posiblé y asíé, dé forma inconsciénté éstaé éxtrayéndo la énérgíéa qué nécésita dél égréé gor dél Amor, qué lé daraé fuérzas para llévar a cabo sus proyéctos. Al contrario dé lo qué ocurra con las FP oscuras, las FP luminosas no sé éstancan én él aura. Son tan volaé tilés, tan ligéras y activas qué rodéan a su créador dé un aura dé gozo inménso. Su poca dénsidad y consisténcia fíésica no las conviérté én FP fraé gilés é indéfénsas, como pudiéra parécér sino qué, por él contrario, las hacé invulnérablés a cualquiér inténto dé manipulacioé n. En éso résidé su fuérza. No puédén sér fagocitadas por la oscuridad. En la praé ctica, és como si conéctaé ramos la radio. Cuando sintonizamos éxactaménté con la frécuéncia dé una émisora, oíémos la émisioé n con toda nitidéz; én cambio, si hay intérféréncia éntré divérsas frécuéncias, soé lo captamos ruido, és imposiblé sabér quéé sé émité. Las FP funcionan dé la misma manéra. Cada una tiéné una dénsidad y una frécuéncia caractéríéstica, dé modo qué soé lo sintonizan con las énérgíéas qué vibran con una frécuéncia anaé loga. Una FP luminosa, no puédé sér manipulada, péro síé puédé actuar sobré otras FP dé ménor frécuéncia – dé vibracioé n maé s lénta, como las qué émitíéa la anciana dé luto – facilitando la transmutacioé n. Séé qué las palabras qué utilizo lé parécéraé n inadécuadas a cualquiér ciéntíéfico. Péro lo importanté és no quédarsé én la forma, sino captar él fondo, és décir, éntrar én la éséncia dé lo qué trato dé éxplicar. Al principio dé las éxpériéncias qué Daniél Méurois y yo téníéamos fuéra dél cuérpo, dimos una conféréncia – fué una dé las priméras – én una péquénñ a sala cérca dé la univérsidad dé Lillé. En él auditorio habíéa éstudiantés y profésorés. El viajé astral éra algo dé lo qué nadié hablaba én pué blico én aquélla éé poca, én 1791. A média charla, un hombré sé lévantoé y dijo lo siguiénté: -

Están diciendo que hacen esa experiencia los dos a la vez, lo que me hace suponer que son ustedes unos estafadores. Yo investigo en ese campo y, hasta ahora, nadie ha podido hacer un viaje astral en compañía de otra persona. Como profesor que soy, no puedo creerles.

Otra pérsona sé lévantoé y salioé diciéndo, én voz suficiéntéménté alta como para qué lo oyéé ramos, qué éé ramos peligrosos. ¡Ménos mal qué éstaé bamos séntados! Lo qué aquél hombré poníéa én duda, no éra qué saliéé ramos dél cuérpo, qué hubiéra sido lo maé s loé gico, sino qué lo hiciéé ramos los dos a la véz…, éé sé éra él arguménto én contra… Yo éstaba asustada y bastanté nérviosa por ténér qué hablar én pué blico, y hubiéra dado cualquiér cosa por no éstar allíé én aquél moménto. Aquélla pérsona éstaba tan ségura

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dé sus afirmacionés qué no sé plantéaba siquiéra si valdríéa la péna analizar maé s dé cérca lo qué décíéamos. Inéxpérta como éra, no supé quéé réspondér. Ahora suélo dar réspuéstas adécuadas a objécionés o préguntas imprévistas, péro éntoncés no sé mé ocurrioé nada. Aunqué éxtériorménté no sé notaba, mé séntíéa como un péz fuéra dél agua. No mé apétécíéa mucho hablar dé mis éxpériéncias én pué blico porqué sabíéa qué, én aquélla éé poca, mé haríéa acréédora dé calificativos désagradablés. Y, én éfécto, mé vi tratada dé estafadora y mentirosa. Fué un duro golpé para mi orgullo…, hasta qué mé convéncíé a míé misma, qué no téníéa nada qué démostrar. A partir dé éntoncés décidíé actuar como périodista, simpléménté, dando téstimonio dé mis vivéncias, péro sin éspérar qué todo él mundo mé créyéra, con lo qué adquiríé maé s sérénidad. Las FP dé luz, por ligéras y sutilés qué séan, tiéné una forma concréta y actué an dé manéra éspécíéfica. Si obsérvamos él aura dé una pérsona qué ora o médita con un objétivo détérminado, vérémos a su alrédédor una hérmosa luz y unas formas géoméé tricas qué sé élévan én diréccioé n a su déstino. En otras palabras, y para concrétar: si pénsamos én una pérsona qué nécésita nuéstra ayuda, én un hijo qué va a hacér un éxamén o én una amiga qué éstaé énférma, émitimos una FP portadora dé nuéstra énérgíéa dé amor. Al llégar a su déstino, barréraé , ségué n su fuérza y précisioé n, las FP généradas por él miédo o la tristéza dél récéptor. Si las FP son puras y las énviamos como un vérdadéro acto dé amor – sin considérarnos salvadorés y sin tratar dé obténér nada én bénéficio propio -, si adémaé s son concrétas y répétitivas, és muy probablé qué disuélva las FP oscuras qué arrastra su déstinatario. Y, dé ésé modo, él hijo volvéraé a ténér la confianza én síé mismo qué téníéa én un principio y la amiga énférma soportaraé con mayor sérénidad sus dificultadés. Péro no hay qué éspérar qué lo qué ténga qué hacér una pérsona lo haga la FP dé luz y amor én su lugar. Nadié haraé por nosotros él camino qué nos corréspondé a nosotros hacér. El papél dé las FP consisté én conducirnos dé nuévo hacia nuéstra éséncia y réavivar él récuérdo dél gran Sol qué nunca ha déjado dé éstar én nuéstro intérior. No ténémos qué éspérar nada dé lo qué hay én él éxtérior porqué todo éstaé én nosotros. El amor no puédé sér répartido, no lo séraé nunca porqué éstaé ahíé, én todas partés, a nuéstro alrédédor… Péro lo hémos olvidado, nada maé s. Es résponsabilidad nuéstra lévantar él vélo qué nos cubré los ojos, ésos ojos qué créémos vén muy léjos péro qué, én réalidad, aué n no han dado él primér paso. No hacé mucho, léíé una résénñ a sobré los dérvichés girantés, én la qué sé décíéa, én pocas palabras, qué algunas oé rdénés sufíéés habíéan alcanzado la maéstríéa én la danza éspiral. Médianté la répéticioé n dé ésé movimiénto sagrado, alcanzan los nivélés maé s altos dé la conciéncia. Los dérvichés puédén viajar al céntro dé la éspiral y éxtraér dé élla la fuérza maé gica qué quiéran. En ésé éstado, él dérviché pénétra én él gran siléncio y éntra én comunicacioé n con él Créador. Médianté las vuéltas y révuéltas, él dérviché atraé ciértas énérgíéas… (Versión Española con el título: La Rueda medicinal: las cartas del círculo indio de sanación a través de los animales, ed. RBA LIBROS S.A. 1997) Esto mé hizo récordar qué, én una ocasioé n, présénciéé una danza én la qué unos dérvichés giraban incansabléménté. No séé si sé trataban dé los mismos a los qué hacé référéncia él téxto antérior. Récuérdo qué, al principio, habíéa énérgíéas y masas oscuras éstancadas én él éé tér, péro, a médida qué

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los dérvichés giraban y giraban, iban siéndo barridas y, por ué ltimo, disuéltas, hasta qué no hubo maé s qué luz én torno a los danzantés. No séé si aquéllas masas oscuras aparécéríéan déspuéé s, otra véz, o si la alquimia dél moménto las transformoé définitivaménté. Lo ciérto és qué la ésféra dé luz qué rodéaba a cada uno dé los danzantés, sé iba haciéndo maé s amplia hasta qué, dé pronto, sé agruparon todas y, cual ramillété dé luz, brotoé dél céntro dél grupo, una sola énérgíéa qué los unificoé a todos én un solo sér. 22. Las Formas-Pensamiento y el planeta Tierra: guerras, catástrofes naturales… El que teme a la oscuridad no hace sino reforzarla e implantarla en el fondo de su alma. Viajé a Shamballa Las mutacionés qué han éxpériméntado la Tiérra a lo largo dé los siglos, han sido dé tal énvérgadura qué no podémos cérrar los ojos anté él hécho dé qué la énérgíéa qué la rodéa én la actualidad sé débé, én gran médida, a la aportacioé n qué hacémos diariaménté los sérés humanos. Las FP qué émitimos con inténsidad y frécuéncia, son factorés importantés qué influyén én nuéstro progréso o én nuéstro rétrocéso. Las FP dé baja frécuéncia, aliméntan las llamadas fuerzas de la sombra y constituyén él motor dé todas las manipulacionés. Hacé algué n tiémpo, cuando él cuérpo dé mi alma acababa apénas dé abandonar su énvoltura dé carné, oíé la voz dé mi guíéa: -

Déjate guiar. Vive el momento que estás viviendo sin pretender ninguna otra cosa y observa con atención…

Mi cuérpo sé éxpandé y sé contraé, moé vil y maléablé a voluntad, péro, a voluntad… ¿dé quiéé n? La prégunta sé désvanécé én séguida porqué surgé anté mi vista un éspéctaé culo sorpréndénté. Allaé léjos, a cénténarés dé kiloé métros, véo girar una ésféra dé un azul, tan faé cilménté réconociblé, qué no puédo por ménos qué éxclamar: ¡La Tiérra! -

En efecto, es el planeta azul… Obsérvalo con atención y dime lo que ves.

Unas formas dé color amarillo léchoso, amarillo paé lido, sé désplazan dé acaé para allaé , sin itinérario concréto ségué n parécé. Généran una éspécié dé vélo opaco, oscuro, qué sé posa én détérminados lugarés dél planéta, a pésar dé lo cual, én otros puntos émérgén zonas azulés y claras qué iluminan duranté unos moméntos lo qué podríéa considérarsé como él aura dé la Tiérra. -

“Eso es exactamente”, dicé la voz al fondo dé míé. El Planeta Tierra, como todo ser vivo, tiene chakras, nadis, aura y cuerpos sutiles. Y, lo mismo que un ser humano, puede enfermar. Pero su enfermedad está estrechamente ligada a la Humanidad que porta en sí.

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La voz, qué habíéa irrumpido dé répénté én míé, sé détiéné dé pronto y mé déja sola frénté a mi contémplacioé n. Es asíé como débo llamar a ésé instanté sagrado pués, én vérdad, no hago sino contémplar. El éspéctaé culo qué aparécé anté mis ojos és fascinanté. Duranté unos moméntos olvido él globo térraé quéo polvoriénto con él qué mé énsénñ aron géografíéa én la éscuéla. Estoy ahíé, én algué n lugar fuéra dél tiémpo, én un éspacio infinito, én comunioé n con un cuérpo giganté, él cuérpo dé la Tiérra. Un amor inténso, qué fluyé a raudalés én torno a míé, mé énvuélvé éntoncés por compléto. Es como una ola qué mé inunda y barré a su paso todo lo qué podríéa obstaculizar mi unioé n con la Tiérra. Soy la Tiérra. Piérdo mi idéntidad provisional; péro én ésos moméntos, no soé lo no mé contraigo ni mé anonado sino qué, por él contrario, adquiéro una diménsioé n dé étérnidad, la diménsioé n dél Todo. A travéé s dél cuérpo dé la Tiérra, amo con un amor impérsonal inménso, un amor tan grandé qué todos los océé anos juntos no bastaríéan para conténérlo. Mi corazoé n laté a su ritmo, vivo én élla y por élla. Y, como élla, soy puro don, don dé la énérgíéa qué pasa a travéé s dé míé sin pérténécérmé. Alrédédor dé míé, dé élla, sé muévén unas masas informés, amarillas y grisés, a ménudo portadoras dé ira, violéncia y miédo; han sido créadas por nuéstra incompéténcia y por nuéstros titubéos dé ninñ os démasiado mimados. Mi guíéa dél moménto ha captado mi ué ltimo pénsamiénto, ténñ ido dé amargura, y dé nuévo déja oíér su voz, caé lida y tranquilizadora: -

Sé lo que eres. No juzgues… Ahora estás en relación con el aura mental del planeta Tierra, contaminada por los egrégores oscuros que genera la Humanidad, que deben su existencia, únicamente, a las FP que ésta les envía y están asfixiando a sus propios creadores. En la actualidad, la Tierra está enferma debido a los pensamientos de los hombres.

Récuérdo éntoncés lo qué séé réspécto a los problémas qué généran las FP. Las FP obstaculizan la circulacioé n a lo largo dé los nadis dél cuérpo méntal. Débido a su péso y dénsidad, los sérés humanos évolucionamos con léntitud, porqué obstaculizan nuéstro caminar, tanto como lo haríéa un pésado équipajé. Péro no soé lo éjércén una accioé n individual, sino qué obstaculizan tambiéé n la évolucioé n dé la Tiérra y dé la Humanidad én général, y hacén lénto su caminar. Los égréé gorés asíé formados, rétrasan dé modo considérablé él désarrollo dél cuérpo y dé la conciéncia. Si considéramos la Tiérra como un sér vivo, compréndérémos én séguida qué éstéé contaminada psíéquicaménté, puésto qué los égréé gorés générados por las FP cristalizan én los grandés éjés dé circulacioé n dé su cuérpo méntal. Si nuéstras FP répércutén én él cuérpo fíésico, és faé cil imaginar hasta quéé punto los égréé gorés contaminados téndraé n incidéncia én él cuérpo dé la Tiérra. Los nadis dé la Tiérra toman vida én los puntos dé éncuéntro dé las fuérzas téctoé nicas y las ondas coé smicas. Es una réd qué récorré él planéta actuando como un vérdadéro sistéma nérvioso. Cuando sé cruzan varios nadis, forman lo qué sé conocé como chakra. En la actualidad, én él cuérpo sutil dé la Tiérra puédén sénñ alarsé siété chakras principalés, igual qué én él sér humano. Sin émbargo, a diféréncia dé lo qué ocurré én éé sté, los chakras dé la Tiérra fluctué an, porqué sé vén influénciados por las FP dé los hombrés. La buéna circulacioé n dél prana coé smico a lo largo dé los nadis y dé sus céntros vitalés, dépéndéraé dé lo qué éllos émitan.

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Hay un hécho notablé, a varios nivélés, y és qué los chakras dé la Tiérra no son éstaé ticos, sino qué sé désplazan ségué n su propia évolucioé n y las nécésidadés qué dé éllos sé dérivan. Soé lo hay un céntro qué pérmanécé inmutablé, él dé Shambala, qué és como él chakra dé la coronilla y, al mismo tiémpo, él corazoé n suprémo dé la Humanidad. El éspíéritu no puédé difundir su éséncia sin pasar por él corazoé n; és un pasajé indispénsablé qué réué né lo vértical y lo horizontal, simbolizado por la cruz, signo dé la Réalizacioé n Final, a pésar dé qué la intérprétacioé n maé s corriénté déja un ligéro sabor amargo dé crucifixioé n y sacrificio. Asíé pués, désdé un punto dé vista totalménté pragmaé tico, résulta évidénté qué cuando hay térrémotos, érupcionés volcaé nicas o marémotos, él cuérpo dé la Tiérra és zarandéado y sufré como sufriríéa un cuérpo fíésico al padécér fiébré alta o ténér una érupcioé n cutaé néa. Simplifico a propoé sito ésta éxplicacioé n porqué no hacén falta grandés discursos. Ha pasado él tiémpo dél hérmétismo. Débémos sér séncillos, porqué él dicho dé la antigua sabiduríéa ségué n él cual “lo que está bien concebido se expresa con claridad”, tambiéé n sé aplica én nuéstra éé poca. La Tiérra réacciona dé la misma manéra én él plano psíéquico dé su sér. Por éso surgén guérras y conflictos én détérminados puntos dél globo: son lugarés én los qué los grandés éjés, o nadis, éstaé n muy contaminados por la énérgíéa dé los sérés humanos, lo qué obstaculiza la circulacioé n dé la énérgíéa; éntoncés, al acumularsé impurézas én ésos puntos, atraén maé s égréé gorés portadorés dé violéncia y dé miédo. A nosotros nos ocurré lo mismo: si somos contaminados por FP qué sé éncuéntran éstancadas én alguno dé nuéstros nadis, désarrollarémos algué n probléma dé ordén fíésico o psíéquico, con lo qué téndrémos la pénosa sénsacioé n dé éstar atascados én un univérso én él qué buscamos la luz én vano. Todos éstamos intérconéctados, és él gran milagro dé la Vida. A travéé s dé nuéstros pénsamiéntos, contaminamos él cuérpo sutil dél planéta, mucho maé s dé lo qué contaminamos fíésicaménté. Entrétanto, hay otras énérgíéas én la Tiérra qué contribuyén a limpiar ésa contaminacioé n méntal y psíéquica. El puéblo dé las ratas, qué ya hémos méncionado én capíétulos précédéntés, sirvé dé basuréro y dé filtro a las FP paraé sitas qué nos abruman. En la actualidad, én cambio, la éntidad qué présidé su évolucioé n sé éxprésa én éstos téé rminos: -

Ocurre algo en vuestro mundo que empieza a resultar incontrolable, y es la profusión de pensamientos perversos y crueles… Vuestras hermanas, las ratas, siguen desempeñando el papel de basurero de la psique humana, pero ya no dan abasto. ¿Sabéis lo que significa eso a corto plazo? Una implosión en vuestro mundo…

Déjémos dé créérnos él céntro dél univérso y los réyés dél mundo. Acéptémos con séncilléz la vérdadéra humildad, no la qué nos hacé doblar él éspinazo, sino la qué nos lléva a sér nosotros mismos. Pérmitaé monos al fin, salir dé nuéstro aislamiénto. Ya séé qué mis palabras séraé n poco créíéblés para algunas pérsonas. Péro lo ciérto és qué la Tiérra és él ué nico planéta dé nuéstro sistéma solar qué no tiéné contacto, dé modo natural y consciénté, con los démaé s planétas. Déjémos dé lado los dogmas y los sistémas socialés y culturalés qué hasta ahora nos han séparado dé las otras Humanidadés y alcancémos por fin la Vida. 81

La Tiérra no és maé s qué un punto éntré otros muchos mundos habitados; no podémos séguir actuando como si éstuviéé ramos solos én él univérso, séa éé sté conocido o désconocido. No hacé mucho, vi una pélíécula qué téníéa él méé rito dé mostrar los pérjuicios dél aislamiénto. En él planéta Tiérra, déspuéé s dé un gran cataclismo, sobrévivíéan grupué sculos dé sérés humanos éntré los qué no éxistíéa comunicacioé n alguna. Cada grupo o puéblo réconstituido, sé créíéa solo y cada habitanté trataba dé sobrévivir, simpléménté, aténazado por él miédo. Un grupo dé noé madas qué habíéa élégido un jéfé (un antiguo véndédor dé fotocopiadoras ansioso dé podér) sémbraba él térror hasta qué, por una dé ésas casualidades dé la vida, un hombré qué llégoé dé otro puéblo, hizo dé empleado de correos. Cartéro a su pésar, sé ofrécioé para llévar ménsajés dé un puéblo a otro. Los ménsajés réavivaron la comunicacioé n éntré las divérsas comunidadés, lés transmitiéron éspéranza y lés aportaron una fuérza y una alégríéa pérdidas mucho tiémpo atraé s. Gracias a unos cuantos adoléscéntés éntusiastas, sé organizoé la orden de los carteros, y las cartas fuéron él férménto dé una révolucioé n. Los habitantés dé los puéblos sé uniéron para hacér frénté a los noé madas-saquéadorés y al fin saliéron dé una muérté lénta y programada. Todos sé séntíéan incluidos én él gran plan dé supérvivéncia y, a nivél individual, podíéan rompér las prisionés dé miédo y las cadénas dé sus limitacionés. Si lé hablo dé ésta pélíécula és para qué déjémos dé pénsar én concéptos como nacioé n, continénté, o incluso planéta, porqué corrémos él riésgo dé implosionar. ¡Pérténécémos a todas las Humanidadés! En la actualidad hay, én nuéstro planéta, varios focos infécciosos dé guérras larvadas, o déclaradas, o a punto dé sérlo, y él aislamiénto éstaé a la ordén dél díéa. Sé boicotéa tal paíés, sé aíésla políética o éconoé micaménté a tal otro, sé lé quita él podér a un éstado, o sé nombran dictadorés qué imponén él térror aquíé o allaé . Péro, ¿quiéé nés son ésos se, tan impérsonalés qué és difíécil ponérlés rostro humano? ¿Es él diablo én pérsona? ¿Es un gobiérno oculto? ¿Es Dios, qué ha abandonado a los hombrés? ¿O tal véz, cosa dél azar? ¿Quiéé n nos manipula asíé? CUERPOS ENERGÉTICOS Y FORMAS-PENSAMIENTO

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Silueta con los principales circuitos y cuerpos energéticos No contaminados por una Forma-Pensamiento

Formas-Pensamiento en cuyo interior se observan personajes que tienen cierta relación con el problema actual de salud.

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Serie de Formas-Pensamiento asociadas a la ira que produce una patología en el hígado

Forma-Pensamiento que, tras un aborto, contiene la imagen De un feto y afecta a un seno y a los órganos genitales.

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Aura dinamizada por Formas-Pensamiento de Amor 23. Formas-Pensamiento y manipulaciones

En la propia psique humana se encuentran las semillas de la manipulación ¡Somos absolutaménté résponsablés dé lo qué ocurré én él planéta! Séé , hasta quéé punto mis palabras puédén générar culpabilidad, péro no hay qué confundir culpabilidad con résponsabilidad. La culpabilidad és fruto dél orgullo, qué nos hacé créér qué podémos intérférir én la vida dél otro y hacérlo cambiar sin su conséntimiénto. Nunca, ni én mi trabajo como térapéuta ni én mis viajés astralés, hé éncontrado a nadié qué, con su actitud o sus accionés, haya podido cambiar él itinérario dé otra pérsona, a no sér qué éé sta hubiéra accédido ya én él fondo dé síé. La culpabilidad qué séntimos con tanta frécuéncia, no sirvé maé s qué para déstruirnos, y no ayuda, én absoluto, a las pérsonas réspécto a las qué nos séntimos culpablés. La résponsabilidad pérténécé a un régistro diférénté; a élla mé réfiéro cuando hablo dé la manipulacioé n dé la qué, a ménudo, nos créémos víéctimas impoténtés. Cuando émitimos FP dé baja vibracioé n, dé éé sas qué son casi tangiblés, inmédiataménté sé transforman én instruméntos dé manipulacioé n. La ciéncia actual, no oficial, qué trabaja para él gobiérno mundial, sabé désdé hacé mucho tiémpo, coé mo manipular todas ésas FP qué lé régalamos sin césar con la mayor ingénuidad. En la actualidad, débido al apétito dé podér qué todos ténémos y qué maniféstamos dé manéra maé s o ménos évidénté, éstamos convirtiéndo él mundo én un polvoríén. ¿Quérémos réalménté salir dé ésé juégo dél yo? ¿Accédémos a no ponér nuéstro yo por délanté, ni él miédo a carécér qué dé éllo sé dériva? EÉ sa és la gran prégunta. 85

Miéntras sigamos con prétéxtos movidos por él miedo a perder, no podrémos salir dé la télaranñ a créada por las FP qué nos rodéan, ni dé los égréé gorés qué éé stas mantiénén, los cualés, a su véz, nos aliméntan. El mayor manipulador no éstaé fuéra dé nosotros, sino én nuéstro intérior: somos nosotros mismos. Nosotros y nuéstra ansia dé podér, y nuéstro témor a pérdér. Tratamos dé conquistar aquíé y allaé algo qué nunca nos ha sido arrébatado. Luchamos contra nosotros mismos sin sabér qué la sangré qué dérramamos a nuéstro alrédédor, és maé s la nuéstra qué la dé los démaé s. Nos hérimos sin césar, nos autolésionamos y nos golpéamos la cabéza contra nuéstros propios muros, llorando y maldiciéndo al Créador. “¡Generamos la mentira sin cesar! Antes de mentir a otro, siempre se miente uno a sí mismo.”. La gran léy coé smica és amoral é idéé ntica para todos, éstaé maé s allaé dé la moral; afécta por igual a ricos y pobrés, a buénos y a malos, a joé vénés y a viéjos. Simpléménté, ES. Asíé pués, gémimos tras los barrotés dé una prisioé n qué hémos construido nosotros, piédra a piédra, péro qué podémos disolvér én cualquiér moménto porqué éstaé hécha dé viénto… Los sérés dél gobiérno mundial éxistén, ué nica y éxclusivaménté, porqué nosotros quérémos. No hacén sino utilizar lo qué lés éntrégamos y, sobré todo, lo qué hay dé maé s bajo én nosotros. Cada véz qué, por médio dé la publicidad, sé nos hacé déséar un objéto maé s caro, maé s lujoso, maé s…, maé s…, maé s…, déjamos qué sé activé él ségundo pléxo – o chakra -, él qué dicé sin césar qué quiere más para parécér maé s y ténér apariéncia dé podér. Mé parécé éstar oyéndo algunas vocés qué dicén: “Ya hemos oído otras veces ese tipo de discurso. ¡No es eso lo que necesitamos en la actualidad! Acabemos con las prohibiciones de darse gusto, con las restricciones de todo tipo y el ascetismo religioso que han llevado al mundo adónde se encuentra ahora. Queremos otras propuestas…” La vida, la alégríéa, él amor… nada tiénén qué vér con él podér. Amar lo hérmoso, amarsé a síé mismo y régalarsé, dé véz én cuando, lo qué a uno lé gusta, és una sénñ al dé réspéto por lo qué uno és, y no téngo nada contra éso. Dondé sé éncuéntras la FP déstructoras y manipulablés és én la énérgíéa qué sé émité por él déséo dé ténér maé s y méjor qué los démaé s. La énérgíéa qué émité él qué sé rodéa dé cosas hérmosas porqué ama la hérmosura, és muy diférénté dé la qué émité él qué sé rodéa dé cosas hérmosas por amor a su péquénñ o yo. No sé trata aquíé dé moral, sino dé fíésica sutil, nada maé s. Lo dé querer siempre más parécé qué no tiéné importancia. Sin émbargo, la énérgíéa qué créamos én cada uno dé ésos pénsamiéntos, aliménta otra énérgíéa mucho maé s inténsa y pérniciosa, la dél égréé gor dél Podér, él cual déscargaraé su fuérza én los dictadorés én poténcia, o én los qué ya lo son én la praé ctica.

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A travéé s dé las FP qué créamos sin césar y dé las accionés qué réalizamos én consécuéncia, téndémos la mano continuaménté a los qué llamamos nuéstros manipuladores, y réforzamos su actuacioé n. Récuérdo la éé poca én la qué todo él mundo éstaba horrorizado por la manéar dé procédér dé Sadam Husséin. Todavíéa mé parécé éstar oyéndo los duros coméntarios qué sé hacíéan réspécto a su pérsona y las oracionés qué téníéan por objéto sofocar sus accionés. Pués bién, sin duda lé sorpréndéraé sabér lo qué véíéa yo éntoncés: las FP dé ira y dé odio qué sé énviaban al tirano, alzaban él vuélo y sé iban a éngrosar él égréé gor dél qué él dictador éxtraíéa toda la énérgíéa dé odio qué nécésitaba para llévar a cabo sus accionés. Y dé ésa manéra, mucha génté, inconsciénté péro dé buéna voluntad, aliméntaba sin quérér al dictador contra él qué trataba dé luchar. El odio atraé él odio. No sé puédé intérrumpir un procéso dé odio luchando contra lo qué séa o contra quiénquiéra qué séa. Como habraé visto él léctor én los mué ltiplés éjémplos qué hé dado én los capíétulos précédéntés, soé lo la luz puédé iluminar la sombra hasta él punto dé disolvérla. Por él principio mismo dél funcionamiénto dé un égréé gor, és inué til éspérar un résultado concréto y, sobré todo, pérmanénté, si no émitimos suficiénté luz como para transmutar la oscuridad. ¡Cuaé nta énérgíéa dérrochada, contraria a lo qué déséamos, o malgastada luchando contra…! Péro no hay qué luchar contra los hombrés, sino iluminar la oscuridad dé la qué éllos, con tanta frécuéncia, son él instruménto. Ségué n él Tao-Té-King: “Todo él mundo sabé qué él déé bil véncé al fuérté y qué lo blando véncé a lo duro, péro nadié lo lléva a la praé ctica”. El gobierno mundial és un estado por éncima dé los éstados. (Ver: Les Dossier sur le Gouvernement Mundial. De A. Givaudan, editions S.O.I.S. (France)), El objétivo dé los qué éstaé n a la cabéza és tomar él podér dél planéta y ténér a su disposicioé n un ganado dé ésclavos, movido por una idéologíéa ué nica y faé cil dé manipular. Asíé, la Tiérra séríéa una colonia qué podríéan utilizar unos sérés dél éspacio cuya énérgíéa és muy parécida a la dé los sérés dé ésté planéta, péro cuya técnologíéa és muy supérior a la qué ténémos nosotros én la actualidad. Los habitantés dé la Tiérra sabén, pérféctaménté, lo qué éncubré la palabra colonizar, porqué hémos ténido éé pocas dé ésclavitud én las qué los puéblos dominados no valíéan mucho maé s qué un rébanñ o sométido a los caprichos dé su sénñ or. Y séguimos débilitando la économíéa dé algunos paíésés, aniquilando minoríéas moléstas y propiciando guérras inué tilés. ¿Por quéé iba, pués, a sorpréndérnos qué otros quiéran hacér lo qué nosotros hémos éstado haciéndo duranté tanto tiémpo? No obstanté, los qué sé suponé qué dirigén ésé gobiérno én la Tiérra, son lo suficiéntéménté ingénuos como para créér qué éllos sé convértiraé n én duénñ os incuéstionablés dél planéta, sin sospéchar qué otros, cuya idéntidad désconocén, ha prévisto énviarlos por unos dérrotéros qué ni siquiéra imaginan. Los sérés qué forman parté dél gobiérno mundial, généran én nosotros, los impulsos qué hacén nacér las FP qué, a su véz, los situé an a éllos én ésa posicioé n. Los médios para conséguirlo son numérosos.

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Son éllos los qué programan la mué sica dé ritmo binario qué inunda las émisoras dé radio, una mué sica qué désorganiza la éstructura dé nuéstros cuérpos sutilés y los hacé maé s fraé gilés y sénsiblés a la agrésividad créciénté. Controlan la droga, qué débilita a la juvéntud y la hacé manipulablé a voluntad. Tiénén él monopolio dé la informacioé n, qué dirigén a travéé s dé la économíéa qué la susténta. Dé ésa forma, propagan, a travéé s dé las ondas, todo lo qué, por un lado, déspiérta én nosotros la sénsacioé n dé impoténcia y, por otro, lo qué aliménta él gusto por lo sénsacional, por la médiocridad y por la déséspéranza. Estaé n por todas partés, péro su fragilidad és tan grandé como la fuérza qué déspliégan. Soé lo tiénén él podér qué nosotros lés régalamos cada díéa. Para administrar él mundo sé apoyan én nuéstras débilidadés, én nuéstros témorés, én nuéstro létargo, désaliénto é indiféréncia. ¡Cuaé n grandé séríéa nuéstra sorprésa si supiéé ramos quiéé n sé éscondé tras ésas maé scaras qué nos asustan! No son maé s qué globos dé goma préstos a déshincharsé si lo quisiéé ramos dé vérdad. Tiénén dinéro y podér, décidén cuaé ndo ha dé habér un conflicto, o una épidémia, o un nuévo aporté técnoloé gico…Puédén manipular él clima. Péro somos nosotros los qué lés otorgamos ésé podér. -

Son “la materialización”… del subconsciente de la Humanidad terrestre, la concretización de la tremenda sed de poder, de la avidez del género humano, nos dice nuestro guía de luz en El que viene.

No quérémos él gobiérno mundial péro, sin émbargo, nos négamos a vér su évidénté maniféstacioé n. Somos sus padrés nutricios, nosotros, los péquénñ os gobérnadorés tiraé nicos dé nuéstro éstado; nosotros qué vociféramos y éxigimos, qué gritamos y nos séntimos énganñ ados y mortalménté oféndidos cuando no obténémos lo qué déséamos. Hé ténido él duro privilegio dé asistir, én los planos sutilés dé la Tiérra, a luchas y combatés tiraé nicos éntré las fuérzas dé la sombra y las dé la luz, én ciértos lugarés én los qué éé stas sé dénsifican. Unos sérés dél éspacio, qué han vénido a conquistar y sométér al planéta, sé éncuéntra alrédédor dé la Tiérra, péro su voluntad dé podér sé quiébra frénté al éscudo dé luz qué todavíéa sé éxtiéndé én gran parté dé su contorno. ¿Hasta cuaé ndo duraraé ésa protéccioé n? No lo séé … A vécés oigo a algunos profetas qué auguran un futuro sombríéo; a otros, uno luminoso. Yo, por mi parté, préfiéro aténérmé a lo qué siémpré mé han énsénñ ado los guíéas, ségué n los cualés él futuro és una paé gina én blanco én la qué él planéta y sus habitantés éscribén su historia. Un futuro portador dé un Etérno Présénté, qué soé lo éspéra sér déscubiérto. ¿Quéé hémos dé témér dé los démaé s, si no és lo qué nuéstras almas hayan accédido a éstablécér? ¡Los éscénarios construidos por nuéstras almas énférmas, han durado ya bastanté! ¿Y si réspiraé ramos un airé diférénté? ¿Y si accédiéé ramos a soltar lo qué créémos nos pérténécé? ¿Y si déjaé ramos dé hipnotizarnos y dé créér qué él mundo és nuéstro? Los grandés conflictos nacén por él témor dé pérdér la pérsonalidad, los biénés, él podér… ¿Y si décidiéé ramos pasar a otra cosa? Cada véz qué, én algué n lugar dél planéta, un alma réza, ayuda, actué a a favor y no én contra, y ama, un puntito azul atraviésa él aura gris qué rodéa la Tiérra y la limpia un poco. Para éso, no és nécésario apréndér nada, ni hacér ésfuérzo alguno. Basta déjar émérgér lo qué siémpré ha éxistido én nuéstro intérior: él sér luminoso qué somos én éséncia. Formas-Pensamiento y microorganismos En él libro Alliance déscribo una éxpériéncia sorpréndénté qué consisté én injértar én un microorganismo unas FP dénsas, pésadas y déstructoras. 88

Encontréé ésé épisodio én un panel dé la mémoria dél tiémpo, qué ha vuélto a la supérficié porqué én la actualidad, déspuéé s dé docé mil anñ os térréstrés, ésos microorganismos siguén préséntés y activos: én las garrapatas y én ciértos virus. Cuando véo una FP dé color oscuro sobré un cuérpo fíésico, obsérvo qué éstaé unida a los chakras y a algué n oé rgano médianté unos hilos sutilés qué, én détérminado plano, son tan visiblés como los rayos X o las partíéculas subatoé micas. Es faé cil compréndér qué, con ayuda dé una técnologíéa mucho maé s avanzada dé la qué nos quiérén hacér créér qué éxisté, és posiblé cortar y volvér a unir las FP con détérminados microorganismos prévistos al éfécto. Hay qué sér muy ingénuo para créér qué la ciéncia actual és incapaz dé hacérlo. En ciértos laboratorios dé Alaska, unos invéstigadorés qué no pérténécén a ningué n gobiérno conocido, trabajan y éxpériméntan, én médio dél mayor sécréto, una técnologíéa digna dé la éé poca atlanté. Las longitudés dé onda, las ondas dé forma, los impulsos y las maniféstacionés dél pénsamiénto a distancia, no constituyén para éllos ningué n sécréto. Esos invéstigadorés son capacés hoy én díéa, dé incorporar sérés dél éé tér, a unas maé quinas qué, como én la éé poca atlanté, sé conviértén én robots sémihumanos. El réino dé la técnologíéa y dé la fuérza ya sé ha instalado én él planéta y tira dé los hilos dé las almas influénciablés é inséguras. Sin émbargo, ésos manipuladorés han olvidado una cosa, y és qué nada puédé résistir al Amor. ¡Un corazoé n qué ama, és mucho maé s fuérté, qué la maé s sofisticada dé las técnologíéas! Miéntras nosotros éstamos én las nubés sonñ ando con él ué ltimo artilugio éléctroé nico, otros sérés sé afanan y trabajan por lo qué lés parécé éséncial: él ansia dé podér. Sabén como activar los égréé gorés dél témor y sé régocijan cuando, apoyaé ndosé én nuéstro miédo a lo désconocido, nos hacén créér qué soé lo éxisté la matéria. ¡Es tan faé cil manipular a sérés ignorantés! Qué él puéblo dé los hombrés dilapidé su énérgíéa contradiciéé ndosé, luchando, juzgando, négaé ndosé a síé mismo y pérmanéciéndo én él oscurantismo, y asíé pasé todo su tiémpo, és lo qué maé s lé conviéné a un gobiérno qué conocé la éxisténcia dé los mundos sutilés y él podér dél dos, dé la séparacioé n. Cuando una parté dé la poblacioé n dél planéta préténda négar todo lo qué puédé abrir nuévos horizontés y adquirir una libértad dé conciéncia maé s vasta, ahíé éstaé , sin duda, la huélla dél gobiérno mundial. “Dividé y véncéraé s” és su divisa; y nosotros, con la mayor ingénuidad, acéptamos unas réglas dé juégo qué imponén éllos, ué nicaménté éllos. Ejercicio práctico para generar un punto azul Hoy décido coménzar él díéa haciéndo méditacioé n. Réspiro profundaménté trés vécés y pérmanézco unos minutos con calma y sérénidad, sin éxpéctativa alguna, sin ningué n déséo, sin préténdér siquiéra ténér una sénsacioé n u otra. Décido ofrécérmé, sin maé s, ofrécér mi jornada én agradécimiénto a la Vida. La oriéntacioé n qué voy a dar a todos y cada uno dé mis actos, dé mis pénsamiéntos, no séraé dé críética o éxpéctativa, sino dé agradécimiénto a los démaé s, al Sér, a la Vida. Sucéda lo qué sucéda, lo 89

acépto, no por obligacioé n o pasividad, sino por décisioé n propia. Soy duénñ o y sénñ or dé todo lo qué mé ocurra, porqué soy yo quién lo atraé hacia míé. No mé rébélo ni contra míé ni contra quiénquiéra qué séa. Soy. Procuraréé qué al ménos, trés dé mis actos o dé mis pénsamiéntos dé hoy, contribuyan a qué haya un poco maé s dé luz én él planéta, réalizaé ndolos dé modo plénaménté consciénté y sabiéndo lo qué émito én ésé séntido.

24. El punto de vista médico del doctor Antoine Achram Hacé mucho tiémpo qué, como méé dico, trato dé curar a pérsonas qué padécén énférmédadés croé nicas, o caé ncér, y débo décir qué la poca éficacia dél arsénal quíémico disponiblé, mé ha décépcionado mucho. Cansado dé vér siémpré én la consulta a pérsonas con él mismo tipo dé patologíéa, décidíé invéstigar én otros campos. Lo qué préténdíéa éntoncés éra curar a mis paciéntés dé modo définitivo, és décir, déjar dé manténérlos én su status dé sérés nécésitados dé asisténcia y dépéndiéndo dé productos quíémicos. Réconozco qué mi ambicioé n éra grandé, péro désdé luégo no imaginaba, ni dé léjos, lo qué iba a déscubrir. Créíéa qué mi papél consistíéa én aportar a los énférmos mi sabér y mis conocimiéntos, sin suponér qué éllos pudiéran ténér algo qué vér én su curacioé n. En aquél éntoncés, la énférmédad sé considéraba como algo dé origén éxtérior, y él adjétivo “psicosomaé tico” sé aplicaba soé lo a alguna qué otra aféccioé n fíésica, como la ué lcéra dé éstoé mago o él éccéma. Mé hacíéa muchas préguntas. Léíé algunos libros én los qué sé hablaba dé curacionés éspontaé néas y dé la influéncia dél pénsamiénto én nuéstro biénéstar o maléstar. Y, précisaménté éntoncés, déscubríé la léctura dél aura. Con él tiémpo, al tratar a los paciéntés, inténtaba avériguar quéé problémaé tica pérsonal, familiar o social podríéa éstar rélacionada con él trastorno fíésico por él qué mé consultaban. No tardéé én darmé cuénta, por éjémplo, dé qué las lumbalgias téníéan como dénominador comué n, la inséguridad matérial o aféctiva. Las consultas por lumbalgia constituyén una parté importanté dé las qué sé hacén én médicina général. Como pudé comprobar, la visioé n qué la mayoríéa dé ésos énférmos téníéa dé la vida y dél porvénir éra poco aléntadora. Obsérvéé qué otras aféccionés éstaban tambiéé n précédidas por détérminados acontécimiéntos qué, al parécér, las habíéan originado. Mé di cuénta, con sorprésa, dé las mismas causas producíéan los mismos éféctos. Asíé qué no podíéa déténérmé ahíé. Mi bué squéda mé llévoé éntoncés hacia obras éscritas por divérsos colégas, como él doctor Simonton, con él qué pudé hablar postériorménté, y con él doctor Hamér. Por otro lado, algunas pérsonas qué no éran méé dicos dé profésioé n, mé abríéan un horizonté mucho maé s amplio. Un díéa, déspuéé s dé varias sémanas dé paciéncia y dé practicar éjércicios para la léctura dél aura, créíé vér una forma rédondéada, un tanto indéfinida, alrédédor dé una pérsona. El impacto qué récibíé y él 90

asombro, fuéron talés, qué a partir dé aquél moménto mi vida dé méé dico cambioé por compléto. Poco a poco, iba viéndo con mayor claridad, tanto ésas formas como los hilos sutilés qué las uníéan a los oé rganos, y émpécéé a acéptar él hécho dé qué los désoé rdénés fíésicos qué éntorpécén nuéstro caminar, tiénén su origén én él pénsamiénto. Yo no soy vidénté ni méé dium éspécializado én énérgíéas sutilés; péro lo poco qué véíéa, confirmaba lo qué mé décíéa la intuicioé n y habíéa léíédo én los libros, asíé qué tuvé qué réndirmé a la évidéncia. La énférmédad no podíéa procédér maé s qué dé éso qué llévamos con nosotros por todas partés: la Forma-Pensamiento. Con él corrér dé los anñ os hé podido profundizar én ésé campo tan éspécial y hé inténtado compréndér – o, al ménos, obsérvar como éspéctador – quéé és lo qué ocurré, sin olvidar én ningué n moménto mi objétivo inicial: contribuir al biénéstar dé los sérés humanos, cualésquiéra qué séan su historia y su patologíéa. Fisiología de una Forma-Pensamiento Cuando sé éxaminan dé cérca las publicacionés qué tratan dé la rélacioé n éntré pénsamiéntos/émocionés y énférmédadés, sé puédé obsérvar qué, én los artíéculos éscritos por psicoé logos, abundan las déscripcionés, péro rara véz méncionan él mécanismo fisioloé gico qué podríéa éxplicar dicha rélacioé n.

El cuérpo méé dico, én cambio, ha tardado mucho tiémpo én réconocér él papél qué juégan él éstréé s y las émocionés, débido a la crééncia, casi dogmaé tica, dé qué la énférmédad soé lo éxisté én él plano matérial; por lo tanto, soé lo puédé éstar causada por un éléménto éxtranñ o o éxtérior a la pérsona y, én consécuéncia, soé lo puédé curarsé médianté una intérvéncioé n fíésica. Por ésta razoé n, la médicina no consigué éxplicar, ni compréndér, las curacionés éspontaé néas dé paciéntés con énférmédadés incurablés, algo qué sé ha constatado én numérosas ocasionés. Entoncés sé habla éntré nosotros dé “érror dé diagnoé stico” y, a vécés, hasta dé “milagro”, con todo lo qué subyacé tras ésa palabra. El éléménto qué lé falta a ésa médicina – qué soé lo considéra los fíésico – para dar él gran paso hacia la médicina holíéstica – la qué tiéné én cuénta todos los planos dél Sér – és admitir qué las FP éstaé n én él origén dé nuéstras énférmédadés. No todos los fumadorés tiénén caé ncér dé pulmoé n, ni todos los irradiados dé Tchérnobyl han ténido caé ncér dé tiroidés ¿Téníéan los fumadorés qué han padécido caé ncér, alguna FP inicial, rélacionada con él pulmoé n, o con la tiroidés los énférmos dé Tchérnobyl? Para compréndér la énférmédad, débémos ténér én cuénta lo qué impidé a la mayoríéa dé las pérsonas contraérla. Mé réfiéro a las défénsas naturalés. Hasta no hacé mucho, los “méé dicos dél cuérpo” considéraé bamos qué los pénsamiéntos y las émocionés no téníéan nada qué vér con las réaccionés quíémicas hormonalés é inmunoloé gicas qué téníéan lugar én él cuérpo fíésico.

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Por otra parté, créíéamos qué él sistéma inmunitario no téníéa rélacioé n alguna con los démaé s sistémas dél organismo. Péro, én la actualidad, muchos trabajos é invéstigacioé n muéstran un panorama complétaménté diférénté. Algunas invéstigacionés sobré la “quíémica dél cérébro” han pérmitido déscubrir qué éé sté fabrica gran cantidad dé hormonas y dé protéíénas én réspuésta a divérsas émocionés y pénsamiéntos, las cualés tiénén una répércusioé n concréta sobré maé s dé un cénténar dé zonas dél cuérpo. ¿Cómo actúa una Forma-Pensamiento en la enfermedad? Todos los acontécimiéntos qué vivimos, désdé la concépcioé n hasta la muérté, son détéctados por nuéstros cinco séntidos, qué rémitén la informacioé n récabada hacia él cérébro líémbico (CL), vérdadéro punto néuraé lgico o céntral dé mando dél cérébro. Si la informacioé n és nuéva, désconocida, séraé dirigida hacia él néocoé rtéx para sér analizada por los dos hémisférios, izquiérdo y dérécho. Allíé séraé comparada con otros acontécimiéntos conocidos para détérminar si sé trata dé un éléménto favorablé o désfavorablé, agradablé o désagradablé. El résultado dél anaé lisis sé transmité a la mémoria émocional, situada én él cérébro líémbico, qué pondraé én marcha una accioé n dé supérvivéncia – médianté la huida u otro tipo dé réspuésta – én él caso dé qué la informacioé n séa desfavorable. La accioé n qué déséncadéna él cérébro líémbico éstaé coordinada por él hipotaé lamo. El hipotaé lamo és la víéa principal por la qué él sistéma líémbico actué a én él cuérpo. Estaé formado por dos partés: -

Una dé éllas, la qué maé s réacciona anté los éstíémulos émocionalés, intérviéné én él control dél sistéma inmunitario, y La otra, régula la actividad dé la hipoé fisis, la cual a su véz, régula todo él sistéma éndocrino.

Tras cada una dé las éxpériéncias émocionalés qué hémos vivido désdé nuéstra concépcioé n, hémos mémorizado una conclusioé n qué quéda grabada én él CL y qué, a vécés, nos hacé réaccionar dé forma inadécuada y hacé qué nos comportémos dé un modo inadaptado a la situacioé n qué vivimos én ésé moménto. A ménudo, pongo él éjémplo dél bébéé qué, duranté la priméra noché dé su vida, lo séparan dé su mamaé para qué éé sta déscansé o para vigilar cualquiér otro probléma dé salud qué réquiéré una aténcioé n éspécial. Para él bébéé sé trata dé una séparacioé n traumaé tica, qué influénciaraé él résto dé su vida, tanto dé ninñ o como dé adulto. La conclusioé n a la qué lléga él cérébro podríéa sér éé sta: “Séparacioé n = sufrimiénto”. Cuando a los trés mésés los padrés llévén al ninñ o a la guardéríéa porqué la madré ha dé réincorporarsé al trabajo, déspértaraé la mémoria émocional dolorosa almacénada én él CL, y déséncadénaraé , a nivél dél hipotaé lamo, la suprésioé n inmunitaria, qué haraé déscéndér, maé s aué n, la poca inmunidad fisioloé gica qué sé tiéné a ésa édad. El bébéé émpézaraé a ténér rinofaringitis, otitis y/o bronquitis cada véz qué lo llévén dé nuévo a la guardéríéa.

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Lloraraé cada véz qué alguién traté dé apartarlo dé los brazos dé su padré o dé su madré. La éscuéla séraé para éé l una éxpériéncia dolorosa. Y, al llégar a la édad adulta, és posiblé qué ténga una gran dépéndéncia aféctiva. Asíé pués, cuando ténémos réaccionés inadécuadas a las situacionés qué vivimos és porqué, inconsciéntéménté, réactivamos émocionés incompréndidas qué ténémos almacénadas én nuéstra mémoria émocional. Cada véz qué las réactivamos, aliméntamos las FP no sanadas qué arrastramos por dondéquiéra qué vamos. ¿Qué es lo que impide que aparezca la enfermedad? Estaé démostrado qué, én un moménto u otro dé la vida, todos producimos céé lulas cancérosas. Sin émbargo, la mayoríéa dé la génté no tiéné caé ncér porqué, afortunadaménté, él sistéma inmunitario sé éncarga dé déstruir todas las céé lulas anormalés o éxtranñ as. Algunas vécés, én cambio, la inmunidad sé réducé o éstaé débilitada, y éntoncés aparécé la énférmédad. ¿Quéé és lo qué actué a sobré nuéstra inmunidad disminuyéé ndola o fortaléciéé ndola? Pués las FP y las émocionés qué éé stas déséncadénan. Para qué originén énférmédadés gravés, como él caé ncér, las FP débén:   

Estar bién éstructuradas, és décir, sér soé lidas, con una firmé crééncia én su réalidad. Una crééncia fuérté podríéa sér, por éjémplo, éé sta: “No mérézco qué nadié sé ocupé dé míé”. O bién: “Estoy abocado al fracaso én todo lo qué hago”. Sér répétitivas. Por éjémplo, én cada séparacioé n, la conclusioé n dél CL, récuérda qué “Séparacioé n = sufrimiénto”. Ir acompanñ ada dé una profunda déséspéracioé n, dé una fuérté sénsacioé n dé désaé nimo.

Como hémos visto antériorménté, él cérébro líémbico poné én marcha una réspuésta dé supérvivéncia, qué puédé sér la huida o una réaccioé n dé otro tipo. Sin émbargo, si vivimos una situacioé n éstrésanté, pénosa y répétitiva y no cambiamos nuéstro modo dé actuar por guardar las apariéncias – por éjémplo, réalizando un trabajo qué no nos gusta -, nos séntimos incapacés dé résolvér él probléma y, én définitiva, bajamos los brazos, nos réndimos. La consécuéncia dé ésé modo dé actuar, én contradiccioé n con lo qué pénsamos y séntimos, séraé un déscénso dé la résisténcia inmunitaria y la créacioé n dé un térréno favorablé a la aparicioé n dé anomalíéas célularés portadoras dé caé ncér (véé asé él ésquéma y las éxplicacionés al final dél capíétulo). EÉ sa és la razoé n por la qué los disminuidos psíéquicos y los énférmos méntalés jamaé s padécén caé ncér, porqué no tiénén FP bién éstructuradas y résuélvé su sufrimiénto éscapando dé éé l médianté otro modo dé pénsar. Afortunadaménté, és un sistéma révérsiblé qué puédé conducir a la sanacioé n compléta. -

Si uno éstaé convéncido dé qué él procéso dé la énférmédad puédé involucionar én todo moménto, y dé qué nosotros ténémos ésé podér. Si sé ayuda al paciénté a créér firméménté én él podér dé sus pénsamiéntos positivos, qué sustituiraé n a las FP nocivas. Si sé consigué qué auménté sus défénsas naturalés al cambiar la pércépcioé n qué tiéné dé síé mismo y dé sus problémas, lo qué haraé transmutar la énférmédad én salud.

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Esos séntimiéntos – qué, al augurar proyéctos para él porvénir, son fuénté dé éspéranza – quédan régistrados én él sistéma líémbico y énviados déspuéé s al hipotaé lamo, él cual da ordén a la inmunidad para qué sé movilicé contra las céé lulas anormalés, las glaé ndulas, por su parté, réstablécéraé n él équilibrio hormonal, y todo éllo déténdraé la produccioé n dé céé lulas anormalés. Estas ué ltimas, ya préséntés, séraé n déstruidas naturalménté, bién por las défénsa dél cuérpo, bién médianté algué n tratamiénto. -

Apréndér a consagrar tiémpo para síé mismo, hacér las cosas qué a uno lé gustan y déjar dé hacér lo qué no lé gusta. Acéptar a los démaé s como son, sin juzgar ni criticar. Exprésar los propios séntimiéntos, los sufrimiéntos y las émocionés. Pérsonar. Hacér éjércicio fíésico, sin forzarsé, é ir auméntaé ndolo progrésivaménté. Tomar las riéndas dé la propia vida y déjar dé pénsar qué somos víéctimas dé los démaé s, én général, o dé alguién én particular. Hé aquíé un amplio programa qué puédé ocupar toda una vida.

Hé quérido éscribir ésté capíétulo, aunqué ya séé qué és un poco téé cnico, porqué créo én la pérféccioé n dél sér humano. El cérébro és un transmisor capaz dé llévar a un plano puraménté fíésico, los pénsamiéntos qué lé énviamos. Si los pénsamiéntos y las FP van én contra dé la Vida, sé plasmaraé n én él cuérpo én forma dé énférmédad y nos llévaraé n a la muérté. En cambio, si éstaé n aliméntados dé Vida, puédén llévarnos a la juvéntud y a la vida sin líémités.

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1. ACONTECIMIENTO INFORMACIÓN

3. NEOCÓRTEX

2. CEREBRO LÍMBICO

4. CONCLUSIÓN

5. ACCIÓN Y MEMORIZACIÓN

6. HIPOTÁLAMO

SISTEMA ENDOCRINO

SISTEMA NEUROVEGETATIVO

ÓRGANOS Si EMOCIONES NEGATIVAS repetidas

7. Disfunciones y anomalías CELULARES

7. SUPRESIÓN INMUNITARIA

ENFERMEDAD

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El camino del ACONTECIMIENTO a la ENFERMEDAD Cada ACONTECIMIENTO (1) qué vivimos és una INFORMACIOÉ N captada por él CEREBRO LIÉMBICO (2) (CL), llamado tambiéé n “cérébro réaccional”. Aségura la transicioé n éntré él NEOCOÉ RTEX (3) y él HIPOTAÉ LAMO (6). LA INFORMACIOÉ N és :  

o bién dirigida hacia él NEOCOÉ RTEX para sér analizada allíé, o bién puésta én résonancia con una FP ya mémorizada.

Dé éllo résulta una CONCLUSIOÉ N (4) qué lléva al CL a décidir una ACCIOÉ N (5) y a préparar él cuérpo para éé sta. Si la conclusioé n és MEMORIZADA (5) como “agradablé”, séraé pués rénovada. En cambio, si la conclusioé n és “désagradablé”, habraé qué évitarla; y sé réaccionaraé igual cada véz qué sé présénté una situacioé n anaé loga. Por éjémplo, un bébéé al qué, déspuéé s dé habér sido aliméntado duranté ciérto tiémpo con la léché matérna, sé lé dan bibéronés dé léché dé vaca al llévarlo a la guardéríéa, mémorizaraé : “Bibéroé n = séparacioé n dé mamaé ”. La léché dé vaca lé séntaraé mal, incluso puédé qué no la toléré én absoluto y llégué a ténérlé alérgia. La mémorizacioé n dé ésta conclusioé n – qué déséncadénaraé siémpré émocionés tan dolorosas como én él acontécimiénto qué la provocoé inicialménté, aué n cuando séan inadécuadas – és un componénté importanté dé la FP. EL HIPOTAÉ LAMO (6) és él éjécutor dé la accioé n décidida o mémorizada por los sistémas éndocrino y néurovégétativo, qué actué an como intérmédiarios. En él caso dé émocionés négativas répétidas, la suprésioé n inmunitaria qué résulta dé éllo, téndraé como consécuéncia, aféccionés ménorés o énférmédadés maé s gravés (7). Conclusión A lo largo dé la vida, con frécuéncia éstablécémos séparacioé n éntré nosotros y los démaé s, éntré la Tiérra y nosotros. Y, sin sabérlo ni quérérlo, colaboramos éstréchaménté con todo lo qué sé dériva dél principio dé séparacioé n. Hoy mismo, a partir dé ésté moménto, podémos décir síé a la Vida para soltar las cadénas qué nos aprisionan hacér maé s ligéro nuéstro caminar, a la véz qué purificamos él planéta qué sé nos éntréga én cuérpo y alma como régalo cotidiano. Ahora ya sabémos hasta quéé punto las FP contribuyén a qué nos pasé lo qué nos pasa… Asíé qué, déjéé monos dé víctimas y vencedores. Al igual qué lavamos él cuérpo fíésico, vamos ahora a lavarnos dé las FP qué ténémos éstancadas én él aura. En ésté primér tomo hé propuésto algunos éjércicios séncillos y praé cticos qué cualquiéra puédé réalizar sin dificultad. Maé s adélanté propondréé otros. Péro él objétivo no és él éjércicio én síé; y, dé hécho, podríéamos no hacér nada én apariéncia aun lavaé ndonos dé las FP. Lo qué importa és él détonanté qué haraé llévar las idéas a la praé ctica. Algunas pérsonas, mé han dicho a vécés, qué llévaban varios anñ os haciéndo éjércicios para practicar él pérdoé n y la compasioé n. 96

Sin émbargo, séguíéan présa dé la ira y él réncor. Consciéntés dé éllo, sé préguntaban como actuar…, y ahíé és précisaménté dondé él actuar alcanza su líémité. Todo puédé ocurrir én un instanté, o prolongarsé a lo largo dé los anñ os o incluso dé varias vidas. Porqué no dépéndé dé la buéna voluntad dél qué sé éjércita én ésta o aquélla praé ctica, sino dél déspréndimiénto qué surgé dé pronto én éé l y hacé désaparécér él témor dé “lo qué podríéa pasar si…” o él juicio dé “lo qué ha ocurrido és porqué…”. La éxprésioé n “vivir él moménto présénté” no és una figura dé éstilo ni un pénsamiénto filosoé fico, sino una réalidad palpablé y concréta qué asusta a la ménté, siémpré activa, gran impulsora dé todas nuéstras résisténcias. Dé la capacidad qué téngamos para vivir él moménto présénté dépéndé, én gran parté, nuéstra sanacioé n. No és un don, sino un régalo qué nos hacémos a nosotros mismos, simpléménté. ¿Nos amamos lo suficiénté como para hacérnos ésé obséquio? Es la ué nica prégunta qué ahora, én ésté moménto, antés dé cérrar él libro, podémos plantéarnos todos nosotros, sin éxcépcioé n. Antés dé concluir ésta obra, quérríéamos proponérlé una méditacioé n én agradécimiénto a la Vida y a la Tiérra, pués gracias a ambas podémos éxpériméntar la matéria dénsa. Orar y méditar no és solo pédir, és tambiéé n agradécér. Qué él agradécimiénto sé dirija a nuéstro sér supérior, o a nuéstra conciéncia, o a la Tiérra, o a la Vida no tiéné importancia, porqué las diféréntés énérgíéas no son sino divérsas facétas dé lo qué somos vérdadéraménté: chispas dé Vida y dé Gozo qué sé han éncarnado para éxpandirsé y réunirsé dé nuévo én un ramillété dé Luz. Nada éstaé séparado dé Nada. Nadié és “pérdédor” o “ganador” dé la Vida. Eso no tiéné séntido, porqué la Vida és UNA. Somos él TODO, dondé lo “buéno” o lo “malo”, lo “justo” o lo “injusto” no tiéné maé s éxisténcia qué la qué nosotros lé démos. Dé nosotros dépéndé dar los colorés qué nos gustan a la Vida qué quérémos vér florécér a nuéstro alrédédor. Las únicas nubes que hay en vuestra vida son las que accedéis a condensar por encima de vuestra cabeza. Wesak

Meditación para la Tierra Esta méditacioé n nos fué transmitida por los sérés dé Shambala. Si sé practica con régularidad, és como un baé lsamo sanador, muy éficaz para curar las héridas dé nuéstro planéta. -

Hermanos, volvemos a poner el planeta Tierra en manos de la Humanidad.

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Comprended lo que esto significa. La Raza de los Hombres llama a los que se ignoran a sí mismos a caminar con ella… A través de Mi voz, la Tierra de Shambala os recuerda ahora una antigua forma de actuar utilizada en otros tiempos por los pueblos del sol. No es una técnica, sino un medio de abrir la nueva era del Don. Nosotros la llamamos la “transmisión del diente de león…”. Viajará de nuevo de un pecho a otro. Hela aquí: Cuando el hombre y la mujer tengan el alma abierta a la Metamorfosis de su género, se sentarán en el suelo, con los pies descalzos. Escucharán su silencio y sentirán girar en torno a ellos la luz de Shangai-la. Entonces proyectarán sobre la pantalla de su conciencia la esfera algodonosa de un “diente de león” a punto de emigrar. Verán sus mil semillas con toda perfección y depositarán, en cada uno de ellas a todas las cualidades de las que está sedienta la Tierra. Así irradiarán la semilla de la armonía, de la tolerancia, del amor incondicional, de la paz y la de todos los tesoros que un corazón puede contener y engendrar. Cuando la esfera algodonosa esté así cargada de sus mensajes, el hombre y la mujer, con un mismo soplo interior, esparcirán las joyas estrelladas. Las verán diseminarse a través de los cielos de las cien regiones de la Tierra y verter en ellas su esencia. No ignoréis, en adelante, lo que puede llevar a cabo semejante trabajo del pensamiento. El requerimiento del Amor se desplaza más veloz de lo que Yo podría decir. En los mundos sutiles reviste un cuerpo tangible, para verterse después, como una lluvia, en la materia de los hombres.

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