9. MISTERIO DE DIOS

MANUALES ISCR INSTITUTO SUPERIOR DE CIENCIAS RELIGIOSAS UNIVERSIDAD DE NAVARRA Queda prohibida, salvo excepción previst

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MANUALES ISCR INSTITUTO SUPERIOR DE CIENCIAS RELIGIOSAS UNIVERSIDAD DE NAVARRA

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© 2016. Lucas F. Mateo-Seco y Miguel Brugarolas Ediciones Universidad de Navarra, S.A. (EUNSA) Campus Universitario • Universidad de Navarra • 31009 Pamplona • España +34 948 25 68 50 • www.eunsa.es • [email protected] ISBN: 978-84-313-3165-8 | Depósito legal: NA 2328-2016 Diseño cubierta: Pablo Cerezo Marín Imprime: Graphy Cems, Pol. Ind. San Miguel, 31132 Villatuerta (Navarra) Printed in Spain – Impreso en España

LUCAS F. MATEO-SECO MIGUEL BRUGAROLAS

MISTERIO DE DIOS

EDICIONES UNIVERSIDAD DE NAVARRA, S.A. PAMPLONA

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Colección MANUALES DEL INSTITUTO SUPERIOR DE CIENCIAS RELIGIOSAS  &DGDYH]PiVSHUVRQDVVHLQWHUHVDQSRUDGTXLULUXQDIRUPDFLyQÀORVyÀFD\WHROyJLFDVHULD\SURIXQGDTXHHQULTXH]FDODSURSLDYLGDFULVWLDna y ayude a vivir con coherencia la fe. Esta formación es la base para desarrollar un apostolado intenso y una amplia labor de evangelización en la cultura actual. Los intereses y motivaciones para estudiar la doctrina cristiana son variados: • Padres y madres que quieren enriquecer su propia vida cristiana y la de su familia, cuidando la formación cristiana de sus hijos. • Catequistas y formadores que quieren adquirir una buena preparación teológica para transmitirla a otros. • Futuros profesores de religión en la enseñanza escolar. • Profesionales de los más variados ámbitos (comunicación, economía, salud, empresa, educación, etc.) que necesitan una formación adecuada para dar respuesta cristiana a los problemas planteados en su propia vida laboral, social, familiar… o simplemente quienes sienten la necesidad de mejorar la propia formación cristiana con unos estudios profundos. 2. Existe una demanda cada vez mayor de material escrito para el estudio GH GLVFLSOLQDV WHROyJLFDV \ ÀORVyÀFDV (Q PXFKRV FDVRV OD QHFHVLGDG procede de personas que no pueden acudir a clases presenciales, y buscan un método de aprendizaje autónomo, o con la guía de un profesor. Estas personas requieren un material valioso por su contenido doctrinal y que, al mismo tiempo, esté bien preparado desde el punto de vista didáctico (en muchos casos para un estudio personal). Con el respaldo académico de la Universidad de Navarra, especialmente de sus Facultades Eclesiásticas (Teología, Filosofía y Derecho Canónico), la Facultad de Filosofía y Letras y la Facultad de Educación y Psicología, esta colección de manuales de estudio pretende

responder a esa necesidad de formación cristiana con alta calidad profesional. 3. Las características de esta colección son: • Claridad doctrinal, siguiendo las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia católica. • Exposición sistemática\SURIHVLRQDOGHODVPDWHULDVWHROyJLFDVÀORVyÀFDV \GHRWUDVFLHQFLDV  • Formato didáctico tratando de hacer asequible el estudio, muchas veces por cuenta propia, de los contenidos fundamentales de las materias. En esta línea aparecen en los textos algunos elementos didáctiFRVWDOHVFRPRHVTXHPDVLQWURGXFFLRQHVVXEUD\DGRVFODVLÀFDFLRQHV distinción entre contenidos fundamentales y ampliación, bibliografía DGHFXDGDJXtDGHHVWXGLRDOÀQDOGHFDGDWHPDHWF JOSÉ MANUEL FIDALGO ALAIZ JOSÉ LUIS PASTOR Directores de la colección

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Formato didáctico Los manuales tienen un formato didáctico básico para facilitar tanto el eventual estudio del alumno por su cuenta, el autoestudio con preceptor / tutor, o la combinación de clases presenciales con profesor y estudio personal. Estas características didácticas son: 1. Se ha procurado VLPSOLÀFDU los contenidos de la materia sin perder la calidad académica de los mismos.  6HVLPSOLÀFDQORVPRGRVGHH[SUHVLyQEXVFDQGRODFODULGDG\ODVHQFLllez, pero sin perder la terminología teológica. Nos parece importante, desde un punto de vista formativo, adquirir el uso adecuado de los términos teológicos principales. 3. En el cuerpo del texto aparecen dos tipos de letra en función de la releYDQFLDGHOFRQWHQLGR0LHQWUDVTXHODOHWUDJUDQGHVLJQLÀFDFRQWHQLGRV básicos de la materia, la letra pequeña se aplica a un contenido más explicativo de las ideas principales, más particular o más técnico. 4. El texto contiene términos o expresiones en formato negrita. Se pretende llamar la atención sobre un concepto clave a la hora del estudio personal. 5. Las enumeraciones y FODVLÀFDFLRQHVDSDUHFHQWLSRJUiÀFDPHQWHGHVWDcadas para facilitar la visualización rápida de los conceptos, su estudio y memorización. 6. Al principio de cada tema, inmediatamente después del título, se incluye una síntesis de la idea principal a modo de presentación. 7. En cada tema se presentan varios recursos didácticos: • Un esquema o sumario de la lección (sirve de guion de estudio y memorización). • Un vocabulario de palabras y expresiones usadas en el desarrollo del tema. Sirve para enriquecer el propio bagaje de términos aca-

démicos y sirve también de autoexamen de la comprensión de los textos. • Una guía de estudio. Se trata de un conjunto de preguntas. El conocimiento de las respuestas garantiza una asimilación válida de los principales contenidos. • Textos para comentar. Pueden dar pie a lecturas formativas o a ejercicios (guiados por un profesor).  6HGLVSRQHDOÀQDOGHXQDbibliografía básica y sencilla de los principales documentos que pueden servir para ampliar el contenido de la materia.

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PRESENTACIÓN

Entendida en toda su amplitud de facetas, la cuestión sobre Dios es la cuestión más vital y más radical de toda la teología. En efecto, la theo-logía es la ciencia de Dios tal y como Él se ha revelado al hombre y, por tanto, tal y como es conocido por la fe. En el quehacer teológico, cualquier otra cuestión encuentra su razón de ser precisamente en su relación con Dios, que es el centro de toda pregunta teológica. La cuestión de Dios es también la cuestión más radical de la existencia humana, pues afecta decisivamente y profundamente al hombre: en el Dios vivo se encuentra la última razón de nuestra existencia, de nuestro caminar y de QXHVWURÀQ(QHIHFWRFRPRHVFULEHVDQWR7RPiV©(OFRQRFLPLHQWRGHOD7ULQLGDGHVHOIUXWR\HOÀQGHWRGDQXHVWUDYLGDª'HKHFKRSXHGHGHFLUVHTXH la relación entre Dios y el hombre es tan estrecha que es Dios mismo el que KD HQWUDGR D IRUPDU SDUWH GH OD GHÀQLFLyQ WHROyJLFD GHO KRPEUH 6L SDUD OD ÀORVRItDHOKRPEUHHVXQDQLPDOUDFLRQDOHVGHFLUPDWHULDDQLPDGDVHQVLEOH TXHUD]RQDSDUDODWHRORJtDHVWHPLVPRKRPEUHHVDQWHWRGR©LPDJHQ\VHPHMDQ]DGH'LRVª FI*Q \KDVLGRHOHYDGRDODGLJQLGDGGHKLMRGH Dios en Cristo por el Espíritu Santo (cf. Rm 8, 15). La pregunta sobre Dios está inscrita en el corazón del hombre como una capacidad de acceder a Dios, más D~QFRPRXQGHVHRGHLQÀQLWR (OWUDWDGRVREUH'LRVVXHOHGHÀQLUVHFRPRODSDUWHGHODWHRORJtDTXHHVWXGLD de modo sistemático el misterio central del cristianismo: el Dios Uno y Trino, TXH VH UHYHOD GHÀQLWLYDPHQWH HQ -HVXFULVWR (VWH PDQXDO WLHQH SXHV FRPR centro de su consideración al Dios que se ha revelado en la creación, que habló muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas y que última-

mente nos ha hablado por su Hijo (cf. Hb 1, 1-2), es decir, al Dios vivo, al Dios PDQLIHVWDGRGHÀQLWLYDPHQWHHQ&ULVWRHQHOPLVWHULRGHVXXQLGDG\GHVX trinidad. Para ello el libro trata de presentar de forma ordenada los contenidos básicos de cuanto la Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el pensamiento teológico han dicho sobre Dios Uno y Trino. Como puede verse, se trata de un manual que forma parte de la colección promovida por el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Universidad de Navarra y, como tal, es un texto básico o introductorio: su estilo es didáctico y su contenido está pensado para el estudio de las cuestiones fundamentales. La base de este libro la han conformado los apuntes para el uso de los alumnos del Instituto Superior de Ciencias Religiosas que preparó el profesor Lucas Francisco Mateo-Seco († 2014) durante sus largos años de docencia en la Universidad de Navarra. Puede decirse que este manual constituye una nueva versión, actualizada y ampliada, de aquellos materiales a los que se les ha dado la forma didáctica que ahora poseen. Como es natural estas páginas siguen de cerca el manual de teología trinitaria que publicó el propio profesor Lucas Francisco Mateo-Seco, Dios Uno y Trino (Pamplona: EUNSA, 1998). Este OLEURTXHHOSURIHVRU*LOOHV(PHU\23FDOLÀFyFRPR©XQRGHORVPHMRUHVPDQXDOHVGHWHRORJtDWULQLWDULDª Revue Thomiste 101 [2001], 628), ha tenido tres ediciones, la última de ellas en el año 2008, ha sido traducido al italiano y al tagalo, y –próximamente– saldrán a la luz las versiones en inglés y francés. El profesor Lucas Francisco Mateo-Seco tuvo una especial predilección por sus alumnos a los que iba llevando, por el camino –arduo y suave a la vez– de la ciencia teológica, hacia la contemplación del insondable misterio del Dios 8QR\7ULQRTXH²FRPRpOPLVPRHVFULELy²©HVHWHUQDPHQWHMRYHQHLQPHQVDmente feliz, porque es una inefable comunión de Personas en un acto eterno GH,QWHOLJHQFLD\$PRUª$HOORGHVHDPRVTXHFRQWULEX\DWDPELpQHOSUHVHQWH manual, pues es en esta contemplación donde el estudio se vuelve un acto de amor y de alabanza a la Trinidad y se convierte así en auténtica teología. Miguel Brugarolas Pamplona, 14 de septiembre de 2016

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CUESTIONES INTRODUCTORIAS

TEMA

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En este primer tema se abordan algunas cuestiones introductorias. Se trata de conocer en qué consiste el tratado teológico sobre Dios Uno y Trino, y cuál es la especial relación que guarda con los demás tratados teológicos, así como con la teología natural. Para ello comenzaremos prestando atención al deseo humano de Dios y a la primacía de la iniciativa de Dios, que ha salido al encuentro del hombre y se ha revelado en Jesucristo. Justamente en Jesucristo conocemos a la Trinidad y por Él toda la existencia cristiana posee una esencial estructura trinitaria. Por esta razón, estudiaremos también el conocimiento de la Trinidad en cuanto que es el fin y la plenitud de la vida del hombre.

SUMARIO 1. EL DESEO HUMANO DE DIOS • 2. EL DIOS REVELADO EN JESUCRISTO • 3. DIOS ES TRINIDAD • 3.1. Dios Uno y Trino • 3.2. El misterio de la Trinidad • 4. EL ESTUDIO TEOLÓGICO SOBRE DIOS • 4.1. El tratado teológico sobre Dios y su relación con la teología natural • 4.2. La centralidad del misterio de Dios en el quehacer teológico • 5. LA TRINIDAD Y LA VIDA CRISTIANA

1. El deseo humano de Dios Tratar de Dios es tratar de un tema que afecta decisiva y profundamente al hombre. Y, al mismo tiempo, ahondar en la estructura del ser humano conlleva plantearse la pregunta sobre Dios. Las cuestiones sobre Dios y las cuestiones sobre el hombre nunca son separables del todo. La pregunta sobre Dios está inscrita en el mismo corazón del hombre que ha sido hecho capax Dei, capaz de Dios. Como se dice en el Catecismo de la Iglesia católica: ©(OGHVHRGH'LRVHVWiLQVFULWRHQHOFRUD]yQGHOKRPEUHSRUTXHHOKRPEUHKD sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer el hombre hacia sí, y VRORHQ'LRVHQFRQWUDUiHOKRPEUHODYHUGDG\ODGLFKDTXHQRFHVDGHEXVFDUª (CEC, n. 27).

Por esta razón, la cuestión del hombre está tan implicada en la cuestión de Dios, que omitir o negar la cuestión sobre Dios equivale a negar la dimensión trascendente del hombre, dejándolo reducido a pura biología, a mero SURGXFWRGHOD]DU\GHVFRQRFLHQGRODVDQVLDVGHLQÀQLWRGHVXFRUD]yQ Sin embargo, es esencial al concepto de Dios su omniperfección, su trascenGHQFLDVREUHHOPXQGRVXLQÀQLWXGVXLQHIDELOLGDG. Dios está por encima de toda palabra y de todo pensamiento; ¿cómo podremos hablar de Él? &RPRHVFULELyVDQWR7RPiVUHÀULpQGRVHSUHFLVDPHQWHDODLQHIDELOLGDGGLYLQD ©FRPRGH'LRVQRSRGHPRVVDEHUORTXHHVVLQRORTXHQRHVWDPSRFRSRGHPRV WUDWDU GH 'LRV FyPR HV VLQR FyPR QR HVª 7RPiV GH$TXLQRSuma Teológica I, q 3., intr.).

/DUD]yQGHHVWDDÀUPDFLyQWDQURWXQGDGHVDQWR7RPiVVHHQFXHQWUDHQHO hecho de que nosotros conocemos por las imágenes de las cosas, y Dios está por encima de toda imagen y de todo concepto de Él que pueda elaborar una PHQWHFUHDGD1RKD\LQWHOLJHQFLDQLLPDJHQTXHSXHGD©FRQWHQHUªD'LRV Por eso todo lo que decimos de Dios nos parece siempre poco en comparación de lo que Él es en realidad. Y, si se tiene sentido teológico, nos asalta inmediatamente el temor de que lo que decimos de Él, en lugar de descubrirlo lo oculte, dada la pobreza de nuestras palabras. No solo esto. Si no se extrema la exactitud en el lenguaje y la prudencia al hablar de Dios, se corre el riesgo de hablar de un ídolo creado por nuestra fantasía, en vez de hablar del Dios verdadero, más íntimo a nosotros que nosotros mismos (cfr. Agustín de Hipona, Confesiones I, 2). A pesar de este riesgo, es necesario hablar de ese Dios TXHDXQTXHQRVWUDVFLHQGHLQÀQLWDPHQWHHVDOPLVPRWLHPSRXQ'LRVYHUdaderamente cercano, y el fundamento de nuestra existencia. Es necesario y posible hablar de Dios precisamente por la llamada trascendente que todo

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hombre lleva inscrita en su corazón, por su vocación de Dios, que le hace capaz de Dios. Y, sobre todo, es posible hablar de Dios, porque el mismo Dios ha hablado al hombre de Sí mismo. 'LRVKDKDEODGR\KDEODDORVKRPEUHV©PXFKDVYHFHV\GHPXFKDVPDQHUDVª Ha hablado y habla a través de la creación, que es su obra, y a través del espíULWXKXPDQRKHFKR©DVXLPDJHQ\VHPHMDQ]Dª+DKDEODGRSRUPHGLRGHOD revelación sobrenatural en el Antiguo Testamento. Se ha dado a conocer deÀQLWLYDPHQWHHQVX+LMR. Ha enviado a su Espíritu para que nos enseñe todo y nos traiga a la memoria cuanto Cristo nos dijo (cf. Jn 14, 26).

2. El Dios revelado en Jesucristo 1RVDGHQWUDPRVHQHOFRQRFLPLHQWRGHO'LRV©FULVWLDQRªHVGHFLUel Dios revelado por Jesucristo y en Jesucristo. Las dos preposiciones que acabamos de usar tienen una gran relevancia teológica: nuestra atención se centra en el Dios del que habló Jesucristo, el que Él reveló, por ejemplo, con parábolas tan hermosas como la del hijo pródigo (cf. Lc 15, 17-32); y es, sobre todo, el Dios que se revela en JesucristoFRQIRUPHeOPLVPRGLFH©4XLHQPHKDYLVWR DPtKDYLVWRDO3DGUHª -Q  Este Dios es el Dios de los judíos, el Dios de nuestro padre Abraham, pero la palabra de Nuestro Señor nos lo presenta con una radical novedad que da un gran giro al pensamiento veterotestamentario: el Dios del Nuevo Testamento es un Dios único, pero que existe en tres Personas. • Unidad en el Ser y Trinidad en las Personas son inseparables en la consideración cristiana de Dios. Esta radical novedad del Dios de Jesucristo explica que, aunque judíos y cristianos adoran al mismo Dios, sea precisamente la noción de Dios una de las cuestiones religiosas que más les separan. El misterio de la intimidad divina –la unidad en la Trinidad– se ha revelado precisamente en la «economía», es decir, en la intervención salvadora de Dios en la historia. Esto es así, porque el misterio de la intimidad divina –la Trinidad inmanente– afecta decisivamente a todo el caminar del hombre hacia Dios y a su eternidad en el cielo. En efecto, la salvación del hombre consiste en una relación de amistad personal entre él y cada una de las tres divinas Personas en cuanto distintas entre sí. Así se ve en forma explícita, por ejemplo, en ODHQVHxDQ]DGHODIHFULVWLDQDVREUHQXHVWUDÀOLDFLyQGLYLQDHQ&ULVWRVRPRV hechos hijos en el Hijo por el Espíritu Santo; o sobre la inhabitación trinitaria

en el alma del justo: que es morada del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo o, como enseña san Pablo, templo vivo del Dios Santo (cf. 1 Co 3, 17).

3. Dios es Trinidad (QODDFWXDOLGDGORVPDQXDOHVGHWHRORJtDSUHÀHUHQHVWXGLDUFRQMXQWDPHQWH todo el misterio de Dios en vez de dividirlo en dos tratados, como se acostumbraba a hacer: uno dedicado a la unidad de Dios y otro a su trinidad de Personas. Se protege así, incluso en la forma de estudiar, una de las claves más importantes para captar la radical novedad del Dios revelado por Jesucristo: que el misterio de la unidad de naturaleza le pertenece a Dios con tanto rigor como su trinidad de Personas. Unidad y Trinidad constituyen un único y mismo misterio: el misterio del Dios vivo, tal y como se ha revelado en Cristo. Dios se reveló primero en su unidad como un ser personal y, al llegar la plenitud de los tiempos, reveló que esa unidad se realiza en el misterio inefable de la trinidad de Personas. Se trata de un único y mismo misterio: el misterio de Dios. Es lógico, pues, que su consideración teológica constituye un único y mismo tratado, estructurado quizás en dos partes por necesidades materiales de estudio. 3.1. Dios Uno y Trino El único Dios que existe es tripersonal. Hablar de Él considerado en su Unidad exige, por tanto, no olvidar que se está hablando no solo de un único Dios personal, sino de un Dios que, en su unidad, es tripersonal. Y a la vez, la consideración de la distinción de Personas nunca puede hacer olvidar que se trata de tres personas que constituyen un único Dios. Esto hace que en teología lo referente a Dios Uno y Trino deba ser considerado en tan estrecha unidad que, sea cual sea la forma en que se estructure el tratado, las diversas cuestiones han de entenderse formando un todo inseparable. • La consideración teológica de la unidad de Dios ha de preparar para una consideración detenida de la Trinidad de Personas en la que se realiza la unidad de Dios. • Y al mismo tiempo la consideración de la Trinidad de Dios y de cada Persona en particular ha de realizarse sin perder nunca de vista que se trata de tres Personas que son un único Dios en toda la fuerza que conlleva la

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SDODEUD©XQLGDGª&RPRSXQWXDOL]DHO6tPERORQuicumque, aunque es omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo y omnipotente el Espíritu Santo no son tres omnipotentes, sino un omnipotente (Símbolo Quicumque, DS 75). Esta es también la forma en la que estructura su explicación de Dios el Catecismo de la Iglesia católica: antes de hablar de cada una de las Personas divinas, comienza presentando un resumen de la doctrina sobre la unicidad de Dios y sus atributos (nn. 200-231), para pasar después a exponer el misterio trinitario, TXHVLQWHWL]DHQHVWDVWUHVDÀUPDFLRQHVOD7ULQLGDGHVXQDODVSHUVRQDVGLYLQDV son realmente distintas entre sí; las personas divinas son relativas unas a otras QQ (QHIHFWRKD\TXHPDQWHQHUDOPLVPRWLHPSRTXH©ODFRQIHVLyQGH ODXQLFLGDGGH'LRV « HVLQVHSDUDEOHGHODFRQIHVLyQGHODH[LVWHQFLDGH'LRVª Q \TXHHOPLVWHULRGHOD6DQWtVLPD7ULQLGDG©HVHOPLVWHULRGH'LRVHQ6t PLVPRª Q 

Por otra parte, se trata de un misterio que debe ser considerado en una doble vertiente: la inmanente y la económica©/Dtheologia nos es revelada por la oikonomia; pero inversamente, es la theologia quien esclarece toda la oikonomia. Las obras de Dios revelan quién es en Sí mismo, e inversamente, el misterio de su Ser íntimo ilumina la inteligencia de todas sus obrasª Q  Entre teología y economía existe, pues, una relación circular, que no permite seSDUDU 7ULQLGDG LQPDQHQWH \ 7ULQLGDG HFRQyPLFD DXQTXH WDPSRFR ODV LGHQWLÀque. Esto lleva consigo no solo la necesidad de dar suma importancia a la teología de las misiones pues ellas constituyen la clave de la Trinidad económica, sino también la necesidad de mostrar coherentemente la relación que existe entre el tratado de Dios y la cristología. En efecto, el Dios del que estamos hablando es DTXHOTXHVHKDUHYHODGRGHÀQLWLYDPHQWHHQ&ULVWR

3.2. El misterio de la Trinidad Es obvio que la Trinidad es un misterio en sentido estricto, pues en él se expresa en su forma más radical la plenitud de la vida de Dios. No es que esta verdad sea oscura o compleja; es que su suma sencillez y su luminosidad suma trascienden las fuerzas de cualquier inteligencia creada. (OPLVWHULRGHOD7ULQLGDGHVSXHVXQRGHHVRVPLVWHULRVTXH©SRUVXSURSLDQDturaleza exceden de tal forma la inteligencia creada que, incluso entregados en la revelación y aceptados por la fe, permanecen velados por el velo de la fe y como HQYXHOWRVHQODWLQLHEODª &RQFLOLR9DWLFDQR,Dei Filius [24.IV.1870], DS 3016).

• El misterio de la Trinidad, incluso después de revelado, sigue trascendiendo la capacidad de penetración de la inteligencia creada, la cual no puede demostrar ni su existencia, ni su naturaleza, ni su posibilidad intrínseca.

• El hombre solo puede –y debe– esforzarse por entender el contenido de la doctrina revelada –saber qué es lo que cree–, y explicitar la fe en la Trinidad mediante algunas analogías y declaraciones que articulen entre sí los diversos aspectos revelados del misterio. • La razón humana puedeÀQDOPHQWHresolver las objeciones de quienes ataquen el misterio trinitario haciendo patente la incongruencia de estas objeciones y mostrando que, en la doctrina trinitaria, no se incluyen DÀUPDFLRQHVFRQWUDGLFWRULDV. Creemos un misterio; no predicamos el absurdo. Pero el misterio trinitario es auténtico misterio en el más estricto de los sentidos. Mejor dicho, el misterio de la Trinidad es el centro y origen de todos los demás misterios(VWRVLJQLÀFDTXHLQFOXVRDFHSWDGRSRUODIHnadie puede demostrar positivamente, por razones internas, su coherencia y su racionabilidad, como si, tras su revelación, este misterio hubiese pasado ya al camSRSURSLRGHORVÀOyVRIRV. Después de revelado, el misterio trinitario sigue trascendiendo de tal forma la inteligencia creada, que jamás puede utilizarse FRPRREMHWRGHFRQRFLPLHQWRÀORVyÀFR7RGDVODVDQDORJtDVTXHVHXWLOLFHQDO estudiar este misterio son solo eso: analogías que ayudan a comprender lo que decimos, que tienen un fundamento en la realidad, pero que no demuestran nada. Solo insinúan una imagen lejana que vertebra nuestro conocimiento de los diversos aspectos del misterio. El simple hecho de mezclar ambos planos ²HOGHODIH\HOGHODÀORVRItD²HV\DXQJUDYHHUURUGHSULQFLSLR

4. El estudio teológico sobre Dios 4.1. El tratado teológico sobre Dios y su relación con la teología natural El FDPLQDU ÀORVyÀFR GHO KRPEUH KDFLD 'LRV encuentra su luz y su fundamento en la huella que Dios ha dejado de Sí mismo en la creación y, en especial, en el mismo hombre, creado a su imagen y semejanza. • Este caminar tiene como punto de partida la contemplación del ser creado, es decir, la contemplación de la huella de Dios –Causa Primera– que existe en toda la creación, y se realiza guiado por la luz de la razón natural. En consecuencia, tiene como meta a Dios en cuanto Primera Causa, es decir, el Ser Supremo en cuanto el mundo dice referencia a Él. • $OÀQDOGHHVWDE~VTXHGDLQWHOHFWXDODios no es alcanzado por la razón humana en Sí mismo –en la intimidad de su ser–, sino que es alcanzado

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exclusivamente en cuanto término de la relación de total dependencia del Universo –que es contingente– hacia el Ser Supremo, que es su creador y el único ser necesario. • Se trata de un conocimiento que, aunque no alcanza a conocer lo que 'LRVHVHVVXÀFLHQWHSDUDVDEHUTXHH[LVWH (cf. Tomás de Aquino, Suma Teológica I, q. 12, a. 12, ad 1). • $HVWHFDPLQDUÀORVyÀFRVHOHOODPDteología naturalHVGHFLUUHÁH[LyQVRbre Dios hecha con las solas fuerzas de la razón y a la luz de la revelación natural. A un nivel distinto y superior se sitúa el caminar teológico hacia Dios, que es el propio del tratado sobre Dios Uno y Trino y que tiene como fundamento la revelación de Dios en Jesucristo. 1. Este caminar tiene como punto de partida la revelación que Dios ha hecho de Sí mismo, de su intimidad y de su naturaleza. Se trata de un caminar que se realiza además a la luz de la fe. 2. Se trata de un conocimiento cierto y oscuro: Dios sigue siendo misterio; más aún, la fe hace ver que ese misterio es mucho más trascendente de lo que se pudiera sospechar por la mera razón natural. Pero aún dentro de sus límites y de su oscuridad, la fe –y en consecuencia el pensar teológico–, sin desvelar del todo el misterio de Dios, nos lleva a un conocimiento nuevo y muy superior al que se puede alcanzar por la simple razón natural. • Es SRUOD5HYHODFLyQFRPRFRQRFHPRVTXH'LRVHV3DGUH+LMR\(VStULtu, es decir, como conocemos algo de la intimidad de Dios, de lo que Dios es en sí mismo; es por Revelación como conocemos los designios misericordiosos de Dios sobre el hombre y sobre la historia, es decir, cuál es el misterio de su voluntad (cf. Col 1, 26). 1XHVWURDFFHVRD'LRVHVHVHQFLDOPHQWHWHROyJLFRQRÀORVyÀFR Se entienGHSRU©HO'LRVGHORVÀOyVRIRVªDTXHO'LRVGHTXHKDEODQORVÀOyVRIRV\TXH FRQVWLWX\HXQWHPDIXQGDPHQWDOGHODÀORVRItDHQFXDQWRTXHEXVFDODFDXVD suprema de todo cuanto existe. A estas cuestiones se dedica la metafísica y la WHRORJtDQDWXUDO/DYLVLyQÀORVyÀFDVREUH'LRVHVLPSRUWDQWH\WLHQHPXFKR que decir al hombre. El estudiante de teología no puede prescindir de ella, pero debe ser consciente de que su trabajo no es de este tipo, sino el de un creyente que se esfuerza por entender. La fe guía su razón. • De ahí que haya cuestiones y argumentos comunes al estudio teológico sobre Dios y a la teología natural, cuestiones de las que no debemos pres-

cindir, pero que en nuestro estudio encuentran un enfoque nuevo: el de la razón que camina orientada por la fe. • Además otras cuestiones son estrictamente teológicas en su origen: no sabemos de ellas por la razón, sino únicamente porque nos han sido reveladas. (VWDGLIHUHQFLDUDGLFDOGHORVSODQRVÀORVyÀFR\WHROyJLFRKDOOHYDGRHQRFDsiones a algunos autores a presentar no solo como contrapuesto, sino como LQFRPSDWLEOHDO©'LRVGHORVÀOyVRIRVªHVGHFLUHO'LRVDOTXHVHSXHGHOOHJDU SRUHOVLPSOHHVIXHU]RGHODUD]yQFRQHO©'LRVGHODIHªHVGHFLUFRQHO'LRV TXHVHKDUHYHODGRHQ&ULVWR$VtSRUHMHPSORSDUD.DUO%DUWKHO©'LRVGHORV ÀOyVRIRVªHVXQdios falso, un ídolo, incompatible con el Dios cristiano. En consecuencia, según Barth, teología natural y tratado teológico sobre Dios serían incompatibles. +D\TXHDÀUPDUVLQHPEDUJRTXHQLHO©'LRVGHORVÀOyVRIRVª\HO©'LRVGHODIHª son incompatibles, ni el conocimiento teológico sobre Dios es incompatible con HOFRQRFLPLHQWRÀORVyÀFR0iVD~QSDUHFHFODURTXHFLHUWRFRQRFLPLHQWRQDWXUDO de Dios es imprescindible para recibir la revelación. Sin una elemental teología natural es imposible el discurso teológico sobre Dios; ambos discursos no solo no se excluyen, sino que se implican. La teología natural es fundamento de la teología sobrenatural y, a su vez, la teología sobrenatural protege y preserva de errores a la teología natural. Es el mismo y único Dios Aquel de quien habla la razón QDWXUDO²TXHORYHUHÁHMDGRUHYHODGRHQVXFUHDFLyQ²\$TXHOGHOTXHKDEODOD teología que opera a la luz de la fe.

La teología natural tiene el cometido de ser preámbulo de la fe; no solo no contradice el conocimiento de Dios que recibimos por fe, sino que ese conocimiento natural es un presupuesto necesario para recibir la fe. Es claro que el Dios en el que desemboca el esfuerzo de la razón al considerar el ser constituye un misterio que se nos ofrece, no un objeto que pueda ser dominado R GHÀQLGR SRU QXHVWUD PHQWH 'LRV QR SXHGH VHU DÀUPDGR PiV TXH FRPR Aquel que está más allá de todos los objetos, como Aquel que está sobre toda forma de ser. Y al mismo tiempo es claro también que el Dios de la Revelación –el Dios que revela su intimidad– solo puede ser aceptado por el hombre desde el lugar en el que él se encuentra: en este mundo y en su corazón y su mente. Por esta razón, el conocimiento natural de Dios no solo no contradice el conocimiento de la fe, sino que es presupuesto necesario de la fe; el rechazo de la teología natural volvería imposible el conocimiento de Dios por la fe. En efecto, para recibir a la Escritura como Palabra de Dios, se requiere aceptar primero que Dios existe y que es capaz de manifestarse al hombre.

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Es claro también que la teología natural por sí misma no puede desembocar en el conocimiento de un Dios Salvador, porque la salvación depende de la libre iniciativa divina que es libre y, por tanto, no puede ser deducida a priori. La teología natural encuentra su sentido al servir de preparación para recibir la revelación, la fe y la salvación. El hombre ha recibido una inteligencia capaz de conocer el ser y una voluntad capaz de amar trascendiendo lo efímero precisamente para que sea capaz de recibir la interpelación de Dios; la acción divina de la revelación –de entregarse al hombre mediante la revelación sobrenatural– viene precedida con la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios, es decir, con la creación del hombre como capaz de Dios, llevando en su inteligencia y en su corazón la pregunta SRUHO,QÀQLWR Dios creó al hombre a su imagen y semejanza –con capacidad de recibir una más intima comunicación divina– y, además, ha dejado impresa su huella en la creación, para que el hombre, al contemplar la inteligibilidad de la creación se eleve KDFLDVX&UHDGRU©(OKRPEUHHVSRUQDWXUDOH]D\SRUYRFDFLyQXQVHUUHOLJLRVR Viniendo de Dios y yendo hacia Dios, el hombre no vive una vida plenamente KXPDQDVLQRYLYHOLEUHPHQWHVXYtQFXORFRQ'LRVª CEC, n. 44).

4.2. La centralidad del misterio de Dios en el quehacer teológico El Dios viviente –único y uno en su misterio trinitario– es la meta del caminar del hombre y es también la meta del quehacer teológico. Él ocupa, pues, HOFHQWURGHODWHRORJtD(OHVHOSULQFLSLR\HOÀQGHODWHRORJtD$KRUDELHQ Dios está por encima de todo conocimiento, más allá de toda palabra humana y de toda expresión humana. Él es inefable. En ningún terreno como en el de ODFRQVLGHUDFLyQWHROyJLFDGH'LRVVHPDQLÀHVWDHOFDUiFWHUSDUDGyMLFRGHOD teología. El misterio de Dios ocupa el centro de la teología; todo lo demás se contempla en cuanto relacionado con Él. Como escribiera santo Tomás de Aquino, ©SXHVWRTXHHQODGRFWULQDVDJUDGDWRGRVHWUDWDGHVGHHOSXQWRGHYLVWDGH Dios, bien porque es el mismo Dios o porque está ordenado a Dios como prinFLSLR\ÀQVtJXHVHTXHHOVXMHWRGHHVWDFLHQFLDHV'LRVª 7RPiVGH$TXLQR Suma Teológica I, q. 1, a. 7 in c). Nos referimos al Dios vivo, tal y como se ha revelado en Cristo. Se trata de un conocimiento de Dios que, asumiendo la verdad sobre Dios contenida en la teología natural, va mucho más allá de un mero concepto sobre Dios, hasta penetrar, por la fe, en el misterio de su intimidad, en el misterio trinitario en

el que en cierta forma ha penetrado ya el hombre por su vocación de hijo en el Hijo. ©'LRVQRHVXQREMHWRGHHVWHPXQGRSRUHOORWDPSRFRSXHGHHQWUDUHQQLQJXQR de nuestros conceptos. No se trata, pues, de un concepto de Dios, porque todos nuestros conceptos hacen que cuanto queremos entender se convierta en una cosa de nuestro mundo. Lo que buscamos es al Dios real y viviente de nuestra feª - Auer, Dios Uno y Trino, Barcelona 1988, 20).

Por esta razón, en la consideración cristiana sobre Dios se trata no solo de lo que Dios es en sí mismo, sino también de lo que Dios es para nosotros. Este misterio de Dios es el centro de la vida en el cielo y es también el centro de la contemplación teológica en la tierra. ©3DUDQRVRWURVORVFULVWLDQRVODFXHVWLyQDFHUFDGH'LRV « VHKDFRQYHUWLGRHQ algo muy particular, por el hecho de que sabemos de una historia de la humanidad con Dios, sobre todo en el pueblo de Israel, de una revelación de Dios en esa historia de la humanidad\ÀQDOPHQWHFRQRFHPRVLQFOXVRel misterio de la encarnación de Dios en Jesús de Nazaret. Nuestro humano camino hacia Dios está así trazado por el camino de Dios hacia nosotros, más antiguo y más vigoroso, en el que se expresa ORTXHVLJQLÀFDUHYHODFLyQGH'LRVª -$XHUDios Uno y Trino, 24).

5. La Trinidad y la vida cristiana Toda la vida de la Iglesia converge hacia el misterio de la Santísima Trinidad. Hacia la Trinidad convergen, como razón última, la oración y el culto cristiano, que se dirige al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo. Esta FHQWUDOLGDGGHOPLVWHULRWULQLWDULRHVFRQVHFXHQFLDGHODLQÀQLWDPDMHVWDGGH Dios, que merece –solo Él– el culto de latría. Esta centralidad es consecuencia también de la estructura de la historia de la salvación, que procede de la Trinidad Beatísima y culmina con la participación por parte del hombre de la vida trinitaria en la inhabitación de la Trinidad en el alma y, cuando llega a su SOHQLWXGHQODYLVLyQEHDWtÀFD/DVDOYDFLyQHQHIHFWRWLHQHOXJDUHQHOKHFKR de que el hombre es constituido hijo de Dios en el Hijo por el Espíritu Santo. La vida eterna consiste en la contemplación activa del misterio trinitario (cf. Jn 17, 3), de forma que el hombre, que procede de la Trinidad y es imagen de la Trinidad, vuelve a la Trinidad por medio de sus actos de conocimiento y amor. La importancia del misterio trinitario para la vida cristiana se percibe con especial fuerza en el hecho de que la iniciación cristiana comienza por el bautismo, que solamente puede ser válido si es conferido en la explícita con-

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fesión trinitaria según el mandato de Cristo (cf. Mt 28, 19). Se comprende que la fe explícita en el misterio de la Trinidad sea necesaria para la salvación. La necesidad de creer explícitamente en el misterio de la Trinidad es la misma que la necesidad del bautismo del que la explícita invocación trinitaria constituye parte esencial.

La importancia de la fe en el misterio de la Trinidad se muestra también en el hecho de que es imposible creer en el misterio de Cristo sin creer al mismo tiempo en el misterio de la Trinidad: ©1R VH SXHGH FUHHU H[SOtFLWDPHQWH HQ OD HQFDUQDFLyQ GH &ULVWR VLQ FUHHU HQ OD Trinidad, puesto que el misterio de la encarnación implica que el Hijo de Dios ha tomado carne, que ha regenerado el mundo por la gracia del Espíritu Santo, y que Él mismo ha sido concebido por la gracia del Espíritu Santo (…) Por esta razón, bajo la ley de la gracia, todos los hombres tienen obligación de creer explícitamente en el misterio de la Trinidad, y nadie puede renacer en Cristo Jesús por HOEDXWLVPRPiVTXHSRUODLQYRFDFLyQGHODVWUHVSHUVRQDVGLYLQDVª 7RPiVGH Aquino, Suma Teológica II-II, q. 11, a. 8).

Es imposible participar en el misterio de Cristo sin entrar en el ámbito de la vida trinitaria, pues en nuestra unión con Cristo tiene lugar la inhabitación de la Trinidad en el alma. Finalmente, participar de la vida íntima de Dios por la clara visión en gloria es la meta hacia la cual se dirige nuestro caminar terreno. De ahí que la vida de la Iglesia y la vida interior sean esencialmente trinitarias y que, por tanto, la piedad trinitaria forme parte del itinerario del hombre hacia Dios. El misterio de Cristo lleva al misterio del Dios Trino.

Ejercicio 1. Vocabulario Identifica el significado de las siguientes palabras y expresiones usadas: • Teología

• Misterio

• Filosofía

• Theologia / oikonomia

• Revelación

• Unidad de Dios

• Economía de la Salvación

• Conocimiento de Dios

• Teología natural

• Imagen y semejanza de Dios

• Capax Dei

• Salvación

• Trinidad

• Dios de los filósofos / Dios de la fe

Ejercicio 2. Guía de estudio Contesta a las siguientes preguntas: 1.

¿Qué quiere decir que el hombre ha sido hecho capax Dei?

2.

Si Dios está por encima de toda palabra y de todo pensamiento, ¿cómo puede el hombre hablar de Dios?

3.

¿Por qué decimos que Dios se ha revelado por Jesucristo y en Jesucristo?

4.

¿El Dios revelado en Jesucristo es el Dios del Antiguo Testamento?

5.

¿En qué consiste el tratado teológico sobre Dios?

6.

¿Puede la teología estudiar por separado el misterio de Dios Uno y el misterio de Dios Trino?

7.

¿Qué lugar ocupa la cuestión de Dios en el conjunto del quehacer teológico?

8.

¿En qué se distinguen la teología y la teología natural?

9.

¿Por qué se dice que la vida cristiana tiene una estructura trinitaria?

Ejercicio 3. Comentario de texto Lee los siguientes textos y haz un comentario personal utilizando los contenidos aprendidos: «Habíamos empezado con plegarias vocales, sencillas, encantadoras, que aprendimos en nuestra niñez, y que no nos gustaría abandonar nunca. La oración, que comenzó con esa ingenuidad pueril, se desarrolla ahora en cauce ancho, manso y seguro, porque sigue el paso de la amistad con Aquel que afirmó: “Yo soy el camino” (Jn 14, 6). Si amamos a Cristo así, si con divino atrevimiento nos refugiamos en la abertura que la lanza dejó en su Costado, se cumplirá la promesa del Maestro: “cualquiera que me ama, observará mi doctrina, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él” (Jn 14, 23). El corazón necesita, entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criatura que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a

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la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales!». SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, Madrid 1977, n. 306 * * * «Dios, que “habita una luz inaccesible” (1 Tim 6, 16), habla a la vez al hombre con el lenguaje de todo el cosmos: “en efecto, desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las obras” (Rom 1, 20). Este conocimiento indirecto e imperfecto, obra del entendimiento que busca a Dios por medio de las criaturas a través del mundo visible, no es aún “visión del Padre”. “A Dios nadie lo ha visto”, escribe San Juan para dar mayor relieve a la verdad, según la cual “precisamente el Hijo unigénito que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer” (Jn 1, 18). Esta “revelación” manifiesta a Dios en el insondable misterio de su ser –uno y trino– rodeado de “luz inaccesible” (1 Tim 6 16). No obstante, mediante esta “revelación” de Cristo conocemos a Dios, sobre todo en su relación de amor hacia el hombre: en su “filantropía” (Tit 3, 4). Es justamente ahí donde “sus perfecciones invisibles” se hacen de modo especial “visibles”, incomparablemente más visibles que a través de todas las demás “obras realizadas por él”: tales perfecciones se hacen visibles en Cristo y por Cristo, a través de sus acciones y palabras y, finalmente, mediante su muerte en la cruz y su resurrección. De este modo en Cristo y por Cristo, se hace también particularmente visible Dios en su misericordia, esto es, se pone de relieve el atributo de la divinidad, que ya el Antiguo Testamento, sirviéndose de diversos conceptos y términos, definió “misericordia”. Cristo confiere un significado definitivo a toda la tradición veterotestamentaria de la misericordia divina. No sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica. El mismo es, en cierto sentido, la misericordia. A quien la ve y la encuentra en él, Dios se hace concretamente “visible” como Padre “rico en misericordia” (Ef 2, 4)». JUAN PABLO II, Enc. Dives in misericordia, 30.11.1980, n. 2 * * *

«¡Oh Dios mío, Trinidad que adoro! Ayúdame a olvidarme enteramente de mí para establecerme en Vos, inmóvil y apacible, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Vos, mi Inmutable, sino que cada momento me sumerja más íntimamente en la profundidad de vuestro misterio. Pacificad mi alma: haced de ella vuestro cielo, vuestra morada predilecta, el lugar de vuestro descanso. Que nunca os deje allí solo sino que permanezca totalmente con Vos, vigilante en mi fe, en completa adoración y en entrega absoluta a vuestra acción creadora. ¡Oh mi Cristo amado, crucificado por amor! Quisiera ser una esposa para vuestro corazón; quisiera cubriros de gloria; quisiera amaros… hasta morir de amor. Pero reconozco mi impotencia. Por eso pido ser “revestida de Vos mismo”, identificar mi alma con todos los sentimientos de vuestra alma, sumergirme en Vos, ser invadida por Vos, ser sustituida por Vos para que mi vida sea solamente una irradiación de vuestra Vida. Venid a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador. ¡Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios! Quiero pasar mi vida escuchándoos; quiero ser un alma atenta siempre a vuestras enseñanzas para aprenderlo todo de Vos. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero mantener mi mirada fija en Vos y permanecer bajo vuestra luz infinita. ¡Oh mi Astro querido! Fascinadme de tal modo que ya no pueda salir de vuestra irradiación divina. ¡Oh Fuego abrasador, Espíritu de amor! Venid a mí para que se realice en mi alma como una encarnación del Verbo. Quiero ser para Él una humanidad suplementaria donde renueve todo su misterio. Y Vos, oh Padre, proteged a vuestra pobre criatura, “cubridla con vuestra sombra”, contemplad solamente en ella al “Amado en quien habéis puesto todas vuestras complacencias”. ¡Oh mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo! Me entrego a Vos como víctima. Sumergíos en mí para que yo me sumerja en Vos hasta que vaya a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas». SANTA ISABEL DE LA TRINIDAD, Elevación a la Santísima Trinidad, en Obras completas, Burgos: Monte Carmelo, 1985, p. 757

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TEMA

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EL DIOS ÚNICO Y TRASCENDENTE EN LA SAGRADA ESCRITURA Este tema está dedicado a la noción de Dios en la Sagrada Escritura. La revelación de Dios en la Sagrada Escritura tiene lugar de una forma progresiva y maravillosamente coherente. Dios es, ante todo, el Dios que se ha revelado al hombre con el propósito de establecer con Él una Alianza. La doctrina cristiana sobre Dios no se presenta como el resultado de un hallazgo humano, sino como el resultado de la iniciativa de un Dios que sale al encuentro del hombre. Se tratan los rasgos esenciales con que Dios se manifiesta en el Antiguo y en el Nuevo Testamento y la singularidad de la doctrina bíblica con respecto a cualquier otra enseñanza sobre Dios.

SUMARIO 1. SINGULARIDAD DE LA DOCTRINA VETEROTESTAMENTARIA EN TORNO A DIOS • 2. LOS NOMBRES DE DIOS • 3. EL MONOTEÍSMO DE ISRAEL • 4. LA NOCIÓN DE CREACIÓN Y SUS IMPLICACIONES EN EL CONCEPTO DE DIOS • 5. EL CONOCIMIENTO NATURAL DE DIOS • 5.1. El conocimiento natural de Dios en Sabiduría 13, 1-9 • 5.2. El conocimiento natural de Dios en Romanos 1, 18-23 • 5.3. El conocimiento natural de Dios en Hechos 17, 22-29 • 6. LOS RASGOS DEL DIOS DE LA ALIANZA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO • 6.1. La omnipotencia de Dios • 6.2. Eternidad y fidelidad de Dios • 6.3. Omnipresencia e inmensidad de Dios • 6.4. Dios lo sabe todo • 6.5. Justicia y misericordia • a. La justicia divina • b. La misericordia y el amor de Dios • 7. LOS RASGOS DEL DIOS DE LA ALIANZA EN EL NUEVO TESTAMENTO • 7.1. Dios es único • 7.2. Dios es Señor de cielos y tierra (cf. Mt 11, 25) • 8. LA NOVEDAD EN LA ENSEÑANZA DE JESÚS SOBRE DIOS • 9. LA FILIACIÓN DIVINA DE JESÚS DE NAZARET Y EL MISTERIO DE DIOS

1. Singularidad de la doctrina veterotestamentaria en torno a Dios De entre todos los pueblos de la tierra, Israel se nos presenta con personalidad ~QLFD\VLQJXODUtVLPDHQORTXHVHUHÀHUHDODFXHVWLyQGH'LRVKDVWDHOSXQWR GHTXHVHSXHGHDÀUPDUTXHlo que da fuerza y unidad al Antiguo TestamenWRHVODDÀUPDFLyQGHODVREHUDQtDGH'LRV. Dios está siempre por encima de todas las cosas y de todos los acontecimientos, y es, además, el fundamento de toda la creación. Todo cuanto existe fuera de Él, no subsiste más que por voluntad de Dios. Según el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel debe su existencia a la libre elección divina; él es el portador de la Promesa mesiánica. En este diálogo entre Dios y su pueblo –Dios elige y el pueblo responde–, no es el pueblo, ni siquiera en sus personajes más relevantes, el que tiene la iniciativa, sino que es Dios quien ha decidido establecer su Alianza con él y la ha llevado a cabo. Por esta razón, el Antiguo Testamento se nos muestra en todo momento como una UHYHODWLRLQÀHULXQDUHYHODFLyQTXH©VHHVWiKDFLHQGRªDOFRPSiVGHODV actuaciones divinas en la historia. Es una revelación progresiva que Dios hace de su voluntad y de sus designios, y, al hacerla, revela con ella algunos rasgos de cómo es Él mismo. El hecho de que Dios tome la iniciativa de realizar una Alianza con el hombre, le hace un ser universalmente cercano, entrañablemente cercano e íntimo al hombre. Y sin embargo, esta cercanía no implica ninguna pérdida de su trascendencia: • Desde los primeros párrafos del libro del Génesis se destaca la distancia existente entre Dios y el mundo: el mundo ha sido creado por Dios en un comienzo, en el principio (Gn 1, 1); Dios, en cambio, no tiene ni comienzo QLÀQ'LRVQLHVWiDOPLVPRQLYHOTXHHOPXQGRQLSXHGHFRQIXQGLUVH con él. • Pero esta distinción del mundo QRVLJQLÀFDQLOHMDQtDQLDXVHQFLD. Muy al contrario, el Dios que se revela a Israel es un Dios íntimamente relacionado con el mundo, con el hombre y con su historia. Es cercano y, al mismo tiempo, soberanamente libre: es un Dios que nunca puede ser manipulado o apresado por el hombre, ni siquiera por el pueblo elegido. Más aún –y esto es de extrema importancia–, a pesar de ser el Dios de ORV©SDGUHVª FI([ QXQFDVHOHLGHQWLÀFDFRQHOFODQRFRQHOSXHEORVLQR que es el Dios de todos los hombres y de toda la creación.

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Conviene insistir en que la Alianza constituye el horizonte en que se desarrolla toda la doctrina veterotestamentaria sobre Dios y es la clave para entenderla en sus justas proporciones. Si la Biblia habla de la creación del mundo o GHODKLVWRULDGHORVRUtJHQHVQRORKDFHSRU©FXULRVLGDGªKDFLDHORULJHQGHO mundo o el origen del hombre, sino porque tanto la creación del mundo como la historia de los orígenes de la humanidad, especialmente el comportamiento de Adán y Eva en el exordio de la historia, están relacionados con la Alianza. También hasta los seres inanimados llega la bendición de los tiempos mesiániFRV FI*Q-U FX\DÀQDOLGDG~OWLPDHVODVDOYDFLyQGHODKXPDnidad, comenzando por Israel. Cuando san Pablo hable de la salvación otorgada en Cristo, recogiendo esta teología, también tendrá presente a la criatura PDWHULDOTXHJLPHFRQJHPLGRVGHSDUWR©HVSHUDQGRODPDQLIHVWDFLyQGHORV KLMRVGH'LRVª 5P (QHIHFWRWDPELpQHOOD²ODFULDWXUDPDWHULDO²KD sido creada con vistas a Cristo (cf. Col 1, 16). Al hablar de la creación, se suele hacer notar que el pensamiento griego tiene como interés central conseguir una comprensión racional del mundo buscando un principio unitario del universo. La atención de Israel sobre el origen del mundo no tiene este interés. La primitiva confesión israelita de fe en Yahvé, que sacó a Israel de Egipto, fue completándose hasta convertirse en la historia multisecular de los pactos: el pacto sinaítico en que medió Moisés; y antes los pactos con Abraham y con el mismo Noé. La revelación histórica activa de Yahvé, la misma revelación que había dado lugar a la alianza, se anticipó para la fe de Israel, hasta la acción divina original de la creación del mundo; la misma creación quedó así vinculada como presupuesto de los acontecimientos que reciben el nombre de ©$OLDQ]Dª

Esta es la razón de que la Biblia comience con lo que podría llamarse un prólogo de once capítulos –Génesis 1-11–, en que se narra la creación del mundo y el comienzo de la historia humana. Aparece claro ya desde esas primeras páginas que el principal dilema de la historia es la aceptación o el rechazo de Dios por parte del hombre, es decir, que el centro de la historia es la relación del hombre con Dios: • Por parte de Dios, esta relación es descrita como acercamiento, llamada, elección. Así se ve, por ejemplo, en la alianza con Noé (cf. Gn 9, 9-17) y FRQ$EUDKDP FI*Q \VHSRQHHVSHFLDOPHQWHGHPDQLÀHVWRHQOD Alianza establecida en el Sinaí (cf. Ex 19–24). • Por parte del hombre, esta relación es descrita muchas veces como el rechazo de la oferta divina y, otras veces, como el arrepentimiento y la vuelta.

• Pero siempre, tanto la relación de Dios con el hombre como la relación del hombre con Dios es presentada como una relación existente entre personas. La enseñanza bíblica en torno a Dios excluye además la idea, ampliamente extendida entre los pueblos vecinos de Israel, de que existe una relación natural entre el dios nacional y sus adoradores, sea una especie de parentesco de sangre, sea una vinculación con el país, que ligue al dios con sus habitantes. Esta radical diferencia refuerza cuanto venimos diciendo acerca de la singularidad de la enseñanza bíblica sobre Dios. $GHPiVHOKHFKRGHTXH'LRVVHPDQLÀHVWHVLHPSUHFRPRAquel que ha tomado la iniciativa de la Alianza, hace que la religión de Israel lleve el sello GLVWLQWLYRGH©ODHOHFFLyQªGH©ODYRFDFLyQª(VWHUDVJRGLVWLQJXHGHÀQLWLYDmente la religión de Israel de las religiones naturales.

2. Los nombres de Dios • Como ya se ha dicho en el tema primero, Dios trasciende todo conocimiento y, en consecuencia, trasciende toda palabra que pueda ser dicha sobre Él. Desde este punto de vista, Dios está por encima de todo nombre. • Pero, al mismo tiempo, Dios es un ser personal, un ser que toma la iniciativa de la Alianza y a quien nos dirigimos en nuestra oración como a $OJXLHQFRPRDXQ7~ • Si no se le pudiese atribuir ningún nombre, Dios se nos presentaría como una fuerza anónima e impersonal, incapaz de ser invocado con un nombre concreto. La cuestión del nombre de Dios es, pues, inseparable de la consideración de Dios como un ser personal. De ahí que, HQODUHYHODFLyQGHOQRPEUHGH'LRVVHPDQLÀHVWDVXFDUiFWHU personal hasta el punto de que ha podido decirse con razón que la revelación TXH'LRVKDFHGHVXQRPEUH FI([ HV©XQDHVSHFLHDWHQXDGDGHHQFDUQDFLyQª 0 6FKPDXV Teología dogmática I, Madrid 1960, 271). En efecto, al UHYHODUVXQRPEUH'LRVHQWUDGHÀQLWLYDPHQWHHQODKLVWRULDKXPDQDFRPRXQ ser personal al que se puede invocar. Como señala el Catecismo de la Iglesia católica©'LRVVHUHYHOyDVXSXHEOR,VUDHO dándole a conocer su nombre. El nombre expresa la esencia, la identidad de la persona y el sentido de la vida. Dios tiene un nombre. No es una fuerza anónima. Comunicar su nombre es darse a conocer a los otros. Es, en cierta manera, comu-

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nicarse a sí mismo haciéndose accesible, capaz de ser íntimamente conocido y de VHULQYRFDGRSHUVRQDOPHQWHª CEC, n. 203).

Las cualidades que acompañan el nombre de Dios muestran hasta qué punto, en el pensamiento bíblico, HO QRPEUH VH LGHQWLÀFD FRQ 'LRV PLVPR. Baste UHFRUGDUHVWDVDÀUPDFLRQHVHOQRPEUHGH'LRVHV©VDQWRª 6DO ©JUDQGH \WHUULEOHª 0O\ ©LQFRPXQLFDEOHªHVGHFLUQRFRQYLHQHDQLQJ~Q otro, sino solamente a Dios (Sb 14, 21). El nombre de Dios es poderoso: es en nombre de Dios como hablan los profetas (cf. Dt 18, 19; Jos 9, 9; Mt 7, 22; Lc 24, 47). Incluso nuestro Señor Jesucristo no habla más que en nombre de su Padre (cf. Jn 5, 43; 10, 25). • El nombre propio del Dios de Israel es el de Yahvé, aunque hay otras formas complementarias de designarle. Entre estas se encuentran El Sadday, Dios omnipotente (Gn 17, 1; 28, 3; Ex 6, 3); El Elyon, Dios Altísimo (Gn 14, 18-22), Adonai, Señor (Jdt, 16, 16). El Antiguo Testamento utiliza también el término Elohim para designar a Dios. Es un nombre que se encuentra aplicado tanto al Dios verdadero como a los dioses falsos; pero casi siempre se utiliza para designar al Dios verdadero y en este caso YLHQHSUHFLVDGRGHGLYHUVDVIRUPDVFRQXQDUWtFXOR ©